Con mucho trabajo, Regina logró llevarse a Emma para la casa de David, tuvo idea de ir con ella para su casa, pero la joven le insistió para que cambiara de opinión, diciéndole que allí era donde debían estar por si su padre aparecía y así las vería juntas como tanto amaba.

"tengo mucha hambre", estaba en la cocina preparando la cena mientras Emma se relajaba con un baño caliente y la sorprendió con su voz, no se podía sacar a David de la cabeza.

"la cena casi está lista, ¿me ayudas a poner la mesa?", le preguntó y ella asintió con mucho gusto.

"misión cumplida", pasados unos minutos, avisó que había terminado.

"una niña muy bien portada", bromeó un poco para que la tensión se dispersara.

"si papá nos viera juntas, saltaría de la alegría, ha soñado tanto con este momento que hasta a mí me parece mentira", ese comentario fue inesperado.

"estaremos juntos como una verdadera familia, te lo prometo", la respuesta que recibió, la sorprendió mucho más, un abrazo cargado de sentimiento.

"prométeme que papá aparecerá…", ni terminó, el timbre de la puerta, interrumpió su intercambio.

"¿Robin?", cuestionó extrañada, no esperaba su visita.

"perdón por venir sin avisar, traje a un amigo que trabaja en la Estación de Policías y nos ayudará", anunció la presencia del desconocido que lo acompañaba.

"mucho gusto, Inspector Eric Finn, un placer conocerlas", se presentó muy educado y ambas correspondieron su saludo.

"ella es Emma, la hija de David y ella es Regina, colega del hospital y amiga de la familia", Robin las presentó, movieron la cabeza en aceptación.

"pongámonos cómodos", Regina les hizo un gesto con sus manos y se sentaron en el sofá para conversar con calma.

"quiero saber los movimientos del señor Nolan en las últimas horas", demandó el inspector.

Todos miraron a Emma, su vínculo con David, la obligaba a ser quien respondiera la pregunta, "papá salió muy temprano a trabajar como de costumbre y como no lo vi en la mañana, fui a verlo al hospital y no lo encontré por ninguna parte y nadie sabía de él, lo llamé a su celular y estaba apagado, y su auto no estaba en el estacionamiento", al comprender el significado de esas miradas argumentó y el inspector tomó notas en una pequeña libretica.

"también le hice como diez llamadas y recibí la misma respuesta", agregó Robin, "además, yo mismo ayudé a buscarlo por todas partes", cuando Emma comenzó a preguntarles a todos por su padre, se alarmó, no hacía ni tres horas que ambos habían salido de una cirugía, no entendía el porqué de su ausencia.

"como ya te dije Robin, con esta información puedo hacer muy poco y desafortunadamente, no pueden reportar su desaparición hasta después de las setenta y dos horas, pero haré una excepción por ti y por tu familia", le sonrieron en agradecimiento por su deferencia, "una última pregunta que quiero hacerles", tenía la atención que necesitaba, "¿el señor tiene enemigos o alguna persona que quiera hacerle mal?", negaron con la cabeza, pero Regina tragó pesado, delante de Robin no podía mencionar el nombre de su hermana ni el de Graham, por respeto a su amistad y además tendría que dar demasiadas explicaciones.

"mi papá es un hombre muy bueno, todos lo quieren", defendió Emma.

"en los años que conozco a David jamás tuvo problemas con nadie", agregó Robin.

"siendo así, de seguro nada le ocurrió y debió tener problemas con el auto y se encuentra en un lugar donde no le llega la señal para avisarles", les dio ánimo, pero su olfato de inspector experimentado le decía que algo raro había en esa desaparición, solo que no podía sacar conclusiones precipitadas.

"eso esperamos, gracias Eric, tu ayuda nos será de mucha utilidad", agradeció.

"aquí está mi contacto por si necesitan algo o si recuerdan detalles que nos puedan ayudar, cualquier cosa por muy insignificante que les parezca, no duden en llamarme", le entregó a Regina, una pequeña tarjetica blanca con la información que debía conocer.

"lo llamaremos, no se preocupe, gracias otra vez", se dieron las manos y los acompañaron hasta la salida.

"¿en qué estábamos?", cuestionó Emma una vez la visita las dejó solas.

"en que nos sentaríamos en el sofá y te haría muchos mimos para que te relajes", propuso Regina, su propuesta de que se relajara, la veía un poco imposible, ella estaba en las mismas condiciones.

