"¿estás bien?", preguntó Mary una vez alcanzó a Regina por el pasillo, casi corría.
"no sé", sentía su voz temblar.
Mary decidió no preguntar más, la apoyó con su silencio y la guió hasta el cuarto de médicos, donde preparó el té e intentó distraerla, no pudo, Cora apareció en la escena.
"acabo de ver a David con Katherine", fue su entrada triunfal.
"nosotras también", Regina decidió hablar.
"¿qué preparas, Mary?", cambió la conversación, el tono de Regina le dejó claro en el estado que se encontraba.
"algo para relajarnos", asintió con la cabeza, realmente lo necesitaban.
"acabo de recordar que David y Katherine son novios", informó Regina y sus amigas la miraron como esperando que ampliara la información, ambas recordaban muy bien ese acontecimiento.
"cuando yo lo digo, las tres son unas holgazanas", entró Zelina ofendiéndolas.
"Mary, te espero en el consultorio", lo que le faltaba para completar con su desagrado.
"te llevo el té, no te preocupes", la vio salir por la puerta y esperó estar a solas para darle su merecida respuesta a Zelina, "lo que tú no soportas es vernos unidas y no pierdes oportunidad para molestar a Regina, pues te puedes ir acostumbrando, vendrá muy seguido al hospital y tu hermano lo autorizó", le calló la boca.
"eso sin mencionar que David ni caso te hace", terminó Cora como para darle el tiro de gracia, salió en completo silencio del lugar, cuando se unían en defensa de la bruja de Regina, eran invencibles.
Trató de no pasar por el mismo lugar donde había visto a David con Katherine y se perdió, dio vueltas sin encontrar el camino correcto y cuando se cansó, tuvo que arrimarse a una de las ventanas de cristal, la cabeza le daba vueltas, permaneció allí por unos minutos hasta que vio justamente lo que quiso evitar, David y la recién llegada, se despedían en la salida del hospital con un abrazo, respiró profundo, cerró los ojos y no pudo evitar pensar en lo que acababa de recordar.
Una cirugía muy complicada le impidió encontrarse con David como cada mañana que desayunaban juntos en la cafetería del hospital, sabía que ese día tendría consulta durante toda la mañana y en la tarde les coincidía el turno de guardia, por lo que salió en su búsqueda de inmediato terminó en el quirófano.
"Regina", se encontró con la subdirectora en medio del camino con una expresión en su rostro como quien acababa de ver un fantasma.
"buenos días, Zelina", saludó cordialmente.
"no puedo decir que me da gusto verte porque tu presencia me molesta, pero acabo de hablar con David y me dijo que te dijera dónde podrías verlo", esa mentira nadie la creería, él conocía su relación con Zelina, no le enviaría un mensaje con ella, así fuera una urgencia, no le respondió, "acabo de cruzarme con él en el pasillo", la dejó allí y se apresuró para encontrarlo, se moría por saludarlo, lo extrañaba, después de todo, recibir esa información de sus labios, le alegró la mañana, qué error cometía al pensar así.
Caminó solo un par de pasos y ahí estaba, muy bien acompañado por su amiga la doctora Katherine, envuelto en un beso en medio de uno de los pasillos más transitados del hospital, se paralizó en el lugar, no podía hablar ni moverse y desde donde estaba, dudaba que pudiera verla, por lo que siguió caminando, la escena seguía, Katherine lo sostenía por la nuca ya que su estatura no le permitía el acceso a sus labios con mucha facilidad.
"¡Regina!", cuando por fin todo aquel espectáculo culminó, abrió los ojos para verla con los brazos cruzados presenciando la escena en primera fila.
"creo que mejor los dejo solos, nos vemos luego muñeco", Katherine decidió que estorbaba, el intercambio de miradas entre ellos se lo dejó muy claro.
"déjame explicarte, yo…", con mucha calma, Regina levantó su mano y lo detuvo.
"todo está muy claro", ni se inmutó.
"no digas eso", respondió David.
"¿qué quieres que te diga cuando te veo besando a otra mujer y ni siquiera hiciste nada para apartarla?", no recibió respuesta, "¿qué hubieras hecho en mi lugar?", el silencio reinó en la escena, "respóndeme", lo animó, su falta de coraje atentaba contra su paciencia, misma que nunca imaginó asumiría ante esta situación.
"no lo sé", finalmente habló.
"ah, porque no lo sabes, muy bien, cuando determines la respuesta, me buscas para hablar, mientras tanto tu relación y la mía de ahora en lo adelante será estrictamente profesional", quiso irse, la llamó.
"Regina, por favor", la tomó del brazo para detenerla, no le permitió tocarla, se escapó de su contacto al instante.
"es doctora Mills para usted, doctor Nolan y esta conversación terminó", se fue muy apresurada, de lo contrario quedaría descubierta ante él, sus lágrimas le demostraron lo mucho que lo sucedido le dolía.
"nuestra colega no se cansa", la voz de su amiga interrumpió su recuerdo, su mirada permanecía fija en la escena frente a sus ojos, la que tuvo el placer de disfrutar, cuando el té estuvo listo, fue a su consultorio y al no verla, decidió buscarla por todo el hospital.
"lucen muy hermosos juntos", su tono irónico, la dejó descubierta.
"no me digas que volverás a dejarle el camino libre, porque esta vez sí no lo permitiré", se ganó su atención.
"¿de qué hablas?", recordó el beso, nada más, no sabía cuál había sido su siguiente paso.
"si tengo que encerrarlos en un cuarto para que aclaren este mal entendido, lo haré", no debía hablar de su pasado, ni menos esa experiencia tan traumática para ella.
"si lo haces, ¿quién sabe lo que su novia sea capaz de hacer?, no lo recuerdo muy bien, pero debo cuidar mi prestigio como doctora", ni loca se quedaba a solas con David y menos ahora que tan furiosa se sentía con ella misma por todo lo que él la hacía sentir.
"¿te dije que me encanta cuando lo celas?", transformó el tono de seriedad para una broma que calmaría los ánimos caldeados.
"¿celosa?, ¿yo?", cuestionó con inocencia.
"el primer síntoma de estar hirviendo de los celos, es no reconocerlo", seguía con su burla.
"¿tú sabrás si Zelina y yo tenemos algún problema?", cuestionó y Mary no contuvo su risa ante el cambio de tema.
"todos tenemos problemas con ella, ¿por qué?", conocía la historia mejor que nadie.
"porque me pareció que fue ella quien lo facilitó todo para que los viera", hizo cuentas, pero tenía dudas.
"¿ver a quiénes?", seguía haciéndola hablar, porque ya habían comentado sobre sus sospechas, solo que por la amnesia no lo recordaba.
"el día que vi a David besando a Katherine en medio del pasillo, fue ella quien me indicó el camino", argumentó para que Mary entendiera a lo que se refería.
"Zelina no tolera que él te ame, Regina", habló de más, ya era tarde para retractarse.
"lo querrá para ella", dedujo, "le puedo decir que ahora no represento ningún peligro, que la rubia recién llegada es el número uno en la lista", seguía con sus celos, no los podía esconder.
"prefiero ver a David con Katherine antes de que con Zelina", pensó en sus palabras y continuó su intervención, "pero David solo te ama a ti y punto", Regina sonrió por primera vez, ella la siguió, por fin la tensión se había disipado.
