Hola amigas ya tengo listo el capítulo 17 del Conjuro Secreto. Esta vez traigo uno de los capítulos más específicos de la saga. Si hablo del pasado de Bakura, sé que Kazuki Takahashi nos ha explicado tanto en el anime y el manga sobre una pequeñita parte de su pasado pero me tomo el atrevimiento de extender lo poco que conozco para él. Bakura es el tercer protagonista de mi historia y disfruto mucho la personalidad que le he dado al igual que el apodo por el cual es llamado, nombre que el mismo se dio.

Sin más que agregar espero les guste el capítulo de hoy con mucho cariño para ustedes. Muchas gracias a los que me han apoyado con lo que dejó plasmado aquí. Gracias a los que les gusta mi pequeña Yuriko.

Este capítulo y los próximos estarán lleno de referencias Sandshipping.

Queridos lectores como han notado en esta historia Atem está enamorado de Yuriko pero ella no ha definido sus sentimientos, está historia tiene dos parejas principales con mi personaje original: Oasisshipping que es la pareja formada por Atem y Yuriko, y la segunda es Sandshipping el cual es el término de la pareja formada por Bakura y Yuriko.

Debo reconocer que me ha estado divirtiendo mucho últimamente escribir y desarrollar ambas parejas con la ayuda de mi querido amigo Hyung Suk Park (Zorc el Destructor)

Por favor disfruta de esta historia que solo es ficción.

Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.

Advertencia 1: Recuerdos de un Genocidio.

Advertencia 2: Lenguaje Vulgar.

El Conjuro Secreto: Capitulo 17: Los Secretos De Un Forastero Parte 1

Bakura observó en silencio a Tadeo y a Teana. Dormían mientras él no lograba conciliar el sueño, a veces se preguntaba cómo sería su vida si sus padres, si su hermano estuviesen con vida. ¿Acaso sería el afamado Rey de Los Ladrones? ¿O sería un mercader de prestigio como el que fingía ser en este momento?

A veces negaba tener sentimientos, no quería volver a perder a uno de los que consideraba suyos. Desde que ocurrió la trágica muerte de su aldea entera aquella noche en la cual los escoltas reales del Faraón atacaron todo a su paso no había tenido paz.

Se escondió observando aquella masacre sin poder hacer nada por su familia, sus amigos, sus vecinos e incluso aquellos que solo eran conocidos fueron asesinados uno por uno. Desde ese día el juró que no volvería a sentir nada por nadie, para vengar a su familia debía ser valiente, fuerte sin emociones tontas que le impidieran seguir su camino.

Reconocía en ese momento en el cual todos dormían con plenitud que había fallado en lo que se había propuesto. Y su error como lo llamaba él, le estaba pasando factura, a pesar de todo, los dos hermanos que estaban junto a él desde que eran niños eran importantes para él.

Aunque a Tadeo lo llamaba: "socio" "camarada" "subordinado" e incluso su mano derecha en las fechorías que realizaban juntos, sin decírselo porque sabía que lo molestaría día y noche sin parar por una semana entera lo consideraba su mejor amigo, el hermano que la vida le había arrebatado a tan corta edad. De igual manera reconocía que Teana a pesar de lo estricta que solía ser ella era como la hermana que no pudo tener, sonrió recordando la vez que se quedó sin desayunar por haberse quedado dormido después de una noche de placer con una de sus tantas mujeres, la castaña lo sacó de la casa a patadas después de que el albino le exigiera desayuno.

-No soy tu esclava. Sabes la hora a la cual se sirven los alimentos, si te quedaste dormido por divertirte no es problema mío. Vete a buscar comida a otro lado.

Por aquel preciso inconveniente con la comida fue que el llegó al Río Nilo a pescar. En ese lugar fue donde la conoció a ella.

A Yuriko. La tercera persona por la que estaba empezando a sentir algo.

Cerró sus ojos con fuerza intentado dormir, fue en vano su acción, ya que no podía dejar de pensar en los últimos acontecimientos que habían pasado desde que sus ojos lilas se posaron sobre los ojos verdes de ella.

El no podía sentir nada por ella, nada más que el deseo puro que lo movió a rescatarla de las aguas del Nilo y de aquellos hombres que estuvieron a punto de abusarla.

