Theo y Lydia se separaron casi al instante y se observaron en silencio. El coro de risas seguían resonando con gracia pero, de momento, no se divisaba ningún hada en la explanada.
- Deberíamos vestirnos.
Theo asintió y ambos se encaminaron con rapidez hacia sus ropas; ya casi se habían secado así que pudieron ponérsela con relativa facilidad. De pronto, un sonido ligero y alegre, similar al de cientos de alas batiéndose a la vez, fue imponiéndose sobre el sonido de las risas.
- Es increíble.
El jardín parecía haber cobrado vida; las flores y las ramas de los árboles se mecían con suavidad como guiadas por un viento inexistente y el ruido del aleteo iba aumentando cada vez más de intensidad. Y entonces comenzaron a aparecer: las que salían de las copas de los árboles frutales vestían sencillas túnicas con mil tonos de verde; las que se elevaban desde los parterres en flor presentaban todas las gamas cromáticas del arcoiris y lucían elegantes peinados y tocados floreados; otras surgían de los troncos de la arboleda y sus alargadas y finas extremidades recordaban la nudosa corteza de los robles; algunas incluso emergían de la transparencia de las aguas del río, y sus cuerpos casi etéreos se elevaban de manera grácil en un vuelo precipitado para encontrarse con el resto. Había docenas de ellas, cada una más bella que la anterior, todas iguales pero completamente diferentes. Medirían aproximadamente unos 20 centímetros y de sus finas espaldas salían alas tan finas como el papel y transparentes como el cristal, que iban dejando una estela luminosa a su paso.
La mano de Lydia se cerró en torno a la de Theo y aguardaron en silencio. Las hadas bailaban y cantaban mientras volaban sobre sus cabezas, dejándose guiar por la música del jardín y por la que ellas propias creaban. Pero aunque parecía un espectáculo inofensivo algo les decía que debían tener cuidado; se sentían sobrecogidos por la mezcla de sensaciones, y un sentimiento de incomodidad les recordaba que eran intrusos en aquel idílico lugar. De pronto, un hada de color claro y mayor tamaño que las demás surgió volando de entre las copas de los robles de la arboleda y, al encontrarse en su presencia, todas las demás se inclinaron con respeto y cesaron sus bailes.
- Es el hada de la fuente - susurró Lydia y Theo asintió.
Ese hada del color del mármol era parte de la escultura de la fuente; cuando la habían visto por última vez se encontraba suspendida sobre la cabeza de la estatua de Godric Gryffindor tan inmóvil como si de piedra se tratase. Y sin embargo ahí la tenían.
La recién llegada dirigió su mirada hacia los chicos y Theo notó que se le erizaba el vello de la nuca: sus ojos desprendían bondad y compasión, pero también astucia y poder. Parecía a la vez joven y vieja, débil y fuerte; era imponente.
- Bienvenidos - la voz sonó con una potencia que parecía imposible en comparación con su tamaño -. Soy Daphnea, reina de las hadas - extendió las manos en señal de recibimiento y elevó la barbilla con orgullo -. Llevamos siglos esperándoos.
Theo frunció el ceño, pero no tuvo tiempo de preguntar porque vio de reojo como Lydia se inclinaba en una reverencia y decidió imitarla. Ambos se quedaron unos instantes en silencio hasta que el Slytherin tomó la palabra.
- Es un honor poder estar aquí, majestad - hablaba con cautela y detenimiento, midiendo cada palabra -. Pero, si se me permite la pregunta, ¿a qué se refiere al decir que llevan siglos esperándonos?
Las hadas soltaron risitas nerviosas y unas cuantas se acercaron para revolotear alrededor del Slytherin. Saltaba a la vista que llevaban mucho tiempo sin recibir visitantes.
- Es evidente - continuó Daphnea con los ojos brillantes por la emoción -. Desde el robo hemos esperado una ofrenda del castillo.
Theo sintió que su corazón se detenía un milisegundo ante la respuesta de la reina.
- ¿Una ofrenda?
- ¿El robo? - preguntó a la par Lydia - ¿Se refiere al robo de Madeleine?
Al oír aquel nombre la multitud de hadas se agitó y un cuchicheo nervioso se extendió entre ellas. Era evidente que se referían al robo de Madeleine.
- Leímos acerca del eso en un diario - aclaró Theo enseguida -. Aunque no sabemos casi nada de lo que ocurrió.
Daphnea inspiró profundamente y soltó el aire con calma, pero no logró esconder la ira que sus ojos ocultaban al recordar el acontecimiento.
- Esa ladrona disfrutó de tanto como el jardín le ofrecía: comió los frutos, olió las flores, bebió el agua. Incluso cantó junto a nosotras - frunció el ceño -. Pero nos engañó.
- Y nos robó - corroboró una de las hadas del río.
- Pero pagó por ello - contestó otra.
Theo, cada vez más convencido de que algo terrible estaba a punto de ocurrir, hizo acopio de todo su valor para la siguiente pregunta:
- ¿Pero si se puede comer y beber, qué fue aquello tan valioso que robó?
La hada reina, Daphnea, se acercó a ellos hasta estar a menos de un metro de sus semblantes y les sonrió con tanta amabilidad que ponía los pelos de punta.
- Robó la esencia del jardín, el amuleto que nos mantenía con vida - hizo una pausa -. Se llevó la espada de Godric Gryffindor.
Lydia tragó saliva.
- ¿La… la espada de Gryffindor? ¿Era parte de este jardín?
- ¿Acaso no habéis visto la fuente? - Daphnea alzó un poco más el tono como si la pregunta le ofendiera profundamente -. ¿No habéis visto que la estatua no tiene espada? Todo caballero que se precie ha de tener una espada, y aquel arma era la piedra angular de este lugar.
