Sus predicciones se comprobaron, ni un minuto pasó de que Regina se fuera y ya quería llamarla, buscarla, hablar con ella, en contra de su voluntad, sus amigos lograron arrastrarlo a su casa, donde abrieron varias botellas de wiski y por más que lo invitaron no tuvo deseos de seguirles la fiesta, hasta que lo llevaron a un bar, él condujo, era el único sobrio entre los tres, allí lo invitaron a una partida de billar, se animó pues le encantaba jugar, además, era muy bueno, así, las horas pasaron volando y su despedida de solteros se convirtió en un acontecimiento especial, porque a las doce, Robin y Robert recordaron que era su cumpleaños e hicieron que el DJ los deleitara con una canción para homenajearlo, después de todo, las locuras de sus mejores amigos alegraron su noche.

Regina, por su parte, logró distraerse con las chicas, bailaron, bebieron e hicieron una competencia de karaoke en la sala de la casa de Cora, justamente a las doce, recordó que no podía ser la primera en felicitar a David y la tristeza quiso apoderarse de ella nuevamente, su ausencia la golpeó fuertemente, solo que, al darse cuenta de que su humor cambió radicalmente, hicieron el mayor esfuerzo para continuar festejando, no todos los días uno se casa, motivo suficiente para sonreírle a la vida, por eso, abrieron otras botellas de vino, de los más deliciosos de la cava de la mujer mayor y bebieron hasta que cayeron ebrias en el cuarto de huéspedes sin consciencia de la hora ni nada que no fuera dormir.

Los pajaritos cantaron, la claridad de la mañana se coló por las cortinas del cuarto y no fue hasta que los rayos del sol interrumpieron su sueño, que las cuatro despertaron asustadas porque estaban retrasadas, debían irse al local donde sería la boda, allí las esperaban las estilistas que contrataron para que ese día lucieran radiantes.

"llegó el taxi", anunció Cora, tuvieron que preparase un café muy cargado, la cabeza les estallaba.

"vamos entonces", Mary las urgió, salieron de la casa, el taxi las dejó en la dirección deseada.

"buenos días", saludaron a la muchacha quien las había ayudado en la organización de la boda.

"¿llegaron las estilistas?", cuestionó Regina.

"las esperan", anunció la joven quien estuvo allí muy puntual.

"chicas, adelántense", antes de que el evento comenzara, quería asegurarse de que todo estuviera perfecto como había demandado, por eso, dio un recorrido por el lugar y efectivamente, sus ojos quedaron conformes con la exquisitez con que aquella muchacha organizó el local.

"señora, espero le haya gustado", su silencio asustó a la chica.

"me ha encantado, la felicito, hizo un excelente trabajo", la elogió.

"mi trabajo está muy lejos de finalizar", le aclaró.

"estoy muy contenta, además, veo que cambió el detallito que le pedí", le guiñó un ojo, de última hora se le ocurrió hacer un cambio en el color de los lazos que adornarían las sillas y ella cumplió al pie de la letra con su exigencia.

"que usted haya quedado conforme con mis servicios es mi satisfacción", las dos se dieron la mano.

"me recuerdas tu nombre", lo olvidó completamente, sinceramente no era un detalle de relevancia.

"Alice Rabbit", pronunció su nombre con un tono de cansancio, señal clara de que esa era una de las tantas veces que la hizo mencionarlo.

"Alice, te dejaré para que continúes trabajando", la muchacha asintió con la cabeza y la vio alejarse.

"al fin llega la novia", Emma sonaba más ansiosa que ella, la terminaban de peinar y maquillar.

"tú tranquila que si hay historias de que la novia se haya escapado el día de la boda, este no es el caso", sonrieron ante las palabras de Mary, luego se perdió en el vestidor para cambiarse.

"¿cómo me veo?", salió con aquel vestido blanco, el cual resplandecía por la felicidad que irradiaban sus ojos.

"te ves preciosa", las tres dejaron lo que hacían para admirar su atuendo el cual fue una completa sorpresa, ella no les permitió verlo hasta ese día.

"les dije que Liliana hizo un excelente trabajo", comentó antes de darse cuenta de que Emma sollozó.

"las dejaremos solas", Cora y Mary se miraron, ambas consintieron que debían darles privacidad para su momento familiar, también les hicieron una seña a las estilistas para que las acompañaran.

"¿y esas lagrimitas?", se acercó a la rubia para acariciar su rostro.

"estoy feliz", miraba al suelo, la abrazó sin dudarlo.

"mi vida", besó su frente tiernamente, "abre los ojitos", su voz fue dulce, "a partir de hoy todos los días de nuestras vidas estarán colmados de felicidad y alegría, la tristeza no está invitada", la rubia seguía llorando.

"no sabes cuánto soñé con esta boda, ver mi sueño hecho realidad me llena de emoción", reveló el motivo de su llanto.

"con más razón, sequemos esas lágrimas y hagamos una promesa, ¿quieres?", la chica asintió, "a partir de este momento, queda prohibido llorar, solo sonreír de felicidad", se abrazaron para sellar el acuerdo entre ambas.

"los invitados comenzaron a llegar", informó Cora quien interrumpió el intercambio.

"buscaré a las estilistas", Emma salió del lugar.

"ya que estamos solas quería darte algo", buscó entre sus cosas y sacó una caja cuadrada de gamuza negra, "este collar era de mi madre, quiero que lo tengas tú", ofreció su regalo.

Dubitativa, abrió la caja para dejar frente a sus ojos el collar más elegante y fino que sus ojos hubiesen tenido el privilegio de admirar, "Cora", se quedó muda.

"sé que lo lucirás con orgullo", evitó que articulara otra palabra.

"gracias…", decidió callar y actuar, por eso la abrazó con todo el cariño que le profesaba.

"disfruta este día, los dos se lo merecen", besó su frente y se fue de la escena, estaba segura de que, si continuaba allí, arruinaría el maquillaje de sus ojos.

"manos a la obra, quiero que la novia quede perfecta", Emma trajo a las estilistas y se fue a esperar que llegara para verla caminar por el altar.

