Dedico esta historia a mi querida amiga Sandra, tal vez hubieras preferido algo yaoi pero te aseguro que es una historia linda y emocionante.

Advertencia: Cambio de género en los personajes principales.

Nací en un hogar tradicional, desde pequeña conocí a Wei Ying pues nuestras familias eran amigas, nos juntaban para darnos las mismas enseñanzas de vez en cuando. Junto con ella aprendí muchas cosas, algunos tipos de bordado, algunas recetas de cocina y también a hacer travesuras. Ambas sabíamos que a cierta edad nos desposarían con poderosos guerreros, su hermano de Wei Ying y mi hermano, por eso mismo nos encontramos que al ser cuñadas podríamos ser muy buenas amigas. No podía negar que al inicio yo tenía mucha renuencia a hacer cualquier cosa con ella. Wei Ying era una joven bastante atrevida, yo al contrario, siempre seguía las reglas sin cuestionarlas. Quería ser de lo mejor, la persona más hábil de mi clan en las cosas que las mujeres hacían bien. Pero para ser honesta podía bordar y coser pero cocinar no se me daba ni un poco, opuestamente a mi, a Wei Ying se le daba fácilmente la cocina, aprovechaba para beber a escondidas y yo sólo tomaba el té. El día de nuestro casamiento estaba cerca, no lo supe hasta que mi tío y el suyo nos pidieron hacer los trajes de boda. Nos dieron dinero para comprar las telas y los materiales necesarios. Nuestras damas de compañía nos acompañaron, yo entendí perfectamente que era mi deber pero por alguna razón era demasiado pronto. Para colmo mi hermano me dijo que el joven Jiang Cheng se iría lejos conmigo en cuanto nos casáramos, había un lugar específicamente donde él iba a cuidar a ese poblado mientras su padre se retiraba. Mientras caminábamos a donde vendían la tela para nuestros trajes de boda le comenté:

— ¿Tu hermano te lo dijo? Me llevará lejos en cuanto nos casemos para tener un puesto de mando y proteger a los ciudadanos de ahí.

A-Ying me miró nada sorprendida, me abrazó para que las damas de compañía no nos vieran y me dio un papel que leí discretamente:

"No me voy a casar, no digas nada, tengo un plan. No elijas la tela para nuestros trajes todavía"

Lo tomé entre mis manos discretamente, guardé aquel pedazo de papel y decidí abrirlo discretamente mientras ella parloteaba como todos los días cosas sobre el mundo, había leído muchas historias que llenaban su cabeza de ideas absurdas ¿o no? Pero cuando leí el pequeño pedazo de papel me molestó, yo sabía que deshonraríamos a nuestras familias, yo no podría casarme si ella no lo hacía al mismo tiempo, puesto que era un acuerdo entre los clanes Jiang-Lan. De todas formas al llegar donde las telas, les dije a nuestras damas de compañía que prefería telas importadas, la mejor seda para nuestro matrimonio, que encargaría esas telas.

Compramos algunas cosas en el mercado para la comida y finalmente nos fuimos a mi casa para preparar la comida. Necesitaba hablarlo con ella a solas, las damas de compañía seguro que iban delatarla si escuchaban nuestra conversación. Fingí sueño y pedí a las damas que siempre venían con nosotras, permitirnos tomar una siesta en mi habitación. Nos pusimos los pijamas y al recostarnos me di cuenta de que iba a extrañarla mucho cuando partiéramos mi futuro esposo y yo. Cerré mis ojos para fingir que dormía y las damas de compañía se marcharon. Cuando los abrí ella me observaba. Hablando muy bajo dijo:

— Nos escaparemos, mañana vendré por ti al anochecer.

Sorprendida abrí los ojos más de lo acostumbrado, me contuve de levantar la voz y agitando las manos un tanto preocupada le respondí:

— ¡Estás loca! ¿Dónde crees que podríamos ir solas? Nos vamos a morir de hambre o terminaremos como dos vagabundas. Los hombres van a abusar de nosotras. Pero lo más importante es que vamos a deshonrar a nuestras familias.

Su mirada triste y sus manitas delicadas tocaron mi rostro, yo la quería tanto y pensar que la alejaran de mí también me traía tristeza. Ella esperó a que me tranquilizara, me abrazó suavemente sin decir nada. Tenía tanto tiempo que la conocía, su aroma era tan familiar que simplemente me dejé abrazar. Mi mejor amiga, era algo más que familia, la persona que siempre alegraba mis días y con su sonrisa podía hacerme olvidar que los deberes de una esposa eran tan vacíos.

Sus palabras llegaron a mi cabeza, todas esas palabras de sedición que siempre expresaba, ella leía los libros de su familia pues su hermano Cheng se los prestaba a escondidas de su tío. Así que decía que debía haber algo más que casarse y tener hijos para ser feliz siendo una mujer, cosas que eran absurdas pero que viniendo de sus labios se escuchaban coherentes.

Sentí sus pechos contra los míos y aquella tranquilidad me llenaba de tristeza, no podría ser así la vida como ella la imaginaba, juntas viajando por distintos sitios.

— No quiero casarme, tu hermano es buena persona, será un buen marido, pero no para mí, yo sólo te quiero a ti.

— No podemos, si insistes tendré que decirles a todos de tu plan y van a castigarte.

Tenía unas marcas en mi espalda que probaban que desobedecer traía consecuencias. Me habían descubierto junto con ella y un frasco de "la sonrisa del emperador". Eso nos había dejado marcadas a ambas. Cuando dije eso, ella se separó de mí y se recostó de nueva cuenta en la cama dándome la espalda y yo me acosté mirando al techo, la cortina que tapaba el sol para poder dormir la siesta me hacía ver una breve luz que me hacía sentir nostalgia. De verdad sería capaz de irse…?

No supe cuánto tiempo pasó mientras despertamos, la voz de Madame Yu nos despertó para avisar que Wei Ying tenía que volver a su casa, antes de irse me abrazó nuevamente. Un suave beso de sus labios en mi mejilla tan cerca de mis labios y una sonrisa traviesa:

— Nos veremos más tarde.

Esa frase me hizo pensar que tal vez si iba a marcharse. Pero no lo creí, supuse que quizá se arrepentiría. Realmente no imaginé que ella haría tal cosa hasta que unas piedritas a mi ventana me despertaron en la madrugada. Ella iba vestida con un traje negro su cabello corto como si fuera un varón.

— Te dije que vendría por ti.

Expresó con esa sonrisa traviesa y yo en voz baja di algunos pasos atrás.

— No me puedo ir, te lo dije, debo cumplir mi deber con mi familia. Además es peligroso…

Ella se acercó a mí y besó mis labios. Me sonrojé, mi primer beso ahora era de mi mejor amiga, no podía creer que ella hubiera sido capaz de robarme algo tan preciado. De todas formas sentí el rostro tan caliente y mi corazón pulsando tan apresurado que me quedé muda.

— Por favor… ¿vamos sí? ¿Me dejarás ir sola? Te necesito.

