La pequeña de los Jorgenson.
Elsa Jorgenson Au!
(Me gusta mucho la idea de Elsa siendo criada por una familia de Berk, pero siento que la idea de una Elsa adoptada por los Hofferson o los Haddock ya es algo muy usado, por lo que quería experimentar con esto... por cierto, sé que en los libros Snotlout e Hiccup son primos, pero vamos a ignorar eso, porque si en las películas Snotlout puede ligarse a Valka, en mi one-shot Hiccup puede besarse con la hermanita menor de Snotlout.)
Snotlout se había pasado casi un año entero pidiéndole un hermano menor a sus padres, desde su cumpleaños número cuatro hasta una semana antes del siguiente con el argumento que ya venía siendo hora que le cumplieran esa petición. Insistía con que un hermano menor sería su perfecto discípulo, aprendería del mejor vikingo de la actual generación a cómo matar dragones, imponer respeto y, en definitiva, cumplir con todos los estándares esperados. Tanto le repitieron sus padres que solo tenía que esperar un poco más para que le concedieran ese capricho que, cuando esa bebé de medio año se apareció dormida en una cesta en plena isla, completamente sola y cubierta por una manta que tenía su nombre escrito en varios alfabetos, justo delante de la casa de los Jorgenson, Snotlout ignoró a todos los adultos espantados que esperaban a que su jefe viera aquella locura, tomó a la niña y salió corriendo a su casa mientras le gritaba a sus padres lo agradeció que estaba por traerle una hermanita tan bonita.
A pesar de que sus padres intentaron contenerle, Snotlout se encerró en su habitación con su nueva hermanita en brazos y juró por todos los dioses que no saldría hasta que el jefe Estoico admitiera que aquella era la nueva miembro de la familia Jorgenson, porque era su cumpleaños y, como habían dicho sus padres, solo quedaba un poco para que el finalmente tuviera a su aprendiz. Estoico intentó decirle que sus padres le había prometido un hermano y no una hermana, pero Snotlout rápidamente respondió que evidentemente sus padres habían sido lo suficientemente inteligentes para darse cuenta que a él le serviría tanto una cosa como la otra. Luego de una hora entera, cuando finalmente Estoico confirmó que aquella niña no era de nadie de la isla y que en verdad los Jorgenson estaban dispuesto a tomar a la niña como suya, el jefe le confirmó a Snotlout que la bebé sí que podía ser su hermana.
Lo siguiente que ocurrió es que, luego de que sus padres revisaran a la pequeña para confirmar que no tenía herida alguna y de que le dijeran al pequeño Snotlout que su nombre era Elsa, el niño se anudó una gruesa tela al cuerpo con la ayuda de su madre y se paseó por toda la isla para presentar a su nueva hermana. Tocaba cada una de las puertas y repetía lo mismo.
–Esta es mi nueva hermana, se llama Elsa y va a ser la mejor vikinga de todo Berk porque la voy a instruir yo mismo.
Algunos adultos le dieron palmaditas en la cabeza y le mencionaron lo bonita que era la niña –porque Elsa tenía unos ojitos angelicales de color azul, una piel blanca como la nieve precios y además se le empezaba a formar algunos mechoncitos platinados sobre su cabecita, y todas esas pequitas sobre su nariz de botón eran tan solo un añadido a la lista de cosas que la hacían una ternura–, otros, la mayoría muy mayores, le regalaban risas atronadoras y le deseaban suerte en su plan de criar a la mejor vikinga. Cuando llegó a la casa de los gemelos, estos le dijeron que un nombre como Elsa no servía para espantar demonios, pero, amenazando con un puño, Snotlout dijo que evidentemente su hermanita no necesitaría un nombre feo como el de ellos para espantar demonios porque él ya espantaría a quien tuviera que espantar para mantenerla a salvo: en la casa de los Ingerman la señora del hogar le regaló una nueva manta a la niña alegando que hacía, el padre de Fishlegs le sacudió el pelo negro a Snotlout y asintió mientras el niño contaba lo bien que instruiría a su hermanita, Fishlegs le repitió que algún día tendría que ponerse a leer en serio el Libro de los Dragones si quería instruirla bien, Snotlout le mandó a callar y se fue; los Hofferson intentaron hacerle cosquillas a la bebé, pero ella solo respondió estornudando e intentando apartar sus manazas con sus pequeños puñitos pálidos, Astrid le dijo, con los brazos cruzados, que su hermanita tendría que conformarse con ser la segunda porque ella sería la mejor de su generación, fueron sus padres quienes la recriminaron.