Las muchachas estilistas, no perdieron el tiempo para cumplir con los deseos de la jovencita, mientras trabajaban el silencio inundó el pequeño cuartico.

"preciosa, mi amiga", minutos más tarde, Mary entró con una copa de champan en sus manos, ante la impaciencia que le transmitió David, quiso saber qué le faltaba.

"gracias", lucía hermosa, prefirió un maquillaje sencillo y un peinado elegante adornado con una peineta con forma de flor, así le hacía juego al vestido.

"quiero informarte que ni Robin ni Robert quieren ceder en una absurda discusión de quién será el afortunado de caminar contigo hasta el altar", lo que escuchaba era inaudito.

"en unos minuticos se resolverá", la preocupación se dibujaba en su rostro.

"le diré a David", se delató con esas palabras.

"debí imaginarlo", comentó para que supiera que la había descubierto.

"la ansiedad lo tiene en un puro temblor", explicó.

"ve a tranquilizarlo, ustedes son cómplices", elevó su ego.

"primero debo abrazar a mi hermana", se dieron un cálido abrazo retrasando el trabajo de las estilistas quienes terminaban de poner los últimos detalles en su peinado, "pueden continuar, chicas", dijo antes de salir y caminar hasta la fiesta, hizo un recorrido visual, los presentes disfrutaban de lo lindo, Emma con su novio el DJ quien había comprado un traje elegante para la ocasión, conversaban animados, todos sus compañeros del hospital asistieron gustosos para el gran evento, Robin y Robert continuaban con su argumento, Marian mimaba a Neal, quien estaba en brazos de la niñera, Cora conversaba muy animada con Gold, le causó curiosidad, por eso se propuso develar el misterio cuando la interrumpió David.

"Mary, ¿dónde está Regina?", parecía preocupado.

"terminando de arreglarse", respondió con serenidad.

"¿dónde es?", cuestionó con urgencia.

"David…", la interrumpió.

"tengo que verla", tocó sus manos para que entendiera.

"¿qué ocurre?", quería saber.

"necesito verla", repitió con insistencia, Mary le indicó con el dedo y lo vio desaparecer en la dirección que le había dado, decidió continuar como si nada, pero la actitud de David la preocupó más de lo que su rostro no cooperaba en disimular.

Caminó rápido, tenía un mal presentimiento de que algo ocurriría, lo comprobó al acercarse al lugar donde estaba Regina y escuchar una voz que conocía a la perfección.

"si pensaste que te habías librado de mí y que te dejaría casar con mi esposo, cometiste un grave error", al quedarse sola cuando las estilistas terminaron su trabajo, se daba el último vistazo en el espejo cuando sintió que cerraban la puerta de repente, "sobreviví, el mal nacido de Graham y su noviecita no corrieron con la misma suerte, si vieras como gritaban mientras eran consumidos por las llamas", la tomó por sorpresa, le enseñó una pequeña daga que sacó de su bolsillo, "eres una cobarde, habla, dime algo", la provocó empujándola contra la ventana.

"me das lástima", fue lo único que pudo decir cuando recobró el equilibrio, aunque estaba aterrada, no se lo demostraría.

"¿lo dices por mi nueva apariencia?", tenía la mitad del rostro y casi todo el brazo derecho quemados.

"lo digo porque amar a una persona sin ser correspondido es el peor castigo", dijo lentamente tratando de normalizar su respiración, la respuesta que recibió fue la menos esperada.

"esta boda no se hará", su furia la descargó con el vestido, el que comenzó a hacer tiritas con ayuda de la daga, "porque David me ama", decía en medio de su arrebato, "por eso se casó conmigo primero", continuaba con su ataque de locura, rompiendo el bello vestido.

Regina se quedó tranquila a esperar que terminara, la miraba anonadada, le dieron muchos deseos de llorar, realmente le había encantado el vestido, ¿sería que nunca descansaría de la locura de esta mujer?

"ZELINA", la voz de David que se escuchó detrás de la puerta la trajo de vuelta a realidad, el silencio reinó en la escena, "SÉ QUE ESTÁS AHÍ, ÁBREME LA PUERTA", ordenó, la pelirroja suspendió su misión de arruinar el vestido, se paró detrás de ella y puso la daga en su cuello.

"si hablas te mato aquí mismo", la amenazó para que ni se atreviera a mover los labios.

"DERRUMBARÉ LA PUERTA", advirtió, esperó un momento, tomó aire, dio unos pasos hacia atrás, luego abrió la puerta de un fuerte empujón.

"hola esposo mío", al ver la escena delante de sus ojos, se paralizó, "vine a impedir tu boda, es absurdo que te cases con dos personas", apretó el agarre en la garganta de Regina.

"Zelina, por favor, suéltala", suplicó.

"tengo que hacerla desaparecer de nuestras vidas, mientras esté viva, no seremos felices", argumentó.

"hemos hablado de este tema", la selección de palabras no era la correcta, su cuerpo temblaba del miedo por perder a la mujer que amaba justo el mismo día de la boda, "llévame en su lugar", quería que la soltara, "iré contigo hasta el fin del mundo", percibió que creyó en lo que decía.

"¿hablas en serio?", los ojos le brillaron.

"si la sueltas, lo comprobarás", quería convencerla a como diera lugar.

"David…no lo…", Regina logró hablar, pero Zelina le tapó la boca.

"CÁLLATE", le gritó en el oído, "el notario que contraté para legalizar nuestra boda lamentablemente también murió en ese incendio, y con él los papeles que comprobaban la veracidad de nuestro casamiento, pero si quieres ahora mismo vamos con mis abogados y nos casamos", dijo esperanzada.

"lo que quieras", le siguió la corriente a pesar de que la pesadilla de su secuestro se revivió en su mente.

"te quedarás vestida para el día de tu boda mientras que el novio se casará con otra, ¿quién da lástima ahora?", le dijo riendo a carcajadas, "¡dime!", exclamó enojada por la falta de respuesta.

"mi amor déjala, a partir de hoy, solo importamos tú y yo", utilizó sus mismas palabras para lograr que hiciera lo que quería.

