Una mañana, Michiru recibió un paquete.
La persona que lo había enviado le era totalmente desconocida. El paquete no tenía dirección, ni remitente, ni dedicatoria. Solo estaba ahí, frente a ella, en las manos del chico del correo que se negaba a explicar.
En todo caso, sus manos sudorosas, su sonrojo y su nerviosismo le delataban. A él le habían ordenado tocar el timbre y dejar el paquete en la entrada. Que Michiru lo haya descubierto, significaba un fuerte regaño en su trabajo.
Al tenerlo entre sus manos, Michiru notó que no era un paquete normal. Aquello parecía ser pesado, pero como si fueran varias copias de un mismo material.
No se equivocaba realmente. Adentro no había más que un montón de copias de la revista de farándula más conocida de todo Japón. Ni siquiera se molestó en ver la portada, rodó los ojos, ya sabía quien se lo había mandado.
Y para lo último, para lo que estaba de humor, era para otra de las intrigas de Darien.
Simplemente, aventó la caja por ningún lado, olvidándose rápidamente de ella, y de la pregunta sobre como Darien había encontrado del departamento de Haruka, para seguir con lo que estaba haciendo.
Como todo se estaba volviendo extrañamente silencioso, pensó que sería una buena idea dejar la televisión encendida. Total, la última cosa que había visto, había sido la espectacular carrera de Haruka en el complicado circuito de Portugal.
Lo más seguro, es que estuvieran dando un resumen de la carrera en las noticias. Y ella estaba más de encantada, de repetir ese maravilloso podio de su novia.
Novia…
Michiru aún se sonrojaba de considerar a Haruka como su novia… Aunque, eso era lo que eran, y Michiru estaba gustosa de darle su lugar.
Sacó esos pensamientos de su cabeza, si seguía soñando, la comida que estaba haciendo se iba a quemar.
Instantes después, le importó muy poco que la comida se estuviera quemando.
"En otras noticias, el respetado doctor Darien Chiba y tras terribles meses de espera, ha revelado el horrible caso de infidelidad que sufrió en su matrimonio."
Tal y como pasaba en las películas, Michiru dejó caer la taza de vidrio que tenía en las manos.
Corrió a buscar las malditas revistas que le habían llegado. Con el coraje y la preocupación, arremolinándose rápidamente entre su ser.
Si tan solo se hubiera fijado en el momento en que abrió la caja, se hubiera dado cuenta de todo.
La imagen de Darien relucía como el fuerte de la portada. Con ese aspecto galante y principesco, que, aún a su edad, estaba segura de que hacía suspirar a muchas mujeres. Pero claro, no podía sonreír con su sonrisa perfecta, cuando se suponía que estaba sufriendo la peor de las traiciones.
"¡Entrevista con Darien Chiba! ¡Reconocido y atractivo médico soltero! ¡Descubre la realidad de su matrimonio en la página 16!"
Michiru quería destrozar la revista que tenía en sus manos, quería quemar todo el paquete que le había llegado, pero no podía. Por mucho que lo anhelara, no podía, tenía que leer lo que sea que Darien hubiera escrito ahí.
La cara de Michiru era todo un poema, mientras iba leyendo toda esa entrevista. La forma en la que describía cada uno de los sucesos, de como narraba lo que había sucedido entre ellos… Sabía del cinismo de Darien, pero nunca imagino que pudiera llegar a ese punto.
Ella no era nada de lo que se decía en esa entrevista. Ella siempre había procurado a Darien, lo había puesto como lo máximo, le entregó todo lo que podía darle… ¿Cómo podía mentir de esa manera?
De repente, esa fuerza y coraje que sentía, se convirtió en impotencia. Sus manos empezaron a temblar, y sintió como si toda la fuerza de su cuerpo, desapareciera en un instante. Darien no podía hacerle eso, ya era suficiente.
No podía pintarla como si ella hubiera sido la causante de todo lo malo que había ocurrido en su matrimonio. No podía decir que ella fue la primera en tener un amorío… ¡No podía pintar a su novia como una salvadora! No podía hacerlo, y que todo el mundo le creyera, con esa sonrisa perfecta y una sonrisa de víctima.
No podía permitir que Darien hablara de esa manera de Haruka, llamándola arribista, interesada… ¡Haruka no era nada de eso!
Seguramente se hubiera seguido llenando la cabeza de malos pensamientos por horas, pensando si realmente era la persona que decían. Hasta que su celular empezó a sonar.
—Maldita sea, no, por favor— Suspiró, notando que, en esos instantes, su celular estaba por reventar.
