"¡al fin llegaron!", exclamó Mary cuando vio que David y Regina llegaban a la playa abrazados y muy acaramelados.

"pensamos que jamás saldrían de su habitación", comentó Cora con picardía, lo que ellos no sabían, era que la falta de sueño los hizo caer completamente rendidos sin pensar en otra cosa que no fuera descansar, por eso, se saltaron el horario del desayuno.

"ganas nos sobraron, ¿verdad mi amor?", David le siguió la corriente a la mujer mayor y le apretó la mano a Regina para que también entrara en el juego.

"así mismo", entendió de inmediato, hasta le guiñó un ojo con picardía y le dio un corto beso en los labios con la intención de corroborar la afirmación.

"son imposibles", Cora negó con la cabeza fingiendo resignación, pero en su rostro se dibujó una hermosa sonrisa, verlos tan felices juntos la llenaba de satisfacción.

"amigo, necesito tu ayuda", Robin y Emma, jugaban volibol contra Arturo y Robert.

"ya sé, estás perdiendo", comentó en tono de burla.

"Arturo y yo, somos los mejores", alardeó Robert, siempre los hacía reír con ese comentario, "dame esos cinco", levantó su mano para que el jovencito se uniera a la celebración por haber ganado tantas veces.

"juega con el tío Robin, papá", lo animó la rubia.

"sí amor, así le doy unos mimos a estas tres celosas", dijo Regina apuntando con el dedo para Mary, Cora y Emma.

"escucha Cora, se acordaron de los pobres", Mary fingió celos.

"ay tía, si Regina se muere por ti y por la abuela", la apoyó acercándose a ella para prenderse de su brazo.

"tienes razón, hija", Cora le tiró un beso con los labios.

"¡coctelitos para todos!", exclamó Gold que llegaba con dos copas en sus manos.

"muy exquisitos, ¿verdad, Neal?", comentó Mary besando la cabeza del infante, el día anterior había tenido el privilegio de beber uno de ellos y quedó encantada.

"ayudemos al abuelo para que todos los probemos", aduló Emma.

"un poco de respeto con este señor pasado de experiencia, ¿eh?", comentó con falsa seriedad y la escena se colmó con sus alegres carcajadas.

"vayan a buscar los cocteles, nosotras nos quedaremos para apoyar la competencia", dijo Regina mientras el abogado y la rubia se alejaban para cumplir con su tarea.

"¿listos para perder nuevamente?", preguntó Robert haciendo que David y Robin levantaran sus dedos pulgares en señal de afirmación para que comenzara el partido, el que cambió con lo previsto.

"celebremos que mi esposo ha ganado", era la quinta ronda de cocteles, realmente estaban deliciosos.

"¡arriba esas copas!", Marian quien en contra de su voluntad se había quedado descansando en la habitación, llegó cuando culminaba el juego y se unió a la celebración.

"no me conformo, te reto a una partida de billar", la palabra rendirse estaba muy alejada de su vocabulario.

"¿billar?", preguntó Robin incrédulo, "hace dos noches David nos dejó clarito como el agua, que contra él nadie puede", conocía las habilidades de su mejor amigo en el juego, "los que estaban en el bar aquella noche de la despedida de soltero, se batieron a muerte contra él, les ganó como tomarse un vaso de agua", lo elevó por los cielos.

"comprobaremos su potencial en la noche porque lo dudo", habló Cora, la propaganda de Robin no fue muy efectiva para ella, debía comprobarlo con sus propios ojos.

"¿acaso la señora cardióloga se unirá?", cuestionó Gold con ironía.

"seré la primera en acabar con todos", jamás habían escuchado a la mujer mayor tan animada de esa forma.

"tú y yo nos encargaremos de las apuestas", le comentó Regina a Mary, quien asintió extrañada porque su amiga solo quería ser espectadora.

"me encargaré de mi primito", Emma, como siempre, se ofreció de niñera.

"me sumo, este pequeñín es un dulce de bebé", era cierto, al niño le encantaba que ambas lo mimaran.

"dentro de unos días cumplirá un año, como pasa el tiempo", comentó Robert con resignación de saber que su hijo crecía por día.

"celebraremos ese acontecimiento", su ahijado debía tener el mejor cumpleaños.

"organizaremos una fiesta hermosa, de eso no tengas dudas", Cora se le unió y todos levantaron sus copas para seguir apoyando cada idea que se debatía, el ambiente de familiaridad que se respiraba, contagiaba a cualquiera.

Así pasaron el resto del día, hasta se dieron un chapuzón cuando la intensidad del sol disminuyó, luego cada cual se fue a su habitación para cambiarse de ropa, la hora de la cena los urgió a no demorar, ahora compartían en el restaurante, sentados a una larga mesa decorada para ellos.

"ya falta poco para que el torneo de billar comience", Robert parecía un niño pequeño con esos comentarios.

"amor, ¿para qué quieres que el torneo comience si no ganas en ninguno?", tuvieron que disimular la risa que les causó que su propia esposa lo dejara desacreditado delante de todos.

"para entretenerme, corazón", como estaban sentados uno del lado del otro en la larga mesa, se inclinó para besar sus labios, "además, así animo la fiesta", terminó con su intervención cuando el corto beso finalizó.

"bueno, ¿qué esperamos?", la cena había terminado, "¡qué comience la diversión!", exclamó David, quien se paró de la mesa seguido por Regina, luego los demás se les unieron, Marian y Emma, se llevaron a Neal, Arturo no se desprendía de ella, por tanto, ni preguntarle sobre su itinerario.

Al llegar al bar de la villa, se escuchaba una música muy propia para la ocasión, se inspiraron para comenzar sin perder el tiempo, hasta Gold se les sumó, Mary y Regina se fueron a conversar a la barra.

"¿qué raro que no jugarás?", Mary sació su curiosidad de la tarde.

"dejarte solita aquí sería un delito", la convenció.

"por mí, encantada, tener tiempo para las dos solas como en nuestra juventud me hace sentir alagada", decidió continuar, el otro tema lo conversarían luego, "¿cómo es la vida de casada?", conocía la respuesta a esa pregunta, la felicidad de los ojos de su amiga era imposible de esconder.

"David es un amor conmigo, pero creo que eso no es nuevo para ti", Mary asintió.

"pidamos unas margaritas para celebrar nuestras felices vidas de casadas", le hizo una seña al muchacho del bar quien no tardó en traerles dos copas de boca ancha adornadas con un cuarto de rodaja de limón, sal por los bordes superiores y sirope de azúcar dándole la elegancia atractiva a los ojos.

"¡si sabe como luce, me embriagaré esta noche!", exclamó Regina y ambas bebieron un sorbo del famosos coctel.

