Cabizbajo llegó a su consultorio después de haber visto a Regina partir con Graham del brazo, Mary cumplió su promesa y lo esperó.

"¿estás bien?", preguntó su amiga.

"no, no estoy bien, pero lo estaré", respondió como para convencerse a sí mismo sobre su situación actual y el valor que necesitaba para seguir adelante sentía que no lo tendría.

"¿qué te dijo, por qué salió así?", sabía que Regina no tenía memoria, pero no era motivo para reaccionar de esa forma.

"piensa que eres mi esposa", Mary no pudo contener la risa.

"es lo más absurdo que he escuchado en mi vida, pero eso complica mucho las cosas, imagino que no querrá verme cerca, ¿o me equivoco?, la conozco muy bien", David solo escuchaba atentamente el razonamiento de su amiga y colega.

"confiemos en que recuperará la memoria pronto, no podría soportar verlas peleadas", desde que las conocía, siempre andaban unidas, verlas de otra manera no le agradaría.

"¿quién lo diría?, Regina y yo peleadas por ti", le parecía muy divertido, "no me mires así David, hasta un ciego se hubiera dado cuenta de que ardía por los celos", seguía bromeando, "celosa de mí, nada más y nada menos y eso que no vio a tu adorado tormento, si llega antes que yo, colapsa", hablaba de Zelina, sabía muy bien sobre sus sentimientos hacia David.

"Zelina es indefensa, Mary", la defendió ingenuamente.

"Regina tenía toda la razón y lo sabes", su amiga se equivocaba pocas veces, tenía que reconocerlo.

"mejor cambiemos el tema, ¿alistaste tu consultorio?", preguntó, el tema de los sentimientos de Zelina hacia él era un muy común entre Regina y él, nunca le hizo caso cuando decía que estaba enamorada de él, como no la veía con otros ojos que no fueran los de compañeros de trabajo, el asunto era irrelevante.

"pensaba hacerlo antes de irme", David asintió.

"y esta belleza, ¿dónde estará mientras trabajas?", cuestionó su preocupación.

"Robert se encargó de eso, no te preocupes", le informó y quedó satisfecho, "mejor dime sobre tu rubia peligrosa", así la llamaba Regina y a Emma le encantaba.

"si se recordara…", su voz se quebró.

"lo hará, te lo aseguro", prometió.

"podemos agendar algunas citas contigo", propuso David, Mary era una de las mejores en descubrir los misterios del cerebro, confiaba en ella plenamente.

"no solo quiero a Regina de paciente, quiero que me devuelvas todos mis casos", exigió en broma.

David le siguió en juego, "como usted ordene, mi general", hizo un gesto como si fueran dos militares conversando.

"qué bueno que sigues aquí", Robin entró a la escena y al verlos con sus caras de broma, quiso unirse a la diversión, "¿qué es lo gracioso?", su mirada viajó desde Mary hasta David.

"tu hermana", soltó Mary.

"me pregunto si eres adivina", precisamente venía a informarle un cambio de planes, porque Zelina cometió un error, o ya ni él mismo sabía, acababa de tener una fuerte discusión con ella sobre el tema.

"tu tono me inquieta, di lo que tengas que decir", la diversión y las risas quedaron en el olvido.

"tendrás que trabajar en el consultorio de Regina", seguían mirándolo como si fuera un bicho raro, "venía a entregarte las llaves", extendió las manos para que Mary tomara las llaves.

"no quiero saber nada sobre el tema, pero de seguro que tu hermana hizo uso del profundo amor que siente hacia mí para cambiarlo todo a su conveniencia", no quería incomodarse con la noticia, para ella sería un gran placer ocupar el consultorio de su hermana, por eso habló con mucha ironía.

"cuando te lo digo, eres adivina, no sé que es lo que le ocurre contigo", se hacía esa pregunta una y otra vez, aunque era su hermana, muchas veces tenía que conversar con ella sobre algunas actitudes que le parecían incorrectas.