"me encanta esa propuesta, pero primero, quiero cenar, huele muy delicioso y por nada me pierdo lo que preparaste", fueron para el comedor, comieron en completa armonía, los ojitos azules de la joven reflejaban la profunda tristeza y la preocupación por lo que ocurría.

Al finalizar con el postre, entre las dos recogieron, limpiaron y organizaron la cocina y fueron hasta el sofá, encendieron la televisión y se entretuvieron, cuando el sueño las venció se quedaron dormidas allí mismo hasta el otro día.

La conversación con su cómplice no se le quitaba de la mente, se pasó la noche entera dándole vueltas al asunto, aunque mucho no coincidía con algunos de sus métodos tan radicales, se divertiría de lo lindo con lo que estaba ocurriendo, se aprovechó que la mujer que dormía a su lado, aún dormía para recordar los sucesos del día anterior.

Luego de haber tenido el enfrentamiento con su ex esposa y que hizo su mudanza, Ruby, su amante de tantos años, le propuso que viviera en su departamento, prefería aceptar su propuesta, antes de tener que gastar dinero en comprarse una casa o rentar un lugar pequeño para él solo, ella le dio utilidad a sus pertenencias y de inmediato aprovecharon el tiempo juntos, como era costumbre entre ellos.

Al despertarse de una pequeña siesta, revisó su celular y encontró un sin número de mensajes de la persona a quien menos quería ver, pero ahora que conocía su más guardado secreto se estaba aprovechando para presionarlo, debía acudir a su encuentro, sutilmente salió del departamento hasta el lugar donde lo citó.

"al fin te dignas a responder mis mensajes", dijo cuando le abrió la puerta.

"vine porque me amenazaste como siempre", advirtió.

"no te hagas el angelito que tienes las manos tan sucias como yo", se apartó para que entrara, cerró la puerta y lo guió hasta la sala.

"¿qué significa esto?", encima del sofá vio algo que ni en sus más grandes sueños, se imaginó vería allí.

"aquí quien hace las preguntas soy yo, eres simplemente mi peón a quien puedo mover a mi antojo", alardeó.

"esta vez estarás sola", intentó irse, había comprendido el motivo de su presencia.

"si te vas, seré yo quien te acuse en la policía por el intento de asesinato de Regina", llegó el momento que tanto temió que llegaría, por eso se guardó ese detallito, la miró con odio, "disfrutarás esto, lo veo en tus ojos, imagínate por un momento todo el sufrimiento que causaremos, al fin nuestros enemigos pagarán por tantos los años de humillaciones", la boca se le hizo agua y su mente lo traicionó, pues hizo precisamente lo que Zelina le había pedido, el mundo ardiendo en llamas y ellos dos en la cima disfrutando la victoria.

"así me gusta, tan obediente como siempre", percibió la aceptación en la expresión de su rostro.

"eres una arpía de las grandes ligas, nadie te supera", comentó y ella sonrió al saberlo de su lado nuevamente.

"te equivocas, la arpía mayor es de quien nos vengaremos a partir de este momento", aclaró, su enemiga de todos los tiempos era la verdadera bruja.

"ya la imagino cuando esta bomba explote", habían llegado a un acuerdo como los villanos que eran.

"¿a dónde vas guapo?", cuestionó Ruby al darse cuenta de la frialdad a su lado de la cama.

"tengo que salir", respondió.

"¿no irás a la empresa?", cuestionó, le parecía completamente fuera de lo común, que no quisiera ir a trabajar.

"nos veremos más tarde, no me extrañes, ¿sí?", le dio un beso para que las sospechas de su rostro se disiparan.

"sabes que siempre te extraño", dijo juguetona, él profundizó el beso y desapareció de su vista, al quedarse sola se arregló y partió para la empresa a cumplir con su rutina diaria.

La noche completa la pasó pensando en él, ni una lágrima pudo derramar para que Emma no lo percibiera y se alterara más de lo que ya estaba, por eso casi ni se esperó a que amaneciera, la arropó en el sofá, tomó un baño y fue al hospital, debía ocupar su mente en el trabajo, de lo contrario se volvería loca.

"Regina, buenos días", saludó Cora al entrar al cuarto de médicos, donde bebía un café muy cargado.

"buenos días", sus ánimos no la ayudaban a disimular la angustia y la preocupación, sabía que la mujer mayor la conocía a la perfección y que por eso ni cuestionó sobre la desaparición de David.

"organicé tu maleta niña, puedes recogerla cuando quieras", anunció.

"en cuanto tenga una oportunidad", terminó su café y al ver que le abrió los brazos, se lanzó a ellos, su apoyo era lo que necesitaba en esos momentos.

