DISCLAIMER: Los personajes de Orgullo y Prejuicio pertenecen a Jane Austen y sus herederos. Esta historia sí es de mi invención.


Mr O'Sullivan - Impuesto

-El señor O'Sullivan, señores - dijo el mayordomo de Pemberley, inclinándose y dejando pasar a un hombre vestido adecuadamente, aunque con sencillez.

-O'Sullivan, amigo mío - dijo Darcy, adelantándose a estrecharle la mano. -Hacía mucho tiempo que no te veía, es un placer que hayas aceptado mi invitación de alojarte en Pemberley. Permíteme presentarte al resto.

Ambos se acercaron al centro del salón, y Darcy comenzó con las presentaciones.

-Mi esposa, Elizabeth. A Bingley ya lo conoces, ellas son su hermana Caroline y su esposa Jane. Y, por supuesto, mi tía lady Catherine y mi prima Anne de Bourgh. Les presento a Liam O'Sullivan, estudio con nosotros en Cambridge.

-¡Darcy! ¿Cómo te atreves a profanar Pemberley con la presencia de este hombre? - exclamó lady Catherine antes de que el hombre pudiese decir nada.

-¿Se conocen? - intervino Elizabeth, sorprendida. -Creía que el señor O'Sullivan era un alto funcionario del gobierno.

-Así es, señora Darcy - dijo O'Sullivan, amable. -Soy el responsable del impuesto de ventanas, señora.

-¡Y tuvo la osadía de declarar que Rosings solo tenía 170 ventanas! -estalló la anciana.

-Señora, ya le dije que las vidrieras solo cuentan como una única ventana - se defendió O'Sullivan, incómodo. -Y los jueces estuvieron de acuerdo con mi proceder.

-Ya entiendo... - sonrió Elizabeth, mirando con diversión a su marido, que parecía resignado. -Entonces, se dedica usted a viajar, señor O'Sullivan.

-Para desgracia de mis padres, si, señora Darcy - respondió el hombre. -Cuando terminé mis estudios, se me ofrecieron varias alternativas, pero escogí la que me permitía viajar más. Siempre ha sido mi pasión, y así tengo la oportunidad de visitar a todos mis amigos.

-E imponerles su presencia a la vez que hace lo posible por agravar sus impuestos - intervino Caroline en voz baja, aunque todos la escucharon.

-No es ningún inconveniente pagar nuestros impuestos al gobierno - le espetó lady Catherine. -Es nuestro deber como ciudadanos de bien. Y, de hecho, este hombre rara vez acierta con sus cálculos. ¡Decir que Rosings tiene menos ventanas que Belton House!

-Señora, no querría ofenderla, pero tienen lo que tienen. Yo nunca me equivoco - se ofendió O'Sullivan.

-Debe de ser un trabajo extraño. Una vez me hice el propósito de contar las de Pemberley, pero desistí al ver que los criados me miraban con extrañeza - intervino Elizabeth, intentando desviar el tema, y sin ver la mirada de espanto de su marido.

-Puedo satisfacer su curiosidad, señora Darcy - dijo orgulloso O'Sullivan. - Si no se han hecho reformas desde la última vez, Pemberley tiene 214 ventanas.

-¡¿Más que Rosings?! - intervino lady Catherine con horror -¿Acaso ahora cualquier casa tendrá más ventanas que Rosings, una de las grandes moradas ancestrales del país?

-Querida tía, Pemberley es una casa más moderna que Rosings, y es habitual que tengan más ventanas, como ya le expliqué la última vez - intervino Darcy, ante el regocijo de su mujer, que, internamente, estaba disfrutando del intercambio. Solo se lamentaba de que su padre no estuviese presente, y ya estaba pensando en como se lo iba a contar en su próxima carta.

-Lizzie, ¿te he dicho ya que estoy embarazada? - intervino Jane, ante la súplica en los ojos de Bingley. Ambos odiaban las confrontaciones, y la de lady Catherine y el señor O'Sullivan tenía visos de venir de muy lejos.

Todos se quedaron mirando a Jane estupefactos, incluido el señor Bingley. Una cosa era desviar el tema, y otro decir algo tan importante de esa manera… pero a la pobre Jane no se le había ocurrido otra cosa, y además estaba deseando contagiar su felicidad a todo el mundo. Una vez repuestos, todos se adelantaron a felicitarla, confundidos. Todos menos lady Catherine, que, al ver pasar al señor O'Sullivan a su lado, le agarró del brazo para detenerlo.

-Esto no ha terminado, joven... - le susurró amenazante.

-Por supuesto que sí, lady Catherine - le susurró de vuelta O'Sullivan, con malevolencia. -Haga de una vez reformas en su casa, o quizás la próxima vez encuentre incluso menos ventanas.

El único testigo de ese último intercambio fue Darcy, pero no dijo nada. Recordaría para futuras ocasiones no juntar a su tía y su amigo en la misma habitación, si podía evitarlo.


N.A.: El impuesto a las ventanas es algo muy curioso. Se pagaba por ventana que tenía la casa, por lo que los pobres intentaban no tener ventanas para no pagar, y los ricos se peleaban por poner más para fardar. ¿Y quién iba a fardar más que lady Catherine? ¡Se agradecen las reviews!