** Glosario
- Shōgun: Persona que de forma totalitaria gobernaba Japón en nombre del emperador entre 1192 y 1867.
- Engawa: Es la denominación de una pasarela de madera que se conecta con las ventanas y puertas corredizas en los cuartos de las casas tradicionales japonesas, que habitualmente da hacia los jardines.
- Bokken: Es un arma tradicional de madera de estilo japonés, con forma de espada, utilizada habitualmente- para entrenar.
- Uchiwa: Abanicos tradicionales japoneses elaborados con piezas estrechas de bambú, forradas con papel o seda, que cubren toda la parte de la madera.
- -shishou: honorífico que denota hacia esa persona un altísimo nivel de respeto.
- Yukata: Prenda tradicional japonesa, utilizada habitualmente en verano.
- Kimono: Prenda tradicional japonesa.
- Obi: Es una faja ancha de tela fuerte que se lleva sobre el kimono, se ata a la espalda de distintas formas.
- Kanzashi: ornamentos para el cabello utilizados en peinados tradicionales japoneses.
-Daimyō: Era el soberano feudal más poderoso desde el siglo X al siglo XIX dentro de la historia de Japón. Se puede decir que era el gobernador provincial.
- Edo: Antiguo nombre de la ciudad de Tokio.
- Seiza: Es un término japonés que describe la forma tradicional de doblar las piernas sobre el suelo y sentarse sobre las rodillas.
- Bakufu: El concepto de bakufu se asocia al gobierno militar que durante cientos de años gobernó Japón bajo las ordenes del Shōgun o comandante de los ejércitos del país asiático.
- Katana: Es un sable de origen japonés que presenta un solo filo y que suele tener forma curva.

血液
Ketsueki
Sangre

Los días como aquel estaban cargados de recuerdos, especialmente a la hora del amanecer, cuando el cielo se pintaba de rosados y celestes que nada tenían que ver con el rojo sangre que alguna vez manchó el piso de madera de lo que antaño fue su hogar. Después de lo vivido era difícil no asociar el alba con la muerte, y en el aniversario número ocho de aquel fatídico día, su jornada comenzó con la reminiscencia del olor a óxido que sintió al abrir la habitación de sus padres y descubrir que un corte limpio de la longitud de sus torsos se llevó sus vidas. No le gustaba recordar esa parte de su pasado, pero era inevitable verse aplastado por las memorias de la peor experiencia de su vida, que hicieron que durante ocho años se dedicara a vagar, pelear, robar y matar para poder sobrevivir con su apellido a cuestas. Uchiha, un clan que alguna vez fue grandioso, que conquistó tierras e hizo crecer la gloria de Japón, pero que fue eliminado por completo por órdenes del Shōgun al conseguir la unificación del país luego de un largo periodo de guerras. Seguía sin poder entenderlo, tanto los motivos que llevaron que su familia fuese masacrada como las razones que hicieron que él fuera el único sobreviviente. Recordó que la noche anterior había querido salir de madrugada a entrenar en la nieve, tal como lo hacía su hermano mayor para lograr mayor fortaleza corporal y resistencia al frío, pero que a él no le era permitido hacer aún por su corta edad. Sin querer, mientras observaba el paso de las nubes que invitaban a salir al sol, trajo a su memoria los pasos silenciosos con los que había salido al engawa, el escalofrío que recorrió su espina dorsal a sentir la baja temperatura y el bokken que previamente había escondido en su futón para poder entrenar con él sin que sus padres se dieran cuenta. Recordó su carrera hacia el bosque nevado, sus movimientos mientras temblaba de frío, que paulatinamente iban haciéndose más definidos al aumentar la temperatura corporal a medida que se ejercitaba, la emoción de sentir que estaba haciéndose más fuerte y que algún día podría ir a la batalla con su padre y su hermano, y la sonrisa que imaginaba pondría su madre cuando regresaran sanos y salvos, como había sido hasta ese día cuando los hombres de su familia entraban a la villa montados en caballos y portando el emblema que mostraba un uchiwa rojo y blaco, el símbolo de su clan, en señal de victoria. Qué feliz hubiese sido si todo hubiese seguido su curso, si no hubiese escuchado gritos provenientes de su hogar, si no hubiese visto el humo que señalaba que había una tragedia ocurriendo exactamente en el lugar que había dejado un par de horas antes, y si no hubiese comprendido de inmediato lo que estaba sucediendo: el clan Uchiha estaba siendo atacado en la oscuridad de la noche, horas después del término de la celebración que habían llevado a cabo por la boda de su hermano, cuando los mejores luchadores de su familia estaban demasiado borrachos para poder defenderse. Podía recordar exactamente la vertiginosa sensación que se alojó en su estómago al hacerse consciente de que esta batalla no la ganarían, porque no era una batalla en absoluto, sino que fue un ataque cobardemente concertado por alguien que sabía que sus hombres estarían indispuestos. Un ataque sin honor ni gloria, que en solo unas horas se llevó todo lo que alguna vez fueron los Uchiha, y que dejó la villa impregnada de la sangre de hombres, mujeres y niños que conformaban todo su mundo. Con los puños apretados trajo a su memoria el miedo que sintió de salir de su escondite mientras observaba las llamas, el rojo que pintaba el lugar y las súplicas de quienes eran arrastrados fuera de sus hogares para ser cruelmente asesinados por la espada de una horda de hombres armados hasta los dientes, pero ¿qué podría haber hecho un niño de diez años contra ellos? Recordó también que sintió el impulso de ir corriendo directo hacia el ataque, porque también quiso morir junto con los suyos, aunque solo tuviera su bokken en las manos, pero era suficiente para poder enfrentarse al menos a un hombre. Sin embargo, en la vorágine que estaba sucediendo en ese momento, ocurrió algo que detuvo su hilo de pensamientos: un tirón proveniente de su ombligo lo había hecho girar hacia su espalda, pues la inminente sensación de sentirse observado por una densa presencia se hizo notar. Pudiendo ver tan solo la oscuridad del bosque nevado desechó aquel presentimiento y se dispuso a iniciar la carrera hacia la villa, sin embargo, una voz que emergió desde la profundidad de los árboles le hizo interrumpir sus intenciones.