Había miles de llamadas perdidas, entre amistades y números desconocidos. Michiru se preguntaba, como demonios habían conseguido un celular privado. De todas formas, no les iba a contestar.
El único número que le podía interesar dentro de todas las múltiples llamadas perdidas, era el de Mina.
—¿Mina?
"Oh, dios, ¡Gracias que contestaste! Estábamos muy preocupadas por ti. Setsuna dice que es de lo único que se lleva hablando en el hospital desde hace días."
—Lo siento por no contestar a tiempo— Michiru no se dio cuenta de que estaba limpiándose unas lágrimas de los ojos.
"¡No solo eso! Rei está lanzando maldiciones en cada mensaje que puede, dice que esto puede arruinar la imagen de Haruka frente a sus patrocinadores. ¡Las noticias ya llegaron hasta Brasil! Makoto ¿La recuerdas? Estuvo en tu cumpleaños de hace dos años, me escribió, dice que también están hablando de eso, porque Haruka es muy popular por allá."
Esas palabras no le daban consuelo alguno. Por el contrario, la estaban terminando de matar. Estaba arruinando la vida de Haruka al ser su pareja.
—Mina, no me hagas sentir peor de lo que ya estoy…
"Lo siento, lo siento. Es solo que estoy alterada con todo esto, tú no respondías, Haruka sigue en Portimão, y ¡Todos estamos perdiendo la cabeza!"
Un par de segundos de silencio, Mina estaba tratando de recuperar la compostura, y Michiru no sabía qué decir.
"Tienes que hacer algo, Michiru."
—¿Yo?—Michiru preguntó, sorprendida.
"¡Claro que tú! Michiru, ya fue suficiente de los juegos de Darien, ¡No creo que sea capaz de más cosas que esta! Michiru, solo tú puedes ponerle un alto."
Michiru quiso colgarle, decirle que no estaba realmente en humor para poder tomar una decisión, y que lo que más deseaba en ese momento, era llorar hasta olvidar por completo esta pesadilla.
Pero en cuanto cerraba los ojos, Michiru podía ver a Haruka. Sabía de sobra en todos los problemas que se metería, en todo lo que ella podía perder, si desaparecía el apoyo económico de los patrocinadores.
Haruka había sacrificado mucho por Michiru, y seguía batallando todo el tiempo por ella. No era justo que Michiru no hiciera nada, en cambio.
Además. La paciencia que Michiru tenía con Darien se había terminado. A ella, Darien podía hacerle lo que quisiera. Podía bloquearla en sus concursos, podía bloquearle su propio dinero, o decir que era la peor mujer del mundo.
Pero no iba a permitir que Darien se metiera con Haruka. Nunca.
—Mina, por casualidad, ¿Podrías tener lista la demanda de divorcio para hoy mismo?— Preguntó, hablando por fin.
"La tengo preparada desde hace semanas. Pasa por ella a mi oficina, que tengo más cosas que decirte."
————
Cuando salió del estacionamiento, y sin darle ni un minuto a que pudiera reaccionar, Michiru agradeció eternamente que no era fanática de tener el auto descapotado, como si lo hacía Haruka.
Porque si hubiera sido así, estaba segura de que más de un periodista, hubiera brincado a los asientos, solo para hacerle preguntas.
Había escuchado el susurro de una periodista, que, por más que lo intentó, no pudo ocultar su emoción al notar que al fin, Michiru salía de aquel complejo de edificios.
Rodó los ojos, lo mejor que podía hacer era salir con cuidado, evitar atropellar a alguno de todos los zopilotes que la estaban rodeando, y luego presionar el acelerador del carro a su máxima potencia.
"Haruka, si chocó con tu automóvil, no me mates por favor" Pensó.
Y como nadie pudo alguna vez imaginarlo, en cuanto estuvo a una distancia considerable de los periodistas, estos se pegaron a las ventanas del carro, cuál sanguijuela.
¡Es que incluso las cámaras de televisión estaban ahí!
—¿Alguna declaración?— Fue la primera pregunta que le hicieron. Michiru ni siquiera se tomó la molestia de voltearle a ver la cara.
—¿Desde hace cuanto engaña a su esposo?— Quería matar a alguien, y si ese alguien podía ser esa periodista, estaría más que encantada. Pero claro, no podía hacerlo. Siguió con la vista enfrente.
—¿Qué se siente a su edad, estar con una persona tan joven?— Cambio de objetivo, ya no quería matar a la anterior periodista. Tenía una nueva víctima. No podía ser otro.
