—Hola a todos, es un placer estar aquí con ustedes —comentó el joven con una grata sonrisa—. Por fin mi creador tuvo la decencia de rescatar este libro de su cuenta en Wattpad y traerla aquí, se han modificado algunos diálogos y aspectos por ciertas cuestiones que inquietaban a mi creador.
El joven hizo que el fuego de la chimenea desprendiera mayor calor para apaciguar el ambiente. Una sensación cálida y hogareña abundaba en el sitio. El joven sacó a relucir un libro de gran grosor.
—Ya que se han cambiado algunos parámetros, puesto que en la versión anterior esto se desenvolvía en un contexto diferente, entraré de lleno con nuestro relato.
Abrió el libro con tranquilidad mientras pasaba las hojas. Se puso en una posición cómoda e inició su narración.
—Nuestra primera historia se desarrolló en un Universo que tuvo la desgracia de tener un concepto sobreexplotado, pero a pesar de ello, nuestra protagonista pasará por un cambio drástico que la llevará a reparar las grietas que surgieron tras sus errores…
Royal Woods, Michigan. Dos de la tarde.
Una chica deportista caminaba a las afueras de la escuela, traía puesta su playera favorita con un número 1 al centro. Cargaba en su brazo derecho un balón de soccer, buscaba a alguien con quien pasar el rato, no tenía nada que hacer. Ese día no había prácticas, ni partidos o inclusive algún torneo, era pleno viernes.
El penúltimo partido que jugó al estilo de ligas menores fue hace un mes y medio. Toda su familia había ido, desgraciadamente ese juego lo perdió, ya te imaginarás lo que sucedió después de ello.
En fin, sin culpa alguna, Lynn Loud junior iba caminando campante y con una gran sonrisa en el rostro, pareció haber tenido un buen día, lleno de gracia. Fue en busca de sus amigas para echar un partido amigable y así poder matar el tiempo. Llegó al patio de la escuela y se encontró con Polly.
—¡Polly! —corrió hacia ella.
—¡Hola, Lynn!
—¿Qué te parece un partido amistoso antes de irnos a casa? —preguntó ansiosa por un sí mientras le mostraba el balón que traía, sin embargo, su amiga no podía.
—Lo siento, Lynn, mis padres y yo vamos a ir de viaje. Debo irme ya, hay mucho por empacar.
—¿Qué tanto si solo se van dos días? —entrecerró los ojos.
—Ya sabes que comparto con mi papá un gusto familiarizado con el soccer y otros deportes, así que me dijo que debíamos empacar las cosas necesarias, ¡para pasar dos grandiosos días! No puedo esperar. Nos vemos, Lynn —dijo lo último tomando su mochila. Salió corriendo mientras se despedía con la mano.
—Adiós... —mencionó con desánimo.
Lynn no se rindió y optó por buscar a alguien más, aunque el patio estaba vacío, eso no significaba que no pudiese encontrar a alguien. Rodeó la escuela una vez más, pero no halló a nadie. Resignada, comenzó a caminar hacia su casa, en el rumbo se encontró a Margo en el parque. Fue hacia a ella.
—¡Margo! ¿Cómo estás? —sonrió.
—¡Oh! ¡Hola, Lynn! —volteó hacia ella—. ¿Qué te trae al parque?
—Pues, quería pasar un rato con alguien. El día ha estado aburrido y no hay nada ni nadie con quien pasar el rato —sacó su balón una vez más—. Me preguntaba si querías tener un partido amistoso conmigo —rio nerviosa.
—Me gustaría, Lynn…, pero ahorita mismo tengo cosas que hacer, de hecho, por allá está mi mamá —señaló con su pulgar hacia atrás.
—Oh... Ya veo —agachó la mirada—. Bueno, gracias de todos modos. Adiós, Margo —y así Lynn se fue desganada una vez más.
—Adiós, Lynn...
Continuando su camino, comenzó a reprochar su infortunio, esto parecía ser causa de...
—No me sorprendería... —murmuró a sus adentros.
Llegó a su casa, aun así, antes de desatar un enojo en contra de su hermano, decidió darle una oportunidad al destino para ver si de casualidad una de sus hermanas querría jugar con ella.
En primera instancia, supo que Lori y Leni no serían buenas opciones. La primera seguramente estaría en una de sus platicas interminables con Bobby, o como le dice de cariño: "Bubbu osito"; Leni no era tan lista como para poder darle al menos una batalla digna en el deporte y, además, seguramente tardaría mucho enseñándole a jugar.
Luna y Luan no se encontraban, pareciera que ambas se encontraban ocupadas en sus respectivas actividades. Lucy…, ella no era la más fanática a los deportes, prefería vivir bajo la oscuridad y las hojas de sus poemas sombríos.
Solo quedaban las hermanas menores.
Lola se encontraba ocupada en una fiesta de té, además que la princesa no se le da mucho a jugar deportes. Lana estaba cuidando a sus animales, sí, tal vez podría preguntarle a ella. Lana se encontraba actualmente en la cocina dándole de comer a Geo.
—Lana... —Lynn se acercó con el balón en mano lanzándolo en el aire para luego atraparlo—. ¿Qué tal un partido amistoso?
—Lynn, ¿no ves que ando ocupada? —dijo un poco molesta—. Todavía falta alimentar a El diablo, últimamente ha sido difícil capturar roedores para alimentarlo. Tendré que ir al basurero de la ciudad, incluso tal vez también me encuentre con algo para mí —tomó rumbo a su habitación y luego murmuró—. Veré si Lori me lleva, sino hablaré con Lola —un escalofrío le recorrió—... A estas alturas ya no sé quién de las dos me da más miedo...
Lynn maldijo su día entre dientes, se dirigió a su habitación molesta. Cerró la puerta bruscamente, aventando su balón de lado. Era un viernes para pasar un día grandioso y ni tenía nada que hacer, tal vez podría jugar béisbol ella sola, pero en serio quería pasar el tiempo con alguien más, si tan sólo alguien pudiera... Sin embargo, no había nadie.
—¡Qué mala suerte! —admitió por fin, algo que la llenó de rabia. Tomó su bate de béisbol y se dirigió hacia el patio, donde se encontraba su hermano.
…
Lincoln, él seguía reflexivo acerca de la situación en la que, según, él mismo se había metido, vaya lío. Estaba atrapado dentro de un traje de ardilla justo para evitar que "la mala suerte" saliera de él. Por el momento, él sólo había recibido reproches y quejas acerca de fracasos en la familia a causa de su dicha desgracia. Nadie recurría a los golpes, aún. Trataba de idear un nuevo plan para que su familia recapacitara, pero ¿lo harían? Su familia se había vuelto extrañamente muy supersticiosa, incluso Lisa, lo cual le tenía un tanto confundido, si no la conociera, diría que tal vez solo está haciendo un experimento social sin intervenir todavía, deseaba que interfiriera si en algún momento este asunto se volvía más grave. Hablando del tema...
—¡Hey, mala suerte! —Lincoln salió de la casa del perro y pudo ver a su hermana mayor inmediata acercándose con un semblante de enojo.
—¿Qué habrá pasado ahora? Y... ¿Por qué trae ese bate? —una parte de Lincoln se alarmó y enseguida retrocedió.
—Hoy tuve un pésimo día, pareciera que todo estaba en mi contra. Seguro te volviste a quitar el traje —alzó el bate, estaba dispuesta a darle un golpe leve, tampoco quería exagerar.
—¡No, Lynn! ¡Lo juro! Por favor, no hagas lo que estoy pensando que quieres hacer —puso sus manos por el frente, algo asustado. Lynn iba a acertar el golpe, pero al final desistió. Parece que el desgane del día pudo más con ella.
—¿Sabes...? Está bien, solo porque de plano el mismo día ya me contagió las ganas de no hacer casi nada. Iré a ver la televisión...
Dicho esto, se fue dejando a su hermano ahí. Lincoln, por su parte, soltó un leve suspiro de alivio. Agradeció a Dios de que no le haya pasado nada, desgraciadamente, no todos tienen ese mismo destino... Ahora, lo único que deseaba, era que a Luna y Luan les hubiera ido bien en sus cosas.
Lynn fue al sillón y prendió la televisión, no dudó mucho en ir a la sección de los deportes. A pesar de que el día había sido malo, pudo encontrar a su equipo favorito de soccer americano jugando un partido, no pensó dos veces en acomodarse para verlo. Apenas dieron las cinco de la tarde y Lynn había visto dos partidos seguidos, en ambos su equipo había salido victorioso. Celebró con un baile ridículo. Luego fue a la cocina a prepararse uno de sus submarinos especiales. Para su desgracia, no encontró algunos ingredientes esenciales.
