En menos de cinco minutos, Lydia se plantó delante de la entrada a la Sala Común de Slytherin, pues intuía que el chico estaría dentro estudiando. Por suerte, no tuvo que esperar mucho, ya que enseguida llegaron dos niñas de segundo a las que pidió que llamaran a Theo.

Instantes después, el moreno atravesó la pared del pasillo de las mazmorras y lanzó una mirada cautelosa a la Ravenclaw.

- ¿Ocurre algo?

- ¿Estabas haciendo algo importante? Necesito hablar contigo.

Theo arqueó una ceja y dudó unos segundos.

- Dame cinco minutos; recojo las cosas, cojo la capa y salimos fuera.


El aire helado y seco les azotó el rostro cuando salieron por la puerta principal del castillo. A lo largo de los jardines, los grupos de amigos reían y gritaban mientras se lanzaban bolas de nieve o se revolcaban por el suelo dibujando ángeles.

Durante los últimos meses, Lydia y Theo se habían hecho más íntimos que nunca, pues Teddy y Victoire estaban muy liados con los estudios y sus tareas de prefectos y no podían estar con ellos tanto como antes. Por ende, la Ravenclaw y el Slytherin se habían acostumbrado a la agradable compañía del otro, pues pasaban la mayor parte de su tiempo libre juntos.

Mantuvieron una conversación banal hasta que se alejaron lo suficiente del resto de estudiantes, y se detuvieron junto a un viejo sauce. Con cuidado, Theo limpió la nieve de la hierba bajo las desnudas ramas del árbol y se sentó junto a Lydia.

- ¿Y bien? - preguntó por fin, sin esconder la curiosidad que sentía.

- ¿Has oído alguna vez algo referente a un jardín secreto en Hogwarts?

Podía haber esperado muchas cosas, pero desde luego no esa pregunta. Theo reflexionó unos instantes.

- Pues no, que yo recuerde - respondió cauteloso -. ¿Por qué? ¿Crees que hay un jardín secreto aquí?

Lydia se mordió el labio, como hacía siempre que dudaba si decir algo o no, y finalmente extrajo de su capa el viejo diario. Con cuidado, se lo tendió a Theo, que lo cogió con delicadeza.

- "William Barrow, 1640" - leyó -. ¿De dónde lo has sacado?

- Es lo que me llevé de la habitación cambiante.

Theo arqueó una ceja y examinó mejor el diario. Lo abrió por la primera página y leyó un par de frases.

- ¿Y qué tiene que ver con el jardín del que me has hablado?

La morena se inclinó sobre el diario y pasó las páginas hasta llegar a la última.

- He leído el diario más de cuatro veces, pero hasta hoy nunca me había fijado en la existencia de este poema - su mano rozó la de Theo y notó un descarga eléctrica recorrerla -. Es la última entrada, lo último que William escribió en el diario, el 30 de noviembre de 1640.

El Slytherin leyó los versos en silencio, analizándolos sin decir nada durante un par de minutos.

- ¿Crees que ese jardín de las hadas del que habla es un lugar real?

- Sí - respondió con firmeza -, y creo que está escondido en algún rincón de Hogwarts.

Theo pareció dudar un momento y se aclaró la voz, mientras le tendía el diario de vuelta.

- Lydia…

- Podría ser verdad.

- Sí, podría.

No hizo falta que el Slytherin dijera en voz alta lo que pensaba. A lo largo de los años, Lydia se había dejado llevar por su imaginación en más de una ocasión, y había guiado a sus amigos en la búsqueda de lugares imaginarios de cuya existencia había leído numerosas veces.

- Esta no es como las demás veces, Theo.

- ¿Cómo puedes saberlo?

Lydia frunció el ceño.

- Porque no puede ser casualidad. William dejó el diario en la habitación cambiante, esperando que alguien lo encontrara en un futuro. Y se esforzó mucho porque la última página pasara inadvertida a cualquiera que no se fijara bien, para que una vez que la vieras, no pudieras pasarla por alto ni olvidarte de ella.

- Pues a mí me parece lo contrario. Si quieres que algo sea encontrado, esconderlo en una habitación que solo aparece cada 167 años, en una página pegada a la contraportada de un viejo diario que pasaría inadvertido para muchos… No es lógico.

- Ya, también lo he pensado… puede ser que quisiera que nunca se encontrara, no hay forma de saberlo. El caso es que no podemos desperdiciar esta oportunidad, tienes que creerme; he leído el resto del diario, me sé algunos pasajes casi de memoria. William Burrow no era el típico que iba escribiendo poemas porque sí. Esto lo compuso con una finalidad: que se conociera la existencia del jardín de las hadas.

- ¿Y si ese jardín existe, por qué nunca hemos oído hablar de él?

- La mayoría de los estudiantes no han oído hablar del pasadizo en el sauce boxeador, y existe. Muchos de ellos desconocían en su momento la Sala de los Menesteres, y existió. También existen el pasadizo de la bruja tuerta, y el Mapa de los Merodeadores, y…

- Está bien, está bien. Lo pillo.

- Mi intuición me dice que ese jardín existe - aclaró Lydia con resolución -, y no voy a parar hasta encontrarlo, me ayudes o no.

- ¿Y cómo tienes pensado hacerlo?

- Buscaré en la biblioteca. Me leeré todos los libros de la historia de Hogwarts o de criaturas mágicas que haga falta, no dormiré si es necesario, hasta encontrar alguna pista que me lleve al jardín.

El moreno sabía lo testaruda que podía ser Lydia. Cuando se le metía algo en la cabeza, no había quien la convenciera de lo contrario.

- ¿Y qué me dices de Teddy y Victoire?

Lydia miró al suelo.

- La búsqueda puede llevarnos meses… puede… puede incluso que…

- Que no encontremos nada - terminó Theo.

Lydia asintió.

- Teddy y Victoire ya están muy agobiados entre los entrenamientos de Quidditch, los estudios y sus tareas de prefectos. Me parece egoísta quitarles el poco tiempo libre que les queda.

El Slytherin no dijo nada, porque sabía que Lydia tenía razón. Él y la Ravenclaw invertían la mitad de tiempo en sus estudios que Teddy y Victoire, y los cuatro sacaban las mismas notas. Simplemente, a ellos les costaba menos.

- Entonces, ¿vas a ayudarme o no?

Theo rodó los ojos.

- Pues claro que te voy a ayudar, ¿o crees que te vas a llevar tú sola el mérito de haber encontrado el jardín? - la morena sonrió y se lanzó a sus brazos con tanta fuerza que ambos acabaron de espaldas en el suelo.

-Si el resto de la investigación va a ser así - dijo Theo mientras se frotaba el golpe de la cabeza -, avísame y llevaré casco.


Los sábados por la mañana la biblioteca estaba casi vacía, pues la mayoría de los estudiantes decidían dormir hasta más tarde o tomarse el día libre. Algunos paseaban tranquilamente por los jardines helados, otros se reunían en el Salón Común para charlar y compartir cómo había ido su semana, y un ambiente cálida y acogedor reinaba en el castillo. Theo y Lydia decidieron que ese era el mejor momento para comenzar su indagación, y aprovecharon que Victoire y Teddy tenían ambos entrenamiento de Quidditch para reunirse sin necesidad de poner excusas.

