DISCLAIMER: Los personajes de Orgullo y Prejuicio pertenecen a Jane Austen y sus herederos. Esta historia sí es de mi invención.


Coronel Fitzwilliam – El segundo hijo

-Te he comprado una comisión en el ejército.

Richard levanta la vista de su desayuno y mira a su padre, parapetado tras el periódico del día. Siente como la rabia le corre por sus venas. Sin embargo, no lo demuestra. Termina de pelar la manzana que tiene en las manos, la deja sobre el plato y, mientras se limpia las manos, contesta.

-¿Por qué, padre?

Al fin, su padre baja el periódico y mira a su segundo hijo a los ojos.

-Tu hermano heredará las propiedades y las fincas, y no podrá costearte tus caprichos cuando lo haga. No es la primera propiedad que se hunde por los caprichos de un segundo hijo.

-Es más común que se hundan por los caprichos del primer hijo - comenta Richard sin alterarse.

-Él es el heredero, puede hacer lo que quiera. Es eso, o que entres a la iglesia. Y ambos sabemos que ese no es camino para ti.

-No, padre, no lo es. Pero el ejército...

-Es la única opción, hijo.

Ve como su padre se levanta, y pone a trabajar a su cerebro a toda velocidad. ¿De veras no hay otra manera? Sabe que, como hijo de un lord, su vida no correrá un gran peligro en el ejército, su padre se habrá ocupado de comprarle un buen puesto. Pero, aun así, él ama demasiado su vida como para perderla en esa minúscula posibilidad. ¿Y si estallase la guerra con Francia...? Desesperado, da con la solución en un momento de inspiración.

-¿Y el matrimonio?

Su padre se queda congelado ya en la puerta, y se da la vuelta con parsimonia.

-Tendría que ser un muy buen matrimonio. Dado que tú no posees nada más que el hecho de ser el hijo de un lord, necesitarás que tu esposa tenga una dote muy considerable. Y pocos padres con una hija y una dote considerable permitirán que se case con un segundón venido a menos. Hazme caso, hijo. Pasa unos años en el ejército, hazte coronel, o general, y tus posibilidades aumentarán drásticamente. Y aun así, ten cuidado al elegir al objeto de tus afectos. La elegida tendrá que poseer aun así un gran patrimonio.

-Sí, padre - contesta, contrariado.

Su padre sale de la sala, y Richard se queda pensativo. Sabe que su padre tiene razón. Para seguir con su ritmo de vida, necesitará una mujer con una buena dote, aunque eso deje al afecto y el amor fuera de la ecuación. En ese momento, Richard blinda su corazón. No se dejará enamorar por ninguna joven sin antes saber sus medios económicos. Y procurará hacérselo saber a cualquiera que se acerque demasiado a él. No pasará más tiempo del necesario en el ejército.


N.A.: ¡Y por fin un hombre! ¡Se agradecen las reviews!