No tenía muchas esperanzas de que asistiera a la cita porque ni le respondió la llamada y tampoco recibió un mensaje como respuesta, igual reservó en la habitación donde acostumbraban encontrarse y decidió que la esperaría por si cambiaba de opinión, aunque no la culpaba, su actitud de la mañana no lo ayudaba mucho que digamos.

Llegó media hora antes de lo acordado, se quitó el chaleco de cuero que cubría el pulóver ajustado que llevaba puesto junto a unos jeans azul oscuro que lo hacían ver muy varonil, el clima no era caluroso, pero la ansiedad y el nerviosismo de que sus planes no salieran tal y como quería, lo tenían acalorado con una fina capa de sudor que hacía su piel brillar, caminaba de un lado al otro de la habitación con la intención de calmarse y relajarse, hasta que el reloj marcó las cinco en punto y nada de su presencia, ni siquiera una llamada, las pocas esperanzas se agotaban inevitablemente, pero se mantuvo firme por media hora más, ¿de dónde sacó tanta paciencia?, ni él mismo sabía, de lo que sí estaba seguro, era de sus sentimientos hacia Regina.

Cuando perdió la batalla entre su cabeza y su corazón, se convenció a sí mismo de que su sueño de amor había terminado de la peor manera, la vida se encargaba de quitarle otro amor, pero esta vez dolía el doble, se tendría que acostumbrar a la idea de olvidarla, sabiendo que su corazón latía por ella y para ella, recogió su chaleco, lo colocó en su hombro con mucha decepción, cabizbajo se acercó a la salida, miró hacia atrás como guardando en su memoria los momentos hermosos que pudieron ocurrir dentro de esas cuatro paredes y que ya no serían posible, apagó la luz de la habitación, sacó la llave de su bolsillo, quitó el cerrojo y colocó su mano en la manilla de la puerta para abrirla, y salir de ese lugar dejando atrás a su corazón desecho en mil pedazos.

"¡Regina!", abrió los ojos de la sorpresa, el alma volvió a su cuerpo y su corazón, emprendió vuelo nuevamente.

"perdón por llegar tarde", iba dispuesta a reprocharle por su comportamiento tan inexplicable de la mañana, pero al verlo delante de ella y recibir esa mirada tan profunda de esos ojos azules en los que irremediablemente se había perdido desde hacía tantos años, sus planes iniciales cambiaron radicalmente.

"¡viniste!", exclamó en señal de asombro, no creía que su presencia fuera cierta, debía convencerse de que no fuera un sueño, como ambos permanecieron estáticos en el lugar, tomó una de sus manos y la colocó encima de sus labios para depositar un largo beso cargado de mucho sentimiento, estaba fría y sus ligeros e imperceptibles temblores le indicaban lo insegura que se sentía, para brindarle la seguridad que necesitaba, la atrajo hacia él en cámara lenta al mismo tiempo que alternaba sus ojos en su hermoso cuerpo que lucía una falda blanca alta muy ajustada a su escultural figura y una blusa roja de tirantes, sus altos y finos tacones le daban ese toque femenino que tanto amaba en ella, lucía hermosísima, le sonrió tímidamente cuando percibió que la desnudaba solo con la mirada, entonces comenzó a dejar cortos besos a lo largo de su brazo embriagándose de su delicioso perfume, su piel se electrizaba con sus atenciones y al verla reaccionar de esa forma, sus propios deseos se encendían.

"perdón", dijo entre dientes, cuando no pudo contenerse más ante las caricias y las atenciones de David.

"no digas nada, por favor", le suplicó en un susurro.

"pero…", intentó rebatir, porque necesitaba decirle, no sabía de dónde sacaría las fuerzas para explicarle, era por eso que no se había atrevido a enfrentarse a él para que supiera el porqué de su decisión tan inesperada de partir, no le permitió decir una palabra más, la calló con un beso hermoso que la hizo olvidar su nombre, así era como se sentía en sus brazos, deseada, querida, cuidada, protegida y amada, como una mujer viva, completa realizada y feliz.