La vibración del celular de Mary interrumpió el momento, hizo una cara muy cómica cuando vio quien la llamaba.
"dime Graham…sí cuando quieras", miró a Regina a quien le cambió la expresión del rostro al imaginarse el motivo de esa llamada.
"viene a buscarme, ¿cierto?", Mary asintió y fueron hasta el consultorio para esperarlo allí, donde conversaron de otros temas hasta que llegó y ambos se fueron del hospital.
Le molestaba grandemente la actitud de su amigo con respecto a Katherine, por eso, no lo pensó dos veces para ir a su consultorio, una vez Regina se marchó.
"me puedes explicar, ¿en qué estás pensando?", entró sin anunciar su presencia.
"¿qué te ocurre, Mary?", no sabía a qué se debía esa reacción.
"tu amiguita de la universidad", comprendió de inmediato.
"me preocupa el tema de su tía", explicó, no veía nada de malo en ayudar al familiar de un paciente.
"¿con tanta familiaridad?", seguía haciéndolo cuestionar cada paso.
"es mi amiga", replicó.
"una amiga que te besa, eso es interesante", resaltó.
"ahora entiendo", encajó las pizas.
"te vio abrazándola, David, te vimos", rectificó.
"¿nos vio?", las defensas se desvanecieron de solo pensar lo que eso significaba.
"también se acordó del beso", la situación iba de mal para peor.
"debe estar furiosa, la conozco", no era una pregunta, apostaba lo que no tenía, que ni quería verlo.
"asegura que son novios y como comprenderás, no puedo decirle nada", David asintió, tendrían que esperar a que recordara algo más.
"siento que la estoy perdiendo, Mary", confesó, "esa amnesia nos está alejando cada vez más", siguió, su corazón latía a altas velocidades de solo imaginarse que no la recuperaría.
"no coincido contigo", presenció los celos de Regina, era imposible que no sintiera nada por él.
"¿te ha dicho algo?", preguntó esperanzado.
"prometo que los ayudaré para que conversen", lo que su amiga le confesaba moriría con ella, sería incapaz de traicionarla.
"ojalá me escuche, la última vez, ni me dejó hablar", comentó resignado, la mujer que amaba era una cabeza dura, aunque no la cambiaría por ninguna otra.
"no le quedará otro remedio, confía en mí, esperemos unos días, te acordarás de mí", le guiñó el ojo y salió victoriosa, tenía a David en el lugar donde quería.
Recogió sus pertenencias en el consultorio, fue por Neal y llegó a su casa, Robert no se había sentido muy bien en los últimos días y ella quería quitarle algunas responsabilidades para que descansara, hizo la cena, alimentó al bebé, lo acostó en la cunita, le preparó un baño relajante a su esposo para cuando llegara del trabajo y a la hora de la cena, no tuvo ni deseos de probar bocado, tenía un terrible dolor de cabeza, ella estaba considerando hacerle unos estudios en el hospital, debía encontrar la causa que justificara esos repentinos dolores de cabeza, además de sufrir otros síntomas que la preocupaban, sus náuseas, constantemente se quejaba de tener algunos problemas de visión y también en las mañanas muchas veces despertaba un poco confundido, como perdido en el tiempo, tenía algunas sospechas de su diagnóstico, pero quería evidencias, era lo mejor, ambos acordaron que hacerse esos estudios sería lo más sensato.
Al otro día, Robert no pudo levantarse de la cama, su estado empeoró considerablemente durante la noche, decidió no ir a trabajar, Mary avisó a Robin quien también se preocupó y para que se calmara, le aseguró que una vez su esposo se sintiera mejor, llamarían a una ambulancia, luego llamó a Graham, para pedirle que llevara a Regina a su casa, podría ayudarla con el bebé mientras ella se encargaba de la recuperación de Robert, sorprendentemente, aceptó su propuesta, no tardaron en llegar.
"buenos días, gracias por traer a Regina", ni deseos tenía de hablar.
"no tienes nada que agradecer, sé que ustedes son amigas", fingió compadecerse, aunque si fuera por él, nunca hubiese salido del campo con ella, si no hubiera sido por ese maldito accidente, todavía la tuviera a sus pies y compadeciéndose por su salud.
Regina le dedicó una mirada como solo ella lo hacía para que se retirara lo más pronto posible, porque su presencia no era grata y que mentía descaradamente, por suerte, no recordaba nada, si no, podía asegurar que no estuvieran en esa situación.
"las dejo solas, la empresa me llama", salió rápido de ahí, los ojos de Regina lo intimidaron.
"¿qué le sucede a Robert?", cuestionó Regina cuando Graham ya no estaba.
"debo hacerle unos estudios, pero…", no pudo continuar, un fuerte estruendo proveniente del cuarto se lo impidió, Neal hasta se despertó por el ruido.
"voy por el niño", se apresuró al cuarto para calmar el llanto del bebé, quien, al verla, la reconoció sin dificultad, lo cargó en sus brazos, lo meció y se quedó dormido nuevamente.
"Regina, llamé a la niñera, no tarda en llegar, me llevo a Robert en la ambulancia", cuando llegó a la habitación lo encontró desvanecido en el suelo, se asustó, el pulso era muy débil y por más que trató de reanimarlo, no reaccionaba, por eso, llamó a urgencias.
"espérame en el hospital", la vio perderse por la puerta y poco después, escuchó el sonido de la sirena, por suerte el pequeño ni enterado de la ausencia de su mamá, con mucho cuidado lo acostó en su cunita y lo observó dormir como el angelito que era, se entretuvo tanto que se le fue el tiempo.
"soy la niñera de Neal", la voz de una jovencita la sobresaltó.
"perdón, lo observaba dormir tan tranquilo que ni cuenta me di de su llegada", explicó y la chica le respondió con una dulce mirada.
"no se preocupe, vengo a cuidarlo, supe que el señor está enfermo", Regina movió la cabeza, "deseo que todo salga bien", al parecer les tenía mucho cariño, su mirada se tornó triste y compasiva.
"todo saldrá bien", le aseguró, "soy Regina, la madrina de Neal", se presentó, muy mal de su parte por la falta de educación.
"me llamo Ella", le correspondió.
"un gusto, Ella, ahora me retiro, Mary me necesita", se despidió y salió de la casa, sin idea de lo que haría para llegar al hospital, minutos después, apareció frente a ella un taxi, le hizo seña con la mano, le indicó el lugar donde quería ir, el taxista no tardó en ubicarse y en un abrir y cerrar de ojos estaban allí, le pagó y se bajó.
"llegó quien faltaba para la operación de su cuñadito", comentó Zelina, cuando se cruzaron en la entrada del hospital.
"¿operación?", cuestionó.
"sí, ¿no sabes nada?, qué raro", seguía sembrando veneno, como de costumbre, Regina ni caso hizo a sus palabras, solo supo que sintió una profunda preocupación en su corazón.
"no tengo tiempo para conversar contigo ahora", miró para todas partes y le pareció ver a David en el consultorio, tenía la puerta abierta, no le fue difícil.
"lástima que ni te acuerdes de tu nombre, no la podrás ayudar", fue como si se alegrara de su condición y que no pudiera hacer nada por el esposo de su amiga, no le respondió, la dejó con la palabra en la boca.