"necesito ayuda", la voz de Robert las disoció, "David está imparable", lo miraron sin asombro en sus ojos, Robin lo había advertido.

"¿qué quieres que nosotras hagamos, mi vida?", al borde de la risa, la que pudo esconder con otro sorbo del coctel, preguntó Mary.

"acaba de ganarle a Gold", siguió informando sobre el estado del torneo.

"acompáñanos con estas margaritas, te aseguro que no te arrepentirás", Regina hizo la invitación.

"amor, ve a ganarle a David, por favor", la carita de súplica de Robert, tuvo más efecto del que esperaba.

"me convenciste", habló Regina, terminando de tomarse el coctel de un solo sorbo, se levantó y comenzó a caminar delante de ellos.

"gracias, amor, has llegado en el momento preciso, pensé que esta cabeza dura no cedería ante sus deseos, porque la conozco, le encanta este juego", esperó a que su amiga estuviera unos pasos más lejos para abrazarlo y besarlo por su gran hazaña.

Le había ganado a Robert, a Robin y a Gold, pero la cardióloga le estaba sacando las canas, jamás se imaginó que fuera tan buena, era su última oportunidad para ganarle, si no hacía un tiro superior al de ella, quedaría totalmente vencido.

"vamos a ver si superas eso, rubito", comentó Cora, cuando vio que los ojos de David se abrieron porque su tiro era casi insuperable.

Sin responder a su provocación, frotó la tiza suavemente por la punta del taco, se puso en posición frente a la mesa de billar, tomó el taco entre sus dedos, comenzó a examinar las bolas que quedaban y los rebotes que estas tenían que dar para hacer un tiro perfecto que lo dejara invicto, la presión lo superó, sentía el sudor resbalar por su frente, ni en una cirugía se ponía en ese estado de nervios, en una de esas veces que sus ojos viajaron de un lado al otro de la mesa, vio una imagen que lo desconcentró totalmente, Regina caminaba hacia él y la admiró detenidamente, como la escena en cámara lenta de una película de acción, sus caderas bailaban al ritmo perfecto de sus piernas, las que estaban al descubierto, le agradecía al vestido que llevaba puesto, ya que al ser corto y solo cubrir hasta encima de sus rodillas dejando muy poco a su imaginación, era lo único que podía apreciar con sus ojos atrevidos, levantó la mirada para apreciar su cabello ondeando con el vaivén de su caminar, al percibir que la miraba desde arriba hasta abajo, le dedicó una amplia sonrisa que lo desestabilizó completamente, tanto que sin quererlo, hizo su tiro, lo supo por el rebote de las bolas contra las bandas de la mesa.

"¡tiro perfecto!", exclamó Cora, "me has ganado", su derrota fue inesperada.

Regina continuó caminando sin detenerse, bordeó la mesa hasta acercarse a él y acariciar su rostro, "sí que eres muy bueno en esto", sus niveles de seducción aumentaron con lo anteriormente ocurrido, lo tenía embobecido, lo sabía perfectamente.

"es más bueno que tú en el ajedrez", Cora, inconforme con su derrota seguía lanzando comentarios, "nadie ha logrado ganarle, ni con Gold ni conmigo la tuvo muy fácil, aún así, nos superó", vio que la pareja frente a ella, se besaba sin siquiera darle la mínima importancia a sus palabras.

"te reto", dijo Regina cuando el beso terminó.

"¿no has escuchado muchacha?", preguntó Cora con asombro.

"claro que escuchó, pero a mi amiga le gusta jugar con fuego", Mary y Robert solo observaban, detalle alguno se les escapó.

"y al borde del precipicio", terminó Regina tomando un sorbo del wiski que David bebía, "¿entonces...?", seguía con ese tono que lo enloquecía, en ese momento, lo único que le apetecía era tomarla de la mano y llevarla para la habitación para embriagarse de ella sin dejarla salir por unas horas, "¿el doctor Nolan tiene miedo?", ante su silencio, no detuvo sus provocaciones.

"¿miedo?, ¿yo?, ¡jamás!", dejó clara su posición.

"así me gusta", se movió de su lado para tomar el taco que Cora tenía en sus manos.

"buscaré un coctelito", Mary se dirigió a Regina.

"mejor una botella de tequila", la miró extrañada por su actitud, de pronto la escena había aumentado la temperatura.

"Regina tiene razón, un trago fuerte para estas ocasiones es lo mejor", la apoyó la mujer mayor, mientras los demás rodeaban la mesa para no perderse lo que ocurriría.

"para mí una botella de wiski", comentó David, con gusto la seguía con el tequila, pero no le gustaba mezclar tragos.

"¿alguna otra petición?", cuestionó, sin recibir respuestas, "no comiencen sin mí", dijo antes de ir a la barra en busca de las bebidas.

Muy segura de sí misma, Regina se cercioraba de que su taco estuviera listo para la pelea a muerte en contra de su esposo, quien no le quitaba los ojos de encima y ella le correspondía haciéndole señitas que solo él entendía.

"aquí estoy", Mary levantó las botellas en sus manos y se las entregó a los duelistas, quienes a partir de ese momento les darían el mejor espectáculo de todo el viaje, verlos luchar uno en contra del otro, sería divertidísimo.

"¿listos?", cuestionó Robin, se servían el primer trago de la botella, del que David dio el primer sorbo, mientras que Regina bebió el suyo sin miedo y hasta el fondo, "te diré una última cosa", organizaba las bolas dentro del triángulo en medio de la mesa, "te deseo suerte", se acercó a ella y pasó una mano por sus hombros.

"las damas primero", tan encantador.

"esas no son las reglas y lo sabes", serena comentó, "comienza quien ha ganado, por tanto, es tu turno", quería que la tratara como cualquiera de sus oponentes.

"como quieras", le dio la razón y procedió a dar su primer tiro, el que resultó más certero de lo que esperaba, le dio la oportunidad de tirar nuevamente, solo que esta vez, la suerte lo abandonó.

Regina se puso en posición para consumir su turno, calculó sus movimientos, apuntó el taco hacia la bola más cercana y tiró, colando gran cantidad de ellas en las troneras de las esquinas izquierdas de la mesa, así transcurrió toda la partida, entre turno y turno, que erraban muy poco, haciendo el duelo más complicado de lo que se esperaba.

"es tu última oportunidad, a no ser que consigas una jugada impresionante como los japoneses, este reto es mío", Regina llevaba ocho puntos y él diez, era imposible que lo superara, pero como nada en la vida es imposible, la vio pararse seductoramente con el taco en la mano, se inclinó encima de la mesa, dejando ante sus ojos una vista espectacular, observó y calculó todas sus posibilidades, golpeó la bola blanca, colando en las troneras las bolas que permanecían en el centro de la mesa, pero ocurrió algo que ni en sus sueños se hubiera imaginado, de rebote, la bola blanca empujó las dos bolas naranjas que yacían pegadas a las bandas superiores y muy cerca de las troneras del centro de la mesa, solo que necesitaban un simple empujoncito para colarse y sorpresivamente, lo logró, dejándolo vencido delante de los espectadores, quienes al ver lo ocurrido, festejaron animadamente su triunfo.

