Abrió los ojos con intenciones de levantarse, pero no quería privarse del calor del cuerpo de David, se sentía tan bien amanecer a su lado, respirando el mismo aire, con el peso de sus brazos sosteniéndola protectoramente, todavía podía sentir sus caricias y sus besos vivos en su piel, fue una noche intensa, ninguno de los dos dejó dormir al otro, parecía que el cansancio no llegaba, la adrenalina se elevaba a límites humanamente imposibles, verse reflejada en sus ojos fue lo mejor de la noche, no recordaba haberse sentido así, era una ironía, no recordaba nada, pero el sentimiento que vio dibujado en el intenso azul de su mirada la estremeció de pies a cabeza, cuánto deseaba recuperar la memoria para entregarse completamente a él, para corresponderle sin miedos, sin barreras, con plena confianza, le dolía profundamente que no hubiese ocurrido esa noche.

"buenos días", su voz ronca por el sueño, la sacó de sus pensamientos.

"buenos días, doctor", el sonido de su risa era intoxicante.

"¿dormiste bien?", sabía la respuesta.

"cierto doctorcito no me lo permitió", bromeó, todavía permanecían abrazados, él la sostenía por la cintura y le hablaba al oído.

"me declaro culpable", la noche fue maravillosa, tenerla en sus brazos nuevamente lo hacía sentirse el hombre más afortunado del mundo, aunque, le doliera en el alma no sentirla como siempre, su Regina no había vuelto por completo, lo sabía, lo sentía, hizo la promesa de cambiar eso, no pararía hasta recuperarla, pondría todo su esfuerzo y empeño en hacerla sentir amada y deseada con cada beso, con cada caricia y le entregaría su corazón en cada detalle.

"perdón", su voz se tornó demasiado seria para su gusto.

"¿por qué me pides perdón?", se volteó para tener mayor acceso a su mirada, lo peor que hizo porque al tenerlo frente a frente, las lágrimas que estaba conteniendo, salieron sin pedir permiso y su voz se perdió en el proceso.

Al verla en ese estado, David se inclinó en su codo derecho y con la mano izquierda, acarició sus mejillas empapadas, sus bellos ojos no se abrían, la quería feliz, no le permitiría a la tristeza que arruinara su amanecer, permanecieron en silencio, le dio tiempo para que recobrara la fuerza.

"no es justo, me sentí como en la gloria a tu lado y yo…", abrió los ojos como queriendo continuar, David la sorprendió con un beso, se lo agradecía, porque así se evitaba terminar su intervención, además, en tan poco tiempo, aprendió que sus besos la calmaban como si acabara de tomarse un té de los que preparaba Cora.

"no llores más, quiero hacerte feliz, no es momento de llanto", rompió el beso y le dio seguridad.

"gracias", si era sincera consigo misma, esa mañana no podía encontrar las palabras adecuadas, "esta noche fue memorable", ni tiempo le dio a que interrogara el porqué le agradecía, en cambio, la respuesta fue otra mucho mejor, otro beso de sus labios.

"con memoria o sin memoria, no quiero a otra mujer en mis brazos, que no seas tú", dijo sin despegar sus labios.

Imposible no sollozar ante tan profunda confesión, intensificó su beso, si antes tenía alguna duda de sus próximas decisiones, lo que acababa de escuchar, borró sus inseguridades y sus miedos.

"hablaré con Graham hoy mismo", con un ligero movimiento, quedó encima de su pecho, puso la barbilla en la palma de sus manos las que cruzó justo encima de su corazón.

"¿quieres que te acompañe?, no quiero que te haga daño", lo conocía y si le tocaba un cabello, no respondería de su reacción.

"sé que esa conversación no le gustará, pero siento que lo debo hacer sola, no quiero que te provoque nuevamente", razonó y David asintió en contra de su voluntad.

"¿irás a la empresa?", cuestionó

"luego de ir al hospital, necesito chequear el estado de uno de mis pacientes", explicó.

"deja eso en mis manos, solo quiero saber cada detalle", por ella, era capaz de todo.

Lo pensó por un momento, confiaba en él plenamente, pero la preocupación por el niño no salía de su cabeza, pero también, resolver temas de suma importancia con su esposo, era primordial, por lo que aceptaría su propuesta, "es un niño llamado Henry ingresó ayer en la…", David la hizo callar.

"¿por eso estabas tan ausente anoche en la cena?", cerró los ojos en aprobación, anticipó que se daría cuenta, "¿recordaste a tu padre?", asintió con la cabeza.

"¿cómo lo haces?", interrogó.

"¿de qué hablas?", lo confundió su pregunta.

"conocerme tanto", explicó, David inclinó su cabeza y le dio un corto beso.

Su placer era analizar detalle por detalle de su vida, lo entusiasmaba, cada vez que abría su corazón y le contaba sobre su niñez, sobre sus amistades de la adolescencia, lo recordaba todo, además, su habilidad para leer sus gestos y sus reacciones, la perfeccionaba en cada ocasión que compartían, Regina Mills era la dueña de sus días y no lo podía ocultar, "te conozco como la palma de mi mano, a veces creo que mejor que a mí mismo", se sinceró, era la verdad.

Regina en un impulso, se levantó de su posición y se sentó en su regazo, los ojos de David la miraban anonadados por lo que acababa de ocurrir, no anticipó su movimiento, le sostuvo la mirada seductoramente.

"¿te dije que eres preciosa?", acariciaba sus muslos con mucha lentitud, su cuerpo comenzó a reaccionar ante sus acciones.

"mis oídos no se han deleitado con semejante afirmación", lo estaba seduciendo.

"hermosa, bella, preciosa, perfecta, reina, diosa", cerró los ojos para disfrutar del momento, sus manos continuaban la exploración.

"debemos irnos o se nos hará tarde", tan juicioso como en sus recuerdos, negó con la cabeza, con su acción, David cambió de opinión sin mucho esfuerzo, se levantó para tenerla más cerca y besó su cuello, inclinó la cabeza hacia atrás para darle mayor acceso.

"siento que no solo la noche quedará guardada en nuestra memoria", susurró con los labios pegados a su piel, vibración que terminó encendiéndola como pólvora.