- ¿Qué le ocurrió a Madeleine después de que robara la espada?
Daphnea elevó el vuelo y describió una pirueta con actitud despreocupada.
- Le ocurrió lo que le tenía que ocurrir - puso una mueca triste -. Pero nada volvió a ser igual: durante siglos nos hemos marchitado, hemos ido convirtiéndonos en parte del jardín, perdiendo nuestra voluntad. ¿Creéis que este lugar es bello? Ni siquiera habéis visto una décima parte de su belleza original. Pero gracias a vosotros, eso cambiará.
- La sangre de Hogwarts ha vuelto al jardín - corearon las hadas a sus espaldas y Lydia apretó con más fuerza la mano del moreno.
- Nos alegra haberos podido ayudar y volveremos siempre que lo necesitéis - mintió la Ravenclaw -. Pero ahora deberíamos irnos.
Daphnea sonrió y negó con la cabeza.
- Me temo que eso no va a ser posible.
Lydia inspiró con fuerza y sintió a Theo tensarse a su lado.
- ¿No nos van a dejar marchar?
- Oh, has debido malinterpretarme - Daphnea se acercó volando hasta acariciar con su delicada palma el rostro de Theo y volvió su mirada hacia la Ravenclaw -. Tú puedes irte cuando quieras, dulce flor. Es él quien no puede marcharse.
Teddy y Victoire se levantaron con rapidez y apuntaron con sus varitas hacia la superficie del lago. No eran capaces de ver con claridad qué era lo que nadaba en las oscuras aguas pero, desde luego, parecía que se acercaba hacia ellos cada vez más.
De golpe la cabeza de Lydia rodeada por la ya conocida burbuja de aire emergió del lago y, con rapidez, la chica se deshizo de aquel casco y se dejó caer sobre el césped llorando y respirando con dificultad.
- Lydia - Victoire se acercó a ella con preocupación -. ¿Qué haces aquí? ¿Y Theo? No comprendo…
- Hay muchas cosas que no comprendéis - masculló la chica entre jadeos -. Se han quedado a Theo - golpeó el suelo con rabia.
- ¿Quién?
- Las hadas - Teddy y Victoire abrieron los ojos -. Las hadas se han quedado a Theo y si no les devolvemos la espada de Gryffindor en menos de dos horas, no podremos hacer nada para salvarlo.
Theo se apartó con rapidez de la reina de las hadas y retrocedió un par de pasos sin soltar a Lydia.
- No permitiré que se lo queden - añadió Lydia mientras se colocaba delante del Slytherin.
- Eso no es decisión tuya - Daphnea retrocedió hasta encontrarse con el resto de hadas -. Y deberías agradecernos la clemencia que te concedemos.
- Nosotros no tenemos nada que ver con Madeleine - suplicó Lydia -. Por favor, no lo castiguen, déjenlo marchar.
- No lo comprendes. No comprendes el poder que tiene el chico. La sangre de Hogwarts…
- Eso ya lo ha dicho, Daphnea o como se llame - las hadas comenzaron a batir las alas a mayor velocidad ante la insolencia del chico -. Pero no entiendo a qué se refiere.
- Necio - contestó la reina -. ¿No lo sabes? Eres un hijo de Hogwarts, como lo era la espada de Gryffindor. Ella fue forjada entre las paredes del castillo. Y tú...
- Mis padres me concibieron mientras estudiaban en Hogwarts - terminó Theo por ella.
La reina de las hadas sonrió con malicia.
- No tienes la menor idea del poder que supone llevar la sangre de Hogwarts en las venas - Daphnea se acercó volando hasta que su rostro quedó a escasos centímetros del del Slytherin -. Cuando esparzamos tu sangre sobre el jardín recuperaremos nuestro esplendor original; nos haremos más fuertes que nunca.
- La vida del jardín a cambio de la mía - el corazón de Lydia se encogió al detectar las notas de pánico que se ocultaban en la voz del moreno.
- Hogwarts nos devolverá lo que Hogwarts nos quitó - afirmó la reina -. Un trato justo.
- ¿Cómo saben que funcionará? - se atrevió a preguntar el moreno en un desesperado intento por encontrar un fallo en su plan.
Daphnea inclinó la cabeza con tristeza.
- Mi dulce niño, siento tanto que tengas que pasar por esto. Pero míranos - sonrió y describió un tirabuzón -. No habíamos estado tan vivas en los últimos 400 años.
- ¿Es su presencia lo que da vitalidad al jardín? - preguntó Lydia esperanzada -. Porque podríamos…
Daphnea negó con la cabeza y señaló el tobillo de Theo, donde de la herida que le había infligido la primera nereida caía un fino hilo de sangre que llegaba hasta el suelo.
- Si unas simples gotas han podido despertarnos después de tantos siglos, quién sabe lo que el resto de su sangre logrará.
- No puedo dejar que le hagan eso - Lydia se volvió a situar delante de Theo.
- Lydia - el moreno sonaba derrotado. La abrazó desde atrás y la Ravenclaw se volvió entre sus brazos -. Por favor, vete antes de que se lo piensen de nuevo.
La chica sintió que se le entrecortaba la respiración y una sensación de miedo y desazón al darse cuenta de que el Slytherin había aceptado su destino.
- ¿Crees que podré vivir sabiendo que yo te he hecho esto? - la voz de la Ravenclaw sonaba aguda por la impotencia -. Theo, seremos como Madeleine y William.
- Ni se te ocurra siquiera pensar algo así - le cogió la cara con firmeza y la sujetó a la altura de su rostro -. Tú no puedes hacer lo mismo que hizo William; tienes que dejarme ir.
- No puedo - la morena movió la cabeza con nerviosismo - No puedo, Theo.