Llegaron a la biblioteca a las nueve de la mañana y se instalaron en una de las mesas más alejadas de las miradas de los curiosos; esparcieron pergaminos, libros abiertos y botes de tinta por toda la mesa, ocupando el máximo espacio posible para evitar que nadie se sentara con ellos, y se miraron en silencio, sin saber muy bien por dónde empezar.

Lydia observó a los pocos alumnos de quinto y séptimo que habían madrugado para estudiar y prepararse los respectivos TIMOS y ÉXTASIS, y comprobó que estaban lo suficiente enfrascados en sus tareas como para reparar en Theo y ella.

- El otro día vine y le pedí a la señora Pince una lista de todos los libros disponibles en la biblioteca - la Ravenclaw hurgó en su bolsillo y extrajo un pergamino de al menos un metro de largura, escrito por ambas caras -. Están organizados por categorías y por fecha de publicación.

Theo abrió los ojos y pestañeó varias veces.

- ¿Y qué categorías nos interesan?

Lydia cogió su pluma y la mojó en tinta.

- Leyendas del mundo mágico - rodeó el apartado con ese nombre, que contenía al menos 40 libros -, criaturas fantásticas - rodeó otros 30 libros - e historia de Hogwarts y sus fundadores - esta vez, tan solo rodeó 6 libros.

- Es imposible que podamos revisar todos esos libros, y menos si la información que esperamos encontrar nos exige leer a fondo cada uno. Tenemos que acotar más el intervalo.

Lydia se pasó la mano por la cara y se frotó los ojos.

- Lo sé, pero quería esperar para discutir contigo cuáles pueden ayudarnos y cuáles no.

Theo contuvo una sonrisa cuando la vio fruncir el ceño y releer el pergamino con la lista de libros, concentrada. El Slytherin se levantó y rodeó la mesa hasta situarse detrás de Lydia, desde donde tenía una mejor perspectiva de los títulos.

- Hogwarts fue fundado en el siglo IX - dijo el Slytherin -. Si hay información sobre ese jardín secreto, tiene que estar en libros escritos del siglo IX para adelante.

Lydia asintió, e intentando que la mano no le temblara por la cercanía del chico, tachó los 14 nombres cuya fecha de publicación era anterior al año 800. No era un gran avance, pero era algo.

Theo se sentó en la silla de al lado de la Ravenclaw.

- Tenemos que eliminar aquellos cuyos títulos no nos parezcan útiles - sugirió Lydia.

- Así nunca sabremos si estamos desechando el libro indicado.

- Lo sé, pero no podemos hacerlo de otra forma. Tenemos que guiarnos por la intuición.

- Estamos en enero - calculó Theo -. Tenemos aproximadamente tres meses para investigar, contando que a final de curso estaremos demasiado liados con los ÉXTASIS.

- Tampoco vamos a poder venir todos los días o nos volveremos locos - continuó Lydia -. Digamos… ¿cuatro días por semana?

- En ese caso, yo diría que podemos revisar 20 libros.

La Ravenclaw se mordió un labio y observó la larga lista, que contaba de momento con más de 50 nombres.

- Lydia, sé que es reducir mucho el intervalo, pero tenemos que ser realistas.

La morena asintió.

- 20 libros me parece bien. En todo caso, quitaría libros de las secciones de "criaturas mágicas" y "leyendas del mundo mágico". Los de "historia de Hogwarts y sus fundadores" me parecen los más importantes.

- Pues vamos allá - Theo se inclinó sobre la lista, y comenzó a tachar los títulos que más dispensables le parecían. La morena lo observó en silencio.

- Theo…

El Slytherin levantó la cabeza de golpe, de forma que su rostro se encontró a pocos centímetros del de Lydia.

- ¿Sí? - articuló con la boca seca, incapaz de apartarse de ella.

- Yo… - la Ravenclaw dirigió una mirada furtiva a los labios del Slytherin, sintiendo una energía eléctrica recorrerla. Sus narices casi se rozaban… pero el sonido de unos pasos acercándose rompió el hechizo, y tan pronto como se habían juntado, se separaron. Lydia carraspeó -. Gracias por ayudarme - dijo al fin, maldiciendo para sus adentros.

- No me las des - replicó Theo, notando todavía los pelos de la nuca erizados -. Tengo tanta curiosidad como tú por descubrir si ese jardín existe o no.


Aquel primer domingo tuvo lugar el primer partido de Quidditch después de Navidad, en el que se enfrentaron Gryffindor y Hufflepuff. Por segundo año consecutivo, los cuatro amigos habían sido seleccionados como capitanes de los respectivos equipos de sus Casas, y la tensión era visible en cada enfrentamiento. Theo, Lydia, Teddy y Victoire se empleaban a fondo en nombre de su equipo, poniendo en marcha estrategias inteligentes y a la vez arriesgadas, pues ninguno quería verse derrotado. Era como una lucha silenciosa entre ellos, en la que se empleaban al máximo para lograr un objetivo común: la copa del torneo. Sin embargo, los partidos eran justos y limpios, puesto que ninguno de los cuatro encontraba interés en herir o perjudicar a sus amigos; querían ganar por su capacidad de dirigir, por su destreza en el juego.

Incluso Theo y Lydia, que sabían la necesidad de aprovechar cualquier momento para seguir investigando, no habían podido perderse aquel partido; como capitanes tenían que coger técnicas, estudiar a sus adversarios, planear formas de ataque.

Aquel día no fue diferente; Teddy y Victoire luchaban por su equipo como si les fuera la vida en ello, aunque no podían evitar dirigir miradas furtivas de vez en cuando al otro para cerciorarse de que estaba bien. Ambos ansiaban ganar, ansiaban ese pequeño triunfo que les permitiera, por supuesto, jactarse más tarde de ello; en cuanto sonó el silbato de inicio y dieron un fuerte pisotón para elevarse, se dejaron envolver por aquel excitante ambiente, sintiendo la energía fluir por su cuerpo mientras giraban y subían y bajaban, hasta que, tras una hora de partido, Colin Yeets se alzó con la snitch en un puño, dándole así la victoria a Hufflepuff y situando a la Casa amarilla a tan solo 3 puntos de Slytherin, que iba el primero en el marcador.

Victoire se encaminó hacia los vestuarios con la cabeza en alto, sintiendo unas ganas terribles de estallar de furia. Era muy competitiva, lo sabía, pero no podía evitarlo. Cualquier partido le parecía importante, pero disfrutaba todavía más el jugar contra Hufflepuff, pues lo consideraba una excitante forma de medirse con Teddy; por supuesto, no estaba enfadada con él, sino consigo misma. Dirigió unas breves palabras de ánimo al equipo, destacando los puntos fuertes y débiles que había observado y citándolos para el martes siguiente, y se apresuró a guardar las pelotas y equipaciones en sus lugares correspondientes. A continuación, sin parar todavía para ducharse, entró en la salita que hacía las veces de despacho, en la que únicamente había un viejo escritorio y cajas con material de repuesto, y se acercó a la pizarra en la que apuntaba las diferentes estrategias de juego para anotar un par de modificaciones antes de que se le olvidaran. Cuando salió todos los demás se habían ido, por lo que ordenó su ropa con calma y se dirigió hacia las duchas femeninas.