A pesar de eso me quedé quieta mientras ella suspiró y empezó a bajar por la enredadera que daba a mi habitación, tal como había subido. Mientras la vi bajar y acomodar sus cosas en un burrito, yo pensé mi destino, si ella se iba, se terminaba el acuerdo entre los Jiang y los Lan, no tenía un prometido, también estaba el hecho de que una cosa dentro de mí me obligaba a estar cerca de ella. Sentí una profunda tristeza, al pensar en no volver a ver jamás a esa mujer que era lo más especial para mí. Impulsada por una fuerza extraña, la elección más arbitraria que había hecho jamás, me hizo tomar un pequeño costal y guardé el dinero que me fue dado para la tela y algunas cosas importantes. En un pedazo de papel dejé una nota de despedida para mi tío y para mi hermano, ahora sería la deshonra más grande en la familia.

No sabía como pero bajé por las enredaderas, ella me abrazó de inmediato, sentí tanto confort que solté mis cosas al suelo y la abracé:

—No debemos…

Apenas murmuré y ella subió mis cosas al burrito que estaba atado a un caballo muy grande. La montura era masculina, de todas formas me subió ahí y no podía rehusar, no pude negarme ni un poco. El burrito salió de casa pero se detuvo en cuanto llegamos a un espeso bosque, se bajó y sacó unas ropas.

— ¿Qué piensas hacer con eso?

Pero se rio acercándose a mi para abrir mis ropas.

— Tranquila, tu misma lo dijiste, no podemos andar por ahí siendo mujeres, tenemos que disfrazarnos, así todo irá bien.

Si, ya había escapado de casa, eso sonó sensato, al menos más que todo lo que ya había hecho. Ató mi cabello de otra forma y me vistió como un hombre. Mis senos al igual que los suyos bajo unas vendas ahora parecía un pecho casi completamente plano. Cuando terminó mi transformación, seguimos andando en el caballo para alejarnos lo más posible.

Algo extraño me impulsaba, no podía perderla, ella era la familia más preciada que tenía, aparte de mi hermano y el tío.

Por largas horas fui en silencio, demasiado silencio hasta que ella lo rompió finalmente:

— Gracias por venir conmigo… Sin ti no podría tener la fuerza para lograr mis metas.

No pude evitar responder a sus palabras, era verdad que no quería irme lejos de ella pero esa solución tan mal planeada me tenía preocupada.

— ¿A dónde iremos? ¿No tienes ni idea verdad?

— si te soy franca no tengo ni idea de lo que haremos, simplemente vamos a alejarnos lo más posible y veremos el mundo. Ya verás que vamos a divertirnos mucho. Traje algunas joyas y cosas valiosas que no extrañarán en casa.

No teníamos un plan ni un sitio a donde llegar. Así que cuando el caballo y el burrito parecían agotados, nos acomodamos a descansar en un lugar solitario. Ahí nos quitamos las vendas del pecho y nos acostamos a dormir con los caballos atados cerca de nosotras. Mi primera noche lejos de casa y en ese solitario bosque con ruidos raros. Tenía miedo de cada ruido, por lo que me abracé a ella y sentí unas lágrimas caer en mi rostro, esas lágrimas de despedida con los que amas, aunque bien sabía que la persona más importante para mí era ella, por algo estaba ahí.

En la vereda de un pequeño río donde habíamos acampado, dormimos algunas horas hasta que al despertar la vi durmiendo y recordé nuestro beso. Por qué me hacía sentir feliz recordarlo, era realmente raro, no había forma de que yo fuera una persona tan rara. Entonces abrí mis ojos y un enorme insecto estaba en mi frazada, me levanté corriendo al río y al empezar a quitar mis prendas escuché su voz:

— Buenos días A-Zhan.

Suspiré pesadamente sin decir nada y entré al río desnuda. De pronto esas risas me hicieron cubrirme con las manos y ella de un salto me salpicó por completo, de inmediato empezamos a jugar. Me perdí ahí con esos juegos divertidos, nunca imaginé que no fuera tan malo escapar, sólo porque ella estaba ahí. Tampoco imaginé que ella fuera buena pescadora, atrapó algunos peces que pudimos comer y otros a secar con sal. Ella había traído muchas provisiones, harina, huevos, sal y su caña de pescar. Me contó que siendo pequeña su tío solía llevarla a ella y a Cheng al riachuelo, por eso ella había aprendido a hacerlo.

Con el estómago lleno volvimos a andar hasta el primer poblado, sabía perfectamente que aunque teníamos dinero y provisiones, se acabarían muy pronto y necesitaríamos dinero. Cómo es que las personas ganaban dinero. Cómo es que los hombres hacían eso. Me pregunté eso hasta que al llegar solicitaban ayudantes para arar campos y talar madera, en la tienda de ese poblado había varios letreros sobre eso. Dos jóvenes como nosotras tendríamos que trabajar, no sería fácil pero si quería estar con ella realmente tendría que hacerlo. Vaya complicación.

Cuando pedimos empleo con gusto nos dieron trabajo, sin embargo, era tan difícil el esfuerzo físico, arar el campo nos dejó exhaustas, el amable hombre nos alojó en su pajar con los animales, la parte de arriba que tenía una ventana era nuestra primera casa lejos de Gusu y el Loto. Luego de cenar caímos dormidas afortunadamente podíamos quitarnos las vendas para descansar porque teníamos privacidad en ese lugar. Muy temprano al río para asearnos a solas, una se bañaba mientras la otra vigilaba y así con el pasar de los días el esfuerzo se volvió cada vez menos pesado, aprendimos esa labor y recibimos dinero como para comprarnos otras ropas nuevas en el pueblo.

Cuando llegamos miré los hermosos vestidos y me di cuenta de que las ropas de chico eran más cómodas, de todas formas extrañaba verme linda, me acerqué a uno de los vestidos y toqué la tela.

— Deberías comprar uno, para el festival.

Me sorprendí de que me descubriera viendo los vestidos y rehusé.

—No puedo, recuerda que si nos ven como mujeres podrían hacernos daño.

Pero apenas decía eso cuando ella tomó el vestido y lo pidió a la dueña, no dije nada, pensaba regañarla al llegar a casa por hacer un gasto tan excesivo sólo para tener guardado el vestido. Al salir de la tienda, mientras volvíamos a la granja en el caballo yo pensé que me probaría el vestido en nuestro pajar a solas.

— Lo usarás en el festival, yo seré tu acompañante, y dirás que eres mi prometida.

— ¡Estás completamente loca!

Aunque lo pensé y no sonaba mal, ese día habría un festival en el poblado al anochecer. Tenía tantas ganas de divertirme de forma tradicional que no sé en qué rayos pensaba. Mientras volvimos en la carreta yo acaricié aquella tela tan delicada, las ropas masculinas no eran así. La pasé por mi rostro y entonces descubrí que me observaba y miré a otra parte volviendo a guardar aquellas ropas en el pequeño costal donde venían. Lo bueno de todo fue que ya teníamos algunas prendas nuevas para trabajar y dinero para poder comprarnos cosas. Así que esa tarde comimos y bebimos cosas que no habíamos probado en mucho tiempo. Todo sabía mejor cuando era fruto de tu esfuerzo y no simplemente lo pedíamos a la familia. Cuando empezó a hacerse de noche, sacó el vestido del costal.

— Iremos al festival y tú te vas a poner esto.

Vaya que era una malísima idea, si alguien nos descubría o algo.

— No lo haré, nos quedaremos en casa a descansar.

Caminó a mi alrededor y puso el vestido encima de sus ropas.

— Tienes razón, si estás cansada yo iré sola entonces, voy a estrenar este lindo vestido y además a ti no te quedaría bien como a mi.

