Tener a Regina nuevamente en sus brazos era un sueño hecho realidad, aprovechó ese beso como si hubiese sido el primero, el placer de sentir sus labios, de probar la suavidad de su piel era incomparable, la abrazó mucho más fuerte para que sintiera todo lo que, desafortunadamente, no podía revelarle, se moría porque sus recuerdos regresaran, por mirarla a los ojos con la misma intensidad que antes y sentir que ella le correspondía, pero ahora no podía, su ética profesional no se lo permitía, por lo que se conformó con este regalo divino, segundos de amor que terminarían tan pronto comenzaron.
"tengo tantas preguntas sin responder, tantas respuestas que no encuentro sus preguntas, siento que mi cabeza estallará en cualquier momento", Regina habló desprendiéndose de sus brazos, David protestó de inmediato, solo que ella todavía no sabía cómo leer sus reacciones como antes, su decepción aumentó, su Regina, la mujer que tanto amaba, no era la mujer que acababa de besar.
"lo sé", le extendió la mano para que salieran del lugar, ella entendió muy bien y lo siguió.
"gracias, señorita, un placer conocerla", Regina se dirigió a la muchacha que arriesgó su puesto de trabajo por ayudarla.
"muchas gracias", David sacó de su bolsillo unos billetes y se los ofreció.
"no, considérelo un regalo, ser testigo de cuánto se quieren ustedes dos, ha sido un regalo extraordinario, espero todo se resuelva", ninguno de los dos respondió, dejaron la escena tomados de la mano.
"¿y Graham?", su cabeza era una tormenta, había recordado la boda con su esposo y ni un día después recordó que sostenía una aventura con el doctor que la atendía sin divorciarse, era para volverse locos.
"es tu esposo", respondió David.
"dime algo que no sepa", caminaban por el pasillo del hotel y se detuvieron frente a la puerta del ascensor a esperarlo.
"no puedo", casi no se escuchó lo que dijo.
"acabo de recordar que tenemos una aventura, que traiciono a mi esposo, nos besamos frente a una completa desconocida y me dices que no puedes decirme nada, estás completamente loco ¿o qué?", claramente molesta comentó cuando el ascensor anunció su llegada, se adelantó, no quería mirarlo.
"¿crees que esta distancia entre nosotros no me afecta?, ¿que eres quien único está sufriendo?, ¿que no me duele como me miras?, ¿que no me parte el corazón cada vez que te vas con…tu esposo?", detuvo el ascensor, necesitaban hablar.
"¿cómo te miro, David?", lo desafió.
"no quiero pelear con…", intentó ignorar la pregunta.
"¿cómo te miro, David?", insistió.
"con reproche, como si hubiésemos hecho algo incorrecto y no es así", le evadió la mirada, era eso exactamente lo que sentía, como la peor traidora de todas.
El silencio que siguió comprobó sus palabras por lo que decidió ponerle fin a la conversación con una decisión que nunca pensó tomaría.
"esta discusión no nos hará bien, creo que es mejor que nos dejemos de ver, asignaré tu caso a otro doctor", sintió el sonido de su corazón rompiéndose en mil pedazos, deseaba tanto que las circunstancias fueran otras, que en ese mismo momento estuvieran devorándose a besos dentro de ese ascensor, movió la cabeza de un lado al otro, nuevamente debía contener sus deseos.
"es lo mejor, no quiero tener problemas con Graham", acentuó el nombre, el disgusto que se dibujó en el rostro de David cuando mencionó a su esposo fue suficiente para que se aprovechara, además, quería disimular el dolor en su corazón al escuchar que ya no se verían más, realmente, ni ella misma se entendía.
David la miró por un instante, otra vez esa mirada que le provocaba tantas sensaciones, tantos sentimientos, intentó apartarse de esa corriente tan poderosa que la lanzaba directo al vacío, no pudo, "te llevaré a tu casa", se acercó a su rostro peligrosamente, su cuerpo tembló de solo pensar que sus labios se unirían de nuevo, todo quedó ahí, cuando sintió que el ascensor retomó su movimiento, el pequeño botoncito rojo estaba justo detrás de ella.
El silencio fue atosigante entre los dos, así continuaron todo el camino hasta la puerta de la casa de Regina.
"gracias por traerme", abrió la puerta de la camioneta con intensiones de bajarse, David la detuvo, lo miró sin dudarlo.
"sí", su corazón tan caprichoso no podía dejar de salirse con la suya.
"¿sí qué, David?", necesitaba saber.
"que nos amamos", la ética profesional se podía ir al mismísimo infierno.
"lo sé", respondió, su vida entera se revolucionaba en su presencia, no lo podía controlar.
"y…yo…", quiso continuar, Regina lo detuvo.
"debo irme, David", se bajó de la camioneta y entró a la casa.
No sabía si sería capaz de cumplir con lo que ambos acordaron, no verla sería una tortura, tocó sus labios, cerró los ojos para recordar el momento vivido, respiró profundo, lo que nunca sabría, era que, dentro de la casa, Regina, se recostó a la puerta e hizo exactamente lo mismo que él, pero ella lloró sin poder contenerse, los dos sufrían por lo que ocurría.
David arrancó la camioneta y hasta su casa no se detuvo, un baño bien refrescante lo ayudaría a seguir fuerte, su hija se interpuso en su camino.
