You Only Live Once
Cap. 1
No había sido una buena idea.
Desde un principio no había sido una buena idea.
Ahora las cosas estaban boca abajo. Desde aquel ángulo, en realidad, no se veía tan mal. Si entrecerraban los ojos un poquito, parecía que todo no era más que una borrosa ilusión adolescente, réplica exacta de aquellas películas estúpidas donde los varones se metían en problemas por culpa del alcohol sin la supervisión de los padres. Podría decirse que parecía, también, un pequeño intento de lo que había pasado ayer... o, ¿era antier? ¿Cómo se llamaba aquella película? ¡Ah! Todo era un completo desastre y no había manera de huir de aquella situación.
Haruka Nanase no era un medallista olímpico, ni tampoco el más popular en la clase de literatura... pero era el chico callado y bueno, el que siempre llevaba un record perfecto en todo sin siquiera esforzarse; no era que le importase de todas formas. Pero a Rin Matsuoka si le importaba, no, no le importaba un carajo Haruka, le importaba la imagen que brotaba de cada uno de sus poros cada vez que se hacía presente en alguna escena. Era el tipo de chico que estudiaba a escondidas para sacar las más altas calificaciones y luego hacer alarde de que no había echado ni una ojeada al material. ¿Cómo habían terminado en aquella situación? No era nada del otro mundo.
―
―Ma… ma... ― la voz de Haruka se escuchaba como un eco en la oscuridad de una calle apenas iluminada.
― ¡No me jodas Haru! ¿¡Qué chingados voy a hacer?!― y la voz de Rin sonaba como el desesperado grito de una madre buscando a sus hijos.
―... ko ... Mako...
― ¿¡Qué explicación voy a dar?! ¡Me van a matar!
―... Makoto... to...
Y allí estaba otra vez, esa masa de color morado brotando de las entrañas de Haruka como si fuera una cascada interminable de aberraciones apestosas. Con una mano en el estómago y otra apoyada en el cofre de un automóvil negro, vomitaba en un esfuerzo inútil por mantener todo aquello dentro de su ser. ¿A qué puta hora había comido eso? El whisky se había mezclado con la cerveza, y tal vez había salsa extra picante de aquellos pedazos de ¿pollo? que Rin no había querido comerse porque "la comida grasosa impide la borrachera". También había un poco de vodka... no, había cantidades inmensurables de vodka y jugo de piña... con cerezas... bocadillos de harina... algo ¿frito? ¿eso estaba frito? Lo grumoso le había dado tanto asco que había vuelto a vomitar como si no hubiera un mañana.
― ¡Haru detente! ― pero el otro no hacía caso.
Rin dejó escapar un pesado suspiro. ¿Por qué le había pasado aquello? Se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos esperando que la ayuda divina apareciera de repente. Podía huir, ¡Sí! Dejar a Haru por allí, al fin y al cabo... no, no, ¿en qué estaba pensando? Aquél era su carro... bueno, técnicamente era su carro.
El alboroto no había despertado a nadie alrededor. Era una calle vacía, con una sola torre de departamentos y vigilancia descuidada; por el momento. Vamos, no era una zona residencial, pero no era una zona lo suficientemente fea como para temer por sus vidas.
―Ma...
―Deja de intentar hablar mientras vomitas, es asqueroso― Rin se recargó del otro lado del carro por un momento y sacó su celular para revisar sus opciones... batería baja y todo se estaba yendo a la mierda.
― ¿Qué hacen aquí?
Una voz grave y desconocida sacó a Rin de sus pensamientos. Volteó hacia donde se escuchaba la voz y descubrió, alumbrado por las escasas luces nocturnas, un hombre uniformado. Sintió un escalofrío y pensó en lo peor.
― ¡Oficial! No es lo que usted cree... es sólo que...― comenzó a parlotear; él podría jurar que estaba sobrio.
