"no es muy temprano para que…", bromeó al ver el consultorio abierto, pero cuando se dio cuenta de que la persona con que pensaba encontrarse no estaba, detuvo su intervención.

"Doctor Nolan, buenos días, qué tempranito usted por aquí", saludó muy educadamente al verlo entrar.

"tengo una cirugía programada para las diez de la mañana y me gusta prepararme antes", satisfizo satisfactoriamente la inquietud de la jovencita.

"pensé que venía para la despedida de la Doctora Mills", las sorpresas de la vida nunca se hacen esperar, ¿de qué despedida hablaba, porque él tenía entendido otra cosa?, pensó sin dejar de actuar tan profesional como siempre.

"claro", siguió el hilo de la conversación.

"ahora seré su enfermera, trabajaremos juntos", informó la muchacha.

"me gusta mucho la idea, realmente necesitaba una ayuda, este consultorio se cae a pedazos", bromeó.

"haré todo lo posible para ayudarlo, lo prometo", el doctor era muy profesional y entregado con su trabajo, lo apreciaban por su buen corazón.

"gracias Aurora, prometo que nos llevaremos muy bien", retribuyó su amabilidad.

"David, necesitamos hablar", una voz interrumpió la conversación.

"Robin", era el director del hospital y su amigo desde la infancia.

"te espero en mi consultorio", lo vio un poco contrariado, le hizo una seña a la enfermera y lo siguió.

"cierra cuando entres", su actitud le parecía extraña.

"aquí me tienes", decidió actuar muy serio, su amigo era el bromista y ahora estaba irreconocible.

"te llamé porque quiero que te hagas cargo de los pacientes que atiende Regina", ahora entendía su actitud, todos hablando de la partida y él sin saber nada, pero debía terminar con su ignorancia.

"puedo al menos recibir una explicación convincente", muy decidido habló, esperaba recibir la mejor noticia de su vida este día y el destino le jugó en contra.

"Regina se va, David", no era una información, era un reclamo, un regaño, un reproche, lo conocía muy bien, por eso no respondió, obedeció sin protestas a los llamados de sus instintos, se levantó y salió del consultorio.

Recogía sus pertenencias en el cuarto de médicos, ese día sería el último en el hospital, ayer su felicidad era infinita, por fin el momento que tanto había esperado le daría la libertad para tomar la decisión que la haría saltar y bailar como un adolescente, pero todo cambió inesperada y radicalmente, el destino siempre tiene trucos reservados, para ponerlos en el camino, cuando menos uno lo espera, pensaba y sin haberlo autorizado, sus ojos se llenaron de lágrimas.

"¿por qué?", tuvo que limpiarse los ojos, rogaba para tener la fuerza que necesitaba.

"David, buenos días", saludó como si nada ocurriera.

"¿cómo es que soy el último en enterarme de tu partida?", no era común verlo sobresaltado, solo que esta vez, tenía todo el derecho.

"yo…", la garganta se le cerró.

"me parece que has jugado conmigo como si yo fuera un niño", lo que escuchó, fue como un golpe en su abdomen que se encargó de quitarle el aliento, le dolía verlo así, seguía sin hablar, "no digas nada, tu silencio me lo ha dicho todo, adiós para siempre, Regina Mills, te deseo que seas muy feliz", dio media vuelta sin dejarla hablar, ni intentar acercarse, la decepción nubló sus ojos azules, y las lágrimas que contuvo antes de que llegara, comenzaron a salir sin querer detenerse, no recuperaba la compostura por más que intentó, se dedicó a terminar lo que hacía, hasta que recibió una llamada de urgencias, era un accidente y tuvo que atender a varios pacientes, ser doctora era su pasión, no había nada más gratificante que presenciar la recuperación de un enfermo.

Luego pasó el resto de la mañana en el quirófano, uno de los accidentados necesitaba una cirugía producto de un fuerte golpe en la cabeza y al ser la neurocirujana, su único objetivo fue salvarle la vida.

"lo logró Doctora, felicitaciones", recibió el reconocimiento de uno de los doctores que la asistieron.

"fue un trabajo en equipo", retribuyó la felicitación y recibió una sonrisa muy sincera.

"Doctora Mills, la necesitan en el cuarto de doctores urgentemente", le avisó una de las enfermeras.

"enseguida voy, muchas gracias", se apresuró lo más que pudo y fue adonde la solicitaban.

"¡SORPRESA!", dijeron todos en coro, cuando entró.

"no me digas que creíste que no te haríamos una despedida", habló la cardióloga Cora, realmente su nombre era más largo, pero la llamaban así de cariño.

Sus compañeros de tantos años de trabajo se reunieron para agasajarla, la conmovieron con esa sorpresa.