Al tenerla, por fin entregada a sus besos, a sus abrazos y a sus caricias, cerró la puerta y la hizo caminar dentro de la habitación y detuvo el beso cuando necesitaron respirar, la abrazó con mucha devoción y se apartó por un instante en el que se dio cuenta de que todo su ser la extrañaba, no era algo nuevo, porque desde que decidió afrontar lo que sentía por ella, no la quería fuera de su vida, por eso quiso pedirle que no se fuera, que se quedara con él, pero no quería forzarla, no acostumbraba presionarla, sabía de su terquedad y de lo que era capaz de hacer cuando se sentía acorralada, por eso, decidió desvivirse en atenciones, si lo elegía, no quería que fuera bajo presión.

Había pedido una botella de champán bien frío y le ofreció una copa la que recibió muy gustosa y cuando se sirvió la suya, tomó un tulipán negro, su flor preferida, la cual compró precisamente para que no se olvidara de ese momento por el resto de su vida.

"una flor para mi reina", la sonrisa que Regina le regaló ante tan lindo detalle, lo hizo sentirse el hombre más afortunado de todos, ni un sorbo de champán pudo tomar, su autocontrol se desvaneció, dejó la copa en una mesita y apartó la de ella de su camino para perderse en la pasión, el deseo y la satisfacción de tenerla con él, para amarla como se lo merecía, ya no había vuelta atrás, pasaron la mejor tarde de todas las que anteriormente habían disfrutado juntos, quizás porque ambos sabían que era la última vez que podrían estar así, que después de ese momento, no se verían más, que sus vidas se apartarían para siempre, se quedaron profundamente dormidos abrazados, como no queriendo separarse, pero sabían que no era eterno.

Casi eran las seis de la tarde cuando llegó al hotel, se había distraído más de lo planeado, si su cómplice se enteraba de su tardanza, lo colgaba de un árbol, pensaba mientras acariciaba su cuello de solo imaginarse pataleteando por aire una vez la soga se ajustara imposiblemente robando su vida en el acto, tragó pesado para recuperar la compostura.

"¿necesita ayuda?", le preguntó uno de los empleados del hotel y se concentró en cumplir su misión.

"quiero darle una sorpresa a mi esposa", dijo con una expresión pícara y el empleado entendió perfectamente, le hizo un gesto para que lo siguiera, subieron las escaleras para no ser vistos hasta que estuvieron delante de la habitación, el empleado quitó el cerrojo de la puerta, él sacó una pequeña suma de dinero de su bolsillo y se la entregó al empleado por sus servicios y ambos se hicieron una seña de agradecimiento.

"suerte", le deseó el empleado antes de dejarlo solo frente a la puerta de la habitación 314, suspiró antes de abrirla, por la sorpresa que podría encontrarse, luego de armarse de valor por unos segundos, entró.

Un silencio solemne reinaba en la habitación, había ropa esparcida por todo el lugar, una botella de champán terminada, dos copas y sobre la cama una pareja dormía plácidamente, solo que sus cuerpos estaban cubiertos completamente por un grueso y esponjoso edredón, seguro por el frío del aire acondicionado, que no había sentido porque su ira y su furia por la escena se lo impedían, muy sutilmente se paró de un lado de la cama, tomó una punta del edredón y lo alzó para descubrir los rostros de la pareja que allí yacía.

"¡AH!", un grito femenino se escuchó y él le hizo un gesto para que se callara, aquella mujer no tenía nada que ver con la que esperaba encontrar.

"¿salga de aquí?, ¿quién lo dejó entrar?, llama a seguridad mi vida", ordenó el hombre que acompañaba a la mujer, estaba tan confundido por la escena que comenzó a caminar marcha atrás en dirección a la salida y cerró la puerta tras él.

Se maldijo por lo que acababa de ocurrir, todo era mentira, Regina no estaba con David y él había pasado la vergüenza más grande su vida, salió del hotel apresurado, actuó muy normal, se montó en su auto y condujo a toda velocidad, tendría que calmarse antes de tomar alguna decisión, pero estaba convencido de que no se quedaría con los brazos cruzados, alguien tendría que pagar por el papelón que había hecho.

Pequeños y deliciosos besos la hicieron abrir los ojos, se sentía la mujer más feliz, era una escena muy íntima, estaba en brazos del hombre que amaba y que la amaba de igual manera, aseguraba que podría quedarse así por el resto de su vida.