"Regina", David puso el punto final y ellos asintieron.

El silencio se hizo un poco incómodo, pasaron unos minutos y Robin fue llamado a la sala de urgencias, Mary se despidió y fue directo al consultorio que ocuparía provisionalmente, porque si Zelina creía que había ganado la guerra, estaba muy equivocada, todavía el nombre de su amiga estaba colgado en la puerta, y no solo su nombre, su perfume, su toque tan peculiar de organizar el lugar se hizo evidente una vez encendió la luz, todo estaba tal y como lo había dejado, aunque sabía que sus pertenencias ya no las encontraría allí.

Tomó un momento para recordar a Regina, era imposible que no la extrañara.

Era el noveno mes de su embarazo y casi no podía caminar, su licencia de maternidad fue aprobada y prefería quedarse en casa para descansar, Robert trabajaba las mañanas, el resto del día se encargaba de darle mucho amor, se amaban tanto que no sabía qué hacer sin él, aunque no era el único quien se encargaba de mimarla, cierta parejita, venía cada tarde a chequear su presión arterial, los latidos de su corazón, su estado de salud en general, como faltaba muy poco para la llegada del bebé, esos cuidados eran pocos, según ellos mismos.

"los esperábamos", saludó Robert a David y Regina, quienes llegaron tomados de las manos.

"¿sucede algo?", cuestionó Regina.

"compruébenlo con sus propios ojos", comentó Robert y no se escuchó nada más que los pasos apresurados de Regina y David hacia la habitación principal.

"¿Mary?", sostenía su vientre con mucha fuerza, David se preocupó.

"creo que ya es hora", lo miró Regina.

Ambos se encargaron de examinarla, efectivamente, el momento llegó más rápido de lo que previeron, tal fue así que ni pudieron llamar a una ambulancia.

"no llegaremos al hospital, tenemos que hacerlo aquí", Robert abrió los ojos del asombro por la naturalidad con que manejaban el parto de su esposa.

"Robert necesitamos tu ayuda, sostén a Mary mientras Regina y yo nos encargaremos de traer al mundo a nuestro príncipe", ordenó y vio a Regina salir de la habitación en busca de lo necesario para proceder con el parto.

"es una princesa", logró decir Mary cuando una contracción se lo permitió.

"perderán la apuesta, Regina y yo seremos los padrinos de esta hermosura", durante todo el embarazo, ambas parejas apostaron por el sexo del bebé, nunca permitieron que los ginecobstetras develaran ese dato.

"es lo que yo digo, por suerte tengo alguien quien me apoya", Regina regresó y al escuchar la conversación apoyó a David con un corto beso en sus labios.

"vaya, si es esta la recompensa por decir que tendremos un ahijado, diré que sí a cada una de tus afirmaciones mi señora", bromeó y se ganó un golpe en su hombro y una mirada asesina, le encantaba hacerla rabiar, se veía hermosa y la amaba mucho más en esos momentos.

Un grito desgarrador de Mary, anunció que las contracciones se hacían cada vez más intensas, los tres se enfocaron en lo que realmente era importante en ese momento hasta que, tres horas más tarde, sudorosos, cansados, y llenos de sangre, el llanto de un bebé muy saludable se escuchó en cada rincón del departamento, Regina se encargó de limpiarlo y entregárselo a su mamá quien ya lo esperaba con las manos abiertas y su papá con el orgullo dibujado en su rostro.

"hacemos buen equipo", David le extendió la mano a Regina para que se sentara encima de sus muslos, él permanecía sentado al pie de la cama y al verla admirar tan tierna escena, quiso compartir el momento con ella.

"nunca he dicho lo contrario", entendió muy bien el gesto y siguió muy obediente la orden, hasta quedar sentada en su regazo y entrelazar sus manos con las de él.

"te amo", le susurró en su oído cuando la tuvo cerca, ella solo apretó el agarre de sus manos.