"tienes razón, dejemos a esta estúpida que se interpuso en nuestra felicidad", bajó la daga del cuello de Regina y la dejó ir.

Al verla acercarse a él, se preparó para atraparla de una vez por todas, "¿realmente creíste que me casaría contigo?, te lo dije muchas veces, jamás lograrás que te ame porque a la única mujer que amo es a Regina, eso, ni tú ni nadie lo cambiará, aunque me sometas a las torturas más extremas que existan", la apresó por las manos, tomándola por sorpresa, tuvo que resignarse a verse perdida, él la superaba en fuerza y en tamaño.

"David, la daga", tenía miedo que lo hiriera con el arma.

"llama al inspector amigo tuyo", tenía idea de salir de ahí con ella, pero habían muchas personas, incluidos niños, era mejor actuar con cautela.

Regina sin perder el tiempo, envió un mensaje al inspector Finn, quien no tardó en llegar a la escena casi sin aliento, lo habían invitado a la fiesta, por eso su rapidez.

"Zelina, es un verdadero milagro que hayas sobrevivido a las explosiones, pero al fin nos vemos las caras", se obsesionó tanto con el caso del secuestro de David, que había hecho profundas investigaciones sobre sus actividades ilícitas, "quedas oficialmente detenida por robo, malversación, falsificación de documentos, tráfico de narcóticos, secuestro, tienes el derecho de permanecer en silencio, cualquier palabra dicha a partir de ahora será utilizada en tu contra", cumplió con el protocolo de arrestos, sacó de su bolsillo un par de esposas y la apresó, "lo siento mucho David", extendió sus sentimientos, claramente la boda se había arruinado.

"gracias Finn, te agradecemos tu ayuda", correspondió su gesto, "te pediré que seas lo más discreto que puedas", hizo la petición, ambos asintieron con la cabeza.

"vamos", se llevó a Zelina.

En cuanto ambos se perdieron de la escena, Regina se lanzó a los brazos de David, necesitaba su protección, sentir la paz que su cuerpo le proporcionaba la ayudaría a reponerse.

"¿te hizo daño?", preguntó preocupado, ella negó con la cabeza.

"tú, ¿estás bien?", sentía que todo su cuerpo temblaba sin control.

"ahora sí", por un momento sintió mucho miedo de perderla a manos de esa psicópata.

"esto es una pesadilla", tenía su cabeza recostada en su pecho.

"de la que acabamos de despertar", acariciaba sus espaldas con devoción.

"tienes razón, estamos juntos, nada más importa", levantó su rostro para besarlo lentamente.

"¡cómo te extrañé!", exclamó entre sus labios.

"yo también te extrañé", se apartó del beso para mirarlo intensamente.

"¿qué haremos?", su cuestionamiento era como si le estuviera consultando autorización para dar el próximo paso.

"casarnos", el brillo en sus ojos lo delató.

"y…", tenía miedo de exteriorizar lo que estaba pensando, señaló para su vestido.

"¿lo dices por el destrozo que hizo Zelina?", David asintió con dudas en su expresión, "ve a esperarme en el altar, dentro de unos minutos, tu mujer irá a tu encuentro", besó sus manos.

"¿segura?", la actitud de Regina lo confundía, acababan de pasar por un momento de gran estrés emocional.

"¿confías en mí?", la seguridad del tono de su pregunta calmó sus inseguridades.

"con mi vida entera", verla así de segura lo contagió.

"no perdamos más tiempo", caminó hasta la salida sin dejar de mirarla hasta que tuvo que dejarla sola en aquel lugar.

Al saber que estaba completamente sola, la fuerza de hacía unos segundos, desapareció, se derrumbó a llorar desenfrenadamente, debía desahogar su rabia, su furia, su impotencia por lo que había ocurrido con Zelina, pero tuvo que ponerse fuerte delante de David, lo conocía perfectamente, de verla así, hubiera sido capaz de suspender la boda y no le daría el gusto a nadie, se casaba hoy porque se casaba, tomó un profundo suspiro, secó sus lágrimas, las que arruinaron el maquillaje de su rostro, cerró la puerta, se quitó el vestido hecho tiras, en el proceso descubrió que tenía algunas heridas superficiales en sus muslos, las que limpió y curó como pudo, cambió su ropa interior, sacó un vestido que compró para estrenarlo este día, arregló su cabello, lo soltó y colocó algunos adornos que no pensó usar, maquilló su rostro sin mucha perfección, abrió la cajita que Cora le había regalado por la boda, se puso el collar, los aretes y por último los tacones para al fin estar lista para casarse con el dueño de su corazón.

Caminó con orgullo hasta donde la esperaban Robert y Robin.

"caballeros, ¿listos para llevar a la novia al altar?", los dos la miraron cuando extendió sus dos manos para que entendieran que no había argumento de ningún tipo, que ambos la llevarían y punto.

"por supuesto", contestaron con entusiasmo y comenzaron a caminar.

Jamás imaginó que sus sueños se harían realidad, la mujer de su vida caminaba hacia él en el bello altar, lucía un vestido de satín verde esmeralda, corte princesa, de strapless escote corazón y con una abertura en la ancha falda que lo hacía admirar los altos tacones con los cuales caminaba, en su cuello, un collar de brillantes y esmeraldas, su cabello suelto adornado con unas pequeñas florecitas blancas, su rostro ligeramente maquillado y una sonrisa que irradiaba luz por todo el lugar, sus ojos amenazaron con llorar, se contuvo, era un día para festejar, por eso no dejó de mirarla ni un solo momento, hasta la acompañó con la sonrisa.

"David, amigo, te entregamos a este tesoro de mujer, cuídala mucho", dijo Robin y Robert besó sus delicadas manos.

"de eso no tengan dudas", la guió hasta frente del sacerdote quien había tenido toda la paciencia del mundo de esperar por ellos.

"feliz cumpleaños mi amor", dijo antes de que comenzara la ceremonia, la miraba con esos ojos azules que la embriagaban.