—Genial, lo que faltaba... —cerró el refrigerador. Vio la hora y se dio cuenta que podía salir a comprar, ¿por qué no? El resto de la familia tardaría en llegar de cualquier forma. Salió y se dirigió a la tienda más cercana...
De regreso atravesó el parque una vez más, donde se cruzó con un chico de tez morena, jugador de béisbol. Lo conocía bien.
—¡Hola, Lynn! No te había visto en un tiempo.
—Oh, Francisco... ¿Qué tal? —rio nerviosa. No negaba que aún le atraía un poco el chico.
—Bien, andaba aquí con un amigo. De hecho, está sentado en la banca de ahí, puedes ir a conocerlo si quieres, es muy bueno en los deportes también —guiñó el ojo—. Yo iba en camino por un helado, ¿quieres uno? —un helado no vendría mal.
—Claro, que sea de chocolate —sonrió.
Dio la vuelta y se dirigió con el amigo de Francisco.
—¡Hey...! —esperó un nombre.
—Raymond, un gusto —era un chico pelinegro de ojos azul claro, parecían turquesas sino veía mal—. Tú debes ser... Lynn, ¿cierto? Había visto a un chico peliblanco junto a ti, la gran familia Loud resuena en todo el pueblo —rio ligeramente. Para Lynn, la mención de Lincoln le molestó.
—Sí, cómo sea...
—Disculpa si dije algo malo, y... ¿Qué tal el día? Es un buen viernes para pasar el día con amigos. Francisco y yo acabamos de jugar béisbol, fue divertido, creo que volé siete pelotas, por suerte traía una bolsa llena de ellas.
—Pues, al menos, tú sí tuviste suerte... —suspiró.
—Oye, tranquila —se rascó la nuca—... Lo había dicho por mera expresión, la suerte no es un determinante real en la vida, todo se trata de casualidad y destino. Por ejemplo, todas las cosas suceden con un fin, sea fracaso o victoria, siempre debemos de saber por qué sucedieron las cosas. Jamás podremos darnos cuenta si no préstamos atención a nuestro entorno.
—La suerte lo determina todo, Raymond...
—Bueno, te creería si se tratara de un simple juego de mesa que incluya dados para tirar. Eso sí que debe ser cuestión de suerte, pues jamás sabremos lo que saldrá en la cara frontal de ese cubo con puntos. Si hablamos de un deporte, tendría que ser honesto contigo —suspiró—. Lo que determina una victoria es el trabajo en equipo, el esfuerzo, el entrenamiento duro, la estrategia y habilidad. Si incluyéramos a la suerte, lo único que vería en efecto sería el viento, eso podría causar estragos, pero en sí, la suerte es solo una pequeña variable.
Lynn se quedó pensativa de todo lo que dijo el amigo de Francisco.
—Y no me contestaste, ¿qué tal estuvo tu día? —sonrió a sus adentros.
—Oh... Pues…, iba bien al principio, pero luego me quedé con ganas de jugar un poco de soccer. Aunque no tenía a nadie con quien jugar, parece que todos tenían planes preparados para hoy —respiró hondo para luego soltar un suspiro—. Fue un día pesado, al menos pude ver algo de televisión, me entretuve un rato, luego me iba a hacer un submarino, pero no había mayonesa ni pan —alzó la bolsa de compras—, así que los fui a comprar.
—¿Y qué me dices de tu hermano? No lo he visto últimamente, pero estoy seguro de que podrías pasar un rato divertido con él, ¿no crees? No creo que te fuese a negar un partido amistoso.
—¡Ni loca! Él da mala suerte. Lo supe desde que fue a mi partido por primera vez —se cruzó de brazos y desvió la mirada.
—¿También la daba antes del partido? —esa pregunta desconcertó a Lynn. En eso llegó Francisco con los helados.
—El camión ya había avanzado y tuve que correr para alcanzarlo —rio—. Bueno, aquí tienes, Lynn, me debes dos dólares.
—¿No me lo ibas a invitar?
—Sólo bromea —rio Raymond—. Yo soy el que le iba a reponer su dinero, no te preocupes, yo pago el tuyo —sacó de su billetera un dólar de diez—. Quédate el cambio, amigo.
—Gracias.
—Bueno, Lynn, tenemos que irnos, ya está oscureciendo. Espero que puedas tener un lindo día.
Ambos dejaron a la deportista. Lynn dejó de pensar en la situación y siguió el camino a casa, parece que el chico no mentía al decir que el Sol estaba a punto de ocultarse.
Llegó a la residencia y fue a la cocina, quería prepararse su submarino de una buena vez; sin embargo, cuando estuvo a punto de cortar el pan, vio por la ventana.
Su hermano era rodeado por Luna y Luan, quienes parecían un poco molestas. Ella quiso observarlas un rato, a pesar de que no alcanzaba a oír con claridad. Uno que otro insulto fue lanzado hacia el muchacho.
Las dos artistas de la familia se fueron, parecía que sus circunstancias no eran tan graves, de haberse enojado más, Lynn juraría que Luna hubiera dado el primer golpe. Pasado aquello, vio cómo Lincoln regresaba a dónde estaba: la casita era muy pequeña, apenas y lograba entrar.
Por un momento se preguntó si él ya había comido, pero ¿por qué de pronto se había preocupado por él? De igual modo, era un ser que daba mala suerte...
"¿También la daba antes del partido?"
La pregunta de Raymond atravesó su cabeza una vez más. En sí la presencia de su hermano, más que desagradable, era maravillosa, siempre que quería jugar, Lincoln ahí estaba; desde la infancia que juegan juntos. Estaba consciente que ella contaba con él y viceversa... ¿Cierto? Entonces, ¿por qué estaba afuera de su propia casa? Ella misma fue quien lo dejó ahí. Entonces, solo por hacerlo, se imaginó a ella en vez de a Lincoln en esa pequeña casa para perro: la humedad, el reducido tamaño, el traje sin lavar desde hace semanas... Sería horrible, y, lo peor, que ninguna de tus hermanas te apoye o diga algo.
Lynn estaba reflexionando el tema demasiado, ¿y si perdió solo porque el equipo contrario logró dar lo mejor de sí en el último momento? Entonces eso no sería un factor de la suerte, sino de decisiones y determinación. Aunque, ¿por qué seguía pensando en ello? Dentro de ella empezó a sentir un pequeño vacío. Su trance fue interrumpido.
—Hey, sis, ¿qué pasa? Te has quedado estática ahí por un buen rato, ¿todo bien, chica? —era Luna, quien sacó una bebida de naranja del refrigerador.
—Sí, solo un mal día... —contestó viendo el pan otra vez. Agarró el cuchillo e inició a cortarlo para poder formar su submarino.
—Seguro fue la mala suerte de Lincoln —bufó—. No fuiste la única, chica. Hoy iba a audicionar para un evento importante en Royal Woods, pero cuando estaba afinando mi guitarra, se le zafaron las cuerdas, menuda suerte —gruñó—. En fin, hermana, al menos ten buena noche —y se retiró.
—Bueno, ya mejor dejo de compadecerme con el mala suerte, Luna ya me lo ha confirmado de nuevo.
Aunque de nuevo las palabras del muchacho resonaron en ella.
"... todas las cosas suceden con un fin, sea fracaso o victoria, siempre debemos de saber por qué sucedieron las cosas. Jamás podremos darnos cuenta sino préstamos atención a nuestro entorno..."
Lynn detuvo el preparado una vez más, Luna jamás le comentó el tipo de evento en el que estaba audicionando, es más, ni siquiera oyó algo por el estilo en los alrededores. ¿Pudo haber sido una estafa? ¿Qué tal si la querían para otra cosa? ¿Se hubieran aprovechado de su talento y la hubieran ilusionado? Nunca sabría la respuesta, la única que pudo haberse fijado en esos detalles era la misma Luna, aunque pareciera que ella se había guardado esos detalles para sí misma. Negó con la cabeza y siguió con su submarino.
Por fin, ya había quedado. En ese momento se lo estaba comiendo, en verdad era enorme. Igual se lo podía acabar ella sola. Mordisco por mordisco, el emparedado iba desapareciendo, hasta que quedó sólo un cuarto de él. Miró por la ventana una vez más, su mirada se posó sobre el pobre albino, solamente faltaba que lloviese para que realmente fuera una escena totalmente deprimente y, como si hubiese sido coincidencia, gota por gota, la lluvia salió. Suspiró resignada.
Salió de la casa con un paraguas y se acercó a su hermano.