"te extrañaba", dijo mirándola intensamente a los ojos, ¿cómo era posible que la extrañara si estaban uno del lado del otro en la misma cama?, pensó y una sonrisa se dibujó en su rostro, no pudo responder, sus besos la callaron.

"me quedaría así para toda la vida", dijo entre sus labios y el beso terminó de inmediato esas palabras salieron de su boca sin pensarlo, la miró con el corazón y con el alma, se sentía vulnerable ante él y la aterraba.

"te amo, Regina", confesó esas palabras sin apartarse, su corazón saltó de alegría y de tristeza al mismo tiempo.

"David…", su mano se posó en sus labios.

"lo sé", se estaban despidiendo, no era justo para ninguno de los dos esa confesión, solo que su corazón se lanzó al vacío sin que lo previera, la abrazó y ella correspondió ese gesto con la misma intensidad, "vamos", una simple palabra implicó todo el dolor que sentía por dejarla ir sin impedirlo, siquiera.

Regina se levantó para comenzar a vestirse mientras David se acomodó en la cama con sus manos detrás de la cabeza sosteniendo la almohada, para observarla con una sonrisa burlona en sus labios sin perderse un detalle de sus movimientos.

"¿qué?", preguntó siguiendo su juego.

"tengo enfrente a la mujer más bella del mundo entero, es imposible no admirarla, ¿me culpas?", razonó y le sonrió, amaba su sinceridad.

"levántate anda", lo animó y quiso subir el zíper de su falda en un intento fallido.

"permíteme", lo vio saltar de la cama para ayudarla, cerró su prenda a una velocidad torturadora y escurrió sus manos por su cintura para ponerlas encima de su vientre en un tierno abrazo.

"gracias", agradeció e inclinó su cabeza en su pecho todavía desnudo y colocó sus manos encima de las de él, permanecieron así por un instante, hasta que él bajó la cabeza para acercar sus labios en un beso lento, pero apasionado, ella envolvió sus manos en su cuello y respondió ese beso tan delicioso que no quería que terminara, poco a poco la hizo voltearse para tener mayor acceso a sus labios y poder abrazarla con facilidad.

"guardaré este beso para siempre", comentó cuando el beso terminó y sus frentes se unieron para mirarse a los ojos y decirse adiós silenciosamente.

"yo también", susurró Regina, sabía muy bien que ese era el final, que tenía que dejarlo, respiró profundo, se separó, se puso los zapatos, regresó a su lado, le dio un pequeño beso en los labios y salió por la puerta, donde recostó su frente y las lágrimas no se hicieron esperar, lo que no sabía era que, del otro lado, David estaba en las mismas condiciones.

Lo pensó muy bien antes de tomar una decisión, condujo hasta el lugar que quería ir y entró sin llamar a la puerta, ni anunciar su presencia, estaba demasiado enfurecido como para andarse con formalidades.

"escúchame bien, la próxima vez que me hagas pasar una vergüenza como esa, quien te quemará viva seré yo", entró sin previo aviso y la tomó por el cuello casi sofocándola.

"¿qué bicho te picó?", pudo hablar cuando sacó las manos de su cuello.

"vengo de la habitación donde me dijiste que estarían y no los encontré", la expresión de confusión y de asombro se dibujó en su rostro.

"no lo entiendo, escuché perfectamente cuando la mosca muerta de Mary leía el mensaje que David le envió a Regina para concretar la cita", explicó.

"pues te engañaron", la furia lo superaba.

"calmémonos", siempre era la que pensaba y calculaba cada movimiento.

"no me pidas que me calme cuando mi mujer anda con otro", alzó un poco la voz.

"no me hagas reír, eres un inútil que no supiste retenerla, mi querido, es tarde, por suerte ahora cuentas con mi ayuda", alardeó como la heroína de la situación.

"mejor me voy, no estoy para tus insultos", caminó dispuesto a irse.

"ah Graham", lo llamó y tuvo toda su atención, "no falles", le apuntó con el dedo amenazadoramente, salió sin decir palabra.

Terminaba de empacar las maletas cuando escuchó la puerta de la casa abrirse.

"¿GRAHAM, ERES TÚ?", gritó desde el cuarto.