El uniformado revisó la situación con atención. Había un carro chocado levemente contra el único árbol que había frente a los departamentos. Una de dos, habían chocado en cámara lenta o todos dormían como rocas. Un automóvil de marca alemana color negro ―niños ricos debían ser― también había un joven regando el césped seco con algo más espeso que el agua.
― ¿Estás bien? ― avanzó hasta donde estaba Haru y le prestó uno de sus hombros para que se recargara― es mejor que lo saques todo.
― Oficial, ¿problemas estamos en?
― Oh, hijo― el uniformado clavó sus ojos azules en Rin y sonrió maliciosamente― están en graves problemas.
― ¡No por favor! ¡No, no!
El chico uniformado se llamaba Sousuke Yamazaki, y casualmente volvía a las cuatro de la mañana, a su departamento de soltero, de una alocada fiesta de disfraces en donde había discutido con su novia y se había quedado sin ride de regreso. Aquella situación le había hecho el día, o ¿la madrugada? Después de todo, no había sido mala idea comprar aquel costoso traje de policía si podía divertirse con aquellos niños borrachos.
―Voy a necesitar tu identificación hijo― no es que no estuviera borracho, pero lo estaba mucho menos que aquellos dos― tu licencia. ¿Acaso tienes edad para estar conduciendo? Vaya se va a poner feo el asunto cuando llegue vialidad.
―No por favor― se llevó la temblorosa mano a la parte trasera del pantalón y sacó su cartera. Si sus padres se enteraban iban a matarlo. ¿Cómo podía Rin Matsuoka meterse en esa clase de líos? Lo marcarían de por vida, no podría ser un ejemplo como siempre lo había sido, lo verían como un maleante y de seguro Makoto iba a matarlo, si, él iba a matarlo por haber involucrado al marica de Haru en aquella hazaña. Puto Haru, ¿por qué tenía que ser tan débil para beber? ― podemos... ¿arreglarlo? ― sacó un billete y se lo mostró al chico más alto.
―Si saben que sobornar a un oficial es un delito, ¿verdad? ―Sousuke reía por dentro, lo estaba disfrutando demasiado― Y al juzgar por el hecho de que tratas de sobornarme con un boleto de estacionamiento debes estar en un estado envidiable de alcoholemia.
― ¿Qué...? ― parpadeó rápidamente y miró lo que sostenía en su mano... si allí estaba el boleto de estacionamiento, ¿cómo habían salido?
No lo recordaba.
―Estás de suerte petirrojo, mi turno se acabó así que, hay que sacar el carro de aquí antes de que te metas en problemas más grandes.
Cargó a Haruka hasta las escaleras de la entrada principal de los departamentos y lo recargó en una pared, ahora que ya no vomitaba. Se acercó a Rin y le quitó las llaves del auto.
―Súbete.
Esos ojos habían atravesado su alma o todavía estaba demasiado borracho y todo asemejaba un mundo bastante surrealista. Sin embargo, hizo caso omiso, subió al automóvil en la parte de atrás.
― ¿Por qué te subes...― en cuanto entró al asiento del conductor pudo darse cuenta de que el asiento del copiloto estaba inundado en un hedor nauseabundo― ... tu amigo bebió demasiado... ¿es su primera vez?
―Es un niño tonto y débil― ¿estaba haciendo un berrinche?
Cerró los ojos por un momento y se quedó recostado en el asiento trasero mientras Sousuke sacaba el carro de aquel lugar. En realidad, no había estado tan mal, no había sido un choque alarmante en donde alguien pudiera salir herido, pero la defensa del carro se había caído, y sabía por experiencia que a veces los pequeños golpes salen más caros que los grandes.
Genial, pensó Sousuke, por primera vez en la vida iba a estacionar un carro en el espacio que le pertenecía en el estacionamiento del edificio, no importaba lo mucho que apestara a vomitada, ni que hubiera pequeñas botellas de cerveza por todos lados. A decir verdad, el carro era muy bello y había quedado hecho un desmadre.
