Emma seguía llorando desconsoladamente entre sus brazos mientras las llamas continuaban ardiendo frente a ellas, unos minutos más tarde, el inspector llamó a los bomberos y realizaron toda su maniobra para extinguir el fuego, también llamó a la brigada de criminalística para poder investigar las causas de las explosiones, solo que no pudieron comenzar a trabajar hasta que los bomberos culminaran su labor.
"Regina, Emma, si quieren las puedo llevar para su casa, sé que no se sienten bien y necesitan descansar", propuso Eric con mucha amabilidad, la joven ni respondía.
"muchas gracias, Eric, te lo agradecemos", habló Regina.
"espérenme aquí, supervisaré el trabajo de los bomberos", era primordial conservar intacta la escena del crimen.
"si tienes que trabajar nosotras nos iremos caminando, nos hará muy bien", Emma se separó de ella para asentir, al parecer esa idea le había gustado mucho más.
"insisto", tomó la mano de Regina y la acarició con compasión y algo más que ella supo interpretar muy bien, luego hizo lo mismo con las mejillas de Emma, quien le sonrió agradecida por su apoyo, sin ni siquiera conocerlas.
"creo que nos hará bien descansar", accedió aceptar la ayuda del inspector.
"regreso en unos minuticos", asintieron con la cabeza y las dejó en medio de la nada, solo acompañadas por su tristeza.
"Regina", comenzó la chica.
"dime, mi vida", correspondió su llamado.
"lo extraño mucho", las lágrimas brotaban de su rostro sin frenos, trataba de limpiarlas, pero era en vano.
Ni lo pensó y la abrigó en sus brazos nuevamente, "llora mi vida, estoy aquí para ti", de extrañarlo ni hablaba, cada parte de su alma y de su corazón lo añoraban y le gritaban que bajo ningún concepto aceptarían su partida.
"¿por qué?, ¿por qué no podemos estar juntos como la familia que siempre papá quiso?, ¿por qué tuvo que dejarnos tan pronto?", tuvo que mirarla a los ojos, sabía que también estaba tan devastada como ella, pero por alguna razón que no conocía, se contenía.
"siempre estará aquí en tu mente y en tu corazón, aunque nos haya dejado, vivirá con nosotras siempre", tocó el corazón de Emma, quien cambió su expresión radicalmente.
"yo jamás haría eso", sintió que le hablaban al oído y era una voz que conocía como la palma de su mano, pero no podía ser, su angustia le jugaba una broma de mal gusto, se quedó muy tranquila y tuvo que cerrar los ojos para desengañarse, "te amo con toda mi alma", sintió un beso en su cuello que erizó todo su cuerpo, "las amo con todo lo que soy", la vibración de sus labios pegados a su piel terminó con su calma, abrió los ojos, Emma tenía sus dientes afuera en una amplia sonrisa y sus ojos brillaban como estrellas, seguía paralizada en el lugar, si no era David, no quería hacerse ilusiones, entonces cuando sintió que sus manos se deslizaron por su cintura y redujo la distancia entre sus cuerpos, su corazón se aceleró en su pecho, era imposible no reconocer esas manos, el calor de su cuerpo y la forma tan única de tocarla, "extrañé tu perfume", lentamente puso sus manos encima de las de él.
"David", mencionó su nombre y esperó a que le respondiera para comprobar la veracidad de lo que ocurría.
"sí mi amor, soy yo, estoy vivo", era lo que le faltaba para moverse y quedar frente a él.
"mi amor", acarició su rostro con mucha delicadeza, estaba lleno de heridas ensangrentadas, sus cejas, su nariz y sus labios rotos, pasó sus finos dedos por cada una de ellas, sin perder el contacto visual con esos ojos azules que tanto añoró durante los cinco días más largos de su vida, y de la emoción por tenerlo ahí, lágrimas mojaban sus mejillas, David la sorprendió con un abrazo fortísimo, casi no respiraba, ¿de dónde sacó las fuerzas?, no lo quería saber, lo único de lo que tenía la plena certeza, era de que lo tenía de nuevo en sus brazos y no importaba nada más, Emma no tardó en unírseles, obedeciendo al gesto de su padre.
"tuve tanto miedo de perderte, papá", sacó sus más profundos sentimientos.
"también pensé que no las vería nunca más", besó la frente de su hija y ella le correspondió aferrándose más a él.
"ah", un quejido de profundo dolor salió de sus labios.
"¿qué te pasa?, ¿te hice daño?", cuestionó Emma apartándose de él y Regina la siguió.
"nada, no es nada", intentó disimular, pero de inmediato, sintió que su camisa le levantaba.
"debes tener una fractura costal, llamaré a una ambulancia del hospital, necesitas atención cuanto antes", intentó replicarle a la generala que acababa de dar las órdenes pertinentes, pero una terrible tos le impidió hablar, le ardía la garganta, y sentía una ligera falta de aire, debía estar intoxicado por el humo, lo sabía bien, no inhaló mucho, pero estuvo expuesto a él durante el fuego.
"hazle caso, papá, mírate como estás de golpeado, tiene razón", Emma lo aconsejaba, mientras observaban con la rapidez y la falta de dificultad que Regina llamaba a urgencias con su celular.
Al tenerla tan cerca, mirarla a los ojos, sus movimientos, sus acciones, su forma de expresarse y de reaccionar, no le dejaron ni una ínfima duda de que había regresado la mujer que amaba, SU Regina, la que pasó tantos meses añorando, la dueña y señora de su corazón, había recuperado la memoria completamente y estaba de vuelta, para él y solo para él, sonrió con esos pensamientos, sentía que su corazón se saldría de su pecho de tanta emoción, su alegría y su felicidad era tan grande que en ese momento podía olvidarse que le dolía todo.
"la ambulancia está en camino, también llamé a Cora para que les diga a todos", terminó con las llamadas y les informó.
"podemos marcharnos", el inspector sin advertir su presencia se dirigió a Regina, la alegría se borró de su rostro, ciego por los celos, dio dos pasos y la besó delante de todos, sorprendiéndola por eso, le dolían hasta los dientes, pero nada de eso le importó, ya se había dado cuenta de la especial amabilidad con que el desconocido la miró instantes antes de que llegara a su encuentro y por nada del mundo permitiría, que se confundiera, esa mujer tenía dueño y era él, esperaba que con eso le quedara perfectamente claro.