"¡un brindis por la nueva campeona del billar!", con la copa levantada, ovacionó Robert, no solamente les ganaba en ajedrez, si no, que también, los sorprendió esa noche con su destreza en el billar, debían festejarlo.

"¡esa es mi amiga!", lo siguió Mary, brindaron con sus copas en manos.

"¡y mi esposa!, mi regalo por haberme derrotado, es bailar con ella hasta que los pies se nos gasten", anunció guiándola hacia la pista de baile, la que no demoró en animarse, disfrutaron de la última noche que les quedaba en la villa, hasta que cada cual fue a dormir a su habitación, al otro día, regresarían a sus casas y el viaje no era muy corto, debían descansar.

Regina y David, fueron los últimos en abandonar el lugar, a pesar de la cantidad de bebida que habían consumido, parecían no conformarse.

"me has hecho beber casi dos botellas de tequila, ¿por alguna casualidad el señor Nolan quiere embriagarme?", cuestionó Regina en su oído, bailaban una canción romántica, aprovecharon para pegarse uno al otro sin dejar oportunidad a que una aguja pudiera colarse entre sus cuerpos.

"¿qué me dirías si la respuesta es positiva?", respondió con una pregunta.

"¿estás dispuesto a enfrentarte a las consecuencias?", no sabía lo que decía.

"contigo me enfrentaría hasta los molinos de viento y les gano", a su lado, se sentía invencible.

"pago para ver", era la segunda vez que lo retaba, la separó de él, detuvo el baile, la cargó entre sus brazos, puso sus delicadas manos en su cuello para favorecer el equilibrio y antes de salir del bar, susurró en su oído.

"mi mujer nunca deja de sorprenderme, por eso, a cada segundo que pasa, la amo mucho más", la escuchó reír a carcajadas, parecía que le había hecho una propuesta indecente, aunque esa intención estaba implícita.

Caminó con ella en brazos por toda la villa, hasta llegar a la puerta de la habitación matrimonial, abrió con cuidado, no quería bajarla todavía.

"al fin solos", moría por decir esas palabras desde su juego de seducción en la mesa de billar.

"estaba contando los segundos para poder hacer esto", comenzó a besarlo apasionadamente.

"jugaste sucio en el bar", dijo entre sus labios.

"¿mmm?", sabía muy bien a lo que se refería.

"me sedujiste Regina Mills", la miró intensamente.

"¿ya no soy Regina Nolan?", cuestionó con asombro por como la llamó.

"no importa, eres mi Regina, mi mujer, mi diosa hermosa", la bajó de sus brazos para abrazarla fuerte y protectoramente.

"te amo", se sentía la mujer más feliz del mundo.

"solo por eso dejé que me vencieras", se ganó una mirada asesina.

"eres un mal perdedor, sabes que te ga…", sus labios fueron silenciados por otro beso apasionado, el que marcó el inicio de una noche espléndidamente gloriosa entre ambos, ella pagó sus deudas y él, la recompensó por haberlo superado en su deporte favorito, cada rincón de aquella habitación fue testigo de su pasión, de su deseo, de su entrega y de su amor.

Las horas que les quedaban para el amanecer se hicieron cortas, cuando menos lo esperaron, la claridad de la mañana entró por las ventanas sin ser invitada, yacían en medio de la cama, él con sus piernas extendidas acariciaba las frías espaldas de Regina, quien, sentada en su regazo, reposaba su frente en el hombro izquierdo de David.

"gracias por esta noche", fue el primero en romper el silencio tan cómodo, "me has comprobado que, sin ti, mi vida no tiene sentido", al tenerla encima de él, la sintió vibrar ante sus palabras.

¿Sería posible poder amarlo más de lo que en ese momento su corazón le gritaba con sus saltos infinitos?, lo veía imposible, "hueles a mí", sentir su aroma impregnado en su piel era maravilloso.

"eso tiene una sencilla explicación", por primera vez en la mañana, se apartó de su tan cómoda posición, para mirarlo, "eres mía", sonó demasiado posesivo en esas dos palabras, le encantaba sentirlo así de seguro, ver la felicidad en sus pupilas la engrandecía infinitamente porque ella no estaba muy lejos de sentirlo suyo y de nadie más.

Un toque en la puerta los sacó de su paraíso matutino.

"¿esperas a alguien?", cuestionó extrañada.

"no", ese monosílabo llegó a sus oídos como la advertencia para que ni se atreviera a formular otra pregunta, se hizo a un lado para dejarlo ir hasta la puerta, desde donde por más que intentó, le fue imposible escuchar algo de lo que hablaron, solo unos pasos que se acercaban a ella.

"¿y esto?", vio que David cargaba una bandeja con el desayuno para los dos, no podía faltar su detalle único, un tulipán negro.

"el último y más especial de mis regalos de boda", puso la bandeja en medio de la cama.

Lo primero que vio, fue un tazón lleno de fresas rociadas con crema de chocolate por encima, enseguida quiso probarlas, David se le adelantó, tomó un tenedor, pinchó una y la llevó a su boca, "deliciosas", saboreó la fruta con gusto.

"como tú", al verla relamerse los labios no pensó dos veces para besarla y probar las fresas juntos, aunque juraba que sus besos eran el sabor más exquisito que existía en el mundo.

"tengo hambre", advirtió, conocía la expresión de sus ojos.

"yo también…", detuvo sus palabras para darle esa mirada que atravesaba su alma y la dejaba rendida a sus pies, "tengo hambre de ti", lo conocía como para haber previsto lo que diría.

"usted es insaciable, doctorcito, ¿acaso no le basta con no haberme dejado desprenderme de usted durante toda la noche?", cuestionó algo que conocía la respuesta, porque ella era igual o mucho peor que él.

"de ti no me saciaré nunca", tomó una fresa, la puso en sus labios para besarla otra vez y compartirla con ella, sus besos le daban a la fruta el sabor perfecto.

"yo tampoco", confesó para asegurarle que ambos estaban en la misma posición.

Terminaron el desayuno entre besos, caricias, hasta se enredaron nuevamente uno en el otro, el postre les parecía su platillo favorito, por eso, luego de amarse entre las sábanas de la cama donde no hubo un lugar de sus cuerpos que se quedara sin recibir los besos más dulces de todos, David la cargó para llevarla a la ducha, allí, bajo el agua caliente continuaron aprovechando cada instante del resto de su luna de miel.