—¿Qué opina de los que dicen que es una aprovechada?
—¿Por qué decidió cambiar a su esposo por una mujer?
—¿Es que acaso Haruka Tenoh tiene problemas con su género?
Agradeció a todas las deidades que pudo recordar, en el momento donde al fin se libró de todos esos malditos periodistas, y pudo pisar el acelerador. Ni siquiera sus maldiciones había llegado a escuchar.
Sería hasta muchas horas después, cuando Michiru vería ese vergonzoso momento en la televisión.
"Bueno, ustedes fueron testigos de que la señora de Chiba no quiso dar la cara. Es evidente que la vergüenza, no se lo permite."
————
—Akemi, veo que eres de los pocos que se salvaron de la masacre de personal.
Cuando Michiru llegó a la que había sido su casa tanto tiempo, agradeció profundamente que no estuviera rodeada de periodistas también. Aunque, simplemente porque también quedara marcada la cara de Darien cuando escuchara lo que tenía que decir, los hubiera llamado.
El pobre jardinero se quedó estático al escuchar la voz de quien había sido su jefa por tantos años. Hubiera deseado no estar en ese momento.
—Señora Michiru, por favor. El Doctor Darien está en la casa, y si me ve con usted…
Michiru sonrió con amabilidad— Sé que está en la casa, sería raro que no estuviera a estas horas, ¿Sabes si está alguien está en la casa, además de él?
Akemi sabía, de sobra, que si se refería a alguien, era a la amante de su jefe.
—No. Ella se fue hace unas horas.
Michiru volvió a sonreír, satisfecha.
—¿Quiere que vaya a avisarle al patrón que usted está aquí?
—No— Respondió con firmeza— No te metas en problemas, voy a pasar.
Cuando el jardinero vio que Michiru abría la puerta de su antigua casa como si nada, supo que habría problemas.
Michiru conocía perfectamente a Darien. Sabía bien que días le gustaba trabajar en casa, y sabía, de sobra, que si no había nadie, Darien nunca usaría su estudio. Prefería la luz que daba un espacio tan abierto como la sala, le ayudaba a su vista cansada.
Sonrió al notar que tenía razón. Darien estaba ahí, trabajando en la sala.
—Hola, Darien.
Al notar la voz de quien era, Darien volteó a verla, la malicia era latente en sus ojos, pero parecía estar satisfecho.
—Le dije a Akemi que no me nombrara, no quiero darle problemas, has hecho un excelente trabajo asustando a todos aquí— Prosiguió, sin temor a nada de lo que decía.
Esa satisfacción que estaba en el rostro de Darien, desapareció rápidamente.
—Esperaba unas palabras de disculpa y unas súplicas por perdón. Si no es así, preferiría que si te anunciaras.
Michiru quería reírse por la tontería que acababa de escuchar.
—Y si necesitas hablar conmigo, creo que es más fácil que agendes una cita y nos veamos en otro lado, para evitar encuentros incómodos.
Tuvo que voltear la cabeza. No podía creer que estuviera jugando con ella de esa manera.
—Te refieres a Usagi, ¿Verdad?— Notó que Darien sufría un escalofrío al escuchar ese nombre en su boca. Fantástico— Es otra de tus reglas, me imagino. Y si te preocupa que me encuentre con ella, porque supongo que ya la trajiste a vivir contigo, no te pongas ansioso, que es la última vez que me ves a la cara.
Darien dejo de ser amable— ¿Qué es lo que quieres, Michiru? No pienso que vengas arrepentida de tus actos.
—No, no vengo arrepentida de nada— Aseguró, y sin pedir permiso, se sentó en el sofá enfrente de Darien— Debes sentirte muy bien de que tanta gente te vea como una especie de Dios, ¿No?
Darien suspiró, cansado— ¿De qué estás hablando?
Michiru guardó silencio por un instante, causando de Darien se impacientará.
—En esta casa, tus empleados te tienen pavor. En el hospital, Setsuna dice que no es diferente. En los restaurantes que frecuentas, los meseros siempre corren a conseguirte la mejor mesa, por temor a que ya no regreses.
Darien sonrió con sarcasmo, como si no entendiera a donde iba— El respeto me lo he ganado con mi actitud y desempeño.
Michiru quería reír de la ironía—Tu actitud… La misma actitud que tienes, al aceptar una entrevista para una revista de farándula, dejando la imagen de mi novia y mía por los suelos. Algo muy maduro de tu parte.
Novia…
A Darien le hervía la sangre de escuchar a Michiru referirse a esa escuincla de esa manera.