Pero en el corazón no se manda, y en esta ocasión Bakura no quiere reconocer su verdad, si tan solo supiera que muy pronto sus más grandes temores se harán realidad.

No era tonto sabía que ante él estaba una niña pequeña que a pesar de la edad que tenía era atractiva para algunos y para otros no lo era porque la veían como una maldición en sus tierras, la mayoría de las personas eran racistas odiaban a las personas de piel clara, de cabellos blancos por considerarlos una plaga viviente. Bakura se dio la vuelta mirando fijamente la pared, a pesar que el tenía el cabello blanco no era discriminado solo porque era hombre, además porque era el más poderoso de su ejército. El Rey de los Ladrones, saqueadores que robaban todo a su paso.

Supo desde el primer instante que la vio que era extranjera, aunque estaba convencido a plenitud que ella era una cortesana por la ropa tan fina, suave y sofisticada que llevaba puesta, incluso llevaba un par de aretes con jaspes rojos en el centro, estuvo a punto de robarlos cuando vio lo extraño que eran las piezas, la manera en que estaban unidas era algo que jamás había visto en ninguna joya, podría venderla a buen precio en cualquier mercado. Pero se arrepintió en el momento en el cual notó que la mujer no estaba respirando, colocó sus labios sobre los de ella al darle respiración boca a boca, mientras su mano presionaba sobre su escote en el pecho para que respirara, recordó que logró hacerla escupir el agua que había tragado accidentalmente, sus ojos verdes abriéndose por un momento mientras lo observaba brevemente para desmayarse en la arena del río.

Se habían conocido por casualidad.

Por un momento pensó en su hermano mayor, aún lo extrañaba sin importar que habían pasado quince años de su muerte, él siempre lo protegió de todo peligro, hubiera querido hacer lo mismo por él, desde muy pequeño estuvo rodeado de una familia amorosa, como todo ser humano tenían sus defectos y virtudes. Conocía que su padre trabajaba junto a los hombres del pueblo en saqueos, mientras las mujeres vendían lo obtenido en los mercados ilegales. Los niños como él aún no eran entrenados en dicho "arte". E incluso su hermano mayor estaba a punto de ser llevado a una de esas misiones como solían llamarle.

Al final se quedó dormido sin darse cuenta.

Mañana sería otro día. Donde volvería a ponerse esa máscara donde trataba de ocultar su verdadero ser, donde trataba de evitar a toda costa volver a permitirle a alguna persona entrar en su corazón, no soportaría perder de nuevo a un ser querido. Cuando tenía 5 años lo perdió lo más valioso que tenía, ahora que tenía 20 años iba a destruir todo lo que le importaba a su mayor enemigo El Faraón de Egipto.

Sin saber que compartían un mismo interés con aquella joven que no pertenecía a ese lugar.

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Se podría decir que los rayos del sol lo despertarían con lentitud, pero las situación no era favorable para Bakura cuando se desvelaba, sintió que le jalaban la pequeña sabana con la que se cubría, era mejor que se levantara antes que Teana le lanzará el jarrón lleno de agua directo en la cara, se sentó con rapidez mientras la castaña estaba parada frente a él viéndolo con seriedad. Bakura sonrió creyendo que se había salvado de ser mojado está vez, pero no contó con que Tadeo estaría detrás de su cama, solo sintió el agua caerle en la cabeza y espalda.

-¡Tadeo hijo de puta! Exclamó mientras escuchaba las risas del insultado.

-No podía desaprovechar está oportunidad Rey mío o debería decir ¿Bak El Comerciante de Nubia? Que nombre más original, reconozco que fingir que te interesa la invitada del Faraón fue una excelente idea para entrar al palacio. Como siempre eres un genio. El castaño sonrió burlón ante cada palabra dicha, pero el brillo que emitieron los ojos lilas de su camarada le hicieron saber que no fingió sobre algo en particular.

-Te voy a matar cretino.

-Perfecto, nada más importante que una dotación de golpes para empezar mi día a la perfección.

-Se golpearán después de comer, si en cinco minutos no están listos los dos, se quedarán sin desayuno.

Cualquiera pensaría que los dos jóvenes se peleaban a cada momento, eso solo pasaba cuando su hermano se burlaba de Bakura y el último reaccionaba de aquella manera al sentirse descubierto, además la castaña sabía que si los amenazaba con dejarlos sin comer a ambos le obedecería en el acto. Tal y como pidió los dos hombres ya estaban sentados en la pequeña mesa listos para comer.

