Vale, les debo una disculpa por no actualizar ayer. Pero no les voy a mentir, si no terminaba de leer ayer un fanfic SwanQueen me moría. Supongo que es la misma excusa por la que no me he puesto a escribir en semanas, junto con cierto juego de carreras que me está sacando de quicio, porque no puedo pasar de Austria, ¡Solo quiero terminar una temporada!
Pero hey, veamos el lado positivo. Las carreras van a ser bien originales, y el SwanQueen me llenó de ideas para un montón de momentos Harumichi que no sabía como implementar.
—
Había pasado más de una década desde que Michiru había pisado un escenario por última vez.
Y francamente, demasiado tiempo como para sí quiera recordar, la última vez que había pisado un escenario justamente por un concurso.
Si revisaba entre sus recuerdos, era difícil mencionar el tiempo exacto. Solo recordaba verse a sí misma, enfrente del escenario. Recordaba el terrible calor que daban las lámparas, enfocándola únicamente a ella.
Recordaba que había modificado la melodía, cambiando completamente la canción. Porque ese siempre había sido su toque, eso era lo que maravillaba a la gente de su música. Escuchar la misma canción, sin ser la misma.
Recordaba a todo un público, de pie, aplaudiéndole. Recordaba ver las lágrimas de su madre, orgullosa. Y la sonrisa de su padre, que, incluso estando ocupado, nunca faltaba a uno de sus conciertos.
No pudo evitar sonreír de que, aunque sea, esos recuerdos no estaban ensuciados bajo la sombra de Darien. Él nunca se había parado a escucharla, ni acompañarla a un concurso. Según sus propias palabras, eran demasiado aburridos y prefería ignorar su existencia, a quedarse dormido enfrente de todos.
Había cosas que ya le advertían la clase de persona que sería Darien, pero que nunca quiso darse cuenta.
—¿En qué estás pensando?— La voz de Setsuna la sacó de sus pensamientos. Al igual que como tantos años atrás, Michiru no estaba sola. Pero en lugar de ser sus padres quienes la acompañaban, ahora eran sus dos amigas. Mina y Setsuna, que habían insistido una y otra vez en acompañarla. Y en ese momento, ya estaban al frente del enorme teatro— ¿Nerviosa?
Michiru negó con la cabeza— Solo recordaba— Respondió, y Setsuna levantó una ceja, curiosa— La última vez que vine a un lugar así. Fue poco después de comprometerme con Darien.
—¿Ese patán vino a verte?— Mina preguntó al otro lado, curiosa.
Michiru negó con la cabeza— Hasta crees, decía que prefería no venir para no dormirse. Jamás le interesó lo que yo hacía.
Eso tenía más sentido para sus dos amigas.
—Lo más curioso de esa última vez es que…— Michiru rio, al acordarse, tapando su boca con la única mano que tenía libre— Bueno, iba tan tarde a la presentación, que olvide por completo que todos estos eventos son formales. Y llegue al escenario con el uniforme de la preparatoria, directo a tocar.
—¿Y luego?— Mina preguntó.
—Debieron descalificarme por no cumplir el reglamento de vestimenta, pero decidieron que, después de mi actuación, el uniforme de la escuela era "Lo suficientemente formal".
Si ya estaba en ese lugar, y había encontrado el coraje suficiente como para volver a un escenario, se iba a dar palmaditas a sí misma, para lograr alimentar su ego y no entrar en nerviosismo.
—Ustedes tienen que entrar por la otra puerta, esto empezara en dos o tres horas, así que si quieren ir a cualquier otro lado… son libres de hacerlo.
Habían llegado a la puerta principal. Era el momento en donde Michiru y sus amigas debían separarse, y en donde los nervios empezaban a apoderarla.
Apenas pudo escuchar cuando sus amigas le deseaban suerte, mientras ella caminaba lentamente, hacia donde estaban los demás participantes.
Maldita sea, no es momento de flaquear. ¡Tú puedes, Michiru!
