DISCLAIMER: Los personajes de Orgullo y Prejuicio pertenecen a Jane Austen y sus herederos. Esta historia sí es de mi invención.
Caroline Bingley - Odio
¿Qué se creía esa advenediza de Jane? ¿Aún encima de casarse con su hermano, arruinando los planes de Caroline de emparentar con los Darcy, se creía la dueña de la casa?
Furiosa, recorrió los pasillos de Netherfield, rumbo a sus habitaciones. Hizo caso omiso de los murmullos de las sirvientas, y entró muy poco dignamente, echándolas con malas palabras.
No soportaba a Jane Bennet. Su hermano y su nueva, flamante y estúpida esposa habían llegado de su luna de miel hacía apenas una semana. Sin duda advertida por su maliciosa hermana Elizabeth, Jane no se había dejado amilanar por Caroline. Conforme había llegado, y prácticamente sin descansar antes, se había hecho cargo de la casa de Caroline. Y, por mucho que su hermana Louisa le dijese que esa no era su casa, si no la de su hermano, y que, por tanto, ahora era simplemente una invitada de Jane, Caroline no se había resignado.
Había mandado a las sirvientas tal y como hacía, procurando que sus órdenes fuesen contradictorias a las de Jane. Ella le demostraría quien mandaba allí.
Había insultado a los Bennet en cada una de las visitas que habían hecho, ignorando que ahora, ella tenía el mismo derecho que los Bennet de estar en esa casa. Jane, una muchacha tranquila, no había dicho nada, pero había fruncido los labios, y Caroline sospechaba que luego se había quejado de ella ante Charles.
Había hablado con Louisa, esperando que se pusiese de su parte y la ayudase en su vendetta contra Jane, pero, sorprendentemente, no había querido saber nada, diciendo simplemente que el mal ya estaba hecho.
Pero no solo no se había salido con la suya, si no que su hermano, enfadado todavía por su intromisión en sus amoríos con Jane, la había reprendido y la había invitado amablemente a abandonar la casa. ¡A ella, su propia hermana! De poco había servido que ella le recordase a sus padres, o que le rogase, él había sido firme. Se iría a casa de su hermana Louisa, con una dama de compañía que él elegiría en los siguientes días.
Secándose las lágrimas de frustración que le corrían por la cara, se miró al espejo. No le quedaba ya otra opción que buscarse un marido. A poder ser, uno tan imbécil como el que había encontrado su hermana. Y a poder ser, que tuviese poca o ninguna familia. Con eso en mente, cogió papel y pluma y se puso a hacer una lista de los caballeros disponibles en la ton de Londres, y luego empezó a tachar a los que no tenían dinero, a los que ella había desairado en alguna ocasión, a los que tenían demasiada familia... Cuando terminó, solo un nombre quedaba en su lista: lord Finnigan. Un hombre mayor, en la cincuentena, nada apuesto pero con unas rentas para nada desdeñables, sin familia conocida, y con una casa que no estaba ligada por ley al apellido, y que podría ir a parar a su desconsolada viuda. No era Fitzwilliam Darcy, ni de lejos, pero al menos ya tenía un plan.
Definitivamente, no soportaba a ningún Bennet, pero Elizabeth y Jane eran las peores.
N.A: La que odia a Caroline soy yo… más que ella a las Bennet. ¡Se agradecen las reviews!
