¡Hola! Antes de nada lo siento mucho por el retraso pero la inspiración ha tardado bastante en venirme y, por qué no decirlo, yo también necesitaba unas vacaciones de este año loco. Para los que todavía seguís aquí (que espero que seais muchos), quizás os vendría bien releeros el anterior capítulo, aunque sea por encima, para lograr recordar los detalles más importantes. Incluso a mí, que soy la escritora, había partes que en las que me fallaba la memoria.
Bien, no quiero quitaros mucho más de vuestro tiempo, así que disfrutad el capítulo ❤️
Lydia intentaba concentrarse, disipar esa cortina de ansiedad y temor y dar con una solución lógica. Estaba delante de la puerta y no se iría sin antes haberse dejado la piel en el intento de entrar. Se levantó con dificultad e inspiró con fuerza antes de lanzarse brutalmente contra la puerta de madera con el hombro que no le dolía; por desgracia esta no se movió ni un ápice. A continuación lanzó todo tipo de encantamientos explosivos contra la aparentemente débil superficie de madera, pero lo único que consiguió fue un dolor de oídos brutal provocado por el estruendo de las explosiones rebotando a su alrededor y una capa de tierra húmeda cayendo desde el techo y difuminándole la visión.
Pateó, arañó, estudió con minuciosidad la puerta hasta hundirse en el presentimiento de que no conseguiría sortear esa última barrera. Sintió una lágrima surcar su rostro, dibujando un rastro brillante en sus embarradas mejillas y se rodeó el hombro dañado con fuerza sintiendo la presión de un enorme nudo en su garganta. Le costaba cada vez más respirar en aquel ambiente húmedo y pesado y sentía que apenas tenía fuerzas para volver a nado a la superficie, pero no quería regresar, no sin Theo. Se agachó haciéndose un ovillo y se agarró las rodillas sin poder sofocar un sollozo que salió de lo más profundo de su alma. Y entonces su pie rozó una superficie dura y un sonido metálico resonó suavemente entre las paredes de aquel túnel submarino. Se levantó tan rápido que tuvo que agarrarse con fuerza a la pared para no caerse y se quedó observando la espada de Gryffindor en silencio; si lo que Daphnea había dicho era cierto y aquella espada era hija de Hogwarts, quizás… Se agachó y asió con fuerza la espada por el mango, observando los destellos que esta emitía al entrar en contacto con el haz de luz que despedía su varita. Pero no era como si reflejara la luz… parecía brillar con fuerza propia. Sintió el calor despedido por la empuñadura y su corazón se puso a latir a mil revoluciones por minuto; un débil temblor sacudía la espada, casi como si esta tuviera vida propia, y entonces supo que su idea funcionaría. Aquella espada parecía haber tomado consciencia de sí misma, como si fuera capaz de saber que por fin, después de tantos siglos, volvía a casa.
Se armó de valor y apoyó la hoja de metal contra la puerta de roble sintiendo un estremecimiento recorrerla cuando, al entrar en contacto con la espada, la entrada se abrió hacia el interior cegándola con un rayo de luz esperanzadora.
- ¡Lupin! - Madame Pomfrey acudió corriendo hacia él y, al distinguir lo que llevaba en brazos, puso una expresión horrorizada -. ¿Qué le ha ocurrido?
Teddy negó con la cabeza y tendió a James en la camilla más cercana. Al momento la enfermera se inclinó sobre él con semblante sombrío.
- Se cortó la mano con un arma impregnada en veneno de basilisco - el Hufflepuff intentaba, en vano, controlar su acelerada respiración -. Empezó a convulsionar y después se quedó así, rígido. Por favor, dígame que se va a poner…
- El veneno de basilisco es altamente mortal, señor Lupin - la enfermera hablaba al metamorfomago sin mirarlo, mientras vertía decenas de líquidos diferentes sobre la herida ennegrecida de la mano de James y aplicaba interminables hechizos sanadores, de una complejidad enorme -. Lo haré lo mejor que pueda.
Teddy se aferró la cabeza y se dejó caer sobre una camilla cercana, sintiendo que estaba a punto de desmayarse.
- ¿Teddy? - sintió un peso enorme instalarse en su pecho al oír la voz de su novia -. Teddy, ¿qué ocurre? ¿Es Theo?
- ¡Quédese en su cama señorita Weasley! No se lo repetiré más - Madame Pomfrey sudaba, su cara se había tornado colorada mientras se entregaba en cuerpo y alma a la salvación de James.
- Es James, Victoire - Teddy se levantó y avanzó con dificultad hasta la cama de la chica -. Está muy mal. Quizás no se recupere.
Victoire cerró los ojos con fuerza, sintiendo que la cabeza estaba a punto de estallarle y se dejó abrazar por su novio, casi sin ser consciente de ello.
- ¿Qué ha ocurrido? - acarició la cabeza de Teddy, que había comenzado a sollozar contra su hombro y sintió que los ojos le escocían -. Teddy, James se pondrá bien y Theo también. ¿Lydia…?
Teddy apretó a Victoire contra sí con más fuerza, sin ser capaz de pronunciar una palabra. Sabía que no era justo que Victoire tuviera que consolarlo en un momento así porque ella también sufría, pero Teddy había perdido a demasiada gente importante en su vida y no soportaría más pérdidas. Y, si las cosas salían realmente mal, aquella noche debería despedirse de James, Lydia y Theo.
A punto de desmayarse por lo cerca que estaba de rescatar a Theo, Lydia abrió la puerta e irrumpió en el jardín. Sintió, como la primera vez, la calidez del sol acariciarle la piel y la luminosidad del lugar cegarla, pero se obligó a no cerrar los ojos adoptando enseguida una postura defensiva. Al entrar había escuchado el sonido de docenas de alas batiéndose y risitas melodiosas, pero esa armonía se detuvo tan pronto como fue divisada por las hadas, que se giraron hacia ella para observarla con actitud desafiante.
