Aquel pequeño silencio fue torturador, la mirada de David era como el fuego quemando cada poro de su piel, mantuvo sus ojos en los de él, pero cuando no recibió respuesta, miró hacia abajo evadiendo la presión del azul de sus ojos, quizás en la nada encontraría la solución a su gran dilema, las lágrimas continuaban traicionándola, de pronto, sin que lo anticipara, lo tuvo encima besándola desesperadamente, la intensidad de ese beso hizo que todo su cuerpo temblara incontrolablemente, las piernas no le respondían, la respiración se le desapareció, juraba que podría desmayarse en cualquier momento, se quedó paralizada ante esa reacción, sentía que la abrazaba con toda su fuerza, con todo su amor, con todo su corazón y ella sin reaccionar, pero no podía seguir permitiendo que esta situación la superara, cerró los ojos para disfrutar de ese momento que tanto había extrañado, levantó los brazos para prenderse de su cuello, acariciarle el cabello como amaba hacer y responder al demandante beso, el que disfrutó como si fuera el primero, permitió que tomara el control de la situación, que sus caricias la relajaran, que el danzar de sus labios sobre los suyos, borrara sus inseguridades, sus miedos, lo tenía allí, entre sus brazos, no lo había perdido como tanto temió.

"David", un sollozo acompañado de un mar de lágrimas se escuchó en la escena.

"mi vida", unió sus frentes para poderla mirar a los ojos, la sentía muerta de miedo sin entender la razón.

"¿escuchaste lo que te dije?", seguía sollozando.

"sí", acariciaba su cabello y como la respiración se había normalizado un poco, envolvió sus labios en otro beso, quería demostrarle sus sentimientos con acciones, no, con palabras, cuando el aire fue imprescindible, se separaron, ella se desprendió de su cuello para abrazarse a sus espaldas y recostar su rostro en su pecho, donde continuó llorando, "esta es la noticia más hermosa que pudiste haberme dado", le dijo acariciando sus mejillas después de un cómodo silencio, enseguida tuvo los bellos ojos de Regina mirándolo con devoción.

"eres lo mejor que me ha pasado", esta vez, fue ella quien comenzó a besarlo como dejándose el alma en ello.

"mi amor", llamó su atención, "eres mi vida entera", dejó sus labios para hablarle cerquita de su oído, "la mujer que me salvó del borde del precipicio", besó su frente, "de quien me enamoré profundamente", continuó cubriendo su rostro con pequeños besos, los que alternó con palabras, "y quien ahora, me dará un bebé", detuvo esas pequeñas atenciones para hacerle una pregunta que le daría la plena seguridad de que no tenía nada que temer, "¿crees que esas sean pocas las razones que tengo para sentir esta inmensa felicidad?", tomó su mano y la colocó en el lado izquierdo de su pecho, "¿sientes eso?", Regina asintió, "mi corazón está volando de tanta emoción", le dio otro abrazo.

"gracias", la única palabra que pudo decir, se sentía abrumada ante tal derroche de amor.

"te amo", reafirmó con propiedad, esa era la explicación más sencilla que encontraba para justificar su reacción, tenía que recordárselo.

"yo también te amo", correspondió.

"ni vi qué preparaste para el desayuno", luego de unos minutos donde ambos recobraron la compostura, regodeándose mutuamente en un abrazo que ambos necesitaban, hizo como si nada de eso hubiese ocurrido.

"algo que te gusta mucho", la voz aún le temblaba, se le pasaría luego.

"lo puedo imaginar", cerró los ojos deleitándose en el pensamiento.

"goloso", bromeó, la expresión de su rostro le dejó la noción perfecta de sus ideas locas.

"de ti, siempre", aclaró, "además, mi esposa me tenía abandonado", continuó la argumentación, Regina suspiró.

"¿no quieres desayunar?", cuestionó porque el tema se había desviado.

"desayunemos", el día recién comenzaba, porque si era posible la encerraría en la casa, haría lo que fuera para mantenerla en sus brazos durante todo el día, "espérame en la mesa, a partir de hoy te consentiré y te mimaré mucho más", por suerte especificó, no había quien la malcriara tanto como él.

"sin objeciones", levantó sus manos en señal de rendición, quiso alejarse, pero la detuvo.

