La miraba expectante de una reacción de su parte, los ojos le brillaban de tanta felicidad, la noche anterior fue maravillosa y la mañana comenzó mejor de lo que hubiera imaginado, el anillo era hermoso, tenía delante de sus ojos al hombre que la enseñó a vivir nuevamente, que revivió su muerto corazón, en ese momento no podía describir lo que sentía, por eso las palabras no se atrevían a salir.
"si quieres, podemos esperar a que tus heridas sanen, a que haya pasado un tiempo más de tu separación con Graham, no debí apresurarme tanto", pronunció tan rápido sus palabras que las suyas continuaban en las sombras, "olvidemos que te propuse matrimonio, mi amor por ti puede esperarte toda la vida", se levantó de su posición para besarla y asegurarle que no importaba su respuesta, que la comprendería pasara lo que pasara.
"David…", la calló profundizando el beso.
"no digas nada", le aterraba lo que diría.
"acepto", redujo el tamaño de su discurso.
"esperaremos, no pienso irme de tu lado, un matrimonio no determina nada, puede esper…", los nervios lo traicionaban, "¿qué dijiste?", escuchó bien.
"que me casaría contigo ahora mismo si quieres", se sentó junto a ella en la cama para regalarle la mirada más intensa que haya podido percibir en sus ojos, todo su ser tembló.
"ahora no, ese vestido que traes puesto solo me pertenece a mí, no estoy dispuesto a compartirlo con nadie", permanecían sin ropa.
"entonces Señor Nolan, ponga el anillo de su prometida donde pertenece", extendió su mano, él colocó el bello anillo en el dedo anular de su mano izquierda y sellaron el momento con un beso apasionado que tuvieron que tomarse varios minutos para recobrar el aliento.
"¿qué tal si preparo un desayuno delicioso mientras te das un bañito matutino?", le preguntó.
"completamente de acuerdo, también recogeré este desorden", apuntó para sus piezas de ropa esparcidas por todo el suelo del camarote.
"te espero en la cubierta", se puso los boxers y los pantalones, salió con la alegría dibujada en su rostro.
Regina, aprovechó para tender la cama, doblar su ropa, darse un baño refrescante y salir del camarote, "quiero un yate como este para nuestra luna de miel", llegó silenciosa, lo observó por unos minutos, se veía muy doméstico preparando el desayuno, sus ojos resplandecían con la vista, pero la tentación de sentirlo nuevamente, la superó, así que, lo abrazó por detrás y recostó su cabeza en las espaldas masculinas.
"tenía pensado algo diferente, pero hacemos lo que quieras, a partir de ahora viviré para complacerte en todos tus gustos, haré realidad tus sueños", se mantuvieron en esa posición sin quererse mover.
"me encantaría saber lo que tenías pensado, disfruto enormemente tus ideas", aclaró.
"entonces esperemos a que el momento llegue para que sea toda una sorpresa", se volteó para tenerla frente a frente.
"huele delicioso, ¿qué preparaste?, tengo hambre", fue su forma de aceptar la propuesta.
"espérame sentada a la mesa, en un momento, desayunaremos lo que le he preparado a mi diosa", la vio alejarse con aquel caminado seductor que tanto lo encendía, llevaba puesta su camisa y juraba que debajo carecía de la lencería de encaje que lo había vuelto loco la noche anterior, se apresuró para cargar el desayuno en una bandejita que encontró y fue a su encuentro.
"tengo hambre", informó al verlo.
Sirvió lo que había preparado y se sentó.
"la vista es hermosa", comentó, se respiraba aire puro y natural.
"tendremos todo el día para admirarla", sonaba como una invitación.
"pensé que tendríamos que regresar pronto", comentó, le preocupaba que su encuentro terminara tan rápido.
"tengo hasta la noche para disfrutarte", se alegró por lo que acababa de escuchar.
"y yo tengo toda una vida para ser feliz a tu lado", lo dejó sin respuesta, tomó su mano donde dejó un dulce beso.
"reto aceptado", le tiró un beso con sus labios para corresponder a tan lindo detalle de su parte.
"limpiaré la cocina y haré el almuerzo", anunció.
"te dejo para no interrumpir tu labor", quería hacer algo para sorprenderla, la besó y dejó la escena.
Mientras se entretuvo en su tarea, observó que David daba vueltas por todo el yate, no entendía lo que ocurría, hasta que lo perdió de vista, terminó lo que hacía.
"ahí estás", había extendido en la cubierta del yate, una de las sábanas que encontró en el camarote, se sentó a esperarla.
"ven siéntate a mi lado, desde aquí podremos admirar la belleza de nuestra madre naturaleza", el océano se veía más bello que nunca esa mañana, la brisa marina golpeaba en sus rostros y los rayos solares eran la mezcla perfecta para disfrutar juntos de una velada incomparable.
La invitación era muy tentadora, hizo lo que le pidió, se sentó a su lado para deleitarse en ese momento con él.
"quería consultar contigo algo", obtuvo su atención, "Emma es una jovencita que necesita su privacidad", su introducción no fue muy bienvenida, la idea de que su hija había crecido, le dolía profundamente pues sabía que pronto llegaría la hora de dejarla ir y nunca estaría preparado para ese momento, "tu casa…", la interrumpió apuntándola con el dedo.
"recuerda, nuestra casa", aclaró.
"nuestra casa pronto será insuficiente para ella", continuó.
"¿por dónde vienes?", tantos ambages lo desesperaron.
"quiero regalarle mi casa", dijo de una vez.
Pensó antes de responderle, esas palabras llegaron de sorpresa, tanto que sus ojos se nublaron, pero no arruinaría este instante con ella, por eso las contuvo, "no podía enamorarme de otra mujer", fue lo único que consiguió articular, se acercó para besarla y demostrarle lo que sus labios no fueron capaces de hacerle saber, "la vida me premió contigo, soy muy afortunado por tenerte", renunciaría a su casa, a una propiedad con tanto significado para ella, para cederla a su hija, quien no llevaba su sangre.
"no quise parecer atrevida, por eso te consulto por si no te gusta la idea", ahora que pasaba mucho tiempo con él, podría darle un mejor uso a su casa, Emma se merecía que tuviera esas atenciones, la consideraba su familia.
"lo que decidas regalarle a mi hija, o mejor dicho, a nuestra hija, siempre tendrá mi completa aprobación", explicó, que la amara de esa forma, lo enternecía, al punto de pedirle que tuvieran un hijo de los dos, solo que acababa de pedirle matrimonio, debía contener sus emociones.
"¿crees que le guste?", cuestionó dubitativa.
"hay una forma muy sencilla de saberlo", lo miró sin responder, "pregúntaselo", le dio un pequeño golpecito en su antebrazo y ambos rieron.
"lo haremos juntos, pero antes, quiero hacerle unos arreglitos", aclaró con antelación.
