Disclaimer:

Encanto es una película de fantasía musical animada producida por Walt Disney Pictures y Walt Disney Animation Studios.

Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.

Estas historias son parte del reto "Angstruary" de la página "Es de fanfics" son historias independientes, la mayoría no relacionadas entre sí, con temática multishipper o que no puede contener ships en absoluto. Cada episodio indicará la pareja o personajes que desarrollará. Si alguna no es de tu interés puedes pasarla de largo, sólo se pide respeto para con los lectores y autor.


"Hanahaki"

Isabela

Isabela estaba tan acostumbrada a hacer brotar flores que cuando comenzaron a salir de su boca creyó que eso era normal.

Ser la hija perfecta, la niña de oro de la familia era más agotador de lo que sus hermanas pensaban, mantener una sonrisa, apariencia y carácter intachables las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana era imposible por lo que de vez en cuando, sin que nadie se diera cuenta, la morena escapaba de esta obligación, decía sentirse indispuesta o tener que realizar algunos pendientes en el pueblo, y cuando estaba segura que nadie la observaba corría hacia los árboles, donde la flora podría disimular el poder de la muchacha. Fue en una de esas huidas que todo comenzó.

Caminando sin rumbo fijo sola con sus pensamientos, la Madrigal comenzó a notar que la temperatura había descendido considerablemente, vaho salía de su boca y su cuerpo comenzaba a tiritar, en su cabello escarcha blanca se iba acumulando, le tomo más de un minuto darse cuenta de que se trataba de nieve.

Sólo una vez en su niñez Isabela había visto nieve caer, el día que descubrieron que Bruno se había marchado sin decir nada, su madre y tía estaban profundamente tristes y en consecuencia Pepa había terminado invocando una nevada, recuerda que en aquella ocasión todos en casa estaban tristes y pesarosos no fue hasta que creció cuando comprendió que lo que sentían era culpa. Sin embargo, aquel frío granizo no le evocaba el mismo sentimiento de pesar sino una genuina curiosidad.

Con cautela fue siguiendo el rastro helado hasta que la alfombra blanca bajo sus pies le dificulto el paso, estaba a punto de darse la vuelta para volver cuando la miro.

Sentada en un diván de hielo una hermosa figura de piel blanca y cabello rubios, con grandes ojos azules llenos de melancolía y añoranza.

Sin saber porque la primera reacción de Isabela fue esconderse, desde su posición sus ojos escudriñaron a la desconocida, admiro sus suaves maneras de moverse, sus ropas que no entendía como la protegían del frío, pero sobre todo aquellos enormes y desolados ojos. Como la hija perfecta de los Madrigal ella sabía muy bien que era la belleza y la sensualidad, era consciente de que poseía ambas cualidades, pero aun así no podía dejar de admirar a la misteriosa aparición, creyendo que nunca había presenciado nada igual.

El cómo logró permanecer en silencio e inmóvil durante tan largo tiempo ni siquiera Isabel misma lo sabe, no fue hasta que la rubia se levantó para seguir su camino que la pelinegra respiro con normalidad nuevamente.

Temerosa, se acercó hasta el lugar donde había posado aquella ninfa, lo toco sólo para asegurarse de que era real y no una mala pasada de su cerebro, se dio cuenta de lo frío que estaba y a la vez una calidez extraña recorrió su interior. Aunque le hubiera gustado tenderse y esperar hasta que mujer de hielo (como la apodo inconscientemente) volviera, optó por regresar a casa, huyó lo más rápido que se lo permitieron sus pasos e ignorando las preguntas de su familia corrió a encerrarse en su habitación, donde vomito decenas de pétalos por primera vez.

—Isabela, mi niña ¿estás bien?

Julieta fue la primera en notar el cansancio e inquietud de la muchacha, cariñosamente tomo su rostro esperando encontrar algún indicio de lo que le ocurría, pero al contrario de sus pensamientos, lo que vio fue una pasión que su hija no había demostrado antes.

—Nunca he estado mejor mamá…

De un salto se levantó, deposito un beso en la mejilla de la mayor y antes de que alguien pudiera argumentar algo, salió de la casa con rumbo a la selva que bordeaba al pueblo.

Cada oportunidad que Isabela tenía la usaba para escapar en busca de la aparición de hielo, aquella criatura que la había impactado tanto se volvió su obsesión, a veces sus expediciones eran infructuosas y otras estaba tan cerca de la mujer que si murmuraba cualquier palabra estaba segura de que la escucharía, pero nunca tenía el suficiente valor para hacerlo.

¿Sabrá que estoy aquí? ¿Esperara mi encuentro? ¿También cuenta los días hasta que podamos vernos otra vez? Se preguntaba siempre que regresaba a casa, tras ello escupía decenas de orquídeas heliconias, flores de azúcar y hasta espinas, cada vez se iba volviendo más y más doloroso al mismo tiempo que la calidez en su pecho aumentaba, como si ambos eventos fueran directamente proporcionales.

Isabela también había podido esconder su estado a la familia, aún cuando Julieta sospechará que algo no iba bien, la muchacha lo atribuía a sus obligaciones diarias como hija Madrigal. Sin embargo, sus síntomas se iban agravando y sin nada que la muchacha pudiera hacer, fue cuestión de tiempo para que su condición se revelara.