"David, dime cómo está Robert", su rostro no le daba esperanzas.
"míralo tú misma", le ofreció unos documentos, eran los resultados de los estudios que le practicaron cuando llegó a la sala de urgencias, Mary le había dado una copia antes de entrar al quirófano, él no podría asistirla porque debía asistir a Robin en la cirugía de la tía de Katherine.
Regina los analizó detenidamente, uno en particular le llamó la atención, "David", lo llamó, sin apartar la vista de la resonancia magnética.
"no me he ido", le respondió, la notó como ausente.
"Robert necesita una intervención quirúrgica con urgencia si es que queremos salvarle la vida", explicó, fue como si el papel le hablara, pudo leerlo a la perfección y supo lo que debía hacer.
"Mary está con él en el quirófano, Cora la asistirá", comentó, no le decía nada nuevo.
"llévame al quirófano, necesito operarlo, su aneurisma cerebral le ha sangrado y cada segundo que pasamos aquí es un segundo de vida que perderá", dijo muy segura de sí misma.
La actitud de Regina, no era la de una persona que sufría de amnesia, la miró intensamente, sus ojos le dieron la respuesta que tanto necesitaba, "vamos", se levantó de la silla y la llevó al quirófano, donde Mary y el equipo de doctores recién comenzaban la cirugía, se detuvieron detrás de un cristal inmenso que les permitía observar lo que ocurría dentro.
Al abrir la puerta del lugar, fue como si le regresara el alma al cuerpo, de momento se sintió como si volviera a casa después de mucho tiempo ausente, cerró los ojos para disfrutar la sensación de estar de vuelta, pero ocurrió algo muy grave que no le permitió alargar su felicidad, Mary se paralizó y se tiró en el suelo, movía la cabeza de un lado al otro, negándose a comenzar con la cirugía, "David, necesito entrar", la amnesia no le permitía ser confiable, entendía si recibía una negativa, se asombró con lo que escuchó.
"la doctora Mills entrará al quirófano, necesita que la ayuden a vestir", anunció a las enfermeras, quienes de inmediato, la guiaron hasta un pequeño cuartico, donde la ayudaron a ponerse la bata y los guantes para dejarle el camino libre hasta la mesa donde yacía Robert conectado a todo tipo de equipos monitoreando sus signos vitales, ni habló, comenzó el procedimiento como si estuviese recitando su poema preferido de memoria.
"una cirugía exitosa, doctora Mills, como siempre", la elogió uno de sus asistentes cuando terminaron y trasladaban a Robert a la sala de recuperación, ellos se lavaban las manos afuera del quirófano.
"no esperaba menos de mi niña", comentó Cora al escuchar los elogios.
"no fue nada, solo evité que Robert muriera", bajó la cabeza avergonzada por los comentarios.
"una embolización endovascular impecable", David se sumó a la conversación, sus ojos le brillaban por el orgullo que sentía.
"nunca mejor dicho", apoyó Cora.
"tuve el privilegio de observar la cirugía, puedo decir con seguridad y sin temor a equivocarme, que, la doctora Mills está de vuelta", anunció como si fuera un acontecimiento de gran relevancia y debía registrarse en la historia.
"debemos decirle a Mary", habló Regina para que dejaran de alabarla tanto, no le gustaba resaltar sus habilidades con tanta relevancia.
"la llevaron al cuarto de médicos", informó Cora, los tres fueron hasta allá, pero antes, los abrazó a los dos, ese simple gesto los llenó de satisfacción.
"Regina, gracias…", no pudo terminar de hablar, Mary la abrazó anegada en llanto, se les unieron David y Cora quienes lloraron también, "no sé qué hubiese ocurrido si no hubieras estado, soy una inútil que no pude salvar la vida de mi esposo", dijo entre lágrimas.
"no digas eso, mi niña, eso le ocurre a cualquiera en tu situación", la calmó Cora.
"Doctor Nolan, lo esperan en el quirófano", Aurora, su enfermera asistente le informó.
"Aurora", Regina la reconoció perfectamente.
"Doctora, es un gusto tenerla de vuelta, todos en el hospital comentan sobre la cirugía", en un lugar donde todos se conocían, era imposible que se mantuviera un secreto.
"espero que cierto doctorcito, te libere y pronto regreses a ser mi asistente en las consultas", David le dedicó una mirada que la derritió al instante, si no hubiese sido por la urgencia que debía atender lo besaba allí mismo delante de todos.
"para ti, todo lo que me pidas", no pudo evitar contestar, todos admiraban su intercambio, tal parecía que nada hubiera ocurrido.
"no creo que tu noviecita te lo permita", sus celos aprovecharon para manipularla y romper la magia del momento.
"ve hijo, el deber te espera", Cora miró a Regina como reprimiéndola en silencio y lo salvó.
"esta conversación no ha terminado", antes de seguir a la enfermera, quien salió primero, apuntó a Regina con el dedo en señal de advertencia.
"no tengo más nada que agregar", David solo le sonrió y se retiró.
"a veces me pregunto si de verdad padeces de amnesia", comentó Mary.
"no sé de lo que hablas", respondió con inocencia.
"que tu terquedad supera los límites", terminó Cora.
"gracias, alguien que me apoya", Mary se puso a su favor.
"ustedes creen que si yo no tuviera amnesia ayer que lo vi tan acaramelado con esa rubia, no le hubiese hecho una escena de celos, pero no, estoy muy tranquila", no pudieron aguantar la risa, no había nada más cercano a una escena de celos que lo que acababan de presenciar.
Así permanecieron en una conversación muy entretenida que calmó a Mary, de todas formas, debía esperar a que Robert saliera de recuperación, por lo que se mantuvieron allí, se distrajeron por unas horas, además, debían celebrar que Regina se había acordado de su profesión.
Pronto les avisaron que podían ir a ver a Robert, quien no había recobrado la conciencia, pero era normal en su estado, esperar era lo correcto, pero les quedaba la satisfacción de que no moriría.
"tuve tanto miedo de perderlo", comentó Mary sentándose en una silla junto a la cama y le sostuvo la mano.
"lo sabemos mi corazón", Cora abrazaba a Regina.
"vine de inmediato supe que ya Robert había salido de recuperación", entró David y comentó muy bajito.
"¿cómo fue la cirugía?", era costumbre preguntarse mutuamente cada vez que salían del quirófano.
"tuvimos una pequeña complicación, pero Robin y yo la resolvimos, ahora se encuentra en recuperación", explicó.
"como siempre, tú y Robin hacen muy buena dupla en el quirófano", comentó Regina, esos detalles le demostraban que realmente, la amnesia mejoraba a pasos agigantados.
"y ni mencionar cuando se unen fuera", Mary los hizo reír.
"sabía que los encontraría aquí", entró Zelina y sin consideración alguna, interrumpió.
"no podíamos estar en otro lugar, ¿desea algo, subdirectora?", Regina se enfrentó a ella con mucha seriedad.
"decirles que son unos irresponsables y que los quiero en mi oficina a la voz de ya", exigió.
"hablarás conmigo luego, no me moveré de aquí ni por ti ni por nadie y si eso implica que perderé mi trabajo en este hospital, pues que así sea", le sorprendió que la mosquita muerta de Mary respondiera de esa forma.