"luces deslumbrantemente bella, ni el sol irradia tanta luz como tus ojos en estos momentos", terminaba de darle los toques finales a su vestuario con un par de aretes que combinaban a la perfección con su juego de pantaloneta azul cielo, mientras él la observaba sentado en la esquina de la cama, pero en un momento que no anticipó, la abrazó por detrás para acortar la distancia entre ambos.

"si continuamos así, no saldremos de esta habitación durante una semana", puso sus manos encima de las de él.

"no me tientes", dijo en medio de un beso en su cuello, la vibración de sus labios contra su piel, estremeció cada poro de su ser, "pero tienes razón, nuestra estancia en esta maravillosa villa ha llegado a su fin", sintió que sus brazos aumentaban la fuerza que ejercían sobre su cuerpo, señal inequívoca de su inconformidad por tener que marcharse.

"mi niño malcriado", lo vio besar su hombro y mirarla por el espejo.

"vamos", suspiró enternecido por tener que desprenderse de ella.

Para contentarlo, antes de salir de la habitación, envolvió sus labios en un tierno beso, el que ninguno de los dos quería terminar, era su adiós final a su luna de miel, pero como todo lo que comienza, tiene su final, tuvieron que abandonar la habitación para ir al recibidor de la villa a esperar a sus amigos quienes, al parecer, habían dormido de más, porque no los vieron por ningún lado al llegar.

"papá", para compensar su espera, los tan atentos meseros les trajeron unas bebidas refrescantes, "perdón la tardanza", se disculpó la rubia, quien llegaba tomada de las manos con su novio, quien cargaba la maleta.

"ni te preocupes, eres la primera en llegar, tus tíos y tus abuelos se quedaron dormidos", comentó David, Regina sonreía por su aparente molestia.

"qué injusta es la vida, uno se retrasa unos minuticos y se gana toda una campaña difamatoria", comentó Robin, hacía su entrada a la escena, acompañado por el resto de la familia.

"tienes razón y cuando ciertas personas se quedan toda la mañana encerrados en su habitación, nadie dice nada", lo apoyó Mary.

"privilegios que tiene ser los recién casados", Regina se unió a David, la supuesta pelea estaba desbalanceada, dos contra uno, no permitiría tal injusticia.

"ya veré yo cuando Gold y yo nos casemos si también gozaremos de tales privilegios", se sumó Cora a la diversión.

"ni te preocupes, nos iremos a Milán y ni se enterarán", comentó el abogado.

"no tienen corazón para hacernos eso", intervino Emma, dudaba mucho que sus amenazas se llevaran a vías de hecho.

"Gold, estamos perdidos, estos individuos nos conocen demasiado", la risa se dibujó en su rostro, ni muerta viajaba a Italia de luna de miel sin invitar a su hermosa familia.

"he ganado", alardeó la rubia haciéndose la poderosa.

"esa es mi nieta", le dio un beso en la cabeza y la abrazó.

"antes de marcharnos de este paraíso, debo agradecerles por estas pequeñas vacaciones alejados de todo y de todos", Regina atrajo la atención de los presentes, su tono la delató, lo próximo que venía eran sus lágrimas por lo emocional del momento, por eso, David la estrechó entre sus fuertes brazos, no fue el único, los demás se le unieron en un abrazo familiar donde se demostraron sus sentimientos, las palabras sobraban.

Algunas lagrimillas traicionaron a más de uno, cuando el colectivo de trabajadores de la villa llegó para darle la despedida, se repusieron, después, cada uno se montó en sus autos para decirle adiós al bello lugar, luego de dos horas o tres, cada cual llegó a su casa, debían descansar, al otro día retomarían la cotidianidad de sus vidas.

"señor David quería solicitar su permiso para que Emma duerma esta noche en mi casa", al abrir la puerta, el jovencito con mucho respeto solicitó su permiso.

"creo que tenemos la solución perfecta para eso", fue Regina quien contestó dirigiéndose a David, quien entendió a lo que se refería.

"tenemos una sorpresa para ti, hija mía", comenzó, "les adelanto que el crédito es para mi mujer amada, pero como ella quiso hacerme parte del plan, me incluyo", Regina negó con la cabeza.

"sin rodeos, por favor", solicitó la joven.

"ya verás, espérenme en el auto", ordenó Regina y subió las escaleras para buscar lo que necesitaba, "listo amor, podemos irnos", entró al asiento del copiloto e incitó a David para que comenzara a conducir, hasta llegar una cuadra antes del lugar en cuestión.

"cierren los ojos para la sorpresa", sin chistar, ambos jovencitos obedecieron la orden que David les dio, el auto continuó su recorrido.

"los ayudaremos", cuando el auto se detuvo, Regina los alentó con esas palabras, se bajaron, abrieron la puerta trasera, ella ayudó a Emma y David a su yerno, los condujeron hasta dentro de la casa.

"pueden abrir los ojos", anunció David.

"a partir de ahora, esta es tu casa", la emoción inundó el rostro de la rubia.

"¿es una broma?", cuestionó.

"contigo no me ando con bromas", aclaró, Emma la abrazó fuertemente, "es nuestro regalo por haberte ganado esa beca", ambos se pusieron de acuerdo para hacerle varios arreglos a la casa y que estuviera lista para ese momento.

"gracias, mamá", esa palabra fue demasiado para ella, los ojos se le cristalizaron, David al escuchar lo que su hija dijo, se unió al abrazo familiar, haciéndole un gesto a Arturo para que también formara parte, "es el regalo más especial que he recibido en mi vida", terminó su discurso después de secarse las lágrimas.

"el regalo me lo has dado tú", continuaba llorando, escuchar que la hija del hombre que tanto amaba, la llamara mamá, no se comparaba con nada.

"las amo y no tengo palabras para describir el inmenso amor que siento por las dueñas de mi vida", besó la cabeza de su hija y de su esposa, si continuaban así, se derrumbaría frente a ellas, tenía que fingir fortaleza para reconfortarlas.

"¿puedo quedarme hoy?", cuestionó en cuanto el abrazo terminó.

"la casa es toda tuya", le entregó el llavero con un pequeño cisne plateado que cuidaba las llaves de su nuevo hogar.

"estoy tan emocionada", no sabía qué decir.

"los dejamos para que disfruten de su nueva casa", con el dolor de su alma, pronunció las palabras de la despedida, su hijita se separaba de él, le esperaba un inmenso camino por recorrer, el que siempre contaría con su apoyo incondicional, pero a partir de ese momento, le soltaría la mano para que transitara sola.

"señor Nolan", Arturo desvió su atención, "gracias por hacerme parte de esta familia", colmado de agradecimiento, recibió un abrazo, ¿quién iba a pensar que aquel muchacho que un día los deleitó con su exquisito gusto musical, ahora formaría parte de su pequeña familia?

