Cuando la puerta se abrió lo único que pudieron ver fue la furia de Graham dibujada en sus ojos, ambos tragaron pesado, la batalla sería peor de lo que imaginaron.

"sabía que estabas aquí, ahora mismo nos vamos", dijo muy sobresaltado.

"yo contigo no iré a ninguna parte", respondió Regina, y David apretó su mano en señal de apoyo.

"eres mi esposa e irás conmigo adonde yo diga, lo quieras o no", seguía excediendo el volumen de su voz.

"no tendré memoria, pero por lo poco que he recordado, hace mucho tiempo que no sostenemos una vida matrimonial, así que iré adonde quiera y no me lo impedirás", los ojos de Graham se enrojecieron de la furia, era como si un volcán estuviera erosionando.

"este tipejo te está envenenando la cabeza en mi contra, no ganarás la guerra, para que lo sepas, Regina no te pertenece", se dirigió a David.

"tú mismo apartaste a tu esposa de ti, no la mereces, no es mujer para ti ni siq…", Regina lo detuvo.

"no soy un trofeo ni le pertenezco a nadie", miró a David y entendió que ella solo necesitaba de su fuerza para enfrentarse a su esposo.

"te casaste conmigo y me prometiste amor y fidelidad hasta la muerte", Regina encogió las cejas, ese gesto era común en ella, cada vez que algo le molestaba, Graham lo conocía muy bien.

"te pediré a las buenas que te retires", su voz se mantenía calmada ante las provocaciones.

"dije que vendrías conmigo", se atrevió a intentar agarrarla del brazo, ella lo detuvo de inmediato.

"no te atrevas a ponerme un dedo encima", reaccionó con mucha seguridad y David quien estaba alerta por la actitud de Graham, al ver la respuesta de Regina, se calmó, esa era la mujer combativa y valiente de la que se había enamorado, aunque ni ella misma lo recordara, se enorgulleció.

"esto no se quedará así, me oyes David, has ganado una batalla, la guerra no ha terminado", con mucho descaro lanzó su amenaza.

"¿la llevarás nuevamente para el campo bajo quién sabe qué mentira?", se le escapó esa información, la paciencia se le colmó con la actitud tan fuera de lugar de Graham, estaba es su casa, ¿cómo se atrevía a hacer semejante espectáculo?

"allí por lo menos…", Regina miraba de un lado al otro el intercambio entre ambos hombres, no entendía nada, además, estaba Emma, era suficiente.

"¡basta!", exclamó y como si hubiese dado una orden, cerraron la boca, "no me iré contigo, es mi última palabra", un poco molesta habló, su paciencia había llegado a su límite, nadie dijo nada, se aprovechó "ni se te ocurra ir al hospital, tú y yo no tenemos más nada de qué hablar, espero te haya quedado clarito como el agua", Graham les dio las espaldas y se marchó cabizbajo y derrotado.

Regina tenía las manos frías como el hielo, David cerró la puerta y la estrechó entre sus brazos para que se compusiera, luego se les unió Emma, Cora observaba la escena muy enternecida.

"no le permitiré a Mary que sea la madrina de su boda, ese lugar es mío y lo pelearé", fue inevitable no reír, Regina se sentía desorientada, el cuerpo no le respondía, las palabras de David no salían de su mente y ahora este comentario, pero igual los acompañó.

"la madrina seré yo, he luchado mucho por esta unión, es lo más justo", Emma se unió al juego de palabras.

"serás algo mejor, mi corazón", al sonido de su voz, todos callaron, ni se imaginaron que también intervendría, los miró y comprendió que no entendieron el mensaje, continuó, "eres nuestra hija", sin tiempo de que pudiera respirar, Emma se le tiró encima y la apretó con tanto fervor que por un momento sintió el aire abandonando su cuerpo.

"y a mí que me atropelle un tren", bromeó David, sus ojos brillaban como luces resplandecientes, lo que sucedía estremecía todo su ser.

"habló el celoso", Emma se apartó de los brazos de Regina y repitió la acción con su padre, quien la recibió gustoso.

"son tal para cual", Cora con la mano en su boca, no podía contener su risa.

"eso lo he escuchado, Mary lo dice mucho", Regina la siguió y se prendió de su brazo para observar la escena entre padre e hija.

"dos personas no pueden estar equivocadas", acarició su mano con ternura.

"ahora me iré para el equipo de Cora y Mary, porque a mí nadie me quita de la cabeza que ustedes estaban destinados a conocerse", intervino Emma.

"bandera blanca", David levantó los brazos en señal de rendición, se sentía solo en medio de un bombardeo, la mejor fiesta de su vida, no cambiaría ni un detalle, su hija había terminado sus estudios satisfactoriamente, tenía en su casa a Cora, quien siempre estaba dispuesta para apoyarlo y también tenía a la mujer que amaba, aunque por momentos la sentía ausente y desubicada, pero sabía muy bien que esos eran síntomas de su estado mental, aunque hacía un gran esfuerzo y la amaba más por eso.

"hablemos de temas muy importantes ahora, ¿dónde se supone que vivirás, mi niña?", se dirigió a Regina y no recibió respuesta, "puedes quedarte en mi casa, hay suficiente espacio para las dos", vivía en una casa grande, la compañía no le vendría mal.

"te puedes quedar aquí, esta es nuestra casa y lo sabes", Regina se desprendió del brazo de Cora y sin que lo esperara, lo besó delante de todos, fue un simple toque de sus labios, pero le encantó esa actitud de ella.

"por ahora, aceptaré la propuesta de Cora, Graham está muy alterado y si se entera que estoy viviendo con ustedes será capaz de algo peor de lo que hizo hoy, su furia me lo dejó muy claro", aunque su beso fue efímero, David pasó sus manos por las espaldas de Regina y en esa posición, la escuchó hacer un razonamiento lógico, quería tenerla en su casa, no lo negaba, pero era mejor esperar que las aguas tomaran su curso.