Apenas llevaba un minuto bajo el agua cuando oyó unas pisadas acercarse. Supuso que alguna de las jugadoras se habría dejado algún objeto en el vestuario y no le dio mayor importancia, hasta que un sentimiento de incomodidad, como si estuviera siendo observada, la asoló. Abrió los ojos y se giró con rapidez, encontrándose así a Teddy apoyado contra la entrada a las duchas, observando su cuerpo desnudo con una sonrisa traviesa.

- Ludmilla Taylor me ha dicho que todavía no te habías ido y he venido por si había algún problema - la recorrió de arriba a abajo con la mirada y entornó los ojos -. Pero ya veo que estás perfectamente.

Victoire elevó una ceja y avanzó en silencio hasta él, contorneando las caderas con movimientos elegantes. Cuando llegó a su lado comenzó a desabrocharle los botones de la camisa con paciencia. La respiración de los chicos se iba volviendo más pesada a cada instante; la atracción entre ellos era brutal, se sentían como dos imanes incapaces de separarse ni un centímetro.

- Es una pena que tú ya te hayas duchado - comentó la rubia en el mismo momento en el que soltaba el último botón, y recorrió con sus manos mojadas la clavícula de Teddy, quitándole la prenda a su paso y notando la piel erizada del Hufflepuff bajo su tacto.

- No me vendría nada mal una segunda ducha - sugirió este, mientras realizaba caricias suaves pero apremiantes en la espalda de su novia y esta seguía desvistiéndolo.

Victoire se mordió el labio cuando cayó el pantalón y contempló los boxers del chico, y esta vez fue Teddy quien, con presteza, se deshizo de aquella prenda. La Gryffindor se puso de puntillas para besar con habilidad su cuello, y al momento notó como los fuertes brazos del metamorfomago la rodeaban y la alzaban. Teddy la estrechó contra sí y anduvo con paso firme hacia la ducha más cercana. Se detuvo cuando la espalda de Victoire chocó contra los azulejos.

La rubia bajó de un salto y ambos se fundieron en un abrazo tierno pero feroz; sentían que no había separación entre uno y otro, que eran parte de un mismo ser. Los besos se iban tornando más y más profundos, y el vapor de la ducha los envolvía difuminando el sudor con las gotas de agua que resbalaban por sus cuerpos. Victoire arqueó su espalda hacia atrás cuando sintió los dedos del Hufflepuff explorar ciertas zonas sensibles de su anatomía, y se apretó contra él tanto como les era humanamente posible.

Los labios del chico se desplazaron a su oreja, y un gemido escapó de entre sus labios cuando le mordió el lóbulo. Teddy bajó hasta su cuello, depositando suaves besos a lo largo del mismo y notando las uñas de la chica clavarse en su espalda. Sabían que cualquiera podría aparecer y verlos, pero en ese momento era lo último que les importaba. Todos sus sentidos parecían haberse esfumado excepto el tacto, que se multiplicaba por mil y enviaba descargas eléctricas a lo largo de sus cuerpos.

La rubia se giró entre los brazos del Hufflepuff, y sintió los dedos de este clavarse en su cadera y recorrer todo lo largo de su espalda dejándose guiar por las gotas resbaladizas.

Apoyó las manos en la pared frente así y, cuando sentía que no aguantaría aquella dulce tortura ni un segundo más, su novio se hundió en ella con fuerza. Se dejó guiar por sus movimientos, sintiendo el placer incrementado por el fino tacto del agua cayendo sobre ellos y el eco de las duchas que les devolvía el sonido de sus respiraciones agitadas.

Si esa era su recompensa tras cada partido perdido, no le importaría perder todos los que quedaban de curso.


Llevaban casi tres semanas reuniéndose cada vez que podían en la biblioteca, pero todavía no han encontrado nada que les fuera útil. Theo ya había comenzado el primer libro de "Leyendas del mundo mágico" y Lydia estaba a punto de terminar el último de la sección "Historia de Hogwarts y sus fundadores". De alguna forma, sentía que, si no encontraban nada allí, no lo encontrarían en ninguna parte.

Los primeros días ambos habían estado entusiasmados y se habían implicado a fondo en la tarea que tenían por delante; pero conforme el tiempo pasaba, su ánimo mermaba y, aunque no lo hubieran mencionado en voz alta, ambos sentían que estaban llevando a cabo una empresa sinsentido.

- ¡Mira! - susurró Lydia de golpe, haciendo que Theo alzara la cabeza desorientado y parpadeara repetidas veces -. ¿Estabas dormido?

El Slytherin se desperezó mientras se frotaba la cara.

- Puede ser - Lydia puso los ojos en blanco -. Perdón, es que he dormido fatal.

- No pasa nada - la Ravenclaw pareció acordarse de golpe de por qué había llamado su atención, y le indicó que se sentara a su lado -. Creo que he encontrado algo útil.

El Slytherin alzó las cejas interesado y acudió donde le decía.

- Verás - comenzó Lydia visiblemente excitada -, en realidad no sé si nos puede ayudar pero… - el chico suspiró -. Oye, escúchame antes de quejarte. Mira, lee esto.

El Slytherin leyó lo que ella le señalaba.

- "... y cada uno de los fundadores decidió crear una estancia en el castillo que sirviera como memoria de su figura, plasmando en cada una de las habitaciones las aspiraciones más profundas de su alma bla bla bla…" - se giró -. ¿Y por qué crees que puede ser una pista?

- Porque si mi memoria no falla, conocemos las habitaciones secretas de cada uno de los fundadores excepto de uno.

El Slytherin pareció reflexionar.

- Salazar Slytherin creó la cámara del basilisco.

Lydia asintió y añadió:

- La Sala de los Menesteres fue creada por Helga Hufflepuff para proveer asilo y cuidado a todo aquel que lo buscara, y la habitación cambiante es una prueba de ingenio elaborada por Rowena Ravenclaw.

- ¿Y Godric Gryffindor?

- Tiene que ser el jardín.

Theo reflexionó unos segundos.

- ¿Qué interés podría tener Gryffindor en un jardín secreto? No parece una prueba de valentía. No sé, Lydia… puede ser cualquier otra sala desconocida. Puede que incluso ya no exista, como la Sala de los Menesteres.

La Ravenclaw negó con la cabeza.

- En este libro se habla con profundidad de Gryffindor; era un caballero y un guerrero, pero también era amante de las criaturas mágicas. De hecho, algún libro de los de la lista de "Criaturas mágicas" fue escrito por él mismo; viajó por todo el mundo recabando información de las diferentes especies, descubrió especies que hasta el momento se desconocían. ¿Qué mejor habitación podía crear en el castillo…?