Hombres hambrientos tenían que ser. A veces se preguntaba porque aún les hacía de comer, los dos eran ya unos adultos bien podrían servirse por su cuenta. Luego recordaba que le gustaba que elogiaran su comida, aunque la suya no era tan buena como la que preparaban en el palacio.

El palacio, el lugar donde vivía la invitada del Faraón, que era llamada también "La Princesa de Egipto" a penas pudo hablarle la última vez que la vio ya que tanto el castaño, el albino y el niño no permitieron que ella le pusiera atención. Su corazón latió con fuerza al recordar que por un breve instante le sonrió.

A veces le gustaría saber si la princesa le tiene aunque sea un poco de cariño, ya que al parecer Bakura si tiene un poco del mismo, quizás fuera un hombre tosco, grosero y a veces antipático pero era un buen amigo. Aunque el odiaba esa palabra. Se sentó a comer junto a dos de los tres hombres con los cuales se crio de pequeña.

Más tarde debía ir al mercado se le estaban acabando las plantas medicinales y los aceites perfumados. Dio un pequeño mordisco a su comida, aún no podía perfeccionar el toque de su difunto tío.

Aún lo extrañaba, podía cerrar los ojos lentamente y verlo atravesar la puerta de esa pequeña casita que tenían en el pueblo.

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-¡Uno, dos, tres! ¡Uno, dos, tres! ¡Izquierda! ¡Uno, dos, tres! ¡Uno, dos, tres! ¡Derecha! Isis guiaba a las cuatro mujeres frente a ella, era necesario que mejorarán en el arte de la danza. Por lo menos tres de ellas, danzaban al compás de su voz, de la arpa que emitía la música. A la cuarta le costaba mucho a pesar de que recibía las clases desde pequeña.

La sacerdotisa había notado que Yuriko disfrutaba de la danza, el bordado y la arquería. A pesar de que tenían poco tiempo de práctica en dicho arte lo danzaba con elegancia. Como si lo hubiese aprendido de pequeña, aún estaba un poco celosa de la amistad que la más joven tenía con su esposo, pero había comprobado que su estudiante no sentía nada más allá de un cariño de hermanos. Los abrazos que le daba era porque lo consideraba su hermano mayor, aunque ella tenía dos opciones más para llamarlos de aquella manera. De quién aún no estaba segura que era lo que sentía por ella era su esposo. Ni siquiera a Mana a quien conocía desde niña le permitía darle un abrazo, pero a la tricolor si le permitía todo tipo de demostraciones.

La vio sujetarse la falda mientras Mireya y Kisara le seguían el ritmo, la única que no podía ir al mismo compás de las demás era Mana, ante la cual, Isis la vio alzando sus ojos hasta dejarlos en blanco, de todas las que bailaban en la habitación Mana había aprendido dicho arte desde su llegada al palacio, las demás habían aprendido siendo mayores.

La albina, la rubia y la tricolor bailaban con elegancia, las tres se habían lucido en la boda de Kisara, sobre todo porque la más joven había conquistado algunos corazones, entre ellos el del Faraón.

Isis no podía negar lo que había visto desde que la Invitada había salvado la vida del Faraón con ayuda de la Sacerdotisa. El monstruo Ka de la difunta madre del Rey fue invocado por una extranjera que además había podido usar el DiaDhank de Mahad sin ningún tipo de problema, al ser parte de la corte real del Monarca estuvo presente cuando el la nombró "Su Princesa" desde ahí todos comenzaron a llamarla de esa manera.

Un título que no le correspondía a ella, pero que era tan común referirse a Yuriko así, hasta la parecía que la propia tricolor estaba comenzando a reconocerse como tal, pero no para discriminar a nadie o infundir miedo. La tricolor de ojos verdes solo buscaba proteger a sus allegados.

Trató de usar su collar milenario con ella de nuevo pero solo lograba ver su pasado, presente y futuro empañado como si los acontecimientos estuviesen perdidos, flotando en el viento, en la incertidumbre. Su última predicción indicaba que ella moriría en el Río Nilo, pero dicha profecía no se cumplió. Desde esa ocasión todo quedó sin respuesta al menos con la chica de ojos verdes.