"tienes mucha razón, hagamos las cosas bien", moría por llamarla como tanto le gustaba, no era el momento.

"si todos nos pusimos de acuerdo, recojamos este desorden y vamos que antes debemos ir a ver a Robert, se lo prometí a Mary", Cora dio la clausura de la escena familiar y comenzaron a trabajar en equipo, Emma ayudó a su amigo el DJ, a recoger su equipo, con la adrenalina del momento, lo había olvidado por completo, el chico tan bueno y educado, esperó sentado en el sofá a que la conversación terminara.

"limpia y reluciente", comentó Emma.

"necesitamos hacer más fiestas en la casa", le hizo una seña a su hija y ella solo movió la cabeza de un lado al otro, entendió bien el significado de su comentario.

"debemos marcharnos, nos veremos mañana en el hospital", Cora recogió su bolsa y animó a Regina para que se despidiera.

"si quieren las llevo, ahora debo ir a la casa de nuestro DJ a quien contrataremos para las fiestas futuras", el chico se sonrojó.

"papá oso, no es necesario, Cora y yo caminaremos hasta allá", Regina lo tomó de la nuca y se besaron nuevamente, delante de todos.

"no lo sigas malcriando, luego quien tiene que dormir con él soy yo", ambos rieron sin separar sus labios.

"haz silencio, rubia peligrosa, no seas aguafiestas", la reprendió Cora.

"¿rubia peligrosa?", preguntó asombrada.

"sí, ese nombre me lo gané por ser muy traviesa", por nada del mundo le diría que fue ella quien la bautizó así.

"tuvieron mucha razón, es tu descripción perfecta", por una extraña razón que no podía recordar, el sobrenombre le resultó conocido.

"odio a tu amnesia", se comportó como la adolescente inmadura que era y sus sentimientos salieron a flor de piel, sí, la tenía allí, la vio enfrentarse a Graham como solía hacerlo, no se despegaba de su padre, los acompañaba en cada broma, pero no era la Regina que su corazón había comenzado a ver como madre.

"¡Emma!", David la miró fijamente y exclamó.

"déjala David, yo también mi corazón", la jovencita tenía razón, su amnesia no la dejaba disfrutar a plenitud, la maldecía en silencio.

"vamos, el día no termina", Cora rompió el momento incómodo.

"nos veremos mañana", Regina le agradeció, terminó con la despedida y las dos se retiraron de la casa, había sido una tarde inolvidable, con altibajos, pero cargada de ternura y un ambiente familiar que le encantaba.

"prefiero caminar un poco, nos hará bien", comentó Cora, ella se perdió en su mente, "fuiste muy valiente, enfrentaste a tu esposo como en…", detuvo la próxima palabra, aunque dudaba que la hubiese escuchado, "¡Regina!", exclamó.

"¿qué decías?", interrogó.

"decía que…, ¿sabes qué?, olvídalo", no valía la pena repetir lo dicho.

"gracias", que le ofreciera su casa significaba demasiado para ella.

"¿por apoyarte con David?, eso siempre lo haré, cuentas con mi completa aprobación", debía decirlo, esa tarde la vio diferente, cada día la recuperaba un poquito más.

"por eso también, pero brindarme tu casa fue grandioso", minutos antes cuando ni escuchó lo que dijo, su mente le regalaba flashes de pequeños recuerdos que no tenían orden lógico, ni entendía, pero algo sí le quedó claro, Cora era una persona muy importante en su relación con David.

"cuestas conmigo siempre", aseguró su posición.

"tuvo razón Mary cuando me dijo que te adoro, lo siento en mi corazón", la abrazó y continuaron su andar en pleno silencio, no les faltaba mucho para llegar a su destino.

"al fin las veo, Mary no ha dejado de preguntar por las dos durante todo el día", comentó Robin al verlas entrar muy abrazadas, estaba de guardia esa noche y se sentía muy contento por la evolución del esposo de su colega, además, con ver la felicidad reflejada en sus ojos era más que suficiente.

"aquí estamos", respondió Cora a su comentario.

"ah, Graham vino buscándote", la locura que vio en sus ojos lo asustó.

"ya conversé con él, gracias Robin", siguieron su camino sin dar más detalles.

Abrieron la puerta del cuarto con cuidado, no querían despertar a Robert y tuvieron razón, Mary y él estaban profundamente dormidos.

"iré a tu consultorio a buscar mis cosas", habló Regina casi en un susurro, Cora asintió y le entregó las llaves.

"te esperaré aquí, tal vez tengamos suerte y despierten mientras llegas", salió de ahí sin hacer el menor ruido.

Caminó por los pasillos del hospital con tanta soltura, con tanta libertad, sentirse sin la presión de Graham la ayudaría, de eso estaba segura, entró al consultorio de la cardióloga, recogió su bolsa, miró hacia todos los rincones, cada lugar de ese gran edificio le parecía como su casa, a la que no podía evitar regresar, donde sentía que su corazón latía con más ímpetu, donde se sentía viva, completa y realizada profesionalmente.

"pero miren la gran sorpresa que me he llevado", escuchó una voz que la hizo cerrar los ojos por el desagrado, ahí la mente se aprovechó de su debilidad, "tan mal educada como siempre", buscaba siempre la oportunidad para provocarla, "mi hermano y todos están completamente ciegos contigo", sus ojos continuaban cerrados y casi ni le prestaba atención, era lo mejor, además, la información de su recuerdo, era más importante, "te conozco como la palma de mi mano, Regina, sé de la calaña que eres, tienes la mente podrida, eres una bruja de las peores y los tienes a todos hechizados, a mí no me engañas", vagamente, esas palabras comenzaron a hervir su sangre, "no te permitiré que sigas envenenando a David, lo salvaré de tus garras, ¡arpía!", se volteó y la miró fijamente.