"estoy muy emocionada, se los agradezco", salió de la impresión.

"¡nada de agradecer, esta gran familia celebrará a lo grande!", exclamó Cora y no se dijo más, comenzó la pequeña fiesta, no debían excederse, era un hospital, pero eso no les impidió pasar un rato muy agradable como una gran familia hasta que…

"¿qué ocurre aquí?", la intempestiva aparición de la subdirectora del hospital, los paralizó a todos, ni una mosca se atrevió a volar en ese momento, pues hasta ellas le temían, era conocida por su mal carácter y su mal humor, "me parece que es horario de trabajo, se les paga para que cumplan con su deber, no para que armen desorden ni cumpleaños colectivos", muy enérgica por el enojo comentó.

"Zelina, por favor, no seas tan inflexible", recibió una mirada asesina.

"Robin, no puedo creer lo que estoy viendo, ¿también estás en la fiesta?", lo vio entrar muy animado, su sonrisa desapareció al verla.

"es la despedida de Regina", el rostro de Zelina se iluminó ligeramente, disimuló.

"si no fuera por mí, este hospital se estuviera desmoronando", les dio la espalda, sus comentarios agrios e hirientes no podían faltar, el día se alegró sorpresivamente, al fin sacaría de su camino a la bruja de Regina, así la llamaba, porque hechizaba a todos a su paso.

"Zelina, ¿cómo estás?", se perdió tanto en un mar de pensamientos, que no advirtió la presencia de la segunda persona que más odiaba en su vida.

"¡Mary!, no esperaba verte por aquí, supongo que vienes para la despedida de tu inseparable", el veneno, la envidia y el desagrado, no podían hacerse esperar.

"supones bien, que tengas un lindo día", trataba de saludarla con su mejor sonrisa y a cada comentario áspero respondía llena de esperanzas y buenas vibras, disfrutaba hacerla rabiar, Regina la reprendía por eso, aunque terminaban riendo pícaramente.

"tú también", se contuvo para no gritarle por su falta de respeto, no le dio el gusto, fingió su mejor sonrisa y se retiró.

"llegó por quien llorabas mamita", bromeó Cora, al ver que Mary entró y a Regina se le iluminó el rostro, por más que intentó, no pudo sacarle una sonrisa, pero era normal, dejaría su vida y el amor detrás, motivos suficientes para llorar un día entero, pero ella era muy fuerte y no se permitiría verse vulnerable, solo se mostraba tal y como era en presencia de alguien que todavía se preguntaba el porqué de su ausencia.

"Cora tú como siempre", comentó Mary, abrazando fraternalmente a su amiga.

"no le hagas caso y bailemos", intentó ignorar sus comentarios cuando el abrazo terminó y convidó a su amiga, para que no se perdiera la diversión.

"acepto la invitación", le siguió la corriente, sabía muy bien que Regina usaba una de sus máscaras para no derrumbarse.

Bebieron soda, comieron pizza hasta que no pudieron más y como el deber llamaba, la celebración terminó, lo enfermos, no se sanarían como por arte de magia.

Ambas amigas se quedaron solas, no era un secreto que cuando se unían, su conversación se volvía interminable y más ahora que Mary acababa de dar a luz a un bebecito hermoso y le concedieron una licencia de maternidad, pero no dejaban de comunicarse.

"¿dónde dejaste a mi sobrino?", preguntó Regina.

"en cuanto le di la noticia de tu partida a tu cuñado, se ofreció a cuidarlo, prometió llamarme si me necesitaban", se trataban como hermanas.

"no podré verlo antes de irme", comentó con pesar y su celular vibró anunciando una llamada, misma que ignoró de inmediato vio el nombre de la persona que llamaba.

"¿segura de lo que harás?", interrogó, no desconocía un detalle de su vida, tenían plena confianza para ese tipo de interrogatorios.

"di mi palabra, no hay vuelta atrás", respondió.

"y…", seguía la pregunta que tanto luchó por ignorar, por eso la interrumpió.

"nada, Mary, nada", su decisión estaba tomada, aunque su corazón se quebraba a cada segundo que pasaba.

"te apoyaré en todo so…", el sonido del celular se escuchó nuevamente, Regina permanecía inerte.

"no es el fin del mundo, solo me iré a la casa de campo por un tiempo", cambió el enfoque de la conversación, sabía muy bien que la misma persona que la llamaba, envió un mensaje, apostaba sin temor a perder.

"¿sí te has dado cuenta de que hablas conmigo, tu amiga y hermana de toda la vida, a quien no puedes engañar?", con mucha sutileza preguntó y Regina cerró los ojos respiró profundo, los abrió cuando el celular se escuchó otra vez, "Regina, te llama…", miró el nombre de quien tanto insistía, pero no la dejó mencionarlo.