"felicidades padrinos", Mary levantó la vista para admirar su intercambio, se veían tan hermosos juntos.

"eso nos da el privilegio de elegir su nombre", comentó David, Regina se había quedado muda con su confesión.

"el sabor victoria es tan delicioso, que ciertas personas prefieren disfrutarlo en silencio", Robert dirigió su comentario a Regina, le parecía muy raro que no hablara, se había pasado los nueve meses previendo lo que ocurriría, que ahora que el triunfo era inminente, su silencio abrumaba.

"nuestro bebé tendrá los mejores padrinos de todo el planeta", intervino Mary al darse cuenta de que a su amiga le ocurría algo, permanecía con la mirada perdida en la nada.

"y el mejor bautizo, tiene que ser una gran celebración", Robert terminó la frase.

"la madrina será la más hermosa de la fiesta, ¿no es verdad amor?", David llamó su atención, con un ligero toque en sus muslos para que no se dieran cuenta.

"si te pones una de esas camisas tuyas, renuncio a mi lugar como madrina", salió de su tormenta mental.

"prometo sorprenderla su majestad", levantó sus manos para afianzar sus palabras y que todos le creyeran.

"más te vale", aseguró Regina.

"así sea en traje de baño, ustedes son la pareja perfecta", Mary siguió con las bromas y David miró con mucho amor a su amiga, al parecer, los dolores y las incomodidades del parto quedaron en el olvido.

"tenemos que ir para el hospital", el deber y la seriedad no pudieron llegar en mejor momento, Regina interpretó muy bien esa mirada, sabía que se moría por besarla, las distracciones debían esperar, ahora se debían asegurar del estado de salud del recién nacido y de su mamá.

"mi señora tiene toda la razón, llamemos a una ambulancia que nos lleve al hospital", le haría caso, aunque no se escaparía de sus besos, de eso estaba más que seguro.

Al llegar la ambulancia, Robert montó a Mary y al bebé con extremo cuidado para no lastimarla, en el hospital, David y Regina se aseguraron del bienestar de ambos y la dejaron instalada en un cuartico donde permanecería por varios días hasta recuperarse por completo del parto.

Ese día Graham había viajado por cuestiones de negocio y Emma dormiría en la casa de una amiga, haciendo un seminario de la escuela, entonces al terminar el turno de trabajo, Regina y David pasaron la noche juntos, habían planeado ese encuentro muy bien y fue de los mejores, tener la oportunidad de no apartarla de su lado, de besarla incansablemente y de amanecer a su lado, fue un regalo muy especial para David, su alegría era inmensa, sus ojos le brillaban y le parecía que volaba de solo recordar cada detalle de ese momento tan inolvidable.

El llanto de Neal, la trajo al presente, esos recuerdos quedarían para siempre en su memoria.

"veo que efectivamente te regresarás a trabar y ya tienes consultorio propio", entró Zelina y su tono de voz tan atosigante retumbó en sus oídos.

"no pensabas que atendería a mis pacientes en medio del pasillo, ¿o de verdad esa era tu idea?", cayó ante su juego, realmente sus constantes ataques terminaron con su juicio.

"al fin sacas las uñas, nunca me equivoqué", se cruzó de brazos.

"te diré algo, no solo regresaré al hospital, si no que también ayudaré a David para que Regina recupere la memoria, no permitiré que les arruines la vida", fue como una advertencia.

"no le tengo miedo a esa bruja", la mención del nombre de su amiga, bajó sus defensas, sabía que la tenía en sus manos.

"las dos sabemos que tiemblas de solo escuchar su nombre", las riendas de la conversación cambiaron de dueño, lo sabía muy bien.

"ni tú ni la bruja de tu amiga se saldrán con la suya", indefensa, así se sentía, viró la espalda y dejó a Mary con un rostro lleno de victoria.