- ¿...que un jardín con algunas de las criaturas que tanto le interesaban? Tiene que ser eso, Lydia - los ojos de Theo se habían iluminado -. Ese jardín tiene que ser real.


- ¿Y bien? - Teddy se giró hacia su amigo y arqueó una ceja.

- ¿Y bien qué?

- ¿Qué os traéis tú y Lydia entre manos? Últimamente pasáis más tiempo juntos que nunca.

El Slytherin se encogió de hombros y trató de mostrar indiferencia.

- Estudiamos juntos - habían decidido que, hasta que no encontrasen una pista sólida, no contarían nada a Teddy y Victoire sobre el jardín secreto.

- ¿Estudio y nada más? - el metamorfomago elevó la cejas, sugerente.

- Ya sabes que solo somos amigos.

Teddy alzó los brazos al cielo con resignación.

- Sí, pero no tendriais que ser solo eso y tú lo sabes. No puedes dejar que acabe el curso sin haber aprovechado la oportunidad.

- Es que… - el moreno, por extraño que pareciera, se había quedado sin respuesta posible - no sé, Teddy. Ella es mi mejor amiga y no quiero fastidiar eso.

El Hufflepuff rodó los ojos.

- Pero si ni siquiera podéis estar juntos sin comeros con la mirada. Tú la deseas, y lo mismo le pasa a ella. Y…

- Nos acostamos el año pasado - todavía no se había atrevido a decirlo en voz alta, y en el mismo momento en que lo soltó, notó como si se deshiciera un nudo en su pecho.

- ¡¿Qué?! - algunos alumnos que pasaban por su lado se giraron para mirarlos, pero el metamorfomago no les prestó atención. Miró a su alrededor y agarró a Theo del brazo hasta llevarlo a un lugar más apartado -. ¿Y se puede saber por qué no me lo habías dicho antes? - parecía entusiasmado y dolido al mismo tiempo.

El Slytherin miró al techo y pareció buscar una respuesta adecuada.

- Fue el último día de curso. Después llegó el verano, y… no hemos hablado sobre ello - se pellizcó el puente de la nariz -. No sé, es todo muy confuso.

- ¡Pues tenéis que hablarlo! - dijo Teddy con pasión y volvió a zarandear a su amigo -. ¿Estás loco?

El moreno frunció el ceño.

- No es tan fácil.

- ¿Que no es tan fácil? - Teddy elevó una ceja y estudió la expresión del Slytherin -. Simplemente no te atreves a dar ese paso.

El Slytherin lo miró frustrado.

- Evidentemente que no me atrevo a dar ese paso. A ver, ¿no crees que si ella no me ha vuelto a comentar nada de aquella noche es porque lo lamenta?

- Tú no lo lamentas y tampoco has intentado hablar con ella; simplemente creo que los dos estáis siendo unos cabezones. Pero Lydia quiere estar contigo, ¿cómo puedes no darte cuenta?

En su fuero interno, Theo lo sabía, y también sabía que estaba actuando como un cobarde. Suspiró con resignación.

- Supongo que… supongo que todo este tiempo los dos hemos esperado a que el otro dé el paso.

- Pues de esta semana no pasa. El sábado hay una fiesta, y me niego a que ese día te vayas solo a dormir. Te acercarás a Lydia, y le dirás lo que sientes - le guiñó un ojo.

- ¿Sabes que a veces te pones muy mandón? - el moreno le dio un puñetazo amistoso, y Teddy le pasó el brazo alrededor de los hombros.

- Ya me lo agradecerás.


Lydia se sentó en la cama de Victoire, sintiendo como la tensión acumulada durante la semana disminuía conforme la rubia le cepillaba el pelo.

- A Theo le va a encantar verte con esta trenza - rió mientras comenzaba a peinar a la Ravenclaw, que intentó evitar sonrojarse.

- ¿Por qué dices eso?

Aunque no la viera, Victoire rodó los ojos.

- Vamos Lydia, es evidente que te gusta… y que tú le gustas a él - añadió algunos mechones más al recogido -. Y además, no creáis que Teddy y yo no nos hemos dado cuenta de que últimamente os pegáis tardes enteras juntos.

- Solo estudiamos.

- ¿Y no ha ocurrido nada más? - preguntó con voz animada.

Lydia se mordió el labio; llevaba desde septiembre queriendo hablar de aquello con Victoire, pero el momento había llegado y las palabras tardaban en salir de su boca.

- Nos acostamos el año pasado - lo dijo rápido, como cuando te quitas una tirita para evitar hacerte daño, y supo, por el involuntario tirón de pelo que recibió, que aquello había calado en su amiga.

- ¡¿Cómo?! - Victoire dejó la trenza a medio hacer y rodeó la cama para situarse frente a frente con Lydia, que evitaba mirarla -. ¿Y no se te había ocurrido contármelo? Además, ¿por qué no ha vuelto a suceder? - la rubia abrió los ojos como si acabara de darse cuenta de algo -. ¿Tan mal fue?

Lydia negó con la cabeza y se pasó las manos por la cara.

- Fue genial.

- Lydia McLean - la rubia le cogió la cara entre las manos -. Me estás diciendo que os acostasteis y que estuvo genial. Pero después de eso… ¿qué ocurrió?

- Nada. No ocurrió nada, eso es lo malo. No hemos hablado de ello.

La Gryffindor parecía más desorientada por momentos.

- ¿Pero por qué?

Lydia se encogió de hombros.

- No lo sé, Victoire, en serio que no lo sé. Y cada vez que lo miro me acuerdo, y estoy a punto de decírselo o lanzarme a sus brazos. Pero a última hora… no me atrevo. Él es mi amigo, somos mejores amigos desde hace años, y no quiero fastidiar eso. ¿Y si a él le pareció un error? ¿Y si…?

La rubia elevó una mano.

- No más "y si". Lo que pasa aquí es que ninguno de los dos tiene las agallas suficientes como para hacer lo correcto. Yo le he visto mirarte, Lydia. Te mira cada vez que hablas en clase, cada vez que llegas o te vas; cada vez que tú no te das cuenta, él te mira como si no hubiera visto nada mejor en toda su vida. Y, o das el paso necesario, o te vas a arrepentir el resto de tu vida.

Lydia tomó la mano de su amiga.

- ¿Y qué sugieres?

Victoire se alzó con determinación.

- Que cojas al toro por los cuernos y hagas de este sábado un día para el recuerdo.


Theo giró sobre sí mismo, tratando de encontrar entre la multitud que se reunía en el Salón Común aquel cabello oscuro que tan familiar le resultaba. De pronto, sus ojos se encontraron con una mirada violeta, pero antes de que pudiera avanzar hacia ella una figura se interpuso en su camino. El Slytherin reprimió un quejido de fastidio al observar ante sí al chico de cabello pajizo, ojos oscuros y sonrisa engreída que tanto se arrepentía de conocer.

- ¿Qué tal, Theo? Hace demasiado que no hablamos, ¿no crees? - olía a whiskey de fuego y sus ojos estaban vidriosos, como si no estuviera en realidad allí.