Cuando llegó con los Haddock, Gobber estaba allí e intentó cargar a la pequeña pero decidió no hacerlo luego de tener que soportar varios minutos de Snotlout repitiéndole una y otra vez que tenía que hacerlo a la perfección para no dejar caer a su hermanita, que llevaba demasiado tiempo pidiéndola como para que el forjador sin una mano la dejara caer. Estoico, por otro lado, estuvo finalmente contento de ver de cerca a la nueva bebé que había aparecido de momento a otro en su isla, asintió a la idea de que seguramente sería una gran vikinga en el futuro para luego llamar a Hiccup para que viera a la niña. El pequeño Haddock observó fijamente el rostro de la bebé por unos segundos, incluso se atrevió a pasarle dos dedos por una mejilla a lo que Elsa respondió con la primera pequeña risilla que había soltado en todo el paseo, para luego asentir ante la repetida afirmación de que la niña en verdad que era muy tierna y linda. A Snotlout no le gustó del todo la manera en la que Hiccup lo dijo, fue un tanto diferente a cómo lo habían dicho el resto de los habitantes de Berk que ya habían visto a su hermanita lo habían dicho, pero supuso que solo se estaba imaginando cosas.
Snotlout había pasado once años intentando enseñarle a su hermanita menor a cómo ser una excelente guerrera, pero gracias a esos poderes rarísimos que desde su primer día Elsa había demostrado mostrar, la niña se había permitido enfocarse más en decepcionar a su hermano mayor de la peor manera posible:
Obsesionándose con Hiccup Haddock.
El hijo del jefe había demostrado por activa y por pasiva su ineficacia como futuro jefe, su incompetencia para cazar dragones y su personalidad en lo absoluta digna para su hermanita menor. Pero a Elsa todo eso parecía darle igual porque, desde que cumplió los nueve años, Elsa había dejado de aplaudir e imitar todo lo que Snotlout hacía para dedicarse a pasar todo el tiempo posible con Hiccup, ayudándolo en la forja, siguiéndole todo el rato, caminando por toda la isla insistiendo en aferrarse a uno a sus brazos o tomándole de la mano; ¡Incluso a veces hablaba con su madre de que algún día se casaría con Hiccup y así se convertiría en la jefa de Berk! ¡Pero que tontería! Hiccup no se merecía tener a alguien tan buena como a la preciosa, deseada y consentida Elsa.
Porque Elsa había crecido para ser una muchachita mucho más linda de lo que era de bebé, con unos lindos labios rojos que destacaban sobre su piel blanquecina y pecosa, una sonrisa encantadora que tenía de rodillas a uno que otro, una melena platinada que olía a rosas y dejaba babeando a varios miembros de la isla y sus brillantes ojos azules encandilaban a todo jovencito y jovencita que los veía. Elsa además no necesitaba ser extremadamente violenta o sádica para sobrevivir en aquel mundo de matar o morir, aquella magia, la cual nadie se explicaba de la misma forma que no se explicaba cómo apareció de momento a otro en la isla, le facilitaba bastante el día a día el poder deshacerse de un dragón con un movimiento de mano haciendo así que se le congelara el morro entero y pudiera ser abatido por el resto de vikingos presentes, o la capacidad apagar todo el fuego de la isla en tan solo un segundo. Todo aquello le permitía ser diferente al resto de vikingas, le permitía destacar entre todas, por lo que no solo atraía su belleza, sino por ser un soplo de aire fresco de personalidad para Berk.