Cuando dejó su puesto de trabajo tan organizado para comenzar su rutina médica al día siguiente, cerró su nuevo consultorio y salió para su casa, hoy más que nunca se sentía poderosa sobre la subdirectora del hospital, pudo haber intentado desestabilizarla, pero ella respondió muy bien ante su provocación, la próxima vez que intentara darle un golpe como ese, lo pensaría mejor.

El camino desde el hospital hasta la casa fue tranquilo, Graham condujo y Regina no hizo más que mirar por la ventana, la imagen del doctor tan cerca de su cuerpo y a punto de besarla, no se borraba de su memoria, puede que padeciera de amnesia, pero recordaba cada detalle desde que despertó del coma y lo primero que vio fueron aquellos ojos azules mirándola tan intensamente como queriendo atraparla para siempre.

"bienvenida a casa, amor", habló su esposo en cuanto llegaron.

"es hermosa, me encanta", estar ahí no le trajo ningún recuerdo así que utilizó su educación.

"verás que pronto todo volverá a ser como antes", le sonrió, no creyendo ni una sola de sus palabras y mucho menos de sus emociones, no había forma que se sintiera cómoda en su presencia.

Entraron a la casa, Graham se desvivió en atenciones, durante una semana en la que ella le pidió no estar sola, no fue a la empresa, trabajaba desde allí, más o menos se había acostumbrado a su nueva vida, él, pasito a pasito se ganaba su confianza, no la forzaba a nada, ni mucho menos le exigía, lo agradecía encarecidamente, pero le dolía mucho no corresponder cada una de sus atenciones, por eso esa noche, le pidió que tuvieran un encuentro romántico, quizás de esa forma lograba recordar algo de su vida juntos y recuperar lo que una vez tuvieron, porque según veía en las fotos colgadas en las paredes, tenían el matrimonio perfecto, además, logró sacarle alguna que otra información a Graham, quien muy gustoso accedió a desobedecer las estrictas instrucciones del doctor de no contarle nada sobre su pasado, en ese momento no le pareció peligroso escuchar con la nostalgia que le hablaba de momentos vividos juntos.

Pidieron comida china, Graham aseguraba que era su favorita, organizaron la mesa del comedor, la vistieron con un mantel de encajes, utilizaron cubiertos muy finos, atenuaron las luces en toda la casa y unas baladas instrumentales amenizaban la escena, degustaron la deliciosa cena, la que le pareció exquisita, al parecer tenía razón, nadie la conocía como él, no se cansaba de repetirlo, estaba por creerlo, hasta que la invitó a bailar, todo su cuerpo se tensó con el simple roce de sus manos sosteniéndola por la cintura, cerró los ojos para relajarse y bailaron varias piezas, en un momento que no pudo prever, comenzó a besar sus mejillas, no lo rechazó y él lo entendió como una autorización, continuó más allá y unió sus labios en un beso lento, su cuerpo le gritaba que debía salir corriendo y lo peor era que de inmediato sintió sus labios en los de ella, tuvo que abrir los ojos, la imagen que vino a su mente, no fue la que esperaba.

"no quiero forzarte a nada, ¿estás segura de que quieres continuar?", preguntó al sentirla muy tensa entre sus brazos.

"somos marido y mujer, ¿no es cierto?", por el momento lo pudo controlar, continuó con sus lentas caricias, la condujo al cuarto y luego hasta la cama donde quedó justo encima de su cuerpo el que comenzó a temblar descontroladamente, su corazón palpitó muy rápido y sentía que el aire le faltaba, intentó cerrar los ojos nuevamente para que su molestia cesara y fue peor, la imagen que estuvo evitando apareció con más claridad, era abrumador, tener a su esposo acariciándola en la cama de su cuarto y al doctor David besándola ardorosamente en su mente, no soportó la situación, abrió los ojos de repente y se apartó ágilmente del cuerpo de Graham para pegar sus rodillas a su pecho como una niña acorralada y temerosa.

