Disclaimer:

Encanto es una película de fantasía musical animada producida por Walt Disney Pictures y Walt Disney Animation Studios.

Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.

Estas historias son parte del reto "Angstruary" de la página "Es de fanfics" son historias independientes, la mayoría no relacionadas entre sí, con temática multishipper o que no puede contener ships en absoluto. Cada episodio indicará la pareja o personajes que desarrollará. Si alguna no es de tu interés puedes pasarla de largo, sólo se pide respeto para con los lectores y autor.


"Hallucinations"

Abuelo Pedro

—¡Papá, papá! ¡Mira que bonitas flores he encontrado!

—Pero que lindas que son mi vida, ven vamos a enseñárselas a mamá.

El hombre alzó a la pequeña colocándole sobre sus hombros, a lo cual está sólo río tratando de no soltar su improvisado arreglo.

—¡Ya soy una niña grande papi! ¡No tienes que llevarme así!

—Oh no, de eso nada Pepa, tú y tus hermanos serán siempre mis pequeños aun cuando tengan cincuenta años, ahora vamos que ya casi puedo oler la deliciosa comida de mamá Alma.

Corriendo entre las flores el hombre se apresuró a llegar a casa, una pequeña pero acogedora construcción que había trabajado con sus propias manos.

—¡Papá!

—¡Julieta mi amor!

Con cuidado Pedro coloco a Pepa nuevamente en el suelo y se agacho para recibir un gran abrazo de su segunda hija.

—¡Papito! ¡Papito! ¡Papito!

—¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? —Respondió con la misma emoción.

—¡Hoy ayude a mamá a cocinar!

—¡¿En serio?!

—¡Si! —La morena dio saltitos de orgullo sin soltar a su padre—¡Mamá dijo que quedó delicioso! ¡Ven, ven, ven, tienes que probarlo y decirme si te gusta!

Tomando a Pepa de la mano y siendo arrastrado por Julieta el hombre llegó hasta la entrada, tratando de equilibrar la conversación entre sus dos animadas hijas.

—Pedro —le saludo la joven Alma con una enorme sonrisa, apresurándose a correr a su lado para besarlo— llegaste justo a tiempo, estaba a punto de servir la comida.

—¡Huele delicioso, mi amor!

—¡Yo ayude! —Gritó Julieta alzando el pecho.

—¡Y yo te traje flores mamá! —Pepa corrió hasta la mujer ofreciendo el desordenado pero bonito ramo.

—¿Y dónde está Brunito? —Pedro busco en todas direcciones de la habitación sin señales del muchacho —¿lo volviste a regañar? —Preguntó acusadoramente a su esposa.

—No lo regañe, le llame la atención que es diferente…

—Eres muy estricta, mi amor…

—¡No! ¡Tú eres demasiado complaciente y me haces quedar a mí como la mala!

—Son niños…

—¡Y deben ayudar en casa!

—De acuerdo, de acuerdo, prepara todo mientras buscó a Brunito…

—¡Yo voy contigo!

—¡Y yo también!

El par de niñas se abrazaron a las piernas de su padre, con los ojos llenos de ilusión.

—Ustedes ayuden a mamá, no vamos a dejarla hacer todo ¿verdad?

—Pero —quisieron replicar, pero el mayor las interrumpió rápidamente.

—Si cuando vuelva con Brunito ustedes ayudan a mamá a poner la mesa, él y yo lavaremos y limpiaremos todo ¿de acuerdo?

—Está bien —aceptaron de mala gana.

—¿Dónde está? —Preguntó dirigiéndose a su amada.

—¿Pues dónde crees? En su escondite de siempre…

—Voy por él y prométeme que sin regaños.

Por respuesta, la joven cruzó los brazos mirándole con enfado.

—Alma…

—De acuerdo, de acuerdo, no lo voy a regañar —cedió sintiendo algo de culpa— pero no me hagas quedar como la mala… Los niños van a creer que no los quiero…

—¡Nunca creerían eso!

