¡Hola! Antes de empezar os voy a dejar los dos poemas que han descubierto Theo y Lydia para que los recordéis y se os haga más fácil seguir la primera parte del capítulo. ¡Espero que todos sigáis bien!
Poema del diario de William Barrow:
"En el jardín de las hadas
hemos jugado tú y yo…
mariposas con sus alas,
luciendo todo el color
de sentimientos y ansias
disfrazados de pudor.
Y las hadas sonreían,
entre árboles y flores;
nos miraban a escondidas,
y en sus mejillas… rubores.
¿Quién hubiera imaginado,
que estaba siendo engañado?
¿Acaso fue nuestra culpa
el ceder a sus encantos?
Hoy maldigo aquel día
en que el jardín encontramos,
y maldigo la avaricia
que te apartó de mi lado.
Mi querida Madeleine,
ya nada tiene sentido.
Espérame con paciencia;
pronto me tendrás contigo."
Poema que tradujeron de las runas en el último capítulo:
"Las paredes del castillo
ya comienzan a olvidar,
mas todo aquel que me busque
bien me logrará encontrar.
A plena luz del día,
entre robles escondido,
aguarda el tesoro de Godric
al estudiante atrevido.
Ten cuidado, visitante
pues bajo peligro mortal
te encontrarás si decides
cualquier objeto robar.
Sigue el canto de las hadas,
por su voz déjate guiar,
y no olvides la advertencia...
si pretendes regresar."
¡Disfrutad la lectura!
- No me lo puedo creer - Theo se sentó en el pupitre más cercano a Lydia y se frotó la cara como intentando despertarse -. Un jardín de hadas en Hogwarts.
- Te lo dije - Lydia sonrió y releyó el poema por sexta vez -. Será mejor que lo analicemos por partes.
Theo asintió y la morena recitó las dos primeras estrofas:
"Las paredes del castillo
ya comienzan a olvidar,
mas todo aquel que me busque
bien me logrará encontrar.
A plena luz del día,
entre robles escondido,
aguarda el tesoro de Godric
al estudiante atrevido."
- Lo del principio parece simplemente introductorio.
- Sí - secundó Lydia -, pero la segunda parte tiene que ser importante. Creo… creo que es la pista que nos indica cómo llegar al jardín.
- Bueno, lo que queda claro es que tenías razón al suponer que el jardín era de Godric Gryffindor. Además, tiene que estar al aire libre y, desde luego, entre robles.
Lydia negó con la cabeza.
- En Hogwarts solo hay encinas, sauces y pinos. Pero ningún roble, eso seguro.
- Tiene que haberlos.
Lydia se mordió el labio.
- Yo creo que no, pero deberíamos inspeccionar a fondo los terrenos del castillo por si acaso.
- Vale, pero antes de buscar el jardín es importante que sepamos qué nos vamos a encontrar. Lee los últimos párrafos de nuevo, por favor.
Lydia recitó en voz alta:
"Ten cuidado, visitante
pues bajo peligro mortal
te encontrarás si decides
cualquier objeto robar.
Sigue el canto de las hadas,
por su voz déjate guiar,
y no olvides la advertencia...
si pretendes regresar."
- Parece una advertencia - susurró Theo -. Si te llevas algo del jardín, lo lamentarás.
- ¿Crees que…? - Lydia se mordía las uñas en señal de nerviosismo -. ¿Crees que podríamos morir por robar algo?
- No lo sé, pero tenemos que tener cuidado. ¿En qué piensas? - Lydia negó con la cabeza.
- Posiblemente no sea nada importante.
- ¿Es por aquel poema del diario de William Barrow? - preguntó Theo.
- Es que… ¿recuerdas lo que decía?
El moreno frunció el ceño y se encogió de hombros.
- Hablaba del jardín de hadas y de una tal María.
- Madeleine. Esa parte es la que me preocupa. De tanto leerlo acabé aprendiéndome de memoria el poema, y en la parte final decía lo siguiente:
"Hoy maldigo aquel día
en que el jardín encontramos,
y maldigo la avaricia
que te apartó de mi lado.
Mi querida Madeleine,
ya nada tiene sentido.
Espérame con paciencia;
pronto me tendrás contigo."
Theo guardó silencio y pareció reflexionar.
- ¿Crees que esa tal Madeleine robó algo del jardín?
- ¿A qué otra cosa puede referirse con "la avaricia que te apartó de mi lado"? Sí, creo que William y Madeleine encontraron el jardín y ella se llevó algo. Y…
- Y murió por ello.
Lydia se mordió el labio.
- Pero no solo eso. La forma que tiene William de terminar el diario… fue de manera brusca, de un día para otro. Y lo único que escribió como despedida fue ese poema.
Theo se frotó los ojos.
- Y dice claramente "pronto me tendrás contigo".
- Pero tiene que haber otra explicación, ¿no? Quizás William no quisiera escribir nada más, o puede que...
- Se suicidó, Lydia - la cortó Theo -. William se suicidó, porque amaba a Madeleine y no soportaba vivir sin ella. Y ese poema en su diario es su carta de despedida.
Lydia se levantó de golpe y comenzó a dar vueltas por el aula vacía como un león enjaulado.
- Si me hubiera imaginado el peligro de esta aventura jamás te lo hubiera dicho ¿Y si no se suicidó? ¿Y si a él también lo mataron? - se detuvo y negó con la cabeza -. No… no sé si quiero seguir adelante con esto, Theo. Si esto supone un peligro para ti, o para Victoire, o para Teddy… no podría cargar con esa culpa.
Theo se levantó y se acercó con cuidado hasta la chica, que se dejó envolver en un reconfortante abrazo.
- Si somos cautelosos no pasará nada - le acarició la mejilla -. Y no podemos engañarnos; nos volveríamos locos si no tratáramos de encontrar el jardín ahora que tenemos una pista sólida.
La Ravenclaw suspiró derrotada.
- Está bien, pero nos tomaremos tanto tiempo como sea necesario para no cometer ningún acto en falso.
- Y mañana se lo diremos a Victoire y Teddy.
- Theo - el moreno se giró al oír su nombre y escuadriñó la Sala Común con ojos entrecerrados. De pronto, una cabellera de color rubio platino asomó desde los sofás -. ¿De dónde vienes?
- ¿Qué haces ahí? - Theo se acercó hasta su hermano Scorpius y rodó los ojos al ver que estaba con Albus -. Es muy tarde, deberíais iros a dormir.
- ¿Vienes de estar con tu novia?
- ¿Novia? - Theo revolvió el pelo de Scorpius -. ¿Pero de qué hablas? Yo no tengo novia.
- Teddy dice que Lydia McLean es tu novia - Albus no pudo evitar soltar una carcajada ante la mirada de fastidio del chico.
- ¿Así que eso dice Teddy, eh? - Theo le tocó la nariz del niño de ojos verdes y negó con la cabeza -. Pues dile a Teddy de mi parte que es un cotilla. Además, en menos de tres horas os tenéis que levantar, así que ya vale de charlas.
- ¿Entonces no vas a decirnos de dónde vienes? - Scorpius puso su mejor cara de niño bueno.
- Vale, os lo diré si prometéis que después os iréis a dormir - los dos asintieron y Theo se inclinó hacia ellos como si les fuera a confesar un secreto -. Sí que vengo de estar con mi novia.
- ¿Y quién es?
- No puedo decirlo.
- Venga...
- Está bien, está bien. Pero tendréis que mantener la boca cerrada. Bien - Theo sonrió para sus adentros al ver la cara de emoción que ponían los dos -, es McGonagall.
Scorpius y Albus se cruzaron de brazos.