"no te mentiré, me estoy muriendo de miedo, sé que a David le ocurrió algo, pero debemos mantener las esperanzas", debían ser realista.

"si a David le ocurre algo, ¿cómo le digo a Emma, Cora?, ¿con qué valor me enfrentaré a ella para darle la mala noticia?", sus ojos a punto de estallar en llanto.

"esa no es la charla que más temo", resaltó, "y a este, ¿qué le dirás?", separó el abrazo para tocar su corazón.

"no lo sé, ¿me lo podrías decir tú?, eres la experta en corazones", no quería pensar en eso, su vida cambiaría radicalmente si eso llegara a ocurrir.

"doctora Mills, la buscan en recepción", escucharon la voz de la recepcionista del hospital.

"enseguida", le aseguró a la chica quien como mismo llegó, se fue, ella la siguió.

"¡Regina!", la visita menos esperada, pero agradable.

"¿Gold, a qué debo el honor de tu visita?", quiso saber.

"cuando uno llega a cierta edad donde más frecuenta es el hospital", bromeó y ambos rieron en medio del saludo.

"pues has llegado al lugar indicado, ven conmigo", le indicó el camino y entraron a su consultorio, "aquí tendremos la privacidad que necesitas, cuéntame cada detalle", lo animó.

"hace varios días que no me siento muy bien, he sufrido de fatigas intensas, de mareos, unas faltas de aire que en mí no son normales y lo que más me preocupa, es el dolor agudo en el pecho, parece como si una prensa me apretara sin dejarme respirar, han sido días terribles", informó con mucha discreción, Gold era un hombre muy saludable y exquisito con el cuidado de su salud, para él sentirse enfermo era como un castigo porque nunca se enfermaba.

"es normal en esos casos, acompáñame", salieron de su consultorio.

Conocía muy bien el padecimiento de su amigo, pero prefería que manos expertas, se encargaran de su cuidado.

"¿interrumpo?", la puerta estaba entreabierta, así que entró.

"adelante", le dejó el camino libre.

"te traigo un paciente", ella y Gold entraron al consultorio.

"un paciente recomendado por mi hija, me siento honrada", comentó.

"Cora, te presento a Gold Dark, mi abogado y amigo de toda la vida", introdujo al recién llegado, quien no le quitaba los ojos de encima.

"Cora Heart, un gusto, tomen asiento, por favor", se sentaron frente a ella, "¿cuál es el mal que lo aqueja, mi señor?", Gold miró a Regina sin saber qué decir.

"la experta eres tú, pero al parecer mi amigo aquí presente padece de Angina de Pecho", a Cora se le abrieron los ojos de par en par.

"necesito hacerle unos exámenes cuanto antes, hizo bien en venir", fue como si le hubiesen encendido los motores.

"es todo tuyo, iré a seguir con mi roda", debía visitar a cierto pequeñín a quien había dejado un poco abandonado.

"gracias, Regina", agradeció Gold antes de que saliera y cerrara la puerta.

"qué bueno que te veo, ¿has tenido alguna noticia de David?", Mary la interceptó por el camino.

"anoche Robin nos presentó a un amigo inspector y nos prometió ayudarnos", le informó.

"¿cómo estás?", bajó la cabeza para evitar responderle, pero a su amiga no podía ocultarle nada, "me enteré ahora mismo en la terapia de Robert y lo dejé allí para venir a verte", le sonrió agradecida, lo que realmente quería era un abrazo de su hermana.

"veo a un paciente y luego hablamos, acompáñame", le propuso, su compañía le haría muy bien.

"tengo un tiempo libre, así que aprovéchame", anunció y se le pegó del brazo y caminaron juntas.

"te presento a un principito muy valiente", abrió la puerta del cuarto donde su paciente Henry se encontraba internado.

"¡muy valiente!", exclamó, siempre de acuerdo con su amiga.

"hola Henry, ¿cómo te sientes?", cuestionó Regina, la mamá del niño observaba a las dos mujeres paradas enfrente de ellos con ternura por tratar a su pequeño con tanto amor.

"tengo hambre", todos rieron.

"ella es la doctora Mary y mi hermana", el niño levantó la mano que no tenía conectada al suero, para saludarla.

"ayer vino el doctor David", comentó el niño, su rostro se iluminó de solo escuchar el nombre, pero a la vez su corazón se oprimió, quedó paralizada en el lugar.

Mary al darse cuenta que su amiga cambió radicalmente de actitud, comenzó a chequear al niño, le quitó el estetoscopio del cuello y se sentó en la orilla de la cama para examinarlo.