- ¡Traigo la espada! - logró reunir el aplomo suficiente como para que la voz no le temblara -. ¡Pero antes de entregárosla, exijo ver a Theo!
Algunas de las hadas se acercaron y comenzaron a volar a su alrededor para impedirle moverse. Lydia sintió que un par de manos diminutas tiraban de la espada, pero la agarró con firmeza impidiendo que se la arrebataran. Aquello enfureció a las criaturas y comenzó a sentir como sus uñas afiladas le arañaban la cara y los brazos. Intentó zafarse de ellas, pero si lograba apartar a una otra llegaba a sustituirla; intentó elevar su varita para realizar un hechizo protector pero su hombro herido no respondía a las órdenes de su cerebro. Notaba toda su cara sangrando con heridas numerosas pero superficiales y un escozor cada vez más intenso adueñarse de cada poro de su piel.
Lydia, en un momento de agudeza mental, supo que no debía utilizar la espada contra las criaturas; si mataba a alguna de aquellas hadas, jamás abandonaría el jardín. Aunque viendo lo enfadadas que estaban las hadas, sus posibilidades de regresar eran mínimas.
- ¡Parad! - la sangre de Lydia se congeló al oír el grito de Theo. Su voz había sonado ronca y enferma, como si llevara mucho tiempo sin hablar con nadie o estuviera muy débil, pero no había duda alguna de que era él. Volver a escucharlo fue como una descarga de adrenalina para Lydia; quizás estaba herido, pero estaba vivo y eso era suficiente. Aquel pensamiento consiguió que el dolor desapareciera momentáneamente, permitiéndole levantar el brazo izquierdo y pronunciar las palabras necesarias para que un escudo invisible se creara a su alrededor, mandando a las hadas varios metros hacia atrás. Pero tan pronto como lo hubo conseguido sintió que el brazo le ardía y se vio obligada a arrodillarse y sujetarse la extremidad, a punto de desmayarse por el dolor.
Supo que el escudo había desaparecido y esperó de rodillas una nueva embestida de las criaturas, pero eso no sucedió. Y cuando por fin se atrevió a abrir los ojos y mirar sobre su cabeza supo por qué.
- Bienvenida de nuevo - Daphnea, la reina de las hadas, parecía más grande y fuerte que la última vez. Y entonces Lydia dejó vagar su mirada por el jardín y se dio cuenta de que muchas cosas habían cambiado; el río corría con más fuerza, las hadas volaban más rápido, los árboles eran más altos, el olor más penetrante.
- ¿Habéis utilizado la sangre de Theo para esto?
La reina de las hadas sonrió como si no notara el tono asustado o amenazante en la voz de la Ravenclaw.
- Tardabas mucho en volver y decidimos empezar con la fiesta; mis hermanas no podían esperar más.
Lydia apretó los labios y frunció el ceño al escuchar la respuesta de la reina. Se puso en pie con dificultad y elevó la barbilla en señal de determinación y orgullo.
- He cumplido mi parte del trato. Cumplid ahora la vuestra - volvió a escudriñar a su alrededor, pero no consiguió encontrar ningún rastro de Theo.
- Dame la espada y te daré al chico.
- Primero dígame dónde está.
Daphnea sonrió con actitud indulgente.
- Vamos dulce flor, sabes que no estás en situación de ordenar nada. No te marcharás a menos que nosotras lo deseemos y de momento no estás esforzándote mucho por obtener nuestro favor.
Lydia rebajó la tensión de sus hombros y frunció el ceño, resignada. Sabiendo que estaba perdiendo su única posibilidad de negociar, tendió la espada a Daphnea con actitud vehemente. Varias hadas se acercaron con presteza y se hicieron con el arma, que enseguida llevaron hacia el interior del claro. Lydia esperó en silencio y oyó cómo las criaturas devolvían la espada a su lugar original, en la estatua de Gryffindor; al momento la música pareció volverse más intensa, como si cientos de voces se hubieran sumado a aquel coro angelical. El vergel se expandía y enriquecía ante sus ojos con una rapidez que parecía imposible, y habría sido un espectáculo bello de no ser por el grito de dolor que hendió el aire haciendo que el corazón de Lydia se encogiera.
- ¡Soltadlo! ¡He cumplido lo que prometí!
Se giró para mirar a Daphnea y sintió un estremecimiento recorrerla. La reina parecía más fuerte que nunca, incluso se había vuelto más bella. De pronto Lydia sintió que podría pasar años observando aquel rostro que parecía cincelado por los propios ángeles y viendo como movía sus delicadas alas con suavidad y elegancia. Pero el chasquido de dedos emitido por Daphnea la sacó de su ensimismamiento, haciéndola sentir estúpida por despistarse de esa manera.
- Lilian, Cenae, liberad a nuestro invitado.
- Más bien prisionero - susurró Lydia por lo bajo, ganándose una mirada divertida de la reina.
- Eres tan osada como él - voló hasta situarse junto a Lydia y, sin previo aviso, le embistió con fuerza el hombro izquierdo. La chica sintió que el brazo le ardía y un dolor indescriptible se adueñó de todo su cuerpo; apenas fue consciente de caer de nuevo y, cuando su visión se aclaró, observó a la reina a escasos centímetros de su rostro, sonriéndole con malicia -. Pero hay momentos en los que la osadía puede jugarte malas pasadas; recuérdalo siempre.
La Ravenclaw apretó los dientes con fuerza, notando como gotas de sudor frío resbalaban por su rostro y trató de vencer al dolor y permanecer consciente; no podía descuidarse en un lugar así, tenía que conseguir volver con Theo. Más tarde ya se encargaría de ese hombro.
- ¡Lydia! - elevó la vista con dificultad y su respiración se entrecortó por la imagen que se encontró; era Theo, pero un Theo totalmente diferente al que se había visto obligada a abandonar en el jardín hace apenas un par de horas.
