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Historia participante del reto musical organizado (arroba)TorneoMLB en Twitter.
Canción: Stuck with U ( AG JB)
Palabras: 2549
ADVERTENCIAS: ROMANCE.
Es mi primer adrinette.
Clasificación K.
Letras en cursiva: Pensamientos
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PODRIA QUEDARME AQUI, PARA SIEMPRE
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CAPÍTULO UNICO
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Él le hizo una seña a Marinette, la próxima madame Couffaine, mientras le sonreía, indulgente.
- Vamos, ven conmigo, Mari. -
Y aunque ella, tímida, no quiso al principio, no pudo resistirse a él.
No podría, no.
En la distancia, se oían cómo los músicos preparaban sus instrumentos. Los violines, el chelo, y el dúo de flautas.
Ella se acercó a él, alegre y contenta, porque pronto iría a bailar un vals con Adrien Agreste.
- Mírame a los ojos, Marinette. - susurró Adrien, despacio y profundo.
Su voz se le hizo tan grave, tan intensa, que ella lo miró, sorprendida. Y descubrió, con temor, que sus ojos verdes se habían oscurecido, llenándose de un sentimiento extraño e intenso.
¿Amor?, pensó Marinette Dupain-Cheng.
No, yo sólo era una amiga. Ninguna otra cosa más. No.
Y aunque quiso creer esa mentira, su corazón latió, vehemente e ilusionado, pensando que quizá sí, que quizá éso que brillaba en las profundidades de su mirada era simplemente, amor.
- Coloca tus manos en mis hombros, Marinette.- susurró él otra vez, cuando la tuvo enfrente suyo. Su voz le sonaba a caricia dulce y tierna, una caricia que le arrullaba el corazón.
El sonido dulce y rítmico de las flautas se escuchó en el ambiente, cortando sus pensamientos. El vals, había empezado. Adrien le sonrió, mientras que deslizaba una mano hacia la espalda de Marinette, y con la otra, sujetó su cintura. La atrajo hacia él, y amplió su sonrisa. De repente, la música subió de intensidad. Eran los violines. Era hora de bailar.
Movimiento ligero hacia la izquierda, luego otro hacia la derecha. Él la soltaba brevemente, para hacerla girar, luego la volvía a sujetar, volvía a clavarle la mirada esmeralda, volvía a hacerla temblar.
Como siempre, justo después de dar una vuelta, Marinette tropezó con un obstáculo inexistente, y Adrien, solícito, la cogió en volandas para evitarle la caída.
Él abrió la boca, sorprendido.
Adrien sintió otra vez la electricidad que inundaba su cuerpo cada vez que tocaba a Marinette. Y en un destello, su mente lo traicionó y volvió a soñar con ella, soñó que él se casaba con ella, que ambos corrían vestidos de novios, huyendo de una lluvia de granos de arroz y monedas de cobre. Soñó que ella tropezaba y que él la cogía. Que la sujetaba de la cintura, la alzaba al cielo y giraba y giraba, y ella reía, su cabello negro ondeando al viento, su risa diáfana llenando su corazón.
Y en cambio, enfrente suyo no estaba su novia, sino la próxima madame Couffaine, su mejor amiga.
- ¿Adrien? - murmuró Marinette, al verlo absolutamente perdido. - ¿Estás bien? -
No lo estaba, no. Adrien soltó a Marinette, y desvió su mirada unos segundos, alejándose brevemente de ahí.
Mentir, mentir. Adrien Agreste debía mentir.
¿Estaba bien? ¡No!
Y a pesar de eso, se escuchó decir:
- Sí, Mari, estoy bien. -
¿Debían seguir bailando, así? ¡No!
Y a pesar de eso, no pudo controlarse.
Así que Adrien volvió sobre sus pasos, estirando sus manos para deslizarse otra vez en la cintura y en las caderas de Marinette.
Pero ella se liberó con prontitud y le miró a los ojos, preocupada.
- No, Adrien, no estás bien. Ven, vamos a sentarnos. - Marinette dudó, sólo por un momento, ella dudó. Adrien Agreste no había sido un capítulo en su vida, no, él había sido un libro completo, una biblia. Un compendio de desamor y tragedia, un ejemplo de qué tanto se puede romper un corazón. Éso era Adrien para ella, él era ... desamor.