"tú eres la primera inconsciente", la ofendió.
"¿por qué, por poner la vida de mi esposo en manos de mi hermana?, no hay nadie mejor capacitado que ella entre nosotros", siguió su juego.
"una amnésica no es confiable y mucho menos está capacitada", miró a Regina con desdén.
"mejor hablemos en tu oficina", David evitó que la conversación tomara otro rumbo, los cuatro salieron guiados por Zelina, quien aparentemente, disfrutaba la situación.
Mary tomó su celular e hizo una llamada, no permitiría que la pelirroja se saliera con la suya, al recibir la respuesta que esperaba, se quedó satisfecha.
"¿quiénes se creen ustedes para permitir que Regina, sin licencia, entrara al quirófano?", ni les brindó asiento al llegar a su consultorio, David estaba parado detrás de la bruja y Cora a su lado, ambos protegiéndola, no lo toleraba, le hervía la sangre por la rabia.
"me hago responsable por lo ocurrido", David fue el primero en hablar, esta cara de Zelina era nueva para él, conocía por comentarios de su mal carácter, pero nunca se imaginó que fuera así.
"no David, aquí quien único asumirá las consecuencias seré yo", lo miró para hacerle saber que le agradecía.
"si Regina no llega a entrar, Robert se nos muere en la mesa del quirófano", Cora también la defendió.
"Cora, tú sabes cómo funcionan estas cosas, me extraña que te hayas involucrado en esta insensatez y que, además, la celebres", quiso hacerla entrar en razón.
"por supuesto que tengo que celebrar, estudiamos para salvarle la vida a los pacientes, es justo lo que Regina acaba de hacer", le dio el mérito que merecía.
"Zelina, no te ciegues, Regina es una de nuestras mejores neurocirujanas", David pausó su tono y acortó la distancia entre él y Regina, ella se lo permitió.
"¡una neurocirujana que no se acuerda ni de su nombre!", exclamó con furia.
"¿qué ocurre aquí?", irrumpió Robin en la escena, ante el llamado de Mary, le aseguró que se haría cargo de la situación.
"alguien tiene que pagar por lo ocurrido", lo miró desafiante.
"¿quieres revocarnos nuestra licencia como médicos?, pues lo aceptaremos encantados", comentó Cora y David asintió con la cabeza en señal de apoyo.
"de aquí nadie se va, al contrario, le devolveré su licencia a Regina", Zelina se escandalizó con esa decisión.
"bajo ningún concepto aceptaré que cometas esa estupidez", la furia se le dibujó en los ojos.
"¿por qué no?, acaba de demostrarnos que sabe lo que está haciendo", solo su voz y la de su hermana se escuchaban, los demás observaban el intercambio.
"porque nos hará quedar mal, toda la fama que le han atribuido, no se la merece", pensaba que se la quitaría de encima, pero su odio aumentó al ver que David no la soltaba y la muy descarada aceptaba gustosa.
"Zelina los problemas personales están terminantemente prohibidos en estos temas, eso no es nuevo para ti", le advirtió.
"pero…", impuso su autoridad.
"PERO NADA, REGINA VUELVE A TRABAJAR EN EL HOSPITAL Y ES MI DECISIÓN FINAL, TE GUSTE O NO", alzó su voz para que a todos les quedara claro que no había marcha atrás en lo decidido.
Ni el silbido de un pájaro se escuchó, lentamente salieron del consultorio y la dejaron sola, rabiaba por la impotencia.
"gracias Robin", Regina fue quien primero habló.
"necesito verte en mi oficina, Mary, David y Cora te supervisarán atendiendo a tu condición, espero comprendas", los tres coincidieron con él.
"nos veremos más tarde", habló Cora y se retiró.
"yo debo chequear la evolución de la tía de Katherine", siguió David y Robin guió a Regina hasta su oficina.
"quiero que sepas que me da mucha alegría que hayas recordado que eres de las mejores doctoras que he tenido el placer de conocer", le ofreció asiento en su buró de trabajo.
"no es para tanto, todavía no me acuerdo de muchas cosas", aclaró.
"poco a poco, este proceso es lento", le dio ánimo.
"no sabes cuánto quisiera que la amnesia desapareciera", se desesperaba cada vez que no podía encajar las piezas de su rompecabezas.
"te entiendo, por lo pronto, celebremos tu regreso al hospital", hizo unos movimientos en su computadora e imprimió el contrato para que Regina lo firmara.
"no sé por qué Zelina me trata de esa forma", resaltó su inconformidad.
"ya lo sabrás", dijo mientras la veía poner su nombre en el contrato.
"te agradezco nuevamente", le dedicó una sonrisa y se fue del lugar.
Mágicamente ya los pasillos del hospital no le resultaban desconocidos, sabía perfectamente la dirección que debía tomar, pero de repente, se sintió mareada y todo se quedó negro, cayó al suelo desplomada.
Anualmente participaba en el Congreso de Neurocirugía en Madrid, siempre Mary la acompañaba, pero esta vez, por su de licencia de maternidad, no pudo asistir, hubiera sido una oportunidad perfecta para pasar unos días con David, se le cruzó por la cabeza la remota idea, pero como casi ni se veían y ella trataba de ignorarlo después de lo ocurrido con Katherine, esa no era una opción, tenían muchas cosas que aclarar como para dar su brazo a torcer tan fácil, debía respetarla como mismo lo hacía ella, ¿qué se creía, que porque su divorcio no era un hecho su relación no significaba nada?, pues no, tampoco le iba a permitir a esa recién llegada al hospital que anduviera besando al primero que se le cruzara por el camino y menos a David.
"por suerte llego a tiempo", pensando en el rey de roma y acababa de asomar su corona, lo miró de arriba hasta abajo antes de hablar, esperaba que chequearan su boleto de avión en el aeropuerto.
"¿qué hace aquí, Doctor Nolan?", preguntó fingiendo desinterés, de solo verlo, su corazón la traicionó, no había arma más poderosa que la mente.
"creo que es evidente, iré al congreso también", a última hora, Robin le avisó que debía asistir y entre preparando el equipaje y conociendo los detalles de lo que debía hacer, casi pierde el vuelo.
"no fui notificada de su presencia", le evadió la mirada.
"déjate de berrinches y confiesa que te encanta verme aquí", seguía sin mirarlo, se acercaba a ella con pasitos cortos.
"¿su novia le dio permiso para venir?", interrogó con sarcasmo.
"no es mi novia, Regina", ante su terquedad cambió la estrategia.
"alguien debería informárselo, no puede ir por ahí besando hombres ajenos", a David se le escapó una carcajada por el comentario.
"¿hombres ajenos?", le encantaba hacerla rabiar.
"es mi turno", aprovechó para rectificar sus documentos, así no respondía.
En completo silencio, los dos pasaron a la sala de embarque a esperar el anuncio para subir al avión, David se estaba desesperando por su indiferencia, ni siquiera lo miraba y si decía algo, no respondía, asistir a este congreso sería una tortura.
Varias horas de vuelo bastaron para que el cansancio los venciera, apenas llegaron al hotel, se encerraron en sus habitaciones a descansar, al otro día comenzaría el congreso y debían estar al ciento por ciento de sus capacidades.