—¡Hey! Mala suerte —al último ya se sintió incómoda, ¿por qué lo seguía llamando así? ¿De verdad lo merecía? ¡Por supuesto! ¡Fue él quien causó que perdiera aquel partido! ¿O no? Su cabeza daba mil vueltas.
—Perdóname, Lynn. No me quité el traje, en serio... —Lincoln salió de la casita con dificultad y se acercó a la castaña, el traje se estaba mojando. Lynn dedujo rápidamente que aquel traje soltaría un horrible hedor después.
—No vine por eso, tonto —desvió la mirada.
—Ah, ¿no? —preguntó sorprendido—. Entonces, ¿qué haces aquí? Pensé que te daba temor contagiarte de mala suerte.
—No me da temor, sino pánico.
—¿No es acaso lo mismo?
—Olvida eso, no es el punto. Vine porque... Agh, ni si quiera sé porque estoy aquí —pero en verdad lo sabía, solo que se sentía extraña.
—Bueno, al menos me haces compañía —suspiró—. No he podido convivir con ninguna de ustedes después de... Bueno, esto —se señaló. Lynn se sintió un poco mal, pero era lo correcto... ¿En verdad lo era?
—Bueno, siendo sincera, quería saber si ya habías comido —mostró el sándwich mientras los cubría con el paraguas.
—No, no he comido. Este…, ¿me lo vas a regalar? Siento que algo anda mal aquí...
Lynn pudo entenderlo un poco, tan solo era cuestión de mirar la situación deplorable en la que se encontraba justo ahora.
—Sí… También conserva el paraguas —Lincoln tomó ambas cosas—. No me lo devuelvas, seguro tiene ya algo de mala suerte...
—¿No crees que exageras?
—No, no lo creo.
—Emm... Lynn, si sabes que para comer me tengo que quitar esta cabeza, ¿verdad? —cuestionó nervioso.
—No pensé en eso, bueno, en ese caso, no te lo quites en mi presencia… o te irá mal, ¿ok?
Lincoln asintió con la cabeza. Lynn procedió a ingresar a la casa, pero la voz de Lincoln la detuvo.
—Por cierto, gracias, Lynn... —la castaña volteó a verlo y se quedó así por unos momentos. Negando con la cabeza, entró a la casa.
Lincoln, con una pequeña sonrisa y algo incrédulo, volvió a la casa del perro para poder comer.
—Al fin empiezas a notarlo, ¿verdad?
—¡Ahhh! —Lynn se llevó el susto de su pequeña hermana, Lucy—. ¡Demonios, Lucy! Casi me matas del susto...
La gótica sonrió levemente, le encantaba causar ese susto en cada persona en la que podía.
—No importa ya…, pero ¿notar qué? —preguntó curiosa.
—Lincoln. Lo que le está pasando está mal —vio hacia la ventana de la puerta—. Suspiro, desde aquí puedo ver como su alma sufre y está siendo trastornada, y no he podido hacer nada...
Lynn la acompañó a ver a su hermano, se había quitado la cabeza del traje y disfrutaba gozoso de aquel sándwich. En su rostro se veía la total satisfacción. Lynn se molestó de verlo sin la cabeza, ¡la mala suerte escapa!… ¿o no?
—No lo sé, Lucy, es complicado. Creo que debería de ir a mi cuarto a pensar en esto…
—De acuerdo, pero espero que te des cuenta de que lo que hiciste con Lincoln es inhumano —dio un suspiro verdadero con algo de pesadez—. Ahora que veo que estás pensando demasiado en el tema…, iré a visitarlo, sé que recapacitarás esto —tomó un paraguas de la entrada y salió.
Lynn observó a su hermana llegando con él, se sentó a su lado y sacó unas hojas. Vio que Lincoln se extrañó un poco, seguramente se debió a que Lucy no se había molestado en verlo sin la cabeza. Lo más probable es que ella extrañaba su presencia en la casa, después de todo, siempre era el único disponible para que pudiera oír sus poemas. Lincoln sonrió.
Por un momento, Lynn se dio cuenta de que su hermanito pasaba por una situación incómoda todos los días, además, tenía razón, ya no había convivido con ellas desde lo sucedido. Paró de verlos, se sentía hipócrita por pensar así, aún no se sentía del todo arrepentida, pero el sentirse un poco mal ya era un inicio.
Subió a su habitación y notó que el cuarto de Lincoln ya tenía permitido el paso. Se acercó a su habitación y abrió la puerta, el espacio estaba totalmente vacío, no había nada, pues habían vendido todas sus cosas, ¿en verdad había necesidad de hacer aquello? ¡Sí! Todo estaba manifestado de su mala suerte… o así pensaba antes de ese día. Se cuestionó algo, ¿vendieron a bun-bun? Era lo más importante para Lincoln. Sintió que no, tal vez estaba guardado en alguna parte, ¿en dónde? Quién sabe…
Cerró la puerta y fue a su propia habitación, se recostó sobre su cama. Eran las siete de la noche, todavía no tenía sueño; tomó una pelota de tenis y la comenzó a botar contra la pared. Hacer eso la distraería un poco de todo el asunto, al menos eso creyó.
—Era la primera vez que venía a mi partido y fue justo por eso que perdí —comentaba consigo misma mientras seguía botando la pelota—. Luego fue otra vez con ese traje de ardilla y gané, eso explica que eso le da buena suerte, ¿no? —suspiró—… O tal vez sean simples excusas —comenzó a botar con más fuerza—. Está ahora bajo la lluvia, mojándose, ¿de verdad se merece eso? Dijo que sólo quería más tiempo para sí mismo… No, no estoy loca… de verdad tiene mala suerte… o simplemente soy una mala perdedora —lanzó la pelota tan fuerte de la frustración y la rabia que rebotó con mucha fuerza.
La pelota se fue por encima de su armario, haciendo que se tambaleara un poco: un libro cayó de él. Lynn lo vio y suspiró. Con desgano, saltó de su cama y fue a levantar ese libro, tenía una cubierta azul. Cuando lo estaba dejando arriba del armario otra vez, se le soltó una hoja y en ella venía una foto
—¿Qué es esto? —dejó el libro en su cama y tomó aquella hoja.
Era una foto de ella con su hermano, parecía que lo había tomado su mamá. No era la de la tina, esta era diferente. Tenía a Lincoln abrazado con el brazo izquierdo, los dos estaban cubiertos de suciedad y ella cargaba un balón de soccer. Si bien Lincoln había sufrido unas cuantas heridas en ese partido "amistoso", no impidió que ambos pasaran un buen rato jugando. Parecían tener entre 10 y 8 años respectivamente. Obviamente ganó ella en ese encuentro de hermanos, pero no recordó quejarse en lo absoluto. Tan solo ella y su hermano pasaban un divertido rato juntos, jugando soccer. No había mala suerte, únicamente el ocio y la falta de diversión; convivencia.
En ese entonces, Lincoln no tenía nada de qué quejarse conforme a su tiempo, sin embargo, la familia creció y la necesidad de la atención aumentaba, ¿quién mejor que el único hermano, quien no tenía una actividad en especial, para pedirle un poco de su tiempo? Y este, teniendo que estar al tanto de sus diez hermanas, perdió el control total de su propio tiempo, eso sí que era injusto. Quería pasar un rato sin estrés, ni tener a nadie a quien ayudar, un día en el cual pudiera dedicarse a sí mismo y a nadie más, ¡quizá pensaba que un día era suficiente! Mas sus hermanas jamás le dieron esa oportunidad.
—¿Qué es lo que hice? —se cuestionó a sí misma sin dejar de observar la fotografía.
De pronto, una gota de agua cayó en la foto. Pensarás que fue una lágrima, pero en realidad se trató de una gotera proveniente del techo del cuarto; al menos, la foto estaba recubierta de plástico
—Él no merecía esto —limpió el agua de la cubierta, tomó la hoja y la metió dentro del álbum—… ¿Cómo se habrá caído esto? —miró el interior por unos instantes y vio como estaba desgastado, mínimamente, pero lo estaba. Colocó la hoja en el lugar indicado.
Fue a la cocina por unos cuantos recipientes, más vale prevenirse, posiblemente más de una gotera podía presentarse esa noche, no se sorprendió, en sí la casa ya tenía sus años y, por ende, sus defectos. Antes de retirarse, quiso ver por la ventana, ahora lo hacía para ver cómo se encontraba su hermano.
Lucy se había retirado, ¿cuánto tiempo se quedó ella pensando? No lo supo, de todas formas, no es como si ella se dedicara a medir su tiempo.