- Eres un mentiroso.
- Pues no os metáis donde no os llaman - de golpe, Theo agarró con cada brazo a uno de los chicos, elevándolos como si fueran sacos de patatas. Estos reían en silencio y pataleaban intentando zafarse de los brazos del mayor, que los llevó hasta la entrada del dormitorio masculino de primero - Y ahora, a dormir.
- ¿Qué es eso tan urgente que nos tenéis que contar? - Victoire sonrió y dio un codazo a Theo -. Aunque supongo que me lo puedo imaginar.
Theo sonrió.
- ¿Crees que lo puedes imaginar?
- Bueno, me hago una idea.
- ¿Tan obvio es que hemos encontrado un rincón supersecreto en Hogwarts?
- ¿Qué? - la sonrisa de Victoire desapareció de golpe de su rostro -. ¿De qué hablas? - en ese instante, la puerta se abrió para dar paso a Teddy y Lydia.
- Ahora os lo explicaremos - Theo esperó hasta que los recién llegados se hubieran instalado.
- ¿Y bien? - preguntó al fin Victoire, anhelante.
- Veréis - Lydia tomó la palabra -. No se si recordaréis qué fue lo que me llevé de la Habitación Cambiante.
- Un libro.
- Un diario - puntualizó la Ravenclaw -. Escrito en 1640 por un alumno llamado William Barrow. Un Ravenclaw, como yo - la atención de los otros tres estaba centrada en ella -. Lo había leído numerosas veces sin llegar a detectar nada extraño. El diario trata temas mundanos del día a día de la vida en Hogwarts en el siglo XVII; interesante, pero nada fuera de lo normal. Hasta que descubrí un poema oculto entre las páginas del diario, escrito por el propio William Barrow.
- ¿Un poema? - Teddy frunció el ceño -. ¿Y qué decía el poema?
Como toda respuesta, Lydia les pasó un trozo de pergamino con los versos y esperó hasta que Teddy y Victoire lo hubieran leído.
- No sé explicar bien la razón, pero desde el momento en que lo descubrí allá por enero, supe que ese jardín de hadas del que habla existía. Y me obsesioné con encontrarlo.
- Yo nunca he oído hablar de dicho jardín - Teddy releyó el pergamino -. Jamás se me hubiera ocurrido que pudiera ser un lugar real en Hogwarts.
- Si hubierais leído el diario sí se os hubiera ocurrido, porque os habríais dado cuenta de que escribir un poema así no era para nada el estilo de William. Enseguida supe que era un mensaje que llevaba siglos esperando a ser encontrado. Así que se me ocurrió que en la Biblioteca podría encontrar alguna pista mejor, y le pedí ayuda a Theo para…
- ¿Por qué no nos lo dijisteis? - Victoire sonaba ligeramente dolida -. Sabéis que Teddy y yo podríamos haberos ayudado.
Theo se aclaró la voz.
- No es que dudáramos de vosotros, pero no nos pareció justo. Estáis muy liados con las tareas de prefectos, los entrenamientos, los exámenes. Creímos que no era necesario embarcaros en una tarea que podría haber requerido leer todos los libros de la biblioteca sin encontrar nada que nos ayudara.
- No estábamos seguros de la existencia del jardín y decidimos esperar hasta tener alguna pista más sólida para buscar vuestra ayuda.
- ¿Así que por eso lleváis más de un mes metidos en la biblioteca?
Lydia asintió.
- Lo sentimos de veras, pero tampoco os habéis perdido gran cosa.
- Os habéis ahorrado leer libros y libros inútiles sobre la historia de Hogwarts - añadió Theo.
- Pero espera un momento… si nos lo estáis contando ahora, ¿significa eso que habéis encontrado algo que confirme la existencia del jardín?
- Descubrimos que cada uno de los fundadores de Hogwarts había creado una estancia especial en el castillo: Slytherin la cámara del basilisco, Ravenclaw la habitación cambiante, Hufflepuff la Sala de los Menesteres… y solo faltaba Gryffindor. Por lo que se sabe de Gryffindor, era un aventurero amante de las criaturas mágicas, así que sumamos dos más dos y supusimos que ese jardín era el lugar que había creado…
- Así que solo nos faltaba encontrar la forma de llegar hasta allí - Theo tomó la palabra -. Habíamos escogido libros de la biblioteca pero nos dimos cuenta de que no encontraríamos nada útil, así que decidimos realizar una búsqueda más… profunda - sonrió -. Y fuimos a la Sección Prohibida.
- ¿Habéis estado en la Sección Prohibida sin nosotros? - Victoire volvió a fruncir el ceño pero finalmente suspiró -. Está bien, ¿y qué pasó?
- Resumiendo, encontramos un libro con el siguiente poema que, además, tenía las iniciales de William Barrow escritas - Lydia les tendió otro pergamino y esperó hasta que lo hubieron leído, observando con satisfacción la expresión de incredulidad que iba asomando en la cara de los chicos -. No lo entendemos del todo, pero está claro que no solo confirma la existencia del jardín, sino que indica dónde encontrarlo.
- Pero no hay robles en Hogwarts - comentó Teddy.
- Sí, ese es el problema… aunque puede que en su momento los hubiera. Según dice el poema, la entrada al jardín de las hadas está "a plena luz del día", por lo que tiene que estar en los terrenos del castillo; creemos que lo mejor será hacer una búsqueda intensiva, palmo a palmo, hasta dar con algo que nos sirva.
La Gryffindor se puso en pie con rapidez.
- Esto es una pasada. Venga, ¿a qué estamos esperando?
Los jardines de Hogwarts eran mucho más extensos de lo que los chicos creían. Durante dos tardes se dedicaron a inspeccionar cada centímetro cuadrado del suelo: comprobaron si estaba hueco, si presentaba curvaturas extrañas o algún símbolo o marca de raíces que se hubieran arrancado… pero no encontraron nada. Llegó el sábado, tercer día de búsqueda y como todas las anteriores tardes los cuatro se separaron, cada uno saliendo desde una de las esquinas del castillo, y reemprendieron su marcha tal y donde la habían dejado el día anterior. Poco a poco el sol se fue poniendo y, cuando por fin se reunieron en las escaleras tras más de cuatro horas arrastrándose por el césped, se observaron abatidos.
Sus túnicas presentaban manchas verdes y embarradas, tenían el pelo revuelto cubierto de pequeñas ramas y hojas y las uñas negras. Se sentían sucios y ridículos: habían explorado cada palmo de aquella enorme explanada con detenimiento, sin lograr dar con nada que les sirviera.
- ¿Creéis que podemos haber pasado algo por alto?
Theo se dejó caer en las escaleras agotado.
- La espalda me está matando. Podemos empezar mañana una segunda búsqueda si queréis, pero no creo que sirva de nada.
- Theo…
- No, Teddy. Sabéis que tengo razón. Si nos vamos a basar en el poema para lograr encontrar el jardín, tenemos que ser realistas. La entrada se encuentra entre robles, y aquí no hay robles.
- Hogwarts tiene más de 10 siglos. El hecho de que en su momento hubiera robles no significa que los siga habiendo. Ya lo hemos hablado.
- Quizás deberíamos investigar un poco acerca de los jardines en el pasado; será más rápido y esclarecedor que volver a recorrer todo el terreno a gatas - sugirió Lydia.
- Sí, supongo que…
- Black, Lupin, Weasley, McLean; ¿me pueden acompañar?
Los chicos se volvieron.
- Directora McGonagall - Victoire se puso en pie y dio un paso al frente -, ¿hemos…?
