Nota de autora: Bueno, pues aquí vuelvo. He visto Obsidians y me han dado ganas de escribir, aunque en realidad este fanfic ya lo tenía escrito en borrador y solo estoy quitando o añadiendo cosas para pulirlo. No sé cuántos de mis fans queden por aquí, pero si aún me leen dejen un Review... Saben lo feliz que me hace eso. De antemano pido disculpas por si esta historia no tiene el estilo pulido al que les tengo acostumbrados, pero es que este es el fic más personal que he escrito y viene desde la tristeza, el despecho y la ira.
Cada capítulo tiene el título de una canción que pueden escuchar si gustan.
Y sin más dilación, aquí mi último fic:
"Aquello que perdimos"
Un fic por: Sailor-chan
Capítulo I: Afraid
"Al despertar siento miedo de que alguien más ocupe mi lugar"
Afraid - The Neighbourhood
Bonnie se miró al espejo todavía enjugándose las lágrimas, preguntándose si ya había sido suficiente por ese día. No quería arriesgarse a que alguien se diese cuenta porque entonces era probable que la gente empezase con los rumores. Rio pensando que seguramente se harían preguntas, en primera por qué Bonnie lloraba tanto por la muerte de Billy. Claro, no es que fuesen desconocidos, sobre todo en un pueblo como aquel, donde todos se conocían, además de que Billy era primo de dos de sus mejores amigos, había asistido a la misma escuela y a menudo coincidían en las mismas fiestas, pero nunca pasaba nada más allá de un simple cabeceo a modo de saludo… O eso era lo que parecía, pensarían ellos. Seguramente empezarían a elucubrar toda clase de teorías, como que tal vez Billy y ella fuesen más "amigos" de lo que dejaban entrever. Tal vez estuviese encinta, esperando a un pequeño Billy y ahora lloraba desconsolada sabiéndose madre soltera por culpa de aquel fatal accidente y del estúpido heroísmo del joven que ahora mismo era despedido por la gente que lo vio crecer.
Era extraño, pero se sentía culpable. Sólo se permitía llorar en ocasiones que lo ameritaran, aun si en realidad se tratase de algo que no le hiciese sentir tanta tristeza como para estallar en llanto. Siendo sincera, era lo único que se le había ocurrido después de aquel desagradable suceso en su vida que ahora la llevaba a llorar a escondidas por hechos que poco o más bien nada tenían que ver con su tristeza. No era algo por lo que fuese a acabar el mundo, ni mucho menos su mundo, pero eso no lo hacía menos doloroso.
Abrió el ropero y sacó el sobrio vestido negro que tenía preparado para la ocasión. Los funerales no eran cosa poco frecuente en Sorrow Port, pero casi siempre se trataba de gente desconocida que se encontraba de paso al acaecer alguna desgracia. En cambio ahora estaba alistándose para salir a despedirse del buen Billy Mertens.
Después de cepillarse el cabello se miró al espejo una vez más. Bueno, ahora tengo un aspecto medianamente decente, pensó mientras se volvía a poner las gafas.
Bajó las escaleras con parsimonia y se hizo visera con la mano por reflejo, aunque en realidad no hacía falta: el cielo ofrecía un lúgubre aspecto grisáceo, como si él también estuviese triste por la muerte de Billy.
Suspiró. El día anterior había estado soleado y a algún turista idiota se le había ocurrido meterse a nadar con toda su familia aún con las advertencias de los lugareños. Las olas no estaban particularmente altas pero tenían el efecto de arrastre propio del mar en aquella época, lo cual era bastante peligroso para los niños, y por supuesto, todo esto fue desdeñado por la alegre familia que ahora mismo debía estar ya en su ciudad, reunida en torno a la urna para despedirse del pequeño al que Billy había intentado salvar.
Miró de reojo su automóvil y lo dejó tranquilo donde estaba. No era un largo camino hasta el recinto y además el día le resultaba bastante agradable para caminar. Era extraño, pero siendo una persona que creció en una pequeña ciudad costera ella siempre había preferido los días nublados como aquel. Se abrazó, frotándose… No se le había ocurrido llevarse una chaqueta y le daba pereza regresar por una, así que ignoró el fuerte viento que la despeinaba mientras desenredaba sus audífonos y sacaba su viejo iPod.