"¿siempre eres tan seductor así?", llevó la mano derecha a su corto cabello para que no se detuviera.

"¿contigo?, sí", preguntó y respondió en la misma oración, sostuvo su labio inferior entre sus dientes, consiguió exactamente la reacción deseada, verla deshacerse del placer ante sus simples besitos lo hacían desearla mucho más, por lo que ni lo pensó dos veces, intensificó sus acciones y no tardaron mucho en perderse en la pasión del momento, hasta caer desplomados uno del lado del otro sin que su respiración se estabilizara, sus energías se habían agotado.

"no te equivocaste cuando anticipaste que la mañana también sería fabulosa", se volteó de lado y sintió que David la acariciaba por las espaldas.

"así serán nuestros días y nuestras noches", advirtió mientras sentía un cosquilleo en su pecho, Regina movía sus finos dedos desde arriba hasta abajo, trazando un camino imaginario, "prepararé el desayuno mientras te das un baño, porque conociéndote, si nos bañamos juntos, no trabajaremos hoy", cosquilleó el brazo con el que acariciaba su pecho.

"has drenado todas mis energías, así que te prefiero en la cocina, ahora mismo", alimentarse era su prioridad en ese instante, David intentó levantarse para cumplir con su orden, pero ella ejerció un poquito de fuerza para detenerlo, "ah, ah, ah, no he autorizado tu partida todavía", percibió la confusión en su rostro, "mi beso", demandó indignada y pronto sus labios se pegaron y se despegaron con rapidez, "¿eso?", protestó.

"¿insatisfecha?", cuestionó ingenuamente, conocía los gestos de inconformidad que acababa de hacerle.

"muy, quier…", ni terminó, David la besaba locamente, ardorosamente, apasionadamente, el aire se le escapó, sentía su sangre circular por sus venas como en un torrente y el corazón saltó de tanto sentimiento impregnado en un simple beso.

"espero haberla dejado completamente contenta con ese beso", la expresión de su rostro se lo demostraba, tenía los ojos cerrados, se relamía los labios y la respiración era excesivamente pesada al igual que la suya, estaba tan perdida en el momento que pudo abandonar la cama e ir a cumplir con su función, complacerla y satisfacerla como solo ella se lo merecía.

El desayuno no podía ser complicado, algo ligero le sería de mucha utilidad, preparó un jugo de frutas, unas tostadas con jalea de manzana y encontró en los confines de la ladera, una leche con sabor a vainilla, su preferida, se dispuso a poner la mesa cuando la vio bajar las escaleras, solamente llevaba puesta una de sus camisas mangas largas, los primeros botones abiertos y los últimos también, cubría hasta la mitad de sus muslos y su imaginación voló con cada escalón que bajaba, respiró profundo, lo estaba provocando descaradamente, pero no cedería ante ella, el desayuno, el hospital, su conversación con Graham, ponían frenos a los locos impulsos que solo ella, era capaz de despertar en él, abrió y cerró los ojos para salir de su ilusión.

"huele delicioso", se sentó en la silla que apartó de la mesa, cruzó los pies y fingió inocencia ante el movimiento, el que había dejado descubierto ante sus ojos lo que guardaba la camisa, o mejor dicho, lo que no guardaba.

"te gustará", trajo el desayuno y se sentó a su lado, sin perder un instante comenzaron a comer, entre juegos y provocaciones por su parte, el autocontrol amenazaba con abandonarlo, primero pasaba sus finos dedos por la parte superior de la copa donde sirvió el jugo y para terminar con él, probó la jalea de manzana con su dedo índice en una velocidad torturadora, suspiró pesado para mantener la compostura, no sabía hasta cuándo sería capaz de contenerse.

"me encantó el desayuno, es una lástima que haya sido tan corto", comentó con resignación mientras abandonaba la mesa, caminando seductoramente hasta las escaleras, no pudo más, la atrapó entre sus brazos y la besó, la cordura que se tomara unas vacaciones.

"tardaste mucho", dijo entre sus labios, no le contestó, solo escurrió sus manos por debajo de la camisa para acariciarla desenfrenadamente.

"malvada", confesó al comprobar sus teorías cuando bajó las escaleras, la ropa interior, brillaba por su ausencia, en un momento, la velocidad de sus acciones aumentó y la situación se les fue de las manos, la guió hasta el sofá y cuando estaban a mitad del camino, la puerta del cuarto de Emma se abrió y se cerró, rápidamente se apartaron, "estás en deuda conmigo, Regina Mills", besó sus manos antes de dejarla ir por completo y que su hija hiciera su aparición.

"¿quién, yo?, no conozco a nadie con ese nombre", pasó por delante de él con el mismo caminado seductor que sabía lo encendía como nada, lo acababa de comprobar, hizo de todo para provocarlo, cuando las armas se le agotaron, decidió caminar frente a él de esa forma y consiguió como resultado justo lo que quería.

"me las pagarás", se volteó y le tiró un beso con sus labios, movió la cabeza, su sensualidad era increíble.

"buenos días, Regina", subía las escaleras, mientras que la adolescente bajaba.

"buenos días mi vida", esperó para darle un beso en la frente.

"muero de hambre", comentó.

"tu padre preparó un desayuno delicioso", la animó y continuó ascendiendo por las escaleras sin apartar la vista de David,

Emma fue hasta él, lo besó en la mejilla y se sentó a la mesa, "enseguida te sirvo, mi amor", Regina seguía con sus provocaciones sin que la adolescente se diera cuenta de nada.

"gracias papá", se perdió en la cocina.

"tostadas como tanto te gusta", depositó un plato rebosado de tostadas delante de sus ojos, tuvo que buscar el recipiente con mantequilla, a su hija no le gustaba acompañar las tostadas con jalea.

"me encargo de limpiar la cocina", ofreció.

"nos vemos en el hospital más tarde", ya lista para partir, Regina se despidió, primero le dio un beso a Emma en la frente y luego dejó un corto beso en los labios de David.

"suerte mi am…belleza", saltarse escalones con ella, estaba fuera de discusión, moría por llamarla, mi amor, mi reina, mi vida, mejor se esperaba, no era el momento, la vio salir por la puerta y suspiró tiernamente sin recordar la presencia de su hija.