- Corey - intentó que su voz no sonara borde, aunque lo consiguió solo a medias -. Me dijeron que sacaste buenas notas en los TIMOS; enhorabuena.

El Ravenclaw alzó una ceja.

- Vamos Theo, si te esfuerzas un poco más quizás consigas sonar sincero.

El moreno miró a su alrededor incómodo, y se giró hacia el rubio notando como perdía la poca paciencia que tenía.

- ¿Qué quieres?

- Te he echado de menos - Corey extendió una mano hacia la cara del Slytherin, pero este volvió el rostro rechazándolo -. Lo he intentado, pero no he conseguido dejar de pensar en ti.

- Estás borracho.

- Los borrachos siempre dicen la verdad - dio un paso hacia delante, situándose a escasos centímetros del moreno. El Slytherin se giró con fastidio y notó varios pares de ojos curiosos clavados en ellos.

- Salgamos fuera - un brillo maligno apareció en la mirada del Ravenclaw -. A hablar - puntualizó Theo, sin poder obviar la sonrisa lobuna que se dibujó en la cara del otro.

Recorrieron el pasillo, alejándose tanto como pudieron de los oídos ajenos, y finalmente Theo se giró hacia Corey.

- ¿Por qué has venido ahora?

- Ya te lo he dicho, porque te echaba de…

- Me refiero a la razón real - el Slytherin lo conocía, y sabía que sus intenciones nunca eran del todo puras. Siempre había algo más, siempre actuaba a favor de su propio interés -. ¿No estabas con Dean McGregor? - el rubio torció la nariz al oír aquel nombre, y Theo suspiró con fastidio -. Déjame adivinarlo, habéis discutido e intentas ponerlo celoso.

- En realidad, hemos cortado.

- Entonces lo que intentas es liarte con otro para llamar su atención y que vuelva a interesarse en ti - puntualizó el moreno.

- Veo que lo has entendido - Corey le guiñó un ojo, y Theo tuvo que emplear toda su fuerza interna en contener las ganas de darse la vuelta y marcharse.

- Vas a tener que encontrar a otro.

- No te reconozco - el Ravenclaw escupió las palabras con malicia -. Hasta donde yo recuerdo, Theo Black nunca rechazaba las oportunidades que se le ponían con delante.

- Las buenas oportunidades - recalcó -. Y creo que dejé claro que no quería tener nada más que ver contigo - Corey y él estuvieron quedando de manera intermitente durante la primera mitad de su sexto curso, pero Theo enseguida se cansó de su irascible personalidad y su ego desmedido, y decidió alejarse lo máximo posible de su toxicidad.

El rubio se lanzó hacia Theo en un último intento desesperado, con tan mala suerte que, al apartarse este, se dio de bruces contra la pared que había a su espalda. El Slytherin maldijo entre dientes mientras se arrodillaba a su lado e intentaba tapar la hemorragia de su cabeza.

- Joder. ¡Ayuda! - un par de Hufflepuffs que parecían pequeños llegaron corriendo y, para suerte de Theo, no hicieron ninguna pregunta. Simplemente se agacharon a su lado y lo ayudaron a elevarlo para llevarlo hasta la Enfermería.

Madame Pomfrey acudió con rapidez cuando tocaron a la puerta y enseguida dominó la situación. Tendió a Corey sobre una de las camillas del fondo y, con un par de movimientos de varita, consiguió detener la salida de sangre.

- Black, ya comenzaba a extrañarme no haberlo visto a estas alturas del curso.

El Slytherin sonrió entre dientes.

- Digamos que me estoy tomando séptimo con calma.

- Eso espero, porque hace años no hubiera apostado ni un sickle a que terminaría sus estudios tan…

- ¿Apuesto? - el moreno le guiñó un ojo y la enfermera puso la mirada en blanco mientras enrollaba una venda alrededor de la cabeza del Ravenclaw.

- Tan entero. Dígame, ¿qué ha ocurrido?

Theo carraspeó.

- Se cayó - se ganó una mirada dubitativa de la enfermera, que no hizo ninguna pregunta más y terminó de colocar el vendaje entre los quejidos de Corey.

- Vamos, vamos, no es para tanto. El golpe estará curado dentro de unos días, y tiene suerte de que no alerte a la directora sobre su evidente estado de ebriedad. Pasará la noche en la Enfermería para asegurarnos de que no ha sufrido una conmoción, y le daré un jarabe para disminuir la resaca de mañana - se giró y se encaminó hacia su despacho -. Usted no puede quedarse con él Black, ya conoce las normas.

El Slytherin sonrió.

- No se preocupe, Madame Pomfrey - dirigió una última mirada al rubio que todavía se palpaba la coronilla con una mueca de dolor y se giró para dirigirse hacia la salida -. Es lo último que desearía.

Había tenido muchas esperanzas puestas en aquella noche, llevaba toda la semana soñando con ello. Por fin, después de tanto tiempo, había decidido hablar con Lydia y poner las cartas en la mesa. Por eso le frustraba tanto el giro inesperado de la velada; se sentía agotado mentalmente por el incidente con Corey y no le parecía un momento apropiado para hablar con la Ravenclaw. Notando una bola de ira gestarse en su pecho, golpeó la puerta de una de las aulas por delante de las que pasaba y tomó el camino descendente de las escaleras. Lo único que le apetecía en aquellos momentos era dormir y olvidarse de todo.


Lydia conservó las esperanzas de que Theo volviera durante más de un cuarto de hora. Se dijo para sus adentros que tenía que haber una explicación razonable para el hecho de que el Slytherin se hubiera ido de la fiesta con Corey Davidson, uno de sus compañeros de Casa más engreídos y odiosos. Pero cuando tras un décimo repaso a la gente del Salón Común no divisó a ninguno de los dos, tuvo que aceptar la realidad. Sabía que Theo y Corey habían mantenido una especie de relación durante el principio del curso anterior, pero después de eso su amigo había hecho todo lo posible por pasar del otro… o eso pensaba.

Se sentía estúpida, como si hubiera tenido la realidad delante de sus narices durante mucho tiempo y solo entonces hubiera sido capaz de verla. ¿Qué había esperado, que Theo apareciera y se le declarara? Porque eso no iba a pasar, ni entonces ni nunca. Por mucho que le doliera, por mucho que le costara aceptarlo, el Slytherin no veía en ella nada más que una amiga. Pero, si era así, ¿por qué llevaba dándole esperanzas todo el curso? ¿Por qué se había acostado con ella el año pasado? Nada tenía sentido, y cuanto más intentaba llegar a una conclusión razonable, más se confundían sus pensamientos.

Sintió rabia, porque había llegado a creer que Theo había cambiado: durante muchos años había sido un ligón, uno de los principales partidos de Hogwarts. Era atractivo y seductor, y había exprimido esas facetas al máximo. Sin embargo llevaba ya casi un año apartado de esa ajetreada vida, y Lydia, en el fondo de su corazón, siempre había creído que era por ella... ahora se daba cuenta de lo equivocada que había estado.

