Regina fue sometida a todo tipo de exámenes, David quería asegurarse de que estuviera completamente sana, que no existía ninguna secuela producto del accidente, excepto la amnesia, de la que no podía asegurar si se recuperaría o no, a un paciente con amnesia es prácticamente imposible dar un diagnostico certero, le dolía en el alma verla así, no conocía a nadie, ni su nombre sabía, por eso tuvo que decírselo, pero como parte del tratamiento, era necesario que nadie hablara sobre su vida, quería que ella misma fuera recordando, en el hospital conocían sobre su diagnóstico médico y por eso no se preocupaba porque interfirieran en su recuperación, al contrario, recibiría la cooperación de todos para que Regina saliera de ese estado, lo más pronto posible, del que sí temía, era de su esposo, a quien vio muy ansioso desde que Regina abrió los ojos y no lo reconoció, por eso también tuvo que hablarle de su parentesco, lo amenazó con llevársela del hospital si no lo hacía, el muy cobarde no se conformó, esa mañana siguió con el tema, quería llevársela de inmediato, no lo permitiría.

"es mi esposa y soy quien tomará todas las decisiones con respecto a su bienestar, estar en su casa, con su esposo, es lo mejor", David lo había citado en su consultorio, porque le estaba colmando la paciencia y debían conversar en un lugar reservado.

"y yo soy su médico, así que seguirás mis indicaciones al pie de la letra, te guste o no", le habló muy calmado, aunque su insolencia y su falta de educación no ayudaban mucho a mantener su compostura.

"eres su médico muy en contra de mi voluntad, si pudiera cambiaba eso", recalcó para que supiera que no estaba de acuerdo en lo más mínimo.

David respiró profundo, antes de hablar, "puedes buscar otro médico que atienda a tu esposa, nadie te obliga, te puedo llamar al director del hospital para que atienda tu demanda", aseveró su tono, ¿quién se creía?

"no me amenaces, doctorcito, ¿crees que, porque mi esposa te regaló un par de risitas, eres su dueño?", lo desafió abiertamente, no sabía nada de lo que decía, David prefirió dejarlo en su error, solo escribió un mensaje en su celular y lo dejó hablar, "eres un cobarde, respóndeme, ¿o me tienes miedo?", recibió una mirada serena, se enfureció más, "'Regina es mía, se casó conmigo para toda la vida, ningún hombre la hace feliz como solo puedo hacerlo yo!", esas palabra provocaron que David casi riera a carcajadas, disimuló, bajo ninguna circunstancia la dejaría expuesta de esa forma.

"tú no quieres a nadie, Graham y menos…", la puerta del consultorio se abrió de repente, agradeció, porque sentía que caería en su juego y era lo que menos quería.

"buenos días, aquí estoy", la voz de Robin provocó un silencio dramático en la escena.

"me alegro mucho de que hayas llegado, acá el señor, no está conforme con que yo sea el doctor que atienda a su esposa, ¿qué podemos hacer ante su queja?", David ni siquiera saludó a su amigo, quien de inmediato entendió lo que ocurría entre ambos y actuó como un verdadero héroe.

"nada, porque no existe en este hospital ni en el país entero, otro doctor más capacitado que David para tratar a Regina, además, se trata de la vida de tu esposa, ¿cierto?", sus palabras fueron como un cubo de agua fría, porque ambos amigos solo sintieron que la puerta del consultorio se abrió y se cerró, bruscamente, eso significaba que habían ganado la pelea.

Sabía muy bien que estaba en desventaja en contra de David y de Robin, por lo que se fue sin mencionar palabra, ahora caminaba por el pasillo principal del hospital, y su celular vibró en su bolsillo, detuvo su paso, miró el nombre de la persona que llamaba y el primer instinto fue colgarle, pero si lo hacía, insistiría hasta que no le contestara, así que cedió ante sus caprichos, como siempre.

Llamada telefónica:

"¿qué quieres ahora?", llamó en un momento muy inoportuno, tendría que pagar las consecuencias de su mal humor.

"quiero que nos veamos", era urgente que tuvieran una conversación, desde que Regina abrió los ojos, no encontraban el momento adecuado, además, nadie podía verlos juntos, podrían sospechar.

"ahora es imposible", siguió con sus malas respuestas.