- Síganme por favor - sin darles opción a decir nada más la mujer se dio la vuelta y emprendió el camino con paso firme, sabiendo que los cuatro la seguían en silencio.
Una vez llegaron hasta la estatua de la gárgola y hubieron subido los tres pisos hasta la torre donde se encontraba el despacho de la directora, entraron en silencio uno tras otro en la enorme estancia y aguardaron pacientes hasta que McGonagall se hubo sentado.
- ¿Ocurre algo, directora? - preguntó Lydia.
- Quizás eso deberían decírmelo ustedes - McGonagall se inclinó hacia delante en su asiento y cruzó las manos sobre el escritorio de caoba -. ¿Está el jardín a su gusto? - repasó a los chicos con la mirada -, ¿demasiada tierra, quizá? ¿O no está la hierba lo suficientemente verde?
Theo sonrió.
- Gracias por su consideración, directora. No está mal, aunque si yo me encargara de su mantenimiento trataría de…
McGonagall rodó los ojos.
- Ahórrese la palabrería, Black. Sabe a qué me refiero - frunció el ceño y repasó la manchada indumentaria de los cuatro amigos con la mirada -. Llevo tres días observándoles recorrer el patio a gatas como si estuvieran chiflados. Quizás podría haberlo obviado si fueran otros alumnos, pero siendo ustedes, ¿pueden decirme qué es lo que traman?
Teddy se aclaró la voz.
- Directora McGonagall, no se preocupe. No estamos tramando nada.
La mujer suavizó su semblante, renegándose a sí misma por lo rápido que cedía ante aquel chico, y se distrajo un momento en los recuerdos que le suscitaban las facciones del metamorfomago.
- Está bien, Lupin, ya veo que no van a contarme los motivos que los llevan a un comportamiento tan… peculiar - sonó un golpe en el piso superior y la directora se puso en pie -. Aguarden aquí un par de minutos, llevo días esperando una lechuza - subió las escaleras que daban hasta su habitación y dejó a los chicos sumidos en el silencio.
- ¿Se os ocurre alguna excusa? - Victoire miró a sus amigos, que negaron con la cabeza.
- Me temo que esa búsqueda no les llevará a ninguna parte - los cuatro se giraron al oír la profunda voz masculina, hasta dar con su origen. Detrás del escritorio había un retrato que parecía más reciente que los demás, ricamente enmarcado en oro y, en su interior, un anciano de larga y espesa cabellera y barba blanca les sonría con afabilidad.
- Usted es Albus Dumbledore.
El señor sonrió.
- Y tú no puedes ser otro que Theodore Black - Theo asintió.
- ¿Sabe qué es lo que buscamos? - preguntó Lydia, haciendo que sus amigos le lanzaran miradas preocupadas.
Dumbledore sonrió.
- No os preocupéis, no diré nada de lo que pretendéis. Pero, si me dejáis haceros un par de sugerencias - los miró por encima de sus gafas de montura fina -, no siempre hubo lago en Hogwarts. Y acordaros de llevar un noble Gryffindor para poder entrar.
Lydia sintió que la llama de la esperanza se encendía de nuevo en su interior, pero no le dio tiempo a agradecérselo al viejo director pues en ese momento comenzaron a oír los pasos de McGonagall bajar por la escalera; el anciano les guiñó un ojo y adoptó una postura despreocupada.
- Bien, como ya veo que no van a confesarme nada pueden marcharse, pero vayan con cuidado porque los conozco desde hace años y no voy a quitarles el ojo de encima - en el fondo les tenía cariño a los chicos, pero tenía que adoptar una postura firme -. Y recuerden que este año son sus ÉXTASIS y no pueden distraerse.
Los cuatro asintieron y esperaron en silencio.
- Anda, márchense a disfrutar lo que les queda de sábado.
- Gracias directora - murmuraron casi a coro, y se dieron la vuelta para abandonar el despacho.
Antes de cerrar la puerta a sus espaldas, Theo asomó la cabeza.
- Por cierto directora, está guapísima, como siempre.
McGonagall rodó los ojos y contuvo una sonrisa.
- Largo Black, no me haga reconsiderar mi decisión y tenerlo todo el fin de semana ordenando archivos.
Theo se giró para seguir a sus amigos y la directora negó con la cabeza. Desde luego, Theo le hacía honor al apellido Black; le recordaba tanto a Sirius que a veces hasta le dolía pensar en ello.
- La entrada al jardín de las hadas tiene que estar sumergida.
- ¿Acaso creéis que Dumbledore ha adivinado lo que buscábamos? Era un simple retrato y, por lo que sabemos, no tiene por qué conocer la existencia del jardín.
- Yo creo que nos ha dicho la verdad - comentó Theo -. Mi madre me ha hablado mucho de él y todo el mundo dice que era un genio; conocía el lenguaje de muchas especies mágicas, era consciente de todo lo que pasaba en Hogwarts, dominaba hechizos casi imposibles. Incluso hay quien dice que es el mago más brillante de la historia - el Slytherin se encogió de hombros -. Además, no tenemos nada que perder por comprobar si lo que dice es cierto.
- Bueno, por si se os ha olvidado el lago no está deshabitado.
- Mi madre tuvo que sumergirse durante el torneo de los Tres Magos - dijo Victoire - y os aseguro que hay mucho más que un calamar enorme ahí dentro. Pero yo lo haría, ¿qué podemos perder? Además, quizás la entrada no esté muy sumergida. Y si es cierto que hace falta un Gryffindor para entrar, yo misma serviré.
- Vale, pero necesitamos una forma de respirar bajo el agua. No podemos estar subiendo a tomar aire cada diez segundos, probablemente tengamos que estar bastante tiempo sumergidos. Es mejor prevenir cualquier problema.
- Yo conozco una hechizo para eso, pero no es fácil de realizar. Si lo hacemos mal, estaremos en peligro - añadió Lydia -. Conjuras una burbuja de aire alrededor de tu cabeza como si fuera un casco y eso te permite respirar con tranquilidad bajo el agua todo el tiempo que desees.
- ¿Y a qué esperamos? Vamos a practicarlo.
Pasó más de una semana hasta que los cuatro hubieron dominado aquella técnica; los movimientos con la varita tenían que ser melifluos pero decididos, y la pronunciación del encantamiento resultaba confusa; pero lo intentaron una y otra vez, hasta que por fin empezaron a vislumbrar el espectro de una membrana transparente alrededor de sus cabezas que con cada intento se volvía más sólida. No podían estar seguros de que fuera a funcionar, pero era su mejor as en la manga.
Cuando llegó la noche del viernes al sábado se reunieron en el hall, ocultándose tras la estatua de uno de los caballeros que formaban el pasillo de entrada. Salieron al exterior en silencio y avanzaron pegados a la pared del castillo hasta haberlo rodeado y encontrarse delante del gran lago, a unos escasos 200 metros del mismo. Aguzaron el oído, pero no distinguieron ningún ruido aparte del ulular de las lechuzas y el aire meciendo las ramas. Sin mediar palabra, se deshicieron de las túnicas; habían acordado llevar indumentaria deportiva para tener mayor amplitud de movimientos y ligereza. Además era térmica, y les protegiera de las gélidas aguas del lago.
La brisa fría les erizaba el cuello de la nuca, pero supieron que ya no había marcha atrás; si todo salía bien, aquella noche encontrarían la misteriosa entrada al jardín de las hadas. Uno tras otro se fueron equipando con la burbuja que tanto habían practicado. Teddy miró su reloj.
- Son las dos y media. Si en una hora no hemos encontrado nada deberíamos salir a entrar en calor o podríamos sufrir una hipotermia.