"inspector, mi papá sobrevivió", los ojos de Eric se abrieron del asombro por la escena que sus ojos presenciaban.
"me da mucho gusto por ustedes", sintió una punzada en su alma, el interés que Regina había despertado en él, debía morir de inmediato, la intensidad con que la pareja se besaba, se lo dejó muy claro, no era nada que antes no hubiese sospechado, pero imaginarlo y verlo eran dos cosas totalmente diferentes, debía irse cuanto antes a continuar con su trabajo, quiso abrir la boca, pero las sirenas de la ambulancia se escucharon en la escena.
Al mismo tiempo, David dejaba los labios de Regina, solo para sostenerla por la cintura y unirla a su cuerpo con posesividad, pero muy disimuladamente, sabía que a ella no le gustaban ese tipo de espectáculos en público y ahora que había recuperado la memoria, debía comportarse.
"David, te presento al inspector Finn, nos ayudó mucho", su respiración no dejaba lugar a duda de que ese beso le había quitado el aliento.
"mucho gusto, le agradezco su colaboración", le habló con educación.
"es un verdadero milagro que haya sobrevivido, pensamos lo peor", tragó pesado, los ojos de David lo miraban desafiantes.
"doctora, vinimos en cuanto supimos la excelente noticia", comentó el paramédico, ella asintió en señal de agradecimiento, en el hospital todos hablaban de la desaparición de David.
Pasados unos minutos, Emma, Regina y David le decían adiós para siempre a esa pesadilla, no tardaron en llegar al hospital, donde los recibieron con mucha alegría, solo que Robin no les permitió mucha algarabía, no era porque no le gustara la idea de que le demostraran afecto a su amigo, si no porque ya tenía la previa información de las múltiples laceraciones que traía en su cuerpo, las que necesitaban atención de inmediato.
"estoy perfectamente bien", protestó cuando lo llevaron a radiología.
"majadero, deja que Robin haga su trabajo, ahora no eres el doctor, si no el paciente", lo reprendió Regina, Emma se quedó con Cora quien prometió distraerla.
"aceptaré para que te convenzas de que no tengo nada", con resignación se quedó tranquilito encima de la camilla.
"tienes una fractura costal", llegó Robin con el resultado de la radiología, y le informó para que no les hiciera creer que estaba bien, cuando no era así.
"música para mis oídos, a partir de ahora considérate hospitalizado", advirtió Regina, además de sus costillas fracturadas, estaba deshidratado y tenía síntomas de intoxicación por humo.
"amigo, sálvame", se dirigió a Robin.
"yo no sé nada", no recibió el apoyo que pidió y tuvo que resignarse a que, a partir de ahora, tendría que obedecer todas sus órdenes.
"llévenlo para la sala de urgencias, esas heridas tienen que curarse", los camilleros no perdieron el tiempo, al llegar comenzó a limpiar todos y cada uno de sus golpes, "pareces un niño chiquito, con el susto que me diste, todavía tienes ánimo para bromas", se quería esperar a que estuvieran solos para requerirlo, no podía creer su comportamiento.
"ni te imaginas la felicidad que siento en este momento, no me importan ni los golpes, ni las cotillas fracturadas, ni la deshidratación, ni la intoxicación por el humo, nada de eso es más importante que tenerte aquí conmigo", lo escuchaba atenta, "soy capaz hasta de correr en un maratón ahora mismo", advirtió, su sangre circulaba a altas velocidades, tanto que el dolor y la molestia se habían esfumado.
"¿puedo conocer el motivo de esa felicidad?", fingió ingenuidad.
La miró por un momento, el peso de su mirada, la hizo detener sus movimientos, "te amo", se acercó y le susurró en su oído, Regina le regaló esa sonrisa que tanto amaba, una de las cosas que lo habían hecho caer rendido a sus pies sin miedos ni arrepentimientos, "soy capaz hasta de gritarlo a los cuatro vientos para que el mundo entero se entere", debía quedarle claro.
"¿por eso me besaste de esa forma delante del inspector?", cuestionó, lo conocía a la perfección.
"alguien me dijo una vez que me pertenecía en cuerpo y alma, ese inspectorcito tenía que saber que este terreno está ocupado por mí", ahora que estaban a solas, podía comportarse como hubiese querido hacerlo en presencia de aquel hombre que acababa de conocer.
"no conozco a esa persona", seguía provocándolo.
"doctora, el cuarto del doctor está listo", una voz interrumpió el momento.
"muy bien, llévenlo y si es necesario, átenlo a la cama para que no se escape", se acercaron dos camilleros para trasladarlo.
"debo hacer algo primero", advirtió David antes marcharse, los muchachos entendieron y los dejaron solos nuevamente, "ven aquí, Regina Mills y dame un beso", la tomó por el cuello para unir sus labios, quería que sus palabras se convirtieran en hechos.
"eres terrible", le dio un pequeño golpecito en su antebrazo, seguía comportándose como un adolescente enamorado.
"por eso te daré otro beso y te salvas porque mis costillas no me dejan casi mover, si no…", interrumpió su discurso, para seguir con el beso.
"si no, ¿qué?", se separó de él para asegurarse de que no había lastimado las heridas de sus labios y lo desafió.
"si no, te hago el amor aquí mismo, así cumplo con una de mis fantasías", la dejó sin argumentos, "CHICOS, ESTOY LISTO", alzó un poco la voz para que vinieran a llevárselo, no sin antes saborear sus labios por última vez.
Su arrebato la tenía descolocada, tuvo que verlo partir sin responderle, se quitó los guantes, lavó sus manos, las secó y no pudo evitar tocar sus labios y negar con la cabeza, amaba a ese hombre con locura, por eso le seguía la corriente y disfrutaba intensamente, de esos momentos.
"¿y mi papá?", llegó Emma para hacerla aterrizar en la realidad porque las ocurrencias de su padre la tenían volando como un águila.
"en el cuarto 20", pero antes de que la rubia abandonara la escena, la abrazó y la besó con alegría y emoción, "te quiero mucho, mucho, gracias por quererme también", sus palabras la emocionaron.
"mi vida", ese abrazo de la joven y lo que acababa de vivir con David hicieron que sus emociones explotaran e inevitablemente su llanto la sorprendió.