"dormilona", le dijo cuando la vio llegar apresurada al coctel de bienvenida donde les darían el programa de actividades, ese día a Regina le correspondía hacer una exposición en el tercer grupo de trabajo, él tendría el privilegio de admirarla, lo disfrutaría de lo lindo.
"buenos días", su autocontrol se desvaneció al verlo lucir un traje muy elegante y encima la bata de médico la cual resaltaba su masculinidad, la boca se le hizo agua.
"te diré un secreto, estás preciosa", se inclinó y le habló al oído, su piel se erizó.
"aquí dice que compartiremos el mismo grupo de trabajo", seguía evitándolo, no sabía hasta cuándo, pero por ahora se mantendría firme.
"me deleitaré con tu conferencia, solo me dedicaré a mirarte y a sentirme orgulloso porque eres la mejor", seguía susurrando en su oído, entre la multitud, tenían que comportarse.
"guarda tus palabritas para Katherine", seguía con lo mismo, es que los celos le nublaban el entendimiento.
"estoy intentando arreglar las cosas", quería que entendiera, que dejara la terquedad.
"si quieres arreglar las cosas ya sabes lo que tienes que hacer", le advirtió.
David decidió no presionarla, entendió la señal y durante el resto del tiempo que duró el congreso, solo hablaban asuntos relacionados con su profesión y se resignó a que sus planes de pasar con ella unos días felices, alejados de todo y de todos, se desvanecieran, ni intentó preguntarle si quería lo mismo, conocía la respuesta.
El día del regreso llegó, él, decidió quedarse por una semana más en Madrid para relajarse, por lo que cambió su fecha de vuelo, a Regina no le gustó para nada la noticia y poco le importaba, durante esos días ni interés le mostró, era mejor tomar distancia.
"este es el informe del congreso", anunció Regina cuando entró al consultorio de Robin.
"¿ya estás de vuelta?, pensé que te quedarías en Madrid con David", asombrado comentó.
"le dije a mi esposo que regresaría ayer en la mañana y aquí estoy", mintió, nadie debía enterarse de los problemas de su relación con David.
"me equivoqué cuando planeé que se encontraran allí", confesó.
"¿tú?", preguntó como en cámara lenta.
"ustedes son uno Regina y en las últimas semanas la distancia ha sido perceptible", aclaró para que no pensara que David le había contado.
"te tomaré la palabra y me quedaré en mi casa por una semana", anunció.
"no sería mala idea, espero descanses", entendió que no quería hablar del tema.
Regina se fue para su casa la que pronto le quedó demasiado chiquita.
"¿qué ocurrió, David?", la preocupación de Cora se reflejó en su rostro al ver que cargaba a Regina inconsciente en sus brazos.
"la encontré desmayada", con mucha suavidad la depositó en una camilla de la sala de urgencias y comenzó a reanimarla con alcohol.
A los pocos minutos, despertó confundida.
"¿qué sucedió?", miraba a David intensamente, fue una verdadera tonta en ese viaje, esperaba que, en algún momento del pasado, algo más hubiera ocurrido entre ellos, con la intensidad de sus sentimientos cada vez que tenía un recuerdo, los que sentía tan vivos en su corazón, se negaba a que haya terminado así por su terquedad.
"te encontré desmayada, ¿te golpeaste?, ¿estás bien?", tuvo que contenerse para no llorar, su bienestar le preocupaba más de lo podía expresar, su situación no le permitía verse vulnerable ante ella.
"gracias", tocó su mano para sentir su calor y cerró los ojos para regodearse en ese instante.
Cora los observaba callada, la vida era injusta, demasiado, "te andábamos buscando porque Robert despertó y quiere verte", anunció.
"también quiero verlo", intentó incorporarse y un mareo no se lo permitió.
"mejor te dejo en observaciones hasta que llegue tu esposo", esa palabra se encajaba en su corazón como una daga.
"tengo mucho mareo", confesó, "y la cabeza me quiere estallar", no se sentía bien.
"iré por algún comprimido, no te muevas de aquí", advirtió.
"no te preocupes, con la mirada amenazadora de Cora, la creo capaz hasta de arrancarme el corazón si te desobedezco", se tocaba la cabeza mientras ambos reían frente a ella.
"no tardo", acarició suavemente su mano y la dejó bajo la tutela de la mujer mayor a quien quería tanto y su sonrisa le dejaba claro que era plenamente correspondida.
"creo que Mary se encargó de llamar a Graham informándole lo sucedido" le informó, "guardé tus pertenencias en mi consultorio", una de las enfermeras que la ayudó a vestirse para la cirugía, se las entregó.
Regina asintió, "sabes, recordé algo más", los ojos de Cora la miraban expectantes, "fuimos a Madrid juntos", en el hospital no se hablaba de otro tema durante esos días, solo para llevarse la decepción de que regresaron separados y pasaron unos días sin que se incorporaran a trabajar.
"¿puedo preguntarte algo?", interrogó, siempre quiso saber, y no era de estar inmiscuyéndose en asuntos personales de terceros.
"adelante", esperaba lo peor.
"¿qué sucedió en ese viaje?", sospechas confirmadas.
"lo ignoré por terca que soy, debió sufrir mucho, justo como ahora y la culpable soy yo", liberó su decepción.
"habla con él, siempre se entendieron bien, por eso están destinados a amarse", una lágrima salió y mojó su mejilla, la secó de inmediato, David venía y de seguro le preguntaría, no quería darle explicaciones.
"regresé", Cora alternó su mirada entre los dos.
"debo irme, no olvides recoger tu bolsa", le guiñó el ojo y Regina asintió.
"de seguro esta píldora te ayudará a sentirte mejor", en una mano traía un vaso de agua y se lo ofreció.
Solo lo miraba suplicante para que no se fuera de su lado, no encontraba el valor para entablar una conversación, prefería el silencio, sabía que sus celos la traicionarían, respiró profundo, sin cerrar los ojos.
"gracias", ese día le había agradecido por tantas cosas.
"¿por qué me agradeces?", su mirada dulce la tenía embrujada.
"por defenderme de Zelina", sentía tanta negatividad en sus ojos cada vez que la veía que la asustaba.
"lo haré siempre, quien se atreva a ofenderte o hacerte algo malo, tendrá que enfrentarse conmigo primero, ella es mi amiga y colega de años de trabajo, pero tú…", se detuvo, no quería seguirlo callando.
"pasaba por aquí y de casualidad te vi, ¿estás bien?", Graham como siempre en medio de los dos.
"muy bien, podemos irnos cuando quieras", casi sin poder, llegó hasta él para abandonar la escena, hubiera querido desaparecerlo en el mismo instante que habló.
"tengo una cena especial preparada para ti", comentó en el auto, Regina permanecía más callada que de costumbre, hoy le enseñaría una lección.
"no tengo apetito", respondió con furia, sin mirarlo.
"¿hasta cuándo?", recibió su mirada, "soy tu esposo, merezco una atención de tu parte, me tratas como si fuera un extraño y a ese doctorcito lo miras como queriendo devorarlo, dime Regina, ¿tienes algo con él?", fingió estar ofendido, no escuchó repuesta, se aprovechó, "no lo voy a permitir, me oyes", apretó su brazo con fuerza, su asombro fue infinito, ese lado violento y posesivo de su esposo no lo conocía.