"¡saqué las materias!", Emma exclamó con euforia.
"te felicito mi amor", apenas entró por la puerta recibió la gran noticia que alegraría su tarde, estaba en la recta final de la Prepa, una celebración aliviaría las tensiones y los distraería.
"hasta mates, mira papá", le enseñó las calificaciones con entusiasmo.
"directo a la universidad", se abrazaron con cariño.
"si ella pudiera celebrar este triunfo", dijo en los brazos de su padre, las matemáticas nunca le gustaron y gracias a Regina pudo sacar la materia.
"lo sabrá mi amor", le prometió.
"¿eso crees?, tengo muchos deseos de abrazarla", confesó.
"por supuesto que lo creo, ella es una mujer muy fuerte, además, su amnesia evoluciona cada día, hoy recordó algo muy importante en su vida pasada", su hija siempre fue su cómplice en la relación con Regina, pero no tenía deseos de profundizar en el tema.
"cuando no quieres decirme es porque no fue muy agradable saberlo, ¿o me equivoco?", tenía toda la razón.
"¿en qué momento creciste que ni me di cuenta?", su tono de broma hizo reír a Emma quien entendió muy bien y siguió su juego.
"eso es porque mi padre solo se preocupa por amar a cierta doctorcita que con mirarlo le da alas para volar como un angelito", tener celos con Regina estaba fuera de consideración, pero molestarlo con el tema le daba mucha satisfacción, además, le encantaba el brillo radiante que veía en sus ojos ante la mención del tema.
"prometo recompensarte con una celebración, puedes invitar a tus amigos", sabía que las palabras de su hija eran para molestarlo.
"eres el mejor, ¿la invitarás?", se moría por verla otra vez.
"no creo que pueda, no seré más su doctor, por lo que nos mantendremos alejados al menos hasta que las aguas retomen su curso", ni loco se pararía en la puerta de su casa para invitarla a una celebración, de pensar que Graham le abriría la puerta, los deseos de asfixiarlo con sus propias manos aumentaban, prefería mantenerse alejado.
"¿pero sí vendrán tus compañeros?, sabes que los quiero mucho", tantas horas trabajando en el hospital los convertía en familia, no dejaría de compartir tan grande dicha con ellos.
"claro que sí, no pienso que ninguno se infarte por compartir una tarde con tus amigos", en la mañana tuvo que ir al colegio, ver aquellos jóvenes con tan extravagante vestimenta, le erizó la piel.
"y si alguno se infarta, tendremos a la tía Cora, ella se encargará", abrazó a David por las espaldas y ambos subieron a la segunda planta, el día era largo, por eso aprovecharían la oportunidad para estar juntos y darse mucho cariño.
Graham llegó varias horas después de que Regina regresara, por suerte no tuvo que darle explicaciones, tampoco la vio en el estado que su pequeña excursión la dejó, preparó un baño bajo la ducha y se le fue el tiempo.
"mi amor, ¿estás ahí?", escuchó la voz de su esposo quien sonaba muy contento.
"enseguida salgo", respondió.
"pondré la mesa, traje la cena", informó, su tarde fue maravillosa con la secretaria, liberó algunas tensiones, pero no fue suficiente, quería más, no se conformaba, por eso tenía una propuesta que hacerle a Regina, durante la cena conversarían del tema.
"huele delicioso", comentó al llegar al comedor.
"siéntate, estoy muy hambriento", la animó.
"¿cómo fue tu día?", cuestionó mientras se sentaba a la mesa.
"rutinario como siempre, algunos documentos atrasados y par de reuniones", omitió la parte que se encerró en la oficina con Ruby por el resto de la tarde, "¿el tuyo?", se imaginaba la respuesta.
"aburrida y encerrada como un ave enjaulada", su mirada intimidante le dejó claro que habrían consecuencias si le decía la verdad, sin mencionar que no quería compartir con nadie el bello recuerdo que tuvo, sentirse amada por David, ni el paraíso mismo se comparaba.
"tengo la solución para eso", aprovechó.
"¿qué propones?", cuestionó.
"puedes ir conmigo para la empresa", no cedería ante la posibilidad de ausentarse a la empresa y mucho menos, cambiaría por nada su pasatiempo favorito.
"acepto", no lo pensó, no se dijo más, culminaron la cena en absoluto silencio, luego de limpiar la cocina, ambos se encerraron en su cuarto hasta el otro día, Graham con una amplia sonrisa por haber logrado su objetivo y Regina intentaría aceptar que ir a la empresa con su esposo distraería su mente para no pensar tanto en David.
Los próximos días, para Regina, esa meta fue imposible de alcanzar, acompañar a su esposo al trabajo fue peor de lo que imaginó, el aburrimiento la consumía, intentó llevar algún libro para pasar el tiempo y ni la lectura lograba sacarla de la angustia tan grande que sentía, no poder recordar, no conocer a nadie, la frustración aumentaba, pronto tendría una cita con el doctor, saber que iría al hospital por alguna extraña razón, que todavía no definía, le daba un motivo para aceptar su absurda realidad.
"mañana es tu cita en el hospital", Graham creyó que se lo recordaba, qué equivocado estaba, había contado los segundos para que ese día llegara.
"no te preocupes, lo sé", dijo antes de retirarse a su habitación a descansar, la cena no tuvo nada de especial y la verdad era que el apetito no la acompañaba últimamente.