"los ojos te brillan como piedras preciosas", comentó Emma.

La miró y en su rostro solo pudo ver picardía, decidió ignorarla, "te agradeceré que limpies este desorden, te amo hija", la abrazó fuertemente, le estaba agradeciendo haberle dado las llaves a Regina, pero no se lo diría directamente, luego subió a vestirse, su ilusión matutina había llegado a su fin.

La mañana era hermosa, los pájaros cantaban alegremente endulzando su oído, el cielo se iluminaba a la perfección por los rayos del sol el que no permitía que ninguna nube opacara su brillo, una suave brisita hacía danzar los árboles en las aceras, por eso prefirió caminar, disfrutar de las maravillas de la naturaleza complementaría su alegría de ese día, se sentía diferente, segura de sí misma, decidida, valiente, todos esos sentimientos se los transmitió él, quien se dedicó la noche entera en hacerla sentir una mujer especial, creía que no existía felicidad más grande en el mundo que la que sentía en ese momento.

Sin darse cuenta de la larga caminata, llegó a la empresa de Graham, saludó a los guardias de seguridad, quienes la reconocieron instantáneamente, esperó el ascensor y llegó al último piso, donde se encontraban las oficinas presidenciales, caminó por el recibidor, la tranquilidad y el silencio que percibió no le gustaron nada, tuvo un mal presentimiento, luego, al no encontrarse con la secretaria, sus alarmas saltaron, lo comprobó al acercarse a la puerta de la oficina y escuchar voces, abrió sutilmente sin hacer ruido y la escena que vieron sus ojos no se la esperó, sus defensas estaban desactivadas, se puso la mano en la boca para no advertir su presencia, cerró nuevamente la puerta y quiso llegar hasta el ascensor, pero su cabeza daba vueltas, tuvo que sostenerse de las paredes para no caer, casi no podía caminar, sus piernas temblaban, la imagen de lo que acababa de ver no se le quitaba de la mente, pero tampoco podía detener el bombardeo de recuerdos que llegó de momento, la película de su vida se reprodujo frente a sus ojos como si hubiese ido a un cine y las imágenes se estuviesen viendo una gran pantalla, se tocó la cabeza, el dolor era insoportable, cerró los ojos para recobrar el equilibrio, respiró profundo, debía salir de ahí cuanto antes, así que con mucho trabajo logró llegar al ascensor, descendió hasta la planta baja y cuando salía por las puerta principal escuchó una voz que la llamaba.

"¿señora, se siente bien?", uno de los guardias, la vio desorientada y se preocupó.

"sí…eso creo…no…me siento mareada", ni ella misma sabía lo que sentía en ese momento.

"venga, siéntese un momento, le traeré un vaso de agua", nadie podía verla allí y mucho menos Graham, pero no se sentía nada bien, por lo que aceptó el ofrecimiento del guardia, quien la tomó del brazo y la ayudó a sentarse.

"gracias", esperaba que sentada, pudiera recuperarse.

"no se mueva de aquí", asintió con la cabeza y cuando se quedó sola, pasó su mano por el cabello, no lo podía creer, todo ese tiempo que no tuvo memoria se la pasó culpándose por haber tenido una relación con David, mientras que Graham, seguía revolcándose con Ruby en la oficina, pero su tiempo de ingenuidad había terminado.

"ya me siento mejor", le informó al muchacho que con tanta amabilidad traía un vaso con agua en sus manos.

"la veo pálida, ¿está segura?", resaltó.

"se me pasará", bebió el agua con dificultad, pero la necesitaba.

"¿el señor sabe que usted se siente mal?", cuestionó lo obvio.

"no y por favor, tampoco quiero que lo sepa", el guardia no entendía su petición, aún así prometió silencio, pasaron unos minutos más y se despidió no sin antes agradecerle nuevamente por su gesto.

El día le seguía pareciendo hermoso, pero su cabeza daba vueltas como un carrusel y el equilibrio tampoco se reestablecía, se sentó en un parque a tomar aire fresco, debía planear exhaustivamente sus próximos movimientos, tomó su celular el que desbloqueó sin dificultad, sus lágrimas salieron al ver la foto de fondo de pantalla, ella y David abrazados, recordó ese momento, fue en uno de sus cumpleaños, le dio una sorpresa como tanto le gustaba y compartieron una tarde inolvidable, esa foto la tomó cuando se despedían y como le pareció tan hermosa nunca la quitó de ahí y cada vez que lo desbloqueaba, recordaba lo feliz que él la hacía sentir y que debía luchar por su relación, también fue a la galería la que estaba plagada de fotos de ellos juntos y alguna que otra de él solo, aprovechaba los momentos que ni se lo sospechaba y conservaba la foto, eran las más hermosas, las imprevistas, sus lágrimas no se detenían, de solo pensar en él, su corazón se disparaba, debía darle la noticia, tenía que saberlo, imaginaba su alegría, sus ojos se iluminarían como diamantes y la besaría hasta hacerla perder la noción del tiempo, cerró los ojos y se regodeó en esa sensación la que como siempre, hizo desaparear sus debilidades, moría porque estuviera ahí con ella, pero habían asuntos que tenía que resolver, los cuales tenían nombres y apellidos, Zelina y Graham, de pronto, el motivo por el cual debía pensar con cabeza fría vino a su mente.

Habían pasado dos años desde que decidió pedirle el divorcio a su esposo, la vida en la casa era un verdadero infierno, ni se dirigían la palabra, solo hablaban en los juzgados, cada vez que sus abogados solicitaban una audiencia para pelear su divorcio, fue una lucha agotadora, nada parecía convencerlo de retractarse con su actitud retrógrada, ilógica e irracional, por eso, no se escondía para decirle al mundo que amaba a David, gracias él, la espera se le hizo menos agobiante, la apoyaba en todo incondicionalmente, no renunciaría a su futuro con él por nada ni por nadie.