Vio como Lincoln trataba de acomodar el paraguas que le regaló. Cuando notó que estaba bien puesto y firme para cubrirse, sonrió satisfactoriamente. El peliblanco volteó de casualidad hacia la casa y, asustado, se percató de que Lynn lo observaba. Sin perder tiempo, buscó la cabeza de ardilla y se la puso, alzó el pulgar a Lynn en señal de que todo estaba bien. La deportista, en su interior, se sintió la peor hermana del mundo, ¿cómo permitió que su único hermano terminará fuera de su propia casa? En esos momentos, desearía ser ella quien estuviera ahí.
¿Arrepentimiento?
La sensación apenas daba comienzo, no faltaría mucho para que en verdad le dolieran sus propias acciones.
Con los recipientes en mano, tomó rumbo a su cuarto nuevamente. Ya dentro, puso los recipientes en los respectivos lugares donde el agua caía, efectivamente, más goteras se habían formado. Mientras hacía esto, se puso a pensar en el pasado. La familia siempre había deseado tener un hijo varón y por fin lo tenían. Ese niño ahora se encontraba fuera de la casa, sufriendo. Lynn se había prometido a sí misma protegerlo de aquellos que le hicieran daño, entonces, ¿debería darse una golpiza a ella misma? Pues gracias a ella, su hermano ya tenía algunos daños.
—Soy una decepción… —murmuró.
—No lo eres, Lynn —la deportista soltó un jadeo de susto, parecía que Lucy jamás perdía el toque. Estaba sentada en la cama con un libro, era de aquella saga de vampiros—… No creo que tus trofeos concuerden contigo, pero si hablamos de tus decisiones, admito que entonces no son las mejores que digamos —siguió la siguiente página—. Suspiro, veo que tu alma empieza a sentirse pesada, estás triste, ¿no?
Lynn no pudo evitar agachar la cabeza. Fue a su propia cama y se sentó en la orilla. Sus pies no alcanzaban el piso, por lo que los balanceaba en el aire; su mirada seguía clavada en el piso.
—Creo que sí…
—¿Te acabas de dar cuenta que llevaste esto demasiado lejos? —Lucy dejó su libro a un lado y se sentó frente a Lynn, iba llevar la conversación a algo serio.
—Fui una tonta, Lucy…, ¿por qué no trataste de convencerme o decirme algo?
—Por miedo —desvió la mirada, un tanto frustrada. Regresó a verla otra vez—…, temía que me llevaras la contraria, meterse contigo no hubiera sido lo más inteligente. Si convenciste a todos de que Lincoln tenía mala suerte y por eso terminó fuera, ahora imagina lo que hubiera pasado conmigo. Seguramente hubieras dicho que él me había pegado la mala suerte; puede que ya ni estuviera en la casa en estos momentos —suspiró—. Y tienes que admitir que eres algo terca, eres difícil de convencer cuando se trata de tus supersticiones.
—¡Oye!
Lucy, aunque no se notara, le dio a Lynn una mirada directa y fría.
—Bueno, tienes razón —suspiró resignada. Puso los codos sobre sus rodillas y se cubrió el rostro con las manos—. Ahora me doy cuenta de que soy una tonta, Lincoln en verdad no se merece nada de esto. Además, yo fui quien lo obligó, bueno, más o menos, a llevarlo al partido.
—Técnicamente, eso nos lleva a que la única culpable de que perdieras...
—Fuera yo… si habláramos de que Lincoln en verdad tuviera mala suerte, yo misma fui quien arrastró a mi perdición. De todas formas, me doy cuenta de que esto empieza a sonar estúpido.
—Lisa también siguió la corriente. Incluso a mí se me hizo extraño que una científica de alto prestigio creyera en algo como eso…
—Eso tiene sentido para mí.
Se levantó de la cama y miró fuera del cuarto por la ventana. Lincoln luchaba ahora con el viento, el paraguas quería salir volando. Con un gran esfuerzo, trataba de mantenerlo en su lugar.
—Lo peor es que lo has condenado a un infierno que jamás buscó totalmente. Será complicado sacarlo de allí, pero podríamos lograrlo.
Lincoln pudo contra el viento. Salió por un momento de la casita y fue al garaje. De regreso, trajo unas cuerdas y unos cuantos clavos. Con ayuda de un martillo y su habilidad, fijó el paraguas. Su obra salió medio mal, aunque a simple vista se veía un tanto resistente. Entró en la casita y se acomodó como pudo. La lluvia no cesaba.
—¿Qué podríamos hacer por ahora? —puso su mano en la ventana.
—No lo sé, supongo que podríamos movilizarnos más noche. Nadie debe enterarse que cambiaste de opinión, te verán mal y te echarán en cara tus malas acciones y, seguramente, seguirán sin cambiar su juicio.
—Podría ser… —ambas sabían que el tema era algo delicado, nadie debía saber acerca de lo que pensaban. Las paredes delgadas estaban en su contra, afortunadamente, nadie pareció haberlas escuchado.
El sonido de una van estacionándose se escuchó, dando señal de que los padres habían llegado a casa.
—Tienes razón, Lucy… Tendríamos que hacer esto de noche.
La puerta principal de la casa sonó. Ya era algo tarde, Lynn Sr. no tardaría en iniciar a preparar la cena. Rita traía la bebé en brazos, la dejó en la sala con las caricaturas en la TV. Aprovechó que nadie estaba ocupándolo. Fue a su cuarto para reposar el largo día.
—Por ahora, actuemos normal —Lynn asintió.
—Cambiando el tema, Lu —desvió la mirada—, ¿no te gustaría hacer algo divertido? El día ha sido muy aburrido —suspiró.
—Tenemos gustos muy diferentes, Lynn. Dudo que podamos divertirnos haciendo las mismas cosas; hablando de eso, aún recuerdo cuando llenamos la habitación de espagueti —sonrió levemente, luego, esa sonrisa se esfumó.
—Sí, fue muy divertido…, gracias a Lincoln.
Miró hacia su cama y vio el álbum por segunda vez. Lo tomó y empezó a hojearlo. Página tras página se llenaba de nostalgia y el sentimiento de culpa incrementó
—¿Qué clase de hermana soy? Se supone que es el hermanito al que debo de cuidar y proteger. Estoy rompiendo mi promesa, soy hipócrita.
Sintió que pensar eso quedaba de más. Las fotos le traían muchos recuerdos. Lincoln siempre la apoyó, ¿alguna vez ella lo apoyó a él? Claro, junto a las demás chicas…, aunque tuvieron que ser unas entrometidas para hacerlo. ¿Acaso ha habido una vez en la que hicieran una actividad que a Lincoln le gustará juntos? Y de haber sido así, lo más seguro es que la última vez fue hace mucho tiempo atrás.
Ahora sí, las lágrimas que no había soltado resbalaron suavemente por sus mejillas, mas su orgullo pudo más con ella y solamente salieron de sus ojos dos gotas, que, aunque parecían ser cosa de nada, eran el significado de arrepentimiento más puro que pudo demostrar, tomando en cuenta que es difícil hacerla llorar. Lucy se metió a su novela nuevamente y Lynn continuó con el álbum.
—¡Niñas! ¡A cenar!
—Vamos, Lynn —Lucy salió de su cama y se retiró de la habitación. Antes de bajar, Lynn se fue al baño.
Se miró en el espejo, al verse sintió rabia; cerró sus puños con fuerza y dio un leve golpe en la pared. Agachó la mirada, suspiró. Abrió la llave del agua y se lavó la cara, no quería dar ningún indicio de que haya soltado lágrima alguna. Aprovechó para lavarse las manos. Salió y se topó con la princesa.
—¡Hazte a un lado, Lynn! Tengo que quitarme la suciedad del maldito basurero —y de un empujón, quitó a la deportista del medio. Lola no venía con las mejores ganas.
—¡Encontré queso! Fue un día grandioso —presumió Lana comiendo el queso y dirigiéndose a su cuarto. En su otra mano traía una caja, tal vez la comida de su víbora.
Lynn las dejó de lado y bajó al comedor. Se sentó en la mesa mientras esperaba a las demás.
—Tardan mucho en bajar… —se quejó Lucy.
—Como la mayoría del tiempo —las demás hermanas llegaron entre pláticas y parloteo.
—Literalmente te queda divino ese vestido, Leni.
—Gracias, Lori. Lo encontré de rebaja en el centro comercial.
—... Y le dije, "parece que sus precios están subiendo", ¿entiendes? —rio Luan mientras recordaba una fechoría que le hizo a una tienda que tenía un globo con signo de dinero.
—Sí, lo entiendo —desanimada, Luna tomaba asiento en la mesa.
El Sr. Lynn salía de la cocina con su famosa lynnsaña. Todos se sentaron en la mesa y la cena dio inició.