"no me digas nada, solo quería que supieras que te quiero", se desprendió de ella y la dejó sin oportunidad a que contestara.
El resto del día lo alternó entre el trabajo y darle vueltecitas a David, tuvo que ponerle un suero y determinó que debía entubarlo, los síntomas de su intoxicación empeoraron, sabía que no era muy alta, pero con eso, evitaría consecuencias peores, también inyectó un calmante fuerte en el suero, tenía que descansar y se negaba, era un cabeza dura.
Al terminar con su jornada laboral, decidió comprobar si seguía estable como lo acababa de dejar, al entrar admiró la escena más hermosa que sus ojos habían tenido el privilegio de ver, David dormía, pero, a su lado, Emma se había acurrucado y sus ojitos permanecían cerrados en un sueño profundo, su rostro irradiaba paz y tranquilidad, después de haber cuidado sus pesadillas y secado sus lágrimas, verla así era gratificante.
Se aseguró de que sus signos vitales estuvieran completamente normales y cuando se dispuso a sentarse en la silla justo del lado de la cama, la puerta del cuarto se abrió.
"niña, hice té, vamos, sé que lo necesitas", se sentía exhausta, fue un día cargado de emociones.
"alguien tiene un nuevo superpoder", bromeó y acompañó a Cora al cuarto de médicos.
"¿cómo estás?", así decidió comenzar su conversación.
"en el paraíso", tan sencillo como eso.
"eso está dibujado en tu rostro", la apoyó la mujer mayor.
"por un momento que pensé lo peor, mi alma murió Cora", agregó.
"lo vi muy golpeado, ¿Graham fue el responsable?", preguntó lo obvio.
"Zelina", de él no podía afirmar nada hasta conversar con David, pero, ella fue la mente maestra.
"¿cómo no lo imaginé antes?", Regina se pasó esos días con la angustia a flor de piel, por eso no conversaron mucho sobre los detalles del secuestro.
"presiento que la pesadilla todavía no ha terminado", comentó, era cierto, hasta saber que ambos no representaban ningún peligro, se sentiría amenazada.
"disfruta del momento, mi niña", la aconsejó con parsimonia.
Bebió un sorbo del té antes de hablar, "tienes razón", terminó lo que le quedaba y regresó para el cuarto de David, allí donde sabía que estaba su corazón, se sentó en la silla y no faltó mucho para que el cansancio le pesara, recostó la cabeza en la cama y tomó la mano de David para entrelazar sus dedos, solo así, pudo dormir sin ningún tipo de preocupación, saberlo vivo y sentirlo, fue suficiente.
La mañana no tardó en sorprender a la bella familia, David fue quien primero abrió los ojos y al verse rodeado por las mujeres dueñas de su vida entera, sintió una profunda satisfacción, todavía permanecía conectado a los tan molestos respiradores, apartó la mano que Regina sostenía para acariciar su suave cabello y su sedosa piel.
Lentamente, abrió los ojos para sentir unos escalofríos que hacían temblar todo su cuerpo, pestañó varias veces para despertarse completamente y cuando se dio cuenta de que era él el autor de esas adorables sensaciones, lo miró con ternura, de inmediato, puso su mano en su rostro y correspondió el sentimiento.
"te amo", movió sus labios sin que sonido alguno saliera, David cerró sus ojos para disfrutar de ese momento tan íntimo entre los dos, entonces, Regina besó la palma de la mano que acariciaba su rostro, y durante la próxima semana, ese fue su amanecer, hasta que se recuperó por completo de la deshidratación y la intoxicación, ella consideró que su estancia en el hospital había llegado a su fin, le daría de alta, con la estricta recomendación de que permanecería en cama descansando, las costillas debían sanar propiamente, no era momento de hacer disparates.
Durante esos días, nadie se atrevió a mencionar una sola palabra del secuestro y Regina habló con Eric para que le diera tiempo a recuperarse, además, para hablar de historias tristes habría tiempo.
"recogí todo en la maleta", anunció Emma, mientras Regina ayudaba a David para que se vistiera.
"nosotros también estamos listos, tengo ganas de dormir en mi cama", comentó.
"eres un niño majadero", Emma se le adelantó.
"nunca mejor dicho", se puso a favor de la rubia.
"aquí tienen la silla de ruedas", aún no podía hacer largas caminatas.
"sin protestas, David Nolan", leyó la expresión de su rostro y lo miró amenazadoramente.
Emma se burló de su intercambio, estaba disfrutando de lo lindo tenerlos juntos y de esa forma, durante la semana que permanecieron en el hospital, sobraron los intercambios hermosos entre ambos, verlos felices la hacía quererlos mucho más, por eso lucharía para que así permanecieran.
"arriba viejito, tu hija te dará el paseo de tu vida", apuntó para la silla y él obedeció resignado.
Por el pasillo del hospital, se encontró con rostros muy conocidos que fueron a darle el último adiós como paciente, porque pronto estaría de vuelta, al llegar a la salida, un taxi los esperaba, Regina lo ayudó a subir, Emma se sentó a su lado, ella fue a dejar la silla de ruedas para regresar y montarse en el asiento del copiloto, algunos minutos fueron suficientes para llegar a la casa.
"hogar, dulce hogar", comentó antes de abrir la puerta.
"¡BIENVENIDO!", Cora, Robin, Marian, Mary y Robert se habían confabulado con Emma y Regina para prepararle una fiesta de bienvenida.
"ustedes como siempre", le emocionó que sus amigos se tomaran el tiempo para tener esta deferencia con él, se sentó en el sofá con la ayuda de todos y comenzó la fiesta, incluso el DJ amigo de Emma sería el responsable de la música.
"luces radiante", Regina y Mary conversaban en una esquina de la sala, mientras Robert, Cora y Robin, hacían reír a David y Marian ayudaba a Emma con Neal, decía que tenía que entrenarse para cuando naciera su pequeño.
"estoy feliz, Mary, no necesito más", comentó.
"me da tanta alegría por ti, no puedo esperar para verlos casados y con hijos", exteriorizó sus anhelos.
"ni he pensado en eso", aclaró.
"quiero una novia para mi Neal", nada le daría tanto placer que sus sueños se hicieran realidad, por lo menos que los niños tuvieran una amistad tan hermosa como la de ellas.