Una mañana, antes de salir para el hospital, se dio cuenta de que Graham se olvidó de sus documentos, los que necesitaba para conducir, por eso decidió hacerle el favor de llevárselos, pidió un taxi que la llevó hasta la empresa, pasó por la puerta principal sin dificultades, se subió al ascensor y cuando llegó a la oficina, la que tenía la puerta entreabierta, lo vio besándose con la secretaria, la sorpresa que se llevó fue incomparable, salió de ahí a altas velocidades, al parecer, ese día sería muy interesante y llegaría a trabajar un poco retrasada.

"el licenciado Dark, me espera", anunció a la recepcionista del bufete de abogados, al salir de la empresa de Graham, tomó un taxi y concretó una cita por el celular.

"¿Regina Mills?", preguntó la muchacha con mucha educación, ella asintió, "la espera", le agradeció y con mucha rapidez entró a la oficina de su abogado.

"me parece mentira todo esto, querida", fue el saludo que recibió.

"yo tampoco puedo creerlo, pero al fin esta pesadilla terminará", se sentó frente a él, el señor Gold Dark, era el abogado que llevaba los asuntos legales de su familia y además uno de los más prestigiosos del país, por eso, ninguno de los abogados de Graham, consiguieron su objetivo.

"los documentos que solicitaste los enviaré al hospital en la tarde", anunció.

"hoy es mi día de guardia", aseguró para que tuviera la plena seguridad de que recibiría los documentos.

"mañana a las once y media de la mañana los espero aquí para de una vez y por todas darle fin a este tema", le parecía una excelente hora, al otro día tendría todo el tiempo libre ya que estaría de post guardia.

"me aseguraré de nuestra puntualidad", se dieron la mano en señal de agradecimiento por los servicios prestados y se retiró, ahora venía la mejor parte, la que no podía esperar, por eso regresó a la empresa de Graham.

"buenos días Ruby, me alegra que tu reunión matutina con mi esposo ya se haya terminado, imagino que lo hayas dejado en su oficina, ¿o me equivoco?", la muchacha abrió los ojos perpleja por su saludo, ni respondió, orgullosa por esa reacción, irrumpió en la oficina de Graham, en una entrada dramáticamente épica.

"¿no te han enseñado modales en tu casa?, las puertas se tocan antes de entrar, pero verdad, qué le puedo pedir a una mujer que aún casada, se revuelca con su compañero de trabajo sin esconderse", ante esa extensa intervención, Regina encogió las cejas en señal de desagrado.

"¿terminaste?", sin inmutarse preguntó.

"¿a qué viniste?", contestó con una pregunta, y hablaba de mala educación, qué barbaridad.

"interesante interrogante", se sentó sin que tuviera la amabilidad de invitarla.

"no le des más vueltas al asunto, di lo que tengas que decir de una buena vez", la urgió y lo ignoró tomándose todo su tiempo, cruzó las piernas, se acomodó, saber que por fin le había ganado la pelea, le dio mucha paciencia, se pasó dos años esperando por él, no le haría daño que los papeles se invirtieran.

"mañana a las once y media, Gold nos espera para que firmemos el divorcio", no se perdió un detalle del rostro de Graham ante la noticia.

"¿es que acaso no te quedó claro que hasta mi muerte no te librarás de mí?, ¿o no entendiste bien?", lo escuchó atentamente, la furia se le salía por los poros.

"esta oficina tiene una horrenda decoración, siempre me pareció de muy mal gusto el tapizado de las paredes, será una de las primeras cosas que cambie cuando asuma la presidencia", comenzó a pasearse por cada rincón de la oficina.

"¿te volviste loca?", asombrado por su actitud cuestionó, "¿qué te hace asumir que esta empresa será tuya?", se acercó a él, no quería perder la compostura y lo que diría sellaría sus desagradables labios.

"tienes toda la razón, no será mía porque la rifaré en la bolsa de valores y me quedaré con el dinero de la venta, no me interesan las empresas, ni el mundo de los negocios, porque si no firmas nuestro divorcio, te denunciaré por adulterio y lo perderás todo, escoge, el divorcio o la miseria", apoyó sus manos en el buró y le habló muy cerquita, podía acusarla de lo mismo, pero como ella no tenía nada que perder y mucho que ganar, continuó con su posición.

"no sé de qué hablas", el muy descarado, fingió inocencia.

"los vi Graham, tú y Ruby se han estado revolcando libremente a mis espaldas quién sabe desde hace cuándo y todavía tienes la desfachatez de acusarme de traición, me das risa", no le daría el gusto de perder la cordura, no se merecía su enojo.

"Zelina tiene razón, eres una mosquita muerta", sus argumentos se agotaron.

"piensa lo que quieras, aquí tienes tus documentos de identificación, los necesitarás, mañana nos vemos y no te atrevas a llegar ni un segundo tarde, no te conviene, te lo advierto", cerró la puerta con intensidad.

"hasta luego querida, ahí te dejo a tu regalito, es todo tuyo, disfrútalo mientras dure", se sentía superior, salió de ahí y se fue para el hospital, directo al cuarto de médicos para cambiarse de ropa, debía recuperar las horas perdidas.

"cuando me dijeron que habías llegado, me pareció una mentira", David la sorprendió en medio del proceso de cambio de ropa, estaba casi desnuda.

"al fin pudimos coincidir en el turno de guardia, ¿cómo crees que me perderé la oportunidad de pasar toda la noche contigo?", cuestionó poniendo sus manos encima de las de él, quien la abrazó por detrás.

"mmm, hueles tan delicioso como siempre", se acercó a su cabello y aspiró su aroma, "creo que no podré contenerme durante el resto del día y la noche", advirtió.

"tendrás que hacerlo, además, te tengo una sorpresa", la volteó para tenerla de frente.

"¿puedo preguntar de qué se trata?", quiso sacarle información.

"controle su ansiedad, doctor", tocó la punta de su nariz y recibió el beso que tanto pedían sus labios.

"delicioso como siempre", cerró sus ojos ante la sensación.

"no cooperas", la reprendió.

"es grandioso trabajar así", presionó sus cuerpos en un tierno abrazo.

"te siento diferente hoy, ¿algún motivo en especial?", percibía algo en ella que no podía descifrar.

"¿te parece poco motivo estar en tus brazos?", cambió el enfoque, no quería contarle la excelente noticia.