Mientras tanto, fuera de la casa, Lincoln seguía refugiado bajo el manto de aquel paraguas que, si poco hacía, al menos lo cubría del agua. La casita no se mojaría y no tendría que preocuparse por contraer un resfriado. Vio que la luz del comedor estaba encendida, quizá una señal de que todos estaban cenando.
—Me pregunto qué habrán hecho de cenar hoy —comentó para sí—… Es extraño que Lynn de pronto me ayudara —miró hacia su paraguas—. Tal vez está pensando mejor esto, al menos, gracias a ella, tengo algo con que protegerme hoy y tuve algo en el estómago. Solo falta esperar a mañana —suspiró—. Dormiré un poco.
Lincoln se recostó dentro de la casita del perro y cerró los ojos…
—¡Yo lavo hoy, papá! ¡No hay problema! —ofreció Lynn ansiosa.
—¿Segura? Son muchos trastos.
—Yo puedo ayudarla —se unió Lucy a la conversación.
—No tienen nada pensado, ¿verdad?
—Por supuesto que no —Lynn hizo un ademán con su mano izquierda—. Solo que… ¡queremos hacer nuestro turno ahora! Ya sabes, hay que aprovechar que tenemos las ganas para hacer eso, así otras dos limpiarán cuando en verdad nos tocaba —respondió nerviosa.
—¿Y a quién se supone que le tocaba hoy? —se rascó la cabeza demostrando confusión.
—Emmm…
Lucy vio que Luna y Luan se habían levantado de la mesa y se retiraron.
—A Luna y a Luan, pero ellas ya se fueron, seguro escucharon que lo haríamos por ellas. Tal vez no tengan ningún problema con eso.
—Hmmm —el Sr. Loud se quedó pensativo—… de acuerdo, por mí no hay problema. Gracias por contribuir, chicas —y se fue de la cocina. Lola entrecerró los ojos dudosa del comportamiento de sus hermanas, pero lo dejó ir; no tenía tiempo para eso.
—Detecto un severo cambio en el comportamiento —analizó Lisa—. Las seguiré observando desde arriba —se retiró hacia su cuarto, llevándose a Lily en el acto. Lola y Lana hicieron lo mismo.
—Seguiré hablando con Bobby, Leni. Estaré en la sala —dicho eso, fue a dónde indicó.
Leni, por su parte, se retiró a su cuarto. Ya no tenía nada que hacer, tal vez se dedicaría a leer alguna revista de ropa.
—Bien, estamos solas —habló Lucy.
—¿Ya tienes algún plan?
—No, ninguno, ¿y tú? —Lynn negó con la cabeza.
—Por ahora quisiera llevarle esto —tomó un poco de lo que sobró del guiso y lo puso en su plato—. Seguro tendrá hambre.
—Me alegra que recuperaras el juicio —recogieron los platos y fueron a la cocina a lavar los trastes. Pusieron los platos y demás en el fregadero.
—Bien, ahora solo tenemos un pequeño problema…
—¿Cuál?
—Lori, en la sala. Necesitaremos una excusa válida por si de casualidad se le ocurre venir y no me encuentra aquí lavando.
—No podremos dar una excusa. Lo mejor es que sólo te apresures, en todo caso puedo vigilarla.
—De acuerdo, me parece bien.
Con sigilo y rapidez, Lynn tomó la comida sobrante de la cena y salió por la puerta, por suerte, Lucy había dejado el paraguas a un lado del marco. Lo tomó y se dirigió hacia Lincoln.
—¡Oye! ¡Tontuelo! —le dio una leve patada. Lincoln se quejó y abrió los ojos.
De nuevo la vio ahí, pero en esta ocasión, en vez de traer un gesto de enojo, se veía entristecida.
—¿Lynn? —aunque no se notara, sonrió—. No creí verte más de dos veces hoy. Ya es un nuevo récord, ¿eh?
Ambos rieron por el comentario.
—Bueno, quiero ser honesta contigo, Lincoln —se sentó de piernas cruzadas en el césped—. Creo que no he sido justa contigo —suspiró—. ¿Sabes…? No es fácil para mí decir esto, es que yo…
—Tranquila, Lynn —tomó el plato de lynnsaña y lo puso a su lado, luego agarró su mano. Lynn sintió un leve calor en ese contacto, lo miró a los ojos y sonrió—. No sé qué fue lo que te hizo cambiar de opinión, pero en serio agradezco que me prestes atención. Gracias a ti he vuelto a comer como tanto extrañaba —desvió la mirada con una sonrisa. Retorno la vista a sus ojos—. Gracias también por hacerme compañía. Cierto, quizá tú empezaste todo esto, pero —Lynn entristeció—… quiero que sepas que me gusta tener a alguien con quien hablar por fin, a pesar de que ya lo haya hecho con Lucy hace rato; el punto es que me quiero disculpar. Por mi culpa nos encontramos aquí ahora, tal vez tú… —Lynn cerró los ojos con fuerza al igual que apretó la mano de Lincoln.
—¡Esto no es tu culpa, idiota! —sin importar que se mojara, soltó el paraguas a un lado y se abalanzó contra su hermano, envolviéndolo entre sus brazos, sollozó por lo bajo, se sentía terrible.
Lincoln se asombró de aquella acción tan rara en su hermana, pero aceptó gustoso el abrazo. Así estuvieron un ratito más.
—Esto no es tu culpa, fue mía en todos los sentidos, Lincoln. Tú tan sólo querías tiempo para ti y yo… únicamente lo empeoré todo —lo abrazó más fuerte.
Lincoln sentía que no podía respirar, aunque no se quejaba. A pesar de todo, ese abrazo le había encantado. ¡No había recibido uno en un mes entero! Sonrió ampliamente. Ambos seguían bajo la lluvia, pero no les importaba. Se separaron.
—Tal vez no fue la mejor decisión, Lynn. Aun así, me gusta que hayas reconocido tu error; aunque admito que yo también lo arruiné.
—Parece que ambos fuimos unos tontos completamente —rio bajo.
—Sí, lo fuimos. Por cierto, gracias por la cena, Lynn. Hace tiempo que no probaba la comida de papá.
—Me imagino que sí.
Lincoln vio hacia la ventana de la cocina, repentinamente, vio a Lucy hacer un sin fin de señas. El albino se alarmó.
—¡Lynn, te hablan! ¡Corre! —Lynn volteó.
—¡Demonios! ¡Adiós, Linky! —tomó el paraguas y rápidamente se dirigió hacia la casa.
—Adiós, Lynn —sonrió, mas luego se extrañó—. Espera, ¿me llamó Linky?
Fugaz como un rayo, Lynn entró a la casa dando un leve portazo. En seguida, llenaron de burbujas y jabón el lavavajillas. Lori entró a la cocina.
—¿Qué fue todo ese ruido? —arqueó una ceja sin despegar la vista de su celular. Agarró un vaso y se sirvió agua.
—¿Qué ruido, Lori? Tal vez estabas alucinando —Lynn rio nerviosa. Lori las miró por un momento.
—Quizá —tomó su vaso—. Voy a hablar con Bobby, así que, literalmente, las quiero en silencio —antes de irse les echó un vistazo. Lori notó que Lynn estaba toda mojada—. ¿Y ahora? ¿Por qué estás mojada? ¿Saliste afuera? ¿Fuiste a ver a Lincoln?
Los nervios invadieron a ambas, Lucy pensó algo velozmente.
—¡No! Estábamos jugando y la empapé toda —si no fuera por su voz monótona, Lori hubiera sospechado. La miró fijamente, Lucy estaba comenzando a temblar, Lynn se percata de ello y, con ambas manos, la mojó igual.
—Para que no se te ocurra mojarme de nuevo.
Lucy la fulminó con su mirada, ahí, Lori se dio cuenta de que todo estaba bien.
—Bueno, ya. Solo no hagan un desastre chicas.
Yéndose de la cocina, Lynn y Lucy suspiraron aliviadas.
—¿Qué tanto estabas haciendo? —se quejó Lucy regresando a la labor de limpiar.
—Lo siento, estábamos teniendo un momento emotivo.
—¿No crees que eso pudo esperar para después?
—¡Bueno, ya! ¡Deja de quejarte y acabemos esto de una vez!
—Claro…, ahora estoy mojada por tu culpa.
Luego de un arduo trabajo, ambas subieron a su habitación. Por otra parte, la lluvia por fin había cesado.
Reunidas en el centro de la habitación, con voz muy baja, comenzaron a hablar.