"escúchame bien lo que te diré", la bomba se había detonado, lo supo porque los ojos de Zelina se achicaron por su tono, "no toleraré que continúes aprovechándote de mi amnesia para que hagas y deshagas en mi contra lo que quieras, me cansé de que pienses que no puedo defenderme ante tus humillaciones y también me cansé de tus malos tratos, la próxima vez que te dirijas a mi persona, exijo respeto, somos compañeras de trabajo y profesionales, compórtate como tal", fue como la mordida de un depredador a su presa, muda la dejó, "¿QUEDÓ CLARO?", levantó su voz y cuestionó, necesitaba imponerse ante ella, no era la primera vez, necesitaba recordárselo, "¿QUEDÓ CLARO?", repitió acentuando cada sonido.

"perdón, su majestad", no se quedaba callada, ni vencida.

"ahora, por favor, me concedes el honor de salir de mi vista, tu presencia es de todo meno grata", Zelina terminó de sorprenderse, dio media vuelta e hizo efectiva su petición.

Daba la gracias a su memoria por haber trabajado con esa rapidez, de lo contrario, se hubiese tenido que resignar a callarse todos y cada uno de los insultos de Zelina, ni aquella vez logró intimidarla como ahora, sus ojos parecían perdidos en la nada, el miedo se le dibujó claramente en su rostro, tener amnesia estaba resultándole más útil de lo que pensaba, sonrió para ella misma y tuvo que tomarse un momento para sentarse, aquel recuerdo se lo exigía.

Luego de la gran reconciliación con David en su casa, estaba lista para retomar el trabajo, su relación estaba mejor que nunca y nada ni nadie opacaría su felicidad, ahora estaba en el cuarto de doctores besándose apasionadamente con el hombre que amaba, acababa de llegar y la sorprendió con ese delicioso beso de buenos días.

"mmm, tendré que pedir un beso así todas las mañanas", con los ojos cerrados, todavía disfrutando de la sensación de sus labios, habló provocativamente.

"si mi reina me lo pide, concederé cada uno de sus deseos", le habló al oído sin despegar sus cuerpos.

"tendré que pensarlo muy bien", decidió hacerse la dura para seguirlo provocando, no recibió otra respuesta que no fueran sus mágicas manos vagando por todo su cuerpo encendiéndola lentamente, se rindió ante las caricias.

"confieso que debo darte una sorpresa, me siento en desventaja ante ti", besaba ardorosamente su cuello.

"qué más", lo autorizó a que continuara.

"comenzar a trabajar así es la gloria", ascendió sus caricias y le faltaba poco para llegar a sus labios, lo animó atrayéndolo a su cuerpo por las espaldas, quería sus besos sin juegos ni tardanzas.

Extasiado con esa urgencia, David complació su petición y atacó su boca nuevamente, se sentía preso del sabor de sus labios los que correspondían su demanda sin dudas, ni segundos pensamientos aumentando sus deseos, su pasión y su locura.

"el respeto en este centro de trabajo se ha perdido completamente", la voz de Zelina, rompió su burbuja de amor, todavía respirando pesado por ese beso, se dirigieron a ella, quien se dio cuenta de que ninguno de los dos podía articular palabra y continuó, "doctor, lo solicitan en pediatría", a él le hablaría con dulzura, pero la bruja no sabía lo que se había buscado por besar así a su hombre.

"gracias, Zelina, nos veremos luego, belleza", tocó delicadamente su barbilla y Regina mordió su labio inferior embobecida por sus atenciones.

"ahora que estamos solas", comenzó aprovechando que David se había marchado.

"para serte sincera, no tengo muchos deseos de escucharte, tengo mucho que hacer y como viste mi mañana comenzó muy bien para que me la arruines", quiso dejarla hablando sola, se interpuso en su camino.

"esto no es un prostíbulo, aquí se viene a trabajar", Regina prefirió ignorarla, así le molestaría más y no se equivocó, durante los próximos días, se dedicó a hacerle la vida un verdadero infierno, cambiaba sus días de guardia sin previo aviso, en reuniones con los médicos le tiraba indirectas, que sabía perfectamente iban dirigidas a ella, se las arreglaba para perseguirla a sol y a sombra para interrumpir sus encuentros furtivos con David, hasta profesionalmente se atrevió a desacreditarla, pero eso sí que no lo toleraría, por tanto, una tarde que la escuchó haciendo un comentario en su contra frente a unos pacientes, esperó pacientemente a que fuera para su consultorio, la persiguió silenciosamente y entró detrás de ella, encerrándolas en el lugar.

"hasta hoy toleré tu falta de respeto", cerró la puerta para que sintiera su presencia y le diera su atención.

"me parece que no te mandé a llamar, así que retírate", quiso desafiarla.

"ahora tendrás que tolerar mi presencia", ni se molestó en levantar la voz, para ser escuchado solo bastaba hablar con firmeza y sin miedo.

"suelta la sopa, mientras más rápido mejor", le sostuvo la mirada para hacerle saber que no la intimidaba.

"te guste o no, trabajo en este hospital, por tanto exijo que se me respete como la neurocirujana que soy, los temas personales los dejas en tu casa, aquí se viene a salvarle la vida a los pacientes, ni se te ocurra volver a difamar mi labor profesional porque me conocerás, más te vale que controles tus emociones y te comportes como la mujer que eres", habló con las manos encima del buró y articuló cada palabra a la perfección para que le quedara claro.

"¿su majestad ha terminado?", preguntó con sarcasmo, ella era la reina del sarcasmo, eso la enfureció a niveles superiores.

"ya me voy, pero antes te diré algo más, llegaste tarde mi vida, David es mío, acepta que perdiste, a ti no te ama como a mí", no quería llegar a esos extremo, se lo buscó, dio media vuelta y se marchó sin darle oportunidad a que se defendiera, desde afuera escuchó el fuerte golpe que le dio al buró, sonrió triunfante, logró lo que quería, los próximos días ni los buenos días se decían y en cuanto a los temas de medicina, compuso su comportamiento.