Ése día se celebraba el compromiso de Marinette con el músico Luka Couffaine. Jagged Stone, el padre del novio, les preparó una fiesta con orquesta y vals. Invitaron a toda la familia y amigos. Un inmenso salón, con candelabros en el techo, y ventanales con cortinas que daban al inmenso jardín el cual rodeaba ésa mansión.
Para Marinette, esa fiesta era exagerada y redundante. A ella le hubiera bastado una cena con la familia cercana, un brindis, un beso, una flor, un te quiero y alguna sortija sencilla en el dedo, o tal vez ninguna. A ella le hubiera dado igual. Amaba a Luka y deseaba casarse con él, de todos modos.
Sin embargo, ella no había esperado encontrar a Adrien Agreste entre los invitados. Lo imaginaba lejos, en América, estudiando lo que su padre mandó que estudiara. Y ahora, a mitad de la fiesta, ahora ella estaba ahí con él, arrullada en sus brazos. Angustiada por el súbito cambio en Adrien, por su repentina distracción. ¿Qué le estaría pasando? Ella no podía saberlo, así que, de inmediato, lo cogió de la mano y lo llevó a una pequeña habitación anexa al salón, con sofá y chimenea, con un balcón que daba al jardín. Marinette Dupain-Cheng, entonces, preocupadísima por su amigo, lo cogió de una mano y lo miró, directamente a los ojos, intentando descubrir qué había pasado.
- ¡Marinette! - masculló Adrien. - ¡Marinette! - repitió.
- ¿Sucede algo importante, Adrien? ¿Algo en lo que pueda ayudarte? Sé que hoy no es el mejor día para conversar, pero siempre estaré para tí, siempre te escucharé. Puedes confiar en mí.-
Marinette lo observaba cómo si fuera un objeto precioso, como si fuera una tarta de chocolate o un helado en la playa. Algo importante y delicioso, algo prodigioso. Él nunca había sido valorado por los que amaba y a pesar de eso, Marinette siempre lo cuidaba y estaba pendiente de él. ¡Cómo no darse cuenta antes de su amor! ¡Cómo! ¡Por qué!
- Marinette - continuó diciendo. Tomó aire y cogió valor, abandonó sus miedos, reunió coraje y decisión. Ánimo, valentía, oh el amor, oh mi amor. - Marinette, perdóname, debo decirtelo antes que me fallen las fuerzas...yo...por favor, Marinette...no, no te cases por favor...por favor...-
Ella, atónita, soltó su mano y retrocedió un paso, se llevó ambas manos a la boca y ahogó un grito en su garganta.
- ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué me pides eso? ¿qué...-
- ¡Porque te quiero!...No, no...¡Porque te amo!...porque cuando me enteré que te habías comprometido sentí que moría o que un rayo me partía en dos, yo pensaba darte tiempo, distancia, ¡creía que tú sentías algo por mí! ...Marinette.. - Adrien la cogió de los hombros, absolutamente desesperado. - Marinette, ¿tu me amas, no es cierto? ¿me quieres?...-
A pesar de la sinceridad de sus palabras, Marinette se sintió indignada y furiosa. ¿Por qué ahora? ¿Por qué así?. Después de tanto tiempo, después de lágrimas y tristezas, ahora, él venía ahí, a ella, a lanzarle su amor como si fuera un bofetón, una afrenta. Oh, ella deseó dejarlo solo, largarse de ahí. Así que sin verlo, ni contestarle, se dio media vuelta acercandose a la puerta, lista para abrirla y huir de ahí.
- ¡Marinette! - escuchó que él le gritaba.- ¡Marinette!
Si bien se detuvo, ella no abrió la puerta, sino que sujetó el tirador, y se quedó dándole la espalda, preparándose para oír y para escapar, si fuese necesario.
Adrien Agreste aprovechó esos segundos de tregua, para lanzarle su amor como un dardo, como una flecha aunque no tuviera arco que templar.
- Oh Marinette...hubiese querido quedarme en París, contigo, para siempre... -
La voz le tembló, muy leve, pero fue certera, porque dio directo en el blanco. Marinette levantó la mirada, aún más sorprendida. No podía creerlo. Tantos años después, Adrien volvía a su corazón, trémulo y arrepentido, desesperado, sin tiempo para confesar ni para convencer.