- Recordad agarrar con fuerza vuestras varitas por si tenéis que mandar una señal luminosa, pero sobre todo evitad hacer ruido. Si las criaturas submarinas están durmiendo será mejor no despertarlas.
- ¿Listos?
De un salto Lydia se zambulló en el agua, sintiendo miles de agujas clavarse en su piel. La temperatura del lago era gélida y durante varios segundos notó que sus agarrotados músculos no respondían a las órdenes que su cerebro enviaba. Pero no se dejó dominar por el pánico y esperó paciente hasta que su cuerpo se adaptó al frío y sus articulaciones se desentumecieron. De pronto reparó en que respiraba con facilidad y se giró para comprobar el estado de sus amigos, que nadaban a su alrededor intentando entrar en calor.
- Theo - Su voz quedó amortiguada por la burbuja que rodeaba su cabeza y supo que no había forma útil de comunicarse así, pero tampoco era necesario. El moreno volvió la cabeza hacia ella, buscándola, y asintió cuando la encontró. Habían acordado que la búsqueda se realizaría por parejas; no sabían a qué se enfrentaban bajo las aparentemente tranquilas aguas de la superficie y preferían llevar refuerzo por si era necesario.
Theo y Lydia se separaron de los otros dos y nadaron hacia la esquina más alejada; cuanto antes empezaran, mejor. No sabían exactamente lo que estaban buscando y el gran lago tenía el tamaño de tres campos de fútbol, por lo que explorarlo centímetro a centímetro en una sola noche era un tarea que requería dedicación y rapidez. Nadaron hacia el fondo, internándose cada vez más en la negrura del agua, alumbrados únicamente por la tenue luz de sus varitas. A su alrededor los pequeños peces se alejaban asustados por los intrusos, escondiéndose entre las numerosas algas que crecían en cada rincón.
Lydia observaba maravillada todo a su alrededor; no sabía explicar la sensación, pero se sentía en casa. Aquel lago no tenía retratos que hablaban, ni escaleras que se movían, ni escobas que volaban: era totalmente normal, como un pequeño rincón muggle dentro de la inmensidad del castillo. Pero esa apacible sensación se esfumó cuando tuvieron que detenerse súbitamente ante la cabeza gigante del calamar. Por suerte dormía, pero se habían acercado demasiado y tenían que ser muy cuidadosos para no despertarlo; Theo cogió la mano de Lydia y ambos se dejaron mecer por el agua hasta alejarse, intentando no hacer movimientos bruscos para que las ondas no molestaran a la criatura.
El Slytherin supo cuando estaban a cierta distancia que se encontraban a salvo, pero todavía sostuvo la mano de Lydia unos segundos más, prolongando la agradable sensación de su roce. En silencio, recorrieron cada palmo del embarrado suelo, removiendo con sus manos y desenterrando antiguos objetos perdidos; aquella zona era menos profunda y podían observar la superficie del lago sobre sus cabezas. Intentaban realizar movimientos amplios para entrar en calor, pero poco a poco los temblores comenzaron a adueñarse de ellos y, cuando sentían que no aguantarían mucho más dentro del agua, el lago entero se tiñó de rojo.
Aquella era la señal luminosa que habían acordado si encontraban algo o se hallaban en peligro, y Theo y Lydia nadaron rápidamente al encuentro de sus amigos rezando porque fuera la primera opción. Y de repente las vieron.
Eran criaturas bellas pero espeluznantes, con torso de mujer y cola de sirena. Su manos acababan en afiladas garras y melenas compuestas por algas coronaban sus caras cubiertas por escamas. Theo supo qué eran: nereidas, antiguas criaturas acuáticas. Había oído leyendas que hablaban de su presencia en Hogwarts, pero nunca las había creído… hasta entonces. La historia las representaba como criaturas peligrosas pero leales; su papel solía ser custodiar objetos valiosos, y no atacaban a menos que vieran esos objetos amenazados. Y entonces el Slytherin lo supo: esas nereidas no podían tener otra función que la de guardar la entrada al jardín secreto.
De pronto, la mano de Lydia apretándole el hombro lo devolvió a la realidad: miró donde ella señalaba y sintió un escalofrío de terror al observar como una de las nereidas retenía con fuerza a Victorie entre sus brazos mientras otra había capturado a Teddy; pero lo peor era el agujero que se había formado en la burbuja del Hufflepuff y que poco a poco llenaba de agua el interior de su casco. De momento el agua le llegaba a la altura de la boca, pero el nivel subía con demasiada rapidez: tenían que hacer algo enseguida o se ahogaría.
Theo lanzó un encantamiento abrasador a la manada, que soltó a sus dos amigos y se giró hacia ellos con rapidez. De pronto Lydia y él se vieron rodeados por las temibles criaturas, cuyas bocas dejaban entrever colmillos afilados y lenguas bífidas. Theo intentó volver a atacarlas pero una de ellas lo rodeó desde atrás y comenzó a internarse más y más en la profundidad de las aguas. El moreno pataleó con las pocas fuerzas que le quedaban y golpeó a la nereida, consiguiendo que esta aflojara su abrazo y logrando nadar varios metros, pero al momento sintió la garra de la criatura cerrarse con fuerza alrededor de su tobillo y hundirse en su carne. Emitió un grito que quedó ahogado por el casco y pataleó en vano, sintiendo su visión cada vez más borrosa mientras la sangre manaba de la herida. Y tan repentinamente como todo había comenzado, terminó. Con dificultad se giró y observó como la nereida lamía su tobillo con cuidado; sus brazos los rodearon de nuevo, esta vez con un cuidado infinito y Theo se dejó elevar hasta donde el resto de la manada había capturado a sus amigos. Sintió una punzada en el pecho ante la mirada de terror que le lanzó Teddy, que permanecía con la cabeza elevada para lograr respirar en el poco espacio con aire que quedaba en su burbuja.
Pero supo que algo especial estaba ocurriendo, porque las mujeres submarinas desatendieron a sus amigos y comenzaron a nadar a su alrededor entonando una melodía suave y rítmica que parecía muy antigua. De pronto, la nereida de mayor tamaño se acercó hacia él y, sin más miramientos, le mordió el antebrazo. El Slytherin se dobló de dolor al sentir los colmillos clavarse en su piel; notó como la nereida lo arrastraba hasta una roca cercana y, sin muchos miramientos, restregaba su reciente herida contra la piedra, haciendo que el lago entero comenzara a bullir.
Theo abrió los ojos sin comprender muy bien qué estaba ocurriendo y vislumbró de reojo cómo las criaturas le dedicaban una última reverencia antes de alejarse y desaparecer en las profundidades del agua. Donde su sangre había entrado en contacto con la roca había aparecido un agujero de tamaño suficiente como para nadar a su interior.
Con el corazón en un puño indicó a sus amigos que se acercaran y atravesó la hendidura, apareciendo de golpe en un túnel de tierra que, si bien apestaba a humedad, parecía ajeno al mundo submarino en el que se encontraban: ya no había agua. Teddy entró detrás suya con el casco ya completamente inundado, y rápidamente se deshizo de él e inspiró el aire profundamente, tosiendo y jadeando con dificultad.
- ¿Estás bien?
El Hufflepuff asintió mientras se desplomaba en el suelo de tierra.
- Pensaba que me moriría.
Victoire lo abrazó con fuerza e intentó calmar su agitada respiración.
- ¿Alguien puede explicarme dónde estamos y qué acaba de ocurrir?
Theo negó con la cabeza en un gesto de incredulidad.
- La nereida que me había capturado me arañó y cuando probó mi sangre… no sé, fue todo muy raro. Dejó de atacarme y fue como si las demás me adoraran, y entonces una volvió a morderme y...