De inmediato le arrebaté el vestido y me lo puse. No pude evitar dar una vuelta acariciando esa suave tela y con mis pechos al fin sin aquellas vendas. Era increíble y hermoso con ese lindo color en un azul cielo tan limpio. Su sonrisa boba me interrumpió.

— De todas formas no iré, pero el vestido es mío.

Se puso una capa negra que habíamos comprado y ella portaba un traje formal masculino. Hizo una reverencia como si fuera un chico y me extendió la mano.

— ¿De todas formas voy a ir, no vas a venir a cuidarme?

No tenía tanta lógica pero quería realmente estar en un lugar así, sólo que sabía que era mala idea. No supe cuando estaba en la carreta con la capa negra yendo al festival del pueblo. Con nuestros ahorros comimos cosas ahí deliciosas. Los demás nos miraban, yo era más alta que ella y me sujetaba de su brazo como si fuéramos realmente una pareja enamorada. Las personas no me reconocían con maquillaje y con ese peinado. Realmente nadie ahí sabía de nuestro linaje y menos hicieron preguntas, sólo algunos compañeros que me saludaron mientras ella me presentó como su prometida. En la plaza había un baile tan grato que ella se levantó y me jaló a la pista donde todos bailaban. Esa sensación de movernos juntos como si realmente fuera mi prometido. En ese momento la fantasía me hizo soñar despierta, lo abracé recargando mi cabeza en su pecho y nuestros ojos se encontraron. Sentí tan acelerado mi corazón, se veía tan distinto y tan igual a ese día en que escapamos, entonces me robó un tierno beso.

Las fantasías son tan vacías que escuché murmurar a la gente que hacíamos cosas desvergonzadas, sólo tomé su mano para irnos.

— Es algo tarde, debemos volver a casa.

Escapamos a las miradas que juzgan, a esas personas que se metían donde nadie les llamaba, volvimos a casa, a ese pequeño pajar que nos daba asilo. Ella se embriagó mientras charlamos sentadas mirando por la ventana del lugar viendo las estrellas desde ahí. Más que charlar yo la escuchaba hablando de todos sus sueños y de esas cosas que quería hacer con nuestra vida, hasta que nos quedamos dormidas.

Por un momento pensé que siempre viviríamos ahí, pero muy temprano la esposa del anciano tocó a nuestra puerta. Apenas me levanté algo cansada por desvelarme y era extraño ya que nos tocaba nuestro día libre.

— ¿Qué sucede señora Wong?

La preocupación en los ojos de aquella mujer me lo dijo todo. Entonces esas palabras.

— ¡Vienen por ustedes! Dicen que tu amigo tiene secuestrada a la hija de un hombre de otra aldea, la hija de los Lan. ¡Deben irse! Sólo quieren el dinero de la recompensa.

Wei Ying escuchó las palabras de la anciana y tomamos nuestras cosas, no podíamos quedarnos o nos arrastrarían de vuelta a una vida que ahora no nos pertenecía más. No cuando se ha probado la libertad, no quería volver a ese mundo donde todo se reducía a concebir. Ahora era más fuerte y valiente. Con nuestro caballo y burro en la carreta nueva que habíamos adquirido, subimos todas nuestras cosas, incluyendo ese atuendo que me había gustado. Partimos con el sol sobre nuestras cabezas y nuevamente nos adentramos en caminos desconocidos, lo más lejos que pudimos de ese poblado, sólo esperaba que nada le pasara a la pareja de ancianos que eran realmente amables y buenos con nosotras. Los caminos nos llevaron bastante lejos, nos detuvimos en algunos poblados pero no nos establecimos, teníamos dinero suficiente para ir lejos, con tal de que nadie conociera nuestros nombres o las familias que habíamos abandonado, ella nos había dado nuevos nombres. El mío era Liu Wang Ji o Liu Zhan y el suyo era Wooi Wuxian o Wooi Ying. Nos adaptamos e incluso laboramos un poco en algunos campos cultivando una semana o dos para no acabarnos los ahorros, hasta que llegamos a una pequeña ciudad. Había muchos soldados, un cultivador de una secta desconocida para nosotros tenía una academia. Todos los jóvenes hablaban de esa mientras trabajamos cargando bultos en el mercado. Los días se iban rápido cuando te esforzabas, a pesar de ser mujeres ahora teníamos fuerza, cargar bultos y cultivar nos había dado habilidades que jamás pensé que pudiera tener. De pronto A- Ying se detuvo frente a un cartel.

— Quiero entrar ahí, ¿podemos verdad? Dime que si

Sin duda no podía contra ese par de ojos tiernos y su sonrisa, entonces señalé el cartel, en las letras pequeñas decía:

— No podemos costearlo, primero debemos ahorrar.

Nuevamente tenía un pretexto pero no tardamos mucho en descubrir que había exactamente una admisión gratuita, para el novato que pudiera ganar la competencia de tiro. Ahí sería más fácil entrar ambas, una admisión si podríamos reunirla en un mes de trabajo y sin gastar en ropa o cosas extras. Aunque no podríamos pagar alojamiento, sino vivir en el bosque cercano. Pensé todo eso, puesto que ella se veía tan entusiasmada. Lo que me pregunté es cómo iba a ganar un concurso de tiro con arco si no teníamos nada de eso, menos sabíamos tirar a blancos. Pero ella era ingeniosa y ambas sabíamos hacer figuras de madera, así que usando un arco hecho a mano comenzamos a practicar. Si ella no ganaba yo lo haría. Vaya que era interesante, jamás hubiera esperado que ella tuviera tanta habilidad para hacerlo y no únicamente ella, yo era igual de buena en eso. Todos los días practicamos una y otra vez hasta que el día se acercó y nos presentamos con nuestras viejas ropas gastadas por el trabajo pero teníamos el dinero suficiente. Nos miraron abajo, todos los participantes eran hijos de hombres adinerados, con sus ropas lujosas y sonrisas resplandecientes, me caían mal tan solo de verlos, sabía que ellos eran hombres privilegiados, igual que nosotras pero sólo por ser mujeres debíamos esforzarnos más. Tenía algo de miedo pero jamás demostré nada de temor ante ellos, me puse la cinta de mi clan para traerme suerte, nadie ahí sabía lo que significaba así que ella tomó un poco mi mano y besó mi mejilla. Me di cuenta de que con todo ese tiempo juntas, sin importar lo que pasara lo más importante era estar a su lado. Fue entonces que los señores importantes de la ciudad anunciaron la competencia. Los chicos tomaron sus arcos lujosos y ambas teníamos uno sólo y hecho de esos materiales rústicos. Se burlaron cuando fue el turno de A-Ying pero grata fue la sorpresa al callarlos mientras acertó justo en el centro.

— Cien puntos para Wooi Wuxian.