—Lucy, no quiero que Lincoln vuelva a dormir allí otra noche más…
—A menos de que se te ocurra algo, no podremos hacer nada en concreto.
—¿Y si…? —se acercó a su oído—¿… lo metemos de contrabando?
—¿Estás loca? Causaremos mucho ruido al hacerlo.
—No lo creo, ¿cuántas veces Luna se ha escabullido en las noches?
—Bueno, tienes un punto, pero la casa en sí resuena mucho por las noches.
—Entonces solo deberemos tener cuidado.
—Bueno, allá tú. Ojalá nadie te escuche.
—Confío en su sueño pesado.
Regresando con Lincoln, este estaba más que satisfecho.
—Bueno, ahora sí que hoy fue mi día de suerte —rio de la ironía—. Como los extraño, familia. Ojalá se dieran cuenta de lo mucho que deseo que todo vuelva a la normalidad —miró hacia el cielo—… menos mal dejó de llover. Esta noche podré pasarla tranquilamente. Gracias, Lynn. Creo que ya no me arrepiento de haberte brindado mi espacio aquella semana en la que te peleaste con Lucy —rio para sí—. Aunque por cómo van las cosas, debería seguir sintiéndome mal por eso.
En la casa Loud daban las nueve de la noche. La hora ideal para irse a dormir. Las hermanas se reunieron en el baño donde se cepillaban los dientes, tal y como lo hacen todas las noches. En eso, Leni habló.
—Oigan, ¿y cómo va Linky con su enfermedad? Pobrecito…, ya sé que dijeron que debería permanecer fuera para no contagiarnos, pero ¿no creen que se enferme más? Acaba de llover…
Todas se miraron entre sí, a excepción de Lynn y Lucy. Lisa las observaba curiosa y Lola dudosa. Por otro lado, las demás trataban de persuadir a Leni nuevamente.
—Leni, ya te hemos dicho que lo mejor para nosotras es que Lincoln se quedé fuera. Literalmente hará que todo lo que hagamos nos salga mal.
Leni, por alguna razón, no se creía del todo lo que sus hermanas decían. Miró a Lynn, quien fue la que empezó a decir lo de su hermano, ella no la vio. En ese momento, Leni se percató de que algo no andaba bien.
—Como que es una enfermedad muy rara, ¿no? —dijo al final, se encogió de hombros y continuó cepillando sus dientes.
Después de esto, las hermanas Loud se fueron a sus habitaciones. Lisa veía a través de sus cámaras.
—¿Qué planean ustedes dos? —no les quitaba el ojo de encima, aunque tampoco se lo quitaba a Lincoln. El chico se veía contento, más de lo usual—… Es extraño ver cómo el sujeto L-6 sigue sin presentar síntomas como tristeza o depresión, o al menos algún signo de desesperanza; como si algo o alguien le ayudara. Estoy consciente de que la causante de todo le dio su apoyo hoy y, por como veo que van las cosas, a partir de hoy su esperanza aumentará más, pero ¿qué le habrá ayudado a permanecer fiel a su optimismo? Una gran incógnita. En fin, dudo mucho que llegue a decaer después de contar con la ayuda de su unidad fraternal mayor —vio como Lincoln reposaba con una sonrisa.
—Win… con —Lily veía la pantalla de Lisa, podía apreciar a su hermano a lo lejos.
—Sí, Lily, es Lincoln.
—Win-con —cómo pudo, escaló su cunero y cayó al suelo. Eso asustó a la genio, sin embargo, se calmó cuando vio que estaba bien.
—¡Por Isaac Newton! Lily, no vuelvas a hacer eso —la regañó furiosa. Lily la ignoró por completo. Gateó hasta donde se encontraba ella y le extendió los brazos.
—¡Win-con, Win-con!
—Sí, Lily, te acabo de decir que es Lincoln —la cargó entre sus brazos y la puso frente a la pantalla. Empezó a poner sus manos en la misma, justo dónde se encontraba su hermano.
—Parece que algunos miembros de la familia comparten el sentimiento mutuo sobre tu ausencia, hermano mayor —se acomodó las gafas—. Veamos como sale todo esto —sonrió mientras disfrutaba ser la espectadora de un show de televisión.
Leni salió de su habitación y se dirigió a la cocina, tenía sed. Tomó un vaso y se sirvió agua; por poco se le caía, pero consiguió no derramarlo. Su mirada se cruzó en la ventana y vio a su hermanito. Estaba en la casa del perro, por lo menos. No había aire y pudo ver que tenía un paraguas encima, ¿quién se lo habrá dado? Agradeció que su hermanito se encontrara bien. Quería ayudarlo, pero no sabía cómo. Entristecida y decepcionada, empezó a subir las escaleras hacia su cuarto, pero unos cuantos cuchicheos la detuvieron. Se acercó a la habitación de Lynn y Lucy. Con cuidado, abrió lentamente la puerta.
—… ¿Qué opinas Lucy? ¿Por la ventana o por la puerta?
—Podrías hacerlo desde los ductos de ventilación.
—¿No crees que el ruido las despierte?
—O es el metal rechinante o la madera podrida e igual de rechinante, tú decides el camino.
—Vaya, es más difícil de lo que creía.
—¿De qué hablan? —preguntó la modista imitando su voz baja. Las dos hermanas se espantaron y entraron en pánico.
—¡Diablos, nos atraparon! —Lynn estaba aterrada.
—Pero si no las tengo atrapadas, chicas, solo las escuché hablando.
—Por eso mismo, Leni —habló Lucy—. Ahora nos vas a acusar con Lori o mamá. Estamos perdidas…
—¿Hablaban de Lincoln? —se sentó junto a ellas, pero antes, cerró la puerta y le puso seguro—. Porque yo igual lo extraño y comienzo a pensar que de verdad no está enfermo.
—Es porque no lo está —explicó Lynn. Leni soltó un jadeo de asombro.
—¿Me engañaron? —con sus dos manos sobre su boca, Leni preguntó triste.
—Sí, Leni… te mentí, Lincoln no está enfermo o tiene mala suerte.
—¿Y por qué me mintieron?
—Porque sabíamos que no te iba a importar, no encontramos otra forma de persuadirte. Lo siento, Leni. Todo fue mi culpa.
—¿Entonces tú causaste que Linky comenzara a dormir fuera?
Lynn asintió culpable. Leni se enfureció, pero luego se calmó, más cuando vio que Lynn ya estaba intentando resolver el problema.
—Así que…, planean meter a Linky a la casa, ¿no?
—Así es, pero no debemos dejar que nadie lo sepa, es por el bien de Lincoln, Leni —sugirió Lucy—. Así que, tendrás que quedarte callada.
—¡Así será!
—Silencio, Leni. Pueden oírnos…
Esperaron a que algo sucediera, pero nada se movió o indicó que alguien hubiese oído.
—Todo bien, por ahora.
—Chicas, yo tengo algo de Linky. Cuando Lori se duerma se los traigo, ¿va?
Ambas asintieron.
—Bueno, te deseo éxito, Lynn.
Leni se levantó y se fue a su propio cuarto.
—Deberíamos estar más atentas la próxima vez, Lynn.
—Sí, deberíamos…
Once de la noche…
La puerta del cuarto de la deportista y gótica recibió unos golpecitos suaves, indicando la llegada de alguien.
Como Leni había dicho, les traería unas cosas cuando Lori se durmiera, les pareció una eternidad, aparentemente Lori no dejó el celular ni un mísero momento. Lynn fue a la puerta y abrió, ahí se topó con su hermana mayor.
—Aquí está lo que les dije, ¿Linky ya está contigo? Quiero saludarlo…
—No, Leni. Teníamos que esperar a que todos estuvieran dormidos. No podemos dejar que nadie nos descubra. Te esperamos como señal de que la mayoría estarían dormidas.
—Oh, ya veo. De acuerdo. Le dices a Linky que esto es de mi parte, ¿sí?
—Claro, yo le digo…
—Gracias.
Leni se fue una vez más. Lynn sabía que ya era el tiempo de ejecutar su movimiento, checaría el contenido de la caja después. Poniéndose su traje negro de ninja, se escabulló por su ventana. Haciendo múltiples giros aterrizó en el patio trasero, se asomó hacia donde se encontraba su hermano.
—Lincoln —le llamó. El chico se quejó un poco—. Lincoln —se agachó y le inició a mover—. Lincoln, despierta.
—¿Qué…? ¿Lynn? Vaya, pensé que no te vería hasta mañana —se talló los ojos—. La verdad es que yo también te extrañé.
—Qué bueno, Lincoln, pero tenemos que… espera, ¿extrañarme? —se quitó por un momento su traje de la cara.