- Lydia… - la Ravenclaw no había visto nunca a Theo llorar. El Slytherin se había construido un duro muro para proteger sus sentimientos pero, en aquel instante de incertidumbre, una grieta se estaba abriendo paso hacia la superficie y sus ojos azules estaban surcados de lágrimas -. Por favor, no me hagas esto. Tienes que irte.
- No dejaré que te pase nada - la Ravenclaw negó con la cabeza y apretó su frente con fuerza contra la de Theo -. Buscaré ayuda y…
- Eso no te servirá de nada - la indiferente voz de Daphnea los devolvió de golpe a la realidad -. Este lugar es un páramo.
Theo cogió aire con fuerza y Lydia lo miró sin comprender.
- ¿Un qué?
- Los páramos - explicó Theo mientras la miraba derrotado - son rincones en los que la magia es tan fuerte que se impone sobre el tiempo. Es extremadamente difícil crearlos y se conocen muy pocos - miró a su alrededor -. El tiempo aquí es relativo; un minuto puede suponer dos horas en el exterior, o dos horas aquí pueden suponer un minuto en el exterior. Por eso es extremadamente peligroso: si te despistas, puede que al regresar el mundo tal y como lo conocías haya avanzado 100 años. O puede que entres con 17 años y salgas con 80, pero el mundo exterior no haya avanzado ni un segundo.
Lydia sintió aquella revelación como un jarro de agua fría.
- Ahora sí que no me iré. Aunque intente volver en un par de horas quizás haga años que te han asesinado.
Theo sonrió con tristeza y dejó que la primera lágrima resbalara por su rostro.
- ¿No es increíble que una cosa así sea posible?
Lydia lo abrazó con fuerza mientras una idea se iba haciendo cada vez más grande en su cabeza. Ella lo había metido en eso y ella lo sacaría. Finalmente, se volvió hacia la reina de las hadas.
- Majestad - tuvo que reunir toda la fuerza de voluntad que poseía para llamar al hada de aquella manera -, ¿usted tiene control sobre el tiempo aquí?
Daphnea alzó una ceja.
- Lo tenía, pero ese poder ha ido apagándose a lo largo de los años; ahora mismo no puedo darte ninguna garantía - hizo una pausa -. ¿En qué estás pensando?
- ¿Si consigo traerles la espada de Gryffindor, dejarán que Theo se marche? - sonaba desesperada porque esa era la última carta que podía jugar -. Es decir, la sangre de Theo se agotará tarde o temprano, pero la espada podría estar aquí para siempre.
La reina pareció reflexionar.
- Recuperaríamos nuestro esplendor - Daphnea se dio la vuelta y observó a sus hermanas, que habían comenzado a moverse con agitación. Finalmente asintió -. Cuando salgas por esa puerta seguirá siendo la misma hora que a tu entrada. A partir de ahí tienes un máximo de dos horas para conseguir la espada y traerla aquí, o será demasiado tarde.
Lydia sintió que perdía gran parte de la esperanza.
- ¿Dos horas?
- Y yo que tú lo haría en menos tiempo - la reina sonrió al Slytherin -. ¿Quién sabe si cuando vuelvas no se habrá convertido en un anciano?
- Tiene que prometer que no le hará daño.
Daphnea inclinó la cabeza.
- La reina de las hadas no tiene nada que prometer, niña. Tienes dos horas - dicho esto la nube de hadas se acercó y se colocó en torno al Slytherin, comenzando a elevarlo por los aires.
- ¡Theo! - el moreno intentó agarrar la mano de Lydia, pero las hadas lo alejaban cada vez más y más de ella.
- ¡Lo conseguirás, Lydia! - era imposible vislumbrar al chico entre la bandada de criaturas, pero su voz irrumpía con fuerza sobre la permanente melodía del jardín. Sonaba asustado y desesperado, pero había un deje de esperanza en su voz -. ¡Siempre lo consigues!
Lydia terminó de contarles la precipitada historia a Teddy y a Victoire y esperó a que alguna de ellos dijera algo. Había intentado ser lo más concisa posible y sabía que se había dejado detalles por el camino, pero no tenían mucho tiempo y debían ponerse en marcha cuanto antes.
- ¿Osea que desde que nosotros hemos salido del jardín hasta que has salido tú han pasado horas? ¿Y aquí ni siquiera un par de minutos? - preguntó Victoire.
- Si es así, tenemos que conseguir la espada y regresar cuanto antes - añadió Teddy -. Además, si dices que la reina de las hadas no controla bien su poder del tiempo, puede que Theo tenga que estar años ahí dentro esperando a que le rescatemos.
- Pero la espada está en el Ministerio - Lydia volvió a golpear el suelo con rabia -. Y no estamos seguros de si conseguiremos…
- ¿Olvidáis que la madre de Theo es la Primera Ministra?
- Ese es el problema - masculló Lydia mordiéndose el labio -. No podemos meter al gobierno en esto; ¿creéis que si Hermione Granger descubre que su hijo está secuestrado no ordenará el consiguiente cierre del jardín?
- Pero ella ama a las criaturas mágicas.
- No, Lydia tiene razón - corroboró Victoire -. Y McGonagall también lo hará. Si avisamos a adultos se verán en la obligación de eliminar el jardín para la protección de los alumnos y eso podría desencadenar grandes problemas; aunque aparenten ser inofensivas, creo que esas hadas tienen un gran poder.
- Si conseguimos la espada y sacamos a Theo, nadie más estará en peligro. Aunque encuentren el jardín en el futuro las hadas no necesitarán tomar más prisioneros - puntualizó Lydia intentando aclarar sus confusas ideas -. ¿A alguno se le ocurre algo?