"entonces eso significa que tengo luz verde para matar a tu queridita esposa", lo amenazó, no era la primera vez que escuchaba las mismas palabras.

"si le tocas un solo cabello a Regina, juro que tendremos otro funeral", no había necesidad de matarla, si no se acordaba de nada y dudaba que algún día recuperara la memoria, por eso se aprovecharía.

"entonces, haz lo que te digo y no te hagas el gallito fino conmigo, ambos sabemos que no eres más que un pollito recién nacido", nadie lo conocía tan bien, ni siquiera Regina.

"en el lugar de siempre, ¿entonces?", tuvo que ceder en contra de su voluntad.

"así me gusta, tienes diez minutos y has desperdiciado la mitad", lo urgió y de inmediato colgó la llamada, era un atrevido, tenía que ponerlo en su sitio.

La conversación terminó y casi no le daba tiempo de ir al cuarto de su esposa, luego la vería, ahora se encargaría del asunto que tanto lo molestaba y quizás, hasta se diera una vuelta por su oficina, para desestresarse, con ese pensamiento sonrió muy socarrón, salió del hospital con una sonrisa en sus labios.

Ese día, tenía clases en la tarde, por eso aprovecharía para visitar a su padre al hospital y de paso, vería a su amiga, pero al llegar, el orden de sus planes se alteró, su papá estaba en la sala de urgencias muy ocupado, por lo que se dirigió hasta el cuarto de Regina.

Abrió la puerta con mucha cautela, estaba allí tendida en aquella incómoda cama de hospital y ya no estaba conectada a toda aquella cantidad de aparatos, la primera vez que su papá la trajo a visitarla, casi lloró de solo verla así, la verdad era que le tenía mucho cariño, se acercó lentamente a ella y se percató de que dormía, con mucha delicadeza, acarició su rostro, era hermosa, de eso no tenía la menor duda, no por gusto su padre babeaba por ella, permaneció allí unos minutos y cuando menos lo imaginó escuchó la puerta y se sobresaltó.

"Emma, ¿qué haces aquí?", la voz de su papá, la alivió, pensaba que quien había entrado era Graham, el esposo de Regina a quien no toleraba.

"vine a verte y como estabas ocupado aproveché para visitarla", explicó la jovencita.

"¿la escuela?", solo preguntó, Emma captó el mensaje de inmediato.

"por la tarde", vio a su padre respirar aliviado.

"buenos días, doctor, no sabía que vendría, lo hubiese esperado despierta", fueron las palabras de Regina, tuvo que dormir un poco la mañana, desde que despertó del coma, unos sueños muy raros no la dejaban descansar en las noches, por eso se sentía cansada a toda hora del día.

"vengo a tu revisión diaria, pero tengo la buena noticia que pronto me entregan los resultados de tus exámenes y podrás irte a casa", no quería verla partir nuevamente, pero no le quedaba otra alternativa, ya tendría que acostumbrarse nuevamente.

"¿me podré ir del hospital?", dijo con asombro, aunque no recordaba nada del lugar al que iría, se libraría de la incomodidad de esa cama y el olor desagradable al que no se acababa de acostumbrar.

"así es, tu esposo te llevará a tu casa", le molestaba escuchar que no sería con él con quien se iría, pero así estaban las cosas, tendría que resignarse.

"por cierto, ¿dónde está?, siempre me da el saludo de buenos días y no lo veo desde anoche", remarcó Regina.

"seguro fue a comer algo, luego vendrá", quería decirle oprobios del tipo, pero sabía mejor que nadie que ese comportamiento no le aportaría nada.

"tienes razón", se quedó conforme con la respuesta que escuchó.

"sin más preámbulos, procedamos con nuestra rutina", Emma, a quien ambos olvidaron por completo, se apartó de su camino.

David comenzó con su revisión, ayudó a Regina a sentarse en una esquina de la cama para facilitarle el trabajo, con su pequeña linternita examinó sus pupilas, la cercanía de sus rostros fue inevitable, al punto de respirar el mismo aire, sus miradas se unieron, fue como una explosión, todo el lugar se iluminó por la intensidad con que se miraban, sus hermosos ojos café, querían decirle tantas cosas que sus labios no se atreverían, pero no debía saltarse los límites con ella, por eso, cuando fue prudente, tomó distancia, chequeó su presión arterial, continuó con su labor hasta terminar con la conclusión de que gozaba de perfecta salud, el momento del adiós, se aproximaba.