"buenas noches", se despidió, esta rutina de llevarla a la empresa, esconderse durante todo el día para que no se diera cuenta de su relación con Ruby, escuchar sus quejas porque se aburría demasiado mientras él trabajaba y el hecho de que no pudo lograr un acercamiento con ella, ni un beso en público le permitía robarle, su paciencia se agotaba, solo le quedaba la satisfacción de tenerla con él, prefería esa vida antes que dejarle el camino libre al imbécil de David, terminó de ver una película y se acostó hasta que fue hora de levantarse para enfrentarse a la misma rutina.
"el desayuno está servido", la voz de Regina, lo sobresaltó.
"te levantaste muy tempranito", comentó acompañándola en la mesa.
"no pude dormir", confesó.
"delicioso", tomó un sorbo del jugo y lo encontró maravilloso.
"gracias", agradeció.
"te llevaré a la consulta e iré a la empresa, me esperarás en el hospital hasta que regrese", fue como un mandato.
"me parece muy bien, así no te aburres esperando", esa indirecta lo hizo aclararse la garganta y sellar sus labios hasta que el desayuno terminó, luego preparó el auto para llevarla a su cita con el doctor, de solo imaginarse frente a David nuevamente, se le revolvía el estómago, por eso tampoco habló ni una palabra en todo el camino y Regina solo miraba por el cristal del auto sin voltearlo a ver, así era su nueva realidad, casi sin dirigirse la palabra, no sabía hasta cuándo seguiría soportando.
El movimiento en el hospital era el mismo de siempre, personas salían y entraban por la puerta principal, la sala de espera no daba abasto, muchos pacientes esperando ser atendidos, la recepcionista y las secretarias sin tener tiempo ni de un pequeño descanso y por supuesto, el olor característico a desinfectante no podía faltar.
"no sé cómo te has acostumbrado a este olor tan desagradable, por lo menos en la empresa el aire que se respira es distinto", protestó Graham en medio del pasillo, juraba que todos alrededor lo escucharon.
"no sé de qué hablas", a ella también le resultó complicado adaptarse al olor cuando estaba hospitalizada, pero sorprendentemente aquella vez que se escapó de la casa y vino a parar aquí ya no le molestaba tanto, incluso llegó a extrañarlo durante esos días.
"tú nunca sabes nada y luego resulta que lo sabes todo", era como si su presencia allí lo transformara por completo.
"¿puedes comportarte?", lo miró seriamente.
"como se nota que te encanta venir a esta mugre de lugar", Regina sintió la mirada de varios al escuchar el tono despectivo con el que habló.
"deberías traerme aquí en lugar de llevarme a tu adorada empresa donde me dejas abandonada en el recibidor como si yo fuera una carga y un estorbo para ti y ni siquiera te preocupas por hacerme sentir bien", le dijo casi en un susurro, nadie debía enterarse, pero no podía guardarse más sus inconformidades.
"yo…", su intervención lo dejó mudo, quería hablar, explicar lo inexplicable, no pudo.
"Regina Mills", la voz de una de las secretarias se escuchó de repente en la sala de espera, se puso la mano en el cuello como si lo hubieran acabado de salvar de la horca.
"soy yo", respondió y la secretaria los guió hasta el consultorio donde la esperaban.
"Regina, ¡qué gusto volver a verte!", exclamó.
"¡Doctora Blanchard!", exclamó Graham con mucho asombro, sinceramente le aliviaba ver a otra persona en lugar de David.
"también es un gusto verte, ¿cómo has estado?, ¿cómo va la empresa?", Regina admiró el intercambio entre los dos, pero esta mujer no se cansaba, tenía una estrecha relación con todos los hombres en su vida, ¿qué se pensaba?
"muy bien, gracias", fingió cordialidad, no la soportaba.
"tomen asiento que la consulta de hoy se extenderá", los invitó con un gesto de su mano.
"mejor yo me voy, Mary por favor, ¿podrías llamarme para venir a recoger a Regina?", ni loco se quedaba en ese lugar.
"sería un placer, ve resuelve todo en la empresa, Regina está en buenas manos", las últimas palabras las acentuó con sarcasmo.
"eso no lo dudo", le sonrió, "nos vemos luego, amor", como ni siquiera se había sentado, intentó besar los labios de su esposa, ella movió el rostro y solo pudo besar su mejilla, se retiró del consultorio con un pequeño portazo, Regina al saberse libre de su presencia soltó un suspiro casi en automático.
"no te preocupes, lo llamaré muy tarde, así te liberas de él por unas horas más", la conocía a la perfección, sabía que, muy bien no la estaba pasando con él.
"¿por qué hace todo esto por mí?, es claro su desagrado por mi esposo", no entendía su actitud si su relación no era la mejor, o eso creía.
"el tuyo también, hasta un niño lo puede decir", no la trataba con pinzas, por eso agravó su tono.
"es mi esposo y mi lugar es con él", bajó la cabeza y habló con resignación.
"no, Regina, tu lugar no es con él y lo sabes muy bien, acaba de enfrentarlo", seguía con su tono serio.
"sigo sin saber la respuesta a mi pregunta y ahora tengo otra, ¿por qué la confianza entre usted y yo?, ¿acaso somos amigas?", la miró fijamente a los ojos, pero su movimiento no salió como quería, un recuerdo invadió todos sus sentidos.