"me encantó el regalo", la atrajo hasta él y la besó en señal de agradecimiento, los presentes aplaudieron, silbaron y animaron la escena con sus ovaciones.

"comencemos", el sacerdote los interrumpió, de inmediato se separaron para darle oportunidad de que los convirtiera en marido y mujer como tanto deseaban, prosiguió pronunciando su aburrido discurso, el que disfrutaron como si fuera la melodía más hermosa que hubieran escuchado, cumplieron al pie de la letra con cada una de sus peticiones, intercambiaron anillos y se prometieron amor eterno, "los declaro marido y mujer", los aplausos no se hicieron esperar, "puede besar a la novia…otra vez", sonrieron antes de darse el beso con el que comenzarían el resto de su vida, luego de que sus labios se extasiaron, caminaron por el altar tomados de las manos, continuaron los aplausos y hasta le tiraron arroz para no perder la tradición, entonces comenzó la fiesta.

"atención", Emma tomó un micrófono en sus manos, quería decir unas palabras, "hoy es el día más feliz de mi vida", la escuchaban atentos, "cuando me di cuenta de que mi padre se había enamorado de Regina, la misma mujer que me ayudó a levantarme cuando perdí a mi madre, me sentí emocionada, decidí apoyarlos en todo hasta convertirme en testigo y cómplice número uno de su amor, por eso quiero desearles la mayor felicidad, además, decirles que los quiero mucho, a ti papá por ser un ejemplo de padre y a ti Regina, por haberte ganado el lugar más especial de mi corazón, el lugar que solo una madre es capaz de ocupar", la pareja se levantó de su mesa para abrazarla frente a todos, la familia estaba reunida para nunca más separarse.

Al compás de los aplausos, comenzó a escucharse una melodía lenta, Regina le hizo un gesto a Emma para que fuera ella quien bailara con su padre mientras ella los admiraba enternecida, pronto se les unieron los demás y a partir de ese momento la pista de baile se animó.

"felicidades amiga", después de haber bailado con su ahora esposo, decidieron darle la debida a tención a sus invitados, David conversaba con algunos de sus amigos, ella aprovechó para mimar a sus damas de honor y madrinas de la boda.

"gracias", la abrazó con cariño.

"¿te digo un secreto?", Cora, del brazo de Gold también estaba en la escena.

"lo que quiera mi madre del corazón", le dio autorización.

"ese vestido me gustó mucho más que el blanco que usarías", sonrió, el suceso con Zelina, todavía se mantenía en secreto, aunque conociéndola, tenía la plena certeza de que algo sospechaba.

"dudo que no supieras sobre mi plan secreto", la miró con picardía.

"claro, si obligó a la pobre de Liliana para que le contara sobre tus encuentros con ella", Gold la delató, le dio un ligero golpe en su brazo por haberlo hecho.

"me lo imaginé", comentó, le ocasionaba mucho entusiasmo verla con su abogado.

"ya que estamos sacando secretos a la luz, les diré que este señor y yo hemos decidido comenzar una relación", la falta de sorpresa en los ojos de Mary y Regina la sorprendieron.

"eso no es nuevo, Cora, lo sabíamos", comentó Mary como si hubiera sido algo obvio, se miraron y las carcajadas animaron la conversación.

"¿cómo está la mujer más hermosa del universo?", en medio de sus risas, sintió que las manos de David la sostenían por la cintura.

"llegó el esposo feliz", comentó Cora.

"y muy orgulloso", terminó su frase.

"recién casados, tienen una cita conmigo en el bufete de abogados", les recordó Gold, él y Cora eran tal para cual.

"estaremos allí a la hora acordada", aseguró Regina.

"ahora, ¿la esposa me presta al esposo para un baile?", cuestionó Mary al escuchar una canción que le gustaba.

"adelante", sus pies dolían, llevaba muchas horas con aquellos tacones incómodos.

Se fueron a bailar, los observó con orgullo, además, se dio el gusto de mirar a su alrededor, era increíble con el entusiasmo que los invitados y amigos de la familia, disfrutaban de la fiesta, se sentía entusiasmada por eso.

"¿me permite esta pieza?", la voz del inspector Finn la sacó de su enajenación.

"con gusto", le debía mucho al amigo de Robin, lo menos que podía hacer era aceptar su invitación.

"quería aproximarme a ti desde hace rato, pero no me animaba", la tomó por la cintura con mucho respeto.

"¿qué te detuvo?", cuestionó con una sonrisa.

"admiraba tu belleza desde lejos", la elogió, "además, estaba esperando que me dieran el reporte del caso de Zelina", mencionó un tema delicado.

"quería agradecerte por eso, fuiste discreto, admiro a las personas que tienen la capacidad de guardar un secreto", gracias a él, todo continuó como si nada hubiera ocurrido.

"esta boda no merecía ser arruinada por esa desquiciada", todos se daban cuenta de los alcances de la pelirroja.

"¿tienes idea de todo lo que hizo para separarnos?", cuestionó, Eric negó con la cabeza.

"con su historial delictivo puedo imaginarlo", contestó con desinterés de conocer esos detalles.

"te escuché nombrar cada uno de sus delitos", la larga lista la sorprendió.

"tu esposo los conoce demasiado bien, el lugar donde almacenaba los recursos que desviaba del hospital, fue aquella casa que se incendió", luego de que se extinguieran las llamas, el reporte del equipo de criminalística reveló grandes secretos que lo condujeron por el camino correcto en ese caso.

"imagino que será un testigo importante en el juicio, ¿o me equivoco?", cuestionó lo obvio, aunque David no le había contado sobre su estancia con Zelina, debía fingir lo contrario.

"ese era otro tema del cual quería hablar con ustedes, pero en otra ocasión, hoy es su día especial", cambió el tema, siguieron bailando hasta que la canción se terminó.

"gracias, un placer bailar contigo", se dieron la mano cordialmente, lo vio alejarse de la pista de baile.

"es mi turno de secuestrar a mi esposa", por suerte, se escuchaba relajado, sabía sobre sus celos con el inspector, pero después de todo, fue él mismo quien insistió en invitarlo.