Anunció el árbitro, el primer blanco era fácil a cierta distancia sin movimiento. El segunda era en un blanco que se movía lentamente. Anunciaron a los demás y algunos quedaron descalificaos, no obstante pasamos veinte de nosotros. Para mi fue también tan fácil acertar que los demás ricos y presumidos chicos nos miraron recelosos. Confiada caminé a la segunda competencia. El blanco movible era tirado con cuerdas y se deslizaba. El primer joven fue eliminado y en mi turno la flecha dio justamente en el centro, pero uno de los más petulantes arrojó dos flechas, una sobre su diana y una sobre la mía rompiendo mi flecha, de inmediato A-Ying lanzó una haciendo lo mismo pero en los tres blancos, el suyo, el mío y el del tipo. La miré a ella para agradecerle y el tipo le dio un empujón, haciendo que yo le metiera el pie. De inmediato los jueces nos miraron para evitar que todo se hiciera más grande y el chico nos miró amenazante, venía una parte más complicada, el tiro a blancos que flotaban movidos por el viento, ese sería el reto más grande, no es como que pudiéramos practicar algo así, pero estaba seguro que al menos atinaría al blanco. De pronto el chico hizo trampa lo supe pues mi A-Ying no acertó y un zumbido de una piedra le había pegado en el brazo. Su risa burlona, sabía que esa competencia no era porque no pudieran pagar, sino querían ver el novato más fuerte en la academia pero para ambas significaba el quedarnos o no en la academia de varones.

El turno del joven tramposo llegó y aunque dio a la diana fue por una esquina, así que todo estaba en mis manos, sabía que también me lanzarían alguna piedra y entonces mientras lancé mi flecha caminé unos pasos, realmente no supe como pero di justo en el centro y la piedra fue notada por los jueces al no acertar en mí. El malhechor fue perseguido de inmediato confesó que el infractor intelectual era ese presumido, de todas formas su padre habló con el director de la academia, el maestro de la secta, yo estaba seguro de que lo aceptarían por la cuantiosa fortuna que tenía, lo sabía porque en Gusu había gente que pagaba su ingreso. Pero el tío trataba a todos por igual sin importar su dinero, era más valiosa la habilidad, por algo mi ex prometido fue elegido para mi, él y mi hermano eran los mejores en la academia de cultivo.

— ¿Estás bien? Yo sé que quieres desquitarte pero mejor esperemos a ver qué dicen sobre los de nuevo ingreso.

Ella se veía muy molesta, odiaba perder competencias mucho más por una causa injusta, se le notaba esas ganas de atacar al idiota, pero lo mejor era ser precavidas. En algunos minutos mientras seguían hablando entre ellos, nos llamaron a todos para anunciar lo obvio.

— El indiscutible ganador es el joven Liu Wang Ji, que venga aquí por su uniforme y el distintivo especial. Todos esperamos que use bien su ingreso, desde ahora será estará en la mira de todos y esperamos lo mejor para usted.

Los aplausos no se hicieron esperar, algunos resentidos no aplaudieron pero otros se acercaron a mi diciendo cosas del pesado de Zhōu Shuǐ. Pero lo mejor fue mi A-Ying que me abrazó para felicitarme.

— Ganó el mejor

De inmediato negué y los demás se callaron cuando yo expresé:

— Tú sabes que no es verdad, siempre has sido mejor en eso.

Luego de escuchar mi demostración de humildad, unos de esos chicos se acercaron a nosotros a comenzar con las preguntas clásicas cuando conoces a alguien y nos preguntaron por nuestras familias. Yo no era de hablar mucho pero A-Ying de inmediato empezó a contarles mientras nos formamos a esperar pagar su inscripción con los otros.

— Nos fuimos de casa a volvernos hombres y fuertes, nuestros clanes nos esperan para vernos volver victoriosos.

Puse mi mano en mi frente para negar un poco, le gustaba inventar cuentos tan largos mezclados con verdades, que esperaba que no se le saliera que éramos dos mujeres. Pero nadie sospechó de nosotros, habíamos entrenado y teníamos suficiente fuerza para pasar como alguno de los más flacuchos de ahí. El grupo de tipos que eran como los sirvientes del tipo Zhōu eran chicos de su mismo clan que parecían venerarlo como a una estrella. Vaya patán, por tipos como esos es que el mundo giraba en torno al dinero y al poder. Si la cosa más importante era el ser libre para ir a donde te plazca y ser feliz.

Me agotó un poco escuchar tanta palabrería, mucho más si no era para mí. Me di cuenta de que yo no quería compartirla pero ella era tan libre que prosiguió hasta que fue su turno. El chico que recibió el dinero de su inscripción le dijo que estuvo cerca de ganar, que también se esperaba mucho de él. Me sentí bien y ella alegre de recibir reconocimiento. Cuando le dieron su uniforme, también el mismo pergamino con instrucciones. Decía que nos presentáramos al alba al siguiente día con nuestras cosas para ser instalados en los dormitorios. Eso no era tan bueno, dormir con los demás podría ser complicado por tener senos, no eran tan grandes, tal vez el pijama que era amplio y suelto, podría impedir que se notara al dormir, pero temprano deberíamos ocultarnos para ponernos los vendajes una a la otra como solíamos hacer. Sería un esfuerzo extra, pues según el pergamino, el baño sería en el río luego de levantarse junto a los demás. Luego el desayuno y el recorrido de presentación que al siguiente día estaba marcado como "trotar alrededor de las instalaciones". Había muchas cosas que teníamos que planear antes de equivocarnos, por aquello al volver a casa con los uniformes nuevos de alguna forma pensé que no era tan buena idea esa academia pero entonces ella me interrumpió:

— ¿Crees que no vas a poder? No tengas miedo, ya hiciste lo más difícil, saliste de casa a buscar tu destino, así que ahora sigue entrenar para ser mejor que esas personas que iban a ser nuestros dueños. Para ser dueño de uno mismo se deben conquistar los temores y lograr superar cada obstáculo.

Suspiré pesadamente, ella tenía razón, vestida con ropas masculinas me había demostrado que el camino aparentemente fácil que nos darían, era difícil en lo que respectaba a las cosas que yo era capaz. Había pensado que ganar el sustento de esa forma, siendo la que procrea a los bebés y guía la casa era la mejor opción. Pero ahora pensaba completamente distinto. No me veía en una casa yendo tras de mi esposo. Aunque en ese nuevo punto de nuestras vidas, no había sido mi empeño sino el de ella, ese afecto que yo tenía y que me hacía palpitar el corazón, lo que nos había llevado tan lejos.

Esa noche compramos nuestra cena, el poco dinero que nos había quedado, nos alcanzaba para disfrutar esa última noche antes de estar en la academia y seguir las reglas, justo como en mi amado Gusu. Al llegar a casa ya teníamos todo listo, nuestras cosas las guardaba una anciana en su casa durante el día y en las noches dormíamos en el bosque cargando siempre un costal cada una con las pocas prendas extras y las frazadas. Sin duda todo parecía normal, los insectos e incluso los animales que me había encontrado durante el viaje y nuestros días de vivir en el bosque. Ya no tenía asco ni miedo a ellos. Sabía que los grandes se espantaban con fuego y haciendo sonar dos varas grandes. Los pequeños como víboras las podíamos atrapar e incluso comer. Pero lo importante de todo es que yo estaba un poco pensativa y más silenciosa que de costumbre mientras cenábamos.

— ¿A- Zhan… estás enojada conmigo?