- Yo que tú no haría eso, jovencito – dijo la voz sin revelar aún su apariencia, pero develando cierta madurez en su tenor – hacia allá solo encontrarás la muerte, hehehe.
- ¿Q…quién eres? – el temblor en sus palabras provenía tanto del temor por la voz desconocida como por la desesperación de saber que su propia familia estaba siendo atacada unos metros más allá - ¿quién está ahí?
- Hehehe – una oscura risa se hizo notar a la vez que veía aparecer la figura de una anciana de cabello blanco y una especie de andrajosa yukata color rojizo que cubría su baja silueta – solo soy una vieja mujer que pasaba por aquí, estaba dando un paseo por el bosque cuando oí unos estruendos en dirección a la villa – aproximándose al joven Uchiha, haciendo que él diese un traspiés al sentirse atemorizado por la intimidante figura – quise dar un vistazo cuando vi al joven de la mansión.
Lo cierto es que la anciana tenía un aura sobrenatural que incomodaba considerablemente al niño de 10 años que era en ese entonces, haciendo que su apariencia fuese aún más desagradable de lo que ya era, que se potenciaba por el hecho de que ninguna mujer de su edad que él conociera salía de noche a pasear por un bosque oscuro en pleno invierno, con temperaturas bajo cero y una prominente nieve que se acumulaba a medida que avanzaban las semanas. Si no fuese porque él había espiado a su hermano Itachi durante varias noches seguidas hasta alcanzarlo en el campo de entrenamiento Uchiha, se hubiese perdido irremediablemente apenas al adentrarse en la densidad de la arboleda.
- De-debo irme – tartamudeó haciendo un ademán para voltearse – debo alcanzar a mi familia.
- Hehehe, jovencito – el niño oyó la voz apenas a sus espaldas, como si la mujer hubiese avanzado muchos pasos en cuestión de segundos sin que él lo notara – allí solo hay muerte, no es el lugar donde podrás encontrar a tu familia.
El niño abrió los ojos con sorpresa ante la declaración de la anciana, porque impactó directamente en la esperanza de poder encontrar con vida a su hermano, a su madre y a su padre. Presionando sus puños con violencia, se giró con la adrenalina haciendo aumentar su pulso a medida que le gritaba a la mujer que estaba a sus espaldas
- ¡Eso es mentira! ¡Mis padres están vivos! ¡Itachi está… - su voz se vio interrumpida por la sorpresa de verse completamente solo en la oscuridad del bosque, pues a su alrededor no había rastro de la vieja figura que segundos atrás estuvo justo a un par de centímetros de distancia - ¿qué dem…?
Se giró de un lado a otro buscando a la anciana que recién estuvo en ese mismo lugar, pero que había desaparecido por arte de magia. Avanzó unos pasos buscando a la mujer, hasta que tropezó nuevamente con aquella risa que parecía resonar en todo el bosque
- Hehehe, jovencito, ¿de verdad crees que allí encontrarás a tu familia? – el niño dio vueltas en el mismo lugar buscando la fuente de aquel espantoso sonido, pero no lograba dar con la vista de la sobrenatural figura que se dirigía a él – tu familia la encontrarás en la primavera, no en los cadáveres que hay en esa villa.
Ocho años después, recordó que la inconsciencia se apoderó de su cuerpo de niño segundos después de oír esas palabras, y que despertó cubierto de nieve horas después de aquel evento, cuando ya no se oía ningún sonido proveniente del lugar donde estaba su hogar. Antes de adentrarse en las memorias del momento en el que encontró los cadáveres de todos quienes conformaban su familia, su propia inconsciencia amenazó con atacar su cuerpo que había caído en la nieve luego de haber perdido la suficiente sangre como para matar a cualquier hombre más débil que él.
Le habían pagado una buena cantidad de dinero para recuperar una mercancía robada, sin embargo, quien lo contrató no tuvo la cortesía de mencionar que era un verdadero batallón a quienes debía afrontar. Si bien era bastante más fuerte que muchos hombres, era humano y al verse enfrentado a más de cien hombres armados su cuerpo se vería resentido luego de ganar aquella tormentosa lucha que lo mantuvo sin descanso durante dos días. Sumido en el desvanecimiento que se comenzaba a instalar en su magullado cuerpo, dibujó un dejo de sonrisa al verse enfrentado, una vez más, a esas crueles jugarretas de la vida. Moriría ocho años después de la masacre de su familia, justo el día del aniversario de aquel fatídico día, y así llegaría el fin irremediable de los Uchiha y con él todo lo que significó su clan para la historia de su país. Nadie podría evitarlo. No se podía salvar.
Sintiendo la suave brisa del amanecer en la nieve, dejó que su cerebro se apagara paulatinamente, sabiendo que su muerte era una patética consecuencia de sus propios actos, y que no era más que una inútil pieza del juego de ajedrez que era mucho más grande de lo que él podría haber querido hacer para poder cumplir su deseo de venganza.
- Itachi, lo siento – las palabras avanzaron lentas por su mente cansada, sin poder pronunciarlas siquiera en un murmullo – no pude vengar tu muerte.
Y en ese momento decidió morir.
Hasta que despertó.


Hana
Flor

Antes de abrir los ojos, lo primero que sintió fue un intenso olor a flores que endulzaba sus sentidos, que llegó al punto de embotar su consciencia que deseaba despertar del trance en el que sentía había estado por lo que sentía eran décadas. Una vez se decidió a salir de ese estupor inicial que pesaba en su mente, lo segundo que sintió, cuando pudo abrir los pesados párpados, fue la impresión de estar en un lugar muy distinto al infierno en el que acostumbraba a pasar sus días mientras estaba con vida. Su atención se dirigió de inmediato a la fuente que provocaba esa ajena sensación de agradable sorpresa, que le hizo confundir aún más sus desorientados sentidos: un par de ojos verde aguamarina le observaban con atención, enmarcados por la pálida piel del rostro de una muchacha con el cabello más rosa que había visto en su vida.