David solo pasó sus manos por el cabello oscuro del joven y tomó a su esposa del brazo para abandonar la escena.

"¿estás bien?", cuestionó Regina al llegar a la casa, por el camino decidió darle tiempo, dejaba a su hija, quien a partir de ese momento no viviría más bajo su techo, para ningún padre dejar ir a un hijo se hacía algo fácil.

"no", tomó sus manos para darle besos cortos, "unos mimos tuyos me harán sentir mejor", la atrajo hacia él para abrazarla.

"eso no tienes que pedirlo", le daría infinitos mimos para que la tristeza desapareciera.

"ven", la guió hasta el sofá, donde se sentó y le hizo un gesto para que recostara su cabeza en sus muslos, "quiero que hablemos de mi secuestro", si antes no había hablado, era porque la luna de miel debía ser única.

"David…", comenzó, él puso sus manos suavemente en sus labios para hacerla callar.

"quiero que sepas todo", Regina cerró los ojos, "a partir de ahora prometo que entre nosotros no habrán ni secretos, ni mentiras, ni misterios", inclinó la cabeza para besar su frente, "¿entendido?", cuestionó, la vio asentir, "prométemelo", la obligó a que hablara.

"te lo prometo", se levantó para besarlo y proporcionarle la fuerza que sabía que iba a necesitar, recordar esa pesadilla, no sería agradable, se incorporó en su posición al liberar sus labios y verlo cerrar los ojos para concentrarse en su relato.

La mañana que amaneció en brazos de Regina por primera vez después de su partida con Graham al campo, se sintió como en una nube flotando en el cielo, condujo hasta el hospital, se cambió para comenzar con su rutina de todos los días, fue hasta el cuarto del pequeño Henry, quien dormía profundamente, chequeó su historia clínica para familiarizarse con el caso y se fue sutilmente para hacerle una visita a sus demás pacientes, más tarde, vendría para tener una conversación con la madre del pequeño, quien al parecer había ido a desayunar a la cafetería.

La ronda no se complicó como en otras ocasiones, tal vez era porque en esa mañana su positividad aumentó niveles astronómicos, toda esa energía positiva, tenía nombre y apellido, las horas se fueron volando, cuando se dio cuenta, la mitad del día ya era historia, por lo que regresó al cuarto del paciente de Regina, esa vez, sí tuvo una conversación con la mamá, lo examinó, intercambiaron varias palabras, lo elogió por ser un niño tan valiente, dio indicaciones precisas que ambos debían cumplir al pie de la letra y salió de allí sin que su sonrisa ni el brillo de su mirada, cambiaran, aunque el clima no cooperaba pues a mitad de la tarde comenzó a llover muy fuerte y hasta muy entrada la noche la lluvia no cesó, por suerte, logró llegar a su casa donde pensó encontrarse con Regina, pero se equivocó, incluso, su hija le preguntó por ella y no supo qué responderle, entonces sí su preocupación se elevó, esperó a ver si por lo menos recibía una llamada de ella, nada ocurrió, hasta que se le ocurrió llamar a la casa de Cora, era el único lugar donde podía estar, la mujer mayor le devolvió el alma al cuerpo al decirle que Regina dormía y que estaba a salvo, con esa noticia pudo dormir tranquilo, al otro día tempranito salió para el hospital, le esperaba una ardua labor ese día, una cirugía con Robin en la mañana y en la tarde una consulta con pacientes que había citado.

La cirugía con Robin fue exitosa y no tardó tanto como lo habían anticipado, al terminar todavía le quedaba tiempo para relajarse antes de la consulta, por lo que intentó buscar a Regina por todo el hospital, pero no la encontró, en su lugar, alguien más se cruzó en su camino, nada bueno salió de ese encuentro.

"doctor, me alegra verlo", la voz de Zelina, interrumpió su andar por el pasillo central.

"¿qué tal, Zelina?", la trató con la misma cordialidad que acostumbraba.

"lo llamé con el pensamiento, ¡qué poder tiene!", evadió su pregunta.

"¿en qué te puedo ayudar?", ofreció amablemente.

"quiero mover de lugar el sofá de la sala de mi casa y como usted me ayudó la vez anterior en aquella mudanza, me preguntaba si podría contar con su apoyo esta vez", sabía que su lado débil era la bondad.

"sería un placer", logró su objetivo.

"¿podría ser ahora?", cuestionó.

"vamos, al regreso tengo muchos pacientes que atender", advirtió para que supiera que demorarse estaba fuera del plan.

"yo misma lo ayudaré, si usted quiere, por supuesto", con él se comportaba diferente.

"espérame en el estacionamiento, me cambiaré de ropa", le sonrió y lo vio perderse en el cuarto de médicos, aprovechó para recoger sus cosas en su consultorio para luego ir a esperarlo adonde le dijo, menos de diez minutos tardó en llegar, se montaron en el auto y condujeron hasta su casa.

"bienvenido", abrió la puerta y lo invitó a entrar, "¿cafecito?", cuestionó con educación.

"mejor comencemos ya", la urgió.

"doctor, un cafecito no le vendría mal a nadie", intentó persuadirlo.

"acepto", el sorpresivo interés de la pelirroja lo alarmó, por eso le siguió el juego sin levantar sospechas.

"espéreme aquí", se perdió en la cocina de la casa, solo unos minutos tardó en regresar, "espero le guste", ofreció la fina taza de la cual bebió solo un sorbo, la cabeza comenzó a darle vueltas, su visión se nubló, cayó desmayado, de él no supo más hasta el otro día que la primera imagen que vio fue la de Graham, quien comenzó con su tortura psicológica, sus golpes, su juego de poder, luego lo trasladó a un lugar oscuro donde Zelina hizo su entrada triunfal, minutos más tarde.

"te puedes ir, a la misma hora mañana", Graham obedeció sin objetar, no cabía dudas de que el hombre era su títere.

"debo confesar que me equivoqué contigo", en medio de su dolor por los golpes recibidos y por la posición que lo habían atado, pudo hablar.

"mi amor, la opinión que tienes sobre mí, cambiará en cuanto nos casemos, porque debes amarme por quien soy realmente", se alejó para encender las luces del lugar, que resultó ser el almacén personal de Zelina, escondido en el garaje de aquella casa abandonada, "mírame, amor", se acercó a él, tomó su rostro para que mirara en su dirección, "si no quieres mirarme por las buenas, lo harás por las malas, te lo aseguro", buscó un tubo fino que había preparado para la ocasión y le propinó un certero golpe en las costillas, le dolió hasta el alma, pero no lo doblegarían, "levanta la cabeza", ordenó nuevamente, sin recibir respuesta, dejó caer el tubo una segunda vez, "quien manda aquí soy yo, quiero que lo sepas, no tienes otra opción que hacer lo que te ordene, recuerda que así como te secuestré de fácil, tu hija y tu amorcito pueden adelantar el final de sus días en esta tierra", la mención de las dos personas más importantes en su vida, lo hicieron levantar la vista sin esfuerzo alguno.