"suéltame, me lastimas", exigió.
La dejó libre lentamente, no hablaron más en el resto del camino, cuando llegaron, Regina se apresuró a encerrarse en su habitación, no podía creer que hubiese estado casada con un violento, lloró toda la noche y salió antes de que amaneciera, llegó al hospital en taxi, tuvo que pedirle al chofer que la esperara para poder pagarle, al ver su desespero, se apiadó de ella.
El consultorio de Cora estaba abierto, entró y ella se asombró por verla allí tan temprano, ni habló, tomó su monedero y salió como una loca para pagarle al taxista, quien cumplió con su palabra y al ver que también cumplió con su parte, le sonrió, regresó al hospital y la escena que vio le destrozó el corazón, Katherine llorando en el medio del pasillo y David consolándola, les pasó por el lado como un ciclón, dudaba que la hubiesen visto.
"parce que tuviste una aparición", Cora la conocía, su llegada tan temprano, y su expresión de rostro ya era demasiado sospechoso como para no preocuparse.
Cayó desplomada en el suelo, a llorar sin consuelo, Cora entendió y cerró la puerta para que nadie la viera en ese estado.
"niña, no puedo verte así, pero si quieres llorar, aquí estoy", se agachó para estar a su altura y la abrazó.
"no sé qué voy a hacer, no soporto a Graham", entre sollozos habló.
"¿te hizo algo ese desgraciado?, lo mato", advirtió.
"no me hizo nada porque me encerré en mi habitación", en los brazos de la mujer mayor se sentía muy bien.
"maldito", intentó hablar bajito, igual la escuchó.
"lo vi, Cora, lo vi", le dolía saber que su marido era un violento, pero más le dolía la escena que había visto.
"te dije que debías hablar con él", en su noche de guardia mucho ocurrió, la tía de Katherine, quiso levantarse de la cama a caminar, se cayo nuevamente y de urgencia la sometieron a otra cirugía, donde casi muere.
Nadie más habló una sola palabra, Regina se calmó y ambas se pusieron de pie.
"vamos a la cafetería", propuso, desde el día anterior no se alimentaba.
"un café nos haría muy bien", el desayuno allí no era una delicia, pero al menos resolvió su problema.
"¿irás a descansar?", preguntó Regina cuando terminaban de desayunar.
"tengo una reunión con la subdirectora, ayer no le gustó mucho que te defendiera, ahora quiere cobrar venganza", rieron, era absurdo, pero su actitud del día anterior le demostró que era capaz de eso y de mucho más, deseaba tanto recordarlo.
"usas tus encantos y conquistas su corazón", bromeó.
"ojalá fuera tan fácil, su corazón ya tiene dueño, aunque no sea correspondida", por una extraña razón, recordó a David y siguió un impulso que le dio de repente, se levantó de la mesa, dejó a Cora con la boca abierta por su repentino movimiento y salió de la cafetería, quizás se arrepentiría de su próximo paso, no le importaba.
"dime que no es cierto", entró al consultorio y al ver a la persona que buscaba, cerró la puerta.
"¿de qué hablas?", quería que fuera más clara.
"¿es tu novia?", preguntó.
"¿quién, Regina?", seguía jugando al desentendido.
"Katherine, dime que no tienen nada, por favor", lo vio caminar hacia ella, observó cada uno de sus movimientos, la miró intensamente, la tomó por los brazos y la atrajo hacia el buró, donde casi se sienta con ella en su regazo.
"Katherine es mi amiga de la universidad, la quiero mucho", comenzó, trazaba círculos en sus mejillas y acariciaba sus ojos como si supiera que había llorado, "no puedo decirte más, pero, ¿confías en mí?", esa pregunta la derrumbó en sus brazos, sus lágrimas no se detuvieron, muchas emociones juntas en tan pocas horas del día.
"siento que puedo confiar en ti con los ojos vendados sin temor a equivocarme, pero…", David secaba sus lágrimas.
"pero los celos no te dejan que tu corazón derrumbe las barreras", terminó su intervención, lentamente se acercó a ella para rozar sus labios, sin dar el primer paso, no sin antes recibir la luz verde, esa que ella le dio con un ligero movimiento de sus labios, los que encontraron su lugar en los de él, sin mucho esfuerzo, sus manos la atraían hacia él, sus cuerpos se fundieron como si fueran uno, la dulzura y la intensidad que sintió fue incomparable, ni el beso que se dieron en el hotel, aquel día que recordó, ni los que recordaba, superaba este, la serenidad, la seguridad y el amor que le transmitían sus labios superaba sus sueños, sus pensamientos y sus recuerdos.
"espero que esto te haya borrado las dudas", pegó sus frentes, no dejaba de mirarla, esos ojos azules que la transportaban al paraíso, "me estoy muriendo cada día que no te tengo en mis brazos, tu amnesia me rompe el corazón y tu distancia no la supero", seguía sin querer liberarla.
"¡Regina!", la voz de Cora la sacó de su burbuja mágica.
"voy", respondió, no podía ser posible que un minuto de felicidad se lo arrebataran de esa forma.
"Graham vino por ti", el pánico inundó su rostro, David se dio cuenta.
"mañana conversaremos con más calma, te espero aquí temprano, si no vienes sabré que tu respuesta es negativa", propuso como una cita, otra vez se le escapaba de entre las manos, "jamás te he traicionado", fueron sus últimas palabras antes de que entreabriera la puerta y se escurriera para salir desapercibida.
"está como loco porque te le escapaste, le dije que habías ido a ver a Robert y que te iría a buscar", besó su mano en señal de agradecimiento, caminaron hasta el consultorio de Cora, en absoluto silencio, el brillo en sus ojos era imposible de ocultar.
"me diste un susto de muerte", sostuvo su mano, para que ni hablara, "nos vamos en seguida, tengo una sorpresa, luego te regreso, no tardaremos", casi la saca por los cabellos, ni adiós pudo decirle a Cora.
"¿qué fue todo eso?, ¿me puedes explicar?", quería explicaciones.
"soy tu marido y me tienes que respetar", advirtió.
"es mi trabajo, no pienso dejarlo ni por ti ni por nadie", lo desafió.
"de hecho, no irás más, y por haberte escapado te quedarás encerrada en tu cuarto hoy, mañana regresas para la empresa", no lo podía creer.
"no puedes hacerme esto", trató no mostrarse débil.
"obsérvame", la cayó y lo peor fue que cumplió con su palabra, la encerró en su habitación durante todo el día y fue a trabajar, Regina lo supo por el portazo que dio al salir, se recostó a la pared para no caerse, su vida se había convertido en una pesadilla, de la noche a la mañana, lo único que le daba consuelo era aquel beso con David, el cual sentía tan vivo en sus labios, que los saboreaba tratando de que no se esfumara, cerró los ojos y podía percibir su aroma impregnado en su piel y sus caricias cobraban vida en su mente, el resto del día lo pasó pensando en él y en cómo se escaparía para verlo, debía contestarle que su beso había borrado sus dudas, sus miedos y que los celos ni los recordaba.
Graham ni fue capaz de darle de cenar, solo le abrió la puerta para llevarla al baño y cuando amaneció que le ordenó que se alistara para irse a la empresa, donde la sentó en su oficina sin quitarle los ojos de encima hasta el medio día que le ordenó a Ruby que la llevara a un restaurant para almorzar, tenía una reunión muy importante, la que no podía cancelar, no era tan importante como para eso, se lo dejó muy claro para que ni protestara.
