-¿Cuándo darás tu mano a torcer? -Kohaku se acercó a Senkuu luego de que Ruri y Chrome recogieran el ramo y la liga durante el matrimonio de Taiju y Yuzuriha.

A esas alturas de la fiesta, la mayoría estaba pasado de copas o bailando eufóricamente, como si se tratase de la mejor fiesta de sus vidas. Parecía, a fin de cuentas, el fin de una historia, que había comenzado hacía más de tres milenios.

-¡No entiendo ese juego de palabras! -el pequeño Why man habló desde el bolsillo del científico, haciendo a la rubia reír.

-En este momento, secundo sus palabras. -Senkuu observó cándidamente a la pareja de recién casados hablándose al oído, en medio de todo el desorden.

-¿Dejarás a alguien entrar a tu vida…? Alguien como Yuzuriha lo es para Taiju, o mi hermana para Chrome. -Kohaku elaboró su pregunta.

¿A qué iba eso? Senkuu miró a la rubia por unos segundos antes de volver a la feliz pareja.

-No me veo dispuesto a apartarme de mi camino científico por algo tan ilógico como eso. -respondió, seriamente.

Kohaku simplemente rio, pero no con su típica alegría que la caracterizaba. Senkuu se preguntó, brevemente, si era culpa de él. La conversación se había vuelto simplemente incómoda, y no le estaba gustando para nada.

-No creo que una cosa tenga que ver con la otra. Pero es la respuesta que esperaba de ti, de todos modos.

-Acordemos en que estamos en desacuerdo. -Senkuu sonrió ampliamente. -¿A qué vino esto, de todos modos? ¿La boda te puso sentimental, leona?

-No soy una leona. -Kohaku se quejó, y bebió un largo sorbo de su trago. Probablemente, un tequila margarita. -Solo quería saber si debía darme por vencida o no. Pero supongo que sabía desde antes lo que debía hacer.

A Senkuu le costó unos segundos comprender lo que su amiga quería decir. Siempre había sido pésimo para cosas como esta, y sinceramente no esperaba ni creía que Kohaku estuviese esperando algo de él de ese estilo, después de tantos años desde que la rechazó por primera vez, así como lo hizo con los intentos de otras más.

El peliverde observó a la rubia marcharse lentamente, en dirección a la pista de baile. Tenía un semblante melancólico, tan contrario a lo que usualmente era, que le dio reales escalofríos.

¿Había rechazo a Kohaku por segunda vez? Senkuu se preguntó. Parecía que le había tendido una trampa en la que había caído sin reparos, y sin saber qué pensar al respecto.

-¡Senkuu! ¿Qué pasó con Kohaku? ¿Por qué se fue? -Why man le preguntó tras unos segundos, en los que el científico se mantuvo en silencio.

-Está decepcionada de mí. -determinó el peliverde, mirando a su copa de vino casi completamente llena antes de darle un largo sorbo.

-¿Por qué?

-Porque he sido un completo idiota.


Mierda. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Le gustaba Kohaku. Y le gustaba mucho. Podía determinarlo solamente con mirarla por más de un segundo, y dejar que lo inundaran extrañas e incómodas sensaciones. Era solo cosa de ponerse a pensar en todo lo que habían vivido juntos y lo importante que era para él como para darse cuenta de que lo que deseaba de ella no era una simple amistad, y que en el futuro no la imaginaba a su lado simplemente como su aliada.

Si bien algo así podría interferir en su vida científica, Senkuu sabía que Kohaku era la excepción a su regla. Era ella quien siempre se había mantenido a su lado, apoyándolo en los momentos más difíciles, y lo había visto crecer. Era ella la única mujer en la que Senkuu confiaba plenamente, y quien lo conocía a la perfección.

Senkuu se bebió su copa completa mientras divagaba, solo, en sus propias emociones. Era algo que jamás se había permitido hacer, pero que afloró fácilmente mientras veía a Kohaku bailar y pasarla bien con todos los demás.

¿Era ya muy tarde para hacer algo al respecto?

Frustrado, Senkuu se marchó de la fiesta sin avisarle a nadie y se dirigió a su laboratorio para volver a trabajar, intentando de esa manera dejar de pensar en su miserable futuro.