Cuando salió de su estado de shock, el que no duró mucho, procedió a ayudar a Mary, revisó el goteo del suero y ojeó la historia clínica para comprobar que el tratamiento que prescribió lo estuvieran cumpliendo al pie de la letra.

"cuando yo lo digo, eres un valiente de los que ya no se encuentran, semejante aterrizaje y mírate, chócala campeón", elogió Mary cuando terminó su examen.

"¿está bien, doctora?", cuestionó la mamá.

"unos días más y podremos darle de alta, pero me gustaría que asistiera a una terapia, ¿qué te parece, Mary?", apeló a la opinión de su amiga.

"completamente de acuerdo contigo, ya verás que las chicas que te harán la terapia son muy guapas", le guiñó un ojo al niño.

"hey, alto ahí que todavía es muy pequeño para esas cosas", regañó Regina como si fuera su mamá.

"no seas tan gruñona y deja que el niño se divierta", se levantó de la cama y la sacó del brazo del lugar, no sin antes voltearse para hacerle un gesto al chico que los hizo reír a todos, si su amiga era así con un paciente al que le tomó cariño, no se quería imaginar, cómo sería con su propio hijo.

"gracias", lo que había hecho por ella hacía un ratico, ni con el tesoro más grande del mundo se lo pagaba, silencio entre las dos, el que fue liberador y aterrador al mismo tiempo.

"ahora sí, ven aquí y llora, por favor", entraron al consultorio, cerró la puerta e hizo lo que los ojos de Regina tanto le pedían.

Los brazos de Mary se sentían como el paraíso, no tardó en obedecer su orden y sus lágrimas salieron desenfrenadas, la incertidumbre de no saber nada, era peor que recibir una mala noticia.

"tengo tanto miedo, Mary, ¿y si algo le ocurrió?, ¿y si tuvo un accidente?, ¿y si…?", por fin estaba liberando lo que tenía guardado, Emma no se le había despegado el día anterior y no podía mostrarse débil ante la niña.

"Regina", se escuchó un toque en la puerta y Robin que la llamaba, se apartaron, Mary le secó las lágrimas, la obligó a que se sentara y abrió la puerta.

"hola, Robin", saludó con la familiaridad de siempre.

"Mary, qué bueno que están juntas", comenzó su intervención, le alegraba que Regina tuviera un apoyo en estos momentos tan difíciles y con la noticia que traía, más todavía.

"¿qué sucede, Robin?", los ambages y ella, no eran compatibles.

"me acaba de llamar mi amigo Eric y dice que encontraron el auto de David y su celular en medio de una carretera abandonada, que con esas evidencias se abrirá el caso por desaparición", esa información fue como una bomba, Regina trató de disimular, pero no pudo, lloró en silencio y Mary puso la mano en su hombro para darle apoyo.

"muchas gracias, Robin", le agradeció con trabajo por las lágrimas que por más que intentaba limpiar, seguían cayendo.

"todo saldrá bien, estamos contigo, Regina", se acercó y pasó una mano por el hombro de Mary para unirse al apoyo fraternal, "ahora debo irme, Marian, está en el laboratorio haciéndose unos exámenes", debía cuidar de ella, su bebé parecía que se aferraba a la vida.

"felicidades, al fin mi hijo tendrá una novia", comentó Mary para alivianar la tensión.

"dale un saludo a Marian de nuestra parte", agregó Regina.

"se lo digo, no se preocupen", fue su despedida.

Unos minuticos de silencio le bastaron a Mary para darse cuenta de que su amiga se guardaba algo.

"¿qué está pensando en esa mentecita?", cuestionó.

"Zelina", se le erizó la piel.

"la vi por allí afuera, dando órdenes como siempre", completó Mary y Regina negó con la cabeza.

"esa es su coartada, fingir que trabaja como si nada estuviera ocurriendo, pero estoy segura de que fue ella", la noticia de Robin le confirmó sus sospechas.

"has despertado mi curiosidad, me lo cuentas todo con lujo de detalles", exigió y tomó asiento.

"hace dos días me acordé de todo y Zelina tuvo que ver con la falsa enfermedad de Graham", Mary abrió la boca del asombro, y era solo el inicio, "los cité en mi casa, discutimos y me amenazó con darme donde más me duele", la mente de su amiga ataba cabos a altas velocidades.

"mataré a esa perra", se le salió de lo más profundo.

"de eso me encargaré yo si a David le ocurre algo", aseguró con firmeza.

"es que no se cansa", resaltó.