"soy yo", respondió cuando estuvo cerca de ella.

"te esperaba", dijo sin dejar su labor de doblar la ropa dentro de las maletas.

"¿todo está listo para nuestra partida?", se acercó a ella intentando besarla y ella se apartó disimuladamente.

"¿cómo te fue en la oficina?", interrogó.

"un profundo dolor de cabeza todo el día, pero lo dejé todo arreglado", la mención de su malestar la hizo preocuparse, era precisamente lo que esperaba.

"¿tomaste los medicamentos que te receté para el dolor?", al saber de su condición y de su negación porque ella se encargara personalmente, hizo lo poco que le permitió y le recetó unos calmantes.

"gracias por preocuparte por mí y por aceptar venir conmigo al campo", mencionó sus palabras y ella lo abrazó.

"vamos que primero debo llegar al hospital", Robin la había llamado para que firmara su renuncia oficial del hospital.

Cuando las maletas estuvieron en el auto y cerraron la casa despidiéndose de los tantos años que vieron allí juntos, condujeron rumbo al hospital.

Salió de la oficina de su amigo Robin y caminaba por el salón de espera del hospital, esperaba a Graham para por fin partir.

"¿Regina?", una voz que pensó no escuchar nunca más se cruzó en su camino.

"David", se quedó paralizada al verlo frente a ella.

Otra palabra no se escuchó entre los dos, ambos querían abrazarse, acariciarse, besarse, pero ninguno de los dos dio el primer paso.

"mi amor es hora de irnos", Graham interrumpió la escena, la tomó por la cintura y la abrazó, Regina se tensó ante su gesto, pero no se movió, trataba de recordar cómo hablar y caminar en ese momento.

"que tengan buen viaje, adiós Regina", lo que le faltaba escuchar, las palabras de despedida que tanto había evitado.

"gracias doc, espero vernos pronto", respondió Graham con mucho cinismo y David los dejó solos, no podía soportar más la situación.

Entró a su consultorio y ni se fijó que la puerta se quedó entreabierta tras su entrada, esa no era una cuestión de importancia, se recostó a la ventana sin saber lo que realmente quería hacer en ese momento y los vio salir del hospital, todavía Graham sostenía a Regina a quien le costaba mucho trabajo dar un paso, sus lágrimas brotaron por sus mejillas al verla alejarse, ahora sí, para siempre y en brazos de otra persona que no era él, alguien que no la hacía feliz, lo sabía mejor que nadie, no paró de mirarla hasta que partieron en el auto y permaneció un rato más con su mirada perdida en la nada, con la intención de calmarse, debía tener sus cinco sentidos controlados, estaba de guardia esa noche y los pacientes no podían pagar por sus problemas sentimentales.

"Doctor David, la paciente entró en trabajo de parto", informó con mucha amabilidad.

"gracias Zelina, enseguida voy", habló sin mirarla.

"¿usted se siente bien?", sabía la respuesta, acababa de ver a Graham y a Regina cuando se marchaban.

"sí", siempre lo trataba con mucha delicadeza, aunque no se comportaba así con los demás, estaba pensando seriamente en considerar la posibilidad de que estuviera enamorada de él, como tantas veces Regina se lo había dicho y pensaba que eran celos.

Respiró profundo, tratando de que Zelina no se diera cuenta del estado en que se encontraba y salió a cumplir con su deber, y así pasó las próximas dos semanas, hizo horas extra tratando de refugiarse en el trabajo, incluso olvidando sus otras responsabilidades.

Ese día, como otro cualquiera, la actividad en el hospital fue rutinaria en la mañana, atendió un parto gemelar y salió del salón de parto muy contento al ver que sus padres disfrutaban de los recién nacidos, no pudo evitar pensar en lo hermoso que hubiera sido estar así con Regina con un bebecito en sus brazos y él acariciándolos a ambos y sintiéndose el hombre más completo, se vio obligado a salir de sus propios pensamientos cuando se dio cuenta de que esa realidad que se moría por vivir, ya no podía ser posible.

En la tarde cuando se preparaba para la consulta con los pacientes recién operados y chequear que su recuperación marchara en óptimas condiciones.