La secretaria la llevó a un restaurante muy lujoso, el que se notaba que no era la primera vez que visitaba, la entretuvo en una conversación muy aburrida a la que solo asentía sin mencionar palabra, el momento incómodo terminó cuando una pareja entró al salón tomados de las manos y muy románticos, una pequeña película hermosa se reprodujo ante sus ojos.
Tres días pasaron y pronto descubrió que estar encerrada en su casa no fue la mejor decisión que había tomado, al regresar del congreso en Madrid, David no salía de su cabeza, la tentación por llamarlo crecía con cada día que no lo tenía cerca, que no podía verlo, una mañana, después de que Graham saliera para la empresa, aprovechó para ir al hospital, sabía que no lo encontraría, que todavía no regresaba de Madrid, pero estar allí la distraería, lo que se encontró cambió su ánimo radicalmente.
"Regina, necesito hablar contigo", Katherine recogía sus pertenencias.
"¿por qué recoges tus cosas?", cuestionó.
"cometí muchos errores en mi vida, por los que he tenido que pagar un precio elevadísimo, solo me arrepiento de uno, que no me ha dejado vivir con plenitud", cruzó los brazos para escucharla atentamente, "me enamoré de mi mejor amigo y no he sabido enfrentarme a la realidad de que nunca me corresponderá, haga lo que haga", no entendía su confesión.
"¿de qué hablas?", debía ser clara.
"su primera esposa y su hija eran fuertes contrincantes, pero tú, contra ti no tengo ni siquiera una mínima esperanza, de la forma como te mira, como ha sufrido en estos días después de que nos viste besándonos, tal pareciera que muriera en vida", esa argumentación la ubicó en tiempo y espacio.
"no quiero hablar de ese tema contigo", advirtió.
"necesitas saber que fui yo quien lo besó y no ha sido la primera vez que lo he intentado, me le he ofrecido en innumerables ocasiones, siempre recibí una negativa, esta última vez me demostró que no vale la pena intentarlo, y cuando nos viste en el momento preciso que lo sostuve para que no se fuera, supe que la guerra la tenía perdida ante ti", algunas lágrimas salieron de sus ojos.
"¿por qué me dices todo esto?", su honestidad la abrumaba.
"porque perfectamente sé que, David es un caballero y no me culparía por lo ocurrido", tenía toda la razón, además, de que ella no lo creería.
"te agradezco la sinceridad", no le quedaba otra opción.
"quiero que se reconcilien, búscalo, si no es mucho pedirte, lo haces inmensamente feliz, Regina y eso es la única esperanza que me queda, si no me corresponde, por lo menos que sea un hombre completo en tus brazos", renunciar a la persona que se ama para dejarla libre, es un acto de absoluta bondad, su actitud la conmovió, "no me respondas nada, solo piénsalo", salió sin que le respondiera, se quedó pensativa, necesitaba procesar toda la información, su paz no duró.
"no sabes cuánto he rogado para encontrarte aquí", Emma entró, haciéndola suspirar por el alivio que sentía la adolescente por verla.
"también te extrañé", abrió los brazos, la jovencita le correspondió.
"busca a papá, parece un alma en pena sin ti", dijo en su oído.
"a no ser que viaje a Madrid, me será imposible verlo por más que quieras", separó a la rubia para hablarle frente a frente.
"¿Madrid?", cuestionó y rió a carcajadas como burlándose de sus palabras, "mi padre regresó hace días y tuvo que venir a trabajar porque estar en la casa no le ayudaba para sacarte de su cabeza, si lo sabré yo", la madurez y la aceptación de esa niña le daban una gran lección.
"¿quieres decir que está aquí, en el hospital?", las alas de su corazón emprendieron vuelo.
"no exactamente, pero sé cómo lo puedes ver", sacó de su bolsa un llavero y lo movió de un lado al otro para ofrecérselo, "ve y dile que lo amas, y quédate con él hasta mañana, por favor, quiero que su sonrisa regrese", casi se arrodilla.
"¿y tú?", preguntó.
"me quedaré en casa de una amiga hasta que me avises o si no en un hotel", lo tenía todo resuelto.
"eres una chica muy traviesa", tocó su nariz con una amplia sonrisa, se le había acabado de ocurrir la reconciliación perfecta, solo que eso no se lo diría.
"¿aceptas o no?", la desafió.
"claro que sí, dame esas llaves", abrió su mano para que Emma depositara el llavero, sacó de su bolsa algún dinero y se lo ofreció.
"¿para qué es esto?", preguntó.
"quédate mejor en un hotel para que no molestes en la casa de tu amiga", Emma la abrazó con efusividad.
"por eso te adoro", se separó del abrazo y salió del lugar con una sonrisa de satisfacción, misma que tenía ella, solo que ni cuenta se había dado, se sentía enajenada con lo que ocurriría después, ni lo dudó, caminó hasta la casa de David, abrió la puerta, se escuchaba un gran silencio en toda la casa, dejó su bolsa en el sofá, subió las escaleras y entonces lo escuchó, el sonido del agua caer le dio la idea de dónde lo podía encontrar, quería proponerle que la reconciliación fuera en la bañadera, al parecer todo estaba a su favor esa mañana, continuó hasta abrir la puerta del baño, David tenía los ojos cerrados, el vapor del agua caliente opacaba las puertas de corredera, por eso no podía ni sospechar de su presencia, admiró el panorama, el agua mojaba cada rincón de su cuerpo, por un momento sintió envidia de ella, siguió deleitándose con la escena, pasaba sus manos por el corto cabello, para liberarlo de los restos de espuma, la que resbalaba libremente hasta sus pies y encontrarse con el suelo para despedirse de él para siempre, fue su motor impulsor porque de ninguna manera estaba dispuesta a dejarlo ir, abrió la puerta y se le coló en la bañadera, pronto el agua comenzó a mojar toda su ropa, escurrió sus manos por sus espaladas y acortó la distancia entre ellos para que sus cuerpo se reconocieran.
"Regina, ¿eres tú?", la tocó levemente y se tuvo que cerciorar de que no fuera un sueño del que le aterraba despertarse.
"soy yo mi amor", respondió y en un sencillo movimiento la puso delante de él para admirarla, aunque la ropa todavía permanecía en su cuerpo.
"pensé que te había perdido para siempre", presionó su rostro en sus manos.
"no me has perdido, estoy aquí y no pienso irme jamás", fue suficiente, atacó sus labios con pasión, la cargó y presionó su cuerpo en la pared fría, era como si hubiera querido recuperar el tiempo perdido durante los días que estuvieron separados, la besaba con desespero, sin querer darle oportunidad a que respirara, cuando sació sus deseos de besar sus labios, la bajó y encontró el zíper de su vestido el que estuvo abierto sin que lo supiera, luego lo sacó por encima de su cabeza para quedar en ropa interior ante sus ojos.