"y si apuesto que Graham es su aliado en esta, ganaré también", comentó lo obvio.

"descarados", los ofendió sin arrepentimientos.

"todavía se atrevieron a decirme en mi cara que sus crímenes no eran penados por la ley", a Mary le dio risa el comentario.

"bueno pues ahora, por secuestro, se morirán allí para que aprendan a no jugar con la ley", se merecían eso y mucho más.

"me encargaré personalmente de que así sea, creo que no me conocen aún", habló con tanta propiedad que hasta Mary se asustó.

"por suerte soy tu hermana", debía recordárselo para que no hubiera lugar a duda, "¿qué harás ahora?", conocía la expresión de su rostro, le indicaba que algo planeaba.

"por ahora esperar a que las autoridades hagan su trabajo", ni ella misma se creía eso.

"estás en casa de David con Emma, ¿verdad?", no esperaba menos de ella.

"esa niña es un manojo de nervios, está aterrada por el peligro de perder a su padre, debo acompañarla", explicó.

"si eres su madre, ¿cómo no hacerlo?, confía más en ti que en su propio padre", la verdad, era la verdad.

"me imaginé que las encontraría aquí", Robert abrió la puerta del consultorio e interrumpió la conversación.

"te veo muy levantadito", dijo Regina.

"tu amiga que me tiene con un régimen militar en la casa", comentó con resignación.

"no te quejes más mi vida, si te cocino tu comidita favorita y hasta te canto para dormir", su dinámica de marido y mujer, era envidiable.

"si mencionaste comida, mejor nos vamos porque el hambre me está matando", Mary le dio un besito porque su sentido del humor le sacó una risa a su amiga.

"denle un besito a mi ahijado", fue la despedida de Regina y el matrimonio partió muy acaramelados.

Miró el reloj de pulsera, y anunciaba las doce del día, horario de almuerzo, se aprovechó de eso para hacer algo que estaba rondando en su cabeza desde hacía rato, salió del consultorio y se aseguró de que nadie la viera, al llegar al lugar deseado, intentó abrir la puerta y al darse cuenta de que estaba abierta, entró y como estaba vacío, se sentó en el buró a esperar, aunque no tardó más que unos minutos en escuchar la manipulación de la manilla de la puerta.

"¿tú qué haces en mi consultorio?", la pregunta llegó con mucha mala forma.

"¿y tú quién te crees?", igualó su tono.

"este es mi lugar de trabajo, exijo…", Regina la interrumpió.

"no Zelina, aquí quien está en posición de exigir, soy yo, ¿dónde está David?", levantó el volumen de su voz.

"¿crees que eres tan importante como para decirte una información tan valiosa?, no me hagas reír, te dije que te daría en donde más te duele y ahora te tengo justo donde quería, suplicándome", la confesión fue inesperada.

"te equivocaste nuevamente, quien te tiene justo donde quería, soy yo", se levantó y se dirigió a la puerta, "tu amabilidad será muy bien recompensada", comprobar que sus sospechas eran ciertas, la hacía sentirse superior, salió y dejó sola a Zelina, quien ante la actitud de su enemiga perdió el juicio.

Llamada telefónica:

"¿qué quieres ahora, Zelina?", estaba en medio de algo muy importante cuando vibró su celular.

"cuida tu tonito que bien puedo alimentar a los leones del circo con tu preciado cuerpecito", sus ojos irradiaban furia.

"tú no me dices cómo debo hablar", seguía buscándose su final feliz, el pobre, aún no sabía con quién se había aliado.

"cambio de planes", anunció y Graham no contestó, "te enviaré la dirección en un mensaje de texto, ahí me esperarás, lleva el equipaje", detalló su orden como de costumbre.

"¿puedo saber…?", su aliado era un bueno para nada, harta la tenía, cuánto deseaba exprimirle el cuello con sus propias manos.

"basta de preguntas y cumple con mis órdenes", exigió y colgó sin decir más, Regina no tendría posibilidad de encontrar su escondite.

Uno de sus sueños lo estaba cumpliendo, pero el otro, procuraría cumplirlo más temprano que tarde.

"¿escuchaste eso?", preguntó y no recibió respuesta, se enfureció y aumentó el número de golpes que en las últimas horas se había dedicado en dibujar en su hermoso rostro, "cuando yo hago una pregunta, se responde", disfrutaba de lo lindo verlo escupir sangre.

"no se saldrán con la suya", con trabajo logró decir, no le daría el gusto de verlo derrotado, a pesar de que estaba colgado de una soga y sentía que la circulación de su sangre no llegaba a sus manos.