"When I wake up I'm afraid somebody else might take my place…"
Caminaba y de rato en rato se detenía para mirar al cielo. La gente del pronóstico del tiempo lo había anunciado: días con lluvia intermitente, algunos ratos de abrasador sol y fuertes vientos de esos que preceden a la tempestad. Apresuró el paso, pensando que seguramente el cortejo fúnebre estaría a punto de salir hacia el cementerio y determinó que era un buen momento para llegar; con un poco de suerte su tía no se percataría y así podría esquivar sus incómodas preguntas. Ensayó mentalmente lo que le diría a sus amigos mientras echaba a correr los últimos metros que la separaban del lugar.
Se congratuló mentalmente al ver que la gente se preparaba para salir mientras entonaba un himno religioso. Estaba a punto de unirse a su grupo de amigos en cuanto los localizó con la mirada cuando una mano fuerte como una garra le apresó el brazo.
— ¿En dónde estabas? —le preguntó su tía apartándola para que nadie más las pudiese escuchar aunque no hacía falta, el canto de los presentes se escuchaba tan fuerte que seguro llegaba hasta la siguiente calle.
— ¿Pues en dónde más? En casa, tía Lolly. Había olvidado que tenía unos trabajos por calificar y debía terminar cuanto antes porque además tengo una pila de exámenes que…
—Sí, sí, ya te oí. —le espetó su tía con un gesto de la mano. —Eso te pasa por dejar que se te junte todo.
—Sí, tía Lolly. Fui vaga… Pero es que… Glob, Billy…
Y ahí estaba otra vez ese sentimiento de culpa, esta vez por usar como excusa al pobre Billy, aunque intuía que no le habría importado tanto siendo que a Billy nunca le había agradado particularmente su tía… Bueno, la verdad es que nunca le había agradado mucho a nadie de su círculo de amigos ni a ninguno de sus compañeros de la escuela o del trabajo.
—Ya… Entiendo. —murmuró su tía negando con pesadumbre. Era extraño verla expresar condolencias por alguien, sobre todo por alguien tan joven y lleno de vida, pero no era para menos dado el ambiente de agonía que se respiraba en ese lugar. —Vamos, Bonnie.
Trató de guiarla hacia donde estaban su tío y su primo, pero ella se detuvo.
—Si no te importa, preferiría ir con mis amigos. —Volteó hacia donde estaban; ya habían notado que estaba ahí y Lady le sonrió con timidez mientras abrazaba a Jake. —Finn y Jake…
—Sí… Sí, es verdad. Ve con ellos. —Su tía suspiró y Bonnie no pudo evitar alzar las cejas. Era impropio de su tía dejarla ir así sin más y el que lo hubiese hecho era un indicio de qué tan mal estaban los hermanos Mertens en aquel momento.
—Gracias, tía. —Murmuró Bonnie.
— ¿Bonnie?
— ¿Sí, tía?
—Dile a esos chicos… Que siento mucho lo de Billy.
Bonnie le apretó la mano.
—Sí, tía.
Sorteó a varias personas y estaba apartando suavemente a un hombre con un horrible traje de lana que debía estar asándolo en vida cuando sintió el aire salir de sus pulmones; Finn se abalanzó sobre ella abrazándola como si se le fuese la vida en ello. Sollozaba como un niño pequeño y ella lo apretó con toda su fuerza, sin poder evitar llorar también. Jake se disculpó con ella con la mirada, pero tenía los ojos hinchados y la cara totalmente humedecida. Más adelante estaban los padres de ambos abrazando a los padres de Billy.
—Hey, Bon. —la saludó Jake con voz ronca.
—Jake… Lo siento tanto.
—Todo pasó tan rápido. —murmuró él con la mirada ausente.
Bonnie miró a Lady sin saber qué decir. Su amiga le tomó la mano y la atrajo hacia sí para abrazarla.
— ¿Te importaría ir con nosotros durante la procesión? Me preocupan mucho ambos, pero sobre todo Finn. —le murmuró al oído.
—Sí, por supuesto. —Buscó con la mirada a la tercera integrante de la descendencia Mertens, sin encontrarla. — ¿Dónde está Fionna?
Lady no había dejado de abrazarlas pero casi pudo sentirla hacer una mueca.
—Hablaremos de ello más tarde. Ven, ya vamos a salir.
El camino hacia el lugar donde Billy descansaría para toda la eternidad fue todo, menos silencioso. La gente cantaba con tal energía que parecían creer que el joven resucitaría si lograban que su clamor llegara hasta el cielo. Algunos de los hombres más jóvenes a sus espaldas contaban historias de cómo Billy había hecho esto y aquello en el ámbito deportivo, pero también de cómo batió el récord del escopetazo de cerveza bebido en el menor tiempo.
Sí, Billy no había sido cercano para Bonnie, pero no por eso era más fácil. Rodeó a Finn con un brazo y el chico la miró con gratitud. Estaba pensando qué decirle para reconfortarlo cuando avistó una larga cabellera dorada que la delataba como una Mertens.