"¡ATENCIÓN A TODOS!", Robin exclamó, "a partir de ahora, comenzará el torneo de ajedrez", como la vez anterior, se ausentó a la cena y le contaron los por menores de ese encuentro, quería probar suerte.
"me encanta el ajedrez, quiero jugar", saltó Marian, también quería incluirse a la diversión.
"seré tu contrincante", Robert completó el tablero y se unieron alrededor de ellos para observar la partida.
"tenemos que hacer apuestas", animó Emma.
"no sería mala idea", la apoyó David.
"¡un fin de semana en la playa si alguien le gana a Regina!", Robert interrumpió su concentración y exclamó, conociendo las habilidades de su amiga, ese viaje sería imposible, aunque en el fondo, pensaba que a todos les haría muy bien compartir en la playa.
"¡AHHH!", a coro, respondieron, sabían que era casi imposible ganarle.
"me encanta la idea del viaje", replicó Cora.
"apoyo a mi abuela", después de los días tan intensos que habían vivido, era muy justo dedicarse tiempo como la familia que eran.
"ah pero sin apuesta, no tiene gracia", lloriqueó Robert.
"amor, sabes que entre nosotros nadie le gana a Regina", replicó Mary para que no se sintiera triste.
"eso es cierto, pero igual no nos iremos de aquí sin que todos juguemos contra ella", propuso Cora.
"yo no juego, ni loco me pongo en contra de mi mujer", todos rieron por el comentario y a Regina le dieron deseos de comérselo a besos allí mismo, se contuvo, nada más le dedicó una mirada llena de amor tan evidente que hasta Neal lanzó su primera carcajada.
"entonces dejaré que todos me ganen para que haya viaje, ¿te gusta más así?", se dirigió a Robert.
"no es necesario, habrá viaje sí o sí", con propiedad habló Cora y la ovacionaron con alegría, continuaron el torneo, el que terminó con Regina ganándole a ella, como siempre.
"¿cómo lo haces?", inconformes porque jamás la vieron perdiendo una partida de ajedrez, cuestionó Marian.
"créeme Marian, llevo años preguntándome lo mismo", interrumpió Cora, los cinco rieron, Mary y Robin se fueron para la cocina para terminar de preparar la cena.
"mi amor es una campeona", estaban sentados en el sofá, uno del lado del otro, tomados de la mano y disfrutaban de una música relajante que impulsó una amena conversación, por supuesto, Emma con Neal en sus brazos, no se despegaba de su amigo el DJ, se sentía a gusto a su lado, por muy alegre que estuviera por ver a su padre rozagante de felicidad rodeado de sus seres más queridos, no se podía negar que eran jóvenes.
"se lo he dicho varias veces y no lo cree", lo apoyó Cora.
"gracias a los dos, pero ganar par de partidas de ajedrez no es gran hazaña", corrigió con seguridad.
"¡el vinito está frío!", exclamó Mary, todos se alegraron por la noticia, sirvió el delicioso vino que Robert escogió para la ocasión.
"me han autorizado a beber un traguito de este vino", como estaba más recuperado y había cumplido estrictamente con el tratamiento, se ganó que Mary lo autorizara sin excederse.
"eso es porque te has portado como un niño obediente", Mary apoyó silenciosamente las palabras de su amiga.
"a ustedes ni las miro, porque cuando se unen son una bomba atómica", les apuntó con el dedo.
"igual que cuando Robin, David y tú se unen, no hay quien los pare", defendió Marian.
"alguien quien nos apoya", comentó Mary.
"la cena está lista", llegó Robin para darles una excelente noticia a más de uno quienes festejaron porque había llegado la hora de cenar.
Se sentaron a la mesa, cenaron y luego de que se devoraran casi toda la comida, bromearon, conversaron, rieron, hasta que llegó la hora de partir, pero antes, Robin ayudó a Regina a dejar a David en la habitación y cuando todos los dejaron solos, Emma se ofreció a limpiar el reguero.
"me encargo de la organización", anunció.
"de ninguna manera", respondió extrañada.
"aprovecha que todos se fueron y dale unos mimos a mi papá, durante la fiesta casi no pudieron darse cariños", sonaba muy tentadora la propuesta.
"hablando de mimos, sé que tu amigo el dueño de la música te mira bonito", las mejillas de la rubia se tornaron rojas de la vergüenza.
"Regina", dijo su nombre con un ligero tono de advertencia.
"¿qué?", temas totalmente normales para una adolescente como ella.
"no sé si papá lo aceptará", confesó.
"tu padre te apoyará", le dio esperanzas, sus ojos se iluminaron.
"eres la mejor madre del mundo", la abrazó con efusividad, "cuando me des un hermanito lo querré mucho y le daré consejos tan buenos como los que me has dado a mí", todavía aferrada al abrazo comentó.
"siempre serás mi rubia peligrosa", aseguró para que, si alguna vez ocurría lo que decía, no sintiera que la desplazaban.
"me aseguraré de ser una buena hermana mayor, ese bebito crecerá con todo mi amor", tenía razón en algo que había dicho, ellos eran el mejor regalo que pudo haber recibido.
"gracias, mi vida, ahora, organicemos este desastre", pensó que su propuesta de limpiar y organizar, se le había olvidado.
"mi papá te espera, no quiero un no como repuesta", dijo para que se ahorrara las réplicas y obedeciera como un corderito, la vio subir las escaleras sin chistar.
"¿cómo estás?", abrió la puerta para recibir la risa más amplia y más hermosa que le demostró las inmensas ganas que tenía de verla.
"mejor ahora que llegaste", se sentó en la punta de la cama, no sabía qué hacer.
"¿necesitas algo más?, ¿estás cómodo con esa cantidad de almohadas en tus espaldas?", evadió lo inicialmente dicho.
"lo único que necesito es que te des un baño relajante y vengas para descansar", su cuerpo debía exigirle por tantos días durmiendo en una silla a su lado de la cama del hospital.
"debo irme, mañana nos vemos", intentó levantarse.
"Cora trajo la maleta que dejaste en su casa", informó.
"¿por qué haría eso?", esa información la desconocía.
"porque se lo pedí y porque desde hoy y para siempre, esta cama será nuestra y esta habitación nuestro nido de amor y esta será nuestra casa", demasiados nuestros en esa afirmación.