Cuando Rin abrió los ojos, ya no estaba en el carro. Se paró de golpe, pensó lo peor, iba a comenzar a hacer estupideces cuando Sousuke lo tomó por los hombros y lo volvió a sentar en lo que parecía ser un sillón gris bastante cómodo.
―Tranquilo niño― Sousuke se había cambiado, ya no llevaba el uniforme, sólo llevaba puestos unos boxers de color negro― tu amigo está en el baño y todas sus pertenencias están aquí, así que no tienes por qué alarmarte y comenzar otro alboroto.
― ¿Aún está vomitando?
― No, es sólo el reflejo. Ya no trae nada en el estómago, todo eso quedó en tu carro y en el césped― sonrió para sí mismo y se sentó a un lado de Rin― ¿Tu no vas a vomitar? Traes cargando una noche de toxinas.
―Yo jamás vomito.
―Uy, cuidado― no pudo evitar soltar una carcajada― No vayas a perder el glamour.
La ira comenzó a apoderarse de él; no podía soportar que alguien se burlara de él.
― Y tú, ¿qué? ¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué nos trajiste a tu departamento? ¿Acaso quieres favores sexuales?
―No dejaré que toquen mis partes privadas con ese aliento a cañería― se puso cómodo en su sillón y miró de reojo hacia el baño, la puerta estaba media abierta y podía ver al otro chico mandando mensajes de texto con la poca cordura que le quedaba― ¿Cómo es que terminaron aquí, Rin?
― ¿Esculcaste mis cosas?
― Tu cartera estaba fuera de tu pantalón cuando te cargué hasta acá, no es un ataque a tu privacidad, tranquilo.
Rin era un chico bastante testarudo, podría decirse que era un niño egoísta, pero en realidad no era tan malo cuando se le conocía a fondo.
―Pues en realidad― el alcohol se había asentado un poco y había recuperado el sentido, pensaba, que de aquello si tendría memoria al día siguiente― Haru y yo...
Tocaron la puerta de una manera algo desesperada y Sousuke se levantó a abrirle la puerta a un chico de lo más decente. Traía consigo una chamarra extra entre las manos y se disculpó por interrumpir lo que fuera que estuviera interrumpiendo; buscaba a Haruka Nanase, un chico maso menos de esta estatura, de ojos azules, pocas palabras, quizá un poco borracho, iba acompañado de un pelirrojo con cara de maniático esquizofrénico.
― ¿Makoto?... ― Haru salió del baño con la cara lavada y los ojos perdidos.
― ¡Eres un traidor! ¿¡Por qué llamaste a Makoto?! ¿¡No puedes vivir sin él unos minutos?!― Rin se puso de pie y avanzó amenazador hacia Haru, pero Sousuke lo abrazó por los hombros para impedirle cualquier movimiento.
― ¿Tachibana Makoto?
Makoto asintió.
―Sí, me dijo Haru que vendrías. No te preocupes por nada, creo que ya ha sacado todo de su organismo, sólo le hace falta descansar.
En el momento en que Sousuke había vuelto por Haru a las escaleras, donde lo había dejado, éste había recobrado la consciencia y se había disculpado en silencio por todo lo que había pasado. Le había dicho su nombre y la urgencia que tenía por llamar a Makoto.
―Lo siento muchísimo― Makoto sabía que Sousuke no era policía; Haru se lo había dicho― que suerte que hayas sido tú y no alguna otra persona... no me hubiera perdonado jamás si algo le hubiera pasado a Haru.
―Gracias Makoto, yo también te quiero― Rin masculló, atrapado entre los brazos de Sousuke.
―A ti también Rin― Makoto sonrió de la misma manera amable que solía hacerlo y vistió a Haru con la chamarra que traía.
Y pensar que la idea de aquella noche había sido culpa de Makoto, bueno, parte de.
