Aquella mañana de primavera, lo que despertó a Sasuke fue la luz fugitiva que se cernía a través de las ventanas de la habitación, que tibiamente llegaba hasta su rostro. Sintiendo la calidez de aquel rayo de sol, pasaron unos minutos en los que estuvo sin querer moverse aún, para luego presionar los ojos con pereza, deshabituado a la sensación de no tener que despertar con los sentidos en completa alerta. Dejó vagar por su mente la noción de que últimamente sus mañanas eran mucho más parecidas a las de un civil que a las de un shinobi, mientras disfrutaba del calor que emanaba el cuerpo que estaba a su lado. Volteó su rostro en su dirección, y observó el cabello que bañaba la almohada donde posaba su cabeza, sin poder ver el rostro de la mujer que yacía de espaldas y con la cara inclinada hacia la pared que estaba en el lado contrario de la habitación, cuya respiración calma y acompasada indicaba que aún permanecía dormida.

Junto con el reconocimiento, vino la punzada en el vientre que le afectaba cada vez que escapaba del sueño sintiendo el cuerpo que estaba junto a él, sensación que continuaba con una ínfima sonrisa en sus labios y la aguda impresión de que aquella felicidad era una dimensión completamente desconocida a lo largo de su vida. Esa muchacha que dormía desnuda a su lado se había abierto camino a ciegas en la oscuridad de su interior, y había logrado encandilar con su luminiscencia todos los aspectos de su ser que permanecían en penumbras. Sin pensarlo demasiado, tomó con suavidad unos mechones del cabello de Sakura, sintiendo la forma en la que se enredaban entre sus dedos a medida que profundizaba el contacto y la cabeza de la mujer se volteaba inconscientemente hacia él. Detalló el rostro dormido de Sakura que había girado sobre su cuerpo mientras dormía, de modo que su respiración acompasada se había vuelto más honda al quedar con la mano de Sasuke acunando su rostro, el cuerpo ladeado y la vibrante visión de su piel cremosa que parecía atractiva a su tacto. Sonrió por lo bajo, pues la forma en la que ella había girado en medio del sueño daba cuenta de la respuesta de su cuerpo ante el contacto que él provocó, que había sido decidido incluso sin estar despierta. Intentando retener este pensamiento mientras observaba la plenitud de las curvas de su amante, Sasuke divagaba en el camino que lo llevó hasta ese punto, deteniéndose en la noción de que incluso cuando era un muchacho lleno de rencor contra su hermano, a pesar de que nunca podría admitirlo, la atracción por su compañera había estado presente incluso desde su niñez. Sopesó la posibilidad de que probablemente habría olvidado sus deseos de venganza si hubiese conocido antes el placer de tener entre sus brazos a Sakura, y a partir de este hilo de pensamientos es que la idea le llegó de golpe y no pudo hacer más que intentar despertar a la mujer que dormía a su lado.

– Sakura – susurró con suavidad, queriendo arrebatarla del sueño en el que se encontraba sumida. – Sakura, despierta.

La muchacha se revolvió a su lado, apretando el ceño con suavidad y buscando acercarse al cuerpo de Sasuke.

Sakura – repitió el pelinegro, divertido ante el lento despertar de la mujer, que en vez de abrir los ojos prefirió hundir su rostro en su cuello, de modo que pudo sentir el roce de sus curvas en su propio pecho mientras abrazaba su torso. – despierta.

Buenos días, Sasuke-kun – la voz de Sakura se escuchó pastosa, con la característica pereza de quien acababa de despertar.

Buenos días - susurró mientras se embotaba con el olor floral del cabello de su esposa.

Pudo sentir un estremecimiento en la espalda de la mujer, quien pegó su rostro en el torso de Sasuke a la vez que minimizaba la distancia entre ambos cuerpos, apegándose con un abrazo que le hizo sentir un delicado calor en su intimidad.

Hizo memoria de su llegada la noche anterior, cuando cruzó la ventana de su propia habitación luego de haber estado ausente durante semanas. Recordó el rostro de sorpresa de Sakura, cuyos afilados instintos habían hecho que despertara ante el casi inexistente ruido que hizo al entrar, y a quien sorprendió más al capturar sus labios en el beso desesperado que le dio apenas estuvo a su lado.

Sasuke kun - murmuró la pelirrosa sentada en la cama, con las manos sosteniendo el rostro de su esposo, observándolo en la oscuridad - volviste...

No la dejó terminar. Con un rápido movimiento se quitó la capa y se posicionó sobre Sakura, con su única mano acariciando el cuello de la mujer, besándola con la impaciencia de quien se vio obligado a estar lejos de su amante contra su voluntad. No se dio cuenta en qué momento fue que su ojo derecho se tiñó de rojo, sino hasta que comenzó a prestar atención a los detalles más pequeños en el cuerpo de Sakura, como sus poros erizados o la forma en la que su pecho subía y bajaba a medida que respiraba con agitación. Hipnotizado por esta vista le quitó el camisón que se había puesto para dormir y estampó besos en su mentón, su cuello y sus pechos, llegando finalmente a su objetivo en la cúspide de la pelirrosa. Recordó el sabor que sintió en su lengua al juguetear con ella sobre su cuerpo, cautivado por la forma en la que la respiración de Sakura se alteraba al punto en que soltaba gemidos suaves a la vez que él saboreaba la piel de su busto, extasiado por la certeza de que él pertenecía ahí, algo que sentía cada vez que llegaba a la aldea de sorpresa, sin que nadie se percatara de su presencia, sólo para que su camino a los brazos de quien era la dueña de sus pensamientos no fuera interrumpido sino hasta después de verla. Simplemente había oportunidades en las que se le hacía absurdo estar lejos de Sakura, por lo que rehacía su camino y se dirigía, por una noche o dos, a pasar ese tiempo a su lado.

Volvería cientos de veces a su lado si se tuviera que ir.

Volvería cientos de veces a esos amaneceres junto a Sakura.