Quería saber todo de ella para entender que estaba pasando, porque su collar estaba fallando con las predicciones. ¿Por qué la tricolor desconocía su idioma llamándolo "Antiguo Lenguaje Egipcio" o "Jeroglíficos"? ¿Por qué cuando alguien le preguntaban de su aldea se ponía demasiado nerviosa balbuceando o negando decir de donde provenía realmente? ¿Qué escondían los extranjeros amigos del Faraón?.

Era más fácil preguntarle directamente que estar adivinando. Un fuerte gritó la sacó de sus pensamientos al notar que Mana estaba en el suelo sentada encima de Kisara. Tal parecía que se había tropezado cayendo al suelo junto a la albina.

-¡Mana pesas mucho! ¡Quítate por favor! Reclamó la doncella de ojos azules mientras Mireya y Yuriko trataban de levantar a la castaña.

-Lo siento Kisara.

A veces se preguntaba porque hacía esto el Faraón solo le pidió que le enseñara clases de modales a la princesa y a su doncella personal nada más, no a la esposa de Seth ni mucho menos a Mana la aprendiz de Mahad. Sería un día demasiado largo o quizás no.

Tal vez debería dejar de ser tan estricta, divertirse de vez en cuando. ¿Cuándo fue la última vez que salió con alguna amiga?

-Es suficiente. Por hoy han terminado las clases, ¿Les gustaría que diéramos una vuelta al Pueblo? Será una salida solo de chicas.

Las cuatro chicas observaron a su mentora, sus ojos brillaron con fuerza, solo asintieron aceptando la propuesta de la hermosa mujer de cabello negro.

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Teana sostuvo su pequeña canasta de mimbre mientras escogía los ingredientes para sus pociones, atrás de ella estaban Tadeo y Bakura. Eran contadas las ocasiones como está donde los dos hombres la acompañaban al mercado. La mayoría de las veces los dos preferían quedarse en casa haciendo sus planes.

Ella ya sabía a qué se dedicaban solo le quedaba pedirle a su dios que los cuidara, porque si en alguna emboscada los atrapaban no los volvería a ver con vida. La castaña no quería perder a la única familia que le quedaba, su hermano mayor jamás quiso decirle quienes eran sus padres.

-Estas mejor sin saber quiénes son. Le dijo en una ocasión sin poder mirarle a los ojos.

A veces Teana desearía saber porque Tadeo se negaba a decirle sobre su familia, solo sabía que su tío, su hermano mayor y Bakura era todo lo que tenía en este mundo. Y lo más importante, también sabía que ella y Tadeo no eran egipcios de nacimiento.

El bullicio de el mercado quedó silenciado por un momento, los mercaderes dejaron de gritar para ofrecer sus productos al notar el quinteto de mujeres que cruzaban la calle en aquel momento. Los ojos azules de Teana brillaron con ilusión, al notar los llamativos colores de cabello de una de las chicas los cuales eran imposibles de ignorar.

Tadeo sonrió en silencio, al notar que hoy era su día de suerte para molestar sin que amenazaran con cortarlo con una espada. Bakura por su parte se sonrojó al notar quien iba en medio de la comitiva sosteniendo a una rubia y a una albina estaba Yuriko, con una sonrisa sincera adornando su rostro haciéndola ver adorable.

Era un buen momento para conversar con ella, solo esperaba que su padre, no le hubiese prohibido hablar con el, sintió una pequeña presión en el pecho de solo pensar que ella lo ignoraría.

Kisara, Mireya y Yuriko conversaban animadamente sobre los planes que querían hacer ese día, iban hacía el río Nilo para mojar sus pies en las orillas del mismo, querían distraerse de toda la rutina a la cual estaban acostumbradas. Isis por su parte observó al trío de amigas, notando que Mana no formaba parte de aquella amistad, a veces se sentía culpable de haber alejado indirectamente a la castaña de la tricolor al haber hablado mal de la invitada del Faraón con la castaña sabiendo que la última mencionada aún sentía algo por su Rey. Sabía que su rivalidad había iniciado por ella, fue una de las primeras en llamar a Yuriko "Caprichosa" ahora comprendía que no había sido por iniciativa de la invitada de Egipto el tener toda clase de privilegios. Si único pecado si podía llamarlo así era haberle tomado demasiado cariño a su servidumbre.