—Sí, Lynn, te extrañé —rio nervioso—. Debo admitir que verte aquí me hace sentir seguro, ahora que sé que estás de mi lado.
—Eres un tonto —sonrió y lo abrazó. Luego lo soltó—. Bueno, Lincoln, te voy a meter a la casa.
—¿Qué? Podrían atraparte
—Por ti correré ese riesgo —miró hacia la casa—. Andando.
—Espero que tengas un plan.
—No lo tengo, solo espero que el destino nos beneficie.
—Bueno, supongo que es igual —sonrió inseguro.
Fueron a la entrada principal, obviamente Lynn había traído sus llaves para entrar, no era tonta. Las colocó en el picaporte y, lentamente, fue abriendo la puerta. Los dos entraron. Lynn cerró la puerta y le echó seguro. Paso por paso, haciendo tanteo, Lynn trataba de evitar pisar las partes rechinantes. Sujetando de la mano a Lincoln, le indicaba por donde pasar. Así hicieron hasta llegar arriba.
—Vamos, Lincoln. Ya casi llegamos —Lincoln le dio un apretón a su mano en señal de afirmación.
En eso, Luna salió de su cuarto, sin prender las luces, se dirigió hacia el baño. Lincoln se agachó por instinto. Lynn junior se quedó helada. Cuando Luna entró al baño, ambos suspiraron.
—Eso estuvo cerca.
—Lo sé…
Regresando a su sigilo, con pasos apresurados, se metieron a la habitación de la deportista.
—Lo logra…
Antes de terminar, estaba siendo abrazada por detrás. Lynn se quedó estática, hasta que se dejó abrazar.
—Gracias, Lynn… No sé cómo pagarte todo esto que has hecho por mí —Lynn tomó sus manos e hizo que la mirara.
—Es lo mínimo que podía hacer Lincoln. Creo que tú hubieras hecho más de mil y un cosas de haber sido yo la que se encontrara en tu situación. Y estoy segura de que gracias a ti, todo estaría bien —lo volvió abrazar—. Fui una torpe, Linc… Lo siento.
—Me alegra que se hayan arreglado.
—¡Ah! —gritaron ambos levemente. Lucy les tapó los labios a ambos. Dejaron un poco de silencio… Desafortunadamente, de esa no se libraron. Tocaron a la puerta.
—¿Lynn? ¿Lucy? ¿Acaso oí la voz de Lincoln? —preguntó Luna quién apenas iba de regreso a su cuarto.
—No… Ya sabes, Lucy me espantó con una de sus cosas góticas y de muy mal gusto.
—¡Oye! Los malos gustos son tuyos.
—¡¿Ah, sí?! ¡Mira quien habla duquesa de la oscuridad!
—¡Deportista adicta!
—Bueno, chicas, tranquilas. Fue una simple pregunta, por Dios… —se oyeron los pasos de Luna retirándose.
—Qué bien que "discutir" haya estado sirviendo —dijo Lucy orgullosa de su plan de contingencia que ella misma ideó antes de la salida de Lynn.
—Sí, aunque sería mejor que no nos asustaras.
—Sabes que eso es algo inevitable.
—Bueno, chicas —intervino Lincoln con voz baja—, dejemos eso de lado, al menos ya todo está bien. Gracias por ayudarme.
—No hay de qué, Lincoln —sonrió Lucy ligeramente, dicha sonrisa se fue de inmediato.
—Ya quítate ese traje, debió ser incómodo para ti estar ahí dentro por días.
—De hecho lo fue —se quitó la cabeza del traje. Tal vez se debió por la oscuridad y la lluvia de la noche, porque cuando se quitó esa cabeza, ambas pudieron ver que su cabello blanco se había opacado de suciedad, ahora estaba grisáceo; tenía ojeras de no poder dormir bien, los dientes algo sucios y su ropa mojada y soltaba un hedor indescriptible.
—Oh, por Dios —Lynn se acercó a su hermano—. Te ves…
—Fatal, lo sé. No podía entrar a la casa, Lynn. ¿Cómo esperabas que me aseara? —desvió la mirada algo triste.
—Tienes razón —suspiró. Lincoln fue quitándose todo el traje hasta que ya no quedaba nada de él—. ¿Y ahora qué hacemos con esto?
—Lo pondré debajo de mi cama hasta que podamos deshacernos de él —Lucy empujó el traje y lo colocó donde dijo.
—Estoy hecho un asco…
—Tal vez deberías bañarte, pero sería algo complicado. Además, no tienes ropa.
—Eso es cierto…
—Cambiando el tema, Leni me dio esto —agarró la caja que le dio y se la entregó al albino.
—Oh, Leni. Siempre tan linda y considerada —abrió la caja y vio que adentro estaba Bun-bun—. ¡Bun-bun! —lo abrazó con fuerza soltando la caja en el acto—. Pensé que lo había perdido para siempre —sonrió ampliamente.
—Entonces ahí estaba —pensó Lynn sonriente.
—Creo que lo de la ropa ya se resolvió —mencionó Lucy sacando una polo naranja junto a unos pantalones y unos tenis blancos, incluso había un bóxer también.
—Creo que un baño no te vendría mal —comentó Lynn sonriente.
—Bueno, ¿tienen algún plan para hacerlo?
En el baño…
—Emmm... ¿Lynn? No creo estar de acuerdo con este plan.
—¿Se te ocurre algo mejor?
—Bueno, pues…
—Ya estamos aquí, Lincoln. No hay otra manera.
—Pero ¿por qué los dos debemos estar en el baño?
—Ni modo que me quede afuera mientras alguien se está bañando por dentro.
—Podrías decir que es Lucy…
—¿Y no has pensado en que le llamen o le pregunten algo? ¿Piensas imitar su voz? Ambos sabemos que es algo complicado.
—Está bien, ya… solo deja entro a la tina, no me veas…
—No seas tonto —Lynn se sonrojó por pensar en ello.
Lincoln se desvistió y entró a la tina. El agua comenzó a fluir. Lynn se sentó en la taza del baño. Alguna vez se preguntó lo que sería ver a un chico sin sus ropas, estaba en plena pubertad, la curiosidad era algo normal. Sin embargo, sabía que estaba mal. Su mirada se clavó en el suelo mientras esperaba a su hermano. Cinco minutos después, una voz se oyó del otro lado de la puerta.
—¿Quién se está bañando a estas horas? —era Lana, quien fue obligada por su gemela a darse un baño, ya no soportaba más su hedor a basura. Lincoln se puso nervioso y se asustó.
—¡Soy yo, Lana! —rio nerviosa.
—¿Lynn? ¿Qué haces bañándote tan tarde? —entrecerró los ojos.
—Ya sabes, hermanita. El sudor que acumulo en todo el día debo de quitármelo con un buen y relajante baño y aproveché esta hora en la que nadie usa el baño.
—Hmmm… De acuerdo… solo no te tardes, tengo ganas de irme a dormir y Lola no me dejará hasta que me quite el olor a basurero.
—¡Sí! ¡No tardo! —fue hacia la cortina de la regadera—. Apúrate, Lincoln.
—Ya voy, dame más tiempo…
—Buenas noches, hermana mayor —Lisa estaba afuera del baño y se dirigió a Lana.
—Oh, hola, Lisa. ¿Qué pasó?
—Mis estudios indican que no has ingerido una cantidad suficiente de protóxido de hidrógeno, tu faringe está muy seca… —Lana pestañeó dos veces, tratando de comprender lo que dijo. Lisa soltó un suspiro de resignación—. Que no has tomado suficiente agua, Lana.
—Oh… ahora que lo dices, siento la garganta seca. Iré a tomar un poco, ¡gracias, Lisa!
Lana fue a la cocina.
—Unidades fraternales mayores, estoy consciente de la presencia de la "mala suerte" —Lynn, al escuchar eso, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.
Cuarto de Lynn y Lucy…
—Me alegra que por fin tuvieran la inteligencia suficiente para saber que esto era incorrecto…
Lynn la miraba algo molesta.
—Gracias por preocuparte por tu hermano.
—Tenía que aprovechar esta oportunidad para desarrollar mi habilidad en las ciencias sociales, quería probar la psicología de las personas. Aunque Lincoln es un caso especial; a pesar del daño que le provocaban no cambiaba su felicidad y optimismo. Es como si… alguien ajeno a nosotras le ayudase —miró al peliblanco recién bañado con duda.
—Lo siento, Lisa. Temo que nadie me ayudó —Lisa notó que había algo de mentira en sus palabras—. Ahora…, ¿me dejarían vestirme?
