Hoy no iba a ser el día de Issei, podía sentirlo en el aire y aquello comenzó desde que se despertó dos horas antes que su reloj, y absurdamente sediento.
Estaba tentado en llamar a su amo y decirle que no quería ir al gimnasio hoy, pero ese era el único momento en el que podía ver desvergonzadamente a su amo, claro no siempre era por motivos personales, también era porque su cerebro se negaba a entender una explicación sin que le mostraran como hacerlo, así que simplemente respiró y decidió que hoy iba a ser un gran día.
Entonces se acomodó nuevamente para dormir esas dos horas faltantes y se dejó llevar por el sueño.
Todo salió mal.
Aparentemente su cuerpo decidió que, después de la pequeña siesta, iba a fingir que un camión había pasado encima de él y estaba completamente adolorido. Luego al parecer su alarma no sonó y si lo hizo simplemente no escuchó, porque se quedó dormido, pero eso al menos le regaló una maravillosa vista que estaba disfrutando.
—¿Te sientes bien? —su amo, Aramis Gremory, un demonio de clase alta, le estaba hablando con su maravillosa y profunda voz, además estaba sentado en su cama —¡su cama! —, observándolo detenidamente con preocupación.
—¿Sí?
—¿Me estás preguntando o respondiendo?
—Bueno —comenzó, quitó el cobertor de su cuerpo y no perdió detalle de cómo Aramis seguía la pista de cada movimiento que hacía—, me desperté muy temprano, pero volví a dormir, así que parece que ya estoy mejor, incluso si perdí nuestro tiempo para entrenar.
Aramis le dedicó una ligera sonrisa y con un gesto pareció quitarle peso a todo el asunto.
—No te preocupes, esas cosas suelen pasar. ¿Te encuentras bien para asistir a clases? —Issei simplemente asintió ignorando por completo la incomodidad que sentía.
No debió de ignorar nada que sintiera, pues ahora se sentía con fiebre, pero no tenía otro indicio de malestar, bueno tal vez el pequeño dolor que atravesaba su espalda baja, pero eso era todo, tal vez se debía a su falta de ejercicio esa mañana, o al estado deplorable en el que amaneció.
Deseaba poder rogarle a cada Dios que conocía que la clase terminara, pero se conformó con desear que a su profesor le fuera mal hoy, como que el neumático de su auto se pinchara o algo así y continuó sintiéndose cada vez peor.
—¿Joven Issei? —preguntó con cautela una de sus compañeras de salón con las que rara vez hablaba. Él ni siquiera alzó la mirada, simplemente se encogió en su asiento, envolvió los brazos en su estómago y soltó un gemido de dolor.
—¿Puedes buscará al a… joven Gremory? —la chica le miró desconcertada, pero de todos modos asintió y salió corriendo de su salón de clases dispuesta a llegar al del joven Aramis antes de que la siguiente clase empezara.
Aramis no esperaba que su día mejorara hoy, para ser sincero esperaba que empeorara y tuviera que mandar a descansar a su peón aquella tarde a causa de un resfrío o algo así, por lo que estaba charlando distraídamente de sus planes con Akeno.
—Jo-joven Gremory —toda la clase miró a la joven que estaba en la puerta buscándolo, no era raro a estas alturas, por lo que se levantó dispuesto a regañar a la joven.
—¿Sí? —respondió una vez que se encontraba frente a ella en la puerta.
—Yo am… —Aramis alzó una ceja y estaba planeando las palabras para rechazar amablemente a la señorita—, yo… el-el joven Hyoudo me pidió que viniera con usted —él frunció el ceño, sabía que la reputación de Issei no era exactamente buena, por lo que dudaba que alguien le hiciera un favor.
—Te pido por favor que, si esto es un intento burdo de declaración, me dejes en paz —la chica de inmediato palideció y negó con la cabeza.
—No, no, el joven Issei… no se ve bien… y él me pidió que viniera a buscarlo. Creo, creo que la señorita Argento iba a ir a la enfermería… no-no se… —la chica a penas podía hablar con la mirada penetrante de Aramis, y si bien él estaba a punto de desistir, pero el olor a malvavisco que había asociado con Issei estaba presente en ella y además tenía un ligero toque quemado, y si su memoria no le fallaba aquello significaba que su celo se estaba presentando.
Una sonrisa recorrió su rostro y miró a su compañera de menor grado—. Llévame con él.
17-02-2022