"doctor, debe ir a urgencias de inmediato", Aurora agitada le informó y al percibir la preocupación en su joven rostro, salió sin importarle nada más.

"David, qué bueno que llegaste", vio a Robin con lágrimas en sus ojos, ese día estaba de guardia y en la sala de urgencias la actividad era intensa, no entendía su reacción, su amigo era muy profesional como para derrumbarse en plena labor médica.

"¿qué sucede, Robin?", tuvo que preguntar, su amigo estaba inconsolable.

"Regina", ese nombre bastó para que Robin lo dejara solo y saliera dejándolo con la enfermera.

"¿de qué habla Robin, Aurora?", a pesar de su corta experiencia, la joven permanecía muy sosegada frente a él.

"tuvo un accidente y está muy grave", informó, lo guió hasta donde estaba Regina.

Ensangrentada, inmóvil, golpeada, mal herida, así fue como la encontró al llegar al lugar donde le practicaban todo tipo de exámenes para saber la envergadura de sus golpes y contusiones.

"doctor Nolan, ¿es usted quien se encuentra frente al caso?", el técnico de rayos x preguntó.

"sí", respondió recibiendo en sus manos los resultados de las pruebas practicadas a Regina.

"Aurora, que la lleven al quirófano sin perder el tiempo", ordenó y se alejó del lugar.

Ese día se había sentido muy ansiosa, un mal presentimiento no la dejaba concentrarse, solo su bebé logró calmarla un poco, por suerte su esposo se tomó el día libre y se encargó de quitarle un poco de responsabilidad en las labores del hogar, después del almuerzo acostó a Neal en su cunita y se disponía a dormir la siesta cuando recibió una extraña llamada telefónica que la hizo entender el porqué de su preocupación.

"Robert, debo ir al hospital", informó a su esposo quien trabajaba muy ensimismado en el ordenador.

"¿qué sucede?, ¿por qué la prisa?", cuestionó.

"Regina tuvo un accidente", su preocupación crecía por su amiga y hermana, por lo que David le dijo por teléfono, no habían muchas esperanzas por la gravedad del accidente.

"ve en mi auto", ofreció y en silencio le agradeció, se despidió de él y partió rauda y veloz para el hospital.

Al primer lugar donde llegó fue al consultorio de David quien estaba allí, desecho en brazos de Cora, que al saber lo que ocurría, también quiso ayudar.

"Mary, al fin llegaste", dijo la mujer mayor.

"gracias por venir", agradeció David.

"díganme el estado de mi amiga", exigió firmemente.

"míralo con tus propios ojos", David encendió las luces de la pequeña pantalla que utilizaban para leer los rayos x.

"necesita una cirugía con urgencia", se dio cuenta de la condición de su amiga y llegó a la conclusión de que si no recibía tratamiento se podía morir.

"por eso te llamé", explicó David.

"¿quieres que sea yo quien la opere?", asombrada cuestionó.

"no veo otra neuróloga entre nosotros, estás perfectamente calificada para esto", respondió David.

"no puedo, no soy neurocirujana", replicó temerosa, se encontraba en una encrucijada, la vida de u amiga pendía de un hilo.

"eres la asistente de Regina y has presenciado su trabajo por muchos años", quien único podía hacerlo era ella.

"hija, no tengas miedo, David tiene razón, además, no estarás sola", intervino Cora para darle ánimo a la joven doctora.

"no hay tiempo que perder", reaccionó de inmediato escuchó las palabras de su vieja amiga y los tres se prepararon para la operación de Regina, misma que tardó horas.

Luego de las seis horas de la recuperación después de la cirugía, la trasladaron para un cuarto, donde todo tipo de pantallas monitoreaban sus latidos cardiacos, su respiración y la mantenían viva.

"se pondrá bien, mi niño", David no paraba de observarla, con su cabeza completamente vendada por la operación, sus ojos cerrados y acostada en esa camilla de donde no sabían si despertaría algún día debido a que tuvieron que inducir un estado de coma por su complicada condición de salud.

"gracias por estar con nosotros, Cora", conocía a la cardióloga hacía muchos años y al igual que Regina y Mary, la consideraba como su madre del corazón, además de que fue una de las personas que, estuvo a su lado en el momento más difícil de su vida, unos años atrás y al parecer, también estaría acompañándolo ahora, para darle la fuerza y el apoyo en este momento tan complicado.