Elsa sería la perfecta prometida para cualquier muchacho de Berk... sino fuera porque era la niña consentida de la familia Jorgenson. Su madre era la más tranquila, la más preocupada en no mostrar ninguna preferencia entre sus dos niños, pero asegurándose de que nadie, como lo habían hecho cuando la pequeña apenas tenía dos años, creyera ni por un segundo que la bebé que apareció de momento a otro en Berk era una digna Jorgenson, su pequeña Elsa era su niñita, su pequeña doncella guerrera de brillante sonrisa que le contaba todo y la ayudaba en todo lo posible, Elsa era un encanto y por eso Henrika apoyaba sin problema alguno las formas de su esposo y su hijo. Porque esos dos estaban completamente obsesionados con el bienestar y la eterna comodidad de la pequeña Elsa, se la pasaban el día persiguiendo a los chicos que babean por Elsa con hacha en mano, asegurando que nadie era lo suficientemente bueno para la pequeña niña consentida de los Jorgenson.
Lo que incluía también al pobre de Hiccup, que entre las amenazas de Snotlout y la insistencia de Elsa por mantenerse a su lado realmente no se estaba enterando de nada.
Elsa solía ayudarle y apoyarlo en todo, siguiendo a pie de la letra las peticiones del hijo del jefe, cuando él necesitaba algo, ella se lo pasaba, cuando estaba cansado o estresado, ella le pasaba las manos frías por la frente y los brazos... lo único que podía no beneficiarle a Hiccup era la imposibilidad de la muchacha para mentir, lo que la mayoría de adultos solía usar para descubrir cómo era en verdad que Hiccup se metía en problemas.
Por eso en aquella noche que Hiccup aseguraba haberle dado a un Furia Nocturna con su invención y la primera reacción fue preguntarle a Elsa qué había pasado.
–Y bien, ¿qué ha pasado? –pregunta rudamente Estoico mirando a la pequeña niña, inclinándose lo bastante como para intimidarla si ella no fuera una Jorgenson a la que le habían enseñado por activa y por pasiva que nadie podía hacerle daño sin pasar primero por su padre y su hermano.
–Hiccup le ha dado a un Furia Nocturna y luego un Pesadilla Monstruosa empezó a seguirnos –luego la niña le dio la espalda al jefe para señalar al bosque–, habrá caído por allí.
Pero Estoico frunce el ceño. –Di la verdad, niña.
Extrañada, Elsa se voltea con la ceja alzada. –¿Perdone?
–Te ordeno que digas la verdad.
–Yo no miento. Eso es lo que ha pasado. Vaya al bosque y compruébelo.
Los murmullo se crean de tal manera a sus alrededores que Hiccup, le sostiene un brazo para que se detenga. –Anda, déjalo, no pasa nada... no es como si verdad fueran a crear algo positivo de mí.
Pero Elsa insiste. –Pero estoy diciendo la verdad –dice casi lloriqueando como una niña consentida–. ¡Yo nunca miento!
–¡Elsa! –fue su padre quien se acercó a zancadas hacia la niña, seguido rápidamente por su madre, quien logra hablar antes de que su esposo siga gritando.
–Cariño, sabemos que Hiccup te cae muy bien y es tu amigo –le dice con ternura y doble significado que solo los Jorgenson comprenden por completo–, pero el jefe necesita saber qué paso en verdad.
La pequeña niña de once años estaba a punto de romperse a llorar por la frustración.
–¡Siempre os digo la verdad! ¿Por qué no me creéis ahora?
Snotlout es quien responde. –¿Pero quién se creería esa tontería de que Hiccup tumbó un Furia Nocturna?