"juntos será", obedecería sus órdenes sin protestar, se acomodó detrás de ella, la sintió apoyar su cabeza en su hombro, la abrazó protectoramente, "gracias", fue su última palabra y el silencio reinó, la única compañía que tenían, era la hermosa vista al horizonte, las nubes, el cielo y el azul del océano.
Pasado un rato, que el sol ya brillaba con intensidad, decidieron salir de ese lugar y entrar al yate, "tomaré un baño, ¿me acompañas?", la invitó.
"aprovecharé para prepararte algo especial", le dio un corto beso, parecían no querer despegarse el uno del otro.
"me da curiosidad", comentó.
"calma", con ella, su admirable paciencia se esfumaba.
"prometido", se dieron un último beso y mutuamente, se dejaron ir.
Aunque la cocina del yate era pequeña, pudo encontrar los ingredientes que necesitaba para cumplir con su capricho de hacerle algo rico, estaba completamente segura de que lo adoraría, debía corresponder con sus atenciones, hacerlo sentir amado y querido, se había convertido en su nueva meta de vida, por eso se esmeró, utilizó una receta de su mamá e hizo una lasaña, puso la mesa, cuando quedó satisfecha con el cumplimiento exitoso de su objetivo, se dispuso a buscar a David, quien todavía no regresaba de su baño, caminó hasta el camarote, abrió la puerta con cuidado, lo vio profundamente dormido encima de la cama, se acercó sigilosa, casi sin hacer ruido, se subió a su lado para admirarlo, estaba boca abajo con sus brazos cruzados encima de la almohada, su rostro irradiaba paz, alegría y satisfacción, pasó los dedos por su corto cabello, se animó y acarició su rostro masculino, sus manos siguieron el viaje hasta llegar a sus espaldas descubiertas, con cada rincón que acariciaba podía percibir claramente que su piel se erizaba ante su toque.
"privarme de estas atenciones es un delito", tuvo que abrir los ojos ante sus cosquillitas.
"te diré un secreto", detenerse nunca fue la idea.
"muero por saber un secreto tuyo", se deleitó con la cercanía de su cuerpo, ni se molestó en moverse de posición.
"tengo reservadas estas y muchas atenciones más para ti", le intrigó esa confesión.
"¿podrías empezar ahora?", la retó.
"¿seguro de eso, Señor Nolan?, una vez comience, no habrá vuelta atrás", siguió con su juego.
"soy tu esclavo, estoy a tu completa disposición", su voz de completa rendición ante ella, endulzaron sus oídos y la animaron con sus ideas.
"muy bien", se levantó de la cama y al regresar, traía la corbata de su traje, "es mi turno de tomar el control", vendó sus ojos, se aseguró de que no pudiera ver nada, "a partir de ahora solo sentirás", lo besó tiernamente.
"mi señora", la llamó entre besos, al no responderle continuó, "¿puedo hablar?", siguió su juego, de inmediato la sintió sonreír porque esa pregunta significaba que renunciaba completamente al control.
"como has sido un niño bueno, te daré permiso", lo guiaba para que se sentara, ella se arrodilló detrás de él para acariciar sus espaldas, su pecho, mientras repartía besos por su cuello.
Inclinaba la cabeza hacia atrás para darle pleno acceso, quería explorar esta versión de ella, sabía de su fuerte carácter y que en la intimidad no era de las que se rendía tan fácilmente, pero sentirla demandante, le daba curiosidad, por eso se daría el gusto de disfrutar todo de ella.
"tu piel sabe a gloria", le dijo al oído mientras abandonaba su posición y se sentaba encima de su regazo, levantó las manos para sentirla, cuando lo detuvo, "no tan rápido", lo obligó a dejarlas quietas a su lado, "si me tocas antes de que lo autorice, no te daré lo que dentro de muy poquito me pedirás", habló con los labios pegados a su piel.
"como usted diga señora", seguía su juego de poder.
"así me gusta", comenzó a mover sus caderas encima de su abdomen, las sensaciones comenzaron a hacerse cada vez más intensas y como no le había dado ni un solo besito en sus labios, decidió pedírselo.
"bésame", su tono fue un poco demandante, es que extrañaba sus labios.
"¿cómo?", definitivamente disfrutaba de lo lindo tener el control.
"quiero…besarte", habló entrecortado, sus movimientos no se detuvieron, veía estrellas al sentir sus caderas en aquel sincronizado vaivén.
"todavía", quería hacerlo suplicar, de eso no tenía dudas.
"por favor", le dio lo que quería, lo supo porque de inmediato, la tuvo devorando sus labios desesperadamente.
"pensé que jamás lo pedirías", confesó sin desprender el contacto.
El beso los deshizo a ambos, su respiración cambió radicalmente al punto de que tuvieron que ceder, de lo contrario caerían desmayados.
"tócame", exigió demandante en su oído.
La luz verde para admirar con sus manos la belleza de su cuerpo, estaba dada, por tanto, no había tiempo que perder, levantó sus manos y la presionó a él, pudo darse cuenta de que la espera la tenía al borde de perder el control que ejercía sobre él, sin embargo, se limitó a cumplir con sus mandatos, comenzó por sus muslos, los que estaban libres para él, ascendió lentamente para comprobar sus teorías, de las piezas de encaje, ni sus luces, siguió subiendo, sentía que su cuerpo vibraba con la exploración de sus curiosos dedos tan ávidos de ella, entonces se encontró con los botones de la camisa.
"¿puedo?", cuestionó antes de tomar la iniciativa.
"es tu camisa, tú decides qué hacer con ella", el tono seductor que utilizó, fue suficiente, con sus dedos zafó uno por uno, aquellos botones caprichosos que le impedían el pleno acceso a su piel, hasta que escurrió la pieza por sus brazos los que inclinó hacia atrás, dándole el permiso que silenciosamente le había solicitado, entonces sí, besó su cuello con desenfreno.
"hueles a mí", subió hasta estar cerca de su oído, conocía cada rincón de su cuerpo, no necesitaba ver, por eso, al tener libre acceso, acarició sus costados, pasando sus pulgares por esos puntos sensibles que ya conocía como la palma de su mano.
Las manos de Regina no se separaron de sus espaldas y de vez en cuando paseaban libremente por los musculosos brazos, pero de inmediato se detuvieron al sentir los labios de David besar sus pechos.
"no te detengas", exigió, lo sintió sonreír sobre su estimulada piel, vibración que la hizo ver maripositas volando.
"como mi señora demande", su mandato lo animó a acariciarla con sus labios, sabía que estaba provocando en ella, exactamente el efecto deseado.
Desesperada por esos labios justo en el lugar donde lo había demandado, decidió recompensarlo, escurrió sus manos por debajo de sus boxers para acariciarlo y luego liberarlo solo para ella, pasó sus manos desde arriba hasta abajo para elevar su excitación, se levantó un poquito, lo posicionó en su sexo y comenzó a hundirlo en su interior pasito a pasito, ganándose sonidos hermosos que animaban su recorrido hasta que estuvo unida a él como tanto le gustaba, de inmediato quiso comenzar a moverse, David no se lo permitió y se lo agradeció, la conocía tan bien que esa pausa le permitiría adaptarse a tenerlo en lo más profundo de su ser.