Pero ella no se volvió a verlo, sino que otra vez, bajó la mirada y observó la punta de sus zapatos blancos, expectante.
- Hubiese querido cerrar esa puerta y echar la llave por la ventana. Y quedarnos aquí, tu y yo, lejos de todo, de todos, y quedarnos con nuestro amor, tu y yo...-
Adrien Agreste cerró ambas manos haciendolas puños. Debía hacerle entender, debia dejarle claro que pedia perdón por su ceguera, por su desinteres, por su estupidez.
- ¡Sí, Marinette! Yo quisiera quedarme aquí, contigo, para siempre. Quisiera cerrar la puerta y echar la llave al Sena, y que nadie la pudiera encontrar...Y quedarnos aquí, tu y yo...Pero también, también quisiera olvidarte, quisiera regresar en el tiempo y hacer todo tan distinto...oh Marinette, dime que aun hay tiempo para nosotros, para nuestro amor, para nuestros sueños juntos, dime que aun tartamudeas al verme, dime que aún te pongo nervioso, dime que aun tienes una foto mia en tu habitación...no, no es arrogancia...es desesperación, es agobio y dolor...y arrepentimiento...porque...¿me perdonas, Mari? ... esto, me perdonas esto...el decírtelo tan tarde, el haber estado ciego...tú, mi querida Marinette, tú ¿me perdonas? -
Marinette lo miró de frente, volviendose a verlo, le escocían los ojos y le ardía el corazón. No, no podía quererlo, no nuevamente. Y su amor por él moriría esa noche. Nuevamente, ella volvería a matar sus recuerdos junto a él para seguir adelante, para casarse y ser feliz, de alguna manera.
- No, Adrien - las lágrimas se desbordaron e inundaron sus mejillas sonrosadas y perfectas cubiertas por el maquillaje. - Ya no te quiero, eso...lo nuestro, ya lo he dejado...y aunque dolió, cerré mis ojos y dejé que el destino me llevara por otros caminos...¡no! ¡no! ¡No te quiero, Adrien! ¡Que pena que todo llegue tan tarde! pero lo siento ¡Lo siento! Yo...yo no te quiero .- Y destrozada, gimiendo en voz baja, Marinette abrió la puerta de un tirón y salió desesperada de ahí.
- ¡Marinette! - gritó Adrien, sin contenerse ni un poco. - ¡Marinette! - Y echó a correr tras ella.
Llegó al salón y anonadado, observó a todos los invitados que le miraban fijamente. Buscó y buscó, pero no la vió. Cogió a Nino quien estaba cerca suyo, y lo meneó fuertemente del codo, mientras le preguntaba por Marinette, que por dónde se había ido.
Nino rió, se ajustó las gafas y le dijo, socarrón:
- "Ella es sólo una amiga", ¿no?-
Adrien lo soltó, horrorizado, no podía creer lo que estaba escuchando.
Vio a Alya acercarsele y ella también reía y reía. Alya puso las manos en bocajarras y repitió, como un disco rayado, lo que había dicho Nino.
- "Ella es sólo una amiga", eh. -
Y risas.
Y más risas.
De pronto, Adrien notó que su rostro estaba húmedo y que le cabeza le daba vueltas.
- "Una amiga" - escuchó que alguien más repitió.
- ¡No puede ser! - oyó a una mujer hablar .- ¿Él le dijo eso? - Y nuevamente, la mujer soltó una carcajada hiriente y cruel.
Y él, simplemente, ya no pudo más. Sólo escuchaba risas y carcajadas y burlas, y dedos apuntandolo, juiciosos.
- ¡No! ¡Dejad de reír! ¡Me equivoqué! ¡Me confundí! ¿Quién no comete errores? ¿Quién me quiere juzgar? - exclamó, perdiendo totalmente la compostura.
- Yo - escuchó que le contestó una voz, segura, y grave, desde el fondo del salón. El resto de invitados dejó de reír y se volvieron para ver al dueño de tan imponente voz. - Yo te juzgaré, ¿quién más que yo?
Y Adrien Agreste vio cómo se acercaba Luka Couffaine. No lucia molesto, pero sí decepcionado. Meneaba su cabeza de lado a lado, mientras sus zapatos resonaban por todo el recinto.