"te lo advierto, a mí puedes hacerme lo que quieras, pero a ellas déjalas en paz", sus palabras se entrecortaron por la furia que sentía en ese momento.

"qué iluso, mi amor, si quiero matar a esas dos mosquitas muertas, se hará, lo quieras tú o no", dejó clara su posición, "ahora quiero que conozcas a la verdadera Zelina", comenzó a caminar de un lado al otro frente a él, "el iluso de mi hermanito no sabe lo que hizo dándome el puesto de subdirectora del hospital, mis días de gloria no se hicieron esperar", mostró su tesoro, "desviar medicamentos se volvió mi entretenimiento predilecto, venderlos a los narcotraficantes fue el punto cumbre de mi misión, luego amplié el horizonte del negocio desviando valones de oxígeno e insumos médicos", mostró con orgullo su almacén personal.

"es decepcionante escuchar todo eso y de tus propios labios…", el tubo se estrelló contra su estómago una vez más, el aire y las palabras desaparecieron.

"quien ama no se decepciona", pasó la mano por su cabello.

"jamás te amaré", advirtió, "a la única mujer que amo es a Regina", seguía provocando la furia de su secuestradora, pero debía hacérselo entender de una forma u otra.

"ni te recuerda, está amnésica, además, hace mucho tiempo que te separé de ella, me alié con Graham para hacerle creer a la muy sonsa que su esposo padecía una enfermedad terminal, yo misma lo planifiqué todo, falsifiqué los exámenes y acabé con sus planes de vivir juntos", se regodeó en su gran hazaña.

"ni aunque me sometas a las peores torturas que existen, lograrás separarnos", la miró a los ojos, donde leyó sus intenciones, las que comprobó al sentir el golpe del tubo en sus espaldas.

"lástima que el muy imbécil de Graham no pudo llevársela a la cama y hacerle un hijo, hasta para eso es un inservible, por eso la estúpida lo descubrió todo en aquella llamada telefónica", hablaba como si no acabara de ejercer la fuerza que requería para golpearlo, sus problemas psiquiátricos eran mayores de lo que al principio imaginó.

"claro, ese era su plan, me alegro tanto que Regina los haya descubierto", a ese punto de la conversación, poco le importaba si lo mataban a golpes, pero debía expresar sus sentimientos, así lo hizo mientras duró su estancia en ese paraíso como ella misma lo llamaba, pero los golpes aumentaron, lo torturaban entre los dos, Zelina se auxiliaba de Graham, su fuerza masculina le era de gran utilidad, ella lo golpeaba con su tan conocido pedazo de tubo, él, usaba sus manos.

Una mañana, escuchó la voz desconocida de una chica.

"David", susurró cuando intentaba desatarlo de las fuertes cadenas.

"¿quién eres?", cuestionó, las energías le comenzaban a fallar, se negaba a comer o a beber nada que le ofrecían.

"me llamo Ruby y conozco una vía para escapar de aquí", llevaba dos días secuestrada allí, Graham la descubrió porque escuchó lo que planeaban hacerle a David, se asustó, tropezó con un jarrón de la sala de la vieja casa, quedando descubierta, pero por mucho que corrió, su intento de fuga no se concretó.

"esas cadenas están atadas fuertemente, no conseguirás nada, escapa tú", la muchacha presentaba signos de deshidratación y falta de alimentación.

"no me iré de aquí sin ti", advirtió, salió de ahí sin que la descubrieran, no volvió a verla durante los próximos tres días, donde la furia de Zelina crecía por su negativa.

Al quinto día de permanecer encerrado y atado allí en contra de su voluntad, sin comer, sin beber agua, recibiendo aquellas sesiones de torturas físicas y psicológicas, Graham llegó muy tempranito, como siempre, él se encargaba de torturarlo durante el día, Zelina lo hacía en las noches, pero al parecer cambiaron los planes, Ruby había logrado escapar, esta vez, su intento no fracasó.

"eres un inútil, todo lo tengo que hacer yo", los escuchó discutir, algo común entre los dos.

"se me perdió de vista, ¿qué quieres que haga?", enojado cuestionó.

"que seas más útil", lo insultó, "ahora debemos cambiar de planes", los escuchaba hablar de planes, sin saber a qué se referían, lo próximo que escuchó fue un solemne silencio, el que duró muy poco porque el sonido de un auto que se estacionó fuera lo hizo perderse en sus pensamientos, extrañaba a Regina con locura, añoraba tenerla nuevamente entre sus brazos para besarla, para confesarle sus sentimientos, para cumplir su promesa de hacerla recordar su amor.

"te salvas porque Zelina tiene planes para ti, porque si fuera por mí, te quemaría vivo", la voz de Graham, borró la nube de sensaciones que le había provocado el solo hecho de pensar en la mujer que amaba, "camina", a empujones, lo obligó a caminar, luego de quitarle las cadenas de sus muñecas y sus tobillos el dolor por la falta de circulación de estar tantos días en la misma posición le pasó factura a tal punto de no poder dar un paso y la distancia no era corta, "camina, te dije", se tiró en la tierra rendido por las molestias en su cuerpo, lo arrastró hasta llegar a la sala de la casa.

"notario puede comenzar con la ceremonia", habló Zelina, cuando Graham soltó a David en el suelo.

"ni muerto me casaré contigo", advirtió sin intenciones de abandonar su posición.

"Graham", bastó la mención de su nombre para que lo trajera a su lado a como diera lugar.

"escúchame bien, si no firmas los papeles de la boda, mataré a Regina, es tu decisión", por la ventana, pudo ver a Ruby, quien le hizo la señal para que se mantuviera en silencio, movió la cabeza de arriba hasta abajo para que le siguiera la corriente a la desquiciada.

"me casaré contigo", entendió a la perfección la señal de la muchacha, quien, al parecer, era su ángel de la guarda esa mañana.

"así me gusta", se dirigió al notario, "proceda", dio la orden, el hombre, quien parecía tan delincuente como ella, comenzó a pronunciar las palabras tediosas, las que ella, pacientemente se dedicó a escuchar.

"Zelina, ¿aceptas por esposo a David?", preguntó.

"sí, acepto", orgullosa de su respuesta.

"David…", ni lo dejó formular la pregunta, solo quería que esa pesadilla terminara.