"cuando mi señora esté lista", habló con dulzura y subió a sus labios para distraerla, pero esta vez, el beso fue más profundo, por un momento pensó que se desmayaría porque le quitaba el aliento, se abrazó fuertemente a él para sentir que lo tenía allí, que no era un sueño, que solo le pertenecía a ella y solo a ella, entonces, emprendió el recorrido que tanto añoraba, se sostuvo de sus hombros para buscar el apoyo que le hacía falta e inclinó su cabeza hacia atrás.
Disfrutaba de lo lindo que ella tuviera el control de la situación, le añadía nuevos matices a su relación, por eso se quedó tranquilito aguardando por su nueva orden, pero mientras tanto, seguiría con lo que hacía, no se privaría de continuar besándola con esmero, ahora fue la piel de su hombro la afortunada y su sabor no cambiaba, tan deliciosa como siempre, por eso no se detuvo, hasta que sintió que los perfectos movimientos de Regina se hicieron erráticos, la sostuvo por la cintura con un poquito de fuerza para guiarla y que el sincronizado ritmo que ella sola había emprendido, no se perdiera.
"David", en medio de esos soniditos que siempre hacía para él en estos momentos, mencionó su nombre con pasión y deseo.
"aquí estoy mi reina", le encantaba tratarla con ternura y suavidad, debía cuidarla, era su vida entera.
"muév…", intentó decir, pero fue interrumpida por una intensa ola de placer, tanto que hasta él fue directo al abismo sin poder contenerse.
"te amo", pronunció las palabras que su corazón tanto sentían cada vez que la tenía disfrutando de él de esa forma, por eso, aprovechando que se detuvo, dio los últimos movimientos, para extender ese momento de placer extremo entre los dos.
"también te amo", escuchó su respuesta, sintió que su corazón salió volando y pronto el peso de su cuerpo se multiplicó, había caído desplomada, sin aliento y completamente satisfecha por lo que acababa de ocurrir, no la culpaba, porque él sentía exactamente lo mismo, sentirse vivo entre sus brazos era indescriptible, por eso, se inclinó hacia atrás, y suavemente, la depositó a su lado, saliendo de ella en el proceso, pero ahí no se detuvo, repartió besos por su suave piel, y cuando sintió la necesidad de tomarse un descansito, apoyó la cabeza encima de su abdomen, ni se atrevió a quitar la corbata de sus ojos, la fantasía estaba lejos de llegar a su fin.
Los dos se quedaron profundamente dormidos, olvidaron el almuerzo, lo único importante era disfrutarse el uno al otro sin desaprovechar un segundo, hasta ahora, habían cumplido con ese objetivo, parecían no querer separarse, cada beso lo hacían especial, cada abrazo eterno y en cada vez que se hacían el amor se entregaban el corazón, el alma y la vida entera haciendo este encuentro inigualable.
Abrió los ojos porque un extraño peso en su abdomen le impedía disfrutar de su sueño reparador, entonces lo vio, fundido a ella, respirando pacíficamente sobre su piel, permanecía con sus ojos tapados por la corbata que le había puesto, levantó una mano para acariciar su cabello rubio con delicadeza, en su mente todavía muy vivo ese instante en el que le permitió tener el absoluto control de la situación, gozó de lo lindo escucharlo suplicarle por un beso, una caricia, suspiró embobecida y enternecida.
"despierta dormilón", quitó la corbata y lo llamó.
"hola mi reina", apoyó su cabeza en los codos para mirarla con intensidad.
"hola", esos ojos la intimidaron.
"eres hermosa", respiró pesado por la facilidad que tenía de llegar a su alma con cada mirada.
"¿qué hice para merecerte?", cuestionó.
"eso mismo pregunto yo", con su mano libre, acarició su rostro.
"algo hicimos en el pasado para que la vida nos haya unido", razonó, él abrió y cerró los ojos como aceptando lo que había dicho.
"lo que haya sido, agradezco porque te tengo", eso era lo importante.
"y no te dejaré ir, jamás", terminó la frase y ya no podía permitir que sus labios estuvieran tan lejos de él, lo tomó por la nuca para fundirse en un delicioso beso.
"¿escuché algo de que me sorprenderías con el almuerzo?", cuestionó, tenía hambre, sonrieron con picardía porque entre los dos se habían olvidado de ingerir alimento.
"vamos", lo animó, se levantaron de la cama, se pusieron algo de ropa y llegaron abrazados a la cubierta, donde Regina lo hizo esperarla sentado a la mesa, la cual permanecía lista para servir la lasaña que cocinó para él.
"me tienes con la boca hecha agua por la expectativa", confesó.
"regreso en un momento", tocó la punta de su nariz con sus dedos y se dirigió a la pequeña cocinita del yate.
Como había dejado la lasaña en el horno, mantuvo la temperatura, no necesitó recalentarla, tomó un par de manoplas de cocina para evitar quemarse y llevó la fuente de cristal hasta la mesa.
"¿cocinaste lasaña?", cuestionó como no creyendo que hubiese hecho su plato favorito.
"espero te guste", respondió sirviéndole una porción en su plato, luego se sirvió ella y comenzaron a degustar de aquella delicia en pleno silencio, sin perder el contacto visual.
"me ha encantado", dio las conclusiones del almuerzo cuando ambos terminaron de comer y ella se disponía a llevarlo todo para limpiarlo.
"me he dado cuenta", lo dijo porque se comió la lasaña casi completa.
"necesitaba recargar mis energías, mi señora las drenó", movió la cabeza de un lado al otro al escuchar sus palabras.
"termino en un momento", anunció, él la ayudó para que el trabajo fuera compartido.
"desafortunadamente nos quedan pocas horas para regresar", comentó en un lamento cuando terminaron se secar los cubiertos.
"no es el fin del mundo mi amor", la tomó del brazo y la guió hasta donde se encontraban los controles del yate.
"terminará nuestro sueño", aclaró el porqué lamentaba tanto que tuviesen que regresar.
"nuestro sueño está lejos de terminar", le dio aliento.
"como siempre, tienes razón", dejó un corto beso en sus labios y lo observó manipular con destreza todo tipo de botones que ni entendía, pero le encantaba admirarlo, hiciera lo que hiciera, "dame tu mano", regresó a su lado.
Obedeció a su pedido, la llevó en frente del timón del barco y puso sus manos encima de la rueda que se movía, permaneció detrás de ella con las manos en su cintura.
"hoy te entrego el timón de mi vida, eres dueña de hacer con ella lo que quieras", miraron hacia adelante, pudieron observar claramente la puesta de sol en el horizonte, un espectáculo tan hermoso que las palabras para calificarlo se quedaban cortas.
"prometo hacerte el hombre más feliz", correspondió a sus palabras.