La marea se calmó aparentemente, lo que Regina nunca supo, fue lo que Zelina hizo después, se propuso arruinarle la felicidad, pero lo hizo como una serpiente cascabel, lenta y silenciosamente.

"aquí estás", la voz de Mary se escuchó en el consultorio de Cora.

"te extrañaba", se levantó y la abrazó alegremente.

"Cora me dijo que estabas aquí y decidí venir a buscarte, ella se quedó dándole charla a Robert quien no se ha cansado de preguntar por ti", explicó.

"vamos, muero por verlo", Mary le dio un beso en la mejilla, sorprendiéndola, le sonrió, cerraron el consultorio, y salieron abrazadas hasta el cuarto de Robert.

"son tal para cual, no por gusto son amigas", comentó Robert al verlas llegar.

"tú y David debieron ser hermanos, son unos cascarrabias los dos", comentó Regina juguetonamente.

"ven aquí y dame un beso, te lo debo por haber salvado mi vida así que te perdonaré todo", Cora se apartó para darle paso y pronto tenía los brazos de Robert abrazándola con cariño y mucho agradecimiento, su actitud la emocionó al punto de quitarle la voz.

"ya viste que tenía razón y que tu presencia en el hospital te haría muy bien", Mary cruzó los brazos y habló observando la escena frente a ella.

"también otras personitas han contribuido", intervino Cora con picardía.

"cuéntame porque creo que me he perdido de mucho y no me gusta estar desinformada", la animó Mary y Regina las miró a ambas, les permitía ese comportamiento porque las quería demasiado.

"¿cuándo será mi alta del hospital, mi doc?", Robert percibió su ligera incomodidad e interrumpió la diversión de la cardióloga y su esposa.

"me temo que tardará unos días más, debo asegurarme de que no corres ningún riesgo de que tu aneurisma sangre nuevamente y que el sangrado anterior no haya afectado ninguna de tus funciones vitales, pero también dependerá de usted mi paciente, debe cuidar de su dieta, tener menos estrés de trabajo y más diversión personal y muy importante el ejercicio físico, una vida sedentaria es el alimento número uno de los aneurismas cerebrales", argumentó y Robert la escuchó atentamente.

"al parecer, mis vacaciones en este hotel de lujo se han alargado dramáticamente", comentó con ironía.

"las escucho conspirando en mi contra", las voces de Cora y Mary las podía escuchar claramente, lo menos que hicieron fue prestarle atención, a ellas les importaba más el chime en esos momentos.

"así que mi amiga y hermana le puso los puntos sobre las íes al patán de su marido, hubiera dado todo para verle su cara de imbécil y David de príncipe encantador, a tu lado como siempre", repitió la información que acababa de recibir.

"¿los vio juntos?", lo que faltaba, Robert se les unió.

"¿pero tú también?, nunca pensé eso de ti", fingió indignación, en el fondo le encantaba que todos estuvieran felices porque puso en su lugar a Graham, ninguno lo toleraba y ella sin saber los verdaderos motivos.

"perdón amiga, es que ese sujeto tan desagradable no merece otro trato, hiciste bien", se excusó sin necesidad, bromeaban alegremente entre amigos y pasaron el resto de la tarde.

Los próximos días Regina los dedicó a cuidar a Robert con extrema dedicación, su enfermedad no era para tomárselo a la ligera, fue un verdadero milagro que no le quedaran secuelas en sus funciones vitales, muchos pacientes que sobrevivían al sangrado de un aneurisma, enfrentaban graves problemas a la hora de caminar, hablar y a muchos les afectaba la visión de por vida, se llenó de felicidad al practicarle todo tipo de exámenes y comprobar su perfecto estado de salud, por lo que le dio de alta con muchas recomendaciones, Mary fue liberada por Robin para dedicarse a su recuperación.

Durante esos días, aprovechó también, para ir a su casa y recoger una pequeña maleta con ropa, como fue de día, Graham trabajaba en la empresa y no tuvo el placer de tropezarse con él, Cora la trataba como a una hija, la hacía alimentarse correctamente, su gusto refinado se extendía hasta en el aspecto culinario, le cocinaba unos manjares deliciosos, que hasta levantaban su ánimo, ya que durante ese corto período, con la sobrecarga de trabajo no tuvo tiempo ni de pensar en su amnesia, atendía los casos de Mary y los de ella, David la apoyaba en cada consulta, aunque como él mismo decía, su presencia allí era innecesaria, debía darle la razón porque solo se sentaba en el consultorio a observar cada uno de sus movimientos, muchas veces hasta la distraía con su mirada, no decía nada, tenerlo allí la ayudaba a recobrar la seguridad que tanto necesitaba en esos casos.

"hola papá, ¿has visto a Regina hoy?, la he buscado por todo el hospital y ni rastro de ella", la extrañaba y ese día decidió que la visitaría, había pasado mucho desde la última vez que la vio.

"amor, Robin la liberó, hoy amaneció con un profundo dolor de cabeza y le aconsejamos que descansara", explicó, sospechaban que ocurriría, no se recuperaba del todo de su accidente y asumió responsabilidades importantísimas en el hospital.

"iré a verla, pasaré todo el día cuidándola", su decisión silenció a su padre quien no tuvo argumentos, solo movió la cabeza en señal de aprobación, ella lo besó y se retiró, no sin antes recordarle algo, "que no se te olvide la cena que estoy planeando en la casa, solo espero que Robert pueda ir también", como si le diera una orden, obedeció asintiendo.

Salió del hospital, tomó un taxi y llegó a la casa de Cora, tocó la puerta y tardó en recibir una respuesta por lo que reiteró la acción.

"¿Emma?", sorprendida por su presencia.

"prohibido sorprenderse ante la presencia de tu enfermera del día de hoy", sonrió ante esas palabras.