"acepto", la mirada de Zelina fue amenazadora cuando interrumpió al notario, pero cambió al escuchar su respuesta.

"los declaro marido y mujer", Zelina lo sorprendió con un beso con sabor al veneno más fulminante que existía.

"¡esposos al fin!", exclamó.

"firme aquí, por favor", el notario le ofreció una pluma y el libro donde quedaba registrado su nuevo estado civil.

"su turno, David", antes de que tomara la pluma en sus manos, una explosión proveniente del garaje donde estuvo encerrado todo ese tiempo, los alarmó a todos.

"hazlo firmar Graham, veré qué ocurre", se fue de la escena.

"firma imbécil", lo ofendió como tanto disfrutaba hacerlo.

"no te muevas o te abro la garganta", Ruby apareció con una pequeña navaja en sus manos amenazando al que fue su amante, "deja que David se vaya", de sentir el filo de la navaja tan cerca, se acobardó e hizo exactamente lo que le había pedido.

"vete", demandó.

Ruby asintió con la cabeza para que supiera que en ella podía confiar, sin importar sus dolores, sus malestares, salió por la puerta, caminó unos cuantos pasos y cuando sintió la segunda explosión, la que lo lanzó por el aire, por haber estado tan cerca de la escena, perdió la audición, el ruido tan fuerte lo dejó sordo, solo un pitico alto y molesto se sentía en sus oídos, como pudo, logró levantarse de la tierra, se acercó a la casa, la cual ardía por las llamas, Ruby, Zelina, Graham y el notario, murieron incinerados dentro, lo sentía por la jovencita quien salvó su vida, pero no había nada que hacer, por eso caminó con dificultad y fue cuando la vio, al principio le parecía una aparición, pestañó varias veces sus ojos para que su mente no le jugara una broma pesada, solo que allí estaba, abrazada de su hija, consolándola, desde allí podía percibir la tristeza de ambas, de seguro lo creían muerto, qué equivocadas estaban porque él estaba vivo, más vivo que nunca, respiró profundo, sostuvo su abdomen, el que ardía del profundo dolor que sentía, continuó caminando con las poquitas fuerzas que le quedaban, le importaba muy poco si tenía costillas fracturadas, deshidratación o si el humo lo había intoxicado, solo tenía una idea clara en su cabeza, esa que le permitió caminar hasta llegar a su encuentro, el que pasó cinco días soñando incluso, con sus ojos abiertos.

"mi amor…", la historia le provocó la más profunda de las tristezas.

"sí", la interrumpió, "tu amor fue lo que me mantuvo vivo durante esas horas que me parecieron una eternidad", ambos lloraban, ella se sentó en su regazo tenía que consolarlo, abrazarlo, protegerlo, hacerle saber que todo aquel infierno vivido, había quedado en el pasado.

"fuiste muy valiente, viviste una cruel pesadilla en manos de esa loca, pero la vencimos, mi vida, la vencimos", repartió besos por todo su rostro, los que tenían un sabor salado por las lágrimas derramadas.

"Robin", pronunció entre los besos protectores de Regina, quien le estaba brindando la paz inmensa que tanto le hacía falta.

"lo sé", ninguno de los dos se había atrevido a decirle la verdad a su amigo, sabían cuánto amaba a su hermana, sería un golpe duro descubrir sus delitos y no se equivocaron, al otro día se llenaron de valor, llamaron al inspector Flinn quien los ayudó a contarle toda la verdad, la que fue muy difícil de asimilar por él, le dieron el tiempo prudente para que procesara la información.

Lo próximo que ocurrió, fue el citatorio para el juicio de Zelina, el que duró tres intensos días, David, testigo clave en el caso, tuvo que asistir en las tres sesiones, Regina, por supuesto, lo acompañó, lo apoyó y cuando lo llamaron al estrado para declarar ante el jurado, sus recuerdos lo traicionaron al punto de ponerse demasiado nervioso, ella lo calmó con su paciencia, con su amor, fue su fortaleza en ese momento de debilidad, cuando Zelina fue declarada culpable por la larga lista de delitos cometidos y enviada a una cárcel de máxima seguridad, sus vidas volvieron a la normalidad, trabajaban en el hospital, compartían con sus amigos y se amaban intensamente.

Un mes después de que comenzaran a olvidarse que Zelina alguna vez existió, Regina cambió su comportamiento con David, no fue tan evidente ante los ojos de todos, pero él se dio cuenta de inmediato, decidió darle su espacio, incluso, inventaba turnos de guardia imprevistos para no pasar tiempo con él durante las noches y al otro día, ni descansaba en la post guardia, la veía agotada, le preocupaba demasiado, su silencio lo hería, le dolía el corazón saber que con toda la confianza que se habían entregado, la situación hubiese llegado a ese límite, decidió actuar cuando Aurora le comentó que una tarde la encontró desmayada en su consultorio antes de comenzar con la consulta.

"buenos días para la mujer más hermosa del mundo", la noche anterior tampoco habían dormido juntos, sospechosamente, accedió cubrir la guardia de su amiga Mary.

"qué tempranito", respondió.

"vengo a darte todos los besos que anoche por tu guardia, no pude", su actitud era invariable, el mismo David del que se había enamorado.

"tengo que cambiarme", no le permitía un acercamiento, minutos antes de su llegada, había recibido una noticia que la desestabilizó por completo, lloraba cuando escuchó sus pasos acercarse, logró secar su rostro, pero la conocía demasiado, si le permitía un simple roce comenzaría a cuestionar, había tenido que apartarlo un poco, estaba aterrada.

"¿tienes mucho trabajo hoy, mi diosa?", seguía siendo tan amoroso con ella, con cada palabra que lo escuchaba decirle, se moría por abrazarlo y confesarle el verdadero motivo de su cambio, pero, si lo perdía por eso, el alejamiento entre ambos ayudaría para que el dolor fuera menor, así que continuaba cambiándose de ropa.

"demasiado, Mary y yo tenemos una cirugía a las tres de la tarde", informó.

La escuchó atentamente, si tenía una cirugía programada y no había descansado la noche anterior, podía cansarse el doble por la sobrecarga de trabajo, su bienestar era su prioridad.

"necesito un gran favor tuyo", se disponía a formular una afirmación que no la hiciera sospechar de su incomodidad, cuando entró Robin.

"buenos días", lo hizo reír por el tono de ironía que utilizó.

"perdón", se disculpó por su falta educación, "es mi guardia hoy, Marian tuvo la presión alta y quiero quedarme a cuidarla esta noche", explicó.

"debo preguntarle a mi señora esposa", bromeó, claro que le haría un favor a su incondicional, si estuviera en la misma situación, no se despegaría de ella ni un segundo.