"me parece que no has analizado bien tu situación, te tenemos secuestrado, les ganamos idiota, tú y esa estúpida de Regina, a quien consideré como esposa, no estarán juntos nunca más", aclaró.

"eres un cobarde, ¿por qué no peleas conmigo como lo hacen los hombres?", lo incitó a que se pusiera los pantalones y se dejara de esconder detrás de su cómplice a quien no le conocía el rostro todavía.

"porque esta guerra está ganada, te separé de Regina, David, mi sueño al fin se hizo realidad", se paseaba de un lado al otro.

"ahí es donde tú te equivocas y por eso me das lástima", se ganó su atención, "ni aunque me mates lograrás separarnos", su amor por ella era infinito, no se detendría porque la muerte decidiera que su hora había llegado.

"basta de charlas", tomó un pañuelo oscuro y le tapó los ojos para que no se ubicara, lo desamarró con mucha tentación de darle un golpe certero para que perdiera el conocimiento, solo que no se perdería por nada del mundo, su reacción al verle la cara a Zelina, entonces lo encerró en la cajuela de su auto y condujo hasta el sitio indicado por su jefa, donde al llegar, sus ojos se iluminaron al ver cuatro cadenas en el suelo, cada una tenía un pequeño gancho de hierro en la punta, también encontró unos pedazos de soga, de inmediato su imaginación voló.

"bienvenido al paraíso", le quitó el pañuelo del rostro y se burló de él, ató las sogas a sus cuatro extremidades y con los ganchos, lo colgó de las cadenas de forma tal, que quedó suspendido en el aire con sus manos abiertas, sin poder moverse.

"me sorprende saber que tu mente sirve para algo", la voz de Zelina irrumpió en el lugar.

"¡Zelina!", tenía sus sospechas, pero al despertar y ver el rostro de Graham y no el de ella, decidió pensar en otra dirección, se equivocó grandemente.

"¿sorprendido?, sí, soy quien está detrás de todo esto, ¿no recuerdas nada?", pasó su mano por el rostro de David quien negó su toque.

"no me toques", luchó, aunque si continuaba atado en esa posición, sus fuerzas se agotarían en poco tiempo.

"no te niegues a mi toque, amor, para cuando estemos casados, deberás tratarme como a tu mujer, porque quiero hijos nuestros", seguía intentando tener contacto con él.

"¡jamás!", exclamó entre dientes.

"eso ya lo veremos", bajó la mano y se dirigió a Graham, "ahora déjame a solas con él, mañana te espero aquí a la misma hora", notó un tono de amenaza en sus palabras.

"pásala bien con tu amor", se burló y se marchó, al otro día tendría otra sesión de golpes con él, se desquitaría toda la furia acumulada.

"buenas tardes, necesito hablar con el Inspector Eric Finn", de inmediato salió del consultorio de Zelina, tomó un taxi, debía hablar con el amigo de Robin sin perder el tiempo.

"el inspector no se encuentra en estos momentos", la suerte no la acompañaba esa tarde.

"muchas gracias", ni mensajes le dejaría, este asunto debía ser tratado frente a frente.

Durante los próximos tres días, la espera se convirtió en una pesadilla, por fin, logró hablar con el inspector quien la ayudó mucho más de lo que esperaba, puso en función de encontrar a David, todos los medios a su alcance, se sentía muy agradecida por eso, aunque los avances fueron lentos, y cada vez que recibía un resultado negativo, se desesperaba, pero el nerviosismo y la inestabilidad de Emma aumentaban a cada segundo que su padre no aparecía, tuvo que irse a dormir con ella en su habitación, pues comenzó a tener pesadillas en las noches, se despertaba gritando y ella calmaba sus miedos y velaba sus sueños, no dormía bien, la preocupación por lo que pudo haberle ocurrido a David no la dejaba descansar, además, cada vez que cerraba los ojos para intentar dormir, lo veía besarla, acariciarla, lo sentía tan real que al abrir los ojos y darse cuenta de que no era cierto, lloraba en silencio desconsoladamente, su ausencia era enloquecedora, no sabía si podría soportar vivir sin él un día más, se estaba consumiendo en la angustia.

