Disclaimer:

Encanto es una película de fantasía musical animada producida por Walt Disney Pictures y Walt Disney Animation Studios.

Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.

Estas historias son parte del reto "Angstruary" de la página "Es de fanfics" son historias independientes, la mayoría no relacionadas entre sí, con temática multishipper o que no puede contener ships en absoluto. Cada episodio indicará la pareja o personajes que desarrollará. Si alguna no es de tu interés puedes pasarla de largo, sólo se pide respeto para con los lectores y autor.


"Bullying"

Antonio

—¿Mirabel? ¿Estás dormida?

—¿Toñito? ¿Qué haces aquí tan tarde?

La morena se encontraba trabajando con su máquina de coser, al escuchar la suave voz, se levantó para recibir al pequeño, quien sostenía a su peluche de jaguar.

—Es que no puedo dormir…

—Estás nervioso por mañana ¿verdad?

Antonio no contesto, sino que abrazo con más fuerza a su juguete, mientras Mirabel suspiraba y lo tomaba en brazos hasta dejarlo encima de la que había sido su antigua cama.

—Oye, se que todo esto de la escuela es algo nuevo, pero verás que te divertirás mucho, harás nuevos amigos desde animales hasta humanos…

—Pero no conoceré a nadie —interrumpió el niño— y ya no veré a mi mamá, a papá, la abuela, mis tíos… Ya no te veré a ti Mirabel.

La expresión de tristeza en el rostro de su primo partió el corazón de la morena, quien creía que la idea de integrarse al mundo fuera del pueblo no tenía porque comenzar a través del pequeño Antonio.

—Pero vendrás una vez al mes, y la abuela Alma dice que el internado es precioso y está rodeado por flores y animales que ni siquiera hemos visto aquí.

—Yo no quiero irme de aquí… ¿Qué tiene de malo quedarse dentro del Encanto?

—Toñito…

Con cariño acarició los rizos rebeldes del muchacho, quien se esforzaba por contener sus lágrimas, pero sin mucho éxito.

—Pensaba dártelo mañana, pero ya que estás aquí… Te tengo un regalo.

Volviendo a su mesa de trabajo, Mirabel tomo la tela en la que había estado trabajando, con ayuda de la poca iluminación de las velas y lámparas se lo mostró a Antonio.

—Estaba terminando los últimos detalles cuando llegaste ¿qué te parece?

Con curiosidad el niño paso sus dedos sobre los hilos, era una cobija donde un retrato bordado de toda la familia sobresalía con colores brillantes, tenía tantos detalles que hasta sus compañeros animales aparecían en el lienzo.

—¡Es increíble!

—¿Verdad? Tú mamá Pepa, mi mamá Luisa, la abuela Alma e incluso el tío Bruno y sus ratitas me ayudaron a hacerlo, es un recuerdo para que siempre nos tengas contigo.

—¡Me gusta mucho! ¡Gracias Mirabel!

Antonio abrazo con fuerza a su prima, sintiéndose realmente feliz por el obsequio, y aceptando se arropado con el mismo, hasta que por fin se quedó dormido.

—Recuerda que siempre puedes hablar muy fuerte y te escucharé —le dijo Dolores haciendo su característica pose con su oreja.

—Si quieres cambio puesto contigo y así te saltas unas clases —Camilo cambio a la forma de su hermanito ganándose un golpe por parte de Isabela.

—Yo me asegurare de que tu habitación se mantenga tal y como la dejaste —lo abrazo la mayor de sus primas— sólo recuerda decirles a tus amigos animales que no me coman al entrar.

—¡Te vamos a extrañar mucho! —Luisa no pudo contenerse, alzó al niño estrechándolo entre sus brazos.

—Y yo los voy a extrañar también a ustedes…

—Es el momento Antonio —hizo su aparición la abuela Alma— tus padres ya te están esperando para marcharse.

—¿Es realmente necesario? —intento intervenir nuevamente Mirabel, al ver el rostro afligido de Antonio— es muy pequeño para que salga del pueblo, no sabemos bien que hay más allá de las montañas.

—A todos nos asustan los cambios —en la voz de la matriarca no había enfado o reproche, sino más bien un intento de consuelo— pero esta es una oportunidad para Antonio, y para todos, para que nuestros dones ayuden más allá del pueblo, y debes estar orgulloso por ello.

Suspirando en señal de derrota, Mirabel entrego la última maleta al niño, y se despidieron en un largo abrazo, después hizo lo mismo con sus tíos, el pequeño se tomó el tiempo para decirles a los roedores de la casa que cuidaran de Bruno, pues el ya no estaría más. Por último, le dijo adiós a los animalitos que lo habían acompañado hasta ese día y subió a la carreta manejada por su padre con rumbo a su nueva vida.

—¿No sé pueden quedar conmigo hoy?

Cuando bajaron del vehículo y Antonio observo el enorme edificio, en vez de sentirse maravillado lo lleno un profundo sentimiento de terror, se abrazo a su madre quien tampoco lucía muy feliz.