"¿todo está bien conmigo, doctor?", Regina interrogó muy consternada, se quedó ausente por un instante.

"perfectamente, reitero lo dicho anteriormente, pronto podrás marcharte, aunque sí necesito que no faltes a ninguna de tus revisiones de rutina, debo monitorear la evolución de tu cerebro", explicó lo más fácil que se pudiera, las palabras científicas, no las entendería.

"el cerebro se toma su tiempo para sanar, debemos darle tiempo", los ojos de David se abrieron del asombro, esas eran palabras de un doctor, estaba recordando detalles, sus esperanzas aumentaban.

"papá, ¿escuchaste?, ya habla como tú", bromeó Emma, no quiso arruinar la escena, la tensión entre los dos podía cortarse con un par de tijeras, prefería permanecer en el silencio, admirando su intercambio, sabía muy bien que su padre hacía un gran esfuerzo para no derrumbarse ante ella, la situación no era fácil.

"tiene usted una hija muy hermosa", miró a Emma, como quien mira a una recién conocida.

"te presento a Emma", con mucha formalidad hizo aquella introducción, Regina asintió con la cabeza.

"mucho gusto, sé que eres alguien especial, mi corazón me lo dice, pero mi cabeza no te reconoce, perdón", cada vez que veía un rostro nuevo y no lo recordaba, se frustraba.

"irás recordando, no te agobies", respondió la jovencita y solo compasión percibió en sus ojos, tan azules como los de su padre.

"¿por qué no la llevas al jardín, así comienzan a reconocerse?", propuso David y a Regina se le iluminó el rostro de la felicidad.

"me encanta la idea, vamos", se acercó a la cama, le extendió una mano a Regina y ella respondió muy gustosa.

"que no haga mucho esfuerzo, hija", recomendó David justo antes de que ambas salieran del cuarto, no recibió respuesta, solo pudo ver que Emma se burlaba de él por ser tan exigente.

El resto de la mañana, estuvieron sentadas en un banco del jardín respirando el aire natural, Regina fue muy educada como siempre, conversaron de todos los temas, aunque no podía darle detalles importantes, su papá se lo prohibió, desde que le dio la mala noticia de que padecía de amnesia.

"me ha encantado conversar contigo, pero debo irme para la escuela, una muy buena amiga me enseñó que aprender es lo primordial en la vida", gracias a su ayuda, ya no le molestaba asistir a clases, le agradecía infinitamente por eso.

"tu amiga es una sabia", respondió Regina mientras se levantaba del asiento y le hacía un gesto para que tomara su mano.

"no te imaginas cuánto", caminaron juntas hasta el cuarto de Regina, donde se despidieron, no sin que ella le hiciera prometer que seguiría vitándola, aunque ya no estuviera hospitalizada.

Se quedó sola, miró a su alrededor, parecía un ave enjaulada, caminó de un lado al otro, sin percatarse de que la ansiedad se apoderó completamente de ella, esa mañana, fue intensa, primero los sueños inexplicables, luego la cercanía con el doctor, misma que sintió tan familiar y para terminar de completar, el sentimiento de que amaba a la jovencita que acababa de salir y no era capaz de recordarlo, el cansancio la venció y se acostó nuevamente a dormir.

Estaba en su oficina, después de haber tenido un fuerte encuentro con su cómplice, se le descontrolaba la situación y no sabía qué hacer, por ahora se mantendría tranquilo, la amnesia de Regina le favorecía, pronto la sacaría de las garras del doctorcito, aunque le molestaba el hecho de que tendría que continuar llevándola a las consultas precisamente, con él, pero ya no sería lo mismo.

"¿ocurre algo?", esa pregunta de su secretaria quien le había traído un café bien fuerte, finalizó con sus pensamientos.

"ven aquí, ¿me extrañaste?", apartó su silla de su buró de trabajo y ella entendió su mensaje.

"claro que te extrañé, no puedo creer que estés aquí", caminó seductoramente hasta que se sentó en las piernas de su jefe.