"Regina", no recibió respuesta, "amiga", la llamó nuevamente, tenía los ojos cerrados como perdida en su mente, se preocupó, "REGINA", alzó la voz.
"no me grites, no me he ido ni me iré", solo escuchó el último llamado, el recuerdo fue tan hermoso como un sueño hecho realidad.
"¿cómo?", acababa de cambiar el tono de respeto el mismo que utilizaba siempre.
"lo que escuchaste, Mary Blanchard", su rostro se iluminó al escucharla decir su nombre de los labios de su amiga.
"¡amiga!", le sugeriría que pasaran más tiempo juntas, estar en el hospital le haría bien para su amnesia.
"creo que merezco un abrazo, ¿no crees?", ni lo pensaron, se abrazaron como si hubiese sido la primera vez, "cuéntame de mi niño", exigió con mucha autoridad, "pero antes debo pedirte unas disculpas", recordó su actitud hacia ella y se avergonzaba.
"disculparte conmigo, ¿por qué?", la alegría de tenerla de vuelta no la dejaba pensar con claridad.
"porque pensé que eras la esposa de David y que Neal era su hijo", Mary se atacó de la risa, no era la primera vez que Regina Mills se ponía celosa y para ser sincera le encantaba verla así, era la señal de lo mucho que su corazón amaba a David aún sin que su mente lo supiera.
"no tengo un payaso en el rostro, ¿o sí?", seguía riendo sin parar.
"desafortunadamente no puedo contarte nada, pero me encanta que celes a David", para colmo, se burlaba.
"no es necesario que me cuentes, sé que entre nosotros hubo algo", cada palabra que decía, aumentaba su risa.
"ese nosotros se escuchó tan lindo, me pareció que nada de esto ocurrió y que el tiempo no ha pasado, solo un detalle no me encajó", se recuperó y pudo hablar, la confusión no se iba de lo ojos de su amiga, "olvídalo, comencemos con la consulta", se moría por decirle que se equivocaba al decir que la relación entre los dos era cosa del pasado.
"Mary, todo está listo", David entró sin anunciarse al consultorio.
"¡David!", al escuchar su voz, a Regina se le paralizó el corazón.
"hola Regina, ¿cómo te sientes?", fingió desinterés.
"me siento muy bien, veremos ahora qué dice mi doctora", siguió su juego.
"espero que se lleven bien, con permiso", no dijo más, debía salir de ahí cuanto antes.
Regina lo vio partir muy inconforme, tuvo que permanecer en silencio para recuperar el aliento que sin saber contuvo en presencia del doctor.
"acabo de confirmar que tengo razón", su amiga no se componía.
"¿qué quieres decirme?", le dio la autorización que esperaba.
"¿segura de que quieres escucharlo?", cuestionó.
"como que me llamo Regina y no sé más nada de mi vida", en ese momento ni se acordaba de su apellido.
"David te ama terca y tú…", levantó la mano y la detuvo.
"lo sé, lo siento, Mary, desde que abrí los ojos del coma y la primera imagen que vi fue a él, mi corazón lo tenía muy claro", confesó, en medio de toda su confusión, lo único claro era eso.
"entonces, ¿qué esperas?", no entendía el porqué de su alejamiento.
"no quiero hacerle daño, siento que sufre por mi culpa y no lo puedo soportar", al fin podía sacar lo que llevaba guardado.
"tienes razón, mejor aclara todo este enredo y luego conversan con calma", la comprendía como nadie.
"no quiero que sepa que recordé algo más", advirtió.
"tiene que ver con él, ¿cierto?", para que le pidiera eso, no podía ser de otra manera.
"aquí en mi consultorio", se veía vestida de doctora, en ese mismo lugar.
"perdón por eso Doctora Mills", definitivamente, debía venir más al hospital.
"esa parte no la tengo muy clara", se anticipó.
"por eso a partir de mañana vendrás a menudo al hospital, hablaré con Robin, para que estés conmigo los días de consulta, estoy segura de que aceptará y Cora me apoyará", se propuso luchar contra su amnesia y la enfrentaría con sus armas más poderosas, además de que como neuróloga sabía que había tomado la decisión correcta.
"me encantaría, así me libero de la monotonía de la empresa de Graham, aunque sea por unas horas", gran alivio.
"hasta que lo recuerdes todo, te quiero de vuelta ya", no podía esperar.
"¿por dónde comenzamos?", le urgía saber su evolución.
"vamos, quiero hacerte unos estudios", ambas salieron del consultorio abrazadas como si nada hubiese ocurrido, llegaron a la sala de radiología, allí las esperaban, los técnicos la recibieron con empatía y tuvieron paciencia con ella, le practicaron todo tipo de exámenes y le dieron las indicaciones para la resonancia magnética, era el último y el más complicado, debía vestirse con una bata especializada, luego acostarse sobre una mesa angosta la cual se deslizaría dentro de un tubo grande similar a un túnel, pero antes las enfermeras asistentes colocaron pequeños dispositivos llamados espirales alrededor de su cabeza, ellos ayudarían a enviar y recibir las ondas de radio y mejorarían la calidad de las imágenes y de esa forma obtendrían el resultado deseado.
"relájese, doctora", le dijo la enfermera antes de guiarla suavemente a la cama donde pronto comenzaría la prueba, ella obedeció y cerró los ojos, la imagen del recuerdo que acababa de tener en el consultorio con Mary se hizo presente.