Levanté la mirada y ese ser al que yo había seguido al fin del mundo parecía triste, sus mejillas rojas por el alcohol y sus manitas que ahora eran algo toscas tomaron las mías. Me sentí nerviosa, hacía un tiempo que ella no tenía una aproximación de ese tipo. Yo sentí tantos impulsos en el pecho que no impedí nada, la dejé acercarse y entonces besé sus labios. Ahora yo la había besado, el suave sabor del licor era delicioso en mis labios con su saliva que era dulce. La empujé abajo y mis manos parecían cobrar vida al tocar su rostro. Entonces sus manos bajo mi túnica para dormir tocaron mis pechos, esa sensación tan cosquilleante que me hizo sentir calor entre mis piernas. Eran tan natural, tan tersa su piel que luego de besar sus labios abrí su túnica para mirar su desnudez de una forma distinta. A pesar de que nos habíamos bañado diariamente juntas esa noche a la luz de la luna yo me sentí distinta, tan llena de deseos. Mis manos bajaron más hasta hacer esa misma caricia que a mi me gustaba en mis pechos, pero ella más insistía, apresuraba las cosas y cuando tocó entre mis piernas sentí como esa humedad resbalaba en sus dedos que tocaban la parte más íntima y sensible de mí. Me quedé quieta cerrando mis ojos y escuchando mi corazón palpitar como jamás lo hizo antes. Más y más tocaba ahí.

— ¿A Zhan… te gusta? ¿Nunca te has tocado antes verdad? Aquí… se siente rico.

No dije nada, realmente no podía, jamás había aliviado ese cosquilleo que había tenido desde que era adolescente, mi madre muerta me había dicho que jamás debía tocar ese lugar hasta que mi esposo me hiciera mujer. Pero justo ahí me sentí tan mujer, amada también pues me miró lamiendo sus labios y la besé como pude, realmente no podía concentrarme más en eso, ni en nada. Estaba tan sensible que al sentir uno de sus dedos entrar a mi cuerpo me recargué sobre su hombro y me dejé hacer. Sus manos tan hábiles me tocaban y me llevaron lentamente a ese punto que por primera vez había sentido. Era como perder un segundo la razón y dejarme llevar tan profundo a un abismo y caer ahí sin realmente hacerlo. Me retorcí tímidamente mientras sucedió, todo había cambiado y a la vez nada. Levanté mi rostro sonrojado y miré el suyo, ella lamió sus dedos y eso me hizo sentir más avergonzada.

— A- Zhan…. No tienes que… sólo acuéstate a mi lado.

No obstante, para mi era tan recíproco eso que sentía, yo no podía sólo dejarla ahí esperando. Mis manos algo tímidas abrieron sus ropas completamente observando todo de ella hasta el vello que tenía ahí. Ella había tocado mi cuerpo con sus dedos y entonces yo hice lo mismo, pero no tenía ni idea de cómo hacer nada de eso. Ella no parecía tener el mismo gesto de intenso placer, así que ella me interrumpió bajando sus manos. Me mostró algo que jamás pensé mirar.

— Es aquí… me gusta si tocas así y luego aquí…

Señaló ella poniendo sus manos sobre un lugar que jamás había mirado antes. Ahí entre sus piernas observé lo que ella hacía. Quería corresponder a ese placer que ella me había dado pero no sabía cómo e igual que las anteriores veces, debía mirar y aprender para poder hacerlo. Sus dedos se movían sobre esas partes tan íntimas para usar uno de ellos entrando en ese sitio que no conocía. Estaba asombrada de sus gestos y la forma en que sus piernas se contraían cada vez que ella aceleraba el ritmo.

— Ven, ayúdame y besa mis labios, toca con tu boca mis pechos, son sensibles.

No rehusé, al contrario, me sentí curiosa y lista para ayudarle en algo que ella sabía hacer a diferencia de mí. Mi boca se regocijó ahí en sus senos pequeños, los míos eran más grandes, a pesar de que yo tenía las mismas cosas que ella, jamás se me ocurrió que me parecería tan hermoso cada detalle, su piel, el sabor levemente salado y su aroma particular que no podría describir claramente, tal vez como el aroma de alguna flor que hubiera sido traída a mis aposentos, pero mejor. Entonces los sonidos, el sudor en su piel y la liberación que hizo que pusiera ese gesto tan distinto. Me recosté a su lado entendiendo un poco más sobre esas cosas profanas que habíamos hecho.

— Mi tía nos explicó a mí y a mi hermana. Dijo que para sentir rico con nuestro esposo, debíamos conocer nuestro cuerpo antes.

Comentó suavemente en un murmullo mientras yo miraba arriba y ella me abrazó de forma tan dulce. Entonces me giré para mirarla y sentí ese impulso de ser yo quien la besaría. No me contuve, poco a poco entendí que era algo tan natural y perfecto.

Tenía algo de sueño mientras la besaba, mi corazón y todo mi ser latía a un ritmo inigualable y cálido. Apenas jalé la manta para tapar nuestra desnudez y finalmente me pude dormir a su lado. Desperté muy temprano, sabía que teníamos que irnos y ella también lo hizo, al abrir sus ojos a mi lado en nuestra rústica cama sobre el campo me besó.

— Buenos días A-Zhan

Me sentí feliz y a la vez me percaté que al ir a la academia no podíamos hacer esas cosas, tal vez por esa razón fue que ella las había hecho una noche antes de entrar a ese lugar. Me levanté a ayudar con el fuego para nuestro desayuno, unos huevos y un poco de pan. También había arroz y vegetales. Lo preparamos juntas y nos sentamos a comerlo.

— No quiero que te separes de mi A -Zhan. Si alguien te gusta yo no lo soportaría.

La miré arqueando una ceja, sentí esa preocupación en su voz y entonces le respondí tomando un poco su mano.

— No necesito un esposo, por eso estoy aquí contigo A-Ying.

No sabía si era correcto, si ambas éramos algo más que amigas o hermanas pero yo me sentía en su compañía siempre llena de esa calidez tan dulce. Sus risas y todas sus palabras, jamás paraba de hablar excepto cuando estaba preocupada. Así que luego de decir eso le di un beso. Las cosas habían cambiado de alguna forma, ahora yo tenía esas extrañas cosquillas en el estómago y ella ese lindo sonrojo que jamás había visto antes, ni con mi hermano cuando nos hicieron tener una cita los cuatro.

El problema fue que luego de desayunar tuvimos que levantar nuestro campamento y en la carreta subimos todo para marchar a nuestro nuevo hogar. Nos dieron un lugar para las cosas, se suponía que no admitían carretas o caballos pero el señor Sûn, líder del clan era alguien muy amable, que nos permitió poner nuestro burrito y caballo en su caballeriza, además guardó nuestra carreta. Teníamos varios uniformes de su secta en un verde muy oscuro que brillaba nos quedaba bien. Sentí muchas ganas de tomar su mano como solíamos hacer juntas al hacer algunas cosas pero no lo hice, teníamos que ser dos chicos serios y me sentí relegado cuando los demás se acercaban a escucharle. Me aparté del grupo un poco y sólo seguí al guía, cuando me tomó del brazo de forma confianzuda y me volví a sentir tan importante. Seguro que a ellos les parecíamos un par de tipos raros, nuestras voces no eran agudas pero tampoco eran tan masculinas. Yo procuraba no hablar mucho pero él se ganó la simpatía de casi todos, menos del grupito del heredero del clan Zhōu. Cuando finalmente llegamos a los dormitorios eran separados por paneles del papel shoji, en acabados de madera fina que tenía un aroma especial. Pequeñas habitaciones con una cama y unas cajoneras para nuestras cosas. Un problema menos para ambas a la hora de dormir sin aquellas vendas presionando nuestro pecho. Nos dieron el día para instalarnos y pronto nos darían la comida. Fui por mis cosas para meterlas y ordenarlas, me gustaba ver todo perfecto cuando de pronto llegó ella para colgarse de mi espalda.