"recuperemos el tiempo perdido entonces", acarició su espalda y la atrajo a un beso el que fue totalmente correspondido, su día comenzaba a mejorar radicalmente.

Tres horas más tarde, decidió que tenía que ir a cumplir con su papel de esposo y se fue al hospital, cuando llegó al cuarto de Regina, la pesada de Cora conversaba con ella.

"con permiso", interrumpió la conversación, toda la atención se centró en él.

"mire doctora, mi esposo del que le hablé", lo presentó Regina, antes de que llegara, le comentó sobre lo bueno que era con ella y que le agradecía por su paciencia, aunque no le habló de lo que realmente pensaba y le ocurría cuando estaba a solas con él.

"ya nos conocemos", el desagravio de los ojos de la mujer fue perceptible.

"desde hace mucho tiempo", terminó su frase y le correspondió el gesto para que supiera que los sentimientos eran recíprocos.

"luego vengo para hacerte otra visita", Cora besó la frente de Regina y se retiró.

"¿dónde estabas?, cuando desperté en la mañana no te encontré", cuestionó con un poco de exigencia, había estado sola todo el día.

"tuve que ir a la oficina mi vida, no lo recuerdas, pero la empresa es muy importante, no puedo descuidarla", con esa respuesta, sintió que su molestia disminuyó.

"perdóname, no quería incomodarte", se disculpó por su actitud, su cabeza era un torbellino de pensamientos incoherentes, a veces le daba terror de solo verlo, era su esposo, se suponía que lo amaba, pero lo menos que su corazón sentía era amor, todos los sentimientos negativos que existían se apoderaban de ella, trataba de contenerse, tampoco se lo hacía saber.

"no te preocupes mi amor", tomó sus manos y las acarició.

"sabes, el doctor me dijo que pronto estaría de alta, que estoy mejor cada día", suponía que sus sentimientos se normalizarían poco a poco, pero no era nada fácil su situación.

"me alegro mucho", fueron sus únicas palabras, contaba los segundos para ese momento, Regina le sonrió y continuaron con su conversación, así pasaron el resto del día.

La mañana siguiente, luego de que Graham le hubiese preparado el baño matutino a Regina, planeaba dejarla sola como solía hacerlo, pero esta vez, despertó antes de que se fuera, pasó la noche muy intranquila, casi no durmió, pensaba que eran los efectos de su padecimiento, pero él no era médico para averiguarlo.

"tienes tu baño listo como tanto te gusta, no tardo, aprovecha para que descanses un poco", le dijo y besó sus labios.

"haré lo que me pides", no esperó ese beso de su parte, pensaba que ese tipo de gestos era común entre las personas casadas, pero no significó nada que actuara así con ella, tenía esperanzas de que los sentimientos hacia su esposo regresarían con el transcurso de los días, de lo contrario, no sabría qué ocurriría con ella cuando se fueran para su casa.

"me parece muy bien", con una sonrisa que Regina no supo interpretar, se fue del cuarto.

Se levantó, se dio un baño refrescante y se acostó nuevamente, no tenía ni una gota de sueño, su cabeza la abrumó de tanto pensamiento, no le encontraba sentido alguno a lo que sentía en presencia de Graham, sin embargo, todos los que la visitaban allí en el hospital eran tan amistosos con ella que tenía la extraña sensación de que los conocía de toda una vida y hasta los consideraba parte de su familia, solo que no recordaba sus rostros ni sus nombres, eso la tenía muy inquieta al punto de frustrarse, lo mismo le ocurrió con la hija del doctor, el doctor, se dio cuenta de que esa mañana no la había ido a examinar como lo hacía todos los días, se levantó de la cama, salió de su cuarto y comenzó a caminar por los pasillos sin saber hacia dónde iba.

La guardia de esa noche fue muy tranquila, Zelina lo ayudó muchísimo y el trabajo fue exitoso como siempre, ahora estaban en su consultorio terminando el resumen de la guardia.

"debería ir a descansar, no pegó un ojo en toda la noche", cuando la buena para nada de Regina se fue, hizo un movimiento en los equipos de guardia para que les coincidiera, quería estar cerca de él, lo quería para ella.

"tengo un día complicado", no dejaba de escribir.

