DISCLAIMER: Los personajes de Orgullo y Prejuicio pertenecen a Jane Austen y sus herederos. Esta historia sí es de mi invención.
Embajador Fitzwilliam - Promesas
Un humo de pólvora negro lo colapsaba todo, haciendo que orientarse por el campo de batalla fuese más que una odisea. Aun así, el coronel Fitzwilliam se levantó sobre las espuelas, gritando mientras desenvainaba su sable.
-¡A la carga! - ordenó, haciendo que su caballo se lanzase hacia delante. Confiando y esperando que su regimiento lo siguiese, y rezando a Dios porque le permitiese encontrar un camino a través de los cuerpos amontonados, hizo que su caballo ganase velocidad.
Sintió el temblor detrás suyo que indicaba que al menos una parte importante de los suyos lo estaba siguiendo, y respiró con alivio. Uno nunca podía estar seguro de cuando los soldados podían amotinarse, especialmente si los mandabas a una carga suicida contra el enemigo. Cuando llegaron hasta las líneas francesas, el coronel cogió impulso con su sable y lanzó el tajo que le quitaría la vida a su enemigo.
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Una hora después, el fatigado coronel ordenó a su regimiento parar al lado de un arroyo para dejar a los caballos beber. Echó un vistazo a sus soldados. De los más de 100 caballeros e hijos de caballeros que habían cargado con él, solo quedaban unos 20. Se lamentó internamente, pero sabía que era normal y previsible. La mayoría de esos soldados eran de buenas familias, como él mismo, y se suponía que no debían entrar en batalla, por lo que no estaban tan entrenados como el resto del ejército. Pero el maldito general francés les había sorprendido, y hasta ellos habían tenido que luchar para salir con vida.
Con un suspiro cansado, el coronel elevó la vista al cielo y susurró una plegaria.
-Dios, si salgo de esta, juro que no volveré a la batalla. No volveré a arrebatar otra vida, ni siquiera si es en nombre de mi país y mi rey. Me casaré con Joan, y dedicaré el resto de mis días a la paz. Lo juro.
-Y por eso dejé el ejército - dijo el anciano señor Fitzwilliam.
-Ohhhh... qué bonito... - suspiró su nieta. -Ya estabas enamorado de la abuela, pero Dios quiso que sobrevivieses y os volvieseis a encontrar...
-¡Y qué valiente! - exclamo su nieto, moviendo una pequeña espada de juguete. -¡Yo también quiero ser soldado, y luchar contra los enemigos de mi país!
El señor Fitzwilliam, embajador de Inglaterra en Francia, sonrió con cariño. No se arrepentía de la decisión que había tomado en aquel campo de batalla. Cuando terminó esa batalla, le ofrecieron un gran ascenso, pero él pidió que se lo cambiasen por un puesto en la embajada para poder estar junto a Joan en Francia. Una vez que por fin la joven había aceptado casarse con él, vio como todos sus sueños se cumplían. Joan era todo lo que había deseado, y, aunque no tenía una gran dote, vivían muy bien gracias a su trabajo. Tuvieron solo un hijo, pero Harry se casó pronto, y tuvieron cuatro nietos maravillosos.
En retrospectiva, el embajador Fitzwilliam consideraba que su vida había sido plena y feliz, y no se arrepentía de nada.
N.A.: Si, sé que no tengo perdón por dejaros todos estos días sin capítulos… pero no he tenido tiempo de subirlos a la web, así que hoy subiré cuatro, y mañana me pondré al día. ¡Espero que os gusten!