A pesar de sus esfuerzos para controlarse, la verdad es que se estaba muriendo de los nervios. Si un genio de la lámpara mágica se le apareciera en ese momento, desearía que Haruka apareciera mágicamente a su lado.
La necesitaba, la quería en ese momento. Aunque sabía que ella era la culpable de que su novia no estuviera en ese momento a su lado. Ella había sido la de la idea de no decirle una sola palabra a Haruka, en parte, porque estaba segura de que regresaría de China solo para verla, arruinando su campeonato, y en parte para darle la sorpresa en el momento donde volviera a ganar… en donde volviera a demostrar que podía hacer las cosas.
Pero odiaba estar ahí, aunque sea en ese momento. Odiaba estar rodeada de tantas personas que parecían conocerse bien, mientras que ella estaba totalmente sola.
Lo único que hacía, era aumentar su malestar.
Las inscripciones habían sido hace semanas, por lo que, en teoría, no deberían estar todos reunidos en ese lugar. Aun así, y visto lo visto, parecía que a todos los estaban obligando a llenar un recuadro de datos personales.
Y cuando miraba a su alrededor, se daba cuenta de que ella era la persona más grande en todo ese sitio. Estaba rodeada de jóvenes, con toda la ilusión del mundo, mientras ella era la más veterana, con posiblemente menos apariciones en el escenario que ellos.
—Maravilloso— Murmuró para sí misma— Como si no me sintiera ya como pez fuera del agua— Cuando llegó su turno, tomo una hoja, y empezó a llenar sus datos personales— Supongo que no puedo ni soñar con ver una cara conocida por aquí…
No acababa de decir su frase, cuando el universo le demostró lo equivocada que estaba.
—¿Michiru Kaioh? ¿Eres tú?
Al girar la cabeza, no pudo evitar sonreír.
—¡Arima!— Sonrió, y viendo que este le extendía los brazos para un abrazo, Michiru no dudo en corresponder— De todas las personas, fuiste la última que pensé que vería aquí, ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Veinte años?
—Y de todos los concursantes que han pasado por años, yo nunca creí que volvería a verte por estos rumbos.
El hombre, que tenía unos bellos ojos azules, protegidos detrás de unos lentes, y cabello azabache, volteó a verla directamente a los ojos.
—Bueno, es que… La verdad, nunca supuse que regresaría a hacer todo esto.
Arima intentaba analizar a Michiru, como si pudiera descubrir que había sido de su vida, con tan solo una mirada, pero la verdad, es que era muy difícil. No podía entenderla.
Solo sabía que, incluso en veinte años, y él siendo ya un viejo, Michiru seguía siendo la misma joven llena de secretos y misterios.
—Un día, simplemente dejaste de venir, rechazaste todas las invitaciones que te dieron, y lo sé de sobra, porque aparecías en la lista pre eliminar, ¿Qué pasó?
Michiru suspiró, no podía evitarlo— Me casé, Arima, eso fue lo que pasó. De la última vez que vine… bueno, fue cosa de un mes, antes de que estuviera con un vestido de novia.
Arima notó que Michiru no parecía muy contenta de decir todo ello. Quería saber más, de la que había sido su mejor compañera de obras.
—¿Sabes? Ahora soy yo quien se encarga de hacer estos concursos— Michiru estaba sorprendida de escucharlo decir eso— ¿Por qué no pasamos a los camerinos? En teoría tendrías que esperar un poco más, pero… Sé mi invitada, por favor.
—
—¿Te casaste con Darien Chiba?
Michiru asintió— ¿Te sorprende?
—Siempre pensé que te terminarías cansando de él. Para ser honesto, no parecía para nada el tipo de hombre que merecías. Ni una sola vez se acercó a estos lugares a verte tocar.
Y aquello no era mentira. Solo que había tardado demasiado tiempo en darse cuenta. Para su desgracia— Yo era una joven enamorada, Arima. Para mí, era el hombre de mis sueños, todo lo que hacía estaba bien.