"¿adónde vas tan rápido?", se agachó frente a ella para besar su vientre, "mi angelito, soy papá, este fue, mi primer besito", lo miraba con ternura, "ni te preocupes, habrán muchos más", se abrazó a ella, "no puedo esperar para conocerte, quiero que seas tan hermoso como tu mamá", habló como si fuera un secreto entre el bebé y él, "los amo mucho", terminó su intervención, levantó su vista porque los sollozos de Regina no cesaban, "quedas en libertad", cambió el tono de voz para una pequeña bromita.

Dubitativa, se alejó de la cocina para sentarse a la mesa como le había ordenado, la imagen de David arrodillado frente a ella, hablándole al bebé, fue de las escenas más hermosas que sus ojos pudieron haber disfrutado jamás.

"listo", tenía razón cuando le dijo que le preparó su desayuno favorito, lo llevó a la mesa y se sentó a su lado.

"¿te gustó lo que preparé?", cuestionó.

"conoces bien esa respuesta", sirvió el jugo de pera en las copas y probó las tostadas dulces, desde la primera vez que le preparó esa receta quedó encantado, tostadas horneadas con mantequilla de maní.

"a juzgar por tu rostro", verlo disfrutar de la comida era un placer muy grande.

"cuéntamelo todo", tomó una tostada para que ella diera el primer bocado, tenía que asegurarse de mantenerla alimentada correctamente.

"¿qué quieres saber?", conociéndolo, sabía a lo que se refería.

"¿cuánto tiempo tienes?, ¿cuándo lo supiste?, todo", cada detalle del embarazo era importante para él.

"dos meses", lo vio haciendo cuentas silenciosamente, "hace un mes comencé a tener mis sospechas y algunas molestias fuera de lo común…", la interrumpió.

"¿quiere decir que fue en nuestra luna de miel?", Regina asintió.

"sí, mi amor, el día que nos pasamos toda la noche sin dormir, estábamos concibiendo a nuestro angelito", lo vio sonreír satisfecho porque llamó al bebé de la misma forma que lo hizo él hacía solo unos minutos, "bueno, fui a ver a mi ginecóloga, me hizo un examen para concluir que el anticonceptivo se había movido de lugar y debía extraerlo", se detuvo porque venía una parte complicada de la historia, pero recordó el dolor con el que mencionó el juramento que se habían hecho, de no esconderse nada.

"¿me quieres decir que…?", se imaginó su reacción.

"sí, uno de los días que supuestamente tuve guardia, me quedé internada en el hospital toda la noche", la intervención fue sencilla, pero molesta, además, hubo algunas complicaciones que no previeron, la primera, unos dolores agudos que le impidieron caminar, no quería que la viera en ese estado "días después de que me recuperara porque tuve un sangrado…", la tristeza y la preocupación aumentaban.

"¿tuviste un sangrado?", cuestionó consternado.

"no te preocupes mi amor, estamos bien", aseguró, "me ordenó exámenes profundos", debía enseñarle los resultados que le entregaron el día anterior, pero la ventaja de ser médico le permitió interpretar muy bien lo que aquellas numeraciones significaban, "mañana tengo cita para el primer ultrasonido", continuó hablando sin pensar para no guardarse nada.

"no", lo miró confundida, "atenderé tu embarazo", se tensó por un momento, "la doctora French es de las mejores, pero es mi hijo", especificó.

"nada me gustaría más", le encantaba la propuesta, verlo así de emocionado, como un niño sobreprotector y territorial, le demostraba cuán equivocada estuvo al dudar de su amor.

"te ayudaré con la limpieza", advirtió, que ni se le ocurriera que durante el embarazo le permitiría hacer esfuerzos.

"debo cambiarme para ir al hospital", él estaba de post guardia, pero ella no, "sin argumentar porque trabajaré mientras tu angelito me permita caminar", lo dejaría consentirla todo lo que a él se le ocurriera, pero el encierro en la casa estaba fuera del tema de discusión, por el momento.

Al escucharla hablarle con esa autoridad, hizo un gesto encima de sus labios como sellándolos para que ninguna palabra se atreviera a salir, le provocó risa su ocurrencia, tanto que dejó un corto beso en sus labios y la vio subir las escaleras con una expresión diferente en su rostro, suspiró enternecido por eso, aunque no lo demostró, durante los días que la sintió distante con él sin saber el motivo, pensó que podía perderla.

Al llegar a la habitación, cerró la puerta y se recostó a ella, tenía que pensar en lo que acababa de ocurrir, su terquedad la hizo actuar incorrectamente, hiriendo a la persona que más amaba, puso sus manos encima de su rostro, estuvo a punto de acabar con su felicidad, se castigaba por eso, a partir de ese momento, debía pensar mucho más las decisiones que tomaría, por su bien y por el del bebé, frotó sus manos en su vientre, sonrió con orgullo de solo saber que no había nacido y ya tenía el amor de sus papás.