El muchacho agacha la mirada mientras escucha a los adultos que lo rodean asentir y afirmar ante la pregunta de Snotlout, su propio padre no lo muestra, pero seguramente está de acuerdo por completo con el mayor de los hermanos Jorgenson. El hijo del jefe necesita tomar aire para calmarse y poder responder con gracia a las acusaciones de la aldea, pero, aún enfurruñada y tremendamente ofendida, Elsa le toma de la mano y sale corriendo tirando de él con fuerza. Comprendiendo que quería alejarse lo más posible, Hiccup se traga la confusión y la sorpresa para correr a su nivel y así alejarse lo antes posible.
Hacia el bosque, en busca de la Furia Nocturna que arreglaría sus vidas.
Luego de haber encontrado al Furia Nocturna, luego de ver cómo Hiccup liberaba a la bestia, Elsa no supo qué hacer en ese momento... no sabía con qué cara volvería a su casa.
–Van a pensar que realmente mentí –masculla luego de que pasara un rato desde que Hiccup se hubiera levantado desde su desmayo por el miedo. El muchacho estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la roca dónde Elsa está sentada.
–Lo siento... puedo decir que te pedí que mintieras por mí si quieres.
–Y que se piensen que soy tu tonta lacaya, sí claro –gruñe como respuesta, levantándose hacia dónde antes estaba la Furia Nocturna, escuchando detrás de ella las disculpar de Hiccup. Mientras él balbuceaba, objetos negros en el suelo llaman la atención de ella.
A unos pasos detrás de ella, Hiccup siente de momento a otro que la muchacha le toma del chaleco marrón para tirar de él hacia delante. Su pálido dedo apunta al suelo, y él rebusca con la mirada aquello que era tan interesante. Abre los ojos ante las escamas de Furia Nocturna tiradas en el suelo, unas seis en total. Elsa se agacha para tomarlas, se guarda seis en una de sus bolsas y las otras se las da a Hiccup.
–¡Esto lo arreglará! Podremos decir que sí que le diste, pero se pudo escapar antes de llegar a él... ¡que se escapó porque nos detuvieron antes de encontrarlo! –exclama encantadísima con sus suerte–. ¡Y esta será nuestra prueba!
Hiccup se queda mirando las escamas del dragón–. Pero... le buscarán, le buscarán por todas partes.
–¿Y cómo le encontrarán? –pregunta con algo de gracia y malicia–, es un dragón, saldrá volando –lo tranquiliza hundiéndose de hombros, comenzando a caminar de regreso a la aldea–. Venga –le dice al darse cuenta que el muchacho no parecía dispuesto a comenzar a caminar–, no le diré a nadie que no pudiste matarlo... realmente, realmente me parece muy noble que no le hayas hecho nada... se veía tan asustado.
–Sí –murmura Hiccup comenzando a caminar, tomando la mano que Elsa le había ofrecido–, gracias por todo Elsa... de verdad no sé qué sería de mí sin ti.
Con mariposas enloqueciendo en su interior, ella se abraza al brazo de Hiccup, intentando ocultar su sonrojo.
–No tienes por qué preocuparte por eso... siempre estaré ahí para ti, Hiccup.
Cuando los dos muchachos volvieron y mostraron las escamas del dragón, los adultos no tuvieron más opción que admitir que habían estado equivocados y que ellos mismos habían impedido que el hijo del jefe y la menor de Jorgenson acabaran con unos malditos bichos. Aceptaron que el Furia Nocturna había sido derribado, Snotlout se tuvo que disculpar con los dos por haber dudado de las palabras de su hermanita menor. La señora Jorgenson, para mostrar su arrepentimiento, les hizo agujeritos a cada escama y les pasó una cuerda para hacerles collares a los niños, haciendo que así toda la isla recordara que niños tan jóvenes estuvieron cerca de acabar con un Furia Nocturna.
–¡Elsa! ¡Mira y aprende de tu asombroso hermano! –le grita Snotlout con escudo en mano desde la arena a su hermana, quien está sentada a un lado de Gobber con las piernas colgándole a través de la cúpula de rejas, con una perfecta vista de cómo funciona exactamente el laberinto creado para la práctica de aquel día–. ¡Memoriza todo que algún día tendrás que hacerlo tú!