"me has dejado sin argumentos, supongo que otro beso será la respuesta perfecta", no hacía falta mucho esfuerzo para besarse, la distancia era mínima.

"hay una sola forma de averiguarlo", cerró los ojos y esperó que fuera él quien diera el primer paso y envolviera sus labios en otro cálido beso.

"lo dicho, la mejor guardia de todas", dijo entre besos.

"pues que comience entonces", se apartó de ella para dejarla terminar lo que inicialmente hacía a su llegada, la esperó y salieron del lugar tomados de las manos como la pareja feliz que eran, ahora sí no tenían que esconderse.

Efectivamente, ese turno de guardia fue el mejor, hicieron el gran equipo que siempre hacían y en el tiempo libre aprovechaban para esconderse en cualquier rincón y tener sus encuentros furtivos, esos que tanto amaban.

Ahora estaba en su consultorio llenando algunas historias clínicas para que no se les atrasara el trabajo, a David lo habían llamado a la sala de traumatología hacía más de dos horas y como si lo hubiese dejado de ver por años, lo extrañaba locamente, al punto de querer buscarlo para sentirlo cerca.

"amor, dejaron este sobre en recepción, es para ti", con el poder de su mente, lo atrajo, no le importaba el sobre ni nada más que él, haciéndole caso a sus deseos, lo besó como si su vida dependiera de ello.

"cuando yo lo digo, hoy estás distinta, ¿ya puedo saber el motivo", el beso terminó y de reojo miró el sobre, dedujo que era lo que tanto anhelaba recibir.

"compruébalo tú mismo", apuntó para el sobre.

"¿no me digas que es…?", miró el cuño del bufete de abogados y no le hizo falta saber más, pero de inmediato su conclusión a medias se exteriorizó, tenía a Regina encima besándolo nuevamente, no desaprovecharía la oportunidad así que respondió el beso y lo profundizó con fervor.

"el divorcio, amor", apartó sus labios por un momento y le habló al oído.

"no puedo esperar para celebrarlo", habló rápido antes de que volviera a ser silenciado en otro beso, la conocía, no era una mujer fácil de saciar.

"¿qué propones?", preguntó con seducción.

"lo sabrás mañana después de que salgamos de la guardia", era su turno para sorprenderla y también para dejarla expectante, curiosa y ansiosa como amaba hacerlo con él.

"me parece muy justo", leyó entre líneas y aunque la paciencia no era su compañera, contaría los segundos para que la noche pasara rápido.

"así me gusta, que mi señora se deje consentir por su esclavo, para eso estoy aquí, para complacer cada uno de sus caprichos", dichas esas palabras se besaron nuevamente sin querer detenerse, solo que el deber se interpuso en su camino, escucharon unos toques en la puerta, se separaron, arreglaron su atuendo, él la ayudó con su cabello y fingieron ingenuidad, Regina regresó a lo que hacía antes de su llegada y él se brindó muy dispuesto para abrir la puerta.

A partir de ese momento, casi ni café pudieron beber, la sala de urgencias aumentó su movimiento y la llegada de pacientes no cesó hasta casi el final de la madrugada, cuando al fin descansaron unos minuticos, aprovecharon para entre los dos, redactar el informe de la guardia, el que debía estar listo antes de que Zelina hirviera de la furia.

"a partir de ahora considérese usted oficialmente secuestrada por el bandido más peligroso del mundo", recogía sus pertenecías cuando lo escuchó llegar, sus pasos eran inconfundibles.

"suena interesante la propuesta de ese bandido", en aceptación, David le extendió la mano y ambos salieron del cuarto de médicos, en medio del camino, a Regina le dieron muchos deseos de abrazarlo y pasó una mano por su cintura, así se pasearon por todo el hospital, sin importar los ojos que se atrevieron a mirarlos de mala gana, entre ellos, Zelina a quien se cruzaron en la salida.

David condujo hasta llegar al lugar donde irían, la ayudó a bajarse del auto y entraron.

"buenos días, tengo una reservación en la habitación 314", anunció a la recepcionista, hasta el momento no había nada de raro, el mismo sitio donde siempre se encontraban, solo que esta vez, llegaron juntos y orgullosos de su compañía.

"firme aquí señor Nolan, por favor", mientras firmaba, la chica le entregó muy amablemente, las llaves de la habitación, le agradecieron y esperaron el ascensor.

"¿puedo pedirte algo antes de entrar?", David detuvo su paso frente a la puerta de la habitación y cuestionó.

"lo que quieras", moría de ansiedad por entrar para darle muchos besos y llenarlo de caricias, para así marcar el inicio y la continuación de su vida juntos.

David sacó de su bolsillo, un fino pañuelo de seda, de inmediato supo el significado de dicha prenda, "¿aceptas que te vende los ojos con este pañuelo?", asintió y él procedió a doblar la fina pieza y colocarla en sus ojos con mucha suavidad y ternura, "no lo saques hasta que te diga", escuchó que la puerta se abrió, la tomó del brazo, la animó a que caminara dentro de la habitación, cerró la puerta y la dejó sola por unos segundos, moría de la curiosidad, pero cumpliría con su palabra, lo sintió acercarse nuevamente y caminaron un poco más, podía percibir un aroma agradable, "permíteme", se ofreció para dejar sus ojos al descubierto.

Lo que veía parecía un verdadero sueño, ramos de tulipanes negros, su flor favorita, esparcidos por cada rincón, adornando la habitación, la cama estaba rodeada por una cortina de luces de navidad de color rojo y encima de la cama había un corazón de pétalos de tulipán negro, en el suelo, velas aromáticas inundaban el lugar de una fragancia sinigual, "esto es precioso, David, ninguna de mis sorpresas se compara con esto, gracias, gracias, gracias", sus ojos se llenaron de lágrimas de emoción.

David, al escuchar su voz afectada por el llanto, tomó una copa, sirvió champan se la ofreció, y regresó para servir la suya, "celebremos que a partir de este día seremos la pareja más feliz del mundo", a Regina la voz se le había esfumado, solo correspondió al brindis y ambos bebieron solo un sorbo, porque de inmediato, sintió que la copa desaparecía de su mano y un tulipán negro la sustituyó, de inmediato la llevó a su nariz para sentir el delicioso aroma natural, "¿bailamos?", no había música, pero le siguió la corriente.