- Theo, tu sangre abrió el pasadizo - Lydia puso énfasis en cada palabra -. No tiene ningún sentido. Sabíamos que iba a hacer falta un Gryffindor para entrar, pero se supone que Victoire cumplía ese papel; tú no eres Gryffindor.
- ¿Te crees que no lo sé? - Theo se frotó el puente de la nariz y reparó en que la herida seguía manando sangre. Le tendió la muñeca a Lydia para que lo curara y negó con la cabeza -. ¿Qué fue lo que dijo Dumbledore exactamente?
- Dijo que hacía falta un Gryffindor.
- No - replicó Teddy -. Dijo que hacía falta un noble Gryffindor.
- Tiene que ser por mi madre - dijo Theo.
- No creo que tenga que ver; mi padre y el padre de Victoire también eran Gryffindors - añadió Teddy.
- Sí, pero no me refiero a eso. ¿Y si… y si con noble no se refería a valiente?
- ¿Qué quieres decir?
Theo hizo un gesto de agradecimiento hacia Lydia cuando esta le hubo curado el antebrazo y se encogió de hombros.
- Después de derrocar a Voldemort, se nombró a Harry Potter, Ron Weasley y a mi madre caballeros de la orden de Merlín; y los caballeros eran considerados una parte importante de la nobleza en el pasado. Además, la ceremonia de nombramiento se realizó con la espada de Godric Gryffindor.
- En el mundo muggle el estatus de nobleza permanece durante tres generaciones y puede que aquí también - añadió Lydia -. Lo que quiere decir que tú serías, en parte, un noble de Gryffindor.
- ¿Theo un Gryffindor? Me encanta - comentó Teddy -. Además, en el siglo IX cuando Hogwarts se creó la mayoría de alumnos provenían de familias de la nobleza que podían permitirse mandar a sus hijos a estudiar. Eso fue cambiando con los años, pero no parece una idea tan descabellada que en su momento Gryffindor creyera importante que todo aquel que accediera fuera noble.
- Chicos - Victoire había permanecido ajena a la conversación y llevaba un rato recorriendo con sus dedos la superficie húmeda de la pared; empezó a apartar la tierra embarrada de una zona que pareció llamar su atención hasta que sus cortar uñas toparon contra una tabla de madera, y se ayudó de su varita para dejar al descubierto la vieja puerta de roble. Se giró con la emoción brillando en su rostro.
- Es la entrada al jardín - frunció el ceño mientras estudiaba la puerta -. Pero no hay pomo.
Theo avanzó en silencio y, rezando porque esa vez no fuera necesaria la sangre, tocó la superficie vieja y húmeda de la madera que cedió al momento. Se abrió hacia el interior proyectando un rayo tan brillante a la oscuridad del pasadizo que obligó a los chicos a taparse los ojos hasta que sus pupilas se hubieran acostumbrado.
- Yo entraré primero - susurró el moreno y, sin esperar a que sus amigos le contestaran, tomó aire con determinación y cruzó el umbral.
Durante varios segundos fue incapaz de abrir los ojos debido a la luminosidad del lugar; se sentía arder por la repentina sensación de calor abrasador en contraste con la húmeda frialdad de sus vestimentas. Y cuando por fin pudo echar un vistazo a su alrededor, se le cortó la respiración por la emoción. Aquello era, sin lugar a dudas, lo más bello que jamás había visto.
Ante él se extendía una pradera frondosa de fértil hierba verde; por aquí y por allá crecían decenas de árboles frutales diferentes, como si quien los hubiera plantado no hubiese reparado en las leyes del orden; los manzanos entrelazaban sus ramas con naranjos, los limoneros hacían sombra a melocotoneros más pequeños. Flores de todos los colores y tamaños se agrupaban en pequeños parterres otorgando al jardín una miríada de tonalidades de rosa, azul, rojo, amarillo… Como si el propio arcoíris se hubiera hecho flor.
Un apacible río de aguas cristalinas enmarcaba la explanada, serpenteando lleno de vida hasta perderse en la lejanía. Se volvió al escuchar el agua en movimiento y observó que aquel río provenía de una cascada tan fina como la seda que se elevaba en el cielo hasta quedar oculta por las nubes, como si fuera infinita.
Observó la puerta por la que habían entrado y reparó en que esta se hallaba en la base de un robusto roble de ramas nudosas y copa frondosa. Tras este árbol, otros muchos componían una pequeña y agradable arboleda con un estrecho pasillo central que conducía a un pequeño claro en cuyo centro se alzaba una fuente con la figura de un caballero, que debía ser Godric Gryffindor.
Inspiró el atrayente aroma. Aquel jardín olía a frutas, a flores, a tierra, a árboles… era el olor del máximo exponente de la vida. Pero lo que le quitó el habla no fue el olor, ni la visión, ni la calidez de la brisa que le acariciaba el rostro: fue la dulce y armoniosa melodía que llegaba hasta sus oídos y parecía querer envolverlo y elevarlo en el aire. Era una canción triste pero alegre, rápida pero lenta, que parecía emanar del propio jardín, como si todo él cantara. Sonaba antigua y nueva, sonaba a promesas, a felicidad, a esperanza.
¿Cómo iba a admirar jamás algo después de haber estado en aquel lugar? ¿Cómo iba a elogiar la belleza de un paisaje natural, o de una construcción antigua, si comparados con aquel imposible recodo eran tan vulgares como cualquier callejón?
La mano de Lydia se entrelazó suavemente con la suya y no reparó en que la chica estaba llorando hasta que se giró para mirarla. La Ravenclaw le sonrió y se dejó abrazar por él.
- Siento no haberte creído cuando me hablaste de la existencia de este jardín - Theo le acarició la mejilla, secando el recorrido que las lágrimas de emoción habían dejado a su paso -. Es maravilloso, Lydia.
- Lo sé - la Ravenclaw sonrió al oír las carcajadas que Victoire y Teddy dejaban escapar mientras se perseguían por la hierba. Aquel lugar parecía una isla de esperanza, la personificación misma del cielo. Era casi imposible que existiera y sin embargo, ahí estaban.
La Gryffindor y el metamorfomago llegaron de nuevo hasta su lado con las mejillas sonrosadas por el entusiasmo y se dejaron caer sobre el suelo. Theo y Lydia se sentaron junto a ellos e inspiraron con profundidad la pureza de aquel delicioso aire.
- ¿Creéis que las hadas siguen aquí? - preguntó Theo bajando la voz hasta convertirla en un susurro. La belleza de ese lugar le inspiraba un profundo e inmenso respeto, e incluso algo de temor. Sabía que debía haber normas, cosas que podían hacer y cosas que no, y se sentía en peligro desconociendo esas prohibiciones.
- Tiene que haberlas - comentó Lydia -. Este lugar está demasiado bien cuidado como para llevar siglos abandonado.
- Es por la magia. Aunque pasaran miles de años seguiría tan perfecto como el primer día.
- Pero esa música… - los cuatro guardaron silencio y se dejaron deleitar durante breves instantes por aquella dulce melodía.
- Si hay hadas, quizás no quieran mostrarse. Pero aún así deberíamos ser cuidadosos y cumplir las normas.
- Sí pero, ¿qué normas? - preguntó Theo -. Es decir, ¿podemos bañarnos en el río? ¿Se puede comer la fruta o beber el agua? ¿Podemos recoger las flores?
- En muchos mitos y leyendas muggles, como la de Hades y Perséfone, aceptar la comida de un lugar extraño puede impedir que escapes del mismo. Y lo mismo ocurre con la bebida.