"dame un beso, enfermera privada", le siguió la corriente.

Se abrazaron y se besaron, luego Regina cerró la puerta y ambas se sentaron en el sofá.

"me encanta la casa de Cora", siempre quedaba fascinada ante la organización de cada mueble y la delicadeza de cada figura que adornaba los muebles y la exquisita selección de los cuadros que colgaban en las paredes.

"ocurrió lo mismo conmigo la primera vez que llegué aquí, aunque dudo no haberla visitado antes, pero como no lo recuerdo, fue como si nunca hubiese ocurrido", recordaba que sus ojos no dejaban de mirar a su alrededor, el gusto refinado de su amiga superaba los límites humanamente permitidos.

"la abuela Cora siempre me cuenta historias de que sus padres la obligaron a estudiar fuertemente porque prepararse para la vida era importante, así también me dijiste tú una vez", le agradecía por eso.

"¿cómo supiste que estaba aquí?", ignoró su comentario y cuestionó.

"quería verte y fui al hospital, te busqué en tu consultorio, al no encontrarte le pregunté a papá", informó.

"amanecí con una terrible migraña y Robin me liberó para que descansara", pensó que la jovencita no tenía esa información por eso detalló lo ocurrido.

"no te preocupes, te cuidaré todo el día", mirarla era como si David estuviera frente a ella.

"ya que estaremos solas, quiero que me cuentes de nuestra complicidad en la relación de tu padre y mía", como varias veces la recordó siendo su cómplice número uno, quería más detalles.

"no debo hablarte del pasado, mi padre me lo tiene prohibido", ya había cometido un pequeño desliz, no debía continuar cometiendo errores.

"tu padre no se encuentra aquí, además, ¿se te olvida que soy doctora también?", le dio un golpe bajo para que la complaciera con ese pequeño caprichito.

"si insistes, ven, siéntate en mis piernas que te contaré una de nuestras anécdotas favoritas", Regina se acostó en el sofá y reposó la cabeza en los muslos de Emma y la jovencita comenzó su historia en la que se perdió por completo.

La asignatura de matemáticas siempre fue la piedra en su zapato, gracias a Regina siempre pasaba la materia, ese día al finalizar la sección de la mañana, aprovechó para ir a verla, quería ponerse de acuerdo con ella para que la ayudara con un examen, la encontró tomándose un té en el cuarto de médicos.

"¿porque te convenciste de que tienes que estudiar para ser una mujer independiente?", su sarcasmo la caracterizaba.

"tienes razón, a partir de ahora no me ausentaré al colegio y estudiaré para sacar las materias que tengo atrasadas por mi rebeldía", enseñó la bandera de rendición, la muerte de su madre le afectó mucho, pero la presencia de Regina en sus vidas, ayudó a su recuperación, hasta su padre, a quien vio muy deprimido, cambió radicalmente su actitud ante la vida, desde que decidió aceptar sus sentimientos hacia ella.

"mañana en la tarde", de inmediato la tuvo encima abrazándola con mucho cariño.

"supe de tu cena con papá y que al otro día se besaron", muy bajito, habló en su oído.

"tu padre no se guarda nada", protestó, pero la verdad era que no le molestaba que lo supiera, al contrario, sabía muy bien lo que pensaba sobre sus sentimientos hacia su padre.

"casi hago una fiesta, porque tenía razón, lo supe primero que ustedes mismos", alardeó por eso y Regina le pareció estar mirando a David, los mimos gestos, la misma actitud, sobre todo, los mismos ojos azules que la tenían a punto de naufragar en una isla desierta.

"me imagino, debiste haberle arruinado la noche para que te contara cada detalle", dio en el blanco, lo supo porque las carcajadas de la rubia no le dejaron lugar a duda, "rubia peligrosa", la bautizó con ese nombre desde hacía mucho, pero ahora que tenían más confianza, se sintió en plena libertad para decírselo.

"me encanta como suena y viniendo de ti me siento honrada, te quiero mucho, lo sabes, ¿verdad?", la mirada que Regina le dedicó sacó lágrimas de sus ojos, perdió a su madre y el vacío por su ausencia no se llenaría nunca, pero su cariño por ella, por lo menos, hacía el dolor más llevadero.

"permítame informarle, señorita que es usted completamente correspondida, te quiero mucho", se abrazaron, disfrutando de su calor.

"si papá nos ve, se pondría celoso, ya lo imagino, y a papá David nadie le da cariños", imitó la voz de su padre, Regina rió a carcajadas.

"celoso que es, no le hagas caso, además, le doy un besito y se le quita", se puso la mano en los labios para que ese fuera un secreto entre las dos.

"no le des solo uno, dale miles de tus besos, ha estado en la luna desde entonces", le encantaba el ánimo de su padre desde que su relación había comenzado.

"los que quieras, pero guárdame el secreto", Emma asintió.

"nos vemos mañana, seré una niña modelo de ahora en lo adelante y te prometo que pasaré estos dos años de Prepa y optaré por una beca universitaria", fue su promesa antes de partir, creía que no era la única que estaba en la luna, también se sentía así.

"a ti misma quería verte", una mano masculina apretaba su brazo, sabía que tendría un moretón.

"Graham, suéltame", luchó por soltarse.

"eres quien ha envenenado la cabeza a mi mujer, por eso hace un mes me pidió el divorcio", habló en muy mala forma.

"¿de qué hablas?", se sentía sola e indefensa, comenzó a llorar.

"no te permitiré que sigas apartando a Regina de mí, óyeme bien lo qu…", comenzó con su amenaza.

"¡SUÉLTALA!", imposible ignorar los sollozos de Emma, salió del cuarto de médicos y al ver la escena casi colapsa.

"esta niña es la causante de todo", apretaba su agarre.

"tú mismo acabaste con nuestro matrimonio, no vengas a culpar a una inocente, ¡suéltala!, no lo repetiré", exigió firmemente y sin titubeos.