—Una actitud muy respetable, quitándome dinero que por derecho me pertenece. O evitando que me presente en los escenarios, amenazando a la gente.
Darien ya estaba cansado de escuchar todo lo que Michiru le decía, estaba harto.
—¿A dónde quieres llegar con esta conversación, Michiru? ¿Qué acaso vienes a llorar para que pare con todo esto?
Michiru negó— Me cambiaste, cambiaste la vida tan tranquila que teníamos, por irte a vivir una aventura con otra mujer, con la que me estuviste traicionando por más de cinco años.
—¿Tú no hiciste lo mismo?
Michiru lo ignoró.
—Me obligaste a superar el trauma de ser engañada, de ser humillada, me hiciste sentir como si yo no fuera más que un mueble, vieja y abandonada, a mi edad. Y pretendías que me quedara… No sé, cuidando tus recuerdos, callada, aceptando una vida infeliz, sin poder rehacer mi vida.
—Al grano, Michiru, no tengo tiempo para tus monólogos.
—Claro Darien, claro que sí— Michiru cerró los ojos, mentalizándose. Iba a disfrutar ese momento como ninguno. —Vine a decirte… Que te vayas al demonio.
Darien dejó de sonreír completamente.
—No vas a hacerme un desplante más, una humillación más— Michiru lanzó el folder donde estaban los papeles del divorcio a la mesa— No quiero que vuelvas a atacarme ni una sola vez más. Basta ya de este juego mediático, porque yo también puedo hacerte daño.
—¿Qué es esto?— Darien tomó el folder entre sus manos.
—La demanda de divorcio entre ambos— Al escuchar a Michiru, Darien abrió el folder, empezando a leer— Y las cosas que por derecho me pertenecen. El dinero de la venta de las acciones de las empresas Kaioh, la casa de campo, la mitad de tu fortuna, y lo más importante…
Michiru no pudo completar lo que decía, Darien se le había adelantado. Ahora estaba furioso, y lo hizo notar. Aventando los papeles al suelo, y tomándola del brazo.
—Si piensas que te voy a dar todo eso, estás totalmente loca— Bramó— Pero estás todavía más demente, si piensas que tendrás, aunque sea, una sola parte de mis hospitales.
—¡Es lo que me pertenece!— Michiru se soltó con fuerza del agarre del azabache— ¿Recuerdas lo que dijiste cuando vendiste las empresas Kaioh? Mi dinero entró como inversión en los hospitales, y a cambio me diste un paquete muy largo de acciones, que vengo a reclamar, con todos sus beneficios.
—¡No! No, Michiru, eso no puede ser. ¡De ninguna manera lo voy a permitir!
—Si te niegas, acudiré a las autoridades, ¡Y te obligarán a hacer valer mis derechos!
—¡No sabes a qué estás jugando!— Darien ya estaba fuera de sí, Michiru no iba a hacerle eso, por ningún motivo, ella era una tonta, ignorante de todo— Mírate, no tienes ni para pagar un buen abogado, yo…
—¡Claro que lo tengo!— Reclamó— Y ya dije, si te niegas, ¡Haré valer mis derechos como accionista! Pero además, habrá un gran escándalo, si eso es lo que quieres…
—¿Sabes lo que estás haciendo y diciendo? ¡Serías una total inepta como accionista de los hospitales Chiba! Tú…
—Estoy haciendo lo que debí haber hecho hace mucho tiempo, enfrentarte, y darme mi lugar— Michiru miraba directamente a Darien a los ojos, no iba a flaquear. —Hacerte entender, que no soy una más de tus propiedades, demostrarte que soy una mujer, Darien. Una mujer fuerte, segura de sí misma y que no necesita de ti para salir adelante.
—Haruka Tenoh está detrás de todo esto, ¿Verdad?— Darien empezó a reír— Claro, ¿Cómo no pude pensarlo antes? Es ella la que quiere todo ese dinero, siento un piloto mediocre, no tiene lo que desea y…
—Si te refieres a que fue ella la que me hizo enfrentarte… No, esa decisión la tomé yo sola. Si te refieres a que está de mi lado, sí. Tengo su amor, y con su amor me siento capaz de cualquier cosa. Por su amor, hago lo que sea, porque está por encima de todo, a diferencia del que tú te dignaste a darme por tanto tiempo.
—Ella no es ni la mitad, de lo que soy yo.
—Tienes razón. Ella es muy superior a todo lo que eres tú— Michiru parecía escupir esas palabras, estaba tan ansiosa de decirlo al fin— Nos amamos, Darien. No sé que sientas exactamente tú por Usagi, pero si es la mitad de lo que yo siento por Haruka, entonces, deseo que ambos sean muy felices.