Los fuertes y musculosos brazos de David la guiaron en un baile lento, ella decidió disfrutar cada segundo y a vivirlo como si la vida se le acabara, "no puedo creer lo que está ocurriendo", al fin su voz decidió participar.

"créelo, me tienes aquí y te amo hoy más que nunca", no esperó más y la besó profundamente, entregándole su vida en cada aliento, cada latir de su corazón, sus encuentros anteriores fueron especiales, pero este debía ser el más especial e inolvidable de todos, por eso, la prisa había quedado fuera de esa celebración, la guió hasta cerca de la cama con maestría, abrió la cortina de luces las que iluminaban su piel y le daban el toque perfecto ante sus ojos, se aseguró de no desarmar el corazón con el que había hecho sus planes, entonces, se deshizo una por una de sus piezas de ropa y de sus zapatos, admiró su desnudez hasta que sus ojos se embriagaron lo suficiente, se arrodilló con cuidado del lado del corazón de flores, "ahora llegó el momento de las promesas", lo miró expectante, "este primer pétalo es para que sepas que a mi lado serás la mujer más feliz", lo colocó en sus labios, "este otro, para que sepas que te pertenezco por completo, el siguiente, para que no se te olvide que mi corazón solo late por ti y por nadie más", Regina se enterneció tanto que sus lágrimas no se contuvieron y durante todo el momento que David le entregaba su vida entera, lloró sin medidas, "y este último y no menos importante para que nunca dudes de que te amaré con mucha intensidad hasta el fin de nuestros días porque eres mi amor, mi vida, mi reina, mi diosa, mi todo", Regina le extendió la mano en señal de invitación, al terminar de cubrir cada poro de su piel con esos pétalos se paralizó completamente, su cuerpo lucía mucho más hermoso que nunca, no se perdería de atrapar la imagen para siempre en sus pupilas.

"te amo inmensamente", le susurró al oído cuando estuvo encima de ella acariciándola y besándola, fue su impulso final porque no se detuvo hasta que ambos se hicieron el amor como si hubiese sido la primera vez.

"quiero que me prometas algo", luego de que su respiración se normalizara, David fue el primero en hablar, estaba recostado al espaldar de la cama y Regina entre sus piernas, acariciaban sus cuerpos como si no hubiese sido suficiente lo que acababa de ocurrir entre los dos.

"dime", le encantaban sus caricias.

"quiero que no llores más cada vez que te haga el amor", imposible no dejar salir algunas lágrimas cuando sentía que la amaba con esa devoción.

"¿cómo quieres que te prometa que no lloraré, si me haces sentir como un ave fénix acabada de resurgir de las cenizas, cada vez que estoy entre tus brazos?", tantos años atrapada en un matrimonio infeliz, la mataron lentamente, hasta que apareció él y le mostró nuevamente, el camino a la vida.

"te amo como no tienes una idea", sus palabras lo hicieron olvidarse de esa promesa absurda, sabía muy bien que ambos eran unos sentimentales.

"quiero que me lo digas muchas veces, no me canso de escucharlo", entrelazó sus manos y las pasó por frente a su cuerpo para quedar atrapados en un abrazo de amor.

"lo repetiré a cada hora, a cada minuto, a cada segundo, en nuestros amaneceres y nuestros anocheceres, así no lo olvidamos y para cuando seamos viejitos y perdamos la memoria, haré una grabación repitiéndolo millones de veces para que ninguno de los dos lo olvidemos", apretó el abrazo y la presionó contra su cuerpo aún más.

"soy feliz", le aseguró.

"yo también", inclinó su cabeza para alcanzar sus labios en el último beso de ese día, su reloj marcaba las once en punto de la mañana, tenía el tiempo justo para llegar al bufete de abogados y convertirse en una mujer completamente libre para él.

"no me quiero ir", sabía que había llegado la hora de la partida.

"a partir de mañana no dejaré que te apartes de mí nunca más, pero debes resolver esto, mi vida", razonó y ella asintió, ambos se levantaron, se vistieron y él la dejó en la puerta del bufete, no sin antes dejarle un beso para que no lo extrañara.

"nos vemos mañana en el hospital, piensa mucho en mí", acarició sus mejillas y se dispuso a salir del auto.

"ven aquí, dame un último beso, ¿qué me hiciste, Regina Mills?, eres una bruja, me hechizaste porque ahora no puedo vivir sin ti", ambos sonrieron entre besos y por fin la liberó de su cárcel de amor.

Bajó del auto y esperó a que se perdiera en la lejanía para entrar al bufete, miró el reloj y faltaban diez minutos para la hora pactada, la secretaria tenía órdenes de hacerlos pasar a la hora exacta, esperó pacientemente.

"buenos días", la voz que tanto anhelaba escuchar endulzó sus oídos.

"buenos días", lo vio un poco sofocado, al parecer creía que era tarde.

"Regina Mills, el licenciado los espera en el salón de citas", ella conocía el lugar perfectamente, por lo que los guió hasta allí.

"bienvenidos, tomen asiento", con mucha educación siguieron al pie de la letra las instrucciones recibidas, ella le entregó el sobre con los documentos, "¿se encuentran aquí por voluntad propia?", sintió el peso de la mirada de Graham, quien asintió primero que ella, "procedamos a hacer legítimo el documento de divorcio, señora", Gold le ofreció una pluma para que firmara y luego la siguió Graham, "oficialmente están divorciados, ahora procederemos a efectuar los trámites con la notaria Eugenia Ham, aquí presente", era como si estuviesen en un juicio, la formalidad fue extrema, pero luego de un momento, la licenciada culminó con su trabajo, "ahora sí, su divorcio es efectivo ante la ley", ambos expertos en leyes se pusieron de pie y ellos lo siguieron.

"gracias", dijo Regina y cuando se disponían a darse las manos, Graham cayó al suelo desplomado, se asustó, no era una indolente, la ayudaron a levantarlo del suelo y mientras Gold lo acomodaba en un sofá que había en la sala, la notaria le alcanzaba un vaso de agua.