"eres…la mujer más hermosa que mis ojos han tenido el privilegio de admirar, no me canso de mirarte, me pasaría toda una vida deleitándome con tu belleza", las últimas palabras que se escucharon entre los dos, entre caricias, abrazos, besos y el agua que no dejó de mojarlos, se hicieron el amor allí y luego como no fue suficiente, David la cargó hasta la cama donde también se disfrutaron uno al otro intensamente hasta perder las fuerzas y quedar fundidos como un eclipse lunar, ella encima de su pecho, acariciando todo su cuerpo tratando de recuperar el aliento y recobrar la voz, olvidaron cómo se hacía.
"justo como lo planeé", con trabajo logró decir esas palabras.
"engreída", levantó la cabeza para alcanzar sus labios en un corto beso.
"pero soy TU engreída", sentirse que le pertenecía en cuerpo y alma era la mejor sensación que hubiese tenido en su vida.
"me gusta como se escucha, ¿podrías repetirlo?", la animó seductoramente, ella le correspondió moviéndose un poco hacia arriba para hablarle bajito al oído.
"soy tuya y de nadie más", sus palabras lo enloquecieron, la tomó por las espaldas y la volteó para quedar encima de ella.
"permítame informarle, señora Nolan que este caballero, es su propiedad privada", sonrió ante su declaración y entre risas se besaron.
"suena hermoso", entre sus labios comentó.
"¿que yo sea tu propiedad?, claro que suena hermoso", reafirmó.
"eso también", la miró confundido, "señora Nolan, se escuchó tan hermoso de tus labios que me dieron ganas de amarte una vez más", fue como una propuesta.
"concederé sus deseos mi señora, dejaré que me ame el resto del día y el resto de la noche porque no tengo intención de permitirle que salga de esta habitación sin que hagamos el amor otras infinitas veces más", repartió besos por su cuello y acariciaba sus piernas desnudas.
"acepto, acepto y acepto otra vez", nuevamente se envolvieron uno en el otro y el resto del día y la noche se perdieron en la pasión, el deseo y el amor que sentían, definitivamente la reconciliación tenía un sabor exquisito.
"¡Regina!", la voz de Ruby, la trajo de regreso del paraíso, para aterrizar en el infierno que era su vida, pero no estaba dispuesta a soportarlo un segundo más.
"¿decías?", preguntó, la sonrisa de sus labios no se la borraba nada, ni nadie.
"¿que si comerás postre?", una pregunta simple.
"pídelo, pero antes iré al baño", Ruby se quedó conforme con su respuesta, se levantó de la mesa y encontró la forma de escapársele sin ser vista.
Como andaba sin bolso, caminó sin ningún tipo de protestas, al contrario, su sonrisa crecía cada vez más, fue como si los árboles en las aceras bailaran al ritmo de sus pasos y el viento ondeaba su cabello, se sentía libre, completa, feliz, no recordaba haberse sentido así antes, suponía que la amnesia alguna vez la dejara disfrutar de su pasado porque con lo que recordaba, cada pieza encajaba perfectamente para armar su vida, la que estaba de cabezas, sus pensamientos no la dejaron percatarse de que había llegado a su destino, llenó sus pulmones de aire y tocó la puerta.
"¡viniste!", la rubia se prendió de su cuello con ímpetu, "¡papá, mira quién llegó!", cerró la puerta y fue arrastrada por la chica, habían muchas caras jóvenes, y música, al parecer había llegado a una fiesta.
Sus ojos lo engañaban, no podía tenerla en su casa, pestañó varias veces antes de hablar, aunque no pudo, alguien evitó que cometiera una locura, de la cual no se arrepentiría.
"supliqué para que te iluminaran el camino, ven, quiero que pruebes unas delicias", Cora, la tomó del brazo y la llevó a la cocina, donde intentó hacerla comer todo tipo de dulces, ella solo quería probar la fruta prohibida, le resultaba más atractiva, por eso no le quitaba los ojos de encima, "no te preocupes, es todo tuyo", se dio cuenta de su distracción.
"¿qué es todo esto?", los jóvenes bailaban en medio de la sala muy animados.
"la fiesta de graduación de Emma, a quien le cambió completamente el rostro cuando apareciste y no fue la única", le informó.
"no sabía, ni siquiera me hubiera atrevido a venir", no respondió a su comentario.
"tu presencia ha animado la fiesta", le dio un golpecito en el brazo para que despertara de su enajenación, David la tenía embriagada.
"me has animado, quiero probarlo todo", Cora le sonrió, preparó un plato con cada uno de los dulces del buffet, ella misma los había elegido, David le pidió ayuda para preparar la fiesta ya que ni con Regina ni con Mary podía contar por obvias razones.
"conversemos en el sofá, contagiémonos de la juventud", Regina la siguió, allí permanecieron durante toda la celebración, hasta que Emma y David despidieron al último de sus invitados, solo quedaba, el chico que ponía la música quien tenía muy buen gusto, por cierto.
"quiero que la saques a bailar, deja la música en mis manos", le comentó Emma, casi no tuvo oportunidad de compartir con ella, quería desvivirse en atenciones con los amiguitos de la jovencita, quienes se fueron muy complacidos.
"tú y tus locuras", comentó.
"las que te encantan, no lo puedes negar", lo empujó disimuladamente para ir a hablar con el chico que disfrutaba la música con unos auriculares más grandes que su cabeza.
"¿quisieras bailar conmigo?", llegó hasta el sofá y aunque interrumpió una conversación muy entretenida, no se arrepentía, le extendió la mano e hizo la petición.
"sería un placer", la risa de Cora era más amplia que el planeta, aceptó su mano y la guió hasta la sala, sostuvo su cintura con una mano, con la otra, elevó sus manos a la altura de sus hombros, pronto la música comenzó y se balancearon a un ritmo sincronizado y perfecto, su hija sí que sabía cómo elegir un tema romántico, además, al escuchar la letra de la canción no pudo pensar que describía a la perfección su historia de amor, era el tema interpretado por Carlos Rivera, Que lo nuestro, se quede nuestro, se perdió en la emoción de tenerla en sus brazos nuevamente, el beso del día anterior, no se había borrado de su mente y aunque pasó toda la mañana esperándola y nunca llegó, valió la pena, lo importante era que había llegado, tarde, pero segura.
Esa canción no fue suficiente, quería más, pero cuando terminó y el silencio reinó en la casa completa, no pararon el baile y se inclinó para susurrarle a su oído la parte de la canción que más le había gustado, "que lo nuestro, se quede nuestro, que yo de amarte, no me arrepiento, lo que vivimos, fue tan sincero, cuánto te quise, cuánto te quiero", sintió que Regina detuvo los movimientos de ambos y giró su rostro para pegar sus labios en un beso lento que detuvo el tiempo y el mundo solo giraba a su alrededor, todos los miraban, no debían excederse, por ahora se conformarían, era suficiente para disfrutarse.
"¡REGINA, SÉ QUE ESTÁS AHÍ!", los gritos de Graham los separaron de su contacto.
"es tu esposo, quédate aquí, yo me encargo", besó su mano para darle fuerza.
"no, iremos los dos", con seguridad le replicó.
"me encantó como sonó eso", le susurró al oído, y la dejó sola por un momento para asegurarles tanto a su hija como a Cora, que todo saldría bien, regresó, tomó la mano de Regina, entrelazó sus dedos y caminaron hasta la puerta, necesitaban darse fuerza para enfrentar la tormenta que encontrarían una vez se abriera la puerta.