—Nos gustaría —intervino Félix— pero lo máximo que podemos hacer es acompañarte dentro y ayudarte a instalar.

—Pero recuerda que puedes mandarnos cartas o hablar con nosotros o decirles a tus amigos animales que nos busquen…

El nerviosismo de Pepa era tal que fuertes vientos comenzaron a azotar la zona donde se encontraban e incluso los trabajadores del lugar se vieron obligados a salir para ver que ocurría.

Tras explicar y disculparse por el desastre ocurrido, los tres Madrigal entraron en el edificio, donde hubo un recorrido por el lugar, aunque ya lo habían visto con anterioridad esta vez pudieron ver los dormitorios e incluso conocieron a algunos de los niños que serían los compañeros de Antonio.

La despedida no fue fácil, Pepa lloró abrazando a su hijo y con ella las nubes grises que la acompañaban, Félix tuvo que fingir ser el fuerte en la situación, aunque estaba igual de preocupado que su esposa y deseaba no tener que separarse de su retoño.

Una vez que se quedo solo, el más joven de los Madrigal fue llevado de vuelta hasta la que ahora seria su nueva habitación, se le explicaron las reglas del sitio y lo dejaron sólo con el resto de los chicos de su edad, fue una noche difícil para Antonio, donde apenas pudo conciliar el sueño, y lo peor es que como esas le esperaban muchas más.

La primera semana de su estadía fue relativamente sencilla, no hablaba con ninguno de los otros muchachos quienes parecían sacarle la vuelta o ignorar su presencia con cierto recelo, aunque eso entristecía al niño pensó que era porque no habían tenido la oportunidad de conocerse, así que cuando esta se dio tuvo la total confianza de que las cosas cambiarían.

—Antonio —hablo en voz alta su profesor— por favor lee el reporte que hicimos en clase el día de ayer…

Con emoción el pequeño se levantó, tomando entre sus manos el cuaderno para usar su mejor voz y leer el escrito que con tanto entusiasmo había preparado.

—Mi nombre es Antonio Madrigal —conforme pasaban las palabras su alegría iba en aumento— y provengo de una familia fantástica y mágica, mi mami Pepa, con su humor afecta el clima, mi tío Bruno puede ver el futuro, la tía Julieta con su comida cura todo mal…

—¡Antonio! —gritó de pronto el maestro, asustando al muchacho— Pedí cuatro cuartillas de su familia, no un cuento de fantasía.

—Pero señor, no es una fantasía, mi familia realmente posee dones mágicos…

Tras esas palabras todo el salón estalló en carcajadas, e incluso hubo murmullos entre los compañeros que miraban con burla al moreno.

—¡Esos son cuentos y patrañas!

—Pero…

—¡¿Pero?! ¡No hay peros en mi clase jovencito! ¡Al rincón en este instante y no quiero saber de ti y tus mentiras en todo lo que quede de clase!

Sin poder objetar más, confundido, Antonio se dirigió hacia donde el hombre señalaba, pero en medio de su camino alguien le hizo una zancadilla y termino de bruces contra el suelo, ocasionando otra ola de risas y burlas.

Y como si se tratase de la peste, la anécdota sobre Antonio y su ensayo se esparció por todo el internado, con aspectos que ni siquiera habían ocurrido, tales como decir que el niño provenía de una familia de brujos que realizaban rituales o que en realidad decía aquello ya que padecía de sus facultades mentales. Lo único cierto es que cada rumor era más cruel que el anterior.

—E-estoy bien en serio —murmuró escondido entre los arbustos el pequeño Madrigal, en un pobre intento de limpiar su rostro cubierto de lágrimas— falta poco para que vaya a casa, así que no me preocupa…

—¡¿Qué estás haciendo loquito?! ¡¿Otra vez hablas solo?!

—¡Oigan el loquito ahora es amigo de las ratas!

—Son cuyes no ratas —trato de contradecir Antonio, mientras sus amigos roedores observaban la escena tratando de consolarlo.

—¡De seguro los va a sacrificar en alguno de sus rituales!

Las risas eran lo que más dolía al muchacho y dándose cuenta del estado en que su amigo se encontraba, los animalitos a su alrededor se lanzaron sobre los maltratadores rasguñando, mordiendo e incluso lanzando cosas contra ellos, los presentes comenzaron a dispersarse aterrados no sin antes mirar de mala manera al niño que poco tenía que ver con aquel ataque.

—¡¿Cómo es posible que tengas este comportamiento?!

Cuando llamaron a Antonio a la oficina del director, por un momento creyó que por fin se haría algo con respecto a la situación por la que estaba pasando, pero no se imaginaba que el regaño terminaría siendo para él.

—Yo no hice nada…

—¡Silencio! —espeto el mayor de los adultos presentes— Primero la queja de tus profesores y ahora esto, tus padres me informaron muy bien acerca de los "dones" que poseías y aunque me negué a aceptar un niño como tú en mi colegio, insistieron en que sólo buscaban como ser un apoyo para la comunidad, y que esta sería un acuerdo que beneficiaría a ambas partes… ¡Pero desde que llegaste no han sido más que problemas!