"¿Graham?", intentó animarlo, no tardó mucho en abrir los ojos y tocarse la cabeza con una mueca de dolor en su rostro.

"¿qué ocurrió?", preguntó confundido, miró para todos lados.

"te desmayaste, ¿sabes por qué?", cuestionó, no padecía de ninguna enfermedad, lo veía muy saludable.

"Regina, necesito hablar contigo", sonaba muy distinto al día anterior cuando conversaron en la empresa.

"los dejaremos solos", comentó Gold y Regina les agradeció inmensamente.

"me hice unos exámenes hace varios días porque he tenido algunos malestares que me han hecho sentir bastante enfermo", sacó de su bolsillo unos papeles doblados y se los entregó.

"pero, ¿cuándo, ¿cómo?", eran exámenes de neurología, los que revelaban que tenía un tumor en el cerebro en estado terminal, su actitud hacia él cambió radicalmente con esa noticia, le parecía estar reviviendo el episodio con su padre.

"eso no es importante ahora, Regina, me tocó y ante ese designio de la vida, nada puedo hacer", sus palabras estaban cargadas de una profunda cursilería.

"hay tratamientos, puedo someterte a una cirug…", la detuvo.

"no quiero saber nada de tratamientos que alargarán mi agonía, ya tomé una decisión y no la cambiaré", se sintió mejor y se paró del sofá, Regina no respondió, "me iré a la casa del campo a esperar la hora del final", le dio mucho sentimiento escucharlo aceptar su destino con tanta resignación, por eso lo abrazó, "¿te irías conmigo?", le preguntó, no se esperaba esa pregunta.

"Graham yo…", situación difícil para ella.

"te lo pido como un amigo, a un condenado a muerte no se le niega su última voluntad", le dio un golpe muy bajo.

Respiró con fuerza, cerró los ojos, esa encrucijada que la vida le ponía en frente, partió su corazón en mil pedazos, "me iré contigo", tomó la decisión más difícil de su vida, no sabía si era la correcta, pero sentía que en ese momento era lo que debía hacer, su humanismo no le daba para negarse y menos ante esta situación.

"gracias Regina, esto que estás haciendo por mí es invaluable", la abrazó en señal de agradecimiento.

"quiero ponerte una condición", la miró extrañado, "quiero que me dejes, al menos, recetarte unos medicamentos para el dolor de cabeza y tus malestares", asintió.

"partiremos mañana en la noche", eran sus planes y si ella se había sumado, debía saber esa información.

"muy bien, mañana pues", tenía que hacer demasiados trámites y le quedaba tan poco tiempo que sentía que las horas de ese día, les serían insuficientes.

Tenía razón, al salir de ahí, fue directo al hospital para pedirle la renuncia a Robin, y como los chismes corrían rápido, en un momento, todos sus colegas sabían de su partida, al otro día sería su último allí, pues él le pidió tiempo para hacer los papeleos pertinentes, le agradeció su discreción al no preguntarle el motivo de su partida y salió del lugar, debía contarle a una de las personas más importantes de su vida, su hermana del alma, quien no la juzgó cuando escuchó cada detalle, incluso, le comentó que en su lugar hubiese hecho exactamente lo mismo, no por gusto eran amigas y la amaba mucho, le agradeció por eso, partió con el corazón partido, comenzó a organizar sus maletas en la casa, había resuelto todos los temas, menos uno y quizás, el más complicado de resolver.

Sintió que se mojaba y volvió a la realidad, llovía a cántaros y sus ojos no dejaban de llorar, le pareció tan real aquello que había recordado que tenía todavía el sufrimiento a flor de piel, la forma tan abrupta en la que tuvo que despedirse de David, de sus planes de amor eterno, la forma que le rompió el corazón, se portó como una cobarde con él, nunca tuvo el valor para contarle los detalles de su repentina partida, de explicarle los motivos por los que le decía adiós, no tendría el valor de mirarlo a la cara, lo abandonó, lo dejó atrás, lo hirió de la peor manera y nada era como lo suponía, caminó sin rumbo por las calles hasta que llegó a la casa de Cora.

"niña, estás empapada", la vio destilando el agua, pero a ella no le importaba, se tiró en el suelo a llorar sin frenos, la mujer mayor, al verla así, la abrazó.

"no merezco que me ame, Cora, no merezco su amor", sollozó.

"¿qué te sucede?", sin entender, cuestionó.

"David", solo le contó el motivo de su partida a Mary, nadie más sabía.

"pero si ayer los dejé a punto de arreglar las cosas, ¿no resultó tu sorpresa?", extrañada, seguía sin entender nada.

"recordé todo, Cora", rompió el abrazo para mirarla a los ojos.

"esa es la mejor noticia que he recibido, ¿David lo sabe?", la tristeza de sus ojos le preocupaba, debía calmarla.

"no", ante la escasez en su discurso, entendió muy bien.

"ven, te prepararé un baño bien caliente, de seguro estuviste horas expuesta a esta tormenta", la llevó para el baño, le preparó una sopa y la obligó a dormir, veló su sueño toda la noche.

"¿Cora?", su mente estaba tan agotada que sintió que durmió un día entero.

"gracias al cielo que despertaste, David estaba aterrado de que algo te hubiese ocurrido, le dije que estabas aquí y se tranquilizó", informó.

"tengo tanto que agradecerte", le dio la mano para acariciarla.

"eres la hija que nunca tuve", correspondió el gesto y apretó su mano.

"debo hacer algo muy importante, por favor, no le digas que recuperé la memoria, quiero decírselo yo", le pidió ese pequeño favor, sabía que de solo mirarlo a los ojos sabría de inmediato, no podía perderse su reacción cuando se diera cuenta.

"solo te pido que te cuides, ayer llegaste en muy malas condiciones, no quiero perderte nuevamente", se sinceró con ella, tembló cuando tuvo el accidente, la amnesia y luego la noche anterior terminó activando su miedo porque algo le ocurriera.

"tendré cuidado, de hecho, puedes decirle, si lo ves que no tardo en llegar a trabajar", Cora asintió, y ambas salieron de la casa rumbo a su destino.

"al fin llegaste, estaba a punto de irme", la recibió en la puerta de su casa.