A la celebración siguiente, Kohaku asistió de la mano de Mozu. Y no era algo inesperado; los rumores de una supuesta relación se habían estado esparciendo desde la primera boda de Taiju y Yuzuriha; rumores que tenían a Senkuu cada vez más desconcentrado y desconsolado, castigándose a sí mismo por su hostil actitud hacia todos al quedarse solo diez minutos en la fiesta antes de irse a trabajar.

La verdad, era que Kohaku y Mozu se veían bien juntos. Ambos eran fuertes y atractivos, y probablemente podrían hablar por horas sobre técnicas de pelea, hacer las mismas actividades y compartir más tiempo juntos. El tipo parecía haber dejado la extraña petición de matrimonio que le había hecho a la leona -que ella misma le mencionó- para cortejarla de manera más discreta.

Pero era simplemente algo terrible para Senkuu ver a la leona interesada en otro hombre, aunque fuese solo un poco, por culpa de nadie menos que de él mismo. Y era aún más difícil si quiera admitirlo, negando cualquier tipo de conversación al respecto con Gen, Ryusui, y hasta Tsukasa; quienes por alguna razón ya sospechaban qué estaba pasando con exactitud por la cabeza del científico.

Aunque no quisiese nada más que trabajar esa tarde, Senkuu simplemente no pudo hacerlo: su mente se inundaba constantemente de recuerdos de las veces que compartió con Kohaku, y el indistinguible brillo en sus ojos cada vez que lo miraba, así como la distinguible suavidad de sus palabras cuando se dirigía a él. Se preguntó si lo que ella decía sentir por él podría borrarse tan rápido, o si sería él el único a quien ella podría mirar así por años, sin cansancio.

Abatido y desesperanzado, el científico se rindió de intentar trabajar; dejó al Why Man en su escritorio y salió a caminar fuera del laboratorio a eso de las diez de la noche, esperando que tomar algo de aire fresco pudiese despejarle la cabeza.

Y todo habría ido probablemente más que bien si no se hubiese encontrado a Kohaku prácticamente escondida en medio del bosque, con un tacón quebrado y el maquillaje arruinado, como si hubiese estado llorando hacía solo unos minutos.

-¿Qué…?

La leona lo calló colocando un dedo sobre sus labios y lanzándole un zapato a la cabeza. Senkuu se quejó en silencio cuando el objeto chocó con su frente y comenzó, sigilosamente, a acercarse más a ella.

-Dime qué pasa e intentaré ayudar.

Kohaku lo miró de pies a cabeza, pareciendo sumamente molesta por su presencia.

-Me… me estoy escondiendo de Mozu. -susurró. -Seguía insistiendo en que fuera a su choza.

Senkuu se cruzó de hombros, intentando no reír al escuchar su historia.

-Bueno, supongo que eso es lo que un tipo como él espera de alguien que le muestra interés.

Kohaku refunfuñó por lo bajo.

-Bueno, le dije que no un montón de veces. Pero es idiota.

-¿Qué pensabas al salir con él? -Senkuu se burló abiertamente.

-No te rías de mí. -la leona le dio un pequeño empujón en los hombros. -No todos son tan inteligentes, perfectos y superiores como tú, Ishigami.

Esta vez, Senkuu se detuvo a observar a la leona. Su cabello estaba algo desordenado, su labial estropeado y su ropa algo desordenada. Obviamente, había compartido más que un simple beso con Mozu antes de esconderse de él. Y sin poder controlarse, el científico comenzó a sentir su sangre hervir en cólera.

-¿Por qué conformarte por alguien más, entonces? -Senkuu se acercó rápidamente a Kohaku, haciéndola retraerse hasta que su espalda chocó con el árbol tras ella.

-Tú sabes por qué. -la leona prácticamente escupió sus palabras.

Estaba furiosa: sus pupilas se dilataron y su respiración comenzó a agitarse notoriamente. Pero, aunque su ceño fruncido y presencia abrumadora asustase a cualquiera, a Senkuu lo hizo sentirse completamente… satisfecho.

-¿Por qué? -el científico ladeó su cabeza, fingiendo inocencia.

El cuerpo de Kohaku irradiaba calor frente a él.

-Porque tú no me quie-

El primer beso de Senkuu fue improvisado y corto, pero sumamente desesperado. Calló a Kohaku por unos segundos antes de que esta lo empujase por el hombro, intentando alejarlo de ella.

-Ándate. -le ordenó la rubia, fuertemente.

-No quieres que me vaya. -replicó el peliverde, en un susurro.