El sujeto tuvo que hacer una pausa para recuperar el aire tras tan largo discurso.

—Yo no hice nada —repitió casi sin fuerza— además son ellos los que siempre me molestan a mí, me empujan, tiran mis cosas y me llaman "loquito" …

—¡¿Ha tenido quejas de eso, Fernández?!

El aludido no se trataba de otro más que el profesor que había tachado de mentiroso a Antonio por primera vez, el cual dio un paso al frente sin siquiera dignarse de ver al pequeño.

—No señor, a mí nunca se me ha comentado nada y en mis clases solo hay orden y disciplina.

—Y además un mentiroso… ¡Fuera de mi vista! Mañana recibirás un castigo en proporción a tus faltas, además que sepas que de esto se enterará tu familia. Una bola de pueblerinos salvajes que no han sabido criar a un mocoso embustero.

Antonio apretó puños y dientes, deseando en ese momento que su don hubiera sido algo como la fuerza, el clima o incluso plantas, lo que sea que le diera la posibilidad de responder físicamente a tales calumnias. Se levantó con dificultad de la silla lanzando una mirada llena de rencor contra el maestro que jamás había hecho nada para ayudarlo.

Derrotado volvió a su dormitorio, lo único que deseaba era poder recostarse e intentar dormir para olvidarse de ese terrible día, pero cuando estaba por acomodar sus sábanas, lo vio, la gota que derramo el vaso de su paciencia, hecho trizas sobre el colchón se encontraba su peluche, aquel que Mirabel le había regalado el día que recibió su don, no conformes con eso, la cobija que le habían bordado el día que dejo su casa estaba manchada y pintarrajeada de arriba abajo, no la habían destruido por el simple hecho de que querían que el leyera lo que allí decía.

"Loquito"

"Regresa a tu pueblucho"

"Matate"

"Ni tus padres te quieren, por eso te mandaron aquí"

Entre muchas otras injurias hirientes de las cuales ni siquiera conocía el significado.

—¿Quién lo hizo?

Pregunto a los presentes, pero todos lo ignoraron, como si no tuvieran idea de a que se refería.

—¡¿Quién lo hizo?!

En esta ocasión se ganó la mirada de todos, pero, aunque trato de descubrir a los culpables no vio más que malicia y crueldad en aquellas expresiones de burla.

Cuando se marchó no se llevó nada más que su fiel jaguar al cual unió nuevamente con burdos intentos de costura. Con vergüenza de mostrar a su familia lo que allí había escrito, dejo atrás el último regalo que le habían hecho Mirabel y en medio de la noche, ayudado únicamente por la luz que la luna proyectaba se escabulló de aquel terrible lugar.

Ni siquiera pensó en los peligros de la selva u oscuridad de la noche, o que en carreta habían realizado un trayecto de cinco horas y el iba a pie, con las estrellas y el apoyo de los animales que encontró por el camino se orientó hasta que en lo que él mismo Antonio consideraba un milagro, volvió a casa.

Dolores fue la primera en recibirlo, lo tomo en brazos hasta llevarlo con su tía Julia, el niño estaba agotado, hambriento y no había tomado agua en horas, cuando hubo recuperado las fuerzas no quiso dar explicaciones sobre nada, decía que solo deseaba ir a su habitación, rogando porque no lo hicieran volver.

Pasaron semanas antes de que entre sus hermanos y primas Antonio revelará lo ocurrido, mostró su pequeño animal de felpa, tratando de suprimir el llanto dio un breve resumen el cuál su familia no se tomó nada bien.

La abuela Alma, Pepa y Félix fueron inmediatamente después de saber lo ocurrido hasta el internado, exigiendo que se dieran con los culpables y se les diera el castigo merecido, pero allí todos negaron que algo así ocurriera, alegando que era el niño quien no se había adaptado al lugar, no se necesitaron más palabras para que la ira de Pepa los pusiera en su lugar.

En cuanto a los más jóvenes, se dedicaron cada momento para hacer olvidar al niño aquella horrible experiencia, jugaban, conversaban, asegurándose de hacerlo sentir cómodo, sin embargo, cuando Toñito se veía rodeado de otros chicos de su edad se encerraba en sí mismo, escondiéndose tras alguno de sus parientes, demasiado asustado incluso para hablar, y aunque trataban de explicarle que todo estaba bien, que no debía tener miedo, los recuerdos de la crueldad y mofa con que fue tratado en el pasado le impedían poder confiar en nadie que no fuera ya conocido.

Aunque breve, el maltrato que padeció dejo una horrible huella en su interior, había noches las pesadillas donde una horda de niños sin rostros le señalaban con burla, gritando todo tipo de insultos, le hacían despertar bañado en un sudor frío, para ir corriendo a revisar que el lugar donde se encontraba era su hogar y que allí no había nadie que pudiera hacerle daño.


Espero que lo hayan disfrutado y cualquier comentario es bienvenido, muchas gracias por leer, un beso y abrazo.