—Bueno, pero no dejaré de vigilarlos. Por cierto, quiero que sepan que yo jamás creí en lo que dijo Lynn, así que no diré nada a nuestras unidades parentales o fraternales. También les ayudaré con Luan, quizá olvidaron que también tiene ojos en todas partes. Me encargaré de borrar su historial, así que, nada más tienen que preocuparse por que no detecten a nuestro hermano —dicho eso, se retiró.
Teniendo su privacidad, con muchas complicaciones, Lincoln se vistió y sonrió de oreja a oreja. Nuevamente abrazó a Lynn.
—Ya, Lincoln, ya fueron muchos abrazos hoy —rio Lynn levemente.
—Perdona, Lynn. Sigo muy agradecido contigo.
—Yo también ayudé…
—Lo sé, Lucy. Gracias.
—Bueno, será mejor que vayamos a dormir.
—Sí…
Con las luces apagadas, se fueron a dormir todos. Sin embargo, Lynn y Lincoln, quienes compartían la misma cama, sufrían de algo de insomnio.
—Lynn…
—¿Sí, Linc? —ambos se miraban a los ojos. Lincoln tenía a Bun-bun entre sus brazos.
—¿Por qué hiciste todo esto por mí? —Lynn se confundió por aquella pregunta.
—Porque eres mi hermano, Lincoln, porque me arrepentí de todo lo que te hice y, para no sonar hipócrita, quería sacarte del infierno en el que yo misma te metí —Lincoln sonrió.
—Pues gracias, Lynn. A pesar de que haya sido tú la que inició todo, me alegra que seas tú la que haya visto sus propios errores.
—Sí, se supone que los dos siempre nos apoyaremos mutuamente, ¿no?
—Supones bien…
Lynn se sintió muy bien con su hermano.
—¿Sabes…? Me acuerdo cuando compartimos la habitación. Yo trataba de que cambiaras de opinión para que saliera de mi cuarto, tus ronquidos no me dejaban dormir —ambos rieron.
—Pequeño tonto. Ahora tendrás que superar eso porque aún sigo roncando.
—Lo sé, pero estoy dispuesto a soportarlo. Por fin tengo una cama en la que me puedo acostar —sintió el colchón suave con su mano—. Y te lo debo a ti, Lynn —le tomó la mano. Lynn sintió ese calor recorrerla de nuevo.
—No tienes nada que agradecer.
Ambos seguían sin despegar la mirada, entonces Lincoln soltó un comentario inocente que haría que Lynn se hiciera muchas preguntas.
—¿Sabes Lynn...? Creo que podría ver tus ojos toda la noche, son muy hipnóticos —rio—. En fin, deberíamos dormir ya —se volteó y se acomodó.
—¿Qué quiso decirme con eso? —pensó con un leve sonrojo. También se acomodó en la cama, pero sentía que se caía. No tuvo de otra que abrazar a Lincoln para sentirse segura. Se apegó lo más que pudo a él. Lincoln se sintió algo incómodo, no pudo evitar sonrojarse.
—Emmm…, ¿Lynn?
—Perdón, Linc, siento que me caigo —dijo algo tímida. Lynn, a pesar de no tener sus atributos tan desarrollados, hacía que Lincoln sintiera algo de ella.
—Bueno, no importa.
—Linc… —se apenó un poco.
Después de lo que le dijo su hermano, quería saber un poco más. Era un hombre después de todo, seguramente varios podrían pensar lo mismo que él de ella. No es cómo si de pronto le interesara tener un novio, pero no podía evitar sentir curiosidad. Además, Francisco aún seguía cerca, mas primero quería sentirse segura de sí misma.
—Dime, Lynn…
—¿Podrías mirarme por un momento?
—Claro… —Lincoln se volteó.
—¿Tú… tú…? Agh, olvídalo —Lynn se arrepintió en el último momento. Sin embargo Lincoln se sintió endeudado con ella.
—Tranquila, estamos en confianza. Puedes decirme lo que sea…
—En serio, Linc. No era nada importante —lo abrazó fuertemente.
—¿Segura? Sabes que tienes mi apoyo en todo, Lynn…
Suspiró.
—Bueno, te diré… ¿tú qué piensas sobre mí, Linc? —Lincoln arqueó una ceja.
—¿Cómo Lynn? ¿En qué aspecto?
—Ya sabes, mi físico…
—Lynn, una vez alguien me dijo que lo que una persona debe de ver en verdad, es como es: y a mi parecer, tú eres enérgica, valiente, competitiva, constante, nunca te rindes y, hay que admitir, eres algo orgullosa. Temes fracasar, tal vez porque no quieres decepcionar a nadie y, aquí entre nosotros, te fascina tanto el deporte que los chicos son tu menor problema, ¿no lo crees? Yo pienso que eres una persona de gran valor, Lynn; claro, aun te falta aprender mucho, pero sé que serás una gran persona.
—¿En serio crees eso de mí? —sonrió, sus ojos brillaron.
—Por supuesto.
—Gracias, Linc. Pero en serio quiero saber que piensas de mi aspecto.
—Bueno, ya que insistes —suspiró—. Yo creo que te ves bien, aunque siento que te verías magnífica con el cabello suelto. Tus pecas resaltan mucho tu rostro, tus ojos grandes y marrones resultan maravillosos. El ejercicio que haces todos los días te beneficia, solo sería cuestión de que te vieras al espejo. Yo creo que en belleza sólo te faltaría ser más femenina. Ya sabes…
—Al menos ahora sé que podría llegar a gustarle a un chico… —se sonrojó.
—Solo —dio un bostezo—… esperemos que sea el chico ideal para ti, Lynn. Odiaría que te toparas con los clásicos deportistas oportunistas —se dio la vuelta—. Que descanses, Lynn. Por cierto, sabes que para mí eres bonita —dicho eso, cerró los ojos.
—Gracias, Linc. Descansa —y depositando un beso en su mejilla, también se puso a descansar.
—Ambos hermanos tuvieron que pasar por muchos obstáculos, su familia comenzaba a sospechar de la ausencia de Lincoln en el patio. Lynn y Lucy siempre tenían una excusa para argumentar su ausencia, Lisa les ayudaba indirectamente y Leni…, ella solo procuraba mantener sus labios sellados. Cada noche, los hermanos se hacían más cercanos. Jugaban en el cuarto y dormían juntos, eso se volvió un hábito común, dejando de ser incómodo. Sin embargo, una noche, en sus pláticas triviales, la deportista le había preguntado a su hermano lo que se sentía tener una novia, o cuando la tenía al menos.
Lincoln le explicó que Ronnie, en su tiempo, no era su novia, pero admitió que se sentía agradable; los besos (aunque habían sido sólo dos o tres), los juegos y las salidas casuales eran geniales. Lynn empezaba a querer experimentar eso poco a poco; aunque como no tenía a nadie con quien comenzar, tenía algo de miedo a ser rechazada. Así que, aquella noche Lynn le pidió que salieran una tarde de aquellas juntos, ya planearían como hacerlo, y sin saberlo, iniciaría a tener un gran afecto hacia su hermano, cruzando la frontera de la hermandad.
Pronto, entraría en una crisis moral y se daría cuenta que, tras reparar las grietas del daño que le causó a su hermanito, el tiempo y el espacio que compartían, se convertiría en una determinante para sus sentimientos. Los sentimientos y emociones de ambos.
El joven cerró su libro y colocó su mano sobre la portada del mismo. Miró al lector con una sonrisa.
—Quizá quieran saber lo que ocurrió después, pero podemos obviarlo al saber el rumbo que tomó esta historia; dependerá de ustedes imaginarse lo demás —guiñó el ojo.
—¿Listo, cariño? —una linda joven de cabellera castaña se asomó por la puerta de la habitación, luciendo una pijama colorida y divertida.
—¿Ya se durmió nuestro pequeño? —se levantó del sillón.
—Costó un poco, ya sabes que heredó tu insomnio —soltó una risilla traviesa.
—Lo sé, es un problema irritable.
—No, amor. No te preocupes —puso su mano sobre su hombro y se acercó a él de manera coqueta—. Tú nunca me irritas —reposó su cabeza en su hombro—. Entonces, ¿ya vienes a la cama?
—Voy en cinco minutos.
—De acuerdo, te espero ahí —la castaña le depositó un beso en su mejilla y se retiró.
El joven volteó a ver al público.
—Hola, lectores. Espero que esta historia haya sido de su agrado. Sería un honor que dejaran sus votos y/o comentarios. Si les gustó, no se preocupen, habrá más historias, en específico dos, las cuales también están en la otra cuenta. Espero que tengan una buena noche —se despidió con la mano y salió de la habitación, cerrando la puerta con lentitud.