Teddy dudo un segundo y finalmente sugirió:
- Creo que sé cómo conseguir la espada - las dos chicas se volvieron a mirarlo con ojos esperanzados -. No podemos estar seguros de si funcionará, pero es la mejor opción que tenemos - reflexionó un momento y finalmente asintió -. Victoire, tú irás a la torre de Gryffindor a despertar a tu primo James; lo necesitaremos y también necesitaremos su capa de invisibilidad. Mientras, Lydia y yo iremos a buscar el Mapa del Merodeador; nos encontraremos lo más rápido que podamos ante la gárgola de entrada al despacho de McGonagall.
Los tres se levantaron y emprendieron un acelerado regreso hacia el castillo. Victoire miró su reloj, que había vuelto a funcionar nada más salir del jardín encantado. Eran las tres y media.
- ¿Qué pretendes con todo esto Teddy?
- En primer lugar necesitamos a alguien con sangre noble para poder acceder al jardín; James es hijo de Harry Potter así que su sangre funcionará igual que la de Theo.
- Pero él…
- No lo llevaremos al jardín con nosotros, Victoire. No te preocupes por eso - Teddy negó con la cabeza -. Jamás me perdonaría que le ocurriera algo.
- Ya lo conoces, no podremos dejarlo atrás.
- No sabe respirar debajo del agua así que tendrá que conformarse con quedarse vigilando. Y es vital que alguien que esté al tanto de nuestros planes se quede fuera, por si acaso las cosas se complican y tiene que dar la voz de alarma al ver que no volvemos.
Ya casi habían llegado a las escaleras.
- ¿Y todo lo demás? ¿La capa de invisibilidad y el Mapa del Merodeador?
- Los necesitaremos para llegar hasta la espada de Gryffindor sin que nadie nos vea.
- ¿Vamos a ir al Ministerio?
El metamorfomago negó con la cabeza ante la pregunta de Lydia.
- Hay una forma más sencilla de obtener la espada de Gryffindor, Harry me lo explicó hace años. Esa es la principal razón para necesitar el mapa y la capa: obtendremos la espada a través del Sombrero Seleccionador y, para eso, tenemos que colarnos en el despacho de McGonagall. Con suerte no se enterará. Lydia - se giró hacia la Ravenclaw - te necesito para eso. ¿No recordarás…?
- Garius Tomkink - sus amigos la miraron -. Es el autor de "Historia de Hogwarts" y la contraseña para acceder al despacho de McGonagall. La oí susurrarla el otro día cuando fuimos con ella.
- Eres la mejor - respondió Victoire.
Teddy asintió y los tres se detuvieron al llegar al hall principal.
- Nos vemos en cuanto podáis detrás de la estatua de la gárgola - le dijo el Hufflepuff a Victoire -. James y tú tenéis que ir con mucho cuidado, porque no llevaréis el Mapa del Merodeador. Hoy no podemos perder ni un minuto esquivando a Weiss.
Victoire asintió.
- Esta noche solo hay una norma: salvar a Theo. Y si tengo que inmovilizar y petrificar a todos los profesores del colegio para conseguirlo, lo haré.
Theo se despertó de golpe cuando una de las pequeñas hadas de las flores se posó sobre su cabeza y se agitó con fuerza para obligarla a apartarse. Intentó moverse pero, a pesar de lo frágiles que parecían los hilos dorados con los que las hadas lo habían atado a uno de los manzanos, apenas consiguió separar el brazo un par de centímetros de su cuerpo. Dejó caer la cabeza con resignación y se obligó a reprimir las lágrimas que acudieron a sus ojos.
Los primeros días habían sido relativamente tranquilos; las hadas bailaban y cantaban y lo dejaban a sus anchas, permitiéndole comer y beber tanto como quisiera. Se podía bañar en el río, podía correr sin interrupción, incluso le dejaban trepar a los árboles. Pero aquella relativa tranquilidad empezó a hacérsele tediosa y, con cada día que pasaba, más lo invadía la aplastante sensación de que moriría en aquel jardín. Notaba que se estaba volviendo loco, había perdido el concepto del tiempo; dormía cuando tenía sueño y comía cuando tenía hambre, pero no había noches en ese lugar y era imposible saber cuánto tiempo llevaba secuestrado. Y en un momento de desesperación, lo hizo.
Cuando todas las hadas estaban despistadas echó a correr hacia el roble de la arboleda y se lanzó con fuerza hacia el lugar donde se encontraba la puerta, esperando que esta cediera ante su embestida. Sin embargo, lo único que consiguió fue un golpe tremendo en la frente y que lo ataran y vigilaran las 24 horas del día. Por lo visto, nadie abandonaba el jardín si las hadas no se lo permitían; ellas sabían que no hubiera logrado escapar, pero esa era su forma de castigarle por intentarlo.
Había un par de hadas más amables y atentas que las demás que se acercaban cuando el hada encargada de su vigilancia se despistaba y tratan de mantener su estado de ánimo: le contaban chistes, cantaban, bailaban. O al menos al principio. Hacía bastante tiempo que nadie lo vigilaba, y tampoco nadie le cantaba ni bailaba; era como si la emoción de tener a una persona nueva entre ellas se hubiera esfumado. Lo dejaban libre un par de veces al día por rutina, pero nada más. Nadie se preocupaba por él, porque a ninguna de ellas le importaba en realidad; solo lo toleraban mientras daban tiempo a que Lydia volviera con la espada y, si llegado el momento eso no ocurría, no tendrían ningún reparo en rajarle las venas y verter su sangre sobre el jardín.