Estaba jugando con fuego, sin saber qué sería de esto. Cuando Senkuu la miró a los ojos nuevamente, ella parecía tan furiosa como conflictuada.

-Bastardo…

El segundo beso que Senkuu le dio a Kohaku fue rápidamente correspondido, cuando la leona separó sus labios para él y buscó su lengua impulsivamente, colgándose de sus hombros en el momento en que Senkuu la sostuvo por la nuca, mientras con el cuerpo la empujaba inconscientemente hacia el milenario árbol.

El calor que emanaba Kohaku era sofocante, así como la hambrienta forma en que respondía a las desatadas arremetidas de la lengua de Senkuu y el característico aroma de su piel inundándole la nariz. El científico no tuvo reparos en llevar sus manos a la pequeña cintura de la leona y abrazarla a él, rasguñando sus propios nudillos cuando la empujo aún más hacia el árbol, incapaz de dar un solo paso hacia atrás.

-No puedes reemplazarme. -murmuró el científico sobre la boca de la leona.

La risa que Kohaku le regaló fue tan molesta como excitante. Lo hizo separarse de sus labios, mientras con una mano comenzaba a recorrer descaradamente la figura femenina.

No sabía qué le estaba pasando exactamente. Este debía sentirse como uno de los mejores momentos de su vida, pero, en lugar de eso, Senkuu se sentía miserable. Sin embargo, a pesar de la amarga sensación en su gargante, el calor del cuerpo de Kohaku y toda ella, alrededor de él, eran suficientes para él en ese momento, en que su cuerpo parecía actuar en contra de su buen juicio.

Solo verla temblar, a su merced, cuando coló una mano bajo su vestido y entre sus piernas, podía contentar a Senkuu lo suficiente en una noche tan triste como eso. Quizás, así se daría cuenta de que no debía darse por vencida o, al menos, quitarse las ganas de encima.

-P-pervertido. -Kohaku murmuró, enterrando sus uñas en los hombros del científico.

Para cuando hizo a un lado la tela de sus bragas, la leona estaba completamente húmeda. Senkuu tuvo que morderse los labios para evitar emitir cualquier sonido que pudiese colocarlo en vergüenza ante ella. Este no era el momento para dejarse llevar del todo; debía mantener algo de control.

Senkuu hizo gemir a Kohaku cuando estimuló, decisivamente, su erguido botón nervioso. Si bien habría preferido ver toda su anatomía en ese momento, el científico se contentó con la manera en que la chica se aferró a él y apoyó la cabeza en su hombro, mientras su sexo palpitaba profusamente. Luego, y gracias al insistente movimiento de caderas de la leona, el peliverde encontró rápidamente su entrada, y no dudó en introducir un dedo, escuchándola jadear en su cuello.

Era estrecha, caliente y húmeda. Eso fue lo único que se registró en la mente del científico en ese estado; no podía pensar en nada más que en hacerla correrse apoyada en ese árbol y en el hecho que era él, Ishigami Senkuu, quien le causaría ese tipo de placer.

Un placer que, sin embargo, solo era visceral; porque Senkuu ya no era el hombre con el que Kohaku quería estar.

-¡Senkuu! -la ahogada voz de la leona despertó al aludido de su extraño trance.

Kohaku había despegado el rostro de su cuello para besarlo en los labios, buscando su lengua salvajemente mientras con la mano estrujaba su ya dolorosa erección.

Mierda. Si Senkuu cedía a sus intentos, podría hacer algo realmente estúpido. Rápidamente, se despegó de su boca y tomó ambas manos de la leona entre las de él, quitándoselas de encima, como si le estuviesen quemando.

-Date la vuelta. -Senkuu ordenó abruptamente, sorprendiéndolos a ambos con su desfachatez.

Pero por su bien, Kohaku pareció estar de acuerdo, ya que dio la media vuelta y se colocó de espaldas a él, agachándose levemente, de manera que su trasero quedase expuesto para él.

La leona volvió a gemir cuando el científico le llevó la mano a la entrepierna para seguir estimulándola, deleitándose con la simple vista de la mujer dándole la espalda. De esta manera, su erección estaba a salvo y podía tener nuevamente el control de la situación.

Aunque, más temprano que tarde, Kohaku insistió nuevamente.

-Senkuu, déjame tocarte. -pidió la leona, mirándolo de reojo.

-No tienes que preocuparte por eso ahora. -el peliverde replicó seriamente, estimulando el clítoris de la rubia para hacerla callar.