Había sido una tarde agotadora, tuvo que atender los pacientes de su amiga y los de ella a la misma vez, ese día era el bautizo de Neal y por eso no había ido a trabajar, esperaba tener tiempo suficiente para llegar a la iglesia.
"¿lista para convertirte en la madrina más hermosa del mundo entero?", entró David a su consultorio mientras ella se quitaba los guantes y se lavaba las manos.
"mientras el padrino seas tú, por supuesto que estoy lista", le siguió la corriente.
"¿esa es una propuesta Doctora Mills?", se acercó y la sostuvo por la cintura, amaba ese gesto de él.
"le haría muchas propuestas, Doctor Nolan, depende de usted si las quiere aceptar", secó la humedad de sus manos con una pequeña toalla, se volteó y lo besó sin previo aviso.
"si cada vez que me hagas una propuesta me recibirás así, las acepto todas", dijo sin desprenderse de sus labios y caminaba hacia atrás para ponerla cómoda encima del buró y él entre sus piernas, bien cerquita de ella.
"puedo hacer algo por ti", le encantaba esos juegos de seducción con él.
"entonces, soy todo oídos", acariciaba su rostro luego que el beso terminó.
"¿qué tal si en el tiempo que nos queda vamos a nuestro lugar?", quería estar a solas con él, desde aquella noche del nacimiento del bebé de Mary, no habían encontrado otra oportunidad.
"me encantaría, pero me temo que no podremos, ni me he arreglado y le prometí a cierta madrina que estaría a su altura en el bautizo", tenía que ir a su casa cambiarse, apresurar a la presumida de su hija y dudaba que tuvieran mucho tiempo.
"yo que te quería preparar una sorpresa", se prendió de su cuello para besarlo nuevamente, sus labios eran una adicción.
"me vas a matar de amor Regina Mills", sonrieron.
"si te mueres no disfrutarás de la sorpresa", tenía que convencerlo, costara lo que costara.
"acepto", ahora fue él quien la besó, "te espero allí", la bajó del buró, la estrechó entre sus brazos y salió del lugar no sin antes percibir que Regina le tiró un beso con sus labios, soñaba con el momento que no tuvieran que ser tan discretos con su relación, aunque en el hospital no se escondían, todos lo sabían.
Regina se apresuró, recogió sus pertenencias, salió del hospital y antes de ir a verse con David pasó por una tienda para comprar la sorpresa que le tenía preparada, tomó un taxi y llegó al hotel, siempre él dejaba dicho en la recepción que ella llegaría, los belboys la acompañaban a la habitación y le entregaban la llave.
"acompáñeme Señora Nolan", caminó detrás de él hasta el elevador, y luego hasta frente a la habitación, sentía un poco de nervios.
"muchas gracias", el chico que la acompañó asintió con la cabeza y la dejó sola, abrió la puerta y David la esperaba sentado en la esquina de la cama.
"me muero por ver la sorpresa", ni la dejó llegar, cerró los ojos, de solo verlo sus nervios se desaparecieron.
"has sido un chico muy bueno, ahora vendrá tu recompensa", dejó un beso corto en sus labios y entró al baño, se desvistió para ponerse las pequeñas piezas de lencería que acababa de comparar, unos ligueros rojos acompañados con la ropa interior de encaje, unas medias de red y unos tacones super altos en perfecta combinación, echó un vistazo al espejo y se sintió extremadamente sexy, rezaba para que a David le encantara, abrió la puerta y conforme iba caminando hasta él, sus ojos quedaban más fascinados por lo que veían, entonces decidió agregarle un poco de sensualidad a sus movimientos.
"Regina…", tragó pesado cuando se detuvo a un paso de él, las palabras no salían, sus ojos la recorrieron de arriba hasta abajo, sin querer tocarla.
"qué lastima que no te haya gustado mi sorpresa", lo provocó en un tono seductor, que lo sacó de su estado para atacar sus labios con una pasión desmedida que jamás había sentido en él.
"esto es para que no digas que no me gustó la sorpresa", las manos le temblaban y notó que sus palabras no encontraban la coherencia adecuada, se apartó y volvió a su lugar en la cama para seguir admirándola.
"¿te quedarás así para siempre?", no se conformaba con un beso, quería más y si esa pasión con la que acababa de besarla se había despertado, no estaba dispuesta a dejarla dormida nuevamente.
"estás…preciosa…hermosa…ven aquí, quiero deleitarme con tu belleza", abrió sus brazos para recibirla muy gustoso, como no encontraba palabras para elogiarla, decidió tomar acción, con sus manos acarició cada rincón de su cuerpo, ella cerró los ojos y se entregó a cada una de las caricias de David, "te amo como no he amado a nadie antes", acompañó sus caricias con besos en su vientre, lentamente subió hasta estar a su altura ni con aquellos tacones extremadamente altos superaba su estatura, atacó su cuello con fiereza y luego la besó, ella se prendió de su cuello, enredó sus dedos en su corto cabello, todavía las manos de David continuaban explorando ese terreno que conocían de memoria, pero que no se cansaban de tocar, decidió que era hora de dedicarle tiempo a esas prendas de tan poquita tela, lucían elegantísimas adornando su cuerpo, solo que las muy caprichosas no le daban la libertada que necesitaba, se agachó y tomó uno de sus pies, se deshizo del primer zapato, para repetir la acción con el otro, subió un poquito más para zafar el broche de los ligueros y las medias de red las que descendió con maestría, entonces ahí se detuvo, se apartó para seguir admirándola, ahora con sus estilizadas piernas al descubierto.
