DISCLAIMER: Los personajes de Orgullo y Prejuicio pertenecen a Jane Austen y sus herederos. Esta historia sí es de mi invención.
Charlotte Lucas - La dote
-Doce gallinas, diez huevos a la semana. Si vendo dos huevos a la semana, podré sacar diez libras al año... y lo que pueda sacar de vender algunos de mis bordados...
Si alguien se hubiese acercado a la ventana de Hunsford esa mañana de primavera, habría visto a la señora Collins con la pluma en mano, muy atareada haciendo cuentas. Y si alguien le hubiese preguntado, posiblemente habría encontrado que la señora Collins no era tan amable como solía ser.
La única persona que podía calmar los desvelos de la señora Collins, el párroco, estaba en la iglesia, intentando enseñar la fe a los aburridos niños de la zona. Y, desde luego, Charlotte esperaba que siguiese un tiempo allí. No pensaba ser capaz de hacer cuentas y hacer caso a las exageradas opiniones de su marido a la vez.
La razón de sus desvelos era simple. Su hermana María estaba en edad casadera. Tras los derroches de uno de sus hermanos, su padre se había visto obligado a reducir la dote de su hija más pequeña, y sus opciones de habían reducido de repente. No muchos caballeros estaban dispuestos a casarse con una jovencita que, sin ser tan descarada como Lydia Wickham, no era tan prudente ni tan inteligente como debía ser. Charlotte había tomado bajo su ala a su hermana, pero poco había podido hacer. Al final, se había resignado y se había rendido a la evidencia: su hermana necesitaba tener una buena dote para casarse. Y, aunque ella pudiese aportar poco, no podía quedarse de brazos cruzados.
Así que, a primera hora de la mañana, se había puesto a hacer economía doméstica. Tendría que hacerlo a espaldas del señor Collins, puesto que él no estaba de acuerdo con los matrimonios convenidos por la dote. Pero, por mucho que se esforzaba, no veía la forma de sacar una dote solo vendiendo sus bordados. Frustrada, apartó las cuentas y cogió la última carta de su amiga Lizzie, recién llegada esa mañana.
Pasó rápido la vista por el papel, solo esperando hacerse una idea rápida de lo que Lizzie le contaba, hasta que unas palabras atraparon su vista. Con un jadeo, volvio a leer ese párrafo con atención.
"...El señor Darcy está ahora muy ocupado, ofreciendo el nuevo negocio a los inquilinos de Pemberley. Al contrario que muchos señores, nosotros no deseamos que nuestros arrendatarios permanezcan eternamente en su situación, así que les ofrece entrar con lo que puedan, ninguna cantidad es demasiado baja. Si todo sale bien, mi marido y mi tío esperan que estas primeras inversiones se rentabilicen enormemente, posibilitando la mejora de la vida de muchas familias y el florecimiento de la comarca..."
Así pues, el señor Darcy y el señor Gardiner iban a comenzar un negocio del que se esperaban grandes beneficios... Charlotte miró sus cuentas desesperadas por un momento, antes de apartarlas con decisión y coger una hoja de papel limpia. No podría lograr su objetivo por sí sola, pero si ese negocio funcionaba...
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Apenas dos años después, María Lucas se convertía en lady María Kingstone. A un lado de la iglesia, rodeada de la alta nobleza británica, Charlotte Collins sonreía con orgullo. Ahora, empezaría a ahorrar para darle a su hija recién nacida las mejores oportunidades. Su Christine no sería una solterona obligada a entrar al mundo de los negocios con un seudónimo para poder casarse con quien ella quisiese.
N.A.: Otro más, esta vez de Charlotte. Siempre me ha parecido una mujer muy pragmática, dispuesta a hacer lo que sea por cumplir sus objetivos… incluido casarse con Collins. ¡Gracias por todas las reviews que me hacéis!