"te has equivocado en algo", dijo seductora, mientras él la tomaba por la cintura y la fundía a su cuerpo.

"¿en qué?", hizo la pregunta.

"quien único está autorizado a tenerme secuestrada por el resto de mi vida, eres tú, nadie más", lo besó para asegurarle sus pablaras.

"me sorprendiste con ese vestido, de inmediato vi el detallito de los lazos de las sillas imaginé que lo hiciste para complacerme, pero jamás me imaginé que esta belleza de vestido deleitaría mis ojos al verte caminar por el altar como en cámara lenta", se miraron con intensidad.

"pensaba usarlo en la luna de miel", con sus planes secretos provocó en él, la reacción que quería.

"preferí que lo usaras para casarnos", después de todo, la intervención de Zelina tuvo sus ventajas, la obligó a usar su plan alternativo y darle gusto a David, porque hasta de las cosas más horribles uno debe sacar lo positivo.

"lo sé, casi se te salen los ojos cuando me viste", parecía un niño en su primera comunión.

"¿cómo no?, la mujer que amo caminaba por el altar cumpliendo mis más absurdos sueños, eso fue motivo suficiente para que te amara más, si es que eso es posible", la abrazó y siguieron bailando.

"papá", Emma llegó minutos después.

"dime hija", le prestó la atención que pedía.

"Robin y Marian se van", anunció y los tres fueron a despedirlos, luego, sospechosamente, les siguieron, Cora y Gold, por último, Mary, Robert y Neal.

"¿no te parece sospechoso que se hayan ido nuestros mejores amigos?", sabía que dudaría, debía alejar sus sospechas, de lo contrario se arruinaría su sorpresa.

"Regina, ven, quiero que elijas una canción para que papá y tú bailen un rato más hasta que los invitados se hayan marchado", respiró aliviado, su hija lo libró de un momento complicado.

"ve mi vida, te espero en la pista de baile", le guiñó un ojo a Emma, quien le correspondió con complicidad.

Eligió una hermosa canción y David le abrió los brazos para que fuera a su encuentro en medio de la pista, donde bailaron por un rato más, hasta que comenzaron a despedir al resto de sus invitados, quienes quedaron inmensamente satisfechos con la fiesta y les dejaron antes de marcharse, los mejores deseos.

"señora Nolan, ¿lista para nuestra luna de miel?", cuestionó.

"listísima", dejaron la organización del local en manos de Alice, quien hizo un excelente trabajo durante la fiesta, solo recogieron sus pertenencias del cuartico que utilizaron para cambiarse y alistarse.

"llevemos estas cosas para la casa", sugirió David, también estaba el equipo de música.

"un último abrazo para mis papás recién casados", Emma los aduló.

"quiero agradecerle a mi yerno Arturo por su trabajo, la música impecable como siempre", al jovencito se le enrojecieron las mejillas por su ocurrencia.

"un gusto como siempre señor", con pena contestó.

"nada de señor que ahora formas parte de la familia", aclaró Regina, los cuatro se dieron un abrazo de oso.

"disfruten de la luna de miel", fueron las últimas palabras de Emma quien se fue con su novio.

"al fin solos", David besó a Regina, se subieron al auto, condujeron hasta la casa.

"¿dónde están nuestras maletas?", cuestionó asombrada porque no las encontraba, a pesar de haberlas dejado preparadas hacía tres días.

"llegaron a su destino antes que nosotros", contestó todo misterioso.

"la temprana partida de nuestros amigos tiene que ver también, ¿cierto?", siempre ella, con sus deducciones tan acertadas.

"¿cuándo será que pueda esconderte algo?", sospechas confirmadas, la expresión de su rostro la delató, habló antes de que lo hiciera decirle toda la sorpresa, "quiero ponerte esto", sacó de su bolsillo un fino pañuelo ya conocido por los dos, sin responder, se dio la vuelta para permitirle que vendara sus ojos, "gracias por confiar ciegamente en mí", susurró en su oído, pudo ver que toda su piel se erizó, dio un pequeño besito en sus labios y la guió hasta el auto donde condujo por tres horas aproximadamente, por supuesto, tardó mucho más porque se detenía en alguna zona intransitada para darle cariños, mimos, besos, los que fueron bienvenidos por ella que permanecía sin ver nada, pero no lo necesitaba para besarlo apasionadamente.

"si seguimos deteniéndonos así, ni mañana llegaremos", comentó cuando percibió que el auto se detuvo una vez más.

"llegamos", anunció, salió del auto, abrió la puerta para ayudarla a bajar y se dejó guiar por él.

"¡bienvenidos!", exclamaron voces muy familiares, sonrió por eso.

"¿lista?", le habló bajito para que nadie escuchara.

"¿dime que estamos en la playa?", preguntó, se respiraba un exquisito aire natural.

"compruébalo con tus propios ojos", quitó el pañuelo.

"están todos aquí", sus mejores amigos los esperaban a la entrada de la pequeña villa turística a la orilla de la playa, que habían reservado solo para ellos, justamente para esta ocasión.

"y pasaremos un fin de semana en la playa como habíamos planeado", se acercó Cora para asegurarle que esa sería una luna de miel en familia.

"sin dudas la mejor luna de miel", con una amplia sonrisa comentó.

"aquí tienen la llave de su habitación", Mary se acercó con Neal en brazos, "cámbiense que habrá una pequeña celebración en nuestro honor", los animó.

"vamos papá, les muestro el camino", la presencia de su hija allí demostraba lo mucho que se tardó en llegar, pero valió la pena, tener a Regina para él solo fue como estar flotando en el espacio.

"de seguro te conoces el lugar de memoria", comentó Regina.

"adivinaste", la rubia se prendió de su brazo y ella arrastró a David, "esta es la habitación matrimonial, solo para ustedes, los recién casados", les presentó el lugar donde dormirían durante los próximos días, "no se tarden", les advirtió y los dejó solos.

"bienvenida señora Nolan", abrió la puerta, el lugar era hermoso, cortinas por doquier, un ambiente veraniego que contagiaba a quedarse para siempre allí.

