DISCLAIMER: Los personajes de Orgullo y Prejuicio pertenecen a Jane Austen y sus herederos. Esta historia sí es de mi invención.
Sir Lucas - Comercio
Dichoso fue William Lucas el día que el rey le concedió el título de sir. Había trabajado mucho (y había tenido una gran suerte), para llegar hasta donde estaba. Ahora era superior incluso a los caballeros, aunque ellos lo siguiesen mirando por encima del hombro por provenir del comercio.
Se casó con una dama, segunda hija de un caballero venido a menos. Aunque su dote no era muy cuantiosa, sir William la amaba, siempre lo había hecho. Al poco de casarse, tuvieron su primer hijo, algo que llenó de orgullo a sir William. Su hijo perpetuaría su apellido y su dignidad, y nadie podría mirarlo por encima del hombro. Más o menos por las mismas fechas, sus vecinos los Bennet tenían su primera hija, y sir William pensó que esa sería una unión deseable.
Un par de años después, tuvieron a su hija Charlotte. Era despierta e inteligente, y sir William esperaba que, cuando creciese, fuese un dechado de virtudes, para poderla casar bien y emparentar realmente con la nobleza.
Después de Charlotte tuvieron otro hijo y otra hija, y ahí empezaron a hundirse las esperanzas de sir William. Su hijo mayor, ya crecido, era descortés y derrochador, en nada un heredero digno. Su hija Charlotte no era la bella dama que él esperaba. Sus otros dos hijos no constituían más que decepciones para él. Y, para colmo, con el contacto con la señora Bennet su amada mujer se había convertido en una chismosa incorregible, en nada parecida a la mujer con la que se había casado y a la que tanto había amado.
Él mismo estaba lejos de ser el joven comerciante que había sido. Cuatro hijos, una vida de inactividad y el excesivo orgullo por su posición hacían de él un compañero de sobremesa no del todo agradable, y lo notaba cuando sus vecinos, a veces, le rehuían.
La esperanza de que uno de sus hijos se casase con alguien de la nobleza se había disipado. Su fortuna, tras años de despilfarro y de dar la espalda al comercio, ya no era lo que había sido. Sir William esperaba que su hijo mayor pudiese casarse con una joven con mucha dote, porque si no, no podría mantener el ritmo de vida al que estaba acostumbrado. Su hija Charlotte, de la que todo el mundo pensaba que sería una solterona, se había casado con un clérigo con muchos contactos, y ese era el único consuelo de su padre. Al menos, podría mantener a su madre y su hermana si todo salía mal.
Por ello, cuando un antiguo socio comercial se volvió a acercar a él con una propuesta, sir William aceptó. No se esperaba la emoción que lo recorrió al firmar el acuerdo, que él creía casi olvidada. Era cierto que su nombre se había vuelto a unir al comercio, y que, sin perder su título, se sentía como bajar de rango. Pero, en el fondo, sir William sabía de dónde provenía, y lo que realmente era.
N.A.: Recuerdo que este es el tercer capítulo que subo hoy, y ya estoy al día. Estoy teniendo problemas para recibir las notificaciones de ff por correo, así que disculpadme si no contesto a vuestras reviews. ¡Espero que os haya gustado el capítulo!