Observó a Victoire hablar con algunas chicas de su curso a lo lejos, pero su corazón le decía que se fuera de allí, que buscara la soledad para poder compadecerse de sí misma. Se giró y abandonó el Salón Común, sintiendo un enorme peso instalarse en el fondo de su pecho con cada paso que daba para alejarse; había tenido grandes expectativas puestas en esa noche y de pronto todo se había vuelto en su contra. Solo quería tumbarse y dormir hasta que se le olvidara su nombre y el nombre del chico que, inconscientemente, tanto daño acababa de causarle.


Durante el último mes, Theo y Lydia habían pasado las tardes enteras de los domingos en la biblioteca, empeñados en continuar con su investigación y seguros de que acabarían encontrando algo de provecho. Por eso al Slytherin le extrañó tanto que no acudiera a su encuentro después del desayuno. Sabía que la noche anterior había estado de fiesta, pero la conocía y eso no solía ser un impedimento para la chica a la hora de estudiar desde la primera hora de la mañana.

Decidió subir hasta la torre de Ravenclaw, donde una de las amigas de Lydia le informó de que ya había salido hacia la biblioteca. Y, efectivamente, allí fue donde la encontró, sentada como era ya costumbre en aquella apartada mesa entre las estanterías de "Historia de la magia" y "Herbología". Supo que ella lo había visto, pero extrañamente no levantó la cabeza ni un segundo de su lectura.

- ¿Por qué no me has esperado? - la sonrisa se borró de su cara al ser ignorado por la chica -. ¿Lydia?

- He venido antes de tiempo.

- Podrías haberme avisado y hubiera venido contigo - sintió una punzada en el pecho ante la mirada de indiferencia que le dirigió la Ravenclaw -. ¿Estás enfadada conmigo?

- No - supo que era mentira por la forma en la que se tocó el pelo al contestarle.

Theo se sentó en la silla de al lado de la chica y la observó en silencio hasta que a esta no le quedó más remedio que devolverle la mirada.

- ¿Pasó algo ayer por la noche?

- No sé, dímelo tú - se mordió la lengua, pero ya era demasiado tarde. Ya lo había soltado.

Theo frunció el ceño y pareció reflexionar unos instantes.

- ¿No será por lo que Carey Davidson?

- Así que es cierto - replicó con frialdad Lydia, sintiendo como cualquier esperanza se apagaba en su interior -. Mira, no tenía pensado decirte nada, pero ya que insistes, ahí va: sé que no he de meterme en tus asuntos, pero creo que te has comportado de manera…

- Yo no le pegué - Theo bajó la voz hasta casi convertirla en un susurro-. Corey iba borracho, se tropezó y se golpeó contra la pared.

La Ravenclaw parpadeó confundida.

- ¿Cómo que no le pegaste? ¿A qué te refieres?

- Mira, no sé cómo te has enterado, supongo que alguno de esos Hufflepuffs se fue de la lengua, pero te juro que no era lo que parecía.

- Pero Theo… - Lydia había olvidado que estaba enfadada y se estrujaba los sesos por intentar comprender algo del incoherente discurso del Slytherin.

- No Lydia, déjame explicarme. Verás, Carey se puso muy pesado ayer y le sugerí salir a hablar al pasillo para evitar las miradas curiosas. Resulta que ha cortado con McGregor, ¿sabes? Aunque a mí no me extraña, hace falta ser muy gilipollas para aguantar a Davidson más de dos minutos. El caso es que empezó a ponerse pegajoso y yo me aparté, y se tropezó y se golpeó la cabeza. No sé lo que te habrán contado, pero juro que fue así - paró un momento para tomar aire -. Yo no le pegué, y desde luego no fue porque no se lo mereciera.

- ¿Osea que lo rechazaste? - la Ravenclaw se había quedado con esa parte del monólogo de su amigo.

- ¿A qué te refieres? Pues claro que lo rechacé. ¿Qué interés podría tener yo en él?

- No sería la primera vez.

- Eso es cosa del pasado - el Slytherin parecía ofendido, y Lydia se mordió el labio y bajó la cabeza.

- Lo siento, Theo - de pronto, le parecía estúpido haber creído que de verdad podría haberse liado con Carey Davidson.

Theo pareció sorprendido porque Lydia se tomara tan a pecho aquello.

- Eh, no pasa nada - el chico le dedicó esa sonrisa que conseguía derretirle el corazón -. Pero la próxima vez, antes de creer lo que otros dicen, pregúntame.

- Lo sé, he sido idiota.

- Serás idiota el día en que los peces vuelen - el Slytherin le dió un último apretón cariñoso en el hombro y se giró hacia el enorme libro que la Ravenclaw tenía abierto ante sí, cerrándolo de golpe.

- ¡Theo! ¡No he marcado la página!

- No hace falta; he tenido una idea - Lydia frunció el ceño -. Verás, es solo que no me parece posible que vayamos a encontrar instrucciones o algo así para llegar al jardín en estos libros comunes.

- ¿Y dónde quieres encontrar la forma de llegar si no?

- Piénsalo Lydia. Durante siglos estos libros se habrán leído cientos de veces; muchos de ellos son lecturas obligatorias para clase. ¿No crees que si hubiera algo escondido ya habría sido encontrado?

La Ravenclaw suspiró. Sí, claro que había pensado en eso, ¿pero qué otra cosa podían hacer?

- Si la clave está en un libro, desde luego no en estos - Theo se agachó, convirtiendo su voz en un susurro -. En esta biblioteca hay más libros que los que vemos aquí. Libros que han sido leídos por pocos o ningún estudiante. Libros que esconden secretos impensables y, desde luego, nunca serían recomendados por un profesor.

Lydia lo observaba con los ojos entornados, temiendo suponer a qué se refería el moreno.

- ¿Te refieres a la Sección Prohibida?

Theo sonrió.

- ¿Qué me dices? ¿Te apetece realizar una incursión nocturna?


Lydia se introdujo en silencio en el aula de Transformaciones y cerró la puerta con cuidado tras de sí. Cuando se giró, los ojos de Theo la observaban desde el pupitre más próximo a la entrada.

- ¡Me has asustado!

- Llevo esperando diez minutos, empezaba a preocuparme.

- He tenido que dar un rodeo, Weiss estaba haciendo la ronda por el quinto piso.

Konrad Weiss había sido el conserje de Hogwarts durante los últimos 13 años tras la jubilación de Filch. Era un mago de mediana edad y figura imponente, cuya abundante mata de pelo entrecano recordaba a un nido olvidado por el tiempo. No era simpático, pero tampoco era severo y los alumnos lo respetaban, pues admiraban la pasión con la que llevaba a cabo su trabajo; a veces te lo podías encontrar cantando despreocupado mientras colocaba en su correcta posición los retratos del pasillo o arreglaba los desperfectos provocados por algún alumno. Era una persona metódica, que cumplía las normas a rajatabla; Theo, Lydia, Victoire y Teddy habían conseguido burlarlo en numerosas ocasiones con la ayuda del Mapa del Merodeador para evitar ser capturados fuera de la cama tras el toque de queda… pero esa noche, Theo y Lydia dependían únicamente de su suerte y su ingenio.