Hizo fuerza con su brazo bueno y se obligó a levantarse, sintiendo que las nauseas y el dolor se hacían insoportables. Pero por fin las hadas que retenían al Slytherin lo soltaron, permitiendo así que avanzara hasta su amiga; aunque apenas hubo dado dos pasos este cayó rendido al suelo.
- ¡Theo! - Lydia logró llegar hasta su lado y se inclinó junto a él, zarandeándolo con desesperación -. ¡Theo, despierta! ¿Qué te pasa? ¿Qué te han hecho?
El Slytherin emitió unos débiles balbuceos y apretó con ansias la mano que Lydia le tendía. Tenía el pelo sucio y desordenado y una incipiente barba surcaba sus habitualmente bien afeitadas mejillas. Siempre había sido un muchacho de ángulos afilados y constitución esbelta, pero en esos momentos estaba tan delgado que parecía a punto de morir de inanición; profundas sombras moradas se instalaban bajo sus ojos y sus labios estaban agrietados y secos.
Lydia lo abrazó con lágrimas en los ojos y le susurró atropelladas palabras que intentaban sonar reconfortantes, pero resultaban incomprensibles. Sintió que los brazos del chico, que parecía más débil que nunca, la rodeaban con cuidado y la apretaban contra él con delicadeza, como si hubiera perdido la fuerza.
- ¡¿Qué le habéis hecho?! - bramó la Ravenclaw a las hadas -. ¡¿Lo habéis torturado?!
- Él también necesitaba una lección para ayudarle a controlar la osadía - replicó Daphnea con tanta normalidad como si estuvieran hablando del tiempo -. Le hemos hecho un favor.
- Theo… - Lydia lo golpeó con suavidad hasta que este abrió los ojos -. Todo irá bien, ¿vale? Te voy a sacar de aquí, vamos a volver a Hogwarts. Todo irá bien.
- Vámonos ya - logró articular el Slytherin y Lydia asintió con un nudo en la garganta.
- ¿Nos dejaréis irnos?
- Antes debéis jurar, bajo pena de muerte, que jamás hablaréis a nadie de la existencia de este jardín.
- Lo juramos - asintió Lydia -. Por favor, dejadnos marchar.
Daphnea se giró y se reunió con el resto de hadas, que los observaban con expectación, como si fueran un espectáculo entretenido. Una de ellas llegó portando la varita de Theo y se la lanzó al chico casi sin mirarlo.
La reina de las hadas se acercó y se posó en el suelo con delicadeza. Avanzó andando hacia los chicos, con sus pies desnudos deslizándose sobre el mullido césped, y se detuvo al llegar junto a ellos. Posó sus manos en el hombro de Theo y a continuación en el de Lydia. La chica sintió una débil sensación de quemazón y se apartó el cuello de la camiseta para observar la cicatriz con forma de hoja que acababa de aparecer en la piel de su hombro.
- La marca del jardín - explicó Daphnea -. Os ayudará a cumplir vuestra promesa; si algún día la incumplís, o alguno de vuestros otros dos amigos que estuvieron aquí la incumplen, moriréis los cuatro.
- Lydia…
La morena observó al Slytherin y asintió, acariciándole la frente con suavidad. Se incorporó tan hábilmente como pudo y tratando de apartar el dolor de su mente logró ayudar a Theo a levantarse. Estaba tan debilitado que parecía incapaz de andar, pero apoyándose en Lydia y con bastante dificultad consiguió dar un paso tras otro hasta que ambos hubieron llegado a la altura del roble en el que se encontraba la puerta de salida.
Antes de abrirla Lydia se giró.
- Muchas gracias - el agradecimiento de la reina la pilló por sorpresa y Lydia elevó las cejas en señal de asombro -, por haber devuelto al jardín lo que le fue arrebatado hace tantos años. Jamás os olvidaremos.
Theo tragó saliva con dificultad.
- Yo tampoco os olvidaré, ni aunque quiera - logró pronunciar con tono lastimero.
Por primera vez desde que la conocían, la reina les mostró una sonrisa verdadera, pura. En ese momento parecía un hada de cuento, cualquier rastro de maldad había desaparecido de su semblante.
- La sangre de Hogwarts corre de nuevo por las venas del jardín. Se ha restablecido el orden - sin previo aviso, todas las hadas se inclinaron en una reverencia dirigida a los chicos -. Hasta nunca, Theodore Black y Lydia McLean.
La Ravenclaw sintió un estremecimiento al oír su nombre pronunciado por la reina de las hadas, pero se vio obligada a inclinar la cabeza en señal de agradecimiento, antes de abrir la puerta y permitir a Theo que atravesara el umbral.
- Hasta nunca, Daphnea. Reina de las hadas.
- ¡¿Qué le ocurre?!
James había comenzado de nuevo a convulsionarse y espumarajos blancos salían de su boca. Su cuerpo se tensaba y relajaba de manera casi rítmica, hipnótica, en una danza terrible que no se parecía a nada de lo que Teddy hubiera visto antes.
Teddy se acercó con rapidez hasta la cama de James y observó con intensidad a Madame Pomfrey, que extendía numerosos ungüentos por la herida cada vez más ennegrecida de la mano del chico. La enfermera, acalorada por la concentración, alzó la vista y lanzó una mirada difícil de interpretar a Teddy.
- Ninguno de estos medicamentos parece funcionar - su voz sonaba decidida y fastidiada -. He probado todas las curas antiveneno y ninguna surte efecto.
El Hufflepuff enterró su rostro entre sus manos y se frotó la cara con fuerza. Miró el rostro de James, con aquella cabellera y esas facciones tan familiares, y de pronto una bombilla se iluminó en su cabeza.
- ¡Lágrimas de fénix!
Madame Pomfrey frunció el ceño y observó a James, que se había quedado de nuevo rígido e inmóvil.