- Al fin despiertas – dijo la joven con una voz cantarina, que le hizo confundir aún más su embotada consciencia – estaba comenzando a pensar que no lo harías – añadió con una especie de puchero que intentó disimular.
Turbado por la confusión, no comprendía por qué no despertaría en su propia muerte. ¿O era que estaba equivocado sobre el estado de su vida? Al parecer su perplejidad se había reflejado en su rostro, porque la muchacha añadió una explicación de inmediato que le cayó como balde de agua fría
- Te encontré en el bosque hace tres días – dijo con los ojos muy abiertos, añadiendo una expresividad inusual a sus palabras – vi un rastro de sangre y lo seguí, estabas inconsciente en la nieve.
Frunció el entrecejo en respuesta, sin poder pronunciar palabra. El haberse enterado de que no había muerto, después de haber estado completamente seguro de que ese era su destino, le provocó una vertiginosa sensación en el pecho que no podía determinar si era alivio o pesar. Al parecer tuvo la suerte de sobrevivir al desangramiento, y una mujer completamente desconocida le salvó la vida. Lo que no podía comprender era por qué lo había hecho, y menos por qué alguien pasaría tres días intentando rescatarlo de las garras de la muerte.
- Te traje aquí para poder curarte, ¿sabes? Tuviste suerte que tuviera reservas de hierbas y flores medicinales de la primavera que pasó – la muchacha sonrió con amplitud, provocando otra impresión en su pecho que supuso era agradecimiento. De pronto, los ojos aguamarina volvieron a abrirse con un gesto de haber caído en un sobresalto – Debes tener sed, ¿no es verdad? No has bebido nada en tres días, déjame traer agua de inmediato.
Al oír las palabras de la joven, pudo sentir la resequedad de sus labios, y sintió nada más que incomodidad al intentar tragar un poco de la poca saliva que tenía en su boca. Agradeció internamente la idea de la muchacha, lo que se profundizó cuando ella volvió con lo que parecía un jarrón y un vaso con agua, que le ayudó a beber levantando levemente su cabeza mientras sostenía el objeto con su mano izquierda. Bebió con avidez, sintiendo que con el líquido se aclaraba su garganta seca.
- ¿Por qué… me salvaste? – pronunció con dificultad, sintiendo aún la debilidad en su cuerpo. Al parecer esa pregunta no era esperada por la muchacha, porque nuevamente la sorpresa se reflejó sin disimulo en sus ojos.
- Porque estabas herido – respondió con simpleza, como si fuera lo más obvio del mundo – y yo te podía curar, así que solo debía ponerme manos a la obra – una sonrisa volvió a dibujar su rostro, evidenciando una afabilidad que nunca fue una constante en su vida desde que murió su familia.
Cuando era niño, ciertamente su visión sobre el mundo era muy distinta a lo que era hoy en día. Había crecido con la amorosa figura de su madre, la orgullosa estampa de su padre y la camaradería de su hermano mayor, que había definido su impresión sobre la vida como algo mucho más amable de lo que era en la actualidad. Nunca conoció la crueldad ni la violencia sino hasta el día que decidió ir a entrenar al bosque nevado, cuando descubrió que todos los suyos fueron asesinados con cobardía bajo la estela de la noche. A contar de ese momento, tuvo que sobrevivir bajo el más cruel trato, al verse forzado a esconder su origen y a vivir en la frialdad de las calles de Edo como un niño huérfano que fue obligado a robar para poder tener un trozo de pan en su boca. Hubo días completos que no recibió alimento, hasta que un sujeto llamado Orochimaru lo encontró vagando por las calles y le dirigió la palabra con un ofrecimiento que no pudo declinar.
- Muchacho, te tengo una propuesta – el niño se vio obnubilado por la apariencia viperina del sujeto, que lo observaba con unos atentos ojos amarillos que resaltaban en la grisácea piel del hombre, cuyo largo cabello negro le daba una apariencia aún más escabrosa, que procedió a ignorar por completo al oír las siguientes palabras que pronunció - ¿quieres tener más poder?
Al aceptar ir con Orochimaru se enfrentó a una vida envuelta en violencia, pues aprendió a pelear como medio para sobrevivir. Se hizo experto en lucha con espada y se dedicó a luchar para hombres que lo contrataban, cuyos objetivos no siempre eran honorables, lo que él ignoraba por completo si a cambio le daban suficientes monedas para poder pasar largas temporadas sin tener que recurrir a esos trabajos con tanta frecuencia. Fue así como se vio envuelto en esa empresa que fue lo suficientemente dura como para haberlo llevado a estar a punto de morir, y también a estar frente a la mujer que estaba con él.
- Me llamo Sakura – dijo ella a continuación - Haruno Sakura – "campo de primavera de los cerezos en flor", pensó para sus adentros, dándose cuenta de que era un nombre bastante conveniente para alguien que tenía en su rostro los colores de los árboles de cerezo que florecían año a año por los campos de Japón. - ¿cuál es tu nombre?
- Sasuke – dijo luego de unos segundos – gracias – añadió.
Pareció complacida por su respuesta, pues una tercera sonrisa iluminó el rostro de la joven que lo había mantenido con vida. Posterior a ese intercambio, le explicó que el lugar en donde estaban era una choza que había encontrado en el bosque, donde había estado viviendo desde que comenzó el invierno. Lo llevó sin ayuda de nadie, lo que sorprendió a Sasuke por completo, pues no creía posible que alguien tan menuda fuera capaz de transportar su cuerpo sin dificultad, considerando que él medía poco más de 1.80 y ella parecía ser al menos veinte centímetros más pequeña.