"ya soy el hombre más feliz", besó su hombro, permanecieron así abrazados, mirando ese evento tan natural que ocurría justo enfrente de sus ojos.
"gracias por este encuentro, ha sido inolvidable", agradeció.
"pienso lo mismo, hemos pasado unas horas que se quedarán grabadas en nuestra memoria para siempre", apretó su abrazo para fundirla a él y sentir su cuerpo sobre el suyo.
"vamos a vestirnos, no creo que el dueño del yate quiera hablar con nosotros en estas fachas", razonó, fueron hasta el camarote, David se vistió primero, solo se puso el pantalón y la camisa, ella que cargara con la corbata y el saco.
"¿te ayudo?", mientras él se vestía, ella se dedicó a mirar sus movimientos, por eso solo logró ponerse la ropa interior.
"por favor", le entregó la medias pantis, él se aprovechó de eso, comenzó a ponerlas en una velocidad torturadora, avanzaba muy lento para su gusto y lo peor era que sus intensos ojos azules no dejaban de observarla.
"David, debemos estar listos", su tono fue inquisidor al sentir que subía sus manos para acariciar más arriba del elástico de las medias.
"estás en deuda conmigo", apuntó con el dedo antes de levantarse para alcanzarle el vestido el que también la ayudó a cerrar el zipper, sin olvidarse de pasar sus dedos por cada rincón de sus espaldas antes de que su piel estuviera fuera de su alcance por la caprichosa tela.
"no sé de qué hablas", fingió inocencia al sentir que, por fin, había logrado vestirse.
"tú ni te preocupes, cuando yo decida saldar mi deuda, te refrescaré la memoria", dijo juguetonamente antes de que ambos salieran del camarote tomados de las manos, era de noche y pudieron ver el muelle donde el día anterior comenzó su tan hermoso sueño de amor.
"buenas noches, señor y señora Nolan", saludó el dueño del yate cando se bajaron.
"buenas noches", respondieron al mismo tiempo.
"¿la pasaron bien?", cuestionó, aunque era de noche los dos resplandecían de alegría.
"muy bien", respondió David mirando a Regina, quien le sonrió ligeramente avergonzada.
"me alegro mucho", en sus años había visto una pareja tan feliz como ellos, por eso preguntó.
"revisemos el yate", el señor frente a sus ojos, asintió con la cabeza, "amor, llama un taxi", comenzó a caminar hacia el yate, después de besar los labios de Regina, quien respondió gustosa.
Su trato con el dueño del yate quedó cerrado al ver que en el lugar todo estaba perfectamente como lo había recibido.
"un placer hacer negocios con usted", se dieron las manos, se sonrieron amistosamente y salió del yate para encontrarse con Regina.
"el taxi no tarda, ¿todo bien con el señor?", preguntó al darse cuenta de que su humor cambió radicalmente.
"sí", aquel monosílabo, aumentó sus dudas, quiso profundizar el tema, pero en ese momento llegó el taxi, se montaron hasta que llegaron a la casa, le pagaron al chofer y abrieron la puerta para encontrarse con una oscuridad abrumadora.
"mira, una nota de Emma", Regina fue quien primero se dio cuenta de que encima de la mesa, la joven había dejado una pequeña nota.
"¿qué dice?", cuestionó.
"se quedará en casa de una amiga", sin previo aviso, lo tuvo encima de ella, abrazándola y besándola con fervor.
"tenemos la casa para nosotros solos", anunció el objetivo de su reacción.
"eres un niño chiquito", lo siguió en su arrebato, hasta que la guió a la habitación, donde tomaron un baño juntos, sin dejar de besarse, de acariciarse, darse muchos cariños y sobradas muestras de amor.
"no tengo hambre, pero si quieres puedo preparar algo ligero", propuso al observar que secaba su cabello frente al espejo luego de salir del baño.
"algunas frutas", la lasaña la dejó completamente satisfecha.
"te espero abajo", la dejó para que terminara con su sección de belleza, la que también incluía un masaje de cremas nutritivas para la piel, la conocía a la perfección como para apostar, que tardaría unos minutos, los que él aprovecharía para preparar una deliciosa ensalada de frutas.
"¿DAVID?", elevó la voz para llamarlo, al no encontrarlo por ninguna parte, cuando bajó las escaleras.
"aquí estoy", entraba por la puerta.
"¿dónde estabas?", preguntó.
"vinieron a dejar esto", mostró un sobre blanco que llevaba en sus manos.
"¿tiene remitente?", preguntó lo obvio.
"es de la Universidad Regional", se miraron como entendiendo lo que eso significaba, "para Emma", la vida seguía haciéndolos felices.
"no puedo esperar hasta mañana", moría por saber el contenido de la carta.
"tampoco yo, pero ni modo", ambos sabían lo que significaba que a la joven le hubiesen enviado una carta de esa universidad, pero actuaban como si ese acontecimiento fuera nuevo para los dos.
"tienes razón, comamos entonces que quiero que hablemos de un tema igual de importante", la miró con curiosidad, se sentaron a la mesa, "dime, ¿qué ideas tienes para nuestra boda?", respiró profundo al escucharla hacer la pregunta.
"odio las iglesias", le agradecía por eso, ella también.
"tampoco me gustaría que nuestra boda sea en una iglesia", respiró aliviado, cuánto la amaba por siempre estar de acuerdo con él.
"me gustaría casarnos al aire libre, de día", escuchaba cada detalle con admiración, "también, quisiera verte recorrer el altar con un vestido verde, tu cabello suelto, unos tacones extremadamente altos", hizo nota mental de ese sencillo detalle, "sé que sería imposible de cumplir, porque entrar al altar con un vestido blanco y un ramo de flores es el sueño de toda mujer, pero como el color verde me gusta tanto te lo digo", la ensalada de frutas estaba deliciosa.
"¿de verdad te daría gusto verme con un vestido que no fuera blanco?", cumpliría de una forma u otra con su deseo, pero sería una sorpresa.
"nada me haría más feliz", sin pensarlo le contestó.
"a mí también me gustaría hacer algo en nuestra luna de miel", ya que ambos estaban pidiendo que sus sueños se hicieran realidad, era su turno.
"dar un paseo por la arena y esperar el amanecer", la dejó con la boca abierta de la sorpresa.
"¿era esa tu idea para nuestra boda?", sus ojos la traicionaron.
"ya que lo adivinaste, pensaba organizar que nos fuéramos para una villa en la playa", descubrió sus planes.
"haremos algo", comenzó, "me encargo de la boda, tú de la luna de miel", lo vio asentir.
"¿como yo quiera?", cuestionó.
"tengo plena confianza en ti, sé que será la mejor", estaba segura de que le encantaría todo lo que a él se le ocurriera.
"ese día será especial", aseguró.
"no tengo dudas de eso, mi amor", ambos se inclinaron para besarse.
"ahora debemos ir a descansar, mañana nos toca una faena complicada en el hospital después de un día entero sin trabajar", tan juicioso y responsable.