"no te daré el divorcio, ¿me oyes?", soltó a Emma quien corrió a sus brazos de inmediato.

"vete Graham, te dije que no te quería ver haciendo escenitas en mi trabajo", recordó lo dicho la noche que le pidió el divorcio y se negó.

"¿qué sucede aquí?", la intervención de David le dio confianza.

"ya te ibas ¿no es cierto?", debía evitar una pelea entre ellos.

"no te dejaré el camino libre tan fácil para que lo sepas", se fue y los dejó.

David vio el pánico dibujado en los ojos de su hija, quien no soltaba a Regina, las abrazó a ambas.

"¿te hizo daño mi corazón?", las palabras no salían, solo movió la cabeza de un lado al otro.

"¿por qué no me dejaste darle unos merecidos golpes a ese imbécil?", la furia opacaba su juicio.

"no vale la pena, David", él besó su frente para hacerla entender que tenía razón.

Abrazados pasaron varios minutos hasta que los ánimos se calmaron, era momento de apoyarse como la familia que estaban comenzando, la felicidad que sentían al estar juntos, no la podía arruinar la insensatez de un hombre despechado.

"fue nuestra primera experiencia como familia, a partir de ese día nunca más me sentí sola nuevamente", Emma ni cuenta se dio de que Regina había derramado un mar de lágrimas mientras ella narraba aquel bello recuerdo.

"deseo tanto recordar", dijo entre sollozos.

"lo siento", comenzó a limpiarle las lágrimas.

"no es tu culpa, mi corazón", le dio aliento.

"entonces no llores más, no me gusta verte triste", la hizo prometer.

"de acuerdo, ¿comemos algo?", la invitó.

"tengo una idea mejor, cocinaré para las dos, me esperas aquí y también traeré una bolsa con hielo para aliviar tu dolor de cabeza", aceptó sus cuidados, encendió la televisión y esperó a que Emma regresara, compartieron un almuerzo exquisito, más tarde, se quedó profundamente dormida, la bolsa con hielo alivió su dolor y para cuando abrió los ojos nuevamente, ya era de noche, Cora estaba de vuelta del hospital y David había ido a buscar a Emma, solo esperaba a que despertara sentado en el sillón frente a ella.

"hola dormilona", la primera imagen que vio.

"¿cuánto tiempo llevas ahí?", preguntó frotando su cabeza, sorprendentemente el dolor desapareció.

"ni sé, pero verte dormir es uno de mis grandes placeres", sin pensarlo, le contestó, se sonrojó ante sus palabras.

"Emma estuvo conmigo todo el día", comentó.

"vine a recogerla", le preocupaba que la adolescente se fuera de la casa sola.

"también vino a verte, porque todo el santo día, la pasó preocupado por ti", Cora intervino desde la cocina.

"no disimules ahora, sabes que la abuela Cora tiene razón", Emma la secundó.

"contra este batallón ni oportunidad tengo para defenderme", su hija y la mujer mayor sonrieron.

"basta chicas", pidió Regina y miró a David a los ojos, los que le gritaban más de mil cosas, esta vez fue él quien dio el primer paso, se levantó y se sentó a su lado para abrazarla.

La fuerza y el calor de sus brazos aliviaron todas sus incomodidades, decidió relajarse con sus caricias.

"¿te sientes mejor?", cerró los ojos, el silencio era tan lindo.

"ahora sí", sintió que la fuerza de los brazos que la sostenían, aumentó.

"también yo me siento mejor teniéndote entre mis brazos", confesó desde el fondo de su corazón, nadie más mencionó palabra, los cuatro ojos fisgones que los observaban desde la cocina, entendieron que necesitaban privacidad y también hicieron silencio.

"¿cómo fue el día en el hospital?", preguntó.

"movido, necesito un baño muy caliente", siempre le resultaba perderse en un baño de vapor, se relajaban todos sus estropeados músculos.

"por mucho que no quiera que se vayan, es lo mejor, mañana será otro día ajetreado, debes descansar", razonó.

"hablé con Mary hoy, mañana vendré a recogerlas, Emma preparó una cena para reunirnos como en los viejos tiempos", como Robert se sentía mucho mejor, sería una excelente oportunidad para compartir.

"me encantaría pasar la noche contigo", se acercó para hablarle directo en su oído, David vio las estrellas, esas palabras estaban cargadas de doble sentido, pero no debía ilusionarse.

"será una velada inolvidable, ya verás", como no recordaba, al menos debía animarla para que no se sintiera tan fuera de lugar.

"no lo dudo, a tu lado, nada puede salir mal", ignorar lo que escuchaba, era lo mejor.

"hasta mañana", besó su frente y la dejó en el sofá.

"me toca despedirme", fue el turno de Emma.

"tu papi me contó de la cena, estaré ahí", aseguró su posición y se ganó un abrazo.

"la cena ya está lista, pueden quedarse si así lo desean", Cora salió de la cocina.

"gracias Cora, muero por un baño y creo que hoy no cenaré", se excusó, y salieron de la casa.

"¿cómo te sientes?", cuestionó la mujer mayor al ver su rostro.

"vacía", se le salió del alma esa confesión.

"me alegra escuchar eso", ella también sinceró su alma, del tema no hablaron otra vez, cenaron y se quedaron en la sala viendo la televisión, hasta que decidieron ir a dormir.

Tempranito en la mañana, llegaron al hospital para comenzar con su rutina diaria, no fue un día tan sobresaltado como lo predijeron, en un momento de calma, Cora la convidó a un tecito para relajarse.

"tus tés son una divinidad", elogió aquella delicia.

"es nuestra mezcla secreta, lo usamos cada vez que tenemos una cirugía, nos ayuda en la concentración", la receta no la compartían, era su secreto.

"doctora Mills, la solicitan en la sala de urgencias", entró muy sobresaltada su enfermera.