Sus esclavos: Jono, Mireya, Sameh y Heba. Tenían que ser realistas eran considerados por todo así aunque para ella no. Tenían títulos demasiado raros para un Escolta Real, una Dama Personal, Un Escriba Real y un niño.

Ahora entendía que sus celos ganaron la contienda en aquella ocasión, cuando le llamó "Caprichosa" había comprobado que no lo era en realidad. Era, seguía siendo impulsiva a pesar de la educación que había recibido por medio de sus clases, le había desarrollado un miedo irracional a los abanicos ya que ella comenzó a golpearla con los mismos cada vez que se equivocaba, solía dejar marcas sutiles en sus brazos, en su espalda, incluso podía asegurar que aún le temía a los mismos.

Sentadas en la sombra de aquel árbol las mujeres sonrían entre ellas a excepción de la castaña de ojos aguamarina, quien sentía la culpa y los remordimientos dentro de su ser reinar. Precisamente en ese lugar estuvo a punto de matarla. Aún luchaba por una oportunidad para ser amigas aunque la tricolor estaba siendo demasiado seria con ella. No podía culparla, ella fue demasiado cruel con la extranjera de ojos verdes.

Le dolía que un mocoso sacado de la nada se hubiera ganado su afecto con rapidez. ¿Por qué a ella la trataba con tanta frialdad?

Las chicas conversaban sin saber que estaban siendo custodiadas en la lejanía.

-Jono. ¿Estás seguro que fue una buena idea seguirlas? La Sacerdotisa Isis está con ellas no nos necesitan en realidad. Preguntó el chico de cabello morado observando al Escolta real mientras vigilaban a las mujeres.

-¡Claro! No voy a arriesgar a Yuriko otra vez, aquí fue donde ella se cayó, estuvimos buscándola durante dos días sin descanso.

-¿Se cayó? A Sameh esa frase jamás le convenció del todo. Era una excusa que siempre se usaba en su aldea para despistar a las demás personas cuando negabas algo que habías hecho.

-Fue antes de tu llegada. Accidentalmente ella se resbaló, fue arrastrada por la corriente.

-A mi no me parece que sea fácil resbalarse en la arena, solo por qué sí, sobre todo si no se encuentra húmeda la misma. El hombre de cabello morado había comprobado que para resbalar por accidente de la arena tenía que estar apilada para hacerte caer, la misma a la orilla del río no estaba puesta de aquella manera, otras de las consecuencias era que quedarías enterrado de los pies, pero resbalar completamente de ella, hasta caer en el agua, ser arrastrado por la corriente, indicaba que debías ser lanzado por algo o alguien.

-¿Qué estas tratando de decir?

-La lógica me dice que no fue un accidente.

Jono observó a Sameh sin poder creerle lo que estaba diciendo, si eso era verdad, lo que había dicho la tricolor era cierto había un traidor entre ellos. Le dolía reconocer que en aquella ocasión donde dudó e incluso la acusó indirectamente de ser uno de los suyos el traidor por el color de su piel blanca le hizo quedarse en silencio mientras Sameh sin agregar más palabras lo ignoró en silencio. Aún le costaba mucho entenderle al escriba real de Egipto, aún le parecía un sabiondo pero su conocimiento estaba al nivel de Seth o Mahad. A pesar de su juventud, sus pensamientos quedaron de lado al notar que un trío de aldeanos se acercaban a las chicas.

Se pusieron en alerta ante la situación si trataban de sobrepasarse intervendrían.

Bakura sonrió solo a la persona a la cual le interesaba hablar. ¿Desde cuando el ignoraba a las mujeres hermosas del país al que no pertenecía? Las que estaban presentes ante el eran irresistibles pero no despertaban su atención en ese momento como ella.

-¿Bak? ¡Bak! Yuriko se levantó lentamente quedo parada frente a él, sin importar que habían más personas presentes lo abrazó recostando su cabeza en su pecho, la última vez habían dejado una conversación pendiente.

Lo había extrañado, Yugi no le dijo que era lo que habían hablado, sabía que le había jugado una broma demasiado fuerte al decirle que quería pedir su mano en matrimonio, si tenían oportunidad de hablarlo dejarían las cosas claras. Aunque no quería soltar al moreno lo mejor era hacerlo en aquel momento.