Arima negó con la cabeza— ¿Y cómo fue todo? ¿Estás aquí porque quieres retomar viejos gustos? ¿Está por aquí? Me encantaría conocerlo ahora.
Michiru tenía escalofríos de solo imaginar que Darien se podía aparecer de la nada. Que dios la librara de ese tormento— ¿Es una broma? ¿No has visto las noticias últimamente?
Arima se encogió de hombros— No mucho, apenas llegue de Europa. ¿Por qué?
Michiru rio— Me voy a separar de Darien. Era un total desgraciado, y yo encontré el amor en otra persona.
Arima notó que los ojos de Michiru se iluminaban cuando mencionó a esa persona. Eso le gustaba, era muy diferente a como cuando eran jóvenes, y Michiru hablaba de Darien.
—Siempre pensé que era más miedo lo que sentías hacia él, que realmente amor. Me alegra que tomes esa decisión. Supongo que fue difícil.
—Lo fue. Realmente fue difícil— Suspiró— Pero me arrepiento profundamente de no haberlo dejado antes. Debí pedirle el divorcio a la primera infidelidad. Tal vez así, no estaría sufriendo la campaña mediática de odio que tiene contra mí.
—¿Campaña mediática? ¿Odio?
Michiru estaba incrédula. Hasta hace unos instantes, estaba completamente segura de que no existía una sola persona en Japón, que no conociera ya toda su desventura con Darien— De verdad que tú no ves la televisión, ¿Cierto?
Arima negó— Considérame un viejo cascarrabias si quieres. Pero no, apenas estoy dentro del mundo de la tecnología.
—No te considero así, hasta hace un tiempo, estaba igual que tú. Es solo que, Darien ha puesto todo de su parte, para que no quede una sola persona en este país, que no lo compadezca como una pobre víctima.
Michiru le empezó a contar todo a Arima. Desde que se había casado, su matrimonio fallido, los problemas que había tenido para tener hijos, y como Darien no había dudado en conseguir una amante, en el momento que se cansó de ella. En el momento en que había envejecido.
Pero no todo eran desgracias. Michiru se transformaba desde el momento que empezó a hablar de Haruka. Era como si esa nube de tristeza y pesadumbre desapareciera totalmente.
—¿Me estás diciendo que gracias a Darien conociste al amor de tu vida?
Michiru asintió, emocionada— Primero la rechacé cuantas veces pude, es una terca, no se rinde hasta obtener lo que quiere, me llamó cada semana por meses, hasta que acepté salir con ella.
—¿Ella?
Michiru se sonrojó— Sé que es extraño, yo me casé con Darien y nunca salí con una mujer, ni siquiera sabía, pero… Ella es todo lo que pudiera desear… y no me importa sí…
Arima la detuvo, tomando su mano con la suya— Michiru, Michiru, no estoy aquí para juzgarte, me alegra que ella te haga feliz, no tienes que darme explicaciones. Mejor, sígueme contando.
Entre aquellos dos, parecía como si el tiempo nunca hubiera pasado. Era como si fueran los dos jóvenes, que se daban ánimos mutuamente, antes de salir a dar un espectáculo.
Era como si aquellos veinte años, sin tener noticias uno del otro, nunca hubieran pasado, y la confianza jamás hubiera desaparecido. Ambos podían abrirse libremente.
Michiru le contó todo lo que le había pasado en ese año. Como, incluso luchando contra todas sus fuerzas, había caído enamorada de Haruka. Hablaba con orgullo de su pareja, contando lo excelente piloto de carreras que era, y como estaba segura de que destrozaría la competición cuando llegara el momento adecuado.
Le contó como había aceptado tener una relación prohibida. Incluso si estaba mal, Michiru la amaba. Le contó lo que había pasado hacía unos meses atrás, cuando Darien descubrió todo, y como al fin, después de tantos años de sumisión, había logrado decirle todas las cosas que tanto la consumían en amargura.