—Michiru.
Pero Michiru no le siguió haciendo caso, ya había logrado su cometido, ya era suficiente.
—No. Solo vine a entregarte esos papeles, espero que los lleves al juzgado en un par de días, o recibirás noticias de mi abogada. Además, espero mi cheque con la cantidad mensual por las acciones de los hospitales— Tomó un largo suspiro, antes de darle la espalda— Adiós Darien, y gracias por hacerme despertar. Sin ti, nunca hubiera conocido a Haruka.
Cuando la veía tomar el pomo de la puerta, Darien volvió a hablar— No vas a sobrevivir sin mí, Michiru.
Michiru volteó a verlo, con una sonrisa en sus labios— Eso lo vamos a ver. No me conoces, de la mujer sumisa y abnegada que existió alguna vez, solo queda el nombre… porque no quiero ni siquiera tu apellido. Vete al demonio.
————
Si encontrara una forma de explicar todo lo que le había pasado en la noche, diría que no.
En su mayoría, estaba arrepentida de decir casi todo lo que le dijo a Darien… O bueno, estaba nerviosa ante las consecuencias que podía tener ese arrebato.
Se había sentido extremadamente poderosa, en el momento donde, por fin, había puesto en su lugar a Darien. Todavía sentía un poco de esa adrenalina, corriendo por todo su cuerpo.
Pero, ahora, estaba tan ansiosa. Que empezaba a resentir la soledad. La cama de Haruka aún tenía su aroma, y eso solo la hacía extrañarla aún más. Todo era tan diferente cuando ella no estaba.
Sintió que sus ojos se humedecían, y tuvo que contener las ganas de llorar. Era lo malo de tener noches de insomnio, la hacían sobre pensar las cosas.
Miró al reloj de su celular. Era la 1AM, ya no tenía esperanza alguna de encontrar una noche de sueño completa.
Entonces, se puso a contar la diferencia de horario entre Portugal y Japón. Y sonrió, al darse cuenta de que era la hora perfecta para hablar con Haruka.
"Michiru… Es toda una sorpresa, escucharte, mi amor. Estoy en el aeropuerto, vamos de camino a Singapur. ¿Cómo está todo por allá? "
Al escuchar su voz, tan tranquila, tan confiada, ignorante de todo lo que había pasado… Tan serena, y llena de amor, Michiru no pudo evitar romperse.
—Haruka, te extraño tanto.
En el otro lado del mundo, una rubia entraba en pánico, al escuchar a su novia romper en llanto desde el otro lado del celular.
"Michiru, ¿Estás bien? ¿Qué es lo que pasa?"
—Haruka, quisiera tanto que estuvieras aquí a mi lado, que me abrazaras, que me dijeras que estará todo bien, incluso si todo a nuestro al rededor se está derrumbando… recordarme que hice bien al elegir este mundo de destrucción.
"Mi amor, ¿Qué pasa? ¿Qué hizo ese patán ahora?"
—Han pasado tantas cosas, que no podría decírtelo. Solo quiero que me digas que ya pasó todo, que estaremos juntas en todo lo que pasé.
"Y así será, te juro con mi vida que así será."
Michiru alcanzó a oír, ya que Haruka no había colgado, como hablaba rápidamente con lo que ella suponía, era la chica de la recepción. Pidiendo que cambiaran sus boletos de Singapur, al primer viaje disponible rumbo a Japón.
Ahí fue cuando volvió a reaccionar.
—¡No! Haruka, las entrevistas en Singapur son mañana, y tú tienes que estar en ellas, fuiste requerida para la rueda de prensa.
"Si quieren castigarme por faltar a una rueda de prensa y unas libres, que lo hagan. Me importa muy poco si esto me cuesta el campeonato. Me necesitas y voy de camino para allá, ¿Entendiste?"
Había sido muy tonta en hablarle a Haruka, detestaba haberla preocupado, y que ahora no hubiera nada que hacer para cambiar su opinión.
Aunque, eso era mentira. La verdad es que Michiru estaba encantada de poder verla de nuevo.
—Te amo, lo sabes, ¿Cierto?
"Yo también te amo."
————
Releo este capítulo y sigo sintiendo placer. ¡Dios! Lo que disfrute escribir cuando Michiru le dijo todas sus verdades a Darien... Fue tan hermoso.
Aunque, ahora sí se vienen más capítulos placenteros. ¡Suzuka time!