- Soy bastante fuerte, la verdad – dijo Sakura con modestia – no tuve muchos problemas para traerte, excepto el hecho de que no parabas de sangrar.
Le contó que tenía heridas por todo el cuerpo, por lo que se vio obligada a cortar casi la totalidad de su vestimenta para poder aplicar una medicina compuesta por flores y hierbas medicinales, que era el origen del aroma dulzón que embotaba su olfato. A medida que avanzaba en su relato, Sasuke se hacía más consciente del espacio que lo rodeaba, pudiendo darse cuenta de que estaban en una pequeña cabaña – que ella había llamado previamente choza – que contaba solamente por un sitio para dormir, un pequeño cuadrado de tierra donde había un brasero encendido, emanando un agradable calor, y en una esquina unos barriles de tamaño mediano donde imaginaba Sakura guardaba algunos recursos para el invierno. Se preguntaba por qué alguien como esa muchacha viviría en un lugar como ese, en medio del bosque donde no había prácticamente nadie a su alrededor, sin embargo, no consideraba la idea de preguntar los motivos de la joven porque creía que entablar una conversación implicaría iniciar una especie de vínculo del que no quería ser parte.
- Tuviste bastante suerte – añadió Sakura con seriedad – cualquier persona hubiese muerto con la cantidad de sangre que perdiste, pero pude encontrarte a tiempo, lo que no significa que vayas a estar bien demasiado pronto – el rostro de la muchacha tenía el entrecejo fruncido y una mirada de absoluta gravedad, lo que le hizo considerar la veracidad de sus palabras – eso significa que tu recuperación va a ser lenta, y no sé qué vida tendrás allá en la ciudad, pero hasta que no estés lo suficientemente recuperado no permitiré que des un paso allí afuera, porque significaría que morirías apenas llegues a la ciudad.
Con eso parecía estar respondiendo a las internas intenciones de Sasuke de tomar sus cosas e irse apenas pudiera ponerse en pie, lo que pareció algo casi imposible viendo el rostro de Sakura mirándolo con implacabilidad. Al parecer ella tenía el extraño don de leer su mente, porque sino no se explicaba la mirada que le daba en ese momento, que le daba a entender que estaría pendiente de él 24 horas al día si era necesario para evitar que pudiera irse antes de tiempo. Suspiró con resignación.

苦悩
Kunō
Angustia

La recuperación de Sasuke fue lenta, pues le tomó al menos una semana poder ponerse en pie y otros siete días completos poder salir de la cabaña sin resentir el frío de la nieve en su cuerpo. Durante aquel primer periodo Sakura pudo conocer al humor huraño del joven, y él pudo habituarse a la personalidad expresiva de ella, pues era frecuente verla tarareando mientras se movía de aquí para allá trayendo medicina, preparando comida y yendo a buscar más provisiones. A Sasuke le seguía causando curiosidad el hecho de que ella viviera sola en ese lugar, pero no tenía intenciones de preguntar, más bien iba aprendiendo de ella a medida que curaba sus heridas con la paciencia de quien está acostumbrado a sanar personas, pues solía ser bastante conversadora a pesar de que Sasuke no interviniera con frecuencia en sus diálogos – que más bien parecían monólogos.
- Mis padres murieron hace tiempo – contó Sakura uno de aquellos días, lo que despertó la curiosidad de Sasuke, que sin decir palabra la siguió con la mirada mientras ella vendaba uno de sus tobillos que había recibido una herida particularmente profunda – no recuerdo casi nada de ellos, pero afortunadamente me encontró Tsunade-shishou y pude aprender a curar.
Tsunade era un nombre que escuchaba con frecuencia en las historias de Sakura, pues al parecer vivió gran parte de su vida bajo el amparo de esta mujer. Fue ella quien le enseñó a sanar personas, lo que al parecer hizo con eficiencia pues él mismo se iba recuperando de unas heridas que podrían haberle causado la muerte a cualquiera. Si no hubiese sido por su buen estado físico y la suerte que tuvo, ni siquiera las hábiles manos de la pelirrosa podrían haber hecho algo por él, lo que no terminaba de agradecer, aunque solo lo hubiese dicho en una oportunidad. Al escuchar las historias sobre Tsunade, Sasuke se dio cuenta que Sakura tenía un pálido montón de pecas sobre su nariz, que se veían solo si las miraba con atención cada vez que ella arrugaba la nariz recordando la severidad de su maestra. Siempre que la oía hablar solía observar los rasgos de la mujer, pues le llamaba la atención la expresividad de sus ojos aguamarina cada vez que hablaba de algo que parecía emocionarla, que brillaban debajo del rosa pálido de su cabello que contrastaba con su propia imagen, pues él poseía unos ojos negros como la noche y el cabello del mismo color. En apariencia eran muy distintos, pero pronto se dio cuenta que ella compartía la orfandad que él mismo había experimentado, solo que ella tuvo la fortuna de ser adoptada por una mujer como Tsunade, de quien aprendió a curar, mientras que él conoció a un sujeto como Orochimaru, que solo le enseñó a luchar y a matar.
- Entiendo que no quieras hablar de tu vida – añadió Sakura mientras continuaba su labor – pero no te obligaré que me cuentes quién eres. Eso lo harás tú si lo quieres hacer.
- Eres muy inocente al traer a un desconocido en tu casa – respondió Sasuke con un suspiro mientras observaba las ágiles manos de la joven que vendaban su pierna herida – podría ser un asesino – dijo con intención.
Sakura le miró por unos segundos antes de continuar, y le dedicó una sonrisa divertida mientras pensaba su respuesta
- Oh, la verdad ya pensaba que lo eres – una risita se escapó de sus labios – no creo que alguien con esta cantidad de heridas y toda la sangre que había sobre ti no haya matado alguna vez.
Sasuke le miró con el entrecejo fruncido y un brillo en los ojos, pues internamente se preguntaba si ella era muy confiada o muy estúpida.