"¡mi esposa!", llegó Graham, aclamando por Regina.

"baja la voz, es un hospital", lo requirió Cora y él torció sus ojos con mucho desagrado.

"tu esposa tiene un accidente y te apareces a las horas, ¿qué clase de marido se supone que eres?", preguntó David muy furioso.

"eso no te incumbe", respondió de mala manera, ¿quién se creía para pedirle cuentas sobre su comportamiento hacia su esposa?, atrevido.

"¡suficiente!", exclamó Cora, la conversación se subía de tono, ambos hombres pusieron un punto final a su comportamiento, "vamos David", lo tomó del brazo y lo alejó de allí, sabía muy bien de su rivalidad con Graham, por lo que quiso evitar que la situación se complicara.

Así pasó un mes, Graham no salía de la compañía de su esposa, pero se tuvo que resignar a la idea de que David fuese el doctor quien la atendía.

No tenía muchas oportunidades para estar a solas con ella, pero siempre se las ingeniaba, cuando el troglodita de su esposo se iba a comer o a cambiar de ropa.

Su condición de salud empeoraba conforme pasaban los días, el momento de ver sus hermosos ojos mirándolo de nuevo, se desvanecía de su mente, no vivía pensando que la vida lo puso por segunda vez en la misma situación, la primera vez vio a su primera esposa, morir delante de sus ojos por una enfermedad renal, la que descubrieron muy tarde y no le dio tiempo a que tuviera oportunidad de salvarla, ahora, tampoco estaba en sus manos que Regina despertara, dependía de ella y solo de ella.

Esa mañana, aprovechó que Graham había salido a desayunar, y entró al cuarto de Regina a chequear su estado, se sentó a su lado de la camilla y tomó su mano, la acarició tiernamente, cuando un recuerdo en particular provocó que sus ojos se cristalizaran.

Al morir su esposa, tuvo que cuidar a su hija adolescente, Emma era una niña muy rebelde, se negaba a asistir a la escuela y entre la angustia de la muerte de la mujer que más amó en su vida, su hija y el hospital, sentía que se volvía loco, sus compañeros de trabajo lo apoyaron mucho, pero debía darle el crédito a tres personas en particular, la cardióloga Cora Heart y a las neurólogas Mary Blanchard y a Regina Mills, quienes se dieron a la tarea de hacerle compañía tanto a él como a su hija.

Pasó el tiempo y tanto él como su hija superaron un poco el mal momento, Emma se encariñó tanto con Regina, al punto de volverse inseparables, todos sus secretos se los contaba a ella primero que a él y no eran celos, apreciaba mucho que en ella hubiese encontrado la confianza que necesitaba, la admiraba y su amistad creció durante ese tiempo que lo estuvo ayudando en su casa, además hacía tiempo que había notado la tristeza y la infelicidad en los ojos de su amiga, a la que sin darse cuenta comenzó a ver diferente.

Pasó mucho tiempo para que analizara y aceptara lo que realmente ocurría en su herido corazón, el que sin que lo percibiera siquiera, había sanado porque ahora otro amor ocupaba todos sus pensamientos, aunque era imposible, Regina era casada, infelizmente casada, pero prohibida, una mujer prohibida.

No fue hasta un día que presenció una fuerte discusión entre ella y su esposo que no se decidió a confesarle sus sentimientos.

"interrumpo", entró al cuarto de médicos cuando ambos salían de una intensa guardia y tuvieron que doblar turno.

"David, tú nunca interrumpes", acababa de cambiarse de ropa para marcharse.

"te invito a comer", lanzó su invitación, no sabía cómo lo tomaría, porque ni respondió, "no te preocupes, fue un impulso, no debí, sé todos los problemas que te he ocasionado con tu esposo", se excusó y quiso salir del lugar.

"escuchaste, ¿verdad?", preguntó casi sin voz, le apenaba que lo supiera.

"fue sin querer, venía a consultar algo contigo y lo escuché reclamándote sin razón", Graham la culpaba de sostener una relación con él a escondidas y ella se empeñaba en negarlo.