Le estaba proponiendo que vivieran juntos, que retomaran aquellos planes que fueron interrumpidos por las mentiras de Graham y Zelina, "no tardaré", se inclinó, besó sus labios y entró al baño para relajar su cuerpo como tanto necesitaba, el agua caliente fue muy bienvenida por sus músculos estropeados, tanto que le dieron deseos de quedarse allí durante toda la noche, pero las palabras de David no salían de su mente, además, ¿a quién mentía?, se moría por dormir con él durante el resto de su vida.
"mujer nueva", comentó cuando salió envuelta en una toalla que no le dejaba mucho a su olvidada imaginación.
"no sabes cuánto, ¿dónde está mi ropa?", cuestionó, olvidó ese pequeño detalle.
"Emma la organizó en el clóset", muchas noticias que desconocía.
Abrió la puerta del clóset, encontró un pijama cómodo, entró al baño nuevamente para salir completamente lista para dormir, subió a la cama, lo ayudó a quitar las almohadas de sus espaladas y se acostó acurrucada a su lado, con extremo cuidado de no lastimarlo, se sintió como en casa.
"¡al fin, al fin, al fin!", exclamó su victoria.
"me parece un sueño", entendió perfectamente su efusividad.
"ahora sí cumpliré todas y cada una de las promesas que te hice aquel día en nuestro lugar", acariciaba la mano con la que acariciaba su pecho.
"con respecto a eso yo…", cargaba un gran arrepentimiento por no haber sido completamente honesta con él.
"¿tú qué?", apretó el agarre en su mano.
"David, debí hablarte, decirte, ser sincera contigo, pero no pude, el corazón dolía demasiado", explicó.
"no te niego que me dolió infinitamente que no me hayas contado, pero no pude dejar de amarte por eso, nuestro amor sanó esas heridas y ahora estamos aquí, nada más me importa", argumentó.
"y tu amor me dio las fuerzas que necesité para enfrentarme a Graham y dejarlo solo en medio de la nada", como él no podía moverse tanto, fue ella quien lo besó, como tanto sus ojos se lo suplicaban.
"lo sé todo, se encargaron de hacérmelo saber durante el secuestro hasta pensaban que nos habían separado para siempre, les dejé bien claro que eso jamás ocurriría", la atrajo nuevamente a un beso lleno de ese amor que perduraría aún después de que la muerte los separara.
"fuiste muy valiente", lo elogió, se imaginaba por la pesadilla que esos dos sádicos le hicieron vivir, sus golpes lo demostraban, también comprobaba que Graham fue parte de todo.
"gracias a ti", se miraron intensamente, "no dejé de pensar en ti ni un segundo", el silencio les hacía falta, fue muy cómodo.
"¿mi amnesia?", habló primero.
"es historia, mi mujer está de vuelta", afirmó, la hizo reír, su comentario fue tan natural que la enternecía profundamente.
"sabía que no…", puso una mano encima de sus labios para hacerla callar.
"efectivamente, de inmediato te miré aquel día lo supe, me alegré tanto que hasta olvidé mis dolores", esta era la primera conversación seria e íntima que tenían desde antes de su secuestro aquella mañana maravillosa que compartieron en esta misma cama.
"te portaste como un niño con un juguete nuevo y no fuiste capaz de decirme nada", estaba incontenible, bastante berrinche que le dio para poder curar sus heridas y atenderlo, no parecía médico.
"recuperé a la mujer de mi vida, a la dueña de mi corazón, a mi señora, ¿cómo querías que reaccionara?", no podía amarlo más que ese momento.
"te amo tanto, tanto, tanto", tenía que decirle, tenía que vaciar su corazón.
"y yo ya no tengo palabras para describir lo mucho que te amo", lo besó hasta que los dos estuvieron vencidos por la falta de aire.
"basta que tienes que descansar", su intercambio amoroso se les iría de control y por unos cuantos días la cordura los acompañaría, aunque en contra de su voluntad.
"no tengo sueño, ¿por qué no me cuentas lo que ocurrió en ese campo?", le pidió, tenía mucha curiosidad por saberlo.
"cuando me monté en ese auto con Graham, después de que nos viste partir, mi corazón me asfixiaba por el dolor tan grande que sentía por dejarte, pero tuve que ser fuerte, contuve mis ganas inmensas de llorar hasta que llegamos allá, me encerré en el baño y lloré mares, te extrañaba tanto, no haber sido capaz de decirte toda la verdad pesaba en mi conciencia, todo se volvió insoportable, cuando conseguí calmarme, me cambié de ropa para descansar, pero Graham quiso incumplir con lo que acordamos, me enojé mucho con él, entonces me fui a dormir para el cuarto, nos pasamos varios días sin casi dirigirnos la palabra, en pocas palabras, nuestra vida allí no fue diferente de la que vivíamos aquí, un día, fui a comprar frutas y verduras, al regresar, escuché que hablaba por teléfono y gritaba, me dio curiosidad, levanté el teléfono de la cocina, por suerte entré por la puerta trasera, nunca supo que estaba allí, entonces lo escuché todo, que era mentira lo de su enfermedad, que Zelina y él se aliaron para separarnos porque ella alegaba que yo me interpuse en el camino tuyo y de ella, que estaban a punto de tener una relación seria y por mi culpa, tú la abandonaste, por eso debía vengarse de mí, no pude más e interrumpí la conversación diciéndoles que no importaba lo que hicieran, a ti y a mí no nos separarían jamás", se detuvo al sentir las adorables caricias de David.
"¿debieron perder los estribos con esa intervención tuya?", cuestionó, él mismo experimentó en carne propia de lo que esos dos eran capaces cuando se unían.
"Graham se puso como una bestia, empeoró cuando le dije que me iría, recogí mis cosas y me llevé el auto", ahora entendía todo.
"¿cómo tuviste el accidente?", gran misterio que solo ella podía develar.