- ¿Por qué traerías a alguien sabiendo que es un asesino?
- Porque estabas herido, y mi misión es curar, no juzgar – comentó con soltura – ¿me contarás qué fue lo que te pasó?
- Tenía que recuperar una mercancía robada – respondió Sasuke después de unos segundos deliberando si era prudente contarle eso a Sakura al desviar su vista hacia el techo – pero me habían dicho que serían pocos hombres, no cien como los que encontré.
- ¿Te enfrentaste a cien hombres? – la pelirrosa abrió los ojos sorprendida, sin poder creer lo que escuchaba - ¿tú solo?
- Sí, por eso terminé así – dijo señalando sus heridas.
La muchacha lo miró fijo por varios segundos, al parecer imaginando lo que sería que un solo hombre se enfrentara a cien.
- Me pregunto cómo habrás llegado a ser tan fuerte – dijo después de al menos un minuto de silencio, con la vista fija en sus ojos – nadie es tan fuerte sin sufrir en el proceso.
De cualquier cosa que pudo haber dicho, Sasuke no esperaba aquello. De alguna extraña manera Sakura logró empatizar con él, solo porque le contó la experiencia que casi lo llevó a la muerte, y se preguntó por un breve segundo qué pasaría si le contaba un poco de su vida; sin embargo, recordó que él es un asesino consumado y ella una curandera, por lo que desistió de inmediato, por lo que simplemente no respondió.
- ¿Pudiste recuperar la mercancía? – dijo la muchacha cambiando de tema, retomando la labor de sanar sus heridas, lo que le hizo recordar que efectivamente traía consigo un pequeño paquete que había sido robado.
- Solo una parte, lo que logré conseguir lo tenía entre mi ropa – recordó – era un paquete pequeño.
- Oh, era eso – respondió Sakura, poniéndose de pie y yendo a buscar algo entre sus pertenencias – traías esto consigo, pero está cubierto de sangre, creo que deberías cambiar el envoltorio antes de entregarlo.
El paquete consistía en una pequeña caja de madera con finos detalles tallados, que parecía tener algo dentro. Sasuke desató el envoltorio, con intención de cambiar la tela que recubría el elegante objeto, hasta que oyó un ruido sordo y se dio cuenta que Sakura observaba fijamente lo que él sostenía en sus manos, con una expresión ilegible en su rostro, más pálida de lo normal, sin darse cuenta de que dejó caer el rollo de vendas que sostenía en la mano.
- ¿Sabes lo que es esto? – preguntó a la mujer, cuya expresión alarmada indicaba que lo reconocía. Sakura demoró varios segundos en responder.
- ¿Trabajas para el hombre que quería obtener esto? – las palabras de Sakura salieron en un susurro muy distinto a lo que estaba habituado a oír de parte de ella, pues normalmente solía ser alegre y expresiva, lo que encendió las alarmas de Sasuke.
- Solo lo vi una vez, cuando me contrató para este trabajo – respondió con más fluidez de lo que hubiese esperado, considerando que no quería que se evidenciara que algo como preocupación se alojó en su pecho - ¿qué sucede con esta caja?
Con Sakura las sorpresas estaban a la orden del día, pues nunca reaccionaba ni actuaba de la forma que él hubiese creído que lo hiciera, tomando en cuenta que no solía esperar lo mejor de las personas. Por ejemplo, suponía que cualquiera que lo viera en la nieve, cubierto de sangre, simplemente lo dejaría morir, sin embargo, Sakura lo había arrastrado a su hogar y se había mantenido tres días casi sin dormir solo para cuidarlo, y había aceptado que él viviera ahí durante semanas para que se pudiese recuperar. Habitualmente ese comportamiento le parecía un poco fascinante, pues lo inesperado se orillaba en la personalidad de la pelirrosa y esta oportunidad no fue la excepción, solo que la reacción que tuvo ella le dejó un hondo pesar en el pecho, no la sensación agradable que había estado llegando a él durante esos pocos días a su lado. Lo que hizo Sakura fue tomar la caja entre sus finos dedos y abrirla con delicadeza, tomando el contenido en sus manos, lo que evidentemente generó impresión en ella pues de inmediato las lágrimas se acumularon en sus ojos. Lo observó con detenimiento por lo que pareció ser una eternidad, hasta que le mostró a Sasuke un papel con unas letras escritas que no alcanzaba a leer desde su posición, junto con un kanzashi dorado con aplicaciones de pequeñas piedras que parecían ser preciosas.
- Esto era de Tsunade-shishou – dijo con voz temblorosa mientras le enseñaba el objeto – me lo dejó antes de morir – junto con estas palabras, Sakura desdobló el papel y se lo mostró a Sasuke, quien pudo leer las palabras "Sakura, el objeto más valioso para mi discípula más querida".
Sin entender lo que sucedía, el pelinegro releyó el mensaje escrito en el pequeño papel, y dejó pasar unos segundos para procesar lo que estaba ocurriendo. No lograba conectar los puntos que unían toda la situación, que desembocaban en la joven que salvó su vida: no conocía al tipo que lo contrató, sino que llegó a este hombre por medio de Orochimaru, quien simplemente le comentó que le darían una gran suma de dinero si lograba la misión con éxito. Sasuke observó a Sakura, cuya figura estaba arrodillada a su lado iluminada por la luz del brasero que les calentaba durante aquella noche invernal, vistiendo un sencillo kimono de color blanco invierno, que envolvía en la cintura con un obi rojo y otro azul oscuro en la parte superior, y un chal violeta que usaba para protegerse del frío. No parecía ser el tipo de mujer que utilizaría un kanzashi tan costoso en el cabello, pues eso desentonaba completamente con su apariencia agradable pero sencilla que ostentaba, además de que el hecho de vivir en aquel lugar tan lejos de todo seguía envolviendo a aquella mujer en el misterio. Sin embargo, al escuchar que Tsunade había muerto pudo caer en la cuenta de que estaba sola en el mundo, porque no había mencionado a nadie más que a su maestra y a sus padres, quienes ninguno estaba en esta vida, lo que aumentó el pesar en su interior.