–¡De acuerdo! –responde entre risillas Elsa con ambas manos rodeando su boca para amplificar su voz–. ¡Buena suerte, Snotlout!
–¡No necesito suerte! –presume sonriente–. ¡los vikingos como yo solo...!
–Los vikingos como tú necesitan cerrar la boca, Snotlout –gruñe Astrid luego de callarle con un golpe en la cabeza con su escudo.
En otra ocasión Snotlout hubiera asentido como tonto a las palabras de Astrid, pero con su hermanita menor observándolo con atención, con la pelea en contra de Haddock por recuperar la absoluta admiración de su hermanita en juego, Snotlout no tuvo más opción que gruñir en contra de la vikinga rubia y gritarle a Elsa que tomara nota de lo que Astrid hacia para saber qué era lo que no tenía que hacer.
–¡Ese de atacar a tus compañeros no tiene cabida en el campo de batalla! –se asegura de dejarle en claro a su pequeña hermana, sacándole carcajadas al resto de vikingos y ganándose otro golpe con el escudo y una amenaza de que el siguiente golpe sería con la hacha.
Gobber se inclina hacia la niña. –No sé yo, niña, siempre viene bien darle un golpe a un hombre Jorgenson, ayuda a aliviar el estrés –le bromea dándole un guiño cómplice a la pequeña, sacándole culposas risillas que intenta detener casi de inmediato–. ¡Bueno, ya mucha cháchara! ¡Comenzad con el entrenamiento!
–¡Buena suerte Snotlout! –insiste Elsa desde arriba, disfrutando poder ver a su hermano dibujar una sonrisa involuntaria en su rostro– ¡Buena suerte Hiccup! –la sonrisa a Snotlout se le esfuma y se le cambia por una expresión furiosa contra Hiccup, a quien se le esfuma la tonta sonrisa en cuanto nota las ganas de asesinato que se registraba en la mirada de Snotlout.
–¡Uhh buena suerte, Hiccup! –repite Tuffnut con una voz melosa y molesta para luego reírse con ganas y dirigirse a Snotlout–. ¡No podrás ser el jefe de Berk, pero tu hermanita será la señora del jefe Haddock!
–Honestamente, sois una pareja con poca sorpresa, incluso aburrida diría yo –comenta con algo de seriedad Ruffnut–, ¿dónde está el conflicto? ¿la tensión sexual? ¿la sorpresa para el espectador? ¡Ya todo el mundo sabe que acaberéis juntos! ¿Dónde está la chispa entonces?
–¿Sorpresa para el espectador? –repite Elsa ladeando la cabeza–, ¿qué espectador?
–¿Conflicto? –repite Hiccup–. ¿aburrida?
Snotlout clava su hacha en el suelo. –¿Cómo que tensión sexual? –Snotlout voltea a ver a Hiccup–. ¡Como le toques un solo pelo a mi linda hermanita te arranco las piernas de palo que tienes! ¡CON LOS DIENTES! –brama furioso Snotlout, olvidándose por completo de la actividad, empezando a perseguir a Hiccup, quien pega un respingo y comienza a huir lejos del joven Jorgenson.
Gobber bufa molesto. –¡Es matar dragones, no a tus compañeros!
Pero Snotlout seguía persiguiendo a Hiccup con hacha en mano, porque primero muerto que permitir que su perfecta hermanita, la futura mejor vikinga de todo Berk, terminara en una relación con ese idiota. Eso, el mismo se aseguraría que la linda Elsa no acabara involucrada de alguna manera con Hiccup Haddock. Sabía que todo el tema del Furia Nocturna los había unido, sabía que en verdad su hermana sí que estaba interesada en él, pero el mundo en el que vivían era uno basado en la caza de dragones y el tema es que Hiccup no servía para eso, por lo que no se merecía a su hermanita y eso es algo que Snotlout tenía clarísimo.