Para el inspector, esos días también fueron una agonía, al recibir la noticia de una posible sospechosa, montó una estricta vigilancia, seguía todos sus pasos, pero su vida era tan o más rutinaria que la suya, a simple vista era una ciudadana modelo, no encontraba las evidencias que necesitaba y la investigación llegó a un callejón sin salida, por lo que las esperanzas de encontrar a David con vida, se hacían cada vez menores, él y Regina se mantuvieron en contacto directo, solo hablaban por teléfono, ya no sabía con qué cara las miraría ni a ella ni a la jovencita hija de David, por eso prefería comunicarle cualquier novedad a través de ese medio, le partía el corazón mirarles a los ojos y ver la misma expresión que tanto había visto en los rostros de los familiares de las víctimas de secuestro, miedo, inseguridad, tristeza por perder a su ser amado y eso era precisamente lo que les ocurría a ambas, porque nadie le quitaba de la cabeza que Regina era la pareja de David, aunque esa información, nadie se la había dado, solo que tantos años en su profesión, le dieron la experiencia suficiente como para leer el amor en los ojos de una mujer y más, cuando estaba desesperada.

Al quinto día de la desaparición de David, él se disponía a investigar si por alguna casualidad, la tal Zelina, que resultó ser la hermana de su mejor amigo, tenía a su nombre alguna propiedad que pudiera servirle para esconder a una persona, pero las posibilidades eran remotas, ningún secuestrador haría un movimiento así de obvio, aunque nunca uno sabe con lo que podía encontrarse en estos casos, por eso, debía explotar todas las posibilidades.

"inspector Finn, hay una muchacha muy asustada en la recepción que quiere hablar con el jefe de la Estación de Policías, se niega a decir palabra", aunque no ocupaba ese cargo, era una de las máximas autoridades en el lugar, por eso, decidió atender a la visita tan fuera de lo común que despertó su curiosidad.

"que la lleven al salón de interrogatorios", allí tendrían privacidad.

"como ordene inspector", generalmente lo trataban con respeto, su prestigio le daba ciertos privilegios, de los cuales muy pocos gozaban.

Terminó de tomarse su café, suspendió la sección de su ordenador y se dirigió al salón de interrogatorios.

"buenos días", anunció y unos ojos asustadizos le dirigieron una mirada, "soy el Inspector Finn, ¿en qué le puedo servir?", se presentó formalmente, los temblores de la joven lo alarmaron, algo grave ocurría.

"vengo a denunciar a dos personas", habló por fin y se sentó frente a ella.

"¿cuál es el delito?", cuestionó.

"secuestro", la voz también le temblaba.

"¿desea un vaso de agua?", necesitaba que se calmara un poco, por eso, le ofreció agua y ella asintió con la cabeza, salió y al regresar la muchacha ya estaba mejor.

"gracias, pero no pierda más tiempo, escuché que lo matarían si se negaba a hacer lo que le ordenaban, es un monstruo, son unos monstruos", hablaba incoherencias.

"explíquese bien", pidió con mucho tacto y destreza profesional.

"¿está enterado del secuestro del doctor David Nolan?", sus ojos se abrieron al escuchar el nombre, de la sorpresa, ni habló, al fin una señal, "inspector, ¿me escucha?", su expresión se perdió en la nada.

"por supuesto, ¿sabe dónde lo tienen cautivo?", reaccionó de inmediato.

"no solo sé dónde lo tienen, también escuché todos sus planes, por favor, llame a Regina, tiene que salvarlo", dijo con desesperación.

"por favor, respire y cuénteme con detalles los que sabe", quería que explicara, de lo contrario, nada podía hacer.

"hace tres días, Graham, mi jefe, se ausentó de la empresa y su comportamiento me pareció sospechoso, entonces, sin que se diera cuenta, me monté en un taxi lo seguí hasta esta casa abandonada en las afueras de la ciudad, allí entré sutilmente y me escondí en un lugar donde no podían verme, pero al escuchar su conversación, me puse nerviosa tropecé con algo y me descubrieron", explicó.

"¿le hicieron daño?", cuestionó porque solo la veía un poco sucia y su cabello húmedo, al parecer había corrido para llegar allí.

"me amenazaron con matarme si hablaba, me prohibieron salir y me obligaron a presenciar cada una de las torturas que le hicieron a David", soltó aquella información como una ametralladora.

"¿la dejaron libre?", estaba ávido de información.

"acabo de escaparme, tuve que correr muy fuerte, esconderme para que no me encontraran, Graham se dio cuenta de mi ausencia y me persiguió", su teoría quedaba confirmada, ahora entendía el porqué de su estado.

"¿estarías en condiciones de regresar allí?", la necesitaba pues ella conocía el lugar mejor que nadie, después de todo, también estuvo retenida en contra de su voluntad y podría ayudarlo a resolver este caso, pero solo si ella estaba de acuerdo, su intención no era exponerla.