"justo como lo imaginé", después de hacer una inspección visual por todo el lugar, lo miró con ternura.

"ven, cambiémonos de ropa", tomó su mano, la llevó hasta el cuarto donde los esperaban las maletas por las que tanto cuestionó.

Como era costumbre entre los dos, quien primero se cambió de ropa fue David, ella se sentó en la esquina de la cama para observar que su elegante smoking fue sustituido por un short y una camiseta de verano, junto con un par de sandalias playeras muy cómodas.

"me gustaba más el atuendo anterior", comentó con resignación.

"y si fuera por mí, te prefiero ahora mismo con mi atuendo favorito", se arrodilló frente a ella para acariciar su rostro, en el que se dibujó una sonrisa seductora.

"eres insaciable", le tiró un beso.

"miren quién habla", correspondió con su broma, "te ayudaré", se levantó de su posición, le extendió la mano, ella la tomó gustosa, abrió la maleta, sacó un largo vestido floreado de hilo y un par de sandalias playeras.

"¿me ayudas con el cierre del vestido, por favor?", podía sola, pero le encantaba provocarlo.

"con mucho gusto mi reina", se puso detrás de ella para estudiar el cierre detenidamente, también acarició su piel suavemente.

"David, nos esperan", advirtió.

"es que me has dado una tarea complicada", ambos rieron, "tenerte así tan cerca de mí para quitarte la ropa y vestirte nuevamente es una verdadera tortura", explicó.

"habrá tiempo para todo lo que quieras", intentó hacerlo entrar en razón, mientras sentía que bajaba el cierre del vestido y lo descendía con destreza para dejarla solo en lencería delante de sus ojos.

"siempre hay tiempo mi diosa", la miró desde arriba hasta abajo, se agachó para quitar el vestido de su vista, comenzó a besar cada rincón de su piel, se detuvo cuando encontró las pequeñas heridas que tenía en sus muslos, las cuales acarició con especial suavidad, luego ascendió hasta estar a su altura, donde se encontró con sus labios, entre besos la guió hasta sentarla en la esquina de la cama, lentamente la recostó, se colocó entre sus piernas sin separarse del beso, el que terminó cuando comenzó a darle atención a la piel de su cuello, la que gritaba por sus caricias, descendió hasta su abdomen, el que subía y bajaba con dificultad, sus besos la tenían justo en el lugar que quería.

Sentía su respiración extremadamente pesada, el aliento se le desaparecía con cada beso de David, le encantaba lo que provocaba en su cuerpo, tanto así que ni trató de persuadirlo para que se detuviera, tampoco había mencionado una palabra, se dedicaría a disfrutar lo que tenía preparado para ella, que, de solo pensarlo, todo su ser se deshacía de la antelación.

Dejó besitos cortos cerca de su admirable ombligo, colocó una mano allí, quería que no se moviera, continuó descendiendo, besó su pelvis, sus muslos, primero uno y luego el otro, sin que él se lo pidiera, abrió ligeramente sus piernas para darle mejor acceso, la miró intensamente para observar sus reacciones ante sus acciones, tenía los ojos cerrados, las manos abiertas y una hermosa expresión en su rostro, "eres preciosa mi vida", llamó su atención, "mírame, por favor", le suplicó, "te amo profundamente", confesó cuando recibió la mirada de sus ojos café, su respuesta fue una suave caricia en su cabeza, también interpretó el gesto como una autorización la que lo animó para lo que haría después, con su mano libre, apartó hacia un lado la tela de sus panties, para dejar su sexo al descubierto, suplicando ansioso por su atención, además, brillaba por la excitación que él mismo le había provocado, se relamió los labios y no lo pensó más, comenzó a darle placer con su boca.

El contacto la hizo saltar por la impresión, sintió que la mano encima de su abdomen, apretó su agarre, aseguraba que tendría alguna que otra huella de ese momento de gloria, porque así lo sentía, cada movimiento de los labios de David intensificaba el placer que sentía, por eso, dejó su cabello y se sostuvo de las esquinas de la cama apretando fuertemente, al punto de que sus nudillos palidecieron por la fuerza aplicada, en un momento que no esperó, sintió que David elevaba sus piernas y las llevó a sus hombros, con el cambio de posición las sensaciones se multiplicaron por el infinito, tuvo que contenerse pues de sus labios quisieron salir palabras sin sentido y sonidos que descubrirían al instante lo que ocurría entre ambos, permaneció en esa posición, deleitándose al máximo con la experiencia, pero le fue casi imposible porque de pronto, sintió que se contrajo tan fuertemente que vio las estrellas y casi se desmaya del placer tan intenso, el que David extendió acelerando sus movimientos, "David", pronunció su nombre con dificultad, su cuerpo en un puro temblor le imposibilitó articular palabra con cordura, la que había perdido completamente.

Tenerla deshecha entre sus manos era un espectáculo que no se cansaba de admirar, "deliciosa", se detuvo un segundo para mencionar esa palabra, luego continuó disfrutándola sin perderse nada, hasta que el éxtasis terminó, bajó sus todavía temblorosas piernas de sus hombros, volvió a colocar la prenda de lencería en su lugar, para dejar un camino lleno de besos por su cuerpo hasta estar encima de ella completamente, cuidando no aplastarla, miró su bello rostro el que conservaba esa expresión de satisfacción tan adorable a su visión, los ojos cerrados, la respiración entrecortada, "eres mi sueño hecho realidad", ni se movía, "soy inmensamente feliz", entrelazó sus dedos en su suave cabello, "ahora sí tenemos que irnos", resaltó y fijó el azul de su mirada en ella como queriéndola atrapar en sus recuerdos para siempre,.

Su fuerza y su cordura se reestablecieron un poco, por eso abrió los ojos para observar esa mirada intensa que la desestabilizaba, era como si ella fuera una pintura famosa admirada por su pintor con absoluta devoción, "ven aquí", lo tomó por la nuca y lo atrajo para besarlo ardiente y desesperadamente, probándose a sí misma en el proceso, le parecía que moriría por el erotismo de ese intercambio, "prometo que te recompensaré por todo", movió la cabeza en aceptación, ni loco se atrevía a romper ese beso tan especial en el que se entregaban la vida entera, "vamos", la intensidad del ritmo uniforme de sus labios unidos, los dejó sin aliento nuevamente.