"perdón, que hayas presenciado, semejante espectáculo", lágrimas de vergüenza salieron de sus ojos, no pudo más y la abrazó.

"no mereces a ese hombre", se le escapó el comentario, y permanecieron así por un rato, pudo percibir la tensión en el menudo cuerpo entre sus brazos, el que poco a poco se relajaba, al separarse ambos quedaron a un paso de besarse y ahí se detuvieron para mirarse intensamente a los ojos.

"debo irme, gracias por tu apoyo", escapó de lo que acababa de ocurrir y mencionó esas palabras, aunque realmente quería decirle que su abrazo era precisamente lo que necesitaba para calmarse un poco.

David solo asintió y se retiró, pero tomó la decisión de no rendirse con ella, en sus ojos vio una chispa que lo hizo afianzar su posición y así fue, durante los próximos días, trató de acercarse a ella un poco más, hablaban de temas relacionados con su hija y hasta en ocasiones ella la invitaba a cenar en su casa y por tratarse de Emma no se negaba.

La muy pilla de su hija, le jugó una pala pasada, les organizó una cena sorpresa y los dejó solos, ninguno de los dos se lo esperaba, pero la oportunidad de tenerla allí, no la dejaría pasar.

Cenaron en plena armonía, hablaron de todos los temas, bromearon con experiencias vividas hasta que tocaron un tema en especial.

"Regina, hace tiempo que he querido tener esta conversación contigo", introdujo, era hoy o nunca.

"David, no quiero que confundas las cosas", quiso evitar el tema a toda costa.

"hace mucho tiempo que mi corazón dejó de estar confundido", respondió con mucha firmeza.

"amistad es lo único que puedo ofrecerte", advirtió.

"sé que estás casada, lo menos que quiero es ocasionarte un mal entendido con Graham", quería que supiera, que con él no encontraría un problema, era el último de sus propósitos.

"no quiero…", quiso detenerlo, pero lo que dijo después, la dejó inmóvil.

"¿hace cuánto tiempo que no te sientes amada por tu esposo, hace cuánto tiempo que no tienen una cita romántica, hace cuánto tiempo que lejos de pelear, se besan hasta perder la noción del tiempo?", los ojos de Regina no podían abrirse más.

"me tengo que ir", se paró del sofá para irse y David la detuvo.

"piensa en mi pregunta, no te estoy presionando", Regina lo miró por última vez y se marchó, con un torbellino de pensamientos en su mente

Al día siguiente, trató de evadirlo, lo más que pudo, pero él la buscó por todas partes, hasta que la encontró.

"David, no quiero que hablemos", le dijo cuando lo vio entrar en su consultorio y cerrar la puerta.

"no me iré de aquí hasta que me contestes la pregunta que te hice anoche", comenzó a caminar hacia ella, se lavaba las manos después de terminar con su último paciente.

"ya te dije, solo podemos ser amigos y es mi decisión final", quería que se fuera, durante toda la noche no puso sacarse de la mente sus palabras del día anterior, además, ¿a quién mentía?, lo menos que quería era tenerlo lejos, llevaba tiempo amándolo en silencio y por respeto a su esposa fallecida, reprimió sus sentimientos, su esposo tenía toda la razón en insinuar que sentía algo por él, aunque lo mantuviera oculto.

"no quiero tu amistad, Regina, no me puedes pedir eso cuando…", pausó, no sabía ni por qué.

"¿cuando qué, David?", lo desafió y se acercó peligrosamente a su oído.

"porque cuando te veo en lo único que pienso es en tenerte entre mis brazos, besarte hasta que no puedas respirar y hacerte el amor", ninguno de los dos se contuvo y se besaron por primera vez con todo el sentimiento que habían inhibido por tanto tiempo.

"mi amor", la voz de Regina lo trajo de vuelta al presente, haber sido la primera imagen que viera al despertar del coma, fue lo mejor que le hubiese ocurrido.

"¡Regina!", Graham interrumpió el momento.

"¿quién eres tú?", preguntó muy confundida y asustada.

Graham intentó responder, David lo detuvo, sabía perfectamente lo que este síntoma significaba, aunque debía hacerle algunas pruebas para estar seguro, pero Regina, padecía de amnesia.