"cierto, no recordaba que tiene que ir a ver a su protegida", de inmediato ese comentario salió de sus labios, se reprimió, los ojos de David la miraron extrañados.

"todos mis pacientes son mis protegidos, eso lo deberías saber a estas alturas, Regina no es la excepción", no era la primera vez que la escuchaba hacer un comentario como ese sobre ella y por supuesto que le molestaba.

"no quise incomodarlo", bajó la cabeza fingiendo estar avergonzada, realmente lo que quería era desaparecerla de su camino para no ver el brillo en los ojos de David nada más se mencionaba su nombre, la odiaba con todas sus fuerzas.

"no me incomodaste…", intentó calmarla, pero de repente la puerta de su consultorio se abrió y ya no pudo continuar.

"buenos días, ¿quieren visita?", saludó con mucho ánimo.

"¡Mary!", había venido con el bebé, le daba alegría verlos.

"¡sorpresa!", su ánimo aumentó al ver a Zelina y la expresión de su rostro le indicó su molestia al verla.

"con permiso", se levantó rápidamente de la silla y se fue sin hacer ni ruido.

"te encanta molestarla", comentó David cuando se quedaron solos.

"hablas como Regina", el rostro de su amigo cambió su expresión, "¿cómo está?", preguntó al no recibir respuesta, lo veía muy angustiado.

"igual", dijo entre dientes.

"hablemos de algo muy bueno, mañana me incorporo", cambió la conversación.

"tremenda noticia, la verdad es que te estaba extrañando, me alegro mucho", como traía al bebé, se levantó para mimar a su ahijado, por el ajetreo del trabajo no le había dado sus mimos de padrino.

"mi rey, aquí está tu padrino", dijo Mary con vocecita de niña pequeña.

"es precioso, Mary, Robert debe estar embobecido, lo conozco bien", admiraban al pequeño, parados uno del lado del otro.

"ni te imaginas, hay noches que se levanta solo para verlo dormir, cuando me doy cuenta que estoy sola en la habitación, me levanto y lo veo frente a la cunita con sus ojos llenos de orgullo", relató con mucha devoción.

"con permiso doctor Nolan, vengo a traerle los resultados de los exámenes que me encargó", informó uno de los técnicos del departamento de radiología que traía un sobre en la mano.

"muchas gracias", tomó el sobre y el muchacho se retiró, la puerta permanecía abierta tal y como Zelina la había dejado, ninguno de los dos se preocupó por cerrarla.

"te dejamos a solas para no interrumpir tu trabajo", Mary comenzó a recoger el bolso que a su llegada dejó olvidado en un rincón y cuando se dispuso a cargar al bebé, David no le permitió dar un paso más.

"quédate, son las radiografías que le practiqué a Regina, quiero tu opinión", no fue necesario que Mary respondiera, juntos analizaron aquellos resultados frente al negatoscopio.

"va evolucionado muy bien", acotó Mary, la neurología era su vida entera.

"lo sé, pero me duele mucho verla así, no se acuerda de nada, Mary", liberó sus sentimientos, con ella tenía plena libertad para hacerlo, eran muy amigos y ella conocía muy bien los secretos de su corazón.

"paciencia, amigo mío, Regina es fuerte, se pondrá bien", puso su mano en el hombro de David para hacerle saber que estaba con él.

"se irá con el imbécil de su marido, si le hace algo no respondo", sabía muy bien como era la vida de Regina con Graham.

"te entiendo, pero ante eso no puedes hacer nada más que esperar, confiemos en que todo saldrá bien, te ayudaré ahora que regresaré a trabajar", lo aconsejó.

"con estos resultados debo darle de alta, no puedo seguir reteniéndola aquí y no quiero verla irse nuevamente con él", Mary no lo pensó y le dio un abrazo, lo necesitaban, ella también sentía mucho el estado de su hermana del alma.

"¡¿David!?", el abrazo terminó casi sin que comenzara, Regina estaba parada en la puerta con una expresión indescifrable en su rostro.

Los tres se quedaron paralizados en el lugar, no hacían nada, tampoco había mucho que hacer, era un abrazo entre amigos, pero David sintió la necesidad de explicarle.

"Regina puedo expl…", comenzó y ella levantó una mano para que no continuara.