—Vaya… Jake, mira quién se dignó a venir. —dijo Finn señalando a su hermana, visiblemente molesto.
Jake suspiró y le revolvió el cabello.
—Déjalo ya, Finn. Fionna también está triste y si estar con ella le hace bien, pues…
Se encogió de hombros como si no importara aunque era obvio que más bien no sabía qué decir.
Bonnie frunció el ceño. Volvió a mirar a Fionna y fue entonces que notó que iba caminando junto a otra mujer. Tenía el cabello negro, lacio y muy largo, con un aspecto tan sedoso que Bonnie habría querido pasar sus dedos por toda su longitud y dio un respingo al recordar que solo conocía a una persona con el cabello así.
Y casi como si quisiera confirmarlo, la mujer volteó para decirle algo a Fionna. Fue entonces que Bonnie la reconoció al ver su perfil y el corazón le dio un vuelco.
—Es… —Volteó a ver a Jake, incrédula. — ¿Es Marceline? ¿Marceline Abadeer?
Finn gruñó y Jake se limitó a asentir.
—No entiendo… —Murmuró Bonnie. —No sabía que Fionna y ella fuesen amigas.
—No lo eran. —respondió Jake. —Pero ya sabes que a Fionna le encanta agregar gente a Facebook para que le den 'Me gusta' a sus fotos y bueno… Aparentemente la agregó porque le gustó algo que comentó en el estado de un amigo en común.
—Llevan meses hablando. —intervino Finn mirando de reojo a Marceline. —Fionna se ha pasado toda la mañana con ella.
A los hermanos Mertens nunca les había agradado Marceline… A nadie del pueblo, de hecho. Había sido una paria desde la niñez y a nadie le sorprendió que se fuese para nunca volver en cuanto llegó la hora de cursar la educación superior. Ni siquiera recordaban que visitara a su padre los fines de semana –había estudiado en una universidad a muy pocas horas de viaje –salvo en pocas ocasiones y un día simplemente no la volvieron a ver, aunque Bonnie sabía que a veces visitaba a su padre en navidad… Y sabía esto porque entraba constantemente a su perfil, a veces solo para ver qué hacía o en dónde estaba, y otras porque la extrañaba y se preguntaba si a Marceline le pasaría lo mismo con ella.
No, claro que no… ¿Por qué Marceline la extrañaría después de eso? A veces se sentía muy idiota por tan siquiera preguntárselo pero no lo podía evitar.
Y ahora estaba allí, rodeando con su brazo a Fionna Mertens mientras sus hermanos la miraban con recelo.
—No has hablado con ella últimamente, ¿verdad? —preguntó Jake. A Bonnie le agradaba que pudiesen apartar su mente de Billy por un momento, pero no a costa de un tópico tan delicado para ella.
—No. —respondió con pesadumbre. —No desde… la navidad de hace dos años.
Jake asintió; ninguno de sus amigos sabía a ciencia cierta por qué Bonnie y Marcy, que habían sido inseparables durante sus años de instituto se habían distanciado de golpe. Con el tiempo dejaron de preguntárselo y asumieron que simplemente la edad y sus intereses tan distintos habían hecho mella en su amistad.
—Oye, sabes que no me gusta meterme en tus asuntos pero… —Jake se relamió los labios y tuvo cuidado de que Finn no los escuchara. —No se habrán… dejado de hablar por algo malo, ¿no?
—No, Jake. Ella no hizo nada malo. —dijo reprimiendo el impulso de salir corriendo.
Jake la miró con extrañeza y luego volvió a mirar a Marceline.
—Ustedes dos eran muy cercanas. —No era una pregunta; era una afirmación.
—Nos distanciamos, Jake. A veces pasa.
Jake asintió y volvió a mirar al frente. Tal vez su mente no era muy aguda, pero sabía perfectamente cuándo dejar de molestar y por la expresión de Bonnie vio que era el momento.
La comitiva aminoró el paso, indicando que se encontraban cerca del lugar donde Billy reposaría para siempre. Bonnie sintió un escalofrío y se abrazó a sí misma al pensar en esto; Finn, creyendo que tenía frío la abrazó.
— ¿Por qué no tomaste una chaqueta antes de salir?
—No sabía que iba a estar así de fresco y ya iba tarde, así que mejor lo dejé así.
—Espero que al menos no empiece a llover. —comentó el muchacho volteando a ver al cielo.
—Sería todo un cliché, ¿no lo crees?
—Vaya que sí.