- Bien, si dices que está en el quinto piso, con suerte no se acercará a la biblioteca. ¿Estás lista?

Lydia cogió aire.

- Estoy lista. Vamos.


Para su sorpresa, la puerta de la biblioteca no estaba cerrada, y consiguieron llegar hasta ella y entrar en su interior con aparente facilidad. La estancia parecía mucho más amenazadora por la noche, pues la débil luz de las varitas de los chicos apenas iluminaba el camino delante de sus narices. Si miraban hacia el techo, que se elevaba decenas de metros, solo veían un agujero negro, como si se tratara de un abismo infinito.

Guardaron silencio un par de segundos, hasta cerciorarse de que no había nadie allí, y avanzaron con lentitud y cautela hacia el fondo de la estancia, intentando evitar que los viejos tablones de madera crujieran a su paso. Se detuvieron ante la cadena que impedía el paso a la Sección Prohibida, y, tras tomar aire, la atravesaron con la varita en alto. Pero nada ocurrió cuando hubieron entrado en ella.

- ¿Así de fácil?

- Supongo que confían en que nadie vaya a intentar entrar.

Lydia frunció el ceño y giró sobre sí misma. A simple vista, aquella estancia parecía igual que la biblioteca principal solo que más pequeña. La sala contaba con tan solo tres estanterías altas y polvorientas, en las que reposaban algunos de los libros más peligrosos jamás escritos en el mundo mágico.

- ¿Lo oyes? - Lydia guardó silencio y enseguida supo a qué se refería su amigo. Una especie de murmullo, como si emanara de las paredes de la Sección Prohibida, se elevaba de manera suave pero imponente.

- Creo que son los libros - Theo dirigió un vistazo rápido a la sala -. Tenemos que tener cuidado.

La Sección Prohibida estaba prohibido por motivos evidentes. Antiguamente, los alumnos habían tenido acceso a todos los libros que allí había; muchos de ellos escondían conjuros inimaginables, maldiciones que conducían a la locura, hechizos de magia negra... en el siglo XIV, cuando un desafortunado incidente inició la temida Peste Negra que se llevó la vida de un tercio de la población de Europa, quedó claro que debía vetarse la entrada a todo aquel que no estuviera autorizado. Theo, Lydia, Teddy y Victorie habían realizado muchas escapadas nocturnas, muchas incursiones secretas; pero nunca se habían adentrado en la Sección Prohibida, pues el simple hecho de pensar en ello les ponía los pelos de punta.

- Tenemos menos de tres horas para encontrar algo que nos sirva - el Slytherin alumbró la estantería más cercana y sintió un escalofrío de temor al leer algunos de los títulos -. ¿Cómo sabremos dónde buscar?

- Yo empezaré por la estantería del final y tú por la del principio. Lee todos los títulos, y si hay alguno que te llame la atención, avísame. Pero sobre todo no toques ningún libro a menos que sea estrictamente necesario.

Theo asintió.

- Suerte, y ten cuidado - Lydia le dirigió una última mirada y se encaminó hacia el fondo de la estancia, intentando hacer el menor ruido posible, como si tratara de pasar inadvertida ante los cientos de tomos que parecían observarla.

Pasó más de hora y media sin que ninguno de los dos encontrara nada de utilidad. Llegaron hasta la estantería central casi al mismo tiempo, y cuando apenas quedaban 30 libros por revisar y comenzaban a darse por vencidos, algo pareció llamar la atención de Theo.

- Lydia, ven - susurró, y la morena se acercó con presteza -. ¿Qué opinas de esto?

La morena leyó los títulos que le señalaba el Slytherin y sintió como la llama de la esperanza se volvía a encender en su interior.

- "El lado oscuro de Hogwarts", "Hechizos para la captura y doma de animales fantásticos" - Lydia asintió, esperanzada -. Coge tú uno y yo reviso el otro.

Theo abrió el pesado volumen que le tendió la chica y sintió la desilusión crecer en su interior. Aquel libro de criaturas fantásticas no tenía texto, solo había imágenes de los diferentes animales junto a las indicaciones sobre cómo hacerse con ellos. La mayoría de esas instrucciones le parecieron no solo difíciles sino bastante peligrosas. Además, se dio cuenta de que la mayoría de criaturas que aparecían en las ilustraciones estaban desfiguradas o heridas. Cerró el libro con frustración y se giró hacia Lydia.

- Este no nos sirve.

- Este puede que este sí, pero necesito más tiempo.

Theo se inclinó sobre ella y leyó por encima del hombro de la Ravenclaw.

- ¿Habla de algún pasadizo o algo así?

Lydia frunció el ceño.

- No, es más… más oscuro. No sabría definirlo. Habla de algunas de las muertes que han tenido lugar en Hogwarts a lo largo de los años. Mira - señaló un título que rezaba "la tragedia del Comedor" -. En 1407 un hechizo, se cree que lanzado por algún alumno resentido, hizo estallar el Gran Comedor; murieron 328 personas.

El Slytherin frunció el ceño.

- Pero eso no es lo peor. Hay ilustraciones gráficas de todo. Te detalla qué hechizos se usaron en cada asesinato o cómo quedó el cuerpo de los fallecidos. Es horrible.

La Ravenclaw pasó las páginas más rápido, hasta que la mano de Theo la detuvo.

- Lydia - el muchacho sonaba casi eufórico -. Mira.

La Ravenclaw miró donde apuntaba el dedo del Slytherin y sintió un estallido de emoción en su interior al leer, en la esquina superior de la página en la que se encontraban las iniciales "W.B.".

- ¿Crees que podría ser él?

- William Barrow - la Ravenclaw se mordió el labio -. No puede ser una coincidencia.

Sin embargo, en aquella página solo había un poema escrito en runas doradas que parecían bailar bajo la luz de las varitas.

- ¿Tú estudiaste runas un par de años, no?

La morena asintió. Se estaba esforzando al máximo por tratar de descifrar el significado de las mismas; el alfabeto rúnico era extremadamente complicado, y había una runa que no recordaba, lo cual impedía que entendiera el significado global del mensaje.

- Necesito pergamino y pluma - el Slytherin se giró buscando algo que le sirviera, y encontró un trozo viejo de pergamino en lo alto de la segunda estantería junto a un trozo de carboncillo a medio usar.

- ¿Te sirve?

- Sí, perfecto - en un momento, Lydia copió la inscripción y devolvió el libro a la estantería más cercana sin preocuparse de dónde lo dejaba -. Intentaré descifrarlo con más calma… - de pronto, el ligero murmullo que llevaban escuchando desde que habían llegado comenzó a aumentar en intensidad, hasta que se convirtió en un coro de gruñidos y quejidos que provenían de todas partes. Sin previo aviso, uno de los libros de la balda superior salió volando, y se tuvieron que echar al suelo para esquivar los colmillos que parecían haber brotado en su lomo. A ese libro le siguió otro, y otro, y otro, y de pronto una docena de libros se alzaba sobre ellos como una bandada de pájaros dispuesta a atacarlos.