—La feria de las flores de este año será preciosa —declaró la abuela Alma con entusiasmo— ¿estás lista para el evento principal?

—Si abuela, haré brotar los más hermosos retoños que hayas visto jamás.

—Por supuesto que sí —la matriarca tomo entre sus manos el rostro de la chica, mirándola con dulzura continúo— estoy segura de que como siempre, lograrás que estemos orgullosos de ti.

—Por supuesto…

No había tanta convicción en su voz cuando pronunció aquello, pero sabía que en su papel de nieta perfecta había expectativas que tenía que cumplir, así que con su mejor cara, modales y habilidades trato de asegurarse de que todo sucediera tal como se esperaba de ella.

—¡Y para nuestro gran evento final!

Gritó una voz al centenar de personas que reían y bailaban en medio de la plaza, todos acercándose para escuchar mejor el anuncio.

—¡Como cada año! ¡La bella Isabel Madrigal nos deleitará con una demostración de su don!

Aquello no era nada nuevo, desde que se le había otorgado su poder, la morena estaba acostumbrada a presentarse ante las personas para realizar de despliegues de la magia que caracterizaba a su familia, siempre recibía felicitaciones, ovaciones o halagos, no estaba nerviosa ni temía fallar, pero cuando los copos de nieve comenzaron a caer sobre el escenario, perdió el control sobre sí misma.

—¡Isabela!

Mirabel fue la primera en correr hacia ella, intento ayudarla a ponerse de pie, pero los pétalos que emergían de su boca la obligaban a permanecer de rodillas, los asistentes, primero distraídos por la nevada, rápidamente se dieron cuenta de que algo no estaba bien, y que la forma en que aquellas hermosas flores nacían no era la normal por parte de la joven Madrigal.

—¡Pepa detén ese clima ahora! —gritó la matriarca.

—¡No soy yo! ¡Lo juro! Esa nieve viene de otro lado.

Alma indecisa, decidió que el clima era la menor de las preocupaciones y pidiéndole a Camilo que distrajera a las personas, se acercó a su nieta para ayudarla a retirarse del escenario.

Todo el camino hasta casa estaba cubierto por una alfombra hecha de las flores que escupía Isabela, toda la noche siguió en el mismo estado que hasta casita tuvo que deshacerse de miles de pétalos que inundaban sus pasillos.

—Parece que ha parado —murmuró con miedo Julieta— iré a prepararle algo que pueda curarla.

—Ninguno de tus platillos servirá para lo que padece Isabela —le detuvo la abuela Alma— déjame hablar con ella.

Sin esperar aprobación, la mayor subió hasta la habitación donde habían instalado a Isabela, se sentó a su lado acariciando su frente mientras la muchacha sostenía su pecho con fuerza.

—Entiendo ese dolor que padeces —la chica abrió los ojos sorprendida— esa calidez que te quema entre más piensas en ella.

—¿Cómo? —intentó hablar, pero entre cada palabra salían de su boca pétalos.

—Cuando la vida me arranco a Pedro de mí lado —suspiró derrotada— sufrí de tu misma enfermedad.

La pelinegra se incorporó, mirando con asombro a su abuela, por fin podía darle un nombre a aquel sentimiento que germinaba en su interior.

—Y la única cura, fue extirparlo para siempre…

—¿Qué…?

—Debe hacerse antes de que él acabe contigo —había dulzura en sus gestos y palabras, pero para Isabela se sintió más como un puñal que le clavaban en la espalda.

—¿Qué pasará con lo que siento?

—Desaparecerá… —bajo la mirada la abuela— y con ello tanto el dolor como los síntomas, tu don será como siempre.

—No…

—No es algo que puedas decidir mi niña, mañana haremos lo necesario para curarte, por favor descansa y recupera fuerzas —la mayor besó la frente de su nieta, levantándose lentamente para retirarse.

—¡¿No te sientes vacía?! —gritó Isabela con geranios cayendo de sus labios— ¡¿sin ese sentimiento no te sientes vacía?!

—Cada día de mi vida… —respondió Alma con una mirada apagada, casi muerta—pero tenía a tres niños que cuidar, y tú una vida que seguir —. Cerró la puerta, esperando que sus últimas palabras hicieran reflexionar a la joven.

A la mañana siguiente, cuando la abuela Alma había contactado al mismo doctor que la ayudó a ella en el pasado, y se dirigieron a la estancia improvisada de la chica, la encontraron vacía.

Isabela trato de buscar una última vez a aquella dama, buscó y buscó, pero se había marchado, de alguna manera lo sabía, desde que durante el festival la nieve comenzó a caer, sabía que era un adiós, nunca volvería a verla.

Se dejó caer en el suelo, en el mismo lugar donde la había mirado por primera vez, y gritó, un huracán de jacarandas brotó de su interior, hasta que todo el pueblo termino inundado por pequeñas y débiles flores color lila.

Isabela esperaba que aquellas últimas flores que creaba también llegarán hasta la mujer de hielo, entregando el mensaje de su amor y despedida.


Espero que lo hayan disfrutado y cualquier comentario es bienvenido, muchas gracias por leer, un beso y abrazo.