Fue el primero en levantarse, buscó la ropa que había elegido minutos antes para ofrecérsela, "aquí está tu ropa", se levantó de la cama, la ayudó a vestirse, le quitó los altos tacones, los que sustituyó por las cómodas sandalias playeras, entrelazaron sus dedos para salir de allí con una sonrisa de complicidad dibujada en sus rostros.

"¡ahí llegó la parejita feliz!", exclamaron al unísono, tenían en sus manos copas con cocteles cortesía del lugar, los que de inmediato, tuvieron el placer de degustar.

"DJ, música", demandó Robin, enseguida se contagiaron a bailar animadamente, debían disfrutar de tan única experiencia, ocasiones como esa eran casi imposibles de repetirse, la noche se hizo joven, la alegría de todos fue contagiosa, agotaron sus energías sin importar el cansancio del día entero.

"Regina, nos vamos, Neal cayó rendido del sueño", buscaban otra ronda de cocteles en la barra.

"gracias, hermana, tenerlos aquí conmigo, es el mejor regalo de bodas que pude haber recibido", expresó su emoción.

"con verte resplandeciente como el sol naciente, me doy por satisfecha", aunque estaban en un lugar completamente cerrado y oscuro, podía percibir la luz de su rostro.

"es que me siento muy feliz, Mary", comprobó lo que sus ojos gritaban a voces.

"se te nota, en los años que nos conocemos no te había visto así", resaltó.

"David me ha salvado", desde donde estaban enfocó su mirada en él, sus ojos viajaron hasta quedar perdidos en ese paraíso, "me rescató del borde de la muerte, Graham me estaba matando en vida, lo sabes perfectamente", asintió, tenía toda la razón.

"por eso, disfrútalo como si la vida se acabara, no te dejes nada para luego", consejo muy bienvenido, la abrazó para agradecerle.

"¿nos vamos querida?", Robert llegó con Neal en brazos.

"sí mi vida", correspondió a su cariño.

"buenas noches, Regina", se despidieron y salieron del local, donde solo quedaban Robin, Marian, Cora, Gold, Emma, el novio, David y ella.

Los cocteles que pidió estuvieron listos, los llevó hasta la mesa donde compartían una amena conversación, decidieron tomar un descanso del baile para intercambiar historias de su vida.

"¿no pediste un coctelito para ti, mi reina?", cuestionó al verla probar del suyo y sentarse en sus piernas, al fin no tenían que esconderse para tener ese tipo de actitudes.

"no", dijo en su oído antes de besar su cuello, erizando su piel por el contacto.

"¿recuerdas, David?", Robin hacía una anécdota sobre sus vivencias que ni siquiera atención le prestó, Regina lo enajenaba, "aquel examen que casi nos cuesta la beca, el que tuvimos que ponernos presillas en las pestañas para no dormirnos porque acabábamos de salir de una fiesta que duró toda la noche", explicó, se dio cuenta de que toda su atención estaba en otro sitio que no era precisamente la conversación entre amigos.

"cómo olvidar esa experiencia, casi nos echan de la universidad", su memoria funcionó rápido, ayudándolo a salir de la situación que se encontraba por culpa de la distracción de sus pensamientos.

"ahora nos reímos, pero nos temblaron los pies en aquel momento", se vieron en serias ocasiones, pero esa fue la peor.

"imagino lo que estuvieron haciendo en esa fiesta", comentó Regina antes de tomar un sorbo del delicioso coctel.

"bailar y beber", respondió Robin.

"claro", Marian la secundó.

"cuando yo lo digo, ustedes las mujeres se apoyan, ¿no es cierto, Gold?", lo hicieron partícipe de la conversación, permanecía en total silencio, deleitándose con su intercambio.

"a él ni le pregunten, tengo entendido que un santico nunca fue", Cora le puso el punto final al tema.

"mejor bailemos", dijo Marian, el silencio que dejó la mujer mayor con su comentario fue algo incómodo, por eso los invitó a bailar, quizás por última vez en la noche, el embarazo le estaba pasando factura.

"tienes razón, mi cielo, disfrutemos las pocas energías que nos quedan, tengo el presentimiento de que mañana nadie nos levantará", Robin le dio la razón, todos se pararon para bailar par de canciones, las que terminaron drenando sus fuerzas completamente.

"papá, el sueño me venció, nos iremos a descansar", Emma fue quien primero se rindió, "guardaré este maravilloso día para siempre en mi memoria", besó su mejilla, luego repitió el gesto con Regina.

"hasta mañana, corazón", contestaron a la misma vez y, se fue con Arturo a la habitación, mañana sería otro día, el que pensaba hacer tan especial como el que terminaba.

"aprovechando las despedidas, nosotros también nos vamos", anunció Robin, quien abrazaba a su esposa protectoramente.

"pasen buenas noches los tres", David transmitió sus buenos deseos a la pareja feliz y al bebé que venía en camino.

"ahora llegó el turno de los más ancianos", comenzó Gold.

"vieja, ¿yo?, ese serás tú", parecían conocerse de años.

"anda mi viejita, descansen mucho", Regina decidió sacarle canas verdes antes de que se dieran un abrazo maternal en el que ambas tuvieron protagonismo.

"les agradezco todo lo que han hecho por nosotros en este día", comentó David al despedirse del abogado, entre él y Cora, cargaron con casi todos los gastos de ese viaje, se sentía muy agradecido.

"nada que agradecer, Regina es como mi hija, lo hago con mucho gusto", aclaró.

"vamos, nos espera un sueño reparador", dijo Cora, ambos se fueron caminando uno del lado del otro, dejando a la pareja de recién casados a solas.

"¿otra ronda de coctel?", cuestionó David, ella asintió, fueron hasta la barra, pero antes de llegar, escucharon una bella canción, cambiaron la dirección.