"no me expliques nada, vi suficiente", dijo muy molesta y se fue de la escena casi corriendo.

"¿qué ocurrió, David?", cuestionó Mary.

"no lo sé", casi no podía hablar, la reacción de Regina lo tenía descolocado.

"ve tras de ella", al ver la indecisión en el rostro de su amigo, lo animó.

"¿estás segura?", no quería dejarla sola.

"no te preocupes por nosotros, te esperaremos aquí", le dio confianza.

"gracias", su apoyo era indispensable para él y sin decir más salió como un cohete del consultorio.

Rezaba para poder encontrarla, no podía andar lejos, siguió caminando sin encontrarla, hasta que la vio, caminaba sin rumbo, pasaba sus manos por la cabeza y desde donde estaba pudo percibir que lloraba, no se contuvo más.

"¡Regina!", la llamó, no alzó mucho la voz, debía respetar el hospital.

Al escuchar esa voz, detuvo el paso, no supo por qué su cuerpo la traicionó de esa forma, si ni quería verlo, pero ahí estaba y escuchó sus pasos acercarse a ella y cada vez estaban más cerca hasta que la sostuvo del brazo con mucha delicadeza, todo su cuerpo tembló.

"¿qué sucede, por qué saliste corriendo así?", preguntó dulcemente, tenía que saber el porqué de esa reacción.

"¿por qué me mentiste?, eres un mentiroso y un hipócrita", lo ofendió, toda la furia se exteriorizó.

"¿me puedes explicar a qué viene eso?", no entendía nada.

"me dijiste que tenías una hija y cuando menos me lo imagino te veo abrazando a una mujer en tu consultorio y además tienes un bebé", quería reclamarle, no podía explicar su comportamiento.

"no es mi esposa ni es mi hijo, somos amigos Regina, Emma es mi única hija, no te he mentido", la miró fijamente a los ojos para que le creyera, aunque no se acordara.

"no te creo", parecía una esposa histérica haciendo una escena ridícula.

"jamás te mentiría", siguió más allá y acortó la distancia que los separaba sin unir sus cuerpos, quería respetar su espacio.

Confundida y perdida, así se sentía ante esos ojos que la miraban expectantes de una reacción de su parte, le parecían tan conocidos, le había ocurrido así desde que despertó del coma, no podía describirlo, pero quería perderse en ese océano infinito, pero no lo entendía, sin preverlo dio un paso más y eliminó la distancia que todavía la separaba de él, bastaba un movimiento de sus pies para que sus labios se unieran, por suerte, ni tuvo que molestarse, David entendió muy bien sus intenciones y se inclinó hasta que sus labios se rozaron y fue ahí donde descifró la incógnita de sus sueños.

De inmediato el miedo se apoderó de ella, se sintió acorralada, presa de su propia memoria, era él, era él quien protagonizaba sus sueños, quien no dejaba de decirle que la amaba, quien la acariciaba y la besaba dulce y tiernamente, lo sentía tan real.

"¿es cierto que me estás reteniendo en el hospital?", preguntó sin separar sus labios, ni dar un paso para que el beso se concretara.

"quiero que no te vayas nunca más, sí, pero de mi vida", se reprimió con lo que dijo, lo supo porque Regina se apartó bruscamente de sus brazos.

"ahí estás", Graham interrumpió la escena.

"Graham, vámonos de aquí, te lo suplico", tuvo que pedirle que se la llevara, estaba desesperada con todo lo que su corazón sentía en ese momento.

"¿es cierto eso doctor?", preguntó fingiendo entusiasmo, toda la mañana la había pasado en su oficina con su secretaria y cuando regresó no encontró a Regina en su cuarto, tuvo que salir a buscarla por todo el hospital.

"le daré de alta, pero solo de su hospitalización, debe asistir a las consultas como lo indiqué", aclaró David, tuvo que recurrir a su autocontrol, para no sacarla de los brazos de Graham.

"nos vamos a casa amor, no perdamos más tiempo, gracias doctor", ambos dieron media vuelta y se alejaron de él muy tomados de las manos y con perceptible entusiasmo, sus más grandes miedos se concretaban, nuevamente, la mujer que amaba, se alejaba de su lado, en brazos de otro hombre y él, no podría hacer nada para revertir la situación.