- Las lágrimas de fénix no…
- ¡No tengo tiempo para explicarle por qué lo sé, pero lo sé!
- Son extremadamente difíciles de conseguir, tan solo las hay en algunas de las enfermerías más prestigiosas del mundo mágico y…
- ¡No podemos perder más tiempo! ¡Dígame qué tengo que hacer, o dónde ir, o con quién hablar y le traeré esas lágrimas!
Madame Pomfrey pareció reflexionar unos segundos y finalmente asintió. Corrió hacia su despacho y regresó en menos de dos minutos junto a Teddy. A continuación, le entregó dos cartas escritas con letra apresurada.
- Vaya al despacho de la directora McGonagall y entréguele la primera carta. Ella sabrá indicarle qué hacer a continuación. Yo no puedo abandonar la enfermería, no con el señor Potter en este estado.
- Pero y…
- ¡Dese prisa, señor Lupin! Puede que no tengamos mucho tiempo. Yo intentaré seguir aplicando otras curas.
Lanzándole una última mirada asustada, Teddy asintió y salió corriendo de la enfermería. No habían sacado a James de su cama en mitad de la noche para que dejarlo morir, e iba a hacer todo lo posible para evitarlo.
- ¿Se pondrá bien? - preguntó Victoire apoyando su cabeza débilmente contra la almohada de su camilla.
Madame Pomfrey tardó en contestar y finalmente suspiró.
- Ojalá pudiera darle una respuesta con certeza.
Lydia y Theo, por fin a solas, se dejaron caer con pesadez sobre el suelo del húmedo túnel y permanecieron varios segundos en silencio. La Ravenclaw no quería forzar a su amigo a contarle lo que había pasado durante su estancia en el jardín y tampoco quería obligarlo a nadar hasta la superficie si todavía no tenía las fuerzas necesarias para ello. El brazo le dolía y era consciente de que necesitaba atención urgente pero su propio bienestar no era su prioridad en ese momento.
Casi con timidez Theo fue poco a poco acercándose a ella hasta haberla rodeado con sus brazos, estrechándola en un abrazo sincero y agradecido. La morena le acarició el sucio y enmarañado cabello con su mano derecha y esperó, con una paciencia infinita, a que Theo hablara. Notó que la cabeza del chico apoyada sobre su pecho temblaba y unos sollozos apagados llegaron hasta sus oídos. Le besó la coronilla y lo apretó con más fuerza.
- Lo siento, Theo. Lo siento tanto. Todo esto es culpa mía.
No obtuvo respuesta hasta pasado casi un minuto, cuando el chico tomó aire y se apartó unos centímetros de ella para que sus rostros quedaran a la misma altura, débilmente iluminados por la luz que sus varitas emitían.
- Tú no podías saber lo que iba a suceder en el jardín - dijo con voz apagada y ronca.
Lydia se mordió el labio y le acarició el rostro.
- Lo sé, pero deberíamos habernos informado más, haber indagado a fondo antes de entrar en un lugar del que no sabíamos nada.
- Pensé que moriría de deshidratación - el chico se apretó la cabeza, que sentía latir con fuerza a causa de la sed -. Ataqué a Daphnea y me sentenciaron a tres días sin comer ni beber - efectivamente, su voz sonaba tan ronca como si su garganta estuviera totalmente seca.
- ¿Entonces llevas tres días ahí? - Lydia lo observó con cariño y pena.
Theo soltó una risita irónica y negó con la cabeza suavemente.
- Semanas… - tuvo que parpadear varias veces para vencer las ganas de desmayarse -. Pero ahí dentro no hay noches; no sé cuántos días han pasado - tragó saliva -. Más de los que me gustaría.
Lydia se acurrucó contra él con los labios fruncidos, sintiendo un enorme sentimiento de rabia corroerla al enterarse de cuánto tiempo llevaba su amigo solo, quizás atado, temiendo por su vida. Debía haber sido insoportable.
- Llevan tres días sacándome sangre - logró decir Theo con los ojos cerrados por el esfuerzo de estar manteniendo una conversación -. Me noto muy débil.
- Estás extremadamente pálido - Lydia le acarició las facciones con cuidado -. Pero te voy a llevar a la enfermería y te pondrás bien, ¿vale?
Theo asintió débilmente y se inclinó hacia la chica, que no pudo evitar soltar un grito de dolor. El Slytherin se apartó todo lo rápido que pudo y la observó con los ojos entornados.
- Estás herida.
- No es nada, el hombro…
- No podemos atravesar el lago en este estado.
- Sí, yo te remolcaré y…
Theo negó y se pasó la lengua por sus agrietados labios, pareciendo dar vueltas a una idea en su cabeza. Sin decir palabra, sus uñas arañaron la herida ya coagulada de su antebrazo izquierdo y esta comenzó a sangrar de nuevo.
- ¡Theo!
El Slytherin negó con la cabeza; mantener una conversación lo había agotado.
- Ponme el casco de aire y prepárate para salir. Funcionará.
- Theo… - apenas hubo terminado de darle esas breves instrucciones, la cabeza del chico se ladeó y este se desmayó.
Lydia se arrodilló a su lado y le golpeó con suavidad, pero esta vez el Slytherin no recuperó la conciencia. Miró a su alrededor agobiada y finalmente decidió hacer caso a la advertencia de su amigo, porque era la única solución que tenía: nadar para llegar cuanto antes a la enfermería.
Rápidamente conjuró ambos cascos de aire y puso las dos varitas a buen recaudo para evitar que se perdieran en el fondo del lago. Tomó aire, observó el rostro calmado y enfermo de su amigo y reunió todo el valor y la fuerza que pudo para, con tan solo un brazo, conseguir arrastrar a Theo hasta el lugar donde una fina cortina de agua los separaba del lago.