Fue por eso que cuando Hiccup venció a la Muerte Roja, reveló que vikingos y humanos podían vivir en paz, y se convirtió en el nuevo vikingo modelo al punto de que cuando despertó después de días de perder una pierna Elsa corrió hacia él para abrazarlo y darle un beso en los labios por el alivio de verle vivo, Snotlout no pudo evitar ir hacia él, tomarlo del cuello de la camisa y empezar a zarandearlo con indignación.
–¡Tú maldito idiota, has cambiado el mundo entero solo para poder quedarte con mi hermana!
–¡Snotlout, déjalo en paz! –le pedía Elsa intentando tirar de su hermano, lo último que necesitaba Hiccup segundos después de escucharla confesar de la forma más clara sus sentimientos era que su hermano loco lo zarandeara sin compasión alguna–. ¡Déjalo ya!
Pero Snotlout no paró hasta que Henrika ordenó con rudeza a Spitelout que detuviera a su hijo, diciéndole que ya no podían hacer nada, que esos dos se gustaban y no podían evitarlo ni lloriquear al respecto. Los dos varones estaban indignadísimos por cómo concluían las cosas, sabiendo que de ahora en adelante tenían que aguantar el hecho de que Hiccup Haddock se había ganado el corazón de su niña mimada y protegida y que la parejita tenía todo el apoyo de la señora Jorgenson.
Si había algo que detestaba de ser menor que el grupo oficial de los jinetes de Berk, no era que no solían dejarla participar en los enfrentamiento importantes porque empezar a salir con Hiccup no significaba aventuras locas –que sí habían– sino que significaba tener a otro vikingo exagerado velando las 24 horas del día por su seguridad de maneras ridículas. Lo que realmente odiaba de ser menor que ellos, era que solían compararla con Gustav Larson, el molesto niñato que hace mucho tiempo su hermano había entrado para suplantarlo porque había llegado a creer firmemente que se iba a morir.
–No toquéis nada, ninguno de los dos –advierte Hiccup cuando ambos, por casualidad, se presentaron en la Orilla del Dragón sin aviso previo–, ha sido tremendamente irresponsable de vuestra parte presentaros sin decir nada, podríamos haber estado bajo ataque, pudisteis haber sido confundidos con jinetes mientras llegabais y os hubieran atacado, pudieron haber pasado miles de cosas.
Elsa se cruzó de brazos. –Somos jinetes, no niños como parece que nos estás tratando.
–¡Eso! –suelta Gustav, intentando rodearle los hombros con un brazo.
–Como me toques un pelo te arranco las piernas con los dientes –le advierte mascullando, provocando que inmediatamente Gustav tomara una distancia preventiva, haciendo reír a los gemelos levemente al reconocer la típica amenaza de Snotlout en la voz de su hermanita.
Pero Hiccup se mantiene cruzado de brazos. –La próxima vez que queráis venir –dice, mirando fijamente a Elsa– avisad –Hiccup observa finalmente a Gustav–, ve con Astrid, ella te buscara algo que hacer.
–¿Cómo? –gruñe la rubia con los brazos cruzados–. ¿Yo hago de canguro para que tú tontees con tu prometida?
–¿Qué? ¡No! No voy a... –Hiccup suspira con pesadez, sobre todo porque Snotlout parece muy dispuesto a sacar el hacha y volver a perseguirlo a lo loco como hace ya varios años atrás–. Elsa se irá con su hermano, pero quiero hablar con ella primero.
Astrid se retira bufando, con un atontado Gustav caminando sonriente detrás de ella, Snotlout camina de espaldas, manteniendo una mirada acusatoria sobre Hiccup, haciéndole señas de que estará vigilándolo para que no se aproveche de estar a solas con su hermanita menor solo porque ya se habían prometido oficialmente a inicios de año.