"manejé tan rápido, tan nerviosa, quería llegar a verte, a pedirte perdón, a suplicarte una segunda oportunidad, quería que lo supieras todo, mi mente estaba tan enajenada con lo que realmente quería que ni cuenta me di que había llegado a la ciudad, pero de pronto, sentí un auto que me impactó fuertemente, pude recuperar el control y seguí manejando, luego ese mismo auto se me adelantó, pude ver que era él, pero ahí no se detuvo, me impactó una segunda vez y ahí sí perdí el control completamente, di como cinco vueltas en la carretera hasta quedar con las ruedas hacia arriba, pude ver que él se bajó del auto y como estaba tan golpeada y tan ensangrentada, me miró, fue como si me hubiera dado el tiro de gracia y abandonó la escena, el dolor en la cabeza era insoportable, cerré los ojos y cuando los abrí, fuiste lo primero que vi", David no había dejado de llorar desde la mitad de la historia, le dolía que ese hombre haya sido tan inhumano por hacerle algo así y luego, ser capaz de abandonarla a su suerte en medio de la carretera.
"cobarde", dijo entre lágrimas.
"ya pasó, estoy aquí", lo animó.
"pero pude haberte perdido para siempre por culpa de ese tipejo", limpió sus ojos empapados en lágrimas y lo besó para que se calmara.
"pero sobreviví porque nuestro destino era estar juntos, la vida no podía dejar que su maldad triunfara, por eso fue buena con nosotros al darnos una segunda oportunidad y míranos", dijo palabras que le devolverían la serenidad, lo importante era el presente, el pasado, allí estaba.
"tienes toda la razón mi amor, estamos juntos, nadie nos separará", como pudo inclinó su cabeza para alcanzar sus labios, "prometo que aprovecharemos esa oportunidad", la besó nuevamente, cuando el beso terminó que estabilizaron la respiración se quedaron en esa misma posición, Regina abrazada a él, dibujando corazones encima de piel, la que se erizaba con cada una de sus caricias, pero no duró mucho, el silencio tan reconfortante en el que ambos se perdieron, fue suficiente para caer rendidos hasta el otro día.
Los próximos dos meses marcaron el comienzo de una vida de ensueño, ella y su hija se desvivieron en atenciones con él, el dolor en sus costillas era insoportable, pero siempre se encargaban de ponerle sus bolsas de agua fría para bajar la inflamación, se tomaba sus medicamentos y Regina esparcía una pomada anestésica por todo su torso, así estuvo cuatro semanas, hasta que el dolor desapareció y comenzó entonces los ejercicios de respiración, lo ayudarían mucho en su recuperación, así fue, poco a poco, se incorporó a la vida, recuperó la actividad cotidiana, hasta se sintió con fuerzas para prepararle una sorpresa a la mujer que tanto amaba, por supuesto, Cora, Mary y Emma lo ayudaron, no hubiera sido posible sin ellas.
"¿qué es esta invasión?", cuestionó al escuchar que la puerta se abría, pensó que era David quien había salido a hacer unas compras y no regresaba, le parecía muy raro.
"noche de chicas", introdujo Emma.
"díganme la verdad", no creyó ni una sola palabra, además, venía sospechando de su extraño comportamiento de hacía días.
"vinimos a que te arreglaras y te vistieras que dentro de diez minutos David vendrá a buscarte para una cita romántica", Cora les evitó las palabrerías.
"me parece muy bien haberme quedado sin aliadas", fingió indignación.
"eso nunca", la aduló la rubia.
"basta, que se nos hará tarde", Mary razonó y comenzaron a trabajar, traían las manos llenas de bolsas de distintas tiendas, la obligaron a usar todo lo que habían comprado para la ocasión, un juego de lencería color blanco, con medias pantys hasta la mitad de sus muslos sostenidas por un encaje tipo elástico, un vestido blanco desmangado, cuello de V extendido, muy ajustado a su figura, acompañado con un juego de aretes plateados de los que colgaba una fina y larga cadenita muy bonita, entonces arreglaron su cabello en un medio recogido muy elegante y agregaron una sencilla peineta en forma de flor para darle el toque final, por último, de otra de las tantas bolsas, sacaron un par de tacones extremadamente altos a juego con el vestido y un pequeño monedero plateado en perfecta combinación con los aretes y la peineta.
"nuestra obra completamente terminada", Emma la miraba con orgullo porque se veía deslumbrantemente hermosa, hasta de sus ojitos de hija, salieron unas lagrimillas, de inmediato las disimuló cuando quiso buscar su celular para sacar un sin número de fotos.
"las quiero tanto, todo esto es hermoso", abrió sus brazos para que las tres mujeres acudieran a su abrazo, el que fue interrumpido por el timbre de la puerta.
"ha llegado el príncipe encantador a buscar a su reina, disfruten esta noche", dijo Cora.
"no lo canses mucho, amiga", Mary le guiñó un ojo.
"lo prometo", levantó sus dedos cruzados en una falsa promesa y rieron por eso.
"buenas noches, la señora Nolan", definitivamente, el muchacho fue contratado por David, de eso no había duda.
"soy yo", no tenía sentido desmentirle a un extraño, por eso lo hacía, negó con la cabeza.
"el señor me envió a recogerla", guió el camino hasta la limosina blanca estacionada justo frente a la casa, le abrió la puerta como todo un caballero, y condujo sin detenerse.
"mi reina", fue otra persona quien abrió la puerta, la ayudó a bajarse.
"mi rey", correspondió con el mismo título, porque si su vestuario le pareció hermoso, el de él, la dejó boquiabierta, un traje blanco y negro que de inmediato lo vio se le hizo la boca agua.
"bienvenida a su castillo", le señaló para un yate que los esperaba en la punta del muelle, le prestó tanta atención a la elegancia del hombre que amaba, que ni cuenta se dio de que la limosina, ya no estaba y que estaban en la playa, "me permite su mano", se prendió de su brazo, caminaron por el muelle hasta que subieron al yate, los ojos casi salen de sus ojos, el corazón abrió las alas y emprendió vuelo, la cubierta estaba adornada con rosas blancas, había una mesa para dos adornada con velas, las barandas del yate tenían luces tenues para darle el toque romántico a la escena.
"nunca dejas de sorprenderme", lo miró, se dio cuenta de su alegría, la intensidad de su mirada le dejó muy claro el orgullo que sentía por haber conseguido esa reacción en ella.
"espérame aquí", antes de irse, dejó un corto beso en sus labios, ella comenzó a explorar el lugar, hasta que en un momento que no predijo, el yate comenzó a moverse, "esta noche te ves más hermosa que nunca", interrumpió su exploración al abrazarla por detrás y dejar un beso en su cuello.