"¿te lastimé?...", hizo una pausa, todo su cuerpo temblaba, nunca la vio en ese estado, "Regina, habla conmigo", se acercó a ella y le extendió la mano para brindarle apoyo.

"no me toques", parecía que nevaba sus labios tiritaban.

"me estás asustando", seguía insistiendo con tocarla.

Regina se levantó de la cama para irse de ahí, fueron tan apresurados sus movimientos que un mareo la tambaleó, pero no se detuvo y antes de que pudiera llegar a la puerta, cayó desplomada al suelo.

"¡Regina!", exclamó Graham, voló para cargarla en sus brazos, tenía los ojos cerrados, caminó con ella hasta llegar al sofá, donde intentó reanimarla, "despierta, por favor", rezaba para que nada le hubiese ocurrido, su paciencia no le daba para tener que verle la cara de reproche a David por no haberla cuidado debidamente.

"¿Graham?", abrió los ojos.

"¿estás bien, te diste algún golpe?", preguntó sin dejarla contestar y vio que se tocaba la cabeza, "¿te duele la cabeza?", seguía hablando en carretillas.

"¿qué pegunta quieres que conteste primero?", no dejaba de tocarse la cabeza.

"todas", al notar el tono de broma en las palabras de Regina, se relajó y le siguió la corriente.

"estoy bien, no me golpeé, me duele la cabeza y…", se detuvo, tenía maripositas en la mente.

"¿y?", la apresuró.

"me acordé de nuestro casamiento y de la luna de miel", los recuerdos llegaron como una ráfaga de viento.

"¡qué alegría, mi vida!", exclamó, no era buena señal que recuperara la memoria.

"lo siento mucho", se disculpó, lo que había acabado de ocurrir la avergonzaba.

"no te preocupes", se levantó del sofá, "vamos", propuso y ella ni se movió.

"perdóname, Graham, no dormiré contigo, necesito tiempo, dormiré en el cuarto de huéspedes", la vio caminar delante de sus ojos y encerrarse en el cuarto, no era la primera vez que escuchaba esas palabras de sus labios, no hacía mucho le dijo algo parecido, pero por otros motivos, se quedó perdido en sus recuerdos.

La relación entre él y su esposa, cada día decaía mucho más, las constantes discusiones no cesaban, pasaba mucho tiempo encerrada en esas cuatro paredes de ese maldito hospital, era una adicta al trabajo, los momentos que pasaban juntos, casi ni los aprovechaban, no se quitaba de la cabeza que sostenía una relación con el doctorcito David a sus espaldas y no podía quedarse callado, cada vez que lo veía alimentaba sus celos, su furia, su rabia, y terminaban en una guerra a muerte, a pesar de que ella se moría jurándole no tener más que una relación profesional con él, pero no era bruto, David la miraba distinto y hasta en ocasiones, ella le correspondía, se estaba volviendo loco, casi ni dormía, la situación lo rebasaba, hasta que un día, cuando Regina regresó del hospital, quiso hablar con él muy seriamente y se sentaron en la sala de la casa.

"quiero el divorcio", acababa de besarse con David por primera vez y no quería estar atada a un matrimonio sin amor.

"¿te volviste loca?", su respuesta salió sin que la analizara antes.

"sí, nunca he estado más loca en mi vida", respondió muy seria.

"te advierto algo, no te daré el divorcio para que te vayas a refugiar en la cama del doctorcito", su tono subía en cada palabra.

"lo que haga con mi vida, no es asunto tuyo, no es tan difícil, firmar un documento no requiere de mucho esfuerzo", no entendía, cuál era su problema.

"nos casamos para toda la vida, después de mi muerte lograrás la libertad, antes no", quería provocarla y sentía que lograba su objetivo.

"nuestro matrimonio se está cayendo a pedazos, Graham, es mejor separarnos a las buenas", razonó de buena gana.

"mi decisión está tomada", advirtió para que no continuara persuadiéndolo.