"es mi turno", no le dejó otra alternativa que seguir su orden, se acercó a él, lo besó y con sus finas manos subió el pulóver ajustado que llevaba puesto, lo sacó por encima de su cabeza para acariciar su musculoso pecho con círculos lentos, David inclinaba la cabeza hacia atrás con cada movimiento, abrió el cinto y regresó a sus labios, pronto sus jeans ya no estaban, solo la ropa interior y antes de que también desapareciera, la detuvo.
"si seguimos así no llegaremos al bautizo", comentó mirándola a los ojos, ambos estaban perdidos en la pasión y el deseo.
"déjame disfrutarte", Regina se inclinó para susurrarle al oído la respuesta, fue su luz verde fundió sus cuerpos y hasta que no estuvieron encima de la cama haciéndose el amor deliciosamente no paró, el bautizo que esperara, amarla y extasiarse de ella era más importante.
Sin aliento y abrazados sin querer separase miraron a la nada tratando de normalizar la respiración.
"¿cómo estás?", preguntó David, no pasó desapercibido para él que algunas lágrimas salieran de sus ojos.
"bien, feliz, amada, desearía tener magia para detener el tiempo", respondió.
"¿segura de que no te lastimé?", cuestionó.
"qué dices, ¿estás loco?, ha sido el mejor de nuestros encuentros", le aseguró.
"tienes razón, pero ¿y tus lágrimas?", preguntó inseguro.
"es que…", se detuvo, no podía explicarlo, decidió mirarlo a los ojos, "te amo hoy más que nunca", confesó, "y esas lágrimas fueron de la emoción de sentirme en tus brazos una mujer viva, completa y la más especial de todo el planeta", la atrajo a otro beso.
"ya te lo he dicho, pero, no me cansaré de repetirlo, te amo infinitamente y no quiero que solo lo escuches, también quiero demostrártelo con cada beso, con cada caricia, con cada abrazo y cada vez que te haga el amor quiero que lo sientas, dame tu mano", solicitó, Regina obedeció, la depositó encima de su lado izquierdo, "así me siento cuando te tengo en mis brazos", sus latidos se aceleraban sin detenerse.
"nunca pensé que sería tan feliz, me parece que es un sueño", comentó ahora reemplazando su mano por su cabeza.
"pues créelo porque no es un sueño, es nuestra realidad, una muy bonita realidad", pasó sus manos por las espaldas femeninas para darle seguridad.
Se quedaron abrazados por unos minutos más disfrutando uno del otro sin decir una palabra, estorbaban, esa era la verdad.
"no quiero romper la belleza ni la magia, pero creo que ahora sí debemos irnos, tenemos el tiempo justo para llegar", David rompió el silencio.
"como siempre está usted en lo correcto mi doctor juicioso", se apartó del caluroso abrazo y comenzó a recoger la ropa para vestirse, él la siguió.
"dame un beso, nos vemos en la iglesia, no te olvides de lo que te dije", terminó de arreglarse primero, quería despedirse antes.
"¿qué?", cuestionó mientras recogía en una bolsa de plastico la lencería que había usado.
"que te amo con locura", cerró los ojos y se dieron el beso de la despedida.
"no tardes mucho en llegar", lo apuntó con el dedo.
"como usted ordene mi dueña", sonrieron y David abrió la puerta y se fue, ella dio un recorrido visual por toda la habitación para que nada se le quedara tomó su bolsa y se marchó, tuvo suerte y en menos de diez minutos llegó a su casa, se dio un baño, se arregló y salió bien apresurada hasta la iglesia.
"wow, parece que la madrina cumplió su promesa de ser la más hermosa, estás preciosa, amiga", la saludó Mary a su llegada.
"tú también luces deslumbrante con razón Robert no te quita los ojos de encima", cargó a Neal en sus brazos para hacerle unos mimos.
"quienes no han llegado son tu adorado tormento y su bella hija", de solo pensar en la persona a la que se refería, sus ojos se iluminaron.
"no deben tardar", respondió.
"¿hablaban de mí?", todo su cuerpo se estremeció al escuchar su voz y sus manos se escurrieron para sostenerla por la cintura, cerró los ojos con disimulo, si seguía tratándola así, aprovecharía cualquier oportunidad para secuestrarlo y comérselo a besos.
"le decía a Regina que tu ausencia me sorprendía", comentó Mary antes de atender al llamado de Robert y dejarlos a solas.
"parce que nos quedamos solos", comentó en su oído, el niño jugaba con su cabello.
"así parece", no quería privarse de su calor, por eso ni se movió.
"no solo me sorprendiste hace un momento si no que ahora también, no me equivoqué cuando dije que serías la más hermosa del bautizo", seguía provocándola con sus palabras.
"es solo un vestido común y corriente, no tiene nada de especial", aclaró para que no fuera tan exagerado.
"para mí no lo es", insistía, lucía un vestido blanco strapless corto muy ajustado a su figura desde que llegó al lugar le llamó la atención, casi ni pudo saludar a los presentes, tuvo que ir corriendo para tener el privilegio de admirar su belleza de cerca.