—Así que estás aquí para demostrarle que no necesitas de su dinero, ni dependes de él, ¿No?
Michiru vaciló un momento. Si ganaba, estaba segura de que moriría de ganas de ir y restregarle en la cara, que ella también podía ser exitosa, y que no era ninguna especie de mueble.
Pero, en realidad, no había ido a concursar solo para Darien. Lo había hecho por ella, por sentirse a gusto consigo misma. Por volver a hacer las cosas que tanto amaba, y que había soñado con seguir.
—En realidad no. Estoy aquí por mí misma, vengo a ganar.
Incluso siendo joven, Michiru jamás había dicho esas palabras. Siempre que Arima le había preguntado, ella respondía que estaba ahí por alguien más. Para enorgullecer a sus padres, para dar prestigio a su escuela, entre tantas excusas más. Jamás era por ella misma.
Era claro, que Michiru había cambiado mucho.
Michiru asintió, agradecida— ¿Y tú? ¿Qué has hecho con tu vida? Sé que eres el organizador de todo esto, pero ¿Cómo ha pasado eso?
Arima sonrió— Me fui a Europa, apenas terminé la universidad. He tocado en la ópera de Viena, y me ha ido bien. Me casé, tuve hijos, y ahora vivo en Suiza con mi mujer.
—Nunca te vi muy interesado en el romance, recuerdo que era yo quien hablaba todo el tiempo de cuentos de amor.
Arima rio— Si tu Haruka es insistente, eso es porque no conoces a mi esposa. Solo que ella logró que, de alguna manera, yo pareciera el interesado, y ella no.
Michiru estaba por reír, por imaginar esa escena— ¿Y cuál es el nombre de esa mujer tan astuta?
—Solo te diré, que viene de la familia de los Miyazono.
Michiru puso los ojos en blanco— Claro, como solo existen dos familias con ese nombre en todo Japón.
Arima se encogió de hombros— Tendrás que adivinarlo.
Siguieron hablando por mucho tiempo. Como si, en lugar de estar a horas de un concurso importante de música, estuvieran en un café, hablando después de las clases de la universidad.
Arima había quedado sorprendido al ver el Stradivarius de Michiru, asombrado de que fuera un regalo de su ahora novia.
—Debiste ir con ella a Europa en cuanto te lo pidió. Sé que los pilotos ganan bien, pero… como para regalar uno de estos, ella debe estar loca por ti.
Michiru se sonrojó. No quería presumir que no era mentira. Haruka estaba loca por ella, pero ella también estaba loca por Haruka.
—¿Crees en serio que debí irme con ella? Solo la iba a estar molestando, ella está tan concentrada en su trabajo, que yo…
—Dudo seriamente que fueras una molestia, más bien pienso que serías una… inspiración, al estar a su lado. Tendría una razón más para ganar cada carrera.
Michiru se sonrojó aún más. Aunque Arima no se daba cuenta de eso, pues estaba muy ocupado admirando aquel legendario violín.
—Mi esposa mataría por tener este instrumento entre sus manos, ya ni te digo si puede tocar con él, ¿Crees que si la llamó y viene podrías prestármelo un rato para que ella…?
Michiru asintió, aunque realmente ya no había escuchado lo que Arima le había pedido.
¿Sería bueno que ella se fuera con Haruka? ¿Dejarlo todo? ¿En verdad sería una inspiración y no una carga?
De solo imaginar estar ahí, incluso si fuera en la parte más alta de las gradas, alentándola, era más que suficiente para emocionarse.
Tal vez, cuando Haruka regresara, y si volvía a tocar el tema, tendrían que analizarlo mucho mejor…
A ambos los sacaron de su propio mundo, cuando alguien toco la puerta del camerino.
—Adelante— Dijo Arima, y viendo que, simplemente, era su asistente.
—Lamento interrumpirlos, señor, pero tiene una llamada muy importante, en la oficina de arriba.
Arima asintió, volteando hacia Michiru, para dejar el violín en sus manos.