"ahora que tenemos la pista para nosotros solos, puedo hacer esto", la levantó en sus brazos y la giró con esmero, ambos reían por la ocurrencia, "¡REGINA MILLS, TE AMO!", exclamó a toda voz, el volumen de la música no permitía que nadie más que ellos, escuchara.

"estás loco", dijo entre risas.

"te encanta", atrajo su rostro para que lo escuchara.

"me encantas tú", fue su respuesta y recibió un beso que estremeció todo su ser.

"¿qué tal un paseo por la arena?", propuso al finalizar el beso.

"¿estás seguro?, ¿no quieres mejor que salde mi deuda contigo?", cuestionó con picardía.

"las deudas que tienes conmigo, no se me han olvidado, señora Nolan", aclaró para que supiera que las tenía muy presentes, pero tenía otros planes.

"¿entonces?", lo conocía, por eso esta propuesta le causó curiosidad.

"entonces daremos un paseo por la arena, a esta hora de la madrugada, la luna se ve hermosa", con esas palabras la tuvo completamente rendida ante su propuesta.

"me rindo", la tentación la superó.

Salieron de allí muy abrazados, llegaron a la orilla de la playa, se quitaron las sandalias, comenzaron a caminar uno del lado del otro con ellas en las manos.

"mi madre decía que mojarse los pies con agua salada espantaba las malas vibras", las olas bañaban sus pies en un sincronizado ir y venir.

"espantemos las malas vibras", se detuvo para disfrutar plenamente de las olas.

"lo siento mucho", pasados unos minuticos pronunció esas palabras.

"¿por qué me pides perdón?", lo miró intensamente, sus ojos le dirían lo que quería, por si sus labios no se atrevían.

"por lo de Zelina, porque casi interrumpe nuestra boda y porque…", se detuvo, de una forma u otra, se sentía responsable, "y porque no te he contado lo que realmente ocurrió", entendió a la perfección lo que quiso decir.

"nada de lo ocurrido fue tu culpa, hemos sido víctimas de las maldades de un par de desquiciados que ya están en el pasado, nuestro presente es este, juntos para siempre", dijo palabras de aliento, percibió que su ánimo había decaído completamente de solo pensar en lo vivido en su secuestro, no valía la pena sacarlo a colación.

"por eso digo que eres mi ángel de la guarda, mi regalo de los dioses", logró su objetivo al sentir que sus labios se unieron en otro beso, en menos de veinticuatro horas, perdieron la cuenta de la cantidad de besos que habían compartido.

"que mejor ocasión que un cumpleaños para recibir los regalos más especiales", permanecía prendida de su cuello sin querer apartarse, "por eso, te daré el mejor regalo de la noche", besó sus labios por última vez, se apartó, lo miró intensamente, tomó un fuerte respiro, "DAVID NOLAN, ME ENTREGO A TI EN CUERPO, ALMA Y CORAZÓN, TE PERTENEZCO COMPLETAMENTE PORQUE TE AMO CON TODO MI SER", se quedó sin voz por haber hecho esa confesión a todo volumen, para que la luna, las estrellas y todos los astros fueran testigos.

De la emoción por haber escuchado esas palabras, los lanzó a los dos para la arena, donde dieron vueltas y más vueltas, empapándose de agua salada, acariciándose infinitamente y besándose sin cansancio, "gracias por existir", se detuvo justo encima de ella, para que escuchara bien.

"quiero esperar el amanecer aquí contigo", propuso, después de haberse deleitado con el azul de sus ojos, esos que la miraban inigualablemente.

"pensé que nunca lo pedirías", se levantó, la ayudó y se sentaron en la arena seca, ella entre sus piernas, con la cabeza recostada a su pecho, en esa posición tenía acceso a todo su cuerpo, acariciaba su cabello, pasaba la punta de sus dedos por sus brazos y de vez en cuando se inclinaba para saborear sus labios, de los que no se cansaría jamás.

"¿era esta tu verdadera sorpresa?", después de un momento de silencio, decidió preguntar.

"todo esto era la sorpresa, pasar nuestra luna de miel en compañía de nuestros mejores amigos quienes son parte de nuestra familia, caminar por la arena y quedarnos aquí hasta que el sol saliera, son mis regalos para la dueña de mi vida entera", confesó.

"me encantó, cada detalle, pero esto ha sido la mejor parte", hicieron silencio nuevamente, aunque sus manos continuaban en un canto que no detuvieron, acariciarse mutuamente hablaba más que millones de personas a la misma vez.

En un momento, las manos de David se detuvieron en su vientre y quiso hablar, Regina también detuvo sus movimientos, esperando escuchar lo que diría, pero por alguna razón, palabra alguna se atrevió a salir de sus labios, solo se deleitó con la sensación de tenerla presionada a su cuerpo sin que pudiera escapar.

"mira qué belleza", llamó su atención, "pasaría mil veces por lo mismo que hemos vivido juntos, solo para observar tan maravilloso evento", casi amanecía, el sol se asomaba por el horizonte, reflejando sus rayos en la lejanía del océano, de tanta belleza natural, las lágrimas salieron de sus ojos en un llanto silencioso, ninguno de los dos quería que el otro se enterara de su estado, fue imposible.

"no encuentro adjetivos para…", sollozó, las palabras ahí se quedaron.

"ves eso tan imposiblemente hermoso, así es como mis ojos te ven a ti", también sollozó, limpió la humedad de sus mejillas.

"eres especial", sin apartar la vista del amanecer habló, a los dos les faltaban argumentos para continuar esa conversación, ese momento juntos, todas sus palabras, sus caricias y sus besos fueron suficiente motivo, para terminar de sellar su unión por toda la eternidad.

"debemos dormir, aunque sea un ratico", David fue el primero quien se dio cuenta de que los rayos del sol llenaron de luz la mañana, se habían perdido en una intensa emoción.

"tienes razón", tomó su rostro entre sus manos para darle el último beso de su luna de miel y qué ironía, la luna fue el único testigo de la miel de su amor.