Apretando los dientes por el esfuerzo y el dolor y sin comprender todavía qué había pretendido su amigo al reabrirse aquella herida, consiguió que ambos accedieran al mundo acuático. Notó que Theo recuperaba el conocimiento al entrar en contacto con la frialdad del agua, pero estaba tan débil que apenas era capaz de moverse intentando nadar hacia la superficie. Lydia intentaba impulsar a ambos pero tan solo podía utilizar sus piernas para ello y la tarea le estaba resultando casi imposible. Y entonces, cuando apenas llevaban un minuto en el lago y sin haber conseguido todavía avanzar ni un metro, las nereidas comenzaron a reaparecer a su alrededor, evidentemente atraídas por la sangre de Theo.
Una de ellas, la más grande, acogió con dulzura al Slytherin entre sus brazos y enseguida un par más se hicieron con Lydia, elevando a ambos con un cariño casi maternal hasta haber alcanzado la superficie. Los depositaron con cuidado en la orilla y les dedicaron una reverencia de admiración antes de hundirse de nuevo en las profundidades para, seguramente, dormir durante otros tantos siglos.
Lydia eliminó los cascos de aire de sus cabezas y se dejó caer sobre la hierba, exhausta. Observó como Theo se arrastraba por el césped intentando llegar de nuevo al agua.
- No bebas ese agua Theo - el moreno se giró a mirarla -. Si estás deshidratado, beber una gran cantidad de golpe podría hacerte daño. Y no creo que sea muy potable.
- Necesito… necesito agua.
Lydia hizo acopio de todas las fuerzas que se quedaban y se puso en pie.
- Será mejor que vayamos a la enfermería.
Theo asintió y se dejó levantar por un encantamiento portador que la chica realizó. Como si acabara de recordar algo muy importante abrió los ojos con fuerza.
- ¿Teddy y Victoire?
Lydia tragó saliva y evitó su mirada; había rezado porque Theo no le preguntara por ellos, porque no quería darle las malas noticias. Le dirigió una sonrisa que trataba de ser tranquilizadora y le aferró la mano.
- No te preocupes por ellos, enseguida los verás.
McGonagall se enfundó en su bata de tela escocesa y descendió con rapidez las escaleras que daban a su despacho. Frunció el ceño ante la imagen de Teddy Lupin, mojado y visiblemente agotado, aguardando con un par de cartas en el centro de la habitación.
- Lupin, ¿qué…?
Por toda respuesta el Hufflepuff le tendió una de las cartas y una vez McGonagall la hubo leído, asintió con el ceño fruncido.
- Acompáñeme.
Se dirigieron hasta la antigua chimenea y le indicó al chico que se metiera en el interior. A continuación le dio un puñado de Polvos Flu, de brillante color esmeralda, y lo agarró por los hombros.
- Tiene que decir "Hospital de San Mungo, planta 5, departamento 3" - Teddy asintió -. Pregunte por Amelia Rodríguez, diga que viene de Hogwarts y que es un asunto de absoluta urgencia. Cuando la vea entréguele la carta y asegúrese de regresar a este despacho cuanto antes. Ya tendrá tiempo cuando vuelva de explicarme a qué se debe todo esto.
Sin perder más tiempo, Teddy elevó la barbilla y cerró los ojos. Dejó caer los polvos y vocalizó con cuidado:
- Hospital de San Mungo, planta 5, departamento 3 - sintió que comenzaba a girar con fuerza y un intenso viento le azotaba el rostro mientras sus pies se iban elevando, alejándose cada vez más del despacho de McGonagall.
- ¡Theo! - gritó Victoire, ajena a las advertencias que le lanzaba Madame Pomfrey de quedarse en su camilla. Llegó junto al Slytherin, corriendo como si le fuera la vida en ello y lo abrazó con fuerza -. Por las barbas de Merlín, estás horrible.
El muchacho logró articular una sonrisa divertida y dijo con dificultad:
- Tan dulce como siempre, Victoire.
- ¿Qué les ocurre? - la enfermera llegó corriendo hasta ellos y dirigió su mirada respectivamente de Lydia a Theo.
- Yo tengo mal el hombro pero no se preocupe por eso ahora, tiene que atender a Theo. Está deshidratado y ha perdido mucha sangre. Y está herido, aunque creo que no de gravedad.
Victoire se llevó las manos a la cabeza y se dejó caer sobre la camilla más cercana, apretándose las sienes.
- ¡Regrese a su sitio, señorita Weasley! ¡Por las barbas de Merlín, no pensaba hacer preguntas pero cuatro heridos en una noche son demasiados! - indicó a Lydia que depositara a Theo en la cama más cercana. Parecía preocupada y a la vez enfadada -. ¡Señorita McLean, vigile al señor Potter y evite hacer movimientos con ese brazo, estaré con usted en cuanto acabe con el señor Black!
- ¿Cuatro heridos? ¿Potter? - inquirió Theo con debilidad y Lydia se mordió el labio -. ¿Qué…?
- No te preocupes por eso, ya te lo explicaremos.
Teddy vio a un mago vestido con una larga bata blanca acercarse con presteza hasta él.
- ¿Qué significa esto? Tan solo un par de chimeneas tienen contacto directo con este hospital. ¿Quién es usted?
El Hufflepuff inspiró con fuerza.
- Soy Teddy Lupin, vengo de Hogwarts. Lo siento pero no tengo mucho tiempo para explicaciones. Necesito hablar cuanto antes con Amelia Rodríguez - le entregó la carta y esperó hasta que el doctor hubo acabado de leerla.
El hombre, de tez oscura y cabello entrecano, frunció el ceño y asintió, indicándole que lo siguiera.
- La doctora Rodríguez se encuentra en estos momentos en el dispensario, ocupándose de unos asuntos, pero estoy seguro de que podrá dedicarle algo de su tiempo.
Enseguida llegaron ante una puerta cerrada cuyo rótulo rezaba "Dispensario. Únicamente personal autorizado."
- Espere fuera, señor Lupin.