— A-Zhan… estoy feliz, es un lugar muy bonito, me recuerda tanto a nuestro hogar, una mezcla entre Gusu y el Loto.

Me soltó y entonces pude verla de frente para besar un poco sus labios. No podía más con eso, cada vez que miraba su rostro frente al mío yo quería hacer eso. Ella respondía a mis besos acariciando mi rostro delicadamente y acomodando mi cabello en ese peinado masculino. Cuando nos abrazábamos tiernamente tocaron a la puerta anunciando la comida para todos los aprendices y para poder irnos tuve que prácticamente sacarla de ahí. Las túnicas eran muy cómodas, no se notaba para nada nuestras formas femeninas, más porque no teníamos muchas curvas. Lo noté al llegar al comedor y sentarnos, parecíamos un par más entre todos los aprendices. Nos sirvieron la comida y todo estaba realmente bueno, en una fogata no podíamos cocinar cosas así.

— Parece que lo estás disfrutando A-Zhan.

Me dijo ella que no dejaba de mirarme, yo simplemente respondí en voz baja mirándole por el rabillo del ojo.

— Debes comer también, hoy nos van a enseñar algunas cosas y debemos tener fuerza, así que date prisa.

Recordé que en la programación que nos habían entregado en un pergamino, había la frase "entrenamiento en subida" marcado luego de la comida de bienvenida. Así que mientras todos comían tranquilamente el líder del clan Sûn se levantó de su lugar:

— Sean bienvenidos a su segundo hogar, recuerden que no importan tanto las enseñanzas, sino cómo hacemos uso de ellas. En cuando terminen subiremos todos la montaña y les mostraremos el camino que recorrerán todos al alba antes del desayuno.

Pensé que tal vez debería anotar algo pero no tenía nada para hacerlo, por lo cual, simplemente presté atención. El amable caballero se volvió a sentar y todos nos apresuramos a comer. Sólo escuché quejarse a mi A-Ying bajito y cerca de mi oído:

— No hay picante A-Zhan… así no sabe tan rico.

Fue cuando saqué de entre mi túnica un pequeño saco con picante que siempre traía para ella porque era bastante quejosa si no le ponía ese condimento a su comida.

— Aquí tienes, pero debes racionarlo, ya que no hay más.

Sus ojos tiernos y chantajistas me miraron y fingí no verla mientras comía, pero en realidad me resultaba muy adorable, sólo que debíamos comportarnos.

La comida fue bastante buena, no eran porciones muy grandes, puesto que haríamos trabajo físico, sólo algo para tener la suficiente energía para subir esa enorme montaña que estaba al lado de la academia. Tal vez desde ese lugar tan alto podría pensar en los atardeceres en Gusu.

Ya teníamos condición y fuerza pero no tanta como los que nos entrenaban, ninguno de nosotros tenía la energía para eso. Subir y sujetarnos por rocas en lugares empinados me causó un poco de miedo, algo que oculté y subí junto con todos, más valor me daba el verla a ella subir y nuestro esfuerzo por llegar tras el líder que sabía perfectamente cuales rocas tomar para no caer. Entonces uno de nuestros compañeros iba a caer pero A-Ying lo sujetó y lo ayudó a volver al camino. El maestro notaba esas cosas, yo me fijaba en todo, por eso sabía que esos detalles eran importantes.

Justamente al llegar a la cima mientras atardecía, todos sacamos agua de nuestros envases que cada cual cargaba. El maestro nos mostró todos los alrededores. Señaló el poblado y los riachuelos que alimentaban la laguna que estaba al lado de la academia, si, ahí donde todos juntos tomaríamos el baño. También había unas fuentes termales cerca en la siguiente montaña y el circuito que correríamos todos los días. Luego de eso tendríamos que bajar con cuidado, era algo peligroso tanto de subida como de bajada. No dejé de cuidarla hasta que llegamos a la academia de nueva cuenta. Nos mandaron a asearnos a todos y ella y yo rehusamos, con el pretexto de que primero íbamos a buscar el jabón, así que al volver todos estaban vistiéndose ya para salir. Yo miré abajo, no quería ver chicos desnudos ni semidesnudos. También la miré a ella, no quería que los viera tampoco. Nos metimos con la ropa sucia en las manos, entre ella los vendajes que nos habíamos quitado antes de volver y empezamos a lavar la ropa en la orilla de la laguna.

— ¿No se van a duchar?

Preguntó uno de los curiosos chicos que era amigo de ella.

— Antes vamos a lavar las ropas sucias.

Le respondí de forma seria y fría pero A-Ying completo mis palabras diciendo.

— Es tradición del clan Liu antes de asearse, tener las ropas limpias.

Los demás no estaban acostumbrados a lavar las prendas por lo que apenas las remojaron y se salieron del agua que estaba algo fría. Esperamos a que terminaran para meternos con las ropas que habíamos traído con ese propósito. Así si alguien venía jamás podría ver nuestros cuerpos desnudos y femeninos. Nadie nos cuestionó. Todos se fueron a cenar. Suspiré tranquila cuando me puse las ropas secas del pijama y aquellas vendas nuevamente para ir a cenar con todos los demás. Todos estaban por acabar de cenar cuando nosotras empezamos apenas, así que se fueron pronto y entonces nuevamente mi parlanchina compañera comenzó a hablar sin parar:

— Fue difícil pero no imposible, estoy ansiosa por aprender más de todo esto. Mañana que sigue?

Murmuré un sonido suave para que siguiera comiendo. Pero igualmente le respondí:

— mañana hay clases de astronomía luego de correr, bañarnos y el desayuno. Por la tarde hay entrenamiento con espadas y matemáticas.

Ella rodó los ojos y suspiró:

— Eso suena tan aburrido, ya sabemos mucho de eso, ¿de verdad tenemos que estudiar más?

— ¿Prefieres tejer y bordar?

La respondí de forma burlona y me percaté que nuestro estudio privado era bastante bueno. Su hermano Cheng siempre le daba los libros a ella y a su lado ambas aprendimos cosas que eran sólo enseñanza de varones. Yo era muy superior en algunas cosas y ella en otras, nuestras habilidades eran complementarias. Mientras yo pensaba eso, ella hizo un puchero tan tierno y respondió de inmediato:

— Siempre eres tan mala A-Zhan, sabes que me aburre mucho esas artes. Todo menos tocar la flauta y escucharte tocar el Guqin.

— vamos, no te quejes tanto, deberías pensar en cómo obtener picante para tu comida en vez de quejarte.

Ella sonrió con esa pícara carita que tenía:

—Encontré unos árboles pequeños de picante, nunca me quedaré sin ellos.

Negué notando que eso la hacía feliz, entonces fuimos a descansar completamente agotadas, ella no durmió en su habitación sino que fue a la mía a hurtadillas para abrazarme. Al fin una cama tan cómoda que apenas puse la cabeza en la almohada me estaba quedando dormida. Ella murmuraba cosas tan lindas mientras que yo apenas podía hablar.

— Te amo A-Zhan, gracias por acompañarme.

— Duerme A-Ying… yo también… te amo.

Tan suaves murmullos para que nadie nos escuchara. Así descansando juntas.