"si esa es tu última palabra, aquí va la mía, a partir de hoy nuestra vida cambiará, dormiremos en cuartos separados y no me tocarás ni una uña, además, pondré una demanda en tu contra, aunque me tarde años para divorciarme de ti, ah y ni se te ocurra ir al hospital para hacerme una escena, no volveré a permitirte que me hagas pasar vergüenza en mi puesto de trabajo, lo de ayer fue suficiente", se levantó del sofá y se encerró en el cuarto de huéspedes, durante los próximos dos años, hablaban lo concerniente a los trámites de su divorcio, porque como ella misma predijo, ese proceso fue muy engorroso, de tribunal en tribunal y se gastaron una fortuna para que la demanda de divorcio avanzara en el juzgado y ella se encargó de contratar a los mejores abogados, tanto que hasta los suyos lo comentaban, en más de una ocasión estuvo a punto de ceder y firmarle el divorcio, pero no se rendiría tan fácilmente.

La vibración de su celular, lo apartó de seguir en aquella lucha con sus pensamientos.

Llamada telefónica:

"hola preciosa, te extraño", saludó con mucha seducción en su tono de voz.

"yo también, ¿vendrás mañana a trabajar?", no sabía la respuesta y lo puso a pensar, no podía dejar a Regina sola en la casa y llevarla a la empresa tampoco pues sería una carga, ya se le ocurriría algo.

"ven a la casa", propuso, por lo menos se conformaría con verla.

"¿tu esposa?", no tenía muy buenas relaciones con ella, su pasado no era digno de recordar.

"no se acuerda de nada, ni te preocupes", le aseguró para convencerla.

"mañana iré temprano, pero te quiero aquí en la oficina, solo para mí", coqueteó con él.

"veremos qué puedo hacer", quizás podría dejar a Regina en el hospital mientras él se divertía en la oficina con su secretaria.

"soñaré contigo", se despidió, y la llamada terminó.

Durmió solo en su cuarto, pensando en cómo se liberaría de su esposa durante los días, tendría que inventar un pretexto creíble, cuando menos lo imaginó, se hizo de día y el timbre de la casa lo levantó de la cama, sabía muy bien de quien se trataba, no podía atender en esas fachas y escuchó la voz de Regina, ella abriría la puerta, así le dio tiempo suficiente de entrar al baño.

"buenos días", Regina le sonrió.

"buenos días, ¿se encuentra Graham?", preguntó sin rodeos.

"enseguida viene, adelante siéntate, estás en tu casa", hasta ahora, todo marchaba a la perfección.

"muy amable como siempre", elogió la muchacha.

"¿deseas tomar algo?", se preparaba un café y no sería tan mal educada de no brindar.

"tan puntual como siempre", salió Graham del cuarto muy arreglado.

"me gusta cumplir con mi trabajo", disimuló ante la presencia de Regina, no daría un paso en falso que la delatara.

"mi amor, te presento a…", comenzó Graham, la actitud de Regina, lo sorprendió.

"Ruby Wolf, tu secretaria, la recuerdo perfectamente, es un gusto volver a verte, los dejo para que trabajen, no quiero interrumpir", se quedaron anonadados por lo que escucharon, tendrían que investigar qué tanto recordaba, si no, estaban perdidos.

"de hecho, quería pedirte que me esperaras aquí, debo salir a resolver unos asuntos en la empresa", pidió muy amablemente y Regina accedió, no tenía planes de salir, o eso pensaba.

La desolación de la casa, no la dejaba pensar con claridad, era la primera vez que se quedaba sola y al parecer no le gustaba, tomó su bolso y salió a caminar hasta que llegó al hospital, el que tan conocido le parecía, entró por la puerta y el olor tan característico a desinfectante, le pareció tan familiar que su olfato no protestó al entrar en contacto con tan desagradable sustancia, miró hacia todas partes y como era de esperar, ningún rostro le resultó conocido, comenzó a frustrarse, se sentía sola y para colmo de males, su celular no funcionaba, la única que conocía la contraseña para acceder era ella y como su amnesia no ayudaba, estaba incomunicada, sabía que habían muchas formas para abrirlo, la tecnología avanzaba por día, solo que con lo ocurrido la noche anterior, tenía la certeza de que recuperaría la memoria tarde o temprano, por lo que esperaría, no tenía nada que perder.