"haré lo que me diga, pero salve a David, le han hecho muchas cosas malas", repitió, porque al verse obligada a presenciar todos y cada uno de los abusos a los que Zelina y Graham lo tenían sometido, se sintió completamente impotente.

"mi nombre es Eric", suponía que ya no eran desconocidos, las formalidades habían quedado detrás.

"Ruby Wolf", se dieron la mano y le indicó que lo esperara allí, tenía que hacer unas llamadas importantes y dar la orden a las patrullas para que se alistaran por si las necesitaba en la escena del secuestro, para el plan que tenía, si llevaba compañía, alertaría a los sospechosos y la situación se podía complicar.

"¿lista?", preguntó al regresar y Ruby asintió con la cabeza.

Se montaron en su auto particular, así no levantaría sospechas, condujo hasta el lugar que la joven le indicó, le explicó su plan el que fue bienvenido por ella.

"no tienes que hacerlo si no quieres", advirtió, lo que le pedía, era demasiado riesgoso.

"quiero hacerlo, me lo debo", llevaba muchos años creyendo que Graham realmente la quería y durante el tiempo que no la dejó salir de aquella casa, se dio cuenta de que él solo la utilizó como un juguete sin importarle sus sentimientos, se sentía mal por haber sido tan débil, pero sabía que, si ayudaba a salvar a un inocente, su conciencia quedaría tranquila.

"lleva esto por si lo necesitas", le ofreció una pequeña navaja, no podía mandarla a la guerra sin armas, rezaba para que esta decisión no le costara su carrera.

"muchas gracias inspector usted es muy bueno", se despidió y lentamente se fue acercando a la casa abandonada sin ser vista, parecía conocer el terreno como la palma de su mano, porque se escondió de forma tal, que ni él mismo pudo verla, supuso que ya había entrado a la casa.

Transcurrieron veinte largos minutos y no obtuvo la señal que necesitaba, de pronto, pudo ver que la casa se incendiaba y que el fuego avanzaba rápidamente.

"Inspector Fin", la voz de Regina acompañada de la hija de David, se escuchó en la escena, acababan de bajarse de un taxi, mientras esperaba por Ruby, les envió la ubicación y no tardaron en llegar, las comprendía perfectamente, pero no pudo ni responder, escuchó una fuerte explosión proveniente de la casa en cuestión, por suerte la distancia era considerable.

"¿dónde está mi papá?", preguntó Emma y él ni valor tenía para decirle la verdad, pero una segunda explosión se sintió, fue tan fuerte que inevitablemente, todos tuvieron que mirar hacia allí y como era un lugar apartado y desolado, no fue difícil que las mujeres sacaran las conclusiones acertadas.

"dígame que mi papá no estaba en esa casa", quien primero habló fue la jovencita, él bajó la vista y miraba al suelo, acción que habló más que mil palabras.

"NO, NO, NO, ¡PAPÁ!", gritó Emma.

Regina ni hablaba, solo lloraba, aceptar lo que estaba justo frente a sus ojos era demasiado para ella, no era posible, David, su David, no, no podía creerlo, todo su cuerpo temblaba por el miedo de haberlo perdido, porque ya no lo tendría en sus brazos, porque ni siquiera pudo decirle que había recuperado la memoria y seguía amándolo tan intensamente como el primer día, porque no tuvieron la oportunidad de despedirse, porque sin él, las esperanzas de ser feliz se habían esfumado y porque no entendía qué hizo mal para merecer este castigo.

"iré a buscarlo, mi papá no puede estar muerto", la voz de la joven la sacó de sus tormentosos pensamientos y tuvo que actuar de inmediato, la casa se consumía entre las llamas, ella era lo único que le quedaba de David, no podía perderla a ella también.

"Emma, por favor…", comenzó a querer persuadirla, cuando la chica se lanzó a correr, casi no la alcanza, tuvo que apresurar su paso y ponerse frente a ella para detenerla.

"Regina, dime que no es cierto, que mi papá está vivo", la abrazó fuertemente, sus ojos llenos de lágrimas miraban el incendio frente a ellas y más deseos le daban de gritar a todos los cielos a ver si alguien se apiadaba de su sufrimiento, se aferró con fuerza al calor maternal que le brindaban los brazos de la mujer que a partir de ese triste momento, sería su única familia y lloró sin querer parar.

Ver a Emma en ese estado la superó, su vida se consumía entre las llamas de aquel incendio, rogaba para que esto que estaba ocurriendo no fuera más que una horrible pesadilla.