"usted no irá al hospital", se adelantó.
"mi vida, me siento mejor, estar aquí adentro solito me volverá loco", bajó su tono para que cediera.
"aceptaré que comiences a trabajar, pero solo con la condición de que no hagas tantos esfuerzos", levantó las manos en señal de que cumpliría con el juramento, rieron por eso, terminaron con la ensalada, limpiaron los pocos cubiertos que utilizaron y se dirigieron a la habitación, donde se acurrucaron uno al lado del otro encima de la cama y durmieron plácidamente hasta el otro día.
"¿te falta mucho, amor?", Regina estaba en el baño y no salía, todavía era temprano en la mañana, pero llegar tarde no era una opción.
No respondió, salió lista para partir, recogió sus documentos en su bolsa y salieron de la casa en un taxi hasta el hospital, ella le advirtió perfectamente que aún manejar estaba fuera de discusión, obedeció sin chistar.
"extrañaba este olor", anunció David al entrar por la puerta con Regina sosteniéndolo por el brazo.
"y yo extrañaba tenerte aquí conmigo", se dieron un corto beso en medio del pasillo principal, antes de ir al cuarto de médicos a cambiarse de ropa para comenzar su rutina de trabajo.
"buenos días para la parejita feliz", comentó Mary al verlos entrar por la puerta.
"buenos días, Mary", su amiga le sonrió con picardía, para que supiera que tenían una conversación pendiente.
"me alegro que estés de vuelta", le dijo David.
"la casa me estaba volviendo loca, por fin Robert se siente mucho mejor, lo mandé a trabajar", rieron por sus ocurrencias.
"¡acabo de saber que mi amigo del alma se incorporó a trabajar!", exclamó Robin, quien irrumpió en la escena.
"aquí estoy, amigo", se dieron un abrazo en una cálida bienvenida.
"iré a cambiarme", anunció Regina.
"te esperaré, debemos discutir un tema muy importante", aún tenían problemas con la distribución de los consultorios.
"ese tema lo acabo de solucionar", intervino Robin, habían hablado al respecto con anterioridad.
"el otro tema también", se dirigió a David, quien no entendía, por eso continuó explicando, "Aurora continuará trabajando con los dos al mismo tiempo", habló con la joven enfermera, quien no supo con cuál de los dos quedarse, él la ayudó proponiéndole que trabajara con los dos, entonces estuvo contenta con la noticia.
"compartir mi enfermera con este señor, ni loca", salió Regina completamente vestida con su atuendo de médico y bromeó.
"coincido plenamente", David le siguió la corriente.
"pues la decisión está tomada, como también está planeada tu despedida de soltero", los cuatro rieron a carcajadas.
"hablando de ese tema, intervino Mary, "Cora y yo tenemos unas ideas maravillosas para el vestido y para la fiesta", la tomó del brazo y se la llevó de la escena casi del cabello, porque ella y David se pegaron en un beso y no querían dejarse ir.
Así comenzaron el día, la mañana fue agitada, tuvo una larga lista de pacientes que atender y en la tarde, una cirugía que Mary tenía programada, la cual tardó horas.
"me parece que hoy es mi primer día, me siento muy cansada", comentó mientras se lavaban las manos afuera del quirófano.
"señal de que descansaste ayer", durante todo el día no paró de hablar de su boda con David y de vez en cuando intentaba sacarle detalles de su estancia en el yate.
"ni tanto, para descansar de verdad necesito un mes como mínimo", fueron unos meses de intenso trabajo, el secuestro de David, su recuperación, las emociones fuertes no cesaron.
"me ocurre igual, con la enfermedad de Robert, casi no tuve tiempo para mí", cuidar a su esposo consumió gran parte de sus energías.
"en estos días convenceré a David para ir a ver a nuestro ahijado", anunció.
"a quien deberías ir a ver es a Cora", se preocupó de inmediato, "tu amiguito el abogado le ha dado buenos dolores de cabeza", respiró aliviada.
"Gold, ¿qué sucede con él?", cuestionó.
"su enfermedad del corazón empeoró", informó.
"¿lo hospitalizó?", Mary asintió y sin que se diera cuenta, su amiga se le había perdido de vista.
Salió del quirófano, se informó en la recepción y fue directo al cuarto donde encontró un panorama bastante fuera de lo común, Cora exasperada, dándole órdenes a los camilleros que amarraran a Gold encima de la cama, se recostó en la entrada del cuarto, sin que advirtieran su presencia.
"gracias chicos han hecho un excelente trabajo, sin ustedes no hubiera podido neutralizarlo", le agradeció y salieron del lugar.
"hasta luego doctora, Mills", se despidieron de ella también, al verla allí, les sonrió.
"Regina, qué bueno que te veo", al escuchar su apellido se volteó para mirarla con una expresión de risa dibujada en su rostro.
"Cora ¿qué sucede?", cuestionó.
"quiero quejarme con el director del hospital", intervino Gold, seguía riendo, sin poder evitarlo, parecían una pareja de muchos años de casados.
"lo que tienes que hacer es portarte bien y cooperar, si no, empeorará tu condición", jamás había visto a la mujer mayor en ese estado emocional.
"no me duele nada", insistía en eso, pero ella sabía perfectamente que mentía para salir del hospital.
"creo que necesito saber lo que ocurre aquí", evitó que continuaran con esa discusión absurda.
"aquí tu amiguito que le di el tratamiento para que mejorara y llegó a urgencias hace dos noches casi muriendo, lo hospitalicé, hoy intentó escaparse", narró a groso modo los acontecimientos, Regina reía sin detenerse, ambos la miraban, "no es de risa", habló muy seria.
"perdón, Cora, es que la historia es muy graciosa, tú amarrando a Gold como si fuera un niño pequeño para que no se te escape", comentó risueña y ellos, tuvieron que acompañarla, dicho de esa forma, era muy cómico y los hizo reflexionar a ambos.
"te pido perdón Cora, creo que he sido majadero contigo", habló Gold.
"muy majadero, pero te perdono, solo quiero que mejores", aclaró, la confianza entre los dos, echaba a volar su imaginación, ahí había algo sospechoso.
"prometo no escaparme más", intercambiaron miradas ignorando su presencia.
"eso espero", apuntó con el dedo, "Regina, ayúdame a desamarrarlo", hizo lo que le pidieron en completo silencio.
"me portaré bien de ahora en lo adelante", pasó las manos por donde estuvieron las amarras, sentirse libre era relajante.
"vendré a chequear tu suero en varias horas", Gold asintió, "vamos Regina, necesito hablar contigo", fueron para el consultorio de Mary, quien las esperaba con un bulto de revistas para elegir el vestido de novia.
"ustedes sí que son rápidas", comentó hojeando la primera revista que vio.
"también tengo unas recomendaciones para la organización de la fiesta", habló Cora.