- La amistad que tu dejaste, yo la transformé en amor. - le susurró Luka, al oído, una vez que llegó junto a él. - Y su amor por ti, desapareció una tarde gris y lluviosa, cuando no necesitó más tu paraguas para guarecerse de un chubasco. Y ya ella sólo pidió mis brazos, y mi aliento, y mi...-
- ¡Noooo!- gritó Adrien, desaforado. - ¡Noo!. -
Su grito murió cuando unas manos delicadas y suaves lo remecían, tratando de hacerlo despertar.
- ¡Adrien! ¡Cariño despierta! - le dijo en voz bajita, su esposa, Marinette. - Adrien, no grites, ya pasó...creo que fue una pesadilla ¿lo fue? -
Adrien se incorporó y se sentó en la cama, limpiandose la cara y las lágrimas con la manga de su pijama. Luego, miró a Marinette al lado suyo, preocupada y agobiada. Observó el techo y las paredes, y se quedó viendo fijamente la cuna donde dormía su pequeño Louis.
Suspiró fuertemente, echando todo el aire que tenía en sus pulmones. Nuevamente, cogió aire por la nariz y lo soltó lentamente por la boca.
Asintió con la cabeza, en silencio, mientras se seguía tranquilizando.
Un sueño.
Todo fue un sueño.
O una pesadilla.
- Marinette...- le murmuró a su esposa, unos minutos después. - ¿Me amas? ¿A mí, me amas a mí? A pesar de todo, Marinette, ¿me amas? -
Su esposa entornó su mirada celeste y clara, diafana como el cielo de verano, suspiró y le respondió cómo siempre le respondía:
- ¿Me lo preguntas después de cadarnos, de tener un niño conmigo, y otro niño más en camino?...oh Adrien, claro que sí, te quiero, de aquí a la luna y de regreso. Te quiero tanto, tanto...si me quedara encerrada contigo, no pediría que me abriesen, pediría que tirasen la llave lejos, lejos...y que nunca más nos abrieran...sí, que nunca más nos ab...-
Un ronquido suave, seguido de otro intenso, cortó la declaración de Marinette.
Ella se había quedado dormida, y roncaba, complacida de la vida tan feliz que llevaba. Complacida del amor correspondido y del amor que ahora nacía de su vientre.
Su esposo la contempló, enamorado, como lo hacía todas las noches.
Y agradeció inmensamente, que esa noche lejana, en ésa habitación, después del vals y después de su confesión, ella no salió huyendo, sino que rompió a llorar, y aceptó, aceptó su tardía correspondencia, porque ella dijo que lo amaba, que a pesar de la distancia y del tiempo, ella aún lo amaba, y que Luka, su mejor amigo y no su novio, le había propuesto llevarlo hasta ese límite, para que él se decidiera, para que él sufriera, para que él...reaccionara.
Un nuevo ronquido de Marinette interrumpió sus recuerdos y ahogó sus pensamientos en un mar de paternidad y gozo, de alegría y perdón, de arrepentimiento y amor.
¡Amor!
Oh, ella era más que una amiga...ella era amor.
Louis se revolvió en su cuna, y lanzó un gemido de hambre y sed.
- Oh, ven, pequeño, ven conmigo, vamos a tener que despertar a mamá-
Adrien Agreste, feliz y cansado, se quito las sábanas, se puso de pie y echó a andar hasta dónde su hambriento bebé se encontraba. Lo cogió en brazos, arrullándolo. Le dio un beso, y luego lo dejó en el regazo de Marinette. Suspiró y se pasó la mano por el pelo, mientras se prometía que nunca más soñaría con esa pesadilla.
No.
¡Amor!
Él soñaría con el amor, con su amor, con sus besos y sus abrazos, con el futuro y su arrepentimiento. Con pasar la vida a su lado, recompesandola por la espera, pidiendo perdón por siempre, y odiando cada palabra desafortunada que le había dicho antes.
Él no saldría de ahí, él no escaparía de ella, él se quedaría ahí, para siempre.
Para siempre.
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Mi primer adrinette. Y sin clasificación por edades...o eso creo. Relato auspiciado por y para TorneoMlb, cuenta en twitter.
Un fuerte abrazo.
Cambio y corto.
Fin de la trasmisión
Lordthunder1000
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PD. Félix perdóname, me siento infiel al felinette.