"ya comenzará el bautizo, entremos a la iglesia", anunció Mary y los invitados la siguieron.
La misa comenzó, el sacerdote anunció el inicio del bautismo con palabras tomadas de la biblia, bendijo ese día.
"ahora los padrinos acérquense", David ayudó a Regina con el bebé y ambos se acercaron a la pila bautismal donde el sacerdote roció la cabecita de Neal con agua bendita, la concurrencia se puso de pie para recitar la última oración y de esa forma la ceremonia en la iglesia culminó.
Después se dirigieron al local que habían rentado, el cual encontraron perfectamente decorado de color blanco.
Compartieron un momento inolvidable, Robert invitó a sus compañeros de trabajo y Mary a sus colegas del hospital, no les alcanzó la tarde para probar bocado, se habían encargado de elegir el menú con detenimiento, querían que todo quedara perfecto y por los rostros de los presentes, su objetivo se logró con éxito.
Ya al anochecer cuando la mayoría de los invitados se habían retirado y solo quedaba el grupo de amigos más íntimos se sentaron en la misma mesa a conversar animadamente.
"¿bailamos?", propuso David cuando Robert rompió el hielo y fue a la pista con Mary, debía dedicarle un tiempo a su esposa, por lo que al escuchar que el DJ los complació con una canción lenta, la sacó a bailar.
"dale mi niña, no todos los días uno recibe la invitación de un rubio tan apuesto como ese", la animó Cora, ambos rieron.
"aprovechemos que Emma se llevó a Neal a dar un paseo", comentó Regina mientras se ponía de pie y David la tomaba del brazo hasta guiarla a la pista.
Bailaron muy apretaditos, otras parejas les hicieron compañía, por ejemplo, Robin y su esposa Marian quienes disfrutaron de lo lindo estar compartiendo en familia ese día tan especial.
"no sabes cómo me he contenido para besarte durante toda la fiesta", comentó David en su oído.
"¿y quién te lo impide?, porque yo no", respondió con mucho atrevimiento, también se moría por besarlo.
"¿estás segura?", preguntó asombrado.
"no me pregun…", fue callada por los labios de David, la impresión no le permitió reaccionar al instante, pero no tardó en seguir el ritmo con la misma intensidad, el tiempo se detuvo, el planeta no giraba, se enajenaron tanto que ni cuenta se dieron que la música se detuvo y los aplausos y los silbidos de los presentes era el único sonido en la escena.
"somos el centro de atención ¿o me equivoco?", dijo David sin desprenderse de sus labios, ambos rieron, se dieron un último beso corto y se separaron, la euforia de todos los contagió de tal manera que, cuando la música volvió a sonar, bailaron un rato más.
"debo irme, es muy tarde", en contra de su voluntad rompió la perfección del momento, pero la realidad la golpeaba, daba lo que no tenía para ser una mujer libre para él, Graham se empeñaba en continuar arruinado su vida.
"te llevo y no quiero objeciones", puso su mano encima de sus labios previendo cualquier comentario.
"despidámonos", abandonaron la pista de baile tomados de las manos y se despidieron de todos, Emma se les unió y los tres salieron del lugar como una pequeña familia.
"llegamos", comentó la rubia cuando llegaron frente a la casa de Regina.
"así es mi cielo", ella se había montado en el asiento trasero.
"¿no te despedirás de papá?", cuestionó la adolescente, los cristales del auto eran oscuros, de manera tal que nadie podía ver nada de lo que ocurría dentro del auto, "por mí ni se preocupen, me encanta que estén juntos, hasta quisiera secuestrarte para que vivieras con nosotros para siempre", no podía negar que era hija de su padre.
"¡Emma!", la reprimió David por su comentario.
"déjala, dice lo que siente", los quería tanto, no podía esperar para compartir con ellos el resto de su vida, "ven cascarrabias", tomó a David por la nuca para unir sus labios en un beso no tan intenso como de costumbre, pero tan exquisito, que los hizo perder el aliento.
"nos vemos mañana, belleza", tomó su mano y dejó un corto beso antes de que Regina abriera la puerta y se bajara del auto, se paró en la entrada de la casa para observarlos partir, luego entró con una amplia sonrisa, debía despertar de su sueño de amor para enfrentarse a la realidad que la esperaba.
"REGINA", sintió que estremecían su cuerpo para sacarla de hermosa prisión de sus recuerdos.
"perdón, me quedé dormida", mintió.
"hemos terminado con la resonancia magnética", anunció la enfermera quien la ayudó nuevamente, retiró de su cabeza los pequeños dispositivos y la ayudó a bajarse de la cama.
"¿puedo vestirme?", preguntó.
"por supuesto, doctora, aquí tiene su ropa", muy amablemente la enfermera le devolvió su ropa, entró al baño, se cambió y Mary la esperaba, juntas regresaron al consultorio.
"tengo muy buenas noticias, la inflamación de tu cerebro ya es ínfima y…", comenzó, Regina la detuvo.
"eso quiere decir que en cualquier momento puedo recuperar la memoria", terminó con el diagnóstico.
"creo que la terapia de venir al hospital con frecuencia nos ayudará con eso, lo que acabas de decir me lo ha comprobado", eran deducciones médicas, no era posible que supiera, si no recordaba su profesión.