Elsa también resopla una vez el resto de jinetes se retira, se encamina hasta la mesa de trabajo de Hiccup, se da media vuelta y se sube en la mesa para sentarse allí. Él camina hacia ella con los brazos cruzados, intentando mantenerse serio, perdiendo un poco el control de la situación cuando ella hace un puchero y empieza darle leves toques duros en las rodillas al balancear sus piernas. Al llegar a estar a tan solo un paso, Hiccup le sujeta las piernas para detenerla.
–Ya está bien –le dice firmemente–, no me hagas rabietas, niña mimada –se arriesga a bromear apretando las mejillas de su prometida.
–No me gusta cuando me bajas a su nivel –gruñe apartando el rostro, refiriéndose a Gustav–, no soy una maldita cría y lo sabes. Fui yo la que te ayudó con todo el tema de Chimuelo.
Hiccup suspira pesadamente antes de acariciarle la cintura con cariño. –Lo sé, lo sé, solo... –el muchacho vuelve a suspirar pesadamente–, ha sido realmente peligroso lo que has hecho –dijo, procurando no hacer mención alguna a Gustav–, pudo haberte ocurrido algo, Elsa... y si te llega a pasar algo no solo jamás me lo perdonaría algo, sino que Snotlout nos mataría a todos y luego a sí mismo... y sabes que sería exactamente así.
Elsa se permite soltar una leve risilla.
–Sí... de acuerdo, sí, tienes razón –admite mientras recuesta la cabeza en el hombro derecho de Hiccup, lo que él aprovecha para apretujarla contra su cuerpo–… es solo que tenía muchas ganas de verte.
Elsa tiembla con gusto al sentir como Hiccup le daba un lento beso en la frente. –Yo también llevo bastante tiempo deseando vernos otra vez... pero la situación es complicada y necesito que estés en Berk a salvo, ¿de acuerdo?
–De acuerdo –responde acercando sus labios a los de Hiccup, provocando que una sonrisa se le formara en el rostro al jinete del Furia Nocturna.
Sus labios se están rozando cuando la puerta se abre bruscamente.
–¡Ven aquí inmediatamente, jovencita! –brama Snotlout señalándolos con un dedo acusatorio desde la entrada. Hiccup se aparta varios pasos mientras Elsa salta de inmediato fuera de la mesa y se encamina rápidamente hacia su hermano mayor–. Ni un segundo os puedo dejar solos, malditos conejos.
–No estábamos haciendo nada malo...
–¡Camina antes de que te regrese a Berk tomada de las greñas!
–¡Ya voy! ¡Ya voy!
Antes de irse por completo, Snotlout le dirige una mirada furiosa a Hiccup.
–No os voy a dejar hacer nada antes del matrimonio.
La mirada tan molesta que le estaba dedicando Snotlout hizo que Hiccup quisiera molestarlo, por lo que soltó una leve risilla y dijo. –Llegas un poco tarde, amigo.
Sobra decir que Hiccup tuvo que correr por toda la isla para huir de enfurecido Snotlout armado con un hacha, Elsa ni siquiera se molestó en intentar detenerlos a pesar de que Astrid y Gustav le preguntaban constantemente si realmente deberían dejarlos ser, la pequeña de los Jorgenson presentó las risas burlonas de Hiccup como prueba suficiente de que no hacia falta intervenir en lo absoluto, pero aún así, al ver que a la hora de empezar con la persecución ninguno de los dos mostraba signos de cansancio o de querer acabar con la tontería, Astrid, con ayuda de los gemelos, los detuvo y le concedió a Snotlout el derecho a dos hostias bien dadas pues Hiccup en cierta forma se las merecía.
.
.
.
La idea de Elsa siendo la hermanita de Snotlout me parece maravillosa, imaginarme a Snotlout intentando molestar a Hiccup pero siendo regañado por su madre porque obviamente no puede molestar al chico que le gusta a su hermanita menor. También me da mucha gracia tener en cuenta las escenas de la tercera película e imaginarme a Elsa rogándole a su hermano que por favor deje de ligar con su suegra.