-Un gusto volver a verte, enanita. Quiso escucharse seductor pero al notar la sonrisa triste que adorno el rostro de Yuriko le hizo sentirse culpable. ¿La había lastimado?

-Algo me dice que no vas a llamarme por mi nombre ¿Cierto? Quiso ignorar la situación pero no pudo al notar las palabras salir de su boca. Le dolía que el no la llamara por su nombre. Al menos no le decía de aquella manera tan despectiva como se dirigían a ella a cada momento.

"Hija de Yugi" un apodo del cual no se había podido quitar en su verdadera época, a pesar de sentirse insegura por el mismo jamás sintió repulsión por su padre al contrario sentía que debería ser un honor que la llamarán así. Pero era un ser independiente, con un nombre propio más allá de lo que pensaban todos.

Yuriko Muto Hawkins era su nombre completo. Así quería ser llamada, en su defecto prefería ser llamada por sus apellidos. Pero ser llamada con ese seudónimo con el cual le llamaba Bak le hería, tenía dos opciones de enojaba dejando salir su frustración o lo aceptaba riendo aunque le doliera por dentro.

No podía hacer su voluntad siempre como le había dicho Sameh. Ahora entendía porque Aknadin estaba molesto con ella, en realidad era muy imprudente. No podía obligar a Bak a llamarla por su nombre si el albino no quería hacerlo.

-Me gusta ser el único que te llama de esa manera. Respondió Bakura sonrojándose en el acto, el llamaba a sus allegados por apodos cuando los reconocía como suyos. Tadeo y Teana tenían sus respectivos apodos aunque no lo pareciera.

Yuriko decidió sonreír ya estaba cansada de reclamarle que le llamara de otra manera. ¿Acaso fue así como el Visir Shimon Muran se dio por vencido con ella y le permitió que le llamara Abuelo?

-Supongo que no podré hacerte cambiar de opinión. -Dejó de abrazarlo para tomar sutilmente de su mano- Tenemos una conversación pendiente.

Antes que pudieran decirse algo más, Tadeo se acercó a la tricolor de ojos verdes, tomó su mentón y la besó con delicadeza, dicha acción provocó que Yuriko se alejara de él con brusquedad.

-¡Tadeo! ¿Qué te pasa? ¿Por qué hiciste eso? Sus ojos verdes estaban llenos de sorpresa.

-Solo quería confirmar algo. Estimada Princesa… Antes de que pudiera seguir hablando el castaño recibió un puñetazo en la cara pero el mismo no fue realizado por su secuaz, tal y como el esperaba.

-¡Oye como te atreves a tocar a Yuriko! ¿Quién te crees que eres? ¡Tú! ¿Eh? ¡Cara de Mono! Observó a un rubio de ojos rojos como los rubíes quien trataba de ser contenido por un hombre de cabellos morados que solo podía entender que le susurraba al que le había golpeado en la cara "Eres un imprudente"

-Mas bien la pregunta aquí sería ¿Quién te crees tú para atacarme sin ningún motivo? ¿Cara de Mono? Si yo tengo cara de Mono, tú eres un… ¡Perro Pulgoso! Se mofo al ver que el rubio se enojaba con el mirándolo con desagrado.

-¿Qué? ¡Un perro! ¡No soy un perro! ¡Mono!

-¡Que no soy un Mono!

-¡Cállense los dos de una buena vez! ¿Además de dónde salió este tipo? Exclamó Teana tratando de detener a su hermano y al chico que lo había golpeado.

-¡El empezó primero! Gritaron al unísono señalándose el uno al otro.

Yuriko observó a los dos hombres frente a ella, sintió como Shin'aina colocó su mano derecha sobre su hombro mientras posaba su mirada sobre Bak quien al ver la escena de su mejor amigo y el escolta real comenzó a recordar lo que había pasado en los últimos quince años.

Los ojos violetas de Bakura observaron los ojos verdes de Yuriko queriéndole contar todos y cada uno de sus secretos.

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Queridos lectores hasta aquí llegaría el capítulo de hoy quiero agradecerles por el apoyo brindado y que hayan podido disfrutar este pequeño capitulo.

Atentamente,

Sharlotte Soubirous.