-P-pero quiero más de ti. -jadeó. -Quiero hacerte sentir bien, Senkuu.

El aludido la miró con algo de desconcierto, deteniéndose.

-¿No quieres sentirte bien tú también? -la rubia articuló.

-Te daré lo que quieres ahora y me iré.

-¿Y qué crees que quiero ahora? -la leona lo miró de pies a cabeza, extrañada, antes de darse la media vuelta, arreglándose ligeramente el vestido.

Senkuu simplemente ladeó la cabeza, en blanco.

-Te quiero a ti. -Kohaku enunció, como un simple hecho. -No quiero solo… pasarla bien. Pensé que lo dejé claro antes.

-Dijiste que ya te habías dado por vencida…

-Te amo, Senkuu. ¿Crees que eso me dura solo unos pocos días? Llevo años sintiendo lo mismo. No es algo que pueda controlar.

El científico no pudo distinguir sus pensamientos para armar una respuesta coherente cuando su corazón latía eufóricamente ante tan honesta confesión.

-Y sobre tu obvio ataque de celos, no tengo más que decirte que no quiero estar con nadie más que contigo. Lo intenté y no pude. ¿Contento? Estoy dispuesta a todo por ti, aunque tú no me quieras así. Pero no dejaré que me folles solo para calmar tu rabia.

¿Por qué mierda tenía que ser tan inepto? Kohaku acababa de decirle claramente todo lo que sentía y él no era capaz de hacer nada más que mirarla, lleno de culpa, nostalgia, y esperanza a la vez.

Solo cuando la leona hizo ademán de irse, yendo a buscar sus zapatos, Senkuu pudo tomarla de la mano y guiarla de vuelta a él, para juntar sus labios con los de ella una vez más.

Este nuevo beso, sin embargo, fue mucho más íntimo que los anteriores. Comenzó de manera delicada, con el científico inspirando profundamente el aroma de Kohaku, intentando grabarlo en su memoria, y sosteniéndole la nuca con suavidad. La intensa molestia que sentía al principio se había apaciguado por completo y ahora solo reinaba una desbordante felicidad.

Podría intentarlo de nuevo. Podría hacerlo bien esta vez.

Esta vez, en lugar de apoyarla contra el árbol, Senkuu guio a Kohaku de la mano hasta su hogar, bordeando el laboratorio, y en completo silencio.

Sus besos se hicieron más intensos solo cuando ya estuvieron dentro de las cuatro paredes de su habitación, apoyados contra la cómoda de Senkuu, rozándose sugestivamente mientras ambos exploraban detalladamente sus bocas y sus cuerpos, calientes y sudorosos de anticipación. El científico se tomó el tiempo ahora de desnudarla y deleitarse con el sabor de todo su cuerpo; una mezcla entre perfume, sudor y algo tan de ella, que solo hacía de este momento algo más estimulante. Se dejó también tocar, por primera vez en su vida, y gozar de las pequeñas y ásperas manos de Kohaku estimulándolo hasta el borde del orgasmo.

Para ella, su placer parecía ser algo completamente satisfactorio. Senkuu podía verla sonreír al hacerlo temblar, jadear y gemir su nombre, y prolongar aún más su satisfacción rasguñándole la espalda y mordiéndole los labios. Si bien fuera de contexto podría fácilmente pensar que estaba riéndose de él, por la manera en que se le arrimaba y humedecía su pantalón, el científico supo que todo lo que hacía era por pura devoción.

Senkuu le dijo lo que sentía antes de penetrarla, como un secreto en el oído de la leona, mientras esta lo urgía a continuar el acto; allí mismo sobre la cómoda de madera. Sintió como si un peso se levantaba de encima de él, a la vez que su placer se intensificaba por sentir de manera tan íntima a Kohaku, quien se aferró a él de manera felina, y se corrió en segundos alrededor de su miembro, llevando al peliverde a su potente orgasmo, derramándose por completo dentro de ella.

En el momento no se le cruzó por la cabeza lo arriesgado de toda la situación, e incluso lo hicieron así dos veces más sobre la cama, pero cuando, a los tres meses de tan acalorado encuentro, Kohaku llegó a la enfermería con malestar estomacal, náuseas y unas extrañas ganas de comer ramen con helado de fresa, Senkuu solo pudo sentir que su felicidad se consumaba, y su nueva vida recién comenzaba de lado de la mujer que amaba.