Victoire sintió un escalofrío que poco tenía que ver con sus ropas aún empapadas.
- Vale, nada de comer ni beber entonces. ¿Qué me decís de las flores?
- No creo que debamos cortarlas, eso parece ir contra la naturaleza del lugar - opinó Teddy -. Además, si las cortamos, ¿qué vamos a hacer con ellas? Porque no podemos llevárnoslas de aquí o estaríamos robando.
Los cuatro parecían decepcionados, pero Lydia trató de suavizar el ambiente y aportar algo de alegría a sus semblantes.
- Chicos, ¿qué más da? No importa que no podamos comer, ni beber, ni cortar las flores. Esto es maravilloso, es el lugar más bonito que he visto nunca. ¿Y cuántos alumnos durante los últimos siglos creéis que han podido encontrar el jardín? Yo diría que pocos - tomó aire -. No sé vosotros, pero me siento extremadamente afortunada de haber podido vivir algo así. Encontramos la Habitación Cambiante y ahora esto; es un regalo.
- Y bajamos a la cámara del basilisco, que no se te olvide - aportó Victoire entre risas -. Lo único que nos ha faltado por conocer es la Sala de los Menesteres.
- Yo creo que la hemos conocido en su mejor momento de la historia - los demás se volvieron a mirar a Teddy, que se encogió de hombros -. No conocí personalmente a Helga Hufflepuff, pero he leído mucho sobre ella. Con la Sala de los Menesteres quería ayudar a los alumnos, ofrecerles un refugio. Y el Salón Común es el mayor refugio y símbolo de unión que jamás haya existido en Hogwarts. Además - Teddy bajó los ojos y mostró una sonrisa melancólica -, nuestros padres vivieron una guerra mientras estudiaban aquí. Posiblemente pasaban miedo a diario y les costaba pensar en otra cosa que no fuera el peligro que corrían. Lydia tiene razón, somos unos afortunados.
Victoire le dio un beso en la mejilla y lo abrazó con ternura y Lydia y Theo se sonrieron; no sabían cuánto tiempo podrían quedarse allí ni si lograrían regresar alguna vez, pero tenían que disfrutar su estancia tanto como pudieran.
Enseguida se descalzaron para disfrutar del contacto del mullido césped acariciándoles las plantas de los pies y se dedicaron a recorrer el jardín explorando cada rincón. Cada uno se dispersó hacia un lado, absortos en sus propios pensamientos, dejándose acariciar por la atrayente esencia del jardín y disfrutando de la explosión que aquel lugar despertaba en sus sentidos.
- Eh, mirad chicos - Teddy llamó la atención del resto, que se fue acercando poco a poco hasta la fuente -. Leed esta inscripción.
- "Que tu nobleza no eclipse la nobleza del lugar."
- ¿Qué creéis que significa?
- Supongo que se refiere a que aunque seas un noble como yo - Theo se irguió haciendo que los demás rodaran los ojos. Aquel estatus de nobleza era lo último que le faltaba a su ego -, no olvides que tienes que respetar este lugar.
- Gryffindor tenía que ser un hombre magnífico - susurró Victoire.
- Una pena que te tengas que conformar con un Hufflepuff, ¿no? - sonrió Teddy.
- ¿Hufflepuff? ¿Qué es un Hufflepuff? - Theo tuvo que salir corriendo tras aquel desafortunado comentario escapando de las maldiciones del metamorfomago, que consiguió atraparlo haciendo que ambos rodaran por los suelos varios metros entre carcajadas de diversión.
- Ojalá poder vivir en estos instantes para siempre - comentó Lydia y notó que los brazos de Victoire la rodeaban y atraían hacia sí. El jardín era precioso por sí mismo, pero poder explorarlo con sus amigos era lo que realmente lo hacía especial.
Durante un par de horas más se dedicaron a admiraron la fuente, a acariciar los troncos nudosos de los diferentes árboles, a oler las flores… y corrieron por la interminable explanada hasta quedar extenuados. El tiempo era un concepto que parecía haber dejado de existir y dejándose mecer por la calidez de los rayos de sol que parecían besarles la piel, se fueron quedaron dormidos.
Victoire fue la primera en despertar; abrió los ojos con lentitud y permaneció desorientada por un par de segundos hasta que recordó dónde estaban. Todo seguía igual, el sol seguía brillando, la música seguía sonando, el agua seguía cayendo; era imposible saber cuánto tiempo llevaban dormidos.
- Teddy - se giró entre los brazos del metamorfomago -. Teddy, despierta.
El chico emitió un gruñido y la abrazó con más fuerza, pero Victoire siguió insistiendo.
- Teddy, nos hemos quedado dormidos.
- Y seguiríamos dormidos si no fuera por ti - se quejó el Hufflepuff mientras abría los ojos con pereza -. ¿Qué ocurre?
- Puede que llevemos horas así - se miró el reloj pero este parecía haberse detenido al sumergirse en el lago -. Merlín, pero si era acuático - el chico había cerrado los ojos de nuevo -. Teddy, que te despiertes.
- ¿Así van a ser las mañanas del resto de mi vida?
Victoire rodó los ojos y lo besó.
- Eso espero - aguardó hasta que este se hubo desperezado y se sentaron en el suelo -. Tiene que ser sábado por la mañana. Tenemos entrenamiento de Quidditch.
- Lo había olvidado - se giró y sonrió al ver a Theo y Lydia durmiendo abrazados a varios metros de distancia -. ¿Los despertamos antes de irnos?
- Deberíamos avisarles para que no se asusten al no encontrarnos - la rubia se puso en pie y avanzó con delicadeza hasta sus dos amigos -. Eh, chicos - Theo entreabrió los ojos y resopló.
- No me digas que nos tenemos que ir, por favor.
- Vosotros no, pero Teddy y yo nos vamos ya.
- ¿Os dejarán pasar las nereidas? - Lydia se removió entre los brazos del Slytherin y miró a su amiga con ojos semicerrados.
- Creemos que no habrá problemas. ¿Y vosotros estaréis bien aquí?
Theo se rió.
- Creo que nos las apañaremos muy bien. Pero Victoire, si el domingo no hemos vuelto…
- No vamos a dejar que os quedéis aquí para siempre, no os preocupéis. Y recogeremos vuestras túnicas de la orilla del lago; no queremos que McGonagall piense que dos alumnos se han ahogado.
- Eres la mejor - masculló Lydia antes de volver a sumergirse en la profundidad de sus sueños.
- Me da pena irme - se quejó Victoire al reunirse junto a Teddy.
- Quizás podamos volver otro día, pero de momento tenemos obligaciones.
- Lo sé - suspiró y miró con ojos divertidos a Theo y Lydia -. Pasaroslo muy bien.
Instantes después, Theo oyó la pequeña puerta de roble abrirse y cerrarse tras los chicos. Sonrió mientras notaba que volvía a vencerlo el sueño: claro que se lo iban a pasar bien.
Teddy y Victoire se detuvieron en el interior del húmedo túnel para equiparse con la burbuja de aire y, sin perder ni un instante, atravesaron el agujero que los separaba del mundo submarino. Victoire creyó observar una cola de nereida alejarse pero prefirió pensar que había sido producto de su imaginación; frunció el ceño al darse cuenta de que algo raro ocurría: las aguas estaban tan oscuras como cuando habían entrado, lo cual era extraño puesto que debía ser ya casi mediodía. De pronto sonó un golpe a sus espaldas y, sin pensárselo dos veces, Teddy y Victoire nadaron tan rápido hacia la superficie como si su vida dependiera de ello; y quizás lo hacía.