―No hay de qué― Sousuke los despidió y se quedó así por un rato, inclusive después de que la puerta se había cerrado― ¿quieres algo de beber?
―Agua...
Es que había sido culpa de Makoto, porque había hecho algo que a Haru no le había gustado y Haru y él habían peleado y, como siempre, Rin terminaba siendo el amigo que mediaba todas las cosas. ¿Qué importaba? De todos modos, hacía un buen rato que quería intoxicarse con alcohol y no tenía amigos para la parranda. Esa oportunidad era oro y no podía dejarla pasar así nada más, todo era más que perfecto, sus padres se habían ido de vacaciones y habían dejado el carro nuevo... ¿Cómo iba a saber que Haru no era un borracho tranquilo y que empezaría a beber como un desquiciado? No se acordaba del tercer antro, pero de seguro su tarjeta si lo recordaría cuando llegara el próximo estado de cuenta. Cuando recobró el sentido, manejaban en la oscuridad, perdidos, con música de corazones rotos hasta que Haru se convirtió en el exorcista y por distraerse un pequeño momento, todo había terminado allí...
Bueno, al menos había hablado antes de dormirse.
Sousuke recordaba, entre sombras y alucinaciones, que había pasado ese tiempo para hacer estupideces y ahora estaba atrapado en las garras de una mujer dominante que le había aislado de todo alrededor. Tenía su propio departamento en una buena zona, eso se lo debía a su abuela, y tenía un trabajo que le daba para no comer sopas instantáneas todos los días.
Ah, el pelirrojo sí que era una persona hermosa... si tan sólo no escupiera barbaridades cada vez que abría la boca.
¡No!
Rin abrió los ojos de golpe y se levantó alarmado. Su corazón latía a mil por hora y la luz de la tarde se colaba por el resquicio de una de las ventanas del cuarto principal. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado anoche? ¿Dónde estaba Haru? ¿Por qué le dolía tanto la cabeza? Miró hacia un lado y no reconoció al hombre que dormía a su lado. ¿Se había acostado con un desconocido nuevamente? Dios santo, y ahora, ¿cómo iba a decirle que no recordaba nada? No, no, espera, no había hecho eso, no señor, ese hombre a un lado era un policía, los había ayudado ayer con el carro... el carro... ¡el carro chocado!
― ¿No te duele la cabeza?
―Un poco― mentira, le dolía horrible, sentía que iba a explotar.
―Las pastillas están a un lado― Sousuke volvió a cerrar los ojos y a acomodarse en la cama.
En la mesita de a lado, junto a una cartera que no era la suya: un vaso de agua y pastillas para el dolor de cabeza. Tomó las pastillas y decidió esculcar la cartera para conocer un poco más de aquel hombre. Yamazaki Sousuke, veintitrés años, estudiante de la universidad de... tipo de sangre... nacido en… tarjeta de la renta de películas... credencial de la Biblioteca... tarjeta de débito... una foto de un perro. Vaya, vaya, vaya, vaya.
―Con que policía, ¿eh? ― le aventó una de las almohadas y se puso de pie.
Le dolía mucho la cabeza, pero no tenía pensado quedarse allí por más tiempo. Debía regresar a casa y… puta madre, el carro chocado.
― ¿Estás esculcando mis cosas? ― con un gran bostezo, el "policía" de la noche anterior, se sentó en la cama.
― ¿Por qué me pusiste a dormir en tu cama?
― Oh, me descubriste, quería manosearte― se rascó la parte trasera de la cabeza y estiró los brazos al techo con el fin de darse las energías suficientes para levantarse― no me pareció correcto dejarte durmiendo en el sofá, aunque se sienta cómodo, para dormir no lo es, créeme. Además, la cama es bastante grande.
―Sousuke... oye...― vio como el otro se ponía de pie y salía de la habitación― ¡Sousuke!
―Te escucho― desde fuera del cuarto, con voz firme.
―Tengo que largarme de aquí…― masculló para sí mismo.