Con esa sensación, decidió darse una ducha relajante de agua caliente, le sería de mucha utilidad para borrar las malas noches que pasó atormentándose la cabeza con algo que nunca ocurrió, se quitó la ropa, se encerró en el baño, abrió la ducha para que alcanzara la temperatura adecuada, cerró las puertas de corredera de la bañera, las que pronto comenzaron a llenarse de vapor, el agua mojaba cada rincón de su cuerpo, tanto se deleitó al escuchar el sonido de la ducha, que ni cuenta se dio de la entrada de David, lo supo cuando comenzó a besarla desesperadamente.

"no me prives más de ti", dijo entre sus labios sin que el beso terminara, además, ninguno de los dos quería ceder, besarse con el agua de la ducha mojándolos era uno de sus escenarios favoritos para disfrutar de su amor.

Cuando ambos se detuvieron permitiéndose normalizar la respiración, David besaba su cuello, luego pasó a sus hombros, sabía lo mucho que la hacía disfrutar cada vez que besaba cada rincón de su piel, continuó con sus atenciones, se fue moviendo de lugar hasta quedar detrás de ella, tomó su brazo derecho, besó su mano y la enredó en su cuello, repitió la acción con el izquierdo, la vio recostar su cabeza a su hombro y mirarlo directo a los ojos, silenciosamente le pedía un beso, el que ni pensó para concederle, siempre dispuesto a cumplir con sus deseos.

El calor de sus cuerpos fundidos en uno, era superior al del agua que caía de la ducha y los empapaba, y qué hablar de ese beso tan lleno de pasión, de deseo, de entrega, de amor, sentirlo nuevamente tan hambriento de ella la lanzaba directo al paraíso sin protestar, de pronto las manos de David que viajaban libremente por su cuerpo, se detuvieron en sus pechos, siseó entre sus labios, porque el embarazo la tenía demasiado sensible.

"no te haré daño, mi reina, no tengas miedo", comenzó a trazar suaves círculos con las palmas de sus manos para que se relajara, de solo verla, supo los pequeños pero perceptibles cambios en su cuerpo, el que conocía como la palma de su mano, dejó sus labios para besar su cuello, sentía que Regina se sostenía con fuerza señal inequívoca de que ya sus piernas habían perdido el equilibrio y su único sostén era su cuerpo.

"entre tus brazos el miedo no existe", le dijo seductora, afirmándole la gran confianza que tenía en él, la respuesta ante sus palabras fue un beso aún más profundo, el que respondió de inmediato.

"te extrañé demasiado", el tono de su voz lo incentivó a que continuara, dejó sus pechos para acariciar su sexo el que necesitaba aumentar su excitación, debido al agua podía lastimarla y ni pensarlo.

"no te detengas", sabía lo extremadamente cuidadoso que era cada vez que hacían el amor en el baño.

"yo también quiero sentirte, mi vida, solo quería saber si estabas lista para mí", leyó entre líneas, no necesitaba pedirle nada, sus reacciones ante cada caricia que le daba, lo animaban a continuar, por eso seguía estimulándola tortuosamente.

"¿y lo comprobaste?", claramente lo estaba provocando.

"perversa", profundizó aún más sus acciones en su sexo, si quería jugar, le daría una probadita de su propio chocolate.

"no me respondiste", tomó su cuello para atraerlo a un beso hambriento, sintió que la inclinaba hacia adelante y se separaba solo un poquito para adentrarse en ella lentamente como tanto sabía que la enloquecía, bajó sus manos para ponerlas encima de las de él que ahora la sostenían por los muslos y entrelazar sus dedos con mucha fuerza.

Cuando estuvo unido a ella completamente, se detuvo, esa posición siempre lo hacía perder el control, no lo podía permitir, quería disfrutarla, aprovechar cada instante para amarla con devoción como solo a él se lo permitía, por eso comenzó a moverse sin premura, susurraba palabras amorosas en su oído sin dejar de admirarla con sus ojos cerrados por el placer que le provocaba.

"rápido", pidió entre las palabras sin sentido que pronunciaba, estaba completamente perdida y se dejó llevar, abrió los ojos para encontrarse con los de él mirándola intensamente, su corazón se paralizó al leer en sus pupilas el gran amor que le profesaba, aunque no era nada nuevo, pero esa inmensidad la emocionó al punto de que sus lágrimas comenzaron a caer.