"por supuesto que sí mi vida", salió completamente transformada en la misma Regina que conocía, hasta lo besó delante de Robin, aumentando sus sospechas por sus intempestivos cambios de actitud.

"la dueña de mis días dijo la decisión final", siguió el ritmo de la conversación para aprovecharse y robarle otro beso, extrañaba tenerla así de apasionada y atrevida con él.

"gracias a los dos", la preocupación en el rostro de Robin no le permitía entrar en el juego de ambos, por eso los dejó en el cuarto de médicos para que continuaran compartiendo besos y caricias.

Como la tenía tan cerca, la miró intensamente, se dio cuenta de inmediato que estuvo llorando, la tristeza de sus ojos se lo comprobó, "¿por qué?", cuestionó, la vio pestañar varias veces como temiendo tener esa inevitable conversación con él, también se sostuvo del cuello de su camisa con más fuerza de la que acostumbrada.

"con permiso", interrumpieron el crucial momento, ambos se apartaron.

"¡Henry!", disimuló su estado de nervios al ver al niño que llegaba acompañado de su mamá.

"¡doctora!", correspondió su efusividad, "tenía muchos deseos de verla", luego de su alta del hospital no volvieron a coincidir.

"ven aquí", se sentó y lo invitó a que se acercara para observarlo detenidamente.

"hace días que me pidió que viniéramos", intervino la mamá.

"quería darles las gracias a los dos", se prendió de su cuello, el simple gesto la hizo llorar, su sensibilidad se había disparado a niveles no conocidos por ella.

"los consejos que nos dieron fueron de mucha utilidad", informó la madre del niño.

"la terapia es lo más adecuado en estos casos, el campeón ha mejorado mucho y es por ese motivo", David la abrazó por los hombros mientras ambos admiraban a Regina desbordarse en sentimientos con el niño en sus brazos.

"tuve razón cuando dije que eres un niño valiente, luchador", se dio cuenta de que la observaban en medio de su llanto y rompió el intercambio.

"me ayudaron mucho", dijo Henry.

"si no hubiese sido por la excelente atención que recibió, todavía estaríamos perdidos", la mamá terminó su intervención.

"tampoco es para tanto", su sencillez habló por él.

"David está en lo correcto", solo habían hecho su trabajo.

"pueden decir lo que quieran, estoy muy agradecida porque salvaron la vida de mi pequeño, eso no tiene precio", Henry se prendió de la cintura de su mamá.

Orgullosos por el cariño que madre e hijo se profesaban, se quedaron en silencio admirándolos, hasta que se despidieron, debían comenzar con la terapia que tan importante había sido para que la vida del niño volviera a la normalidad.

Cuando se quedaron solos, David decidió dejar las cosas tal y como estaban, ambos se fueron a cumplir con la jornada de trabajo, su guardia fue movida desde muy temprano, ella, consultó en la mañana a una lista reducida de pacientes, en la tarde, la cirugía consumió el resto del día, exhausta una vez terminaron en el quirófano, se cambió de ropa, se lavó las manos y se encerró en su consultorio, necesitaba pensar, con el ajetreo del trabajo, puso en pausa la gran preocupación que cargaban sus hombros, tomó el sobre que en la mañana le habían entregado, lo abrió, leyó por enésima vez lo que estaba escrito, sus ojos la traicionaron, comenzó a llorar sin querer detenerse, tenía en sus manos la razón de todos sus miedos, de sus preocupaciones, por lo que evadía acercarse al hombre que amaba, la sola idea de perderlo le partía el corazón, vivir sin él le destrozaba el alma.

"estás aquí", entró Mary, descubriéndola en medio de su tormenta, "¿qué te ocurre?, ¿por qué lloras?", se sentó frente a ella.

"nada", intentó limpiar sus mejillas, fallando en el intento.

"no me mientas Regina Mills, te conozco perfectamente…", se detuvo, su amiga le ofrecía un papel blanco.

"ahí tienes", quería una explicación, se la estaba dando.

"esto es…", vio que Regina levantó una mano impidiéndole continuar.

"inesperado", terminó por ella.

"¿lo sabe?", el tono de su voz la delató, pero debía preguntar.

"todavía", sintió las manos de su hermana encima de las suyas.

"habla con él", intentó hacerla razonar con claridad.

"¿y si lo pierdo por esto, Mary?, no sé qué hacer sin él", exteriorizó su mayor miedo, perderlo sería su fin.

"¿por qué crees eso?", cuestionó.

"jamás hemos hablado del tema", respondió.

"con más razón, tienes que hablar con él", la solución a su problema se resolvía diciendo la verdad.

"tengo miedo", dijo entre dientes.

"¿crees que no lo sé?, eres mi hermana, no puedes ocultarme nada, ya te lo dije", repitió para que dejara de comportarse como una niña y se pusiera los pantalones de mujer.

"lo extraño", confesó, se había privado tanto de él, que le dolía la distancia que ella misma impuso entre ambos.

"es que esa terquedad acabará contigo", el silencio les hizo bien a las dos, tanto que Mary se paró de su silla para darle un abrazo, le daría las fuerzas que necesitaba, luego salió sin decir palabra.

Su amiga la dejó peor que antes, recogió sus cosas, cerró el consultorio, miró para todos lados asegurándose de que David no la viera y se fue sin despedirse de él, tomó un taxi que la dejó en la puerta de la casa, se dio un baño, preparó una merienda ligera y se acostó a intentar dormir, al otro día, se enfrentaría a sus monstruos internos, por eso, el llanto fue indetenible, tal vez, esa sería la última noche que pasaría en esa casa, donde vivió los días más felices de su vida.

"¿el amor de mi vida ya está despierta?", cerró los ojos al sentir sus manos abrazarla por la cintura, todo su cuerpo reaccionó al reconocerlo, era lógica su respuesta ante sus caricias, lo extrañaba demasiado.

"te esperaba", intentó quedar inadvertida ante él, fue una batalla perdida.

"qué lindo es saber que después de haberme pasado una guardia terrible, mi mujer me espera con un rico desayuno preparado", dijo muy cerca de su oído.

"basta", habló sin pensar y se alejó de sus brazos dándole la espalda.

"¿ahora sí me dirás?", no se atrevía a mirarlo, "¿recuerdas la promesa que nos hicimos?", seguía cuestionando, "algo te ocurre y no quieres contarme", acortó la distancia entre los dos, "puedes decir lo que quieras, estoy aquí, te apoyaré siempre, en todo, te amo Regina", la tomó por los brazos para que se girara y poder mirarla a los ojos.

"estoy embarazada", confesó de una vez, lo que venía ocultándole hacía semanas, la expresión del rostro de David, le comprobaba todos y cada uno de los miedos con los que venía luchando, una lágrima salió sin pedir permiso, esa noticia era el fin de su sueño de amor.