Tenía la boca seca y los labios agrietados, el pelo caía desordenado sobre su frente y una incipiente barba cubría sus mejillas; se sentía solo, abandonado, olvidado. Aquel secuestro se había vuelto una tortura insoportable; había ocasiones en las que pensaba que se volvería loco y le invadía el apremiante deseo de meterse una rama por los oídos para romperse los tímpanos y dejar de escuchar aquella atronadora sinfonía, o arrancarse los ojos para poder disfrutar de la oscuridad. Quería gritar, pero ni siquiera le quedaban fuerzas para ello.
Solo podía esperar a que sus amigos consiguieran encontrar la espada y devolverla al jardín antes de que la cordura lo abandonara.
- Es todo mi culpa.
- Ni se te ocurra volver a decir eso.
- Pero es cierto, Teddy. Yo insistí en investigar acerca de la existencia del jardín y por ello ahora las hadas tienen a Theo. Tú no viste la última mirada que me lanzó - sintió un escalofrío recorrerla y cerró los ojos con fuerza intentando apartar aquella imagen de su mente -. Estaba aterrado Teddy, incluso lloraba. ¿Cuántas veces lo has visto llorar?
- Conseguiremos rescatarlo, Lydia. Si hace falta reducir a McGonagall o si tenemos que ser expulsados por ello, pues que así sea. Pero no vamos a dejar que le pase nada a Theo.
- Ojalá sea así, pero...
- Que tú descubrieras el diario no te hace culpable; Theo era tan consciente del peligro que corría como Victorie y como yo, pero todos accedimos de buen grado. Si las cosas salieron mal, no podemos culpar a nadie.
Lydia percibió el tono de dolor en la voz del Hufflepuff y se giró para mirarlo. Sintió su corazón encogerse ante la mirada de sufrimiento que le devolvió Teddy. Theo y Teddy se habían criado casi como hermanos, llevaban juntos toda la vida. Si alguien estaba sufriendo, desde luego ese era Teddy. La Ravenclaw asintió; estaban dispuestos a dar su vida por el Slytherin si hacía falta.
- Lo rescataremos.
Victoire y James retiraron la capa cuando observaron a Teddy y Lydia acercarse con sigilo a la estatua de la gárgola. Teddy reprimió un grito y frunció los labios.
- Me habéis dado un susto de muerte.
- Perdón Teddy - respondió James -. Bien, ¿me vais a explicar ya qué hacemos aquí? ¿Y dónde está…?
- Theo está en peligro - le cortó Teddy -. Y con tu ayuda podemos rescatarlo.
James abrió mucho los ojos.
- ¿En peligro? ¿Qué clase de peligro?
- Digamos que tenemos que darnos mucha prisa.
Victoire salió del ascensor de piedra cuando este hubo llegado al piso superior y se detuvo ante la puerta cerrada del despacho. Teddy había sido muy claro: la espada saldría del sombrero solo si un Gryffindor la necesitaba de verdad. Y esta vez hacía falta un Gryffindor real, por lo que Victoire era su única opción si pretendían dejar a James apartado del peligro.
La rubia inspiró profundamente y giró el pomo, abriendo la puerta hacia el interior del despacho. Sintió parte de la tensión de sus hombros desaparecer; si la puerta hubiera estado cerrada todo habría sido más complicado, pero suponía que McGonagall no creía necesario poner mayor seguridad que la de la contraseña de acceso.
Entró en la amplia estancia y se detuvo con el corazón en un puño al encontrarse rodeada de retratos cuyos ocupantes dormían apaciblemente. Si alguno de ellos despertaba y alertaba a McGonagall se vería en un grave apuro; pero entonces miró a sus pies y recordó que era invisible. No estaba acostumbrada a aquella sensación y no era capaz de asimilar que, aunque la directora estuviera enfrente de sus narices, no lograría verla. Giró en torno a sí misma hasta que divisó en lo alto de la estantería de caoba al viejo sombrero y se acercó con sigilo hasta allí.
No llegaba a alcanzarlo con la mano pero podría atraerlo con magia; sin embargo, se detuvo a reflexionar. Aquel sombrero tenía la potencia vocal suficiente como para hacerse oír por todo el Comedor durante la Ceremonia de Selección, lo que quería decir que si no actuaba de manera correcta en menos de un minuto McGonagall se habría plantado en el despacho: tenía que actuar con inteligencia.
Finalmente se decidió y se acercó hasta el enorme retrato pintado en tonos grises y azules.
- ¿Señor Dumbledore? - el susurro no pareció surtir efecto y se vio obligada a alzar la voz - ¿Señor Dumbledore? -. Esta vez consiguió que el viejo director abriera los ojos y mirara a su alrededor confundido, pero también despertó a alguno de los otros directores que comenzaron a susurrar entre sí - Soy Victoire Weasley, la hija de…
- Bill Weasley y Fleur Delacour - el hombre sonrió y miró hacia donde imaginaba que estaría la chica -. Tuve el placer de conocer a ambos de tus padres cuando eran jóvenes; dos muchachos encantadores. ¿Qué te trae por aquí a estas horas?
- No tengo mucho tiempo, señor - la rubia dejó caer parte de la capa para que le viera la cabeza y volvió a taparse enseguida -. Es por el jardín que estábamos buscando; lo encontramos y ahora Theo Black está en peligro. Pero tiene que prometer que no avisará a McGonagall.
El hombre no le pidió más información y asintió. A continuación mandó callar al resto de retratos con un chistido y se volvió hacia la rubia.
- ¿Qué necesitas?
- La espada de Gryffindor - el hombre frunció el ceño -. Se lo ruego, no podemos perder el tiempo, es una cuestión de vida o muerte.
Victoire sintió la desesperación en su voz y trató de ignorar la sensación de aplomo que se había instalado en su pecho. Finalmente, Dumbledore sonrió.
- ¿Harás lo que te pide?