"nos vemos luego, Cora", de un solo sorbo se terminó el té y salió prácticamente corriendo.

Al llegar, casi llora, un niño de once años tuvo un accidente doméstico, había caído de un árbol y tenía varios golpes en la cabeza, pero también tenía golpeado casi todo su pequeño cuerpo, de inmediato lo envió a radiología, debía saber la envergadura de los golpes, ese caso consumió el resto de su tarde y parte de la noche, hasta tuvo que someterlo a una cirugía de urgencias, la que fue todo un éxito, ahora solo quedaba media hora para que el niño saliera de la anestesia, debía irse del hospital con la seguridad de que Henry, estuviera bien.

Se llamaba como su padre, fue por eso que toda la tarde sintió la melancolía a flor de piel, lo extrañaba, murió cuando ella era solo una niña, por un tumor en la cabeza, por eso decidió estudiar su profesión, la que amaba con locura, entonces al escuchar el nombre del pequeño, su memoria se activó y su padre no salió de su cabeza en toda la tarde.

"Henry abrió los ojos, Doctora", informó Aurora, siempre era tan dedicada al trabajo que tampoco podía irse hasta que ella no lo hiciera.

"gracias Aurora", entró a la sala de recuperación y con mucha dedicación, examinó el estado del niño.

"hola, me llamo Regina y soy tu doctora", se introdujo.

"Henry", dijo con trabajo.

"no te esfuerces, descansa mucho, lo peor pasó, mañana nos veremos", se inclinó para besar su frente y salió del lugar con los ojos hecho agua.

Tarde, se le hizo tarde para ir a la cena en la casa de David, miró el reloj y efectivamente, eran más de las ocho, por lo que caminó hasta allá, le serviría esa caminata para relajare, se sentía un poco alterada, sabía que David lo notaría de inmediato, por eso prefirió calmarse primero, no era justo que arruinara la noche con sus sentimentalismos.

"al fin llegaste, tuve tanto miedo de que no pudieras venir", tocó la puerta y Emma la recibió.

"espero estar a tiempo, lamento la tardanza", dio un paso dentro de la casa y cuando todos advirtieron su presencia aplaudieron y silbaron.

"son unos niños", negó con la cabeza por su entusiasmo.

"ven para que pruebes de este wiski que trajo Cora", todos ya estaban sentados a la mesa y la invitó Mary, Robert se veía tan contento y tan recuperadito, que ni preguntó cómo se sentía, era obvio.

"tu lugar es aquí", Emma le indicó su lugar, ella como era la anfitriona, David le cedió el puesto de la cabecera de la mesa, a su derecha y a su izquierda respectivamente, estaban sentados los hombres de la casa, Robert y su padre, ella iría a su lado y Mary del lado de su esposo, a su lado una sillita alta para el bebé Neal, entonces, decidió que Cora la acompañaría en la otra cabecera frente a ella.

"veo que faltan invitados aquí", comentó antes de sentarse.

"Robin no pudo venir, sospecha que Marian está embarazada y tiene amenazas de aborto, por eso debe descansar, se quedó a cuidarla", David sació su curiosidad.

"como estamos todos reunidos, degustemos de esta deliciosa cena", en pleno silencio y total armonía, comieron, de verdad estaba deliciosa, porque poco dejaron para el otro día.

"ayudo con la limpieza de la cocina", anunció Regina para que no quedara lugar a dudas.

"las mujeres a la cocina mientras los hombres hacen travesuras en la sala", comentó Robert.

"no hagan muchas travesuras, todavía no estás muy bien", lo regañó Mary, dándole el niño a Emma, siempre se brindaba de niñera cada vez que se reunían.

"Regina, por favor, calma a tu amiga, dile que estoy bien, parece una maestra peleona, no me deja ni a sol ni a sombra", pensó que encontraría apoyo en su amiga.

"como debe ser", ambas rieron ante su complicidad, ninguna de las dos se atrevía a contradecir a la otra.

"David, tú y yo estamos completos, cuando estas mujeres se unen, morimos ignorados", ni hablaba, sintió a Regina preocupada durante la cena, aunque disimuló bien, solo ella podía hacerlo, pero nadie la conocía tan bien como él.

"los reto a una partida de ajedrez", habló Cora.

"me parece que los únicos divertidos de esta noche somos nosotros, acepto", comentó.

"hey, ¿y a mí no me invitan?", se encargaría de buscar un momento para conversar con ella, ahora disfrutaría.

"tendrás duelo con quien pierda, esa será la cardióloga aquí presente, porque yo soy un campeón en este jueguito", alardeó Robert, pensando en su próximo movimiento de la partida.

"¿un trago de este wiski tan refinado?", ofreció Mary, en sus manos llevaba la botella del wiski que había llevado Cora.

"el Talisker 10 años, el wiski ahumado más premiado del mundo y de los mejores, se los aseguro", promocionó con mucha seguridad.

"sírvenos a todos", la animó David.

"a todos menos al campeón del ajedrez, ¿no es cierto mi amor?", a Robert se le hacía la boca agua por probarlo, no podía, su salud no se lo permitía.

"de seguro Cora tiene más por allá en la mansión sombría", le encantaba mortificarla con ese adjetivo.

"si te portas bien y sigues al pie de la letra cada indicación de Regina y de tu esposa, tendrás no una, dos", los ojos se le abrieron de la emoción.

"acepto el reto", no le costaba nada cumplir con los cuidados de Mary a quien amaba mucho, solo bromeaba, pero obedecía cada una de sus reglas, sabía que eran por su propio bien.

"entonces yo beberé por los dos, mi amor", bromeó porque como sería quien conduciría hasta la casa, ni loca se atrevía a probar ni un sorbo.

"me veo conduciendo hasta su casa", David le siguió la corriente, pero sabía muy bien que bromeaba.

"jaque mate", habló Cora.

"no puede ser, me han ganado", protestó Robert.