"sé quien llama, Mary", se negó a responder.

"envió un mensaje, ¿puedes al menos, leerlo?", quiso hacerla entrar en razón, su amiga era muy terca, en ocasiones perdía la paciencia.

"léelo tú, si tan interesada estás", con resignación ante su insistencia y muy seria, desbloqueó su celular.

"Perdóname", los ojos de Mary se abrieron de par en par al leer el contenido del mensaje, una sola palabra que confirmaba sus sospechas, Regina no actuaba así de indiferente, cuando de esa persona se trataba, "pelearon, ¿cierto?", la miró a los ojos.

"esta mañana", no dio detalle.

"acaba de enviar otro mensaje", informó.

"no quiero saber nada", le advirtió, aunque se moría por arrebatarle el celular.

"Te espero en nuestro lugar a las cinco", leyó Mary, alternando entre las letras y los ojos de su amiga para no perderse un detalle de su reacción, no se equivocó.

"quiere verte por última vez, muchachita terca", la voz de Cora llegó para apoyar a Mary, quien la miró y asintió en señal de agradecimiento.

"¿sabes dónde es", podía percibir la indecisión de su amiga.

"la habitación 314 del Hotel Imperial", cuando Mary y Cora se unían en su contra, caía derrotada.

"amor verdadero como el de ustedes, solo ocurre una sola vez en la vida, confía en mí", aconsejó Cora, la querían como a una madre, ambas se refugiaban en la experiencia de la mujer mayor, en todos los aspectos, eligió muy bien su especialidad, porque realmente su experiencia sanado corazones era sinigual.

"no iré, no hablemos más del tema", fue su palabra determinante y las tres cambiaron de conversación, hasta que Robert, el esposo de Mary la llamó porque el bebé aclamaba por sus cuidados, se despidieron y Regina quedó bajo la tutela de su vieja amiga, Cora, quien se propuso, atravesar las barreras más impenetrables de su hija del corazón.

Un fuerte portazo que se equilibraba con su enojo, se escuchó después de su entrada, caminó frenética por todo el lugar, para calmarse o que al menos, algo se le ocurriera, no tardó ni media hora, cuando la señal apareció ante sus ojos.

Irónico, porque, con lo que odiaba la tecnología, esta vez, le sería de mucha utilidad, tomó su celular, envió un mensaje bomba que ocasionó efectivamente, el efecto esperado, el glorioso aparato sonó anunciando una llamada, se regañó, por esa alabanza, pero ni modo, la ocasión lo ameritaba.

Llamada telefónica:

"fíjate bien lo que te voy a decir imbécil, ponte las pilas porque todo mi esfuerzo no puede ser en vano", lo insultó.

"¿qué ocurrió ahora?", preguntó, su mensaje había llegado en un mal momento.

"acabo de escuchar una conversación de donde saqué los datos que te envié, deja todo lo que estás haciendo y muévete que faltan treinta minutos para las cinco", lo agitó de muy mala gana, bajo ninguna circunstancia, su brillante plan fracasaría.

"ahora no puedo", estaba muy ocupado en su oficina y no tenía tiempo para perder.

"no me importa lo que tengas que hacer, solo te advierto, si algo sale mal, no querrás encontrarte con mi furia", lo amenazó seriamente.

"no te preocupes, deja eso en mis manos, esa cita no se concretará, te lo aseguro", agradó sus oídos con lo que quería escuchar, al parecer tendría que apresurarse, si quería hacer ambas cosas.

"más te vale", colgó la llamada y se recostó en su cómoda silla, con una sonrisa malvada, esperando a que el mundo ardiera a sus pies.

La llamada fue un poco contradictoria, pero sabía que debía cumplir las órdenes de esa desquiciada, con quien se alió, porque con un solo plan, logró lo que él, en años no pudo.

"preciosa, parece que tendremos que ser muy rápidos para que nuestra despedida se concrete tal y como la planeamos", dijo con una sonrisa calculadora reparando de arriba hasta abajo la escasez de ropa de la mujer frente a sus ojos.

"no te vayas", suplicó con voz de niña malcriada.

"no me pongas esa carita que hemos hablado de este tema", la dio tal apretón contra su cuerpo que la hizo estremecer, "ahora, sé una niña obediente y pórtate bien, que tu buen comportamiento será premiado por tu dios", comenzó a repartir besos por el cuello femenino y ambos se perdieron en el calor del momento, ahora disfrutaría, luego se encargaría de arruinar el encuentro de Regina y David, mientras viviera, se dedicaría a separarlos, así fuera lo último que hiciera.