"ten por seguro que vendré", aseguró.
"mañana puedes venir, tengo una cirugía, puedes asistirme", Regina la miró con mucha duda, "no me mires así, no tendrás que hacer nada, solo observarás", respiró aliviada.
"¿alguna otra recomendación mi doctora?", preguntó.
"no tardes mucho en hablar con David, le haces falta", sugirió.
"¿si te confieso algo y me guardas el secreto?", se acercó a ella y habló bajito.
"por supuesto que sí", aseguró.
"muero de ganas por encerrarme en su consultorio con él, por eso llámame a Graham antes de que cometa una locura y no responda por mis actos", Mary soltó una carcajada que desde afuera tuvieron que haberla escuchado, le hizo caso y llamó a su esposo quien no tardó en llegar.
"hasta mañana", se despidieron.
"gracias, Mary", agradeció Graham con una risa forzada, "vamos amor", le extendió la mano, Regina obedeció, salieron del consultorio y antes de salir del hospital tuvieron un encuentro muy agradable.
"vaya, la parejita feliz", comentario desagradable y cargado de sarcasmo.
"Zelina, hace mucho no nos veíamos", atrajo a Regina hacia su cuerpo con posesividad.
"hola Zelina", saludó, no la recordaba, pero percibió una energía negativa que no le gustó ni un poquito.
"si nos disculpas, debemos irnos", Graham anunció su partida y se lo agradeció inmensamente.
"¿cómo te fue con la doctora?", cuestionó mientras conducía camino a la empresa.
"me hizo todo tipo de exámenes y se alegró mucho al verme muy bien, hasta me sugirió pasar tiempo en el hospital como parte de una terapia, eso puede ayudarme con la amnesia", explicó.
"me parece buena idea", aceptaría todo con tal de librarse de ella.
"te lo agradezco", Graham le sonrió y no hablaron más.
El resto del día transcurrió sin ningún cambio, se aburrió grandemente en la empresa hasta la hora de irse, regresaron a la casa, cenaron y fueron a sus habitaciones para dormir, a la mañana siguiente, la llevó al hospital donde pasó casi todo el día de un lado para el otro observando cada uno de los movimientos de su amiga Mary, Cora no perdió el tiempo y en un momento se la llevó a su consultorio, estaba cargada de pacientes y sería su enfermera asistente, con tan buena suerte no se cruzó con David, pensaba que era él quien no quería verla.
"¿cómo fue tu primer día de vuelta al hospital?", preguntó Mary en su consultorio, en unos minuticos de descanso que ambas tuvieron.
"tan cansada como si hubiese corrido un maratón", bromeó.
"me lo imagino, así me sentí el primer día después de haber estado de licencia por Neal", compartían un delicioso té de tila para relajarse.
"también me encantó trabajar con Cora", desafortunadamente, nada de lo ocurrido durante el día le resultó conocido, pero el cariño hacia ellas dos lo sentía muy vivo en su corazón.
"es que esa viejita te adora", comentó con misterio, "no le digas que la llamé así, es capaz de matarme", rieron muy animadamente.
"¿llamaste a mi esposo?", la idea de regresar a la casa, le provocaba dolor de cabeza.
"alarguemos un poco más nuestro reencuentro", le hizo una seña con los ojos, a Regina le encantó el entusiasmo de su amiga.
"gracias por este día tan maravilloso", se sentía en deuda con ella por permitirle tales privilegios.
"eres mi hermana y te quiero mucho, es lo menos que puedo hacer por ti", tomó el último sorbo del té, "¿qué tal si nos hacemos más de esta maravillosa infusión?", se sentía como nueva, necesitaba repetir la dosis.
"no sería mala idea", salieron del consultorio.
"Regina, qué gusto verte nuevamente", la voz de una persona que la conocía muy bien evitó que ambas amigas continuaran su camino.
"Katherine, ¿qué haces aquí?", Mary habló primero, su presencia allí no traería nada bueno como la última vez que supo de su pequeña visita al hospital, la cual terminó en caos.
"una tía se cayó de las escaleras y se fracturó la cadera, la hospitalizaron, la cirugía es mañana a primera hora", sus sospechas quedaron confirmadas con la aparición de David.
"Kat, ya tengo las radiografías creo que…", llegó tan concentrado en lo que diría que no se dio cuenta de lo que ocurría en medio del pasillo, "¡Regina!", exclamó, "no sabía que…", se detuvo, ni se imaginó encontrarla allí, los nervios lo traicionaron, quería que la tierra se lo tragara, siempre que su amiga Katherine aparecía su tranquilidad se transformaba.
"Regina ha estado todo el día en el hospital, David", salió en defensa de su amiga, quien sostuvo su mano muy fuerte, ella mejor que nadie entendió ese gesto.
"Mary, creo que interrumpimos algo", dijo claramente molesta, no le dirigió la palabra ni la mirada a ninguno de los dos y se fue de la escena, ¿por qué sería que su mente se activaba en momentos de estrés?
"deseo que tu tía salga muy bien en la operación, con permiso", siguió a su amiga, sabía que la necesitaba más que nunca.
"¿todo está bien entre tú y Regina, David?", se sorprendió por su actitud, por eso preguntó.
"es una larga historia que te contaré luego", fue su respuesta sin dejar de mirar la partida de Regina, tenía el presentimiento de que su situación acababa de empeorar.