- Tsunade-shishou solía ser la sanadora de la familia del Daimyō – comenzó a relatar Sakura, sin esperar a que Sasuke le preguntara nada, pero leyendo en su rostro que él quería saber - durante muchos años fue al castillo cada vez que la citaban por alguna enfermedad o accidente, y ella siempre lograba curar a la gente que la necesitaba, ganándose el respeto de todos en ese lugar – mientras hablaba, Sasuke podía observar la luz del fuego bailando en sus ojos, haciendo resaltar la emoción que la embargaba – cuando me encontró en mi aldea destruida por la guerra decidió adoptarme, pues según lo que me contó fui la única sobreviviente en un ataque concertado por el Shōgun, aunque no entiendo sus razones porque éramos una simple aldea donde cultivábamos arroz
Esta última información llamó la atención de Sasuke, porque ese mismo sujeto era quien había mandado a asesinar a los Uchiha, una de las familias Samurái más importantes de aquel periodo, a diferencia de la aldea de Sakura que no eran luchadores sino que gente que vivía de la tierra. Eso confundió aún más al pelinegro, quien durante años siguió la pista del emperador, logrando descubrir que amasaba un amplio poder en el país y que su fortaleza era casi impenetrable, motivo por el que nunca logró encontrar la manera de obtener la venganza que había estado buscando durante esos ocho años que llevaba con su familia muerta.
- Tsunade-shishou me adoptó como su aprendiz desde que era muy pequeña, por lo que no recuerdo bien lo que pasó en esa época, pero sé que ella comenzó a llevarme consigo a la mansión del Daimyō para poder aprender el oficio y ganar la confianza de la familia, pues eventualmente sería yo quien heredara su rol – en este punto del relato las lágrimas corrían por las mejillas de Sakura, contrastando con la imagen alegre que en esos pocos días había estado observando en ella – Sasuke-kun, ¿has oído la historia de Yama-uba?
- ¿Yama-uba?
- Es un demonio que nació en el monte Ashigara durante el periodo de guerras, debido a que la hambruna obligó a la gente a abandonar a los ancianos en ese lugar para priorizar alimentar a jóvenes fuertes que pudiesen trabajar y traer dinero al hogar – señaló, provocando la extrañeza de Sasuke al no esperar aquel repentino cambio de tema – tiene la apariencia de una anciana con cabello blanco y yukata roja, y su forma de hablar es muy intimidante.
Al oír aquella última descripción Sasuke recibió un golpe de reconocimiento que le llegó en el estómago, pues recordó el encuentro con una figura similar en aquella fatídica noche. La forma que aparentaba tener ese demonio calzaba con aquella misteriosa mujer mayor que le dijo que no fuera a la villa donde su familia estaba siendo masacrada, lo que de alguna manera permitió que él estuviera vivo aún en aquella oportunidad.
- ¿Qué sucede… con ese espíritu? – preguntó Sasuke con cautela, sin querer revelar su encuentro pues significaría que tendría que explicar toda la historia de su infancia.
- Pues lo vi aquella noche que atacaron la aldea – dijo Sakura con el rostro vacío y las lágrimas corriendo por sus mejillas – es extraño, ¿no lo crees? Recuerdo exactamente las palabras que me dijo Yama-uba pero no logro recordar los rostros de mis padres.
Sasuke tragó en seco y no supo qué decir. Él también había conocido a aquella mujer la noche que perdió a su familia, y no podía contárselo a Sakura por su propia incapacidad de establecer una comunicación profunda con cualquier individuo a su alrededor. De alguna manera sentía que la muchacha estaba en un nivel superior a cualquier persona con quien hubiese compartido algún momento posterior a la masacre de los Uchiha, y aún así no podía acercarse debido a su falta de confianza en cualquiera que no fuera él. Si bien al inicio apenas había respondido con monosílabos a las conversaciones de su sanadora, lentamente fue relajando sus defensas lo suficiente hasta lograr intervenir de vez en cuando con algún comentario o alguna pregunta, pero no se sentía apropiado abrirse de ese modo para hablar sobre la muerte de su familia, que era un tema que nunca había vuelto a tocar con nadie después de aquel día hace ocho años atrás. Fue por este motivo que quiso dirigir su atención nuevamente hacia Sakura, y así lograr entender la conexión entre aquella historia del demonio llamado Yama-uba con el kanzashi que la mujer sostenía entre sus dedos pálidos.
- ¿Qué sucedió con ese demonio, Sakura? ¿Qué tiene que ver con esta caja que se suponía debía recuperar?
- Me dijo que perdería a mi familia dos veces antes de encontrar a mi familia en la nieve – respondió la joven arrugando el entrecejo con un gesto de dolor – lo primero que dijo fue lo que sucedió, porque primero murieron mis padres y luego Tsunade-shishou cuando descubrí unos documentos en la casa del Daimyō que no se suponía debía haber leído.
A partir de ese momento los sollozos absorbieron a Sakura, quien comenzó a temblar al lado de Sasuke, que observaba con un hondo pesar la forma en la que el dolor estaba haciendo estragos en la mujer a su lado. Extrañamente sintió deseos de poder consolarla, a pesar de que los vínculos con otros individuos eran algo que había estado evitando desde sus diez años, sin embargo, a pesar de su reticencia inicial pensó que era lo mínimo que podía hacer por la mujer que le salvó la vida, quien lloraba amargamente a pesar de sus intentos por controlar su angustia. Dubitativo, el pelinegro se sentó en el futón donde había estado tendido mientras Sakura lo curaba, tocando con la punta de los dedos la mano de la muchacha que estaba sentada en seiza en el viejo tatami de la cabaña. Fue un contacto suave, temeroso en un principio, pero al parecer fue suficiente para calmar un poco la descarga de emociones que ella estaba teniendo en ese momento, pues dirigió sus ojos aguamarina con sorpresa al rostro de Sasuke, deteniendo los sollozos que la habían embargado. Dibujando una pequeña sonrisa respondió al leve toque del muchacho tomando su mano entre las suyas por unos segundos, dejando una calidez en la piel del pelinegro que le detuvo el aire por un instante.
