DISCLAIMER: Los personajes de Orgullo y Prejuicio pertenecen a Jane Austen y sus herederos. Esta historia sí es de mi invención.


Maria Lucas - Porcelana

Maria alzó la vista hacia las cristaleras, mirándolas con admiración. ¡Qué grandes y hermosas! De fondo, escuchaba el parloteo incesante de su cuñado, el señor Collins. ¡Qué afortunada era Charlotte, que podía disfrutar de todo eso siempre que quisiese! No quería terminar con alguien como Collins, pero sería fantástico poder disfrutar todos los días de jardines como los de Rosings.

A su lado, Elizabeth y Charlotte parecían hastiadas, y no entendía por qué. Charlotte no hacía tanto que había salido de la relativa humildad de su casa, y Elizabeth no podía haber tenido la oportunidad de ver algo así en su vida.

-Señor Collins - intervino al fin. -¿Es todo Rosings tan espléndido como esa vidriera?

-¡Por supuesto que sí, e incluso más! - contestó el señor Collins, casi ofendido. -La muy honorable lady Catherine de Bourgh no escatima en gastos para que su casa sea una muestra de lo espléndido de nuestra cultura. El año pasado, sin ir más lejos, gastó más de 4000 libras en redecorar su pequeño salón de lectura. ¡Y con qué gusto lo hizo! Con un poco de suerte, tendremos la inmensa fortuna de verlo hoy.

Maria tragó saliva. No creía ser capaz de asumir toda esa belleza en un solo día. ¡4000 libras! Lo máximo que se gastaba su padre era 40 libras, y solo para comprar las horribles figuras de porcelana que tanto le gustaban a su madre.

Maria siguió al resto hasta el interior, cada vez más asombrada. ¡Que recibidor! ¡Y todas las velas de las lámparas encendidas, como si ellos fuesen una visita importante! El mayordomo les hizo pasar a un esplendoroso salón, con aves exóticas en pajareras, y grandes frescos pintados en las paredes. Maria no olvidó sus modales y se inclinó ante la señora de la casa, una mujer tan bien vestida como su casa daba a entender. Y, si su tono podía resultar irrespetuoso, ¿no tenía acaso derecho? ¡Les estaba enseñando maravillas sin par!

Justo antes de la cena, lady Catherine se dirigió directamente a ella.

-Muchacha, he visto como mirabas las pinturas y la decoración de la estancia. ¿Quieres ver alguna sala en especial?

-Oh, sí, señora - le contestó Maria, emocionada. -¿Podríamos ver la sala de lectura?

-Por supuesto, acompaña a mi mayordomo y él te la enseñará. Soy de la opinión de que una casa debe elevar el ánimo de sus habitantes y visitantes, e incluso culturizarlos - añadió para el resto.

-Por supuesto, señora, yo no podría haberlo dicho mejor - contestó el señor Collins mientras Maria se levantaba para irse con el mayordomo.

Con regocijo, Maria recorrió los pasillos de Rosings, siguiendo al silencioso mayordomo. Tras cada esquina había algo, y Maria se divertía pensando en cuanto podía haber costado esa pieza específica. Hasta que, al fin, el hombre paró y abrió una puerta, apartándose para dejarla pasar.

Maria entró, y se quedó boquiabierta. Los muebles parecían de ébano, con volutas grabadas en su superficie. Cierto que parecía algo oscura para ser una sala de lectura, pero lady Catherine podría permitirse gastar todas las velas que necesitase. Y hablando de luz... Maria se giró hacia la chimenea. Sin embargo, cuando vio lo que había sobre la repisa, no pudo creérselo, así que se acercó más para poder verlo mejor. ¡Eran las horribles figuras de porcelana, igual que las que compraba su madre! Con gran decepción, volvió a mirar el salón, descubriendo en ese momento que ya no le parecía nada esplendoroso. ¡Y era tan oscuro! Casi llorando, salió de allí para reunirse con el resto.

Y así, Maria Lucas siempre recordó la visita a Rosings con amargura, puesto que aquella sala de lectura le había quitado una maravillosa venda de los ojos.


N.A.: Para mi eterna vergüenza, ayer tuve también problemas con Internet, así que hoy he tenido que subir dos de una tacada. ¡Espero que os haya gustado, se agradecen las reviews!