Muy temprano ya tocaban a nuestra habitación y a la de los demás. Teníamos que apresurarnos a vestirnos. Primero era correr y luego de sudar asearnos a escondidas de los demás.

Correr no fue tan complicado, el problema fue la distancia, era tan larga, ni nuestro trayecto al poblado lo era, así que mantener el paso fue difícil pero pudimos hacerlo casi a la par de todos. Muchos tenían menos condición que nosotros. Así que A-Ying los animaba casi empujándoles, yo sólo quería tomar su mano para alejarla de esos tipos. Seguro a ella le gustaría más alguno, todos altos y atractivos, ninguno era una mujer como yo, no tenía forma de competir con eso. Casi arrastrándonos fue que llegamos a la meta. Ahí había agua para todos, nos enviaron por las cosas para el baño y volvimos a hacer el mismo ritual. Así logramos evadir a todos esos hombres desnudos lavando las prendas antes de bañarnos. Los hombres no eran buenos para eso afortunadamente y la mayoría una bola de mimados que sólo enjugaban las prendas y las colgaban de una forma errónea. No había mujeres para atendernos, sólo las cocineras que servían las comidas, por eso era nuestra responsabilidad hacer esos deberes y mantener limpia nuestra habitación. Algunos de ellos nos imitaron. Teníamos varios uniformes y podíamos intercalarlos, tenían tiempo de secarse entre las ramas donde colgamos cada uno los suyos. Todos excepto el maestro Sun, él tenía a su mujer, una dama amable que le acompañaba de vez en cuando. Ella era tan buena mujer de su hogar que sólo le murmuraba tan bajito a su oído, muy distinta a Madame Yu que parecía llevar los pantalones en el Loto. Esa dama seria era justo como nos pedían ser en nuestro entrenamiento para ser esposas, algo que yo ya evitaba ser, pero que tenía arraigado en mi. Tan silenciosa y callada, atenta escuchando y viendo todo.

El cansancio era una razón para que sólo hubieran miradas del tipo que quería molestarnos sin la energía para hacerlo, no era de los mejores ni tampoco de los peores en condición. Tenía más o menos la misma que nosotras, él único que tenía más velocidad era el joven maestro hijo Sun. Pero sabía que habría problemas cuando A-Ying les avergonzó en matemáticas. Uno de ellos arrojó una bola de papel con saliva directo a nosotras y yo la detuve con uno de mis pinceles apenas moviendo mi mano. Yo tenía esa destreza desde que habíamos entrenado con el arco y a atrapar frutas mientras las movíamos de un lugar a otro en el mercado. Fingí no mirarlo, sabía que habría pelea cuando lo vi acercarse y jalé a A-Ying dentro del aula nuevamente. Ambas teníamos técnicas de defensa personal gracias a Cheng, nuevamente esa familia me había enseñado algunas cosas importantes, en ese entonces nos enseñó defensa sin fuerza porque ninguna sabía que un día tendríamos fuerza.

— Vamos a quedarnos un poco, me dices como hacer esta operación.

Ella tal vez era algo despistada y no entendió, al menos eso creí mientras me explicaba y cuando terminó dijo:

— Ahora que entendiste debemos ir a enfrentarlo o no nos dejará en paz.

— ¿Si ya sabías porque me explicaste esto?

— Es simplemente porque quería ver como fingías no saberlo. ¿Recuerdas la maniobra doble que practicamos con Cheng? Quiero que hagamos eso, porque no sólo nos atacará él y lo sabes.

Respiré profundo, no podía huir a la pelea, sabía que tampoco podía quejarme con el maestro Sun, porque no podía vigilarnos siempre. Eso decía Cheng cuando me convencieron de practicar esos movimientos. Así que justo en la entrada de los dormitorios esos bravucones nos esperaban.

— No queremos pelea, sólo paz, por favor.

Dije en una voz firme pero amable a los chicos que nos veían de forma intimidante. Yo agaché la mirada pero ella no dejaba de retarlos. La voz de Zhōu se escuchó fuerte y clara.

— Veamos porque este par de florecitas han entrado aquí. Es mi última palabra o se van por su cuenta o se van lastimados.

Zhōu se acercó de inmediato y lanzó un golpe a A-Ying que ella desvió, sabía que no debía meterme en una pelea uno a uno. Era injusto por ser mujeres pero ellos no sabían y no podía decirles. Pero como esperaba ella era tan hábil que de un empujón lo envió al suelo, ahí empezó toda la riña, no me percaté cuando nos rodeaban los demás estudiantes y ninguno se metió más que los tres subordinados de Zhōu. Pero ahí intervine para ayudar a mi compañera y tener fuerza me ayudaba, la maniobra conjunta nos hizo deshacernos de todos con un par de golpes y cayeron todos menos él más fuerte.

— ¿Qué piensan que están haciendo? Están prohibidas las peleas, así que todos recibirán un castigo.

— Pero maestro Sun, ellos empezaron, son provocadores de peleas y no tienen un linaje de verdad, mi padre investigó sus apellidos y sus clanes no existen.

Expresó Zhōu diciendo esas palabras, pero no dijimos nada, A-Ying y yo en silencio escuchando al tipo, bien sabíamos que discutir no llevaba a nada, negar sólo hacía que se escucharan reales aquellas palabras.

Sentí miedo, tal vez nos expulsarían pero no, ellos nos llevaron a la oficina de Sun y con seriedad él habló interrumpiendo al grupo de llorones.

— basta de eso, todos están castigados. Mañana aparte del entrenamiento entre todos van a cosechar y pelar los vegetales, además lavar la ropa de todos sus compañeros. Serán deberes extras durante tres días. Si los veo pelear nuevamente voy a expulsarlos.

Pero no nos miró a nosotras, sino al grupito de llorones.

— como usted diga maestro, así se hará.

Pero las labores no podían ser brincadas, teníamos un vigilante que nos observó detenidamente que ninguno se detuviera a no hacer nada. El tipo Zhōu estaba indignado ahí levantando los vegetales a nuestro lado.

— Si no vine a este lugar a aprender labores de chicas, me voy de aquí!

Pero A-Ying lo detuvo de la mano diciendo en un tono muy calmado.

— Vas a renunciar al honor de tu familia, tu padre espera verte triunfar.

El tipo enfadado abrió los ojos y no lo amenazó como pensé que pasaría, simplemente se sentó a seguir, yo sólo solté el aire que había contenido. A-Ying tenía esa facultad tan grande de hacer que los demás hicieran lo que ella quería. Pero aunque me reí internamente continuamos hasta terminar de recoger todos los vegetales y plantamos nuevos en los campos que pertenecían a la secta Sun para el consumo de todos. Esa noche acabamos tan agotados que luego de ducharnos dormimos como un par de rocas en mi pequeña cama abrazadas como todos los días.

Mientras más días pasaban, pensé que alguien descubriría a dos mujeres ocultas entre hombres pero no ocurrió, porque ambas actuamos siempre a la altura de las circunstancias. No totalmente, pero sí había algunos hombres más débiles que nosotras, simplemente nos mezclamos entre ellos. Comenzamos a sobresalir en algunas cosas, el tiro con arco por supuesto y el combate de defensa, yo con la espada y A-ying era el mejor para usar la fuerza de su adversario en su contra. Así que al final y luego de seis meses el entrenamiento había finalizado. Seis meses de los más pesados, habían reunido a varios de los clanes cercanos en la región. Nos darían el título de cultivadores frente a todos en la secta Sun que nos había recibido.

