DISCLAIMER: Los personajes de Orgullo y Prejuicio pertenecen a Jane Austen y sus herederos. Esta historia sí es de mi invención.
N.A.: Hoy subiré tres capítulos seguidos... ¡así que no os perdáis ninguno!
Mr Silver – Contrincante
Las hojas tintineaban la una contra la otra, prudentes. Darcy sabía que el señor Silver, su maestro, era un adversario temible, y, aunque las hojas fuesen negras, no le gustaba perder. Poco a poco, el duelo fue decidiéndose, hasta que Darcy sintió un leve pinchazo en su hombro derecho. Decepcionado, bajó el arma. Silver había vuelto a ganar. Con un gesto le indicó al maestro que él no seguía luchando, y se retiró a beber algo.
-Hoy no estabas concentrado, Darcy - dijo el maestro por detrás suyo, sobresaltándolo y haciendo que Darcy pensase, y no por primera vez, que deberían ponerle un cascabel a ese hombre.
-No lo estoy, maestro - reconoció el joven. -Mis pensamientos están en otro lado.
-Entonces, sabes que no debes venir. Este arte no es un juego, y si no vas a dedicarle toda tu atención, entonces es mejor no dedicarle ninguna - lo reprendió el maestro duramente, como si volviese a ser un muchacho, y Darcy agachó la cabeza, aceptando la reprimenda. -Y ahora, ¿este viejo puede ayudarte en algo con tus problemas?
Darcy levantó la mirada hasta cruzarla con la del hombre. Sus ojos solo transmitían preocupación, y Darcy decidió sincerarse con alguien.
-Tengo problemas con una dama - contestó Darcy en voz baja para que no se enterasen el resto de combatientes.
El maestro lo cogió del brazo y lo llevó hasta una esquina, buscando discreción.
-¿Qué problemas puedes tener con cualquier dama? Tu posición es envidiable, y eres un buen caballero. Hay muy pocas mujeres fuera de tu alcance.
Darcy arrugó el ceño, intentando explicarse.
-Ella lo está. Me comporté horriblemente con ella, causándole un gran perjuicio a una de sus hermanas. Le pedí matrimonio, pero no me aceptó. Luego volví a verla en condiciones más favorables, y me dio la impresión de que no estaba totalmente en mi contra. Yo sé que la amo, pero temo que ella no sienta lo mismo. Es una mujer que no me aceptará si no me ama, por muy conveniente que fuese para ella nuestro matrimonio - dijo rápidamente, intentando resumirlo lo máximo posible.
-Vaya, muchacho - dijo el maestro, sorprendido. -Parece que tienes toda una historia con esa dama.
-Yo la amo, señor. No creo poder soportar que vuelva a despreciarme - susurró Darcy.
-¿Y crees que pueda hacerlo?
-No lo sé.
-Entonces tendrás que comprobarlo - le dijo el maestro. Darcy lo miró con duda, y Silver sonrió. -El amor es como la esgrima, muchacho. A veces hay que ser prudente, bailar alrededor del contrincante con cuidado, dando pequeños toques, esperando su reacción. Pero en otras ocasiones, debes lanzarte hacia delante, dejando de lado la posibilidad de ser herido en pos de una recompensa mayor. Y, porque una vez fueses herido, no debes temer lanzarte de nuevo. Pero recuerda: también hay que saber retirarse a tiempo.
-¿Quiere decir que vuelva a pedírselo? - preguntó Darcy.
-Mi consejo, sin conocer a la dama, es el siguiente: intenta resarcir el daño causado, y luego, tantea el terreno cuidadosamente. Considérala no como un premio a conseguir, si no como un contrincante tan versado como tú. Pero habrá un momento en el que ella cometerá un error, y veras la posibilidad de entrar, de lanzarte con toda tu alma y tu corazón. No desaproveches ese instante, porque puede ser único en la vida - le dijo el hombre, moviendo ligeramente su hoja, como enfrentándose de verdad a un contrincante invisible. -Y, si ella no te acepta, retírate antes de salir más herido. Hay que saber reconocer cuando no se puede vencer a alguien.
Darcy asintió, un poco perplejo todavía con la analogía, e imaginándose a Elizabeth Bennet con una espada y enfrentada a él. Seguro que sería una contrincante temible, pero le ayudaba a reunir el valor necesario. Con una sonrisa y una inclinación ante su maestro, se dio la vuelta para salir del recinto.
-Muchacho- lo interrumpió el maestro -No te olvides de presentarme a tu dama, quiero conocer a la persona capaz de inquietarte tanto.
Darcy asintió y casi corrió a la puerta. Iría inmediatamente a ver a Bingley y contarle la verdad, y luego ambos irían a Hertforshire a buscar a sus damas. Y quizás hasta le contase a Bingley la comparación de su maestro.
N.A.: Inspirada en una escena de la serie de la BBC, y porque quería meter algo de esgrima en una de las historias. Como nota curiosa, realmente existió un maestro de esgrima inglés llamado Silver. ¡Se agradecen las reviews!