"¿¡Regina?!", escuchó una voz conocida.

"doctora, ¿cómo le va?", la cardióloga Cora se acercó a ella.

"¿tienes cita para ver a tu doctor hoy?", le pareció extraña su presencia, David no vendría a trabajar ese día.

"la verdad es que me escapé de la casa, mi esposo me hizo prometerle que no saldría y desobedecí", comentó a la doctora como quien revela un secreto de estado.

"vamos a mi consultorio", la tomó del brazo y la llevó casi corriendo a la pequeña oficina donde entraron y cerró la puerta.

"me parece tan conocido todo esto", confesó Regina.

"es normal mi niña", se le escapó el comentario, "bueno sentémonos a conversar", antes de tomar asiento, hizo un gesto con su mano y Regina lo interpretó perfectamente.

"usted que es doctora del corazón, ¿podría guardarme un secreto?", preguntó como introducción.

"sería un placer guardarle un secreto a una de mis pacientes favoritas", respondió con mucha delicadeza.

"Cora, necesito tu asistencia en una cirugía", Mary entró al consultorio, no pasó desapercibida por la anciana, con el desagrado que Regina la miró, eso sí que era nuevo.

"Mary, ¿ya conoces a Regina?, es paciente de nuestro colega David", hizo una seña con sus ojos, de modo tal que solo ellas entendieran lo que ocurría.

"no he tenido el placer de presentarme ante ella, soy la neuróloga Mary Blanchard, es un placer", muy cordial le extendió la mano y fue correspondida, aunque por un momento, percibió la duda en los ojos de su amiga.

"¿a qué hora es la cirugía?", Cora interrogó al percibir la tensión en los ojos de Regina, definitivamente algo ocurría.

"en la tarde, enseguida te traeré la historia clínica del paciente", salió del consultorio y las dejó solas por un momento.

"¿por alguna casualidad, la doctora Blanchard te recuerda algo?", cuestionó cuando Mary cerró la puerta del consultorio.

"sí, unos números que acaban de venir a mi mente y no sé qué significan", dijo y abrió su bolsa, sacó su celular y tecleó la numeración en varias ocasiones, sin obtener resultados, la vio frustrarse.

"¿no funciona?", cuestionó.

"no", dijo con evidente molestia.

"¿podría saber de qué números se trata?", no quería invadir su privacidad, pero como hacía un momento quería confesarle algo, preguntar quizás la ayudaría.

"3-1-4", recitó los números por separado, por supuesto que de esa forma no significaban nada porque, los tres dígitos formaban un número de tres cifras y ella conocía muy bien lo que significaban.

"y si lo unes, quizás obtengas algo", propuso, no debía dar mucha información, vio como Regina pensó.

"314, claro, gracias Cora", no dijo más y salió muy apresurada, sin decir nada, ante esa actitud, su mente se le nubló, sola por las calles sin tener conocimiento de dónde iría, debía hacer algo, hizo una llamada la cual no fue atendida, insistió y al no recibir respuesta por segunda vez, dejó de insistir, su preocupación aumentó, incluso Mary al regresar con la documentación que había ido a buscar, se dio cuenta.

"cualquiera diría que viste un fantasma, estás pálida, ¿qué te ocurre?", comentó al entrar, se extrañó un poco al no ver a Regina.

"tu amiga", sus alarmas se dispararon.

"¿qué ocurre con ella?", se notaba preocupada.

"está recordando, Mary", se suponía que esa era una buena noticia, su rostro decía exactamente lo contario.

"esa es una muy buena noticia", le encantaba escuchar eso, al fin tendría a su amiga de vuelta, su rostro mostró una alegría inevitable.