Lograron llegar a la orilla sin problemas y se deshicieron del casco transparente tan rápido como pudieron. Teddy y Victoire se observaron en silencio y observaron el cielo sobre sus cabezas, ajenos a la frialdad del viento que les acariciaba los mojados rostros.
- ¿Por qué es de noche?
- Teddy, ¿cuánto tiempo llevamos en ese jardín?
Las aguas comenzaron de nuevo a removerse y observaron una sombra pálida nadar bajo la superficie en movimiento.
- Tenemos que sacar a Lydia y a Theo de ahí.
Debían haber dormido un par de horas más, pero no había forma de saberlo. Lydia fue la primera en despertar; abrió los ojos y encontró a escasos centímetros de su rostro el semblante relajado del chico. Recorrió sus marcados ángulos con manos cariñosas y notó cómo poco a poco este iba volviendo en sí. De pronto los brazos del chico la rodearon con más fuerza y la alzaron hasta colocarla encima suya, haciendo que el largo de sus cuerpos encajara a la perfección.
Lydia era consciente de la cercanía entre ambos, de la forma en la que Theo le acariciaba la espalda y de la intensidad de aquellas pupilas azules que la estudiaban en silencio. Estuvo a punto de inclinarse para besarlo, un impulso racional que nació de lo más profundo de su ser, pero se contuvo a tiempo.
- ¿No hace mucho calor aquí?
Theo elevó una ceja.
- ¿Insinúas algo?
- Que deberíamos bañarnos, simplemente - sin esperar respuesta, Lydia se levantó y se acercó al río. Enseguida oyó los pasos de Theo siguiéndola.
- ¿Crees que será seguro?
- Parece tan inofensivo como tumbarse en la hierba, ¿no?
Theo se encogió de hombros.
- Supongo que tienes razón. Pero no pretenderás meterte con ropa, ¿no?
- Pues claro que no - sin dejar de mirarlo a los ojos que deshizo de la camiseta deportiva y la echó a un lado, sintiendo el calor subirle a las orejas al ver la sonrisa traviesa que se dibujó en los labios del moreno.
- Eso está mejor - comentó el Slytherin mientras se quitaba su propia camiseta. Observó las braguitas y el sujetador de algodón de Lydia con la misma emoción que si fuera el conjunto de lencería más sexy del mundo.
Una vez ambos estuvieron en ropa interior, sin dejar de dirigirse miradas furtivas y con mucho cuidado al principio, se fueron metiendo en el río.
- ¡El agua está buenísima! - Lydia soltó un grito de emoción mientras chapoteaba cerca de la orilla, y de pronto notó al moreno abrazándola y atrayéndola hacia él, y aprovechó la falta de gravedad que el agua le otorgaba para entrelazar sus piernas detrás de la espalda del Slytherin.
- Este lugar es maravilloso - masculló Theo mientras dejaba que Lydia apoyara la cabeza en su hombro y le acariciaba la espalda con cariño. Bajo sus pies notaba rocas suaves desgastadas por la corriente a lo largo de los esos años.
El delicado fluir del agua que caía desde la cascada creaba sobre su piel una leve sensación de cosquilleo que resultaba refrescante en combinación con la calidez del sol. Sus manos bajaban lentamente por la espalda de Lydia, arriba y abajo, arriba y abajo; sentía las piernas de la chica rodearlo en un abrazo firme y, tras vacilar un instante, Theo dejó que sus manos vagaran más allá de sus caderas, recorriendo sus nalgas con calma y suavidad antes de seguir acariciándole los muslos. La Ravenclaw emitió un ligero suspiro y, con los ojos cerrados, disfrutó de la familiar forma que tenía el chico de tocarla; como si su cuerpo fuera lo más valioso del mundo y estuviera dispuesto a pasarse toda la eternidad admirándolo.
Theo se recreó en cada pequeño pliegue de piel, en cada una de sus pronunciadas y atractivas curvas, y sintió cómo las manos de Lydia despertaban y comenzaban a recorrer los finos músculos de su espalda con cariño. Dejó escapar un ruidito gutural al notar la boca de la chica posarse con delicadeza sobre su cuello y depositar un ligero beso y la apretó con fuerza entre sus brazos, mientras la respiración de ambos se iba volviendo más pesada con cada segundo que pasaban explorándose con el tacto. Aquel beso fue seguido de otro un poco más largo, y otro, y otro. Y así la boca de Lydia fue ascendiendo poco a poco hasta la afilada curva de su mandíbula, que acarició con la lengua notando el cuerpo del moreno tensarse entre sus piernas.
Sus labios casi se rozaban, sus narices se tocaban, el aliento de ambos de mezclaba y confundía en uno solo mientras aquel instante se prolongaba infinitamente. Y entonces Theo eliminó el espacio entre ambos y la besó con delicadeza, en un cariñoso baile de labios que poco a poco se fue tornando más intenso y tortuoso. Se dejaron llevar por la explosión de emociones y sensaciones; Lydia enredó su mano en el mojado cabello del chico y Theo sonrió cuando la Ravenclaw le mordió el labio inferior. Se movían acompasados, guiándose por su instinto, disfrutando aquella sensación ardiente con cada poro de su piel.
Y entonces, sin previo aviso, Lydia se apartó bruscamente y se deshizo del abrazo del moreno. Se dio la vuelta, mascullando excusas precipitadas, y anduvo con rapidez el camino hasta la orilla.
- Deberíamos regresar, se hace tarde - sin esperar a que el chico respondiera la Ravenclaw salió del río y corrió hacia su ropa.
Tras varios instantes pasmado por la impresión y sintiendo como si le acabaran de dar un bofetada, Theo reaccionó y la siguió. La calidez del sol abrasó su piel en contacto con el agua, pero apenas reparó en ello. Lo único que le importaba era la imagen de Lydia intentando en vano que sus piernas mojadas entraran en los estrechos pantalones de deporte.
- Lydia - extendió la mano hacia ella pero la retiró antes de llegar a tocarla. La chica tiró los pantalones al suelo con rabia y se sentó en el césped, enterrando la cabeza entre las manos -. Lydia - se agachó a su lado y tragó con fuerza, intentando deshacer el nudo que se había formado en su garganta. Una sensación punzante le perforaba el pecho y sus manos temblaban sin remedio, pero intentó no perder los papeles -. Lo siento si me he pasado, pero pensaba que…
- No puedo soportar lo mismo otra vez - la chica temblaba tanto o más que él y hacía grandes esfuerzos por mantener la compostura de su voz -. No puedo.
Aquello le sentó al Slytherin como un puñetazo en la boca del estómago.
- ¿A qué te refieres? - Theo sentía el calor subirle a las orejas -. ¿No puedes volver a acostarte conmigo? ¿Eso es lo que no puedes volver a hacer?
Lydia elevó la cabeza con rapidez y lo miró a los ojos en silencio. Era la primera vez que uno de los dos sacaba el tema.
- Theo…
- No, creo que ya has dejado clara tu postura - el moreno se puso en pie -. Si eso es lo que quieres, pues perfecto.
- Pero Theo escúchame - Lydia lo siguió con cautela; conocía al Slytherin de sobra como para saber que estaba a punto de estallar -. No lo entiendes, yo no…
- ¿Tan horrible soy?
- ¿Qué?
- ¿Tan mal lo pasaste? - el dolor se reflejaba en las pupilas azules de Theo con claridad, y la certidumbre de estar haciéndole daño se clavó en el corazón de la Ravenclaw -. ¿Y si es así por qué narices no me lo dijiste en su momento en vez de pegarte todo el año mandándome señales contradictorias?