"sus deseos son órdenes mi reina", inició un ritmo castigador que ella le siguió de inmediato, de esa forma llegaba más profundo y acariciaba todos sus puntos más sensibles, tomó una de sus manos entrelazadas para llevarla a sus labios y besarla tiernamente, "te amo Regina", nunca perdieron el contacto visual, le dolía profundamente verla llorar, por eso con sus besos borró la humedad de sus mejillas que no era ocasionada por el agua que caía.

"mi amor n…", trató de explicarle, pero sus besos le impidieron formular una palabra más, se embriagó tanto de sus labios que su cuerpo se estremeció de pies a cabeza, "juntos", lo invitó a que no se cohibiera de nada, que disfrutara al máximo el punto cumbre de su placer conjunto.

En medio del clímax del momento, el cuerpo de Regina se contrajo tanto que no pudo controlarlo y salió de su interior, con tristeza, molestia e inconformidad, la escuchó lloriquear por sentirlo lejos de ella, "shhh, estoy aquí", le aseguró en medio de un certero movimiento que le permitió retomar su posición dentro de ella para hacer eterno ese instante de puro placer.

"no me dejes caer", le pidió cuando se detuvo, todo su ser temblaba, las piernas no eran la excepción.

"ni muerto", la estrechó por la cintura uniéndola a su cuerpo, si es que era posible, puso sus delicadas manos encima de las suyas, continuaron abrazados regodeándose uno en el otro, él, repartía besos por sus hombros, ella, lo cosquilleaba con la punta de sus dedos, deleitándose en la sensación de tenerlo aún, muy dentro de ella, la conocía por eso ni se había atrevido a retirarse.

"sé lo que planea esa cabecita", la posesividad con que la sostenía, descubrió de inmediato sus planes.

"¿yo?", cuestionó con inocencia.

"sí usted", seguía besándola sin importar la conversación.

"soy inocente", una carcajada salió de sus labios, "y el sonido de tu risa es la melodía más dulce que he tenido el placer de disfrutar", inclinó su cabeza para besar sus labios muy despacito.

"no tienes que convencerme, acepto", murmuró mientras la besaba.

"¿qué dijiste?", detuvo el beso para escucharla mejor.

"que me quedaré contigo todo el día", fue como si hubiesen prendido fuego a la pólvora, cambió su posición para tenerla frente a frente y besarla con esmero, con devoción, caminaron hasta encontrarse con la fría pared, acariciaba sus musculosos antebrazos, sus mejillas, sus espaldas, su cabello.

Con la confirmación que necesitaba aprovecharía para embriagarse de ella, admirarla como a una reina y venerarla como a una diosa, "eres hermosa", dijo casi sin poder, ese beso les robó el aliento, se separó para mirarla de arriba hasta abajo, Regina cerró los ojos, sentía que su voz se había ido de vacaciones, "mírame mi amor", le pidió y obedeció de inmediato, "tus ojos son como una obra de arte", si continuaba así, la haría llorar una vez más, "tu cuerpo es el laberinto donde me quiero perder", la acarició suavemente haciéndola vibrar ante su toque, "y tus labios, la droga de la que me declaro adicto", terminó su intervención con el más dulce de los besos.

"¿qué hice para merecerte?", cuestionó, a veces creía que no era digna de tenerlo.

"ser tan extraordinaria como eres", cerró la ducha, la cargó entre sus brazos, abrió las puertas y la llevó hasta la cama para acostarse a su lado con la cabeza recostada a su codo izquierdo, "tenemos que decírselo a todos", puso la otra mano en su vientre.

"mañana", ese día era solo para los ellos.

"angelito", puso su cabeza en su vientre, "quiero decirte que tu papá está feliz porque estás ahí", el sube y baja de la respiración acelerada de Regina le daba la idea de que sus palabras la tenían extasiada, "no sabes cuánto soñé con este momento", la alegría porque sus sueños se hicieron realidad lo invadía.

"perdón", la miró de inmediato, "por haberme dejado llevar por mi terquedad una vez más", reconoció su mal proceder.

"tuve tanto miedo de que me hubieras dejado de amar", confesó el miedo que sintió durante esos días de distancia e indiferencia.

"primero se secan los océanos antes de que eso ocurra", dejar de sentir amor por él, parecía un delito impagable, "pero tuve miedo, mucho miedo", tenían que hablar de ese tema.