- El Daimyō tenía unos documentos que revelaban la voluntad del Shōgun de asesinar los clanes samurái más importantes del país, pues temían que se fuesen a revelar ante la reciente unificación de Japón – relató con suavidad, generando otra amplia sorpresa en Sasuke al oír esto último – no era mi intención leerlos, simplemente había ido a curar el resfriado de uno de los hijos del Daimyō, y mientras esperaba los resultados de la medicina, encontré unos libros en la habitación del niño que pensé podía tomar por unos instantes para entretenerme mientras duraba la espera – Sakura presionó sus puños con fuerza, recordando el momento – uno de los guardias del Daimyō me vio y me amenazó con su espada, pero pude salir corriendo y dirigirme a la casa de Tsunade-shishou para contarle lo que había sucedido… - tomó aire un segundo antes de continuar con su relato, mientras que Sasuke, al contrario, no se había dado cuenta que estaba aguantando la respiración producto de la impresión – el problema es que el Daimyō envió a unos soldados a buscarme, pues leí unos documentos privados que no debí haber encontrado jamás.
Sasuke comenzó a comprender lo que sucedía con Sakura, y el entendimiento vino con un balde de agua fría que lo dejó sin aliento, una vez más: recordó que, al recibir la orden de que debía recoger una mercancía, le mencionaron que esta consistía en una caja de madera con finos detalles tallados, y también en una mujer con excepcionales talentos sanadores que debía llevar de vuelta a la guarida de quien lo contrató, que sería la propietaria de aquel objeto. Según este sujeto la necesitaba para curar una extraña enfermedad que aquejaba a su hijo, pero dado el relato de la pelirrosa, comenzó a dudar de lo que le habían dicho en un primer momento. En esa oportunidad nunca se cuestionó que llamasen a una mujer como "mercancía", sin embargo, en este punto todo comenzaba a cobrar un oscuro sentido que le impacientaba aún más.
- Los soldados llegaron a la casa de Tsunade-shishou antes de que pudiéramos escapar, entonces me dijo que huyera por la parte de atrás mientras ella los distraía – un suspiro escapó de sus labios antes de continuar – nunca pude volver ni siquiera a darle entierro a su cuerpo, Sasuke-kun.
La cabeza de Sasuke daba vueltas, abrumado por toda la información que recibió. Primero el demonio con forma de anciana que se le apareció, enterarse de los motivos del Shōgun para asesinar a su clan, y finalmente comprender por fin los motivos por los que Sakura vivía tan apartada en aquel bosque nevado. Era fugitiva del Bakufu, por lo que nunca dejarían de darle caza sino hasta verla muerta, y todo porque el destino dejó en sus manos unos pergaminos que no debieron ser encontrados por ella. En ese punto sintió una inquietud que no exteriorizó en palabras, pero que le pesó con una sensación de vértigo, porque sabía que pasado el invierno, cuando el bosque se hiciera más fácil de transitar, cualquier soldado podría pasar y la reconocería porque sus órdenes de captura probablemente mencionaban la inusual apariencia de la pelirrosa, lo que la llevaría a la muerte indudablemente.
- Sasuke-kun – dijo Sakura con suavidad, interrumpiendo los múltiples engranajes que no paraban de dar vueltas en la cabeza del Uchiha – te han mandado a buscarme, ¿no es así?
- Así es, Sakura – respondió luego de unos segundos de pesar, abrumado por haber sido condenado a ser el captor de aquella mujer – me ordenaron recuperar la caja con el kanzashi, y me dijeron que debía llevar a la mujer a quien le pertenecía ese objeto, pues ella debía estar allí
Un pequeño círculo se formó en la boca de Sakura, revelando una sorpresa inicial que rápidamente desapareció.
- Ya veo – suspiró con resignación, sonriendo con tristeza – estuve allí por un par de días, pero pude escapar gracias a que drogué a los guardias que me vigilaban, y con eso pensé que podría haberme salvado, pero parece que no se puede vivir huyendo de tu destino, ¿no es así?
Lo cierto es que él no llevaría a Sakura hacia su muerte, después de todo lo que había hecho por él. Le salvó la vida, le contó de su vida y le hizo conocer, por primera vez, una sonrisa genuina, por lo que se sentía enfermo al pensar en la sola idea de ser cómplice de aquella muerte que ella no merecía, a pesar de que era el mismo shogunato quien había mandado la muerte de la muchacha, así como había sido con su familia, con la aldea de Sakura y con Tsunade. Mientras reflexionaba sobre qué podía hacer, la observaba con detenimiento, y se dio cuenta de que la muchacha realmente tenía los colores de los árboles de cerezo que florecerían en unos meses más.
- No te voy a entregar, Sakura – dijo Sasuke finalmente, suspirando con resignación pues sabía lo que aquello significaba – no te voy a traicionar.