Victoire frunció el ceño sin comprender, pero al momento se dio cuenta de que no se dirigía a ella. El Sombrero Seleccionador, que había escuchado toda la conversación, sonrió mostrando una deforme apertura entre sus deshilachadas costuras.
- Pensaba que este día nunca llegaría.
Theo apretó los dientes e irguió la cabeza cuando la reina de las hadas llegó hasta él. Supuso que el hecho de verla no era un buena noticia: desde que Lydia se marchó, Daphnea no había vuelto a hacer acto de presencia. Y sin embargo ahí estaba, con una sonrisa tierna pero peligrosa, observándolo con indiferencia.
- ¿Por fin habéis decidido matarme? - después de tantos días sin hablar con nadie su voz sonó ronca y enferma, y sintió que la garganta le ardía.
La reina soltó una de sus melodiosas carcajadas y el Slytherin tuvo que reprimir las ganas de ahogarla. Aunque hubiera sido difícil teniendo en cuenta que seguía atado contra uno de los árboles.
- No vamos a acabar contigo todavía - hizo especial énfasis en la última palabra -. Pero tu amiguita se está demorando demasiado y mis hermanas comienzan a sentir de nuevo el agotamiento invadirlas. Y no podemos sucumbir al sueño otra vez.
Theo dejó caer la cabeza contra el tronco y cerró los ojos.
- ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
- Oh, quién sabe querido - le acarició la mejilla y Theo apartó la cara con odio -. Pero no te preocupes, todavía te queda tiempo para disfrutar de este maravilloso lugar.
- Las cuerdas me lo impiden.
Daphnea ladeó la cabeza y sonrió.
- Te lo ganaste a pulso - chascó un dedo y el Slytherin sintió que su brazo izquierdo había quedado liberado -. Y ahora por favor, tiéndeme tu brazo para que pueda sacarte algo de sangre sin hacer nada... - la mano del chico se cerró con fuerza alrededor del cuello de la reina y al instante Theo se vio rodeado por cientos de hadas enfadadas que lo arañaban y acometían sin piedad.
Daphnea por fin consiguió separarse de él y lo miró con los ojos entornados, frotándose el cuello con una mueca de dolor. En su cara ya no había rastro de la sonrisa que la caracterizaba.
- Muchacho estúpido - se giró hacia el resto -. Que nadie se acerque a él durante tres días: no comerá, ni beberá, ni se le desatará en ningún momento durante ese periodo de tiempo. Así aprenderá. Y ahora sacadle la sangre que necesitamos.
Theo gritó e intentó zafarse pero las ataduras se lo impedían. Sintió un mordisco agudo en el antebrazo izquierdo y se retorció sintiendo como las cuerdas lo apretaban con más fuerza, aplastándolo contra el árbol e impidiéndole respirar con normalidad.
- ¡Mátame! - la reina se alejaba volando hacia la arboleda, pero supo que le había oído - ¡Llevo aquí semanas, nadie vendrá a buscarme! ¡Mátame!
Supo que algo estaba cambiando en el jardín y que tenía mucho que ver con el reguero de sangre que resbalaba por su brazo; los árboles se hacía más altos, el viento soplaba con más fuerza, la melodía se hacía más potente. Las cuerdas a su alrededor seguían apretándolo cada vez con más furia mientras el árbol se hacía más y más ancho y finalmente se desmayó, con el presentimiento de que nunca más despertaría.
Cuando el viejo ascensor de piedra comenzó a girar, los tres se escondieron tras la esquina más cercana hasta cerciorarse de que la que bajaba era Victoire e iba sola; y así era. La rubia sostenía la brillante espada, que casi refulgía bajo la luz de las antorchas, con ambas manos. Teddy frunció el ceño al ver la palidez de su rostro y se acercó a su novia con rapidez.
- ¿Qué te ocurre? - el Hufflepuff cogió la espada que le tendía y extendió su mano para acariciarle el rostro, pero de pronto Victoire se desmayó en sus brazos.
- ¡Victoire! - Lydia se agachó a su lado y sintió el pánico invadirle al ver el cabello de su amiga impregnado de un líquido rojo y pegajoso -. Tiene un golpe muy fuerte en la cabeza, Teddy. Deberíamos llevarla a la enfermería.
De pronto la rubia recuperó la conciencia y trató de erguirse con dificultad.
- No es nada, chicos. No podéis ir sin mí a por Theo, si…
- Lo único que conseguirás es desmayarte y hundirte en las profundidades del lago, Victoire. No estás en condiciones - Teddy intentó mantener la compostura y se mordió el labio con fuerza -. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo…?
- Para conseguir la espada tuve que ponerme el Sombrero Seleccionador, y digamos que no cayó con mucha delicadeza sobre mi cabeza.
- Por las barbas de Merlín, yo…
- No, ya basta de culpabilidades - Victoire puso una mueca de dolor. Sentía su cabeza latir con rabia, como si estuviera a punto de estallarle -. Debía hacerlo y lo he hecho. Pero no perdáis más tiempo, cada minuto que dejamos pasar nos aleja más de Theo.
- Si necesitáis mi sangre os la puedo dar ahora y así te acompañaré.
Victoire negó con la cabeza y cogió la mano de su primo James.
- Estoy bien, puedo ir sola a la enfermería. Tú tienes que quedarte vigilando el lago - sacó la capa de invisibilidad del bolsillo de su túnica y se la tendió a sus amigos mientras se ponía en pie sin dejar de temblar.
- ¿Estás segura?
Victoire asintió e inspiró con fuerza.
- Rescataremos a Theo e iremos a ver qué tal estás - asintió Lydia mientras abrazaba a su amiga -. Cuídate.
Teddy la besó y le acarició la mejilla sin poder apartar de su mente el pensamiento de que si algo salía mal, aquella sería la última vez que la viera.