"314", con solo decirlo, a Mary se le borró la alegría de sus labios.

"¿dónde está?", preguntó.

"salió sin decir nada", de inmediato, Mary sacó su celular, era de esperarse esa reacción, "ya lo intenté", tampoco tuvo suerte.

"¿qué haremos?", se sentían atadas de manos.

"lo único que se me ocurre es mandarle un mensaje y esperar", la idea fue muy bien recibida por Mary, quien se encargó de ponerla en práctica, luego ambas se relajaron con un té de tila, en pocas horas tendrían que entrar al quirófano y debían estar muy sosegadas.

Fue como si cerrara sus ojos y su mente guiara sus pasos, caminó por las calles como si las conociera como la palma de su mano, hasta llegar al lugar que acababa de recordar, trató de actuar lo más natural posible, nadie podía saber que no se acordaba ni de su nombre, esperó el ascensor y subió al tercer piso, las puertas se abrieron y caminó por el pasillo alternado su vista de izquierda a derecha, el número que había recordado, apareció ante sus ojos, ¿y ahora, qué haría?, no lo sabía, solo tenía la certeza de que tras esa puerta hallaría algunas respuestas que la ayudarían a reconciliarse con su pasado, o a pelearse con él, no lo tenía bien definido, pero debía entrar, eso sí estaba claro.

"señora, ¿necesita ayuda?", una jovencita que cargaba un carro con todo tipo de instrumentos de limpieza, le preguntó.

"sí", afirmó y la chica se quedó expectante, "¿hay alguien en esta habitación?", cuestionó.

"en estos momentos no", alivio para ella.

"¿habría algún problema en que yo entrara un momento?", lo que pedía no era tan sencillo, si la muchacha la ayudaba y alguien se daba cuenta, podría hasta perder el trabajo, era lo menos que quería.

"solo por unos minutos", no se esperaba la respuesta y ya la chica abría la puerta, en su estado no era difícil leer sus emociones, de seguro, eso fue lo que ocurrió.

Por fin, la habitación 314 del Hotel Imperial, había quedado abierta, no tenía nada de peculiar, cuatro paredes, una cama, cortinas por doquier, una mesita pequeña, admiró desde la entrada sin poner un pie adentro, lo dudó, pero ya estaba allí, se había escapado cuando su esposo le hizo prometer que se quedaría tranquila en la casa sin salir, llegó al hospital, intercambió par de palabras con aquella mujer que tantos celos le provocó al verla abrazar al doctor que la atendía, dejándola muy confundida, y ahora que se encontraban nuevamente, la hizo recordar el número de esta habitación, no podía renunciar ahora que tan lejos había llegado, se decidió, entró y comenzó a caminar por el lugar lentamente, admirando cada detalle, de pronto, los recuerdos la abrumaron, tuvo que detener su andar y cerrar los ojos, fue como si su corazón renaciera de las cenizas, las lágrimas no pidieron permiso, puso las manos en su rostro, lo que acababa de recordar lo sentía tan real y tan vivo en su alma que hasta su equilibrio amenazaba con abandonarla.

"¿te acordaste?", salió de golpe de su estado y se volteó para verlo ahí parado, recostado a la puerta de la habitación.

Sus miradas se conectaron y permanecieron en silencio, pero no duró mucho, ahora su confusión se multiplicó y sus interrogantes no encajaban con las respuestas, "¿nos amamos?", preguntó y los ojos de David brillaron al escucharla, no lo podía creer, esa mirada era como un laberinto en el que se sentía tanto perdida como encontrada, ni lo pensó dos veces, corrió a su encuentro, y fue bienvenida gustosamente en un abrazo tan reconfortante, se sentía tan lindo saberse protegida por él, todas sus tensiones se desvanecían una tras otra, cuando sus cuerpos se relajaron, sus labios no pidieron autorización y se besaron apasionadamente fundiendo sus cuerpos en uno solo.