"no te entiendo, me citas aquí y quieres irte", el día anterior recibió un mensaje muy raro, citándola para la casa de Regina, a las nueve de la mañana, dedujo que había sido él.

"quien concretó esta cita fuiste tú, me enviaste un mensaje que vendrías a las nueve", explicó.

"sería incapaz de citarte y menos para la casa de esa bruja, además, resultaste ser muy mal al…", una voz muy conocida la detuvo.

"mal aliado, ¿verdad?", sin que advirtieran su presencia, entró a la casa y los vio sacándose los ojos como era costumbre.

"Regina, ¿qué haces aquí?", cuestionó Graham, la notaba diferente de la última vez que la vio con el miedo dibujado en sus ojos, ahora, era la misma Regina que lo amenazó para que le firmara el divorcio, solo que esta vez no tenía un plan, lo atrapó desprevenido.

"lo mismo que hacía el día que me enteré de su complicidad", sin sentimientos respondió.

"me retiro, estoy de más aquí", se adelantó Zelina, pensó ingenuamente que se libraría de ella, grave error.

"¡de aquí no se va nadie hasta que arreglemos los asuntos que tenemos pendientes!", exclamó con autoridad.

"esto es un asunto marital", rebatió Zelina.

"no me hagan reír, Graham y yo ya estamos divorciados y como no pudo alejarme de David, acudió a ti para que hicieras el trabajo que por inútil no salió como quería", Regina Mills estaba de vuelta completamente, ambos lo sabían, pero fingieron no percibirlo, "entonces falsificaron unos exámenes médicos para que yo no dudara, por eso aceptó firmar el divorcio sin mucho esfuerzo de mi parte, lo mandaste a fingir un desmayo en medio de nuestra cita con el abogado para conmoverme y así el plan se concretara, me encerraría en el campo, lejos de todo y de todos y más de David, quien quedaría libre para que tú lo consolaras, pero no contaron con algo", les soltó toda la verdad en fracciones de segundos.

"el plan fue perfecto", alardeó Zelina.

"sí, pero yo lo descubrí todo, porque cometieron un gravísimo error, Graham por pensar que yo volvería a enamorarme de él, al estar condenado a muerte, pobre", acentuó la última palabra con mucho sarcasmo.

"yo no cometo errores", se defendió la pelirroja.

"ja, ja, ja", se burló de ella abiertamente, abrió los ojos al sentirse chantajeada por quien menos lo esperó, "tu error fue pensar que David era tuyo cuando ya le pertenecía a otra", lo que faltaba para que la furia saliera a flor de piel.

"David es mío, por tu culpa no me mira, si no lo hubieses embrujado, estaríamos juntos y con muchos hijos", su locura salió a la luz, por fin.

"piensa lo que quieras, solo les advertiré algo", dijo lo que tenía que decir, la conversación se había terminado.

"no me intimadas", ni descubierta y derrotada, se callaba.

"deberías, porque si vuelven a intentar algo en mi contra o en contra de David, irán directico a la cárcel", si a las buenas no entendían, pues sería a las malas entonces y si querían guerra, guerra les daría.

"no he cometido ningún delito", comenzó Zelina.

"ni yo tampoco", siguió Graham.

"claro, la falsificación de documentos y el intento de asesinato no son crímenes penados por la ley, únicamente en la constitución de ustedes que nadie conoce", comentó irónicamente.

"¿intento de asesinato?", cuestionó Graham.

"se supone que la amnésica era yo, pero con gusto te refresco la memoria, mi accidente lo provocaste tú", fue como un cubo de agua fría en el rostro de Zelina, pero Graham sabía muy bien de lo que hablaba, al parecer, ese pequeño detallito no lo había comentado con su compañera del crimen.

"recuperé la memoria, ¿o acaso debo ser más obvia?", habló con bastante seguridad de los hechos ocurridos, como para que no les quedara duda de ningún tipo.

"yo no provoqué tu accidente", se defendió.

"me parece que debo seguir refrescando tu memoria y me parece que fui lo suficientemente explícita", lo vio hacer una mueca de burla, "no me provoques Graham, estoy harta de los dos, lo mejor que pueden hacer es desaparecerse de mi vida y hacer de cuenta que nunca existí", solo quería que se desaparecieran para siempre, infelizmente a Zelina debía continuar viéndola por su trabajo, pero ya le había advertido.

"esto no termina, Regina Mills, te daré donde más te duele para que sepas que con Zelina nadie se mete", lanzó su amenaza y se retiró, sus pronósticos estaban errados, debía cuidarse de ella, era capaz de cualquier cosa.

Graham sutilmente, sin que otra voz se sintiera en la casa, comenzó a empacar sus pertenencias, sabía muy bien lo que le convenía y que su culpabilidad era cierta, tardó como cuatro horas en salir de su vida para siempre, contrató a una compañía que hacía mudanzas y se llevó todo, antes de darle el último adiós, le extendió la mano para que le entregara las llaves de la casa, la que quedó casi desierta después de su partida, pero no le importaba, por fin podía decir que era una mujer libre, ahora debía festejar como debió hacerlo aquel día, se dio un baño, se cambió de ropa y fue directo al hospital, moría por ver a David.

"¡al fin apareces!", exclamó Robin en cuanto cruzó por la puerta principal.

"¿qué sucede?", cuestionó.

"David", la sola mención del nombre, heló su sangre.

"¡REGINA!", la voz de Emma no ayudaba para que su estado mejorara.

"mi vida", abrió los brazos para recibirla gustosa.

"mi papá Regina, mi papá no aparece por ningún lado", dijo entre lágrimas, llegó a buscarla muy alterada, Cora se había encargado de contenerla un poco, pero al verla llegar corrió a su encuentro, necesitaba de su apoyo, además, ella la entendería mejor que nadie, aunque no tuviera memoria, el amor por su padre estaba allí, lo veía en sus ojos.

El mundo de Regina se derrumbó, ni un momento de felicidad podía tener, quería gritar y correr sin detenerse, pero ahora debía ser fuerte, Emma la necesitaba más que nunca, aunque su corazón se quebraba en pedazos, sería fuerte para ella, eso lo tenía bien claro.