バネ
Bane
Primavera

Después de aquella conversación, los días pasaron con una calma inusual en el bosque nevado donde estaba la cabaña que llevaban compartiendo hace unas semanas. Se aproximaba el término del invierno y con ello el fin de la recuperación de Sasuke, por lo que ciertamente debía tomar una decisión sobre cuáles serían sus próximos pasos. Asimismo, a medida que el tiempo comenzaba a pasar, la confianza entre ambos se extendía paulatinamente, con extremo cuidado por parte de Sasuke, por lo que pudo contarle a la pelirrosa algunos aspectos de su vida que no le dolían tanto, así que poco a poco se fueron reconociendo en sus historias personales. Se hizo habitual que, después de pasar el día recogiendo alimento y leña, o paseando por las cercanías de la cabaña, Sasuke entrenara con su katana en la nieve mientras Sakura preparaba la medicina que continuaba administrándole, hasta que llegaba la noche y con ello largas conversaciones entre ellos dos. La vista del fuego bailando en los ojos de Sakura solía ser algo que lo mantenía pendiente de las palabras de la muchacha, que usualmente era quien más historias le contaba, a veces propias y otras de los pacientes que le tocó curar. Sasuke se sentía extrañamente cómodo al lado de la joven sanadora, y ya podía reconocer sus emociones en los gestos que hacía a medida que parloteaba, como la forma de arrugar la nariz cuando hablaba de Tsunade, rememorando su severidad, los pucheros que hacía cuando hablaba sobre algo que le disgustaba, la vehemencia al abrir los ojos y alzar las cejas cuando algo le llamaba particularmente la atención, o el color rosáceo que se instalaba en sus mejillas cuando Sasuke la llamaba por su nombre. Era la persona más expresiva que había conocido, y de alguna manera eso le parecía fascinante, considerando que él se había acostumbrado a lo largo de los años a no exhibir ni una tercera parte de las emociones que guardaba dentro de sí, excepto la ira que lo embotaba cuando le tocaba luchar con su espada. Ciertamente la muchacha había comenzado a romper las barreras que se había autoimpuesto a lo largo de su vida, lo que le generaba cierta sensación de vértigo cuando ella se arrodillaba a su lado para tocar su piel y aplicar las medicinas que había estado preparando para él, lo que siempre agradecía con un breve gesto que ella ya había aprendido a interpretar.
- Pronto va a comenzar la primavera – dijo Sakura un día – tu cuerpo ya está en mejores condiciones y podrás hacer tu vida normal, solo que deberás tener cuidado de no enfrentarte a muchos hombres – Sasuke observó la sonrisa que la muchacha había dibujado en su rostro, que podría haber engañado a cualquier otra persona excepto a él. Pudo leer la tristeza en sus ojos aguamarina que llevaban siendo los únicos que había visto durante semanas, lo que hizo florecer una angustia en su pecho que no sabía cómo resolver.
- ¿Cuáles son tus planes, Sakura? – preguntó con seriedad, escrudiñando la forma en la que ella batía las pestañas intentando espantar la humedad de sus ojos.
- ¿Mis planes? – preguntó un tono más alto de lo normal, lo que hizo comprobar a Sasuke que su abatimiento iba en aumento – Oh, creo que debería buscar otro lugar donde vivir una vez que empiece la primavera, supongo que para los soldados es fácil entrar al bosque cuando acabe la nieve – una nueva sonrisa falsa se instaló en los labios de la muchacha, haciendo pensar a Sasuke que no quería que él se preocupara por su destino – He oído que hay una ciudad llamada Konoha a la que podría ir, al parecer el Daimyō de esa provincia es una persona justa que se mantiene al margen de las decisiones del shogunato. Tal vez pueda intentar llegar hasta ahí.
- Konoha está a tres semanas de viaje desde aquí yendo a pie – respondió Sasuke, quien ya había escuchado anteriormente sobre ese lugar, que aparentaba ser una localidad que se mantenía fuera del derramamiento de sangre que imperaba en el territorio japonés bajo las órdenes del Shōgun – es un viaje peligroso, especialmente para ti.
- Lo sé, Sasuke-kun, pero debo intentar encontrar un lugar seguro – un suspiro derrotado escapó de los labios de la pelirrosa, como si no creyera que pudiese completar ese viaje realmente – debería ir a buscar agua para la cena, volveré en un rato.
Sin darle tiempo a Sasuke para responder, Sakura se puso de pie y salió de la cabaña, dejando al Uchiha observando la jarra de agua que ya había ido a buscar previamente. Sabía que había sido una pobre excusa de la mujer para que él no viera el abatimiento que la acongojaba, lo que le causó aún más pesar.
A lo largo de su vida, después de la masacre de su familia, había decidido que en algún momento se vengaría del shogunato, lo que lograría por cualquier medio. Por ese motivo se había propuesto encontrar trabajos difíciles que le permitieran pulir sus habilidades, además de buscar información sobre el sujeto que había dado la orden de matar a sus padres, sin embargo, en ese minuto, ese propósito le parecía fútil comparado con la preocupación que sentía por la vida de la mujer que le salvó la suya, pues sabía que por sí solo, probablemente, encontraría la muerte antes de llegar a la figura del Shōgun, y ella también lo haría antes de llegar a Konoha. Maldijo por dentro su propia indecisión, pues en ese minuto se hizo consciente de que prefería tener en sus manos la sangre de quienes quisieran dañarla, antes que dejarla partir en un camino lleno de amenazas que pondrían fin a la sonrisa gentil que ella siempre le dedicaba. Sin dilaciones se dirigió al exterior de la cabaña, siguiendo las huellas de los pequeños pasos de Sakura, logrando encontrarla unos metros más allá sentada en un tronco desde donde se podía observar la blancura del invierno.
- Sasuke-kun, ¿te gusta la nieve? – dijo la muchacha sin darse vuelta al oírlo llegar a su lado.
El Uchiha meditó su respuesta y recordó las palabras que Yama-uba le había dedicado años atrás, cuando él insistía en ir a buscar a sus padres en medio de la masacre: "tu familia la encontrarás en la primavera, no en los cadáveres que hay en esa villa", y de pronto todo tuvo sentido en la mente de Sasuke.
- Me gusta la primavera – dijo con simpleza, observando el cabello color flores de cerezo de la mujer que le salvó la vida – Sakura, vamos juntos a Konoha.
Los ojos de la muchacha se abrieron con sorpresa, revelando el color de las hojas de esos árboles floridos, mirándolo con atención mientras él se ponía frente a ella.
- Yo te protegeré.