"creo que hoy me quedé más que chiquitica a tu lado", recostó su cabeza a su pecho, una pequeña brisita los sorprendió, decidieron disfrutar de ella.
"todo esto es para ti, mi amor", selló sus labios, "absolutamente todo lo que hay en mi vida, te pertenece", seguía sin responder, "¿quieres que cenemos?", la sintió asentir con la cabeza, rompió el abrazo, la llevó hasta la mesa, abrió una silla para que se sentara, se sentó frente a ella.
"estaba haciendo la cena cuando las chicas llegaron de sorpresa", él sonrió ante el comentario.
"llevamos días planeando esto", le informó, degustaba de la deliciosa cena.
"traicioneras que son, mira que les pregunté, sospeché que algo sucedía", durante todos esos días mantuvieron una actitud sospechosa.
"me lo comentaron", pinchó un pedazo de carne con el tenedor y la hizo probar de su comida, era la misma, pero le encantaba compartir con ella, "les dije que te darías cuenta", la conocía tanto que no tenía miedo a equivocarse.
"muy deliciosa", dijo limpiando su boca con la servilleta.
"menú especial para ti", limpió su boca, de repente se levantó de la mesa para poner música, "¿bailamos?", propuso, ella aceptó gustosa.
Bailaron pegaditos a la luz de las estrellas, sin perder la oportunidad de besarse y acariciarse apasionadamente.
"no me quiero despertar de este sueño contigo", rompió el silencio.
"es nuestro sueño de amor, ninguno de los dos está autorizado a despertarse", advirtió.
La guió lentamente hasta el camarote, el que no podía quedarse detrás en la decoración, había pétalos blancos que cubrían el suelo y encima de la cama una fuente con fresas cubiertas con crema de chocolate.
"quiero que esta noche sea incomparable, que supere a todos nuestros encuentros como estos", expresó sus más profundos anhelos.
"con estar a tu lado, me conformo", fue suficiente para comenzarla a besar con mucha ternura, sus labios emprendieron esa danza que tanto disfrutaban, cada uno explorando cada rincón de su boca, Regina lo sostuvo por el cuello y él la fundió a su cuerpo por las espaldas, de pronto sin avisarle, rompió el beso y la dejó inconforme por esa repentina acción.
Se paró detrás de ella para comenzar a bajar el zíper del vestido y acariciar cada rincón de la piel que quedaba al descubierto ante sus ojos, pronto el vestido yacía en un rincón del camarote, completamente olvidado, continuó, parándose frente a ella para admirarla, no se cansaba de hacerlo cada vez que estaban juntos.
"me tienes loco con esa lencería", comentó, se dispuso a besar cada rincón de su cuerpo, comenzó por su cuello.
Mientras él se perdía en el placer de devorar su piel, Regina se encargó de deshacer el nudo de su corbata, la que con trabajo logró pasar por encima de su cabeza, no quería dejar su tan embriagadora piel, luego sacó el saco para tener acceso a sus musculosos brazos, sabía que para llegar a ellos, aún le faltaba camino por recorrer, pero no se detuvo, cuando sintió que el cierre de su sostén se abrió mágicamente, detuvo su trabajo para mirarlo, en sus ojos solo vio deseo, pasión, amor, unió sus labios en un beso más profundo que los demás y zafó uno por uno los botones de la camisa para sacarla del pantalón con desespero hasta que la prenda salió volando, ahora sí pudo pasar sus manos por el descubierto pecho, el que tanto había añorado sentir bajo la palma de sus manos.
David dejó sus labios para descender por su cuello hasta llegar al tirante derecho del sostén, lo sacó con sus labios hasta dejar sus pechos descubiertos ante él, no perdió el tiempo para sostenerlos en sus manos con mucha delicadeza, pero causando en ella las sensaciones deseadas.
Sintió que su excitación crecía, bajó sus manos hasta quitarle el cinto y abrir sus pantalones los que, al no sentirse abotonados, descendieron hasta el suelo, él la ayudó deshaciéndose por completo de ellos, no se podía mover para terminar de quitarlo de su camino pues David provocaba maravillosas sensaciones con sus manos aún en sus pechos, de pronto se sintió arrastrada hasta la cama, donde la inclinó para quedar acostada por completo, él se quedó parado para admirarla y sus miradas no dejaban de conectarse intensamente.
Tenía a la mujer de su vida desnuda de la cintura para arriba, lucía perfectamente excitada con sus caricias, no perdió el tiempo quitó sus tacones, con sus dedos deslizó hacia abajo, las medias pantys, solo una sola pieza quedaba en su cuerpo, de ella se encargaría luego, subió para pasar sus brazos por la cintura y dejar besos desde su ombligo hasta sus labios y acomodarse en medio de sus piernas.
"David", lo llamó mientras descendía nuevamente por su cuello, llegó a sus pechos los que sin dudarlo acarició con sus labios, primero uno y cuando le pareció prudente, le dio la misma atención al otro.
"dime encanto", respondió con la voz ronca por el deseo.
"quiero sentirte", le pidió, aún llevaba puestos sus boxers y claramente pudo sentir que estaba tan o más exitado que ella.
"¿estás lista para mí?", preguntó y no la dejó contestar, exploró dentro de los encajes de sus panties para comprobar lo que necesitaba saber, se arrodilló frente a ella, con maestría desapareció las únicas piezas que le impedían que ambos estuvieran encima de la cama completamente desnudos, entonces, se inclinó sobre ella, con cuidado de no aplastarla y comenzó a besarla, con una mano tocaba su rostro con devoción, mientras que con la otra acariciaba su sexo desde arriba hasta abajo para probar qué tan preparada de verdad estaba para recibirlo, no quería lastimarla, se mataría si eso ocurría.
"basta de juegos", lo urgió entre sus labios.
"quiero amarte sin prisa, mi reina", le susurró en el oído y continuó con su tarea, se podía pasar toda la noche así porque los sonidos que empezaban a salir de los labios de su amada, eran como una bella melodía que endulzaba sus oídos y no solamente sus oídos se alegraban, por eso tuvo que detener lo que hacía, se estimuló varias veces y se posicionó en su sexo, dio pequeños toquecitos antes de encontrar su entrada, la que lo recibió gustosa y se detuvo para seguir con su tarea de besarla, ahora con ternura y suavidad al mismo tiempo que se adentraba en ella, lentamente, hasta estar a mitad del camino y se detuvo al sentir que la respiración de Regina se hizo muy pesada, "¿estás bien?", preguntó y ella asintió autorizándolo a que no se detuviera, cumplió con sus deseos y continuó hasta estar dentro de su cálido interior completamente y sentir que sus cuerpos fundidos en uno era una sensación de la que no quería privarse jamás.