Teddy asintió débilmente y vio entrar al doctor en la pequeña salita. Aguardó en el umbral, mordiéndose las uñas con nerviosismo. Era una manía que poco a poco había conseguido ir eliminando, pero en ese momento estaba demasiado tenso como para darse cuenta de lo que hacía. Percibía los estímulos a su alrededor como si de una ensoñación se tratara; intentaba no pensar en sus amigos, no pensar en nada y simplemente llevar a cabo su misión, pero la incertidumbre lo estaba matando. Finalmente, una doctora de aspecto latinoamericano salió a su encuentro.
- ¿Doctora Rodríguez?
La mujer lo analizó con la mirada y finalmente asintió.
- Y tú debes de ser Teddy Lupin. No quiero distraerte más, no dispones de mucho tiempo si es cierto que tu amigo se ha infectado con veneno de basilisco - le tendió un frasquito lleno de un líquido transparente -. Ten mucho cuidado, las lágrimas de fénix son un remedio escaso y valioso. No podemos asegurarte que vayan a funcionar, pero merece la pena intentarlo.
Teddy asintió con fuerza y miró a ambos lados en busca de la forma de regresar al castillo.
- Y Lupin, no olvides decirle a Madame Pomfrey, pues imagino que será ella la que se encargará de la intervención, que no ha de verter más de cinco gotas sobre la herida, por muy grande que sea. Es un elixir muy potente y, en grandes cantidades, puede resultar contraproducente.
- Señor Black le aseguro que he tratado las afecciones más diversas que pueda imaginarse. Pero nunca me había visto en una situación igual - reprochó la enfermera a Theo -. Ha tenido suerte de venir a tiempo, porque se encuentra al borde del colapso por deshidratación - Madame Pomfrey pasó de nuevo el trapo mojado por los agrietados labios del Slytherin -. ¿Cuánto tiempo lleva sin alimentarse?
Theo logró sonreír.
- Es complicado explicarlo.
- ¡Madame Pomfrey! - Lydia se volvió con rapidez hacia la puerta de la Enfermería, justo a tiempo para ver a Teddy entrar derrapando en la habitación y correr hacia la enfermera -. ¡Las tengo! ¡Lágrimas de fénix! - le tendió un frasco de aspecto delicado a la mujer, que cogió el bote con manos temblorosas y asintió con decisión -. La doctora que me las ha dado me dijo que no debía utilizar más de cinco gotas o podría ser perjudicial para James.
Teddy resollaba por el esfuerzo de la carrera, pero apenas era consciente de lo cansado que estaba. Siguió a Madame Pomfrey hasta la camilla de James y se aferró con fuerza a la mesilla de noche que había a su izquierda.
- ¿Cree…? - tuvo que parar para tomar aire -. ¿Cree que funcionará?
- Eso espero, porque me temo que es nuestra última baza - la mujer frunció los labios en una mueca tras contemplar la creciente palidez en la cara del Gryffindor. Llevó sus dedos al cuello del chico y se relajó al notar el pulso vibrar bajo la piel, aunque supo que les quedaba poco tiempo por la debilidad del mismo.
En ese instante la directora McGonagall irrumpió en la estancia y se apoyó contra el marco de la puerta, visiblemente exhausta, para intentar recuperar el aliento. Evidentemente no había podido seguir la acelerada carrera de Teddy, pero había acudido tan rápido como le fue posible.
- Poppy, ¿qué…?
- Un minuto, por favor - la enfermera era una de las pocas personas que se atreverían a interrumpir a la directora, pero a McGonagall no pareció molestarle -. No puedo perder más tiempo con explicaciones.
Retiró el corcho de la boca del frasco y se inclinó ante la mano negra y agarrotada de James Potter. Cogió aire y, con delicadeza, vertió cinco de las transparentes gotas sobre el corte y esperó conteniendo la respiración. De manera casi instantánea su mano y antebrazo comenzaron a recuperar su color original y la herida se cerró hasta convertirse en un simple rasguño.
- ¿Teddy? - llamó Lydia, que desde su camilla no podía ver si el elixir había hecho efecto -. ¿Qué ha ocurrido?
Madame Pomfrey inspiró, tratando de contener las lágrimas de felicidad, y se volvió hacia el resto de personas presentes.
- El señor Lupin tenía razón; ha funcionado.
Teddy se inclinó hacia James y lo rodeó en un abrazo tan fuerte que, de haber estado este consciente, le hubiera hecho daño. Sintió como Victoire, de nuevo ajena a las órdenes de permanecer tumbada de Madame Pomfrey, lo abrazaba desde atrás con actitud consoladora.
- Todos vamos a estar bien - susurró Lydia, y se inclinó para besar suavemente la frente de Theo, que tenía la garganta tan seca que no conseguía articular palabra. Notaba como los cuidados de Madame Pomfrey le devolvían algo de fuerza, pero todavía estaba muy débil.
La enfermera acudió hasta la directora y ambas mujeres intercambiaron algunas palabras. Finalmente McGonagall asintió y se giró hacia los alumnos, que esperaban expectantes.
- Será mejor que esta noche los deje descansar, pero en cuanto se recuperen los quiero en mi despacho - se giró hacia James Potter y su ceño fruncido se relajó -. En otro momento no dudaría de la culpabilidad del señor Potter, pero dada la situación será suficiente con que vengan ustedes cuatro. Y vayan pensando qué van a contarme, porque por mucho que lo nieguen estoy segura de que este incidente tiene mucho que ver con lo que tanto buscaban el otro día entre la hierba del jardín.
Victoire asintió, hablando por todos.
- Sí, directora - se mordió el labio y se frotó las manos, nerviosa -. Sentimos mucho lo ocurrido.
- Guárdense las disculpas. Que se escapen de noche o que recorran el castillo me puede molestar más o menos, pero no puedo pasar por alto que casi ha muerto un alumno por culpa de sus aventuras. Y recuerden, en cuanto estén los cuatro recuperados los espero en mi despacho.