"y yo tengo el contacto de los dueños de varios locales que podemos rentar", agregó Mary, ella escuchó que las mujeres más importantes de su vida, tenían todo planeado, las dejaría ser felices, siempre y cuando ella supervisara detalle por detalle.
"me gusta este vestido", resaltó.
"deja ver", dijo Cora y la hizo enseñarle la revista, "conozco esa tienda, reservaré para ir a probarte vestidos", se adelantó, "ah y va por mi cuenta", culminó su intervención con un tono amenazante al que ni se atrevería a objetar.
"quiero este para mí, una de las damas de honor de esta boda tiene que estar a la altura de la novia", Mary apuntó para un vestido blanco muy elegante.
"me gusta el corte de ese vestido, solo debemos ver si a Emma también le gusta", la siguió Cora, hablaban como si estuviera pintada en la pared, de pronto, su celular anunció la llegada de un mensaje de David, quería que fuera para la casa, su hija no quería abrir el sobre que habían recibido la noche anterior, sin su presencia.
"chicas, debo marcharme, hagan lo que quieran con los vestidos, con la boda y con la fiesta, solo quiero conocer hasta el más mínimo detalle", Cora y Mary se miraron asombradas por esas palabras, "ah y lo último, las tres serán, además de mis damas de compañía, las madrinas de la boda", se haría lo que ella quisiera y a su gusto, era una buena ocasión para aclarar ese pequeño puntico.
"como la señora Nolan ordene", la mortificó Mary, "sabes que mi propia amiga no me ha querido contar los pormenores del encuentro con su galán en el yate", se dirigió a Cora.
"Mary, no hay que ser adivino para saberlo", Cora razonó, "pero a nadie le vendría mal escuchar algunas cosillas", se puso en su contra, pensó erróneamente que la apoyaría.
"son imposibles", negó con la cabeza y las dejó atacadas de la risa.
Con rapidez, se cambió de ropa en el cuarto de médicos, salió del hospital, tomó un taxi, llegó a la casa, abrió la puerta con el juego de llaves que David le había dado, entró para encontrarlos sentados en el sofá esperándola, los saludó y se sentó a su lado.
"ya que estamos todos, abriré este sobre", habló Emma.
"¿qué dice, hija?", estaba más ansioso que la joven.
"deja que lea, David", sostuvo su mano para ayudarlo con la ansiedad.
"dice que me he ganado una beca en la Universidad Regional", la noticia fue muy bienvenida, esa noche los tres hicieron una cena especial, pusieron música, bailaron, bebieron vino, bromearon, debían festejar de lo lindo, solo que no se excedieron, al otro día Regina y David debían trabajar.
"hasta mañana, hija", le dio un beso en la frente, dejaron la casa limpia y organizada, pero ella no tenía sueño, por eso se quedaría viendo la televisión.
"hasta mañana, mi vida", lo siguió Regina con las despedidas de buenas noches.
"papá, quería comentarte un tema", empezó Emma.
"te espero en el cuarto, mi amor", les quería dar su privacidad.
"¿a dónde vas?, eres parte de esta familia, tú te quedas", impidió su paso.
"me quedo", la actitud de la rubia la dejó casi sin palabras.
"tengo novio", demasiadas noticias en un solo día.
"el DJ, ¿verdad?", Regina se rió porque sabía perfectamente que esta sería su reacción.
"¿lo sabías?", cuestionó asombrada por eso, ella con mucho miedo de que su padre se opusiera y le salía con esto.
"es un ciego el que no se da cuenta del amor", razonó, desde la primera vez que lo vio en la casa por lo de su graduación, supo que entre ellos ocurría algo.
"¿no te opondrás?, ¿no pelearás?, ¿no me echarás de la casa?", cuestionó asustada y a la vez aliviada.
"a mi hija la amaré siempre, pase lo que pase y si debo aceptar en contra de mi voluntad que ha crecido y pronto me abandonará, lo haré", Emma casi ni lo dejó terminar su intervención, le saltó encima en un abrazo emotivo.
"te amo, papá", debía decirlo sin cansarse.
"¿esto era lo que me ocultabas?", la notó con actitudes que no eran normal en ella.
"pensé que te enojarías, pero cierta personita, a quien miraré con disimulo", se detuvo, miró a Regina directamente y continuó, "me dio ánimos para que te lo dijera", la abrazó también en señal de agradecimiento, "estoy muy orgullosa de tenerte, mi mamá, donde quiera que esté, debe sentirse orgullosa porque el ángel que mandó a cuidarnos fue el mejor, gracias mami por este regalo", terminaron envueltos en un abrazo familiar y llorando con esas palabras de la jovencita.
"basta de tristezas", David fue quien primero las animó a que secaran sus lágrimas, "las quiero felices, que pronto me casaré con esta belleza de mujer, mi hija estudiará una carrera universitaria, tengo un yerno que escoge las mejores canciones románticas del mundo entero y en estos momentos no puedo pedirle más a la vida, soy inmensamente feliz", las abrazó nuevamente, ahora con la risa de extremo a extremo de sus rostros, las palabras de David fueron alentadoras y llenas de alegría.
"mañana lo traeré para que lo conozcan más", culminó Emma y hubo total aceptación en ese anuncio.
"qué tú crees si le proponemos que sea nuestro DJ en la boda, ¿aceptará?", Regina y ella no detenían la risa, recién le daban la bienvenida a la familia y ya le estaba dando responsabilidades.
"aceptará encantado, se ha convertido en fan número dos de ustedes", confesó, "sí, porque la número uno, soy yo y ese lugar no me lo quita nadie", no podía negar que era hija de su padre.
"es mejor que vayamos a descansar", si continuaban así, la celebración de esa noche, no tendría fin.
"hagámosle caso a la generala", comentó David y Regina le pegó un golpecito en su pecho fingiendo molestia, rieron y subieron las escaleras abrazados hasta le habitación.
"hasta mañana mi amor", se cambiaron de ropa y se acostaron, él fue quien primero se despidió.
"hasta mañana", ella se fundió a él como todas las noches y apagó la luz.
Al otro día, al llegar al hospital se encontraron con que tenían guardia y ni lo sabían, tuvieron que cancelar los planes que habían hecho la noche anterior, conocer al nuevo integrante de la familia, tendría que esperar.
La jornada de ese día, no fue de las más tranquilas, pero por lo menos, estuvieron juntos, era lo más importante, alternaban entre los pacientes, llenar las historias clínicas, terminar el reporte de la guardia y por supuesto, sus encuentros amorosos en el primer rincón desolado que encontraban, de esa forma, sí era un deleite trabajar.
"mi cansancio supera los límites", comentó David al llegar a la casa, después de haber terminado la guardia de esa noche.
"preparo el desayuno mientras te quitas el cansancio con un baño caliente", dijo Regina y él la miró con ojitos de cachorrito.
"¿será que cierta doctorcita podrá hacerme un masaje mágico?", cuestionó, de pronto y sin avisar, Emma bajaba las escaleras.