Tuvo que detenerse para que se acostumbrara a él, pasó sus manos por debajo de su cuerpo para unirla más a él, si es que eso era posible, al sentir que Regina se relajó debajo de él, comenzó a moverse, las manos femeninas encajaban sus uñas en la piel de su espalada, lo que lo urgía a continuar hasta que ambos emprendieron un ritmo uniforme que los estimulaba a los dos por igual y les permitía disfrutar el uno del otro con la misma intensidad.
"David, rápido, por favor", suplicó y él cumplió con su orden, aceleró sus movimientos, lo que hizo que ella levantara sus piernas a la altura de su cintura y cruzara sus tobillos para mantenerlo pegado a ella, en ese punto donde los dos eran uno solo.
Sentir la dureza de sus pezones presionados a su pecho, sus uñas enterrándose en su piel, sus besos los cuales aumentaban de intensidad, cada vez que tocaba ese punto sensible dentro de ella, ese que tanto amaba acariciar, pues la deshacía de un placer inmenso, lo enternecía de amor y aumentaba las ganas de hacerla suya de todas las formas posibles.
De vez en cuando dejaba sus labios en libertad para poder deleitarse con los sonidos provenientes de todas las sensaciones que solo él le provocaba, verla deshecha por el placer de ese momento único entre los dos, lo hacían sentirse un hombre completo, vivo y sabía que ella sentía exactamente lo mismo.
"est…", quiso decir, pero él la interrumpió, sabía perfectamente lo que le diría, lo sintió claramente, pues su interior se contrajo deliciosamente casi impidiéndole sus movimientos.
"déjate llevar, mi amor", la animó y fue suficiente para que alcanzara lo más alto de su placer y él la siguió, haciéndola pronunciar su nombre en medio de ese momento donde ambos conocieron el cielo y flotaron en las nubes.
David no se detuvo y dio sus últimos movimientos, casi sin poder, ese instante con ella, fue tan especial que sus energías se agotaron, aunque la noche recién comenzaba, cuando sintió que los espasmos del cuerpo de Regina se detuvieron, quiso retirarse.
"quédate", le pidió casi sin voz, quería sentirlo para siempre así.
Al escuchar sus súplicas, continuó acariciándola, su piel era su adicción, tenía una ligera capa de sudor, que le agregaba un brillo único a su hermosa piel, su cabello despeinado por los recientes acontecimientos, sus ojos cerrados, aún disfrutando de aquella sensación de tenerlo fundido a ella y sus delicadas manos, se paseaban por sus espaldas con serenidad, se mantuvo encima de ella hasta que sintió que salió de su interior y la vio protestar.
"estoy aquí mi vida, no me he ido ni me iré, no temas", los volteó de forma tal que fuera ella, quien quedara encima de él, comenzó a pasar sus manos por sus espaldas, cuando escuchó que un sollozo abandonó sus hermosos labios y un líquido caliente rodó en su piel erizada porque de repente la frialdad de la noche se sintió en el camarote, "mi amor, ¿estás bien?", sus lágrimas no eran una sorpresa, pero amaba consolarla.
"te amo tanto", fue su respuesta.
"también te amo y mucho", no detuvo sus atenciones.
"gracias por cumplir esa promesa que una vez me hiciste", le había hecho tantas promesas.
"¿qué promesa mi amor?", cuestionó.
"que me harías sentir todos los sentimientos de tu corazón cada vez que me hicieras el amor", escuchar eso era como estar en la mismísima gloria, sus objetivos se lograron, la tenía en sus brazos, confesándole que la hizo sentir todos y cada uno de los sentimientos que guardaba en su pecho.
Permaneció en silencio por un momento, cuando se dio cuenta, la respiración de Regina era muy calmada, señal de que estaba completamente dormida, la siguió y se dejó llevar por el cansancio de su cuerpo, "te amo mi amor", dijo las últimas palabras de la noche más especial de su vida, no podía esperar para que amaneciera, por eso cerró los ojos hasta que la claridad de la mañana lo obligó a despertar de primero.
"buenos días mi diosa", necesitaba despertarla, lo mejor de su encuentro estaba por llegar y no podía esperar.
"mmm", el sueño todavía dibujado en sus ojos.
"¿cómo durmió la mujer más hermosa del universo?", su voz seductora de las mañanas, le quitó todos los deseos de continuar durmiendo.
"como en las nubes", comentó y al darse cuenta de que su posición de la noche anterior no había cambiado, se apartó de él rápidamente, no acababa de recuperarse de sus costillas fracturadas, por eso debía evitarle grandes esfuerzos, aunque mucho no pensó en eso, la noche anterior.
"¿qué sucedió?", su rapidez fue increíble.
"tus costillas", ambos rieron con picardía, sabían perfectamente lo que significaba esa risa.
"ven, comamos algo", la urgió a que se levantara de la cama, las fresas con cremas de chocolate, se veían muy apetitosas, se paró de la cama y las trajo para que ambos comieran.
"mmm, delicioso", ese sonido de sus labios al probar la fresa lo provocó, pero no se dejaría llevar, probó también la combinación y no se equivocó, era exquisito.
"me encanta", la apoyó mientras se deleitaba con las fresas, fue a buscar una botella de champan para acompañar el desayuno, "¿champan mi vida?", preguntó, ella asintió, sirvió las copas y le ofreció una, brindaron, se besaron, juguetearon con las fresas y cuando ya no pudo contenerse más, la besó amorosamente, se arrodilló ante ella, abrió una cajita con un anillo plateado con una piedra aguamarina hermosísima, "¿Regina Mills, te casarías conmigo?", la vio cerrar los ojos sin responder y su preocupación aumentó, temía tanto que no aceptara, sabía sobre su experiencia tormentosa con el matrimonio, por eso lo pensó para proponérselo, pero no quería esperar para lucirla ante el mundo como SU esposa y ser el hombre más orgulloso por llevar del brazo a la mujer más bella de todas.