Nos vestimos con las ropas verdes para la exhibición de pericia, los mejores estudiantes en grupos de dos para enseñar a los visitantes nuestras habilidades adquiridas, algunos estaban nerviosos y yo no, sabía que algunos de los visitantes nos darían empleo, había regiones que necesitaban cultivadores para enseñar y para proteger las aldeas. Había oportunidad de tener nuestra propia escuela y nuestra nueva secta de cultivo, porque nos iríamos juntas, eso no lo dudé un segundo. Sus sonrisas traviesas y el mundo que nos llevaba a entender que la pasión podía darse en miles de formas que nadie conocía. Ahí fue cuando luego de ese tiempo escondiéndonos para besarnos, para abrazarnos, había sido una parte muy importante de mi vida.

Las pruebas de los demás comenzaron, yo no veía a los espectadores, sólo la destreza de nuestros compañeros había demasiada gente observando y los ignoré por completo pues no quería que nadie me distrajera en mi turno. A-Ying se paró a mi lado y los blancos aleatorios para nuestros arcos no fallamos ninguno. Luego vino el combate sin armas y al final la destreza usando los instrumentos. Mi instrumento era el guqin y el de A-Ying era una flauta algo que nos salió perfectamente como si nos acompañáramos en una melodía bailando como la energía que salía de nuestros corazones. Ahí mismo al terminar la exhibición, como con todos los demás, se levantó el maestro Sun hasta nosotros:

— Gracias por su empeño, desde ahora son maestros oficialmente

Pero no todo pasó como en las historias lindas que solía leer, no porque mi tío estaba ahí y arrojó el pergamino que entregaban a ella al suelo para decir públicamente.

— Esta persona de aquí no es un hombre, ha secuestrado a mi sobrina Lan Wang Ji hace unos meses. Su nombre es Wei Wuxian y no Wooi Wuxian.

Levantó la mano para abofetear a mi A-ying pero yo detuve con firmeza de la muñeca:

— No tío, me fui con ella voluntariamente, porque quería algo mejor.

Al menos dije eso porque así lo sentí en ese momento, a pesar de que mi tío enfadado respondió:

— Mi sobrina ha muerto, con permiso maestro Sun.

Le dijo al hombre y se marchó con los discípulos que había traído, sin mirar atrás, sin voltear a verme de nuevo, porque había deshonrado a la familia Lan.

Todos estaban asombrados, nadie se imaginó que ambas pudiéramos ser algo que no estaba permitido ni bien visto. Ahora que habíamos estado con tantos hombres cerca, nuestro honor era nulo, al menos para las familias. Pero no me importó, yo tomé la mano de ella que parecía preocupada y triste. No dijo nada cuando tomamos las cosas y nos fuimos. Los chicos, ninguno nos habló mientras recogimos nuestras cosas. Si habíamos logrado tanto, pensé que no habría algo que nos detuviera.

Al salir de los dormitorios con nuestras cosas, estaba Zhou y sus seguidores. Yo no dije nada, estaba apenada así que sólo esperaba el reto, una pelea entre todos nosotros. En vez de eso un saludo formal como cultivadores que devolvimos. Así nos dejaron ir de ahí. Nos refugiamos en el bosque, esa última noche para irnos de ese lugar, juntas siempre.

El siguiente pueblo era una nueva oportunidad, mucho más si sabíamos pelear, aunque no tuviéramos la firma de Sun, seguramente podríamos demostrar nuestra valía. Sin importar los planes que uno tiene para su propio futuro, nos esperaba una sorpresa, la familia Jiang estaba ahí, de inmediato nos identificó Jiang Cheng que abrazó a su hermana y luego a mi me hizo un saludo formal. Su tío, su tía y hasta su hermana:

— ¡Hija!

Escuché esas palabras tiernas de sus familiares, yo me aparté un poco y noté que esa familia parecía más aliviada de hallarle que de preguntarle por lo que había hecho. Entonces la joven Yanli se aproximó a nosotros:

— Hermana, nos han dicho tus proezas, dijeron que te volviste cultivador en la secta Sun, así fue como te encontramos, todos en la provincia hablan de dos mujeres guerreras y poderosas.

Su tía con mirada seria nos interrumpió diciendo:

— Debería azotarlas a las dos, pero no tiene caso, ustedes son dos casos perdidos. Volverán con nosotros, no tienen nada que hacer aquí.

— ¡Pero Tía! No voy a desposar a nadie, yo quiero estar con A -Zhan, ella y yo vamos a tener nuestra escuela de cultivo un día.

La tía le dio un golpe en la cabeza con la palma de la mano y yo simplemente estaba en silencio observando la escena. El tío de ella interrumpió:

— Hay un lugar para ustedes en el loto, abriremos un sitio para entrenar mujeres, será su obligación hacerlo y llevar el honor a sus familias.

No sabía que decir, ni que pensar, tal vez extrañaba el no tener que huir, ni esconder quién era en realidad, A-Ying lo sabía y se acercó a mi antes de responder a sus tíos:

— ¿A-Zhan, quieres ser una maestra cultivadora en el loto?

Yo asentí tímidamente y pasé saliva viendo a su familia. Esa familia era tan cálida, aunque nos apoyaban me pregunté si realmente había honor en lo que haríamos. No sabía pero nos esperaban momentos duros, al inicio nadie nos hizo caso, no había mujeres que quisieran ser fuertes, pero cuando unos bandidos atacaron la aldea y peleamos mucho mejor que algunos guerreros, empezaron a tomarnos seriamente. Mucho más algunos padres, ellos querían que sus hijas pudieran defenderse sin necesidad de un hombre, porque entre mujeres había más prejuicios, muchas de ellas decían que hacer cosas sin tener un hombre a nuestro lado estaba tan mal, ya que no todas eran Madame Yu. Así que empezamos poco a poco hasta que el mundo cambiara, nosotras debíamos ser pacientes y dar un paso a la vez. Lo más importante fue que jamás nadie pudo interponer una sola palabra en contra de nuestro afecto. No existió un amor más grande, que el que yo profesaba por aquella mujer. Lo sabía desde siempre y aunque no podíamos estar a la luz de todos y los besos en las sombras eran tan privados, sólo nuestros, los toques de nuestras manos y las miradas furtivas. Su familia lo sabía, incluso su hermano Cheng que no me guardó rencor, ella y yo siempre decíamos en broma que tal vez Cheng haría una linda pareja con mi propio hermano. Un día Lan Qi Ren mi tío, dijo a mi hermano que me visitaba en el loto de vez en cuando que estaba orgulloso de mi. Supe que aunque no aprobaba mi estilo de vida, de todas formas me tenía todavía afecto.

A pesar de todo, jamás pensé en cambiar una sola cosa. Ahí con ella abrazada de mi espalda, como siempre hacía al verme seria y meditando. No podía pedir una sola cosa más en el mundo.

FIN

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Que tal mis estimadas amigas, no había hecho una historia yuri directamente, ya que normalmente escribo yaoi, por lo cual, espero que sea de su completo agrado. Agradecimientos a Gabriela Ibarra por la linda ilustración de mis chicas y también por siempre ayudar aportando ideas. Un abrazo a todos ustedes y espero sus comentarios