- ¡Vamos! - el Slytherin se levantó y arrastró a la chica detrás suya, que avanzaba con dificultad tras haberse torcido el tobillo al caer. Theo sintió que unas garras afiladas se clavaban en su hombro, pero no se permitió mirar atrás ni un segundo hasta que hubieron atravesado de nuevo la cadena que separaba la Sección Prohibida del resto de la biblioteca. En el mismo instante en que pusieron un pie fuera el ensordecedor ruido desapareció, y ambos se giraron sorprendidos para ver cómo los libros trataban de seguirlos pero se chocaban contra una pared invisible.

- No pueden salir de ahí - Lydia suspiró dejando escapar los nervios y se tendió de espaldas en el suelo -. ¿Qué ha ocurrido?

- Creo que has colocado el libro en un lugar incorrecto - Theo emitió un quejido de dolor y se llevó los dedos al hombro, donde se le había rasgado la túnica y una herida larga pero superficial chorreaba sangre -. ¿Estás bien?

Lydia se tocó el tobillo.

- Sí, no parece un esguince - se levantó y avanzó con dificultad hasta él -. Deberíamos curarte esa herida. ¿Me dejas?

El moreno asintió y Lydia le levantó la túnica con cuidado hasta dejar su espalda al aire. Observó los músculos contraídos de la espalda del chico y no pudo evitar sentir un escalofrío recorrerla. Sonrió al ver que la piel de Theo se ponía de gallina cuando la tocó, y realizó los encantamientos sanadores con tanta calma como le fue posible, disfrutando cada segundo. En la enorme sala solo se escuchaban sus respiraciones, y se dejaron envolver por aquel momento mágico; en un instante de valentía, la mano de Lydia recorrió el hombro del Slytherin hasta bajar poco a poco por su pecho. El chico se reclinó hacia atrás hasta apoyarse en ella y dejó que siguiera recorriendo su abdomen con suavidad, notando un gran calor en la zona de las orejas. Pero tan pronto como había empezado, el hechizo se rompió y la mano de Lydia se apartó rápidamente de su cuerpo.

- ¡Ya recuerdo la runa! Puedo descifrar el mensaje ahora mismo.

Theo contuvo un quejido de fastidio y se recolocó la túnica, a sabiendas de que debía haber aprovechado el momento cuando todavía podía.

Lydia lo miró con los ojos entornados y de pronto se dio cuenta del poco tacto que había tenido al apartarse así del chico y maldijo su torpeza.

- Yo…

El Slytherin negó con la cabeza restándole importancia.

- En otro momento quizás.

Aquella promesa quedó en el aire, y los chicos se observaron en silencio hasta que, de golpe, el sonido de la puerta abriéndose los devolvió a la realidad.

- ¿Quién anda ahí? - se escondieron tras la estantería más cercana al oír la voz ronca de Weiss y fueron avanzando poco a poco hacia la salida mientras el conserje seguía penetrando hasta el fondo de la biblioteca. Se ayudaron de las mesas y estanterías para ocultarse, e intentaron andar rápido pero haciendo el menor ruido posible. Una vez estuvieron cerca del mostrador de la entrada, echaron a correr como si los persiguiera el diablo.

Supieron que Weiss los había visto porque salió en su persecución, pero para cuando llegó al umbral de la puerta ya había perdido a los chicos. Miró a un lado y otro del pasillo y maldijo para sus adentros, mientras se aseguraba de dejar bien cerrada la puerta a sus espaldas.

Cuando estuvo segura de que el conserje no los había seguido, Lydia arrastró al chico consigo a una de las clases por delante de las cuales pasaban. Cerró la puerta a sus espaldas y se apoyó contra ella, tratando de recuperar el aliento.

- Dame cinco minutos y tendré el significado del poema. Si "W.B." significa William Burrow, tiene que tener algo que ver.

El Slytherin se situó tras la chica y esperó paciente, mientras ella iba escribiendo la transcripción de las runas. Cuando hubo terminado, Lydia se volvió con los ojos brillantes y expresión asustada. Theo se mordió un labio y asintió con la cabeza: ya no había ninguna duda de que ese jardín de hadas existía, y aquellos breves versos les ayudarían a encontrarlo. Pero había algo en ellos que les ponía los pelos de punta, una advertencia que parecía presagiar un peligro terrible.

"Las paredes del castillo

ya comienzan a olvidar,

mas todo aquel que me busque

bien me logrará encontrar.

''

A plena luz del día,

entre robles escondido,

aguarda el tesoro de Godric

al estudiante atrevido.

''

Ten cuidado, visitante

pues bajo peligro mortal

te encontrarás si decides

cualquier objeto robar.

''

Sigue el canto de las hadas,

por su voz déjate guiar,

y no olvides la advertencia...

si pretendes regresar."


❤️ ¡FIN DEL CAPÍTULO! ❤️

¡Espero que os haya gustado! ¿Qué os ha parecido? Sé que la primera parte ha sido un poco más lenta, pero no podéis negarme que el final ha sido emocionante 😊

He intentado reflejar un poco cómo va evolucionando su investigación antes de llegar a la cúspide: ese poema final (escrito por mí, me siento muy orgullosa jeje) que les indicará, si saben interpretarlo, cómo llegar al jardín escondido. ¿Creéis que lo lograrán?

Me gustaría reflejar más parte de la vida en Hogwarts, más clases, comidas, fiestas... pero va a ser una historia corta y, aunque tengo que darle un trasfondo creíble, tampoco puedo detenerme con todos los detalles. Espero que os guste esta forma de llevar la historia :)

Sobre todo en este capítulo ha habido mucho amor: hemos visto un momento bastante apasionado de Victoire y Teddy, hemos visto como Theo y Lydia se sinceraban con sus amigos acerca de sus sentimientos, hemos visto como un viejo amor del pasado trataba de introducirse de nuevo en la vida de Theo... al fin y al cabo, son adolescentes con las hormonas revolucionadas, y hay amor y atracción por todas partes 😜

Sobre todo me centro en esa especie de relación entre Theo y Lydia porque ME ENCANTAN 😍 Y no quiero desarrollar su relación con rapidez; va a ser un romance a fuego lento, casi desesperante, para que podamos disfrutar cada uno de sus momentos :)

No me quiero alargar mucho más, así que de nuevo espero que os haya gustado. Seguidme en la dirección de instagram de mi biografía si queréis estar al tanto de todas las actualizaciones y, como siempre os recuero, por favor dejadme una review o un mensaje por instagram con vuestra opinión, me ayudan muchísimo y, a la vez, siento mi trabajo recompensado. Aunque no lo parezca, detrás de cada capítulo hay horas y horas de trabajo, de ideas fallidas, de retoques... todo para que lo podáis disfrutar :) Así que porfavor, dejadme vuestra opinión. Os planteo un par de preguntas: ¿entendéis el poema vosotros? ¿Dónde creéis que deberían buscar?

No olvideis darle al Go y recomendar la historia a todos aquellos que conozcáis que ya hayan leído "Dulce perdición" :) Y, de nuevo, por favor dejadme vuestra opinión 😊

Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;

- Daphnea ❤️