- Todo irá bien - dijo su novia para reafirmarlo -. Id a por él.
Teddy, James y Lydia se apretujaron con dificultad bajo la capa de invisibilidad y corrieron por los largos y vacíos pasillos de Hogwarts sin preocuparse por el eco que sus pisadas provocaban. Si alguien se interponía en su camino, lo reducirían. No podían ir con cuidado ni con sigilo, porque si había algo de lo que no disponían, era tiempo.
Llegaron hasta el borde del lago sin mayor inconveniente y se miraron con ansias. Teddy comprobó su reloj.
- Son casi las 4 y media.
Lydia sintió un terrible peso en la boca del estómago.
- ¿Ya?
- Nos costó demasiado llegar al despacho y Victoire ha estado más de quince minutos allí arriba.
- Pues no podemos perder ni un minuto más. James - Lydia se volvió hacia el chico y le tendió un pequeño frasco de cristal -, ¿puedes verter aquí un par de gotas de sangre?
El moreno asintió, cogió el frasco que le tendía la Ravenclaw y agarró la espada de Gryffindor para hacerse un pequeño corte en la palma de la mano mientras los otros dos se despojaban de sus túnicas.
Teddy y Lydia se giraron cuando un golpe sordo sonó a sus espaldas; James había caído al suelo y se debatía entre convulsiones. Teddy se acercó con rapidez hacia el chico y observó el lugar donde se había cortado, que comenzaba a tornarse negro.
- Lo había olvidado… - logró decir James todavía entre estertores - La espada… mi padre… veneno de basilisco - su boca comenzó a echar espumarajos y Teddy se inclinó sobre su mano con ansiedad intentando poner en práctica algunos de los hechizos curativos que conocía sin que ninguno surtiera efecto.
- James… - Teddy se frotó la cara con fuerza y soltó un grito apagado de rabia. Se sentía impotente y aterrado: primero había perdido a Theo y ahora estaba a punto de perder a James.
- ¡Tienes que llevarlo a la enfermería cuanto antes, Teddy! ¡Si no lo tratan enseguida sufrirá shock séptico y morirá! - Lydia se agachó a su lado, recogió el frasco en el que James había conseguido derramar un par de gotas de su sangre antes de colapsar y sujetó la espada de Gryffindor con fuerza -. Si no he vuelto con Theo a primera hora de la mañana, avisad a quien haga falta.
Golpeó a Teddy en el hombro, quizás con demasiada fuerza por la tensión de la situación, y consiguió sacarlo de sus cavilaciones.
- ¡No puedes tener miedo ahora! ¡Cógelo y llévaselo a Madame Pomfrey, ella sabrá qué hacer!
El Hufflepuff se puso en pie con dificultad y dirigió una última mirada a su amiga, que asintió con la cabeza mientras se equipaba con la burbuja de aire y se lanzaba a las gélidas aguas del lago. A continuación, Teddy elevó el cuerpo de James, que había adoptado una postura rígida pero inmóvil, y corrió con las últimas fuerzas que le quedaban hacia el castillo.
Se obligó a no pensar, a apartar cualquier pensamiento negativo de su mente. Theo estaba secuestrado, Victoire herida, James envenenado y Lydia en peligro. En cuestión de una hora su vida se había convertido en una pesadilla de la que no sabía si sería capaz de despertar.
Lydia había imaginado que con el agua la espada pesaría menos, pero se equivocaba. El arma la obligaba a nadar con todas sus fuerzas para evitar hundirse y, para colmo, no recordaba el lugar exacto en el que se encontraba la entrada al jardín. Llevaba más de diez minutos nadando con desesperación cuando de pronto el agua comenzó a arremolinarse a su alrededor y un golpe la lanzó más de 20 metros hacia atrás, cortándole la respiración. Cuando logró recuperar la estabilidad se giró y sintió un escalofrío erizarle el vello de la nuca al encontrarse cara a cara con el calamar gigante. Intentó quedarse quieta para no darle motivos para atacar y rezó porque el calamar no se acordara de la broma que le habían gastado el año pasado; no era carnívoro, pero sí un asesino en potencia si estaba enfadado.
Cerró el puño en torno a su varita con determinación y guardó el frasco de sangre en el bolsillo de sus pantalones. Después, asió con fuerza la espada de Gryffindor con la mano que tenía libre y comenzó a patalear con cuidado para alejarse nadando de espaldas de la criatura. Pero tan pronto como pensaba que estaba a salvo sintió un tentáculo golpearla con brutalidad por la espalda y se vio lanzada contra el fondo con fuerza; ignoró la punzada de dolor que sintió en el hombro al doblarse el brazo y se volvió con determinación, preparada para contraatacar; el agua era el elemento del calamar y no había forma de escapar de aquella situación de otra forma. Pero frunció el ceño al ver que la criatura parecía haber olvidado su enfado y permanecía flotando sobre su cabeza con la máxima quietud posible. Y entonces las vio: las nereidas habían aparecido como de la nada, habían logrado inmovilizar al calamar y observaban la espada con expectación. Con el corazón en un puño, Lydia se giró y observó a pocos metros de distancia la piedra que tanto había ansiado encontrar; asintió agradecida hacia las nereidas y nadó hacia el lugar con rapidez. Cuando hubo llegado, sacó el tubo de sangre de su bolsillo, lo abrió con cuidado y dejó que las gotas impregnaran la superficie, rezando porque aquello diera resultado. Y así fue, pues al momento sintió el lago temblar a su alrededor y un destello cegador la iluminó: cuando fue capaz de abrir los ojos de nuevo, la ya conocida apertura había aparecido en la base de la roca.