Theo abrió los ojos con lentitud, pero la luminosidad de las bombillas de la Enfermería le obligó a volver a cerrarlos hasta que sus pupilas se adaptaran. La sensación de encontrarse en un colchón mullido le parecía lejana, y tardó varios segundos en recordar dónde estaba y por qué. Se agitó con nerviosismo y observó, sentada en una silla junto a su cama, a la chica que tanto tiempo había esperado volver a ver.
- Hola dormilón, ¿qué tal te encuentras? - preguntó Lydia en un susurro dulce.
Theo cerró los ojos para hacer frente al dolor punzante que retumbaba en su cabeza y trató de sonreír.
- Mejor, creo - su voz sonó ronca y profunda, y hablar le supuso un enorme cansancio. Miró a su alrededor y observó a James Potter durmiendo apaciblemente en una de las camas del lado contrario. Abrió la boca pero no encontró la fuerza suficiente para hacerle a la Ravenclaw preguntas acerca de lo ocurrido. Aunque tampoco le hubiera resultado muy fácil, teniendo en cuenta la confusión que reinaba en su mente.
Lydia sonrió y frunció su pequeña nariz de esa forma que tan adorable le parecía al Slytherin. Se sentó en el borde de la cama de Theo y le acarició la frente con cariño, sonriendo cuando el chico cerró los ojos. Era visible lo cansado que seguía.
- Victoire y yo nos recuperamos enseguida de las heridas del viernes, pero James y tú todavía tenéis que estar aquí algo de tiempo. Es normal, teniendo en cuenta que estábais en un estado bastante deplorable cuando os trajimos a la Enfermería.
Theo se removió incómodo y lanzó una mirada significativa a la chica. Intentaba, a través de sus ojos, expresar todo aquello que no podía con la voz. Lydia negó con la cabeza.
- James y tú vais a estar bien, no te preocupes por eso. De momento lo único que tienes que hacer es seguir descansando - le apretó suavemente la mano -. Dormiste durante todo el día de ayer, sábado. Es ya domingo por la mañana.
Theo asintió en silencio. Por primera vez en mucho tiempo se sentía en paz. Tragó saliva, intentando humedecer su garganta, y sostuvo la mirada de Lydia hasta que esta la apartó, sonrojándose ligeramente.
- ¿Qué pasa? - preguntó, intentando contener el tembleque de su voz.
El moreno apretó con fuerza la mano de Lydia que todavía sostenía.
- No puedes ni imaginar lo que te he echado de menos - dijo, notando que, a pesar de la sensación de ardor, su voz se iba recuperando.
Lydia se mordió el labio.
- ¿Cuánto tiempo más o menos estuviste… ya sabes, en el jardín?
Theo negó.
- No lo sé… puede que un mes. O incluso más - paró para coger aire -. O quizás solo dos semanas. Pero se me hizo eterno. Hubo… - el labio inferior le tembló ligeramente - hubo momentos en los que deseaba mi muerte. Morir me parecía la única forma de ser libre.
- Oh Theo, lo siento tanto - Lydia notó que el muchacho temblaba y se acercó más a él, sosteniendo su rostro con delicadeza -. Ojalá no hubiera tenido que dejarte allí. Si al menos me hubieran cogido a mi como prision…
- No. Soy yo el que debería pedirte perdón.
Lydia frunció el ceño.
- Eso no tiene sentido, fue todo idea mía.
El Slytherin negó con la cabeza y tuvo que volver a aclararse la garganta antes de seguir hablando.
- Nunca debí dejar de confiar en ti. Tendría que haber sabido que regresarías - consiguió con esfuerzo alzar una mano para acariciarle el rostro a la chica -. Me rendí, Lydia. Perdí la esperanza. Llegué a suplicarles que me mataran, que acabaran ya con todo.
- Theo… - la Ravenclaw notó que se le humedecían los ojos, y apoyó su frente contra la del chico.
- Al principio pensar en ti me daba fuerzas para seguir. Pero hubo un punto en el que ni siquiera eso me daba el valor para abrir los ojos y enfrentarme a otro nuevo día - ahora Theo susurraba y la chica lo escuchaba casi hipnotizada, notando una sensación cálida crecer y extenderse en su pecho -. Siento haber dudado de...
No fue capaz de acabar la frase, porque la Ravenclaw eliminó el poco espacio que quedaba entre sus labios besándolo con delicadeza. Theo suspiró contra su boca, notando como todo su cuerpo respondía a ese ligero contacto que durante tanto tiempo había anhelado; aquello era mejor que cualquier medicina que pudieran suministrarle. Enseguida sus lenguas se encontraron, rozándose con calma para acompañar los suaves besos.
Estuvieron así un par de minutos, hasta que Lydia se apartó de Theo con suavidad, sonriendo al ver como el Slytherin había recuperado el color del rostro y la miraba con ojos decepcionados.
- Tienes que descansar - dijo, intentando que su voz no sonara acelerada.
Theo sonrió y la apretó contra sí.
- Está bien, pero vete preparando porque ya sé qué es lo primero que quiero hacer cuando salga de la Enfermería - susurró contra su oído.
Lydia sintió que se le erizaba el vello de la nuca y se inclinó para darle un último beso de despedida. Mentiría si no dijera que ella también se moría de ganas de poder compartir por fin un rato de intimidad con Theo.
- Volveré después de comer. Teddy y Victorie han dicho que…
- ¿Ya habéis acabado? - preguntó una voz con tono jocoso a sus espaldas.
Lydia se giró y observó a sus dos amigos, sonrojándose ligeramente. Victoire se acercó hasta la camilla y se agachó para abrazar a Theo.
- Llevamos aquí un par de minutos, pero hemos preferido no molestaros - comentó Teddy con una sonrisa maliciosa. Miró a Lydia -. Al parecer hay partes sobre vuestra estancia en el jardín que no nos habéis contado todavía.