Pedro se aproximo y tomó el rostro de la morena entre sus manos, depositando un dulce beso que hizo a las niñas reír por lo bajo.

—Iré por Brunito y comeremos todos como familia ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

—¡Bruno! ¡Brunito! ¿Dónde estás?

Pedro fingía no tener idea de donde el pequeño se había escondido, llamándolo para que no se asustará al verlo aparecer.

—Oye ratita —el hombre se agachó para hablar con un roedor que deambulaba en la parte trasera de la casa— ¿has visto a mi hijo Bruno?

El aludido se asomó lentamente de entre un par de muros, de reojo, Pedro noto su presencia y continúo su conversación con el animalito.

—Es un niño muy guapo e inteligente, a veces hace enojar a su mamá, pero sé que no es apropósito, ella lo regaña con la esperanza de que sea por su bien, pero al final los dos terminan tristes y arrepentidos… ¿Qué? ¿Qué dices? —El hombre colocó su oreja a la altura del suelo para pretender que oía la respuesta— ah, ya veo ¡gracias ratita!

Antes de que el niño tuviera tiempo de volver a su escondite, su padre se giró invitándolo para que se acercará.

—Este amiguito me dijo que estás triste…

—Las ratas no hablan, papá…

—¿En serio? ¿Estás cien por ciento seguro de eso?

—¿Sí? —Contesto indeciso el moreno, acercándose poco a poco hasta su padre— creo…

—Y si no hablan ¿cómo supe que estabas triste?

—¿Mamá sigue enojada conmigo? —Bruno se sentó al lado del adulto, abrazando sus piernas con una mirada de aflicción.

—No, pero me gustaría saber que paso.

—Me pidió que ayudará con la comida, pero cuando quise pasarle los ingredientes —se tomó un tiempo antes de suspirar derrotado— me tropece y tire varios platos y ollas, se enojó mucho…

—Fue un accidente…

—Pero siempre soy yo quien los provoca… Soy torpe y raro, mamá y mis hermanas piensan lo mismo…

—¡Claro que no!

De un salto, Pedro se puso de pie cargando a su hijo en brazos, cosa que sorprendió y avergonzó al muchacho.

—¡Papá!

—¡Eres un muchacho inteligente y divertido! Tú mamá, tus hermanas y yo te amamos mucho, todos cometemos errores Brunito y eso no hará que nadie te quiera menos…

El niño comenzó a gimotear, cuando pesadas lagrimas comenzaron a caer por su rostro.

—Ven, comer la sopa de mamá Alma te hará sentir mucho mejor…

Cargando en brazos con un Bruno lloroso que se aferraba a su cuello, Pedro volvió a casa, donde su esposa e hijas les esperaban en el modesto comedor, con cinco platos de comida caliente.

—¡Brunito! —Exclamó Alma corriendo a tomar al niño entre brazos— no llores, no quise gritarte… Pero mijo es que me tiraste toda la vajilla nueva…

—Perdón… ¿Todavía me quieres mamá?

—¡Claro que te quiero! Sólo me enoje, te amo mi niño.

—¡Yo también te amo hermanito! —Julia corrió al lado de su madre para unirse al abrazo.

—¡Y yo! —Pepa saltó de su asiento haciéndole segunda a su hermana.

Pedro desde su lugar observaba con felicidad la escena, a su amada esposa y sus tres hijos. Seguro de que no había una dicha más grande a la que sentía en ese momento.

Ese fue el escenario que se proyectó en la mente del hombre cuando su cuerpo reposaba boca arriba en un charco de su propia sangre, la luz del milagro que rogó desde el fondo de su ser le concedió una última visión que le dio la alegría de irse en paz, sabiendo que su amada familia estaba protegida murió con una sonrisa en el rostro, contemplando la que pudo haber sido su vida.


Espero que lo hayan disfrutado y cualquier comentario es bienvenido, muchas gracias por leer, un beso y abrazo.