"¿de veras creyeron que Cora se dejaría ganar al ajedrez?", soltó una carcajada, "solo conozco una persona que le gana", comentó.

"por cierto, está muy calladita", resaltó la mujer mayor, todavía se preguntaba cómo era que Regina le ganaba siempre, había estudiado cada uno de sus movimientos, nunca lograba ganarle.

"me dijo que ella limpiaría la cocina", se miraron extrañados, continuaron con su torneo, era el turno de Mary, David se lo cedió.

Unos minutos después, Cora también la había derrotado.

"¿quién va ganando en ese torneo?", Regina apareció en la escena y cuestionó al verlos tan animados.

"la verdadera campeona", elogió Robert.

"¿un traguito de este delicioso wiski?", le ofreció su amiga, al parecer, era verdad lo que Cora decía, porque David no paraban de beber.

"por favor", aceptó, y ella le sirvió.

"jaque", David habló, en los años que llevaban compartiendo, pudo darle un jaque, por tanto, debía festejar, "a mí también, por favor, este jaque debo festejarlo", rieron por su entusiasmo, el que no duró mucho, un par de movimientos más y Cora lo estaba derrotando.

"¿te animas?", Mary tocó a Regina por el codo, estaba un poco ausente, quería que se distrajera.

"si Cora les ha ganado a todos, ¿cómo crees que yo pueda ganarle?, mejor continúen ustedes.

"dale niña, extraño nuestras partidas", eso quería decir que conocía el juego, se animó, quizás su memoria se activara.

Ahora sí, que el escenario se había puesto bueno, hasta Emma se les unió, ni los grillos se escuchaban en ese momento, de la tensión casi se comen las uñas, ambas contrincantes se veían muy concentradas en el juego.

"jaque", dijo Cora, tenía en su poder casi todas las fichas de Regina, no lo celebraría de la misma forma, pero si le ganaba, se tomaría el resto de su trago de wiski sin respirar, pero al parecer, cantó victoria muy rápido, en ese mismo momento, recibió una mirada de ella, la hizo temblar porque la conocía muy bien, y ahora era su turno, temía por su próximo movimiento, porque solo existía una posibilidad de que le ganara, misma que sabía muy bien que la Regina que ella conocía, era perfectamente capaz de hacer, pero quien tenía enfrente, con su problema de amnesia, la tenía en un puro nervio.

"jaque mate", su peor pesadilla se hizo realidad, la derrotó una vez más.

"¡viva!", exclamaron al unísono, Cora se les unió.

La victoria de Regina fue el motivo de celebración por el resto de la noche, hasta que la hora de las despedidas llegó.

"este pequeñín necesita dormir", comentó Mary, se quedó dormido en brazos de su madrina.

"es tarde, hasta yo necesito descansar", después de su enfermedad, se agotaba con facilidad.

"los ayudo", se despidieron y David los llevó hasta el auto, donde se despidieron.

"ahora nos vamos nosotras", anunció Cora, esperaba a que David regresara para despedirse.

"fue una noche memorable", se despidieron, luego las acompañaron hasta la puerta y se fueron caminando, fue todo un logro que David no les insistiera para llevarlas, pero había bebido, no le gustaba manejar bebiendo, se aprovecharon de eso.

"descansaré", dijo Emma sin decir otra palabra, normalmente se queda a conversar con él, le resultó extraña su actitud, miró lo que quedaba en la botella de wiski, tomó un vaso y se sentó en el sofá a continuar bebiendo, le dolía no haber tenido oportunidad de conversar con Regina, la extrañaba, cada poro de su ser la aclamaba, su perfume, sus besos, sus caricias, su forma de hacerle el am…

"¿toma solo el caballero?", escuchó su voz, era producto de su imaginación, no le hizo caso a lo que había escuchado, "¿aceptaría la compañía de una dama?, la escuchó nuevamente, ahora sí que ya no era una visión, movió su cabeza y ahí estaba, parada detrás de él con una amplia sonrisa.

"dime que no eres una visión", rápidamente movió las llaves de un lado al otro para que supiera lo que eso significaba.

"volviste", sus ojos se abrieron de par en par, de inmediato recordó sus preguntas, "¿quieres acompañarme?, no me gusta beber solo", se acercó a ella a pasitos cortos.

"realmente quisiera acompañarte no solamente a un trago", respondió, por el camino de regreso a la casa de Cora, ella percibió su angustia por alejarse de él y la animó a que regresara, cuando supo que Emma le había dado las llaves, casi la regresa del cabello, esperaron un taxi, se aseguró de que estuviera segura y se regresó, abrió la puerta sutilmente para no hacer ruido y lo encontró en el sofá perdido en un trago de wiski.

"yo encantado de que te quedes aquí, puedo dormir en el sofá sin problemas", si le hacía caso a lo que sus palabras significaban, no respondía de sus actos.

"¿y si yo no quiero que duermas en el sofá?", si ante esa interrogante no reaccionaba, adoptaría otros métodos.

"estoy seguro de que no lo recuerdas, pero la última vez que Emma te entregó las llaves de la casa, pasamos un día hermoso", la observaba atento.

"bueno, entonces, hazme recordar", no se contuvo más y le dio riendas sueltas a sus impulsos, la cargó en sus brazos y caminó con ella escaleras arriba hasta el cuarto, donde comenzó a besarla un poco temeroso de su reacción, temía que se arrepintiera, al sentir que ella quería lo mismo que él, la llevó hasta la cama para tener mejor acceso a su cuerpo, a sus besos, a sus caricias, moría por hacerle el amor, pero no apresuraría el momento, lentamente fue despojándola de cada una de sus piezas de ropa y ella no se quedaba detrás, en un abrir y cerrar de ojos, ambos se amaban con intensidad encima de la cama, se estaba esmerando en cumplir con su petición, a partir de ese momento, dedicaría el resto de su vida en hacerla recordar.