Lydia sonrió y sintió una sensación de calma y bienestar al ver que Teddy y Victoire se sentaban junto a Theo y lo bombardeaban a preguntas. Habían salido ilesos de la aventura y eso era lo más importante.
- Adelante - la directora observó por encima de sus gafas de montura fina a Teddy, Theo, Victoire y Lydia entrar en su despacho -. Señor Black, ¿ya le han dado el alta en la Enfermería?
Theo asintió.
- Hace apenas una hora. Hemos querido venir tan pronto como nos era posible.
La directora asintió, impasible.
- Cierren la puerta a sus espaldas, por favor.
A continuación, McGonagall se deleitó todo lo que pudo en acabar de escribir la carta que tenía sobre la mesa, sabiendo que eso pondría nerviosos a los alumnos y disfrutando de esa pequeña tortura durante un par de minutos más.
Los chicos la miraban con ojos ansiosos y con el corazón acelerado. Habían estado en ese despacho cientos de veces, casi todas ellas para recibir broncas o castigos por sus escapadas, pero nunca se habían sentido tan nerviosos como entonces; y tenían motivos para ello.
El colegio entero se había enterado de que habían llevado a cabo una de sus aventuras el viernes y, aunque ninguno sabía a ciencia cierta qué había pasado, todos especulaban acerca de su posible castigo. Y los cuatro chicos admitían que esa vez se les había ido de las manos, la prueba de ello era James Potter, que recibiría el alta el día siguiente, martes.
- Bien - dijo McGonagall, centrando su atención finalmente en los chicos. Los miró uno a uno y suspiró -. ¿Qué voy a hacer con ustedes? - ninguno respondió.
- Por supuesto - prosiguió la directora - no es la primera vez que alguno de ustedes acaba en la Enfermería. Pero, hasta el momento, todo habían sido sustos sin importancia. Entenderán, sin embargo, que esta vez han traspasado el límite. Si no fuera por la excelente capacidad de sanación de Madame Pomfrey, es muy probable que tuviéramos que estar haciendo los arreglos pertinentes para el funeral de James Potter.
Teddy sintió que se le erizaba el vello. Era incapaz de pensar siquiera en lo cerca que había estado todo aquello de acabar en tragedia.
- Como comprenderán y según el reglamento, lo justo ahora sería que yo los expulsara.
❤️ ¡Y fin del capítulo! ❤️
Bueno, antes de nada: perdón, perdón y más perdón. Sé que en el último capítulo os avisé de que este tardaría algo más en subirse, pero de eso hace ya tres meses. No os voy a mentir, el primer mes sí que estuve ocupada, pero el resto simplemente no me veía con ganas de escribir. Es más, llevo desde junio con este capítulo a medias, pero no sabía muy bien como encaminarlo y puesto que quería que quedara bien, he tenido que esperar a que me viniera la inspiración para subir algo que a mí realmente me guste. Pero de nuevo: lo siento mucho 🙏
Ahora bien: ¿qué os ha parecido? ¡Espero que os haya merecido la pena la espera, si es que seguís aquí para leerme! Ha sido un capítulo de mucha acción entre rescates, curaciones y todas las demás consecuencias de la aventura de los chicos. Pero por fin habéis salido de dudas: ¡Theo ha conseguido salvarse! Y James, que es el personaje que ha estado en más peligro, también está bien gracias a que Teddy ha recordado lo que le contó su padrino: que él mismo consiguió curarse de una herida de veneno de basilisco gracias a las lágrimas de un fénix. Así que al final parece que va a haber un "y vivieron felices y comieron perdices"... ¿o no?
Mi parte favorita es el momento en el que, al irse del jardín, por un momento Daphnea aparece como una persona bondadosa y las hadas les muestran su respeto a los chicos. La espada de Hogwarts ha conseguido, en tan solo un par de minutos, que el jardín recupere su belleza, al igual que sus ocupantes. ¿Qué os ha parecido esa parte? Supongo que no justifica que lleven tanto tiempo reteniendo a Theo, pero algo es algo 😊
Y ahora, antes de nada, voy a responder a las reviews de todos aquellos a los que no puedo contestar por privado:
- Meg: hola un capítulo más corazón ❤️ ¿Qué tal todo? Espero que bien. De nuevo, te pido disculpas por haber tardado tanto. Me alegra saber que te gustó el anterior capítulo y que te gustara mi pequeño cameo como reina de las hadas 😜 Ojalá te sirviera de algo ver el árbol genealógico de instagram y, por supuesto, espero que este capítulo te haya gustado tanto o más que el anterior. Si todo sigue como lo planeo, creo que el siguiente capítulo será ya el último de esta minihistoria... ¿qué esperas del final? ¡Espero tu opinión! Muchos besos 😘❤️
Antes de nada quiero decir que solo pienso hacer un capítulo más, como una especie de final con su miniparte de epílogo. Tengo una idea más o menos general y espero escribirlo en un par de semanas o así porque en menos de un mes empiezo de nuevo las clases y me gustaría cerrar la historia antes de ese momento.
Y aquí lo dejo, antes de nada os quiero recordar que por favor me dejéis reviews con vuestra opinión, que ya sabéis que me encanta leeros y además saber vuestra opinión me ayuda mucho a encaminar la historia, meter o sacar personajes a vuestro gusto, etc. Para ello no es necesario que os hagáis cuenta en esta aplicación, solo darle al botón de la review. Aunque, si preferís, teneís mi instagram en la descripción de mi perfil y podéis mandarme un direct con vuestra opinión.
No olvidéis darle al Go, recomendar la historia a todos vuestros amigos que ya leyeron "Dulce perdición" y, de nuevo, dejarme reviews.
Con todo el cariño del mundo, hasta el próximo y último capítulo:
- Daphnea ❤️