—Es una pieza espectacular, muero por escucharte tocar la noche de hoy con él. Dame un minuto, prepárate aquí, ya regreso.
Michiru asintió, y Arima cerró la puerta. Estando completamente sola, empezó a prepararse para la presentación.
Confirmo que las cuerdas estuvieran en buen estado, y que estas estuvieran afinadas. Reviso por última vez su vestido y su maquillaje, e incluso tocó un poco de la partitura que había preparado para esa noche.
Hablar con Arima, encontrárselo, de verdad que había sido un total alivio. Entre todo ese mundo desconocido, encontrar a un genio como Arima, le hacía sentir que todo estaría bien.
Y cuando escuchó la puerta abrirse de nuevo, Michiru no dudo en agradecerle.
—Arima, estoy lista. Hablar contigo me ha relajado, y creo que no podría estar en mejor momento, ¿Cómo vamos a salir los participantes? ¿Debo ir con ellos ya?
Cuando lo miró a los ojos, se dio cuenta de que algo había pasado. Arima la miraba con pena, y estaba bastante pálido.
—¿Qué sucede?
—Michiru, tengo órdenes de arriba— Su voz parecía un poco rota, como si no diera crédito a lo que acababa de pasarle— Tengo órdenes de uno de los patrocinadores de este concurso, para que no te presentes aquí. Quieren que te saque, o me meteré en problemas.
—¿Qué?
La adrenalina que recorría el cuerpo de Michiru desapareció, dejando solo un rastro de decepción.
Pero, al mirar los ojos de Arima, se dio cuenta de que ambos pensaban en lo mismo.
—Darien— Michiru fue la que dejó que sus palabras expresaran sus sentimientos, cruzándose de brazos— Darien es quien dio esa orden, ¿Cómo rayos fue que descubrió que yo estaba aquí?
—No lo sé— Contestó su amigo, que estaba lleno de rabia— Pero no me importa. ¿Quieres participar?
Esas palabras sorprendieron a Michiru, más, cuando veía lo enojado que estaba Arima, sus manos lo delataban, más que su expresión.
—¿Qué dices?
—Michiru, tú viniste aquí por algo, y eres mi amiga. A mí me importa muy poco las amenazas que tu exesposo pueda poner sobre mí. Ni me importa cuantas penalizaciones puedan caerme, ¿Quieres participar? Sube a ese escenario, y regresa al trono que siempre te ha pertenecido.
Michiru sonrió, estaba agradecida por las palabras de Arima. Tanto tiempo sin verse, y él no dudaba en ponerse en peligro por ella.
Pero no, no iba a dejar que Darien metiera en problemas a cualquiera de sus amigos, y mucho menos, arruinarles sus trabajos. Si quería meterse con alguien, era con ella. Y nada más.
—No te preocupes Arima, no quiero meterte en problemas. Yo me encargo de Darien, nos veremos en otra ocasión, ¿Está bien?
Arima parecía decepcionado. Era como si el mismo, estuviera buscando ideas desesperadamente para encontrar una solución. Pero no existían. Darien había jugado bien sus cartas.
—Prométeme que regresarás, ¿Está bien?
Michiru asintió— Te lo prometo, no voy a dejarme vencer de nuevo por él. Podrá ganar una batalla, la guerra no.
Arima le dio un último abrazo, por si las dudas. Y le recordó, que en él siempre tendría un amigo con el cual confiar.
Y en esos momentos, era justo lo que Michiru necesitaba. Porque Darien le iba a pagar muy caro todo lo que le estaba haciendo.
¿Creía que él era el único que podía jugar? Bien, ahora iba a saber de qué era capaz Michiru.
Solo tenía que esperar el momento adecuado.
—
Vamos, ya les di un spoiler al inicio del capítulo, no me pidan más. ¿Qué tal si alguien me dice si reconoció a Arima y su mujer?
PD: Al siguiente capítulo yo lo llamaría, "Vete al demonio"