- ¿Quieres hacer el favor de escucharme antes de seguir soltando tonterías? - Lydia frunció el ceño. Theo tenía carácter, pero ella también.
- Oh perdón, ¿no has terminado todavía de humillarme?
- ¡¿Puedes callarte para que podamos hablar como dos personas civilizadas?!
- ¡Quizás no quiera que hablemos!
Lydia dio un fuerte pisotón.
- ¡Pues no me importa, porque vas a escucharme! - Theo se dio la vuelta y siguió andando, notando al instante que la mano de Lydia se cerraba sobre su muñeca.
- Suéltame.
- Pues escúchame.
- ¡No puedo! - el flequillo mojado del Slytherin caía desordenado por su frente. De un tirón se soltó del agarre de la chica y la observó con rabia -. ¿Crees que quiero que hablemos para que me rechaces? ¡¿Crees que me apetece oír eso?!
- ¡¿Y tú piensas que yo puedo estar contenta con lo que tú me ofreces?!
- ¡¿Con lo que yo te ofrezco?! - el Slytherin avanzó hacia ella hasta situarse a pocos palmos de su rostro -. ¡Suéltalo si tantas ganas tienes! ¡¿Qué es eso tan horrible que yo te ofrezco?!
- ¡Sexo! - la morena negó con la cabeza y bajó la mirada -. Solo sexo.
Theo se quedó clavado en el lugar durante varios segundos, olvidando momentáneamente lo enfadado que estaba.
- ¿Eso es lo que te pasa? ¿Que crees que solo quiero una relación física contigo?
- ¿Y por qué iba a ser de otra forma?
- Lydia, ¿por eso te has apartado de mí? - la voz del moreno se quebró. Le rompía el corazón ver cómo Lydia se menospreciaba, cómo sus inseguridades salían a la luz - ¿Piensas que quiero acostarme contigo una noche y olvidarlo la siguiente?
La Ravenclaw se mordió el labio. Apretaba los puños con tanta fuerza que notaba sus uñas clavarse en las palmas de sus manos.
- ¿Acaso no fue lo que ocurrió el año pasado?
- Lo que ocurrió el año pasado fue que nos comportamos como estúpidos, tanto tú como yo - el moreno sonrió -. Y ahora también nos estamos portando como estúpidos - le acarició el rostro y la chica cerró los ojos dejándose mecer por el tacto del Slytherin.
- Siento haberte gritado.
- Siento no haberte escuchado.
Se miraron en silencio, sintiendo el miedo reflejado en sus pupilas. Acababan de cruzar un umbral por el que ya no podían regresar.
- Quiero que lo intentemos - dijo al fin Lydia haciendo de tripas corazón -. Que intentemos estar juntos, porque no puedo aguantar ni un día más sabiendo que solo eres mi amigo.
Theo asintió y pegó su frente a la de la chica con la respiración agitada por la emoción. Sonrió y le acarició la mejilla con el pulgar.
- Creía que nunca lo pedirías.
Esta vez fue ella quien lo besó. Un beso de amor, un beso lleno de promesas, de esperanza. Se tumbaron sin separarse un milímetro sobre la mullida hierba y con un ligero movimiento Theo se encaramó encima de la chica, apoyando ambos codos a los lados de su cuerpo para no aplastarla con su peso. Se besaron durante un tiempo indefinible, dejando sus manos vagar por el cuerpo del otro con paciencia y disfrutando del contacto de su piel ya casi seca. Sus labios dieron paso a sus lenguas, que se entrelazaron como si prometieran no volver a separarse jamás. Se movían rozándose con suavidad y experiencia, dejando que por sus bocas entreabiertas salieran gemidos apagados que se entremezclaban con sus acompasadas respiraciones. Lydia sentía como Theo se apretaba más y más contra ella, notaba las ganas del chico en cada uno de sus movimientos, en cada leve caricia que depositaba sobre su piel.
Pero de pronto un sonido gracioso y ligero se entremezcló con la leve melodía del ambiente. De cada esquina del jardín les llegaba el eco de risitas metálicas, tan melifluas como si se tratara de cientos de campanillas de viento perfectamente afinadas. Era casi como…
- Son las hadas - susurró Theo maravillado.
❤️ ¡Y fin del capítulo! ❤️
Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que os haya gustado, ¡a mí me ha encantado escribirlo! Y no podéis negar que hay mucha acción :)
Sabía que en el tercer capítulo tenían que encontrar el jardín, pero no sabía exactamente cómo desarrollarlo. Me ha costado un poco decidirme, espero que la espera haya merecido la pena :) En la descripción del jardín he intentado ser lo más descriptiva posible, evocando a los cinco sentidos por igual para permitirnos integrarnos en la historia y acompañar a los protagonistas en su recorrido 😊
La parte de las nereidas es la única que pone un poco más nervioso pero, a partir de ahí, todo parece perfecto... hasta que Victoire y Teddy salen del jardín de las hadas. ¿Cuánto tiempo creéis que puede haber pasado? ¿A qué créeis que puede deberse el movimiento que han observado en las aguas del algo? Dejádmelo en comentarios :)
Espero no haberos hecho un lío entre los dos poemas, pero he intentado ser lo más clara posible a la hora de analizarlos. Y por cierto, me recomendaron que hiciera un árbol genealógico o algo parecido porque a algunos os costaba un poco aclararos con los personajes (lo cual es lógico porque no son los de la historia normal de Harry Potter a los que estamos acostumbrados y es complicado acordarse de quién es quién). Intentaré hacer algo para ayudaros a seguir la historia cuando tenga tiempo, así que estad atentos porque lo subiré a mi cuenta de Instagram (cuyo nombre tenéis en mi biografía) :)
Pero al grano del capítulo... ¡por fin hemos tenido ese momento Theo-Lydia que tanto esperábamos! Al menos yo lo esperaba con muchas ganas ;P Aunque dada la personalidad fuerte de los dos también hayamos vivido un momento tenso, al final han conseguido arreglarse porque la realidad es que los dos se quieren :) Y, como siempre, he dejado el final muy abierto para manteneros con las ganas hasta el próximo capítulo... ¿qué creéis que va a pasar?
Antes de despedirme contestaré una review que me dejasteis (agradecería que me dejarais más porque me gusta conocer vuestra opinión sobre mi trabajo, pero algo es algo):
- Meg: ¡Bienvenida de nuevo, cuánto me alegra saber que has descubierto esta historia! Espero que tú y todos tus seres queridos estéis bien en esta situación y, por supuesto, espero que la historia te esté gustando 😊 Como leí que la amistad de Scorpius y Albus te parecía bonita les he querido dar una pequeña aparición en este capítulo (la historia es corta y no van a poder aparecer mucho, pero un hueco siempre les puedo dar). En cuanto a Teddy y Victoire he intentado reflejar partes de su relación pero, de nuevo, como la historia va a ser corta no puedo explayarme con muchas cosas secundarias (y me gustaría mucho porque estos personajes son fabulosos jeje). Y bueno respecto a Theo y Lydia, por fin han tenido un momento, ¿qué te ha parecido? Muchísimos besos, espero tu opinión del capítulo 😘😘
De nuevo espero que os haya gustado el capítulo. No olvidéis dejarme una review para que pueda conocer vuestra opinión e incluso añadir partes a la historia que os gustaría leer (siempre que cuadren claro) y recomendar mi historia a todo aquel que conozcáis que ya leyera "Dulce perdición" :) Además, para estar al tanto de mis actualizaciones solo tenéis que darle al Go y/o seguirme en la dirección de Instagram que tenéis en mi biografía. ¡Cuidaros mucho!
Con todo el cariño del mundo, otro capítulo más;
- Daphnea ❤️