"papá, Regina, buenos días", saludó, "Mary y Cora nos esperan en esta dirección, ¿la conoces?", le mostró el celular con el contenido del mensaje que contenía una dirección de la tienda de vestidos donde habían acordado encontrarse.
"por supuesto que conozco esa dirección, mi vida", informó y Emma se perdió en la cocina para comer algo.
"he quedado desplazado por un vestido", comentó David con falsa tristeza.
"te recompensaré, amor", le dio un besito, subió las escaleras para bañarse y cambiarse de ropa.
"no tardaste nada, se nota que estás entusiasmada con la boda, ¿verdad?", lo que más quería en ese momento era descansar de la mala noche que había tenido, pero la boda y sus preparativos, la entusiasmaban al punto de elevar la adrenalina, perder el sueño, el hambre y si tenía algún dolor en su cuerpo, también desaparecía.
"por supuesto que está entusiasmada, se casará conmigo", intervino David.
"claro, ahora entiendo", dijo como si estuviera recibiendo esa información por primera vez.
"vamos, no hagamos esperar a las desquiciadas de las madrinas, ellas están más alborotadas que yo con esta boda", Emma la tomó del brazo, se despidieron de David y llegaron al lugar donde Cora y Mary las esperaban.
"buenos días", las recibió una de las chicas que trabajaba en la tienda, ese día solo las atenderían a ellas.
"buenos días", dijeron al unísono.
"acompáñenme, por favor", siguieron a la chica.
"al fin llegan, aquí les presento a mi buena amiga, la dueña de la tienda, quien se encargará personalmente de cumplir con nuestros caprichos", la joven que la acompañaba sonrió levemente por lo dicho.
"es un placer, me llamo Liliana Drag", se presentó, se dieron las manos en señal de cortesía, "¿por dónde quieren comenzar?", cuestionó, la tienda era inmensa, vestidos hermosos por doquier, los ojos se les perdían por admirar tanta elegancia.
"ya elegí el mío", habló Mary, enseguida, Liliana, hizo una seña y una de sus trabajadoras llegó para darle especial atención, así hizo con cada una de ellas.
"de la novia me encargaré personalmente", les anunció, cada una fue para una sección de la gran tienda.
"gracias, su atención ha sido esplendida", agradeció Regina.
"una deferencia para mi amiga Cora y si ella las considera parte de su familia, pues en mi tienda siempre serán bienvenidas", dicho esto, la condujo para el lugar donde les interesaba, una colección de hermosos vestidos blancos apreció de pronto frente a sus ojos.
"preciosos todos", elogió.
"para tu color de piel, sugeriría este tono de blanco", apuntó para un elegantísimo vestido color blanco hueso, strapless, de satín y con unos adornos de organza encima de la ancha falda, en la cintura una flor del mismo tipo de tela que confeccionaba el vestido, ella se quedó anonadada, las palabras no salían, "asombroso, ¿verdad?", la chica leyó la expresión de sus ojos.
"me ha encantado", se expresó libremente.
"buscaré uno que entalle a tu cuerpo", se perdió entre todos los vestidos, salió con el adecuado para ella, no se equivocó, porque al salir del probador y verse en los enormes espejos, quedó completamente satisfecha con aquella sugerencia.
"este es el afortunado", solo le hicieron unos pequeños ajustes en la cintura para que luciera perfecto en su cuerpo.
"faltaría un velo a juego", sugirió Liliana.
"¿no se molesta si no llevo un velo?", prefería lucir un peinado con cualquier adorno.
"si no quiere llevarse un velo, entonces sugeriré algunos adornos para su peinado", tenía solución para todo, le encantaba su talento para el negocio.
"me parece bien", después de quitarse el vestido y mandarlo a doblar cuidadosamente en una caja con un lazo en el medio, la condujo hasta otra sección de la tienda, donde entre las dos escogieron, varias peinetas y otros adornos que serían de gran utilidad para ese día tan especial.
Cuando todas terminaron de consentirse con los vestidos que más les gustaron, fueron para el local que rentaron para la fiesta, allí se verían con la persona que contrataron para la organización y la decoración.
Regina dio sus órdenes precisas, escogió el color de los manteles y los lazos de las sillas, los tipos de flores que utilizarían para la decoración del altar, los platillos que servirían en el bufet, las bebidas que ofertarían y toda una cantidad de detalles, los que ni siquiera sabía que eran necesarios para una boda, al terminar de elegirlo todo a su gusto, salieron del lugar a una heladería, donde se relajaron con unos helados de vainilla, que les alegraron la tarde, así pasaron las próximas tres semanas, aprovechaban los días de su post guardia para supervisar la organización de la boda, la que se efectuaría el día del cumpleaños de David.
El día antes de la fecha tan esperada por todos llegó, los novios tendrían la despedida de solteros, las chicas planearon una pequeña celebración en casa de Cora y los chicos se reunirían para pasarla en grande en la casa de Robin,
Regina y David, se levantaron tempranito para ir a trabajar como era costumbre, la noche anterior tuvieron una pequeña despedida, ya que no se verían por unas cuantas horas y se extrañarían demasiado, por eso cuando escucharon la alarma matutina, querían quedarse enredados en la cama, solo que pudo más la responsabilidad.
"la noche será inolvidable", comentó Robin, se reunieron en el cuarto de médicos para tomar café, Cora los invitó.
"vayan a ver qué hacen esta noche", comentó Mary.
"nos portaremos muy bien, ¿verdad, amigo?", pasó una mano por encima del hombro de David.
"¿no dirás nada?", Mary se dirigió a Regina.
"anoche dije todo lo que tenía que decir", David sonrió con picardía.
"me imagino", saltó Cora.
"delicioso este café", cambió el tema, estaba seguro que comenzarían a indagar sobre la noche anterior.
"cambia la conversación, esa técnica me la sé de memoria", dijo Mary y rieron.
"es mejor que nos vayamos a trabajar", Robin los hizo razonar, asintieron y cada cual cumplió su función del día, hasta el final de la tarde que acordaron irse juntos para comenzar la verdadera diversión.
Lista para irse con las chicas a la despedida de soltera, se aseguró que sus pacientes estuvieran en perfectas condiciones, caminaba por los pasillos del hospital, cuando sintió que unas manos la tomaban por la cintura y la llevaban para uno de los cuartos.
"¿David?", confundida mencionó su nombre.
"te extrañé durante todo el día", la besó con furor hasta hacerla perder la noción del tiempo.
"por eso no te encontraba por ninguna parte, me estabas esperando aquí, ¿verdad?", le sonrió con picardía.
"me atrapaste", besó su cuello sin dejarse nada para luego.
"las chicas deben estar esperando por mí", intentó hacerlo entrar en razón.
"que te esperen, no te veré durante mucho tiempo y enloqueceré sin ti", comentó entre besos.
"pero si anoch…", la calló con otro beso, aún más ferviente que el anterior, sintió que sus piernas comenzaron a temblar incontroladamente, quien único lograba que se perdiera de esa manera, era él, por eso lo siguió en esta gran locura.