Sin perder ni un segundo más nadó al interior y apareció en el húmedo túnel; al momento sintió que la espada tiraba de su brazo hacia abajo, y lo que antes había sido una molesto dolor en el hombro se convirtió en una sensación desgarradora que irradiaba por todo su brazo, impidiéndole realizar movimientos amplios. Se llevó la mano contraria al hombro, intentando ahogar un grito de dolor y se giró hacia la puerta. Y en el mismo momento en que lo hizo, una sensación de opresión la asedió al encontrarse frente a la entrada cerrada.
La última vez que fueron, Theo había conseguido abrir la puerta con su varita, pero no había traído consigo la varita de James. Probó a esparcir las pocas gotas de sangre que quedaban en el tubo sobre la superficie de madera, pero esta permaneció impasible.
Se desplomó en el suelo e intentó calmar su acelerada respiración, notando el ataque de ansiedad que comenzaba a invadirla. Se abrazó el cuerpo con fuerza mientras notaba el dolor de su hombro quedar eclipsado por la sensación de opresión en su pecho, pero por más que pensaba no se le ocurría ninguna solución.
No llevaba reloj, pero era bien consciente de que no sería capaz de salir del lago, ir a la enfermería a por la varita de James y volver a tiempo; no con ese hombro. Además no quedaba sangre en el frasco, no estaba segura de si las nereidas la dejarían pasar la próxima vez y no podía presentarse en el castillo con la espada de Gryffindor como si nada; Madame Pomfrey no era entrometida, pero se vería obligada a avisar a la directora McGonagall.
Le faltaba el aire, sentía que se ahogaba por momentos y la sensación de pánico que invadía su pecho se hacía cada vez más y más grande mientras una idea certera y aguda la asediaba: no iba a conseguir salvar a Theo.
❤️ ¡Y fin del capítulo! ❤️
¡Espero que os haya gustado! ¿Qué os ha parecido? No podéis negarme que hay acción de sobra 😜 Este capítulo me tenía un poco perdida al principio pero lo he ido encaminando en función a lo que me pedía la historia y estoy muy contenta con el resultado 😊
Y sí, aunque sea malvada le he dado mi nombre (Daphnea) a la reina de las hadas porque me apetecía hacer una especie de aparición 😜 Además, realmente no creo que las hadas sean malvadas, simplemente se les quitó algo hace años e intentar recuperarlo; aunque sí es cierto que para ello tendrán que matar a un alumno inocente... En el fondo un poquito malas sí que son pero a mí me encantan, no os voy a mentir 😊
Hay una parte que me gusta mucho por su paralelismo con "Dulce perdición": ¿no os recuerda el momento en el que Theo acepta que va a morir al momento en el que a Draco le mandaron asesinar a Dumbledore y dio por hecho que iba a morir? Y en el segundo caso Hermione se las ingenió para salvarlo, así que quién sabe, puede que Lydia lo consiga... o puede que no ;P
Como hemos visto, los chicos han tenido que echar mano de James porque necesitaban su sangre, pero poco a poco han ido quedándose por el camino y solo Lydia ha conseguido llegar hasta la entrada. Pero sola, herida y sin la varita de James, ¿cómo va a conseguir entrar y salvar a Theo? Y en caso de que lo haga, ¿no será demasiado tarde?
Os he ido poniendo pequeños fragmentos de lo que sería la vida de Theo en el interior para que, finalmente, las dos historias confluyan en una sola... pero para verlo tendremos que esperar hasta el próximo capítulo :)
Antes de despedirme voy a responder a las reviews de todos aquellos a los que no puedo contestar por privado:
- Meg: hola cielo 😊 ¡Espero que te haya gustado el capítulo! Lo que es seguro es que no te habrás aburrido, porque había acción para dar y regalar 😜 Por cierto, muchas gracias por lo de los poemas, la verdad es que nunca había escrito ninguno ni siquiera para clase, y tampoco me costó mucho dar con las palabras apropiadas; quizás tengo un talento oculto, quién sabe jeje. En parte sí que recuerda todo un poco al torneo de los Tres Magos, y además los padres de los chicos tuvieron que ver bastante con la prueba del lago: Hermione estuvo secuestrada en el lago, y Harry (padrino de Teddy) y Fleur participaron en el Torneo; así que sus hijos solo siguen la tradición 😊 Sé que este capítulo acaba con mucha intriga pero de vez en cuando hay que poner algo de acción, no puede ser todo romance porque si no nos moriríamos de aburrimiento :) Por cierto, si me sigues en Instagram el otro día colgué un árbol genealógico para ayudaros a seguir la historia mejor, pásate a echarle un vistazo si quieres 😁 Muchísimos besos, espero que sigas bien y nos vemos el próximo capítulo 😘❤️
Y eso es todo por ahora, antes de iros por favor no olvidéis dejarme una review, no cuesta mucho rato y a mí me es de gran ayuda, tened en cuenta que dedico bastantes horas en escribir cada capítulo y no cobro nada por ello, es por el simple hecho de entreteneros. Así que por favor, dejadme vuestra opinión por aquí o por instagram :)
Además, no olvidéis darle al Go y suscribiros para estar al tanto de cada actualización, y recomendad la historia a todos aquellos que conozcáis que ya leyeran "Dulce perdición". Si tenéis alguna duda, sugerencia, etc., poneos en contacto conmigo y os lo resolveré sin tardanza 😘 Y de nuevo, no olvidéis dejarme una review con vuestra opinión :)
Con todo el cariño del mundo, un capítulo más;
- Daphnea ❤️
P.D.: el otro día hice un árbol genealógico para representar las relaciones familiares de los diferentes personajes de la historia y así ayudaros a seguirla mejor :) Como aquí no me deja (o no sé) subir imágenes lo subí a mi cuenta de Instagram, cuyo nombre tenéis en mi biografía. ¡Echadle un vistazo! ❤️