Ahora Finn volteaba a ver al cielo mientras Bonnie seguía observando a Marceline con el rabillo del ojo. Marceline seguía abrazando a Fionna y murmurando cosas para que solo ella la pudiese escuchar. Se estaba acomodando el cabello, el cual ya estaba bastante alborotado por el viento cuando volteó hacia atrás en medio de una frase y se topó con la mirada inquisitiva de Bonnie, haciendo que se congelara en su sitio por un segundo, lo cual le hizo trastabillar ligeramente.
— ¿Marceline? ¿Estás bien? —le preguntó Fionna viendo que casi tropezaba debido al irregular suelo.
—Sí, sí, estoy bien. Qué torpe. —respondió enseguida, sonriéndole y preguntándose si Bonnie se había dado cuenta. Sabía que terminaría encontrándose con ella más temprano que tarde, pero no dejaba de causarle una impresión.
—Gracias por estar aquí conmigo. No tenías que hacerlo. —murmuró Fionna en voz bajita, como si estuviese apenada. —Supongo que no es así como uno espera iniciar sus vacaciones.
—Fionna, no digas tonterías. —respondió Marceline un poco molesta. —No es como si tú o Billy hubiesen decidido que se muriera para joderme la estancia, ¿no?
—No, pero… De verdad lo apreció. Sé que en realidad tú y él apenas y se conocían.
—Eso no significa que no pueda estar aquí para ti.
—Te lo agradezco. —le dijo Fionna con sinceridad y Marceline volvió a apretarle el hombro, sonriéndole levemente.
—Por cierto, ¿qué vas a decirle a tus hermanos? No se ven muy felices de verme contigo.
—No me importa eso. Ahora mismo no estoy de humor, así que pueden cuestionarme todo lo que quieran. —Fionna suspiró, cansada. Había sido un día especialmente agotador.
—Bueno, si de algo sirve no creo que vayan a acercarse mientras vean que estoy a tu lado.
—En eso tienes razón. —Se quedó pensativa un momento. —He visto que Bonnie lleva un rato mirándote, ¿no la vas a saludar?
—Tal vez luego. —la evadió Marceline.
—Mira… —suspiró la rubia. —Podemos hacer el tonto todo lo que queramos, pero al final yo tendré que hablar con mis hermanos y tú tendrás que hablar con Bonnibel.
—No es que tenga miedo de hablar con ella o algo así.
—Pues pareciera.
—No, es sólo que… —se encogió de hombros. —No sé qué decir, ¿de acuerdo? Preferiría ahorrarme el momento incómodo.
—Si tú lo dices.
Habían llegado finalmente y Fionna miró a Marceline, dubitativa. Esta solo asintió y le dio un leve apretón en la mano sonriéndole para darle ánimos pero recuperó el semblante serio en cuanto se volteó.
Finn y Jake estaban por reunirse con su hermana pero antes de irse el más joven volteó a ver a Bonnie.
— ¿Quieres venir?
—No, chicos… Se vería mal. Es un momento familiar.
—Sabes bien que eres como familia, Peebs. —Dijo Finn con el ceño fruncido.
—Ve y estaré aquí, Finn. —le aseguró ella cariñosamente.
Él asintió rascándose la nuca y se marchó.
En ese momento su cerebro se desconectó, experimentando una sensación similar a estar sumergida en el agua. Sentía como si todos los sonidos del exterior se escucharan ahogados. Era una sensación ya bien conocida para ella. No es que no le importara lo que la gente o sus amigos cercanos tuviesen por decir de Billy, pero no podía evitar sentirse ajena.
Volteó a un lado, recordando el lugar donde Marceline había estado antes y la localizó enseguida. Estaba ahí, mirando con atención a Fionna con las manos en los bolsillos y con claro aspecto de desear estar en otro lugar, pero al menos tratando de disimularlo.
—Eh… Hola.
Regresó en sí, sobresaltada y miró a su alrededor… ¿En qué momento se había movido? Y… ¿acaso saludó primero? Por Glob… Ahora estaba junto a Marceline, quien la miraba extrañada como si fuese un ser de otro planeta.
— ¿Hola?
—Hola. —Repitió Bonnie y quiso darse un golpe.
Aquel iba a ser un día muy largo. Marceline tenía cara de querer estar en cualquier otro lugar excepto aquel y Bonnibel sentía otro ataque de pánico aproximándose a pasos de gigante.
Ambas voltearon al frente, observando con atención a los hermanos Mertens despedirse de Billy.
Probablemente no existan muchas situaciones en las que uno se alegre de estar en un funeral, pero por fortuna aquella no era una de esas.