"¿recuerdas cuando te dije que una de mis fantasías era hacerte el amor en un cuarto del hospital?", preguntó al romper el beso, la tenía presa entre su cuerpo y la pared.
"como si fuera hoy", con trabajo logró responder.
"hoy es el día que se harán realidad mis sueños", se apartó de ella para ponerle el cerrojo a la puerta, "¿alguna queja?", la miró intensamente después de asegurarse de que nadie entraría y los encontraría en una situación comprometedora.
"ninguna, de hecho, me encanta la idea", fue la autorización que necesitaba.
La tomó por la cintura para que no pudiera moverse, volvió a presionarla entre la fría pared y su cuerpo, el que, para ese entonces, ya ardía en llamas, fundió sus labios en un beso estremecedor, lleno de pasión, deseo, amor.
Si continuaba besándola de esa manera moriría antes de la boda, pero ni tomó en cuenta ese detalle, se dejó llevar por lo demandante que lo sentía en ese momento, lo abrazó por las espaldas para que ni se le ocurriera apartarse de ella, de pronto sintió que David la tomaba por la cintura y la alzaba para tenerla a la misma altura, acarició cada rincón de su cuerpo por encima de la ropa, lo sintió un poco decepcionado, pero ese no era momento para quitárselas, por eso lo animó a que continuara con lo que hacía, entrelazando sus piernas en su espalda baja.
"me vuelves loco, Regina Mills", su voz cargada de deseo lo delató, no se tardó mucho más y escurrió sus dedos por debajo de la falda para tantear el terreno, el que encontró justo como imaginaba, aló las orillas de sus panties y las rompió con maestría, "esto se queda conmigo", sacó la ahora inservible pieza para guardarla en uno de los bolsillos traseros de sus jeans.
"estás completamente loco", se dedicó a observarlo y le parecía fuera de lo común verlo reaccionar así ante ella, solo que no se privaría de disfrutar esta faceta que estaba a punto de conocer.
"por ti estoy mucho más que loco", volvió a besarla con locura, "quiero hacerte mía", susurró en su oído, al abandonar sus labios.
"hazme tuya", se deleitaba con la manera tan única de tocarla, de acariciarla, de deshacerla entre sus brazos hasta hacerla perder la cordura.
Pasó una mano por entre los dos para liberarlo de los confines de sus jeans, los que tan preso lo tenían, se separó solo un poquito y de inmediato ella lo sorprendió estimulándolo con esmero, silenciosamente le pedía lo que ambos tanto querían, amarse hasta perder el aliento.
Lo sintió echar la cabeza hacia atrás ante el vaivén de su mano, moría por sentirlo, pero lo haría sufrir un poquito más.
"deja el juego, mi reina", sonrió triunfante, esa reacción era precisamente la que esperaba, lo guió hasta su sexo, donde rápidamente encontró el camino correcto, hasta lo más profundo de ella en un solo movimiento que la sorprendió, tuvo que cerrar los ojos con fuerza cuando comenzó a moverse sin dejarla acostumbrarse a él, pero sus besos la hicieron relajarse y con cada ir y venir de su cuerpo, susurraba bellas palabras en su oído, por eso lo amaba tanto, porque la cuidaba como a una muñequita de porcelana y la veneraba como a una diosa, no tardaron en obtener ese ritmo que la volvía loca porque acariciaba sus puntos sensibles llevándola hasta la mismísima gloria, "mía, solo mía", al sentir que liberó sus labios para susurrarle al oído con su voz ronca por el deseo, fue inevitable hacer aquellos sonidos que sabía que le encantaban, por eso no respondió, prefería seguir disfrutando de él, sin perderse un segundo de lo que le entregaba, "dilo mi amor", la urgió a contestar, "di que eres mía", repitió una tercera vez cerca de sus labios.
Debía seguir besándola, porque aquellos soniditos que tanto amaba, de pronto aumentaron el volumen y nadie los podía escuchar.
"tuya, toda tuya, mi amor", tuvo que decir lo que sentía, porque indiscutiblemente, le pertenecía en cuerpo y alma.
De inmediato tuvo su respuesta, evitó que sonido alguno saliera de su boca, el beso que le dio no era tan demandante como los anteriores, este fue tierno, amoroso, no fue necesario que le dijera lo mucho que le gustó, su cuerpo se contrajo indicando el inicio del punto cumbre de su placer y se sostuvo a su cuello con firmeza para no caer.
"hasta el cielo, mi vida", liberó sus labios una vez más y la animó con suavidad, no se detuvo a pesar de que le fue casi imposible moverse, debía hacerle saber lo mucho que la amaba, que la deseaba, que la veneraba.
"juntos mi amor", esas palabras lo lanzaron al vacío sin retorno, emprendió un ritmo delicioso que la hizo mencionar su nombre con dificultad.
Sus piernas temblaban, no sentía su cuerpo, lo que David la hacía sentir, no se comparaba con nada, cada vez que tenía la oportunidad de sentirse amada por él, lo comprobaba y esta vez, no era la excepción, además tener la adrenalina a niveles fuera de lo normal, ayudó a que ese momento fuera único y memorable.
Cuando la enajenación terminó, salió de ella, colocó sus piernas en el suelo, bajó su falda, arregló su blusa, pasó sus dedos por su cabello, la sostuvo por la cintura para que no cayera, sabía perfectamente que no tenía fuerzas, apoyó su cabeza en su pecho y pasó las delicadas manos por sus espaldas para recuperar su respiración la que aún, no se normalizaba, de pronto, la vibración de su celular interrumpió el momento, sin dejarla de sostener, leyó el mensaje que Robin le había enviado.
"las chicas te andan buscando por todo el hospital desesperadamente", su voz fue juguetona, sexy y seductora.
"ahora voy", respondió con desgano.
"¿puedes caminar?", cuestionó, sentirla aferrada a él de esa forma lo preocupó.
"sí, pero quiero que este momento se haga eterno", confesó, debía darle la razón, le dolía separarse de él por tantas horas.
Sonrió con esas palabras, tomó su rostro entre sus manos para darle un beso lento, "anda, ve con ellas", la comprendía a la perfección, él estaba igual o peor.
"unos minuticos más", se inclinó hasta arriba para besarlo otra vez y extasiarse de sus labios.
Correspondió sosteniéndola con más fuerza y profundizando su demanda, como sabía que esa era la despedida, quiso que ese fuera el mejor de todos los besos que habían compartido, "nos vemos mañana, contaré las horas para oficialmente, verte convertida en mi esposa", rompió su contacto y pronunció sus últimas palabras, abrió la puerta del cuarto, la vio salir a regañadientes, pero antes de perderse de su vista, le tiró un beso con sus labios, era uno de los gestos más tiernos que tenía con él, lo tomó con la mano y la puso en su corazón, solo entonces salió del lugar, no tenía ni la menor duda, que esa noche sería la más larga de toda su vida.