"¿de qué?", no entendía.

"de perderte", su voz reflejó toda su tristeza, "de que no quisieras tener otro hijo", respiró profundo, "jamás hablamos de ese tema", era la verdad.

"pues ahora estamos hablando, quiero que seas la madre de mis hijos, quiero ser el padre más consentidor de todos, quiero malcriarte en cada embarazo, quiero conservar fotos de tus pancitas, quiero amarte hasta el último día de mi vida", debía darle una lección, "quiero que te quede claro", terminaría con sus dudas de una vez y para siempre.

"te has encargado de que así sea", aseguró.

"sabes lo que me duele que hubieras pasado por todo lo que pasaste sin mí", tenía que sacarse esa espinita, de lo contrario crecería y les haría mucho daño.

"perdóname", su reproche sacó las lágrimas que venía reprimiendo.

"no me quiero perder ni una lágrima tuya, ni uno de tus dolores, quiero ser capaz de darte una pastilla cuando te sientas mal, quiero ser quien calme tu mal humor, quiero hacerte chistes para ser el responsable de tus sonrisas, quiero estar en la tristeza y en la alegría, quiero ser quien te dé las buenas noches y la primera imagen que veas al abrir los ojos cada mañana, pero sobre todo, quiero que compartas conmigo cada segundo del resto de nuestras vidas", al terminar Regina estaba deshecha en llanto, "no llores mi vida, mi reina, mi diosa, estoy aquí, no me iré a ninguna parte, puedes estar segura", trazó un camino de besos desde su vientre hasta sus labios, "te amo", esas dos palabras lo resumían todo, cambió de posición para ahora tenerla encima de su cuerpo con la cabeza recostada a su corazón, el silencio que reinó en la escena lo relajó al punto de quedare dormido, pero antes de perder por completo la noción del tiempo, escuchó la voz de Regina.

"te amo con todo lo que soy", supo que el sueño lo estaba venciendo, no podía dejar para luego esa confesión, lo escuchó sonreír, cerró los ojos y ambos se quedaron profundamente dormidos.

Más tarde, después de haber descansado, despertaron con mucha hambre, David comenzó a cocinar un delicioso almuerzo, ella, mientras esperaba, decidió cambiar la ropa de cama, con la humedad por haber salido del baño completamente empapados, se había arruinado.

"ya quería ir a buscarte", dijo al verla bajar las escaleras.

"también te extrañaba", se abrazaron para recompensar los minutos que estuvieron separados.

"quiero pintar el cuarto de nuestro bebé", presentía que, en los próximos nueve meses, el bebé sería su único tema de conversación.

"¿qué color se te ocurre?", cuestionó, siguiéndole la corriente.

"un amarillito claro", sin titubeos respondió.

"me gusta", ese color se vería muy hermoso.

"también conozco una persona que puede hacernos la cunita y el armario para guardar la ropita", era un carpintero amigo de la familia, quien siempre se encargaba de amueblar la casa, un verdadero artista de la carpintería.

"¿quieres una hembra o un varón?", a ella no le importaba, solo que fuera un bebé saludable.

"lo amaré de igual manera sea cual sea el sexo", una respuesta que la hizo sentirse orgullosa.

"quiero que tenga tus ojos y tu cabello", ser capaz de verlo en los ojitos del bebé sería como un sueño hecho realidad, sentiría lo mismo que sentía cada vez que Emma la miraba.

"y yo que diga papá y leerle cuentos todas las noches", esas ocurrencias no dejaban de provocarle mucha gracia.

"serás lo primero que vea al llegar al mundo", como sería él quien haría el parto, lo conocería primero que a ella.

"deje esos celitos doctora, tengo amor para los dos", le dio un beso para asegurárselo.

"espero no interrumpir algo", la voz de Emma detuvo su intercambio, tanto se enajenaron que el sonido de la puerta al abrirse pasó desapercibido, "¿celebran algo?", el olor a su comida favorita inundó sus sentidos.

"si que tendrás un hermanito es motivo de celebración, pues sí, estamos de fiesta", ingenuamente lanzó ese comentario, los ojos de su hija se abrieron de par en par.

"¿escuché bien?, Regina dime que no aluciné", la vio mover la cabeza de un lado al otro, cuando padre e hija se unían, no podía distinguir las diferencias entre los dos, "¿cuál será el nombre?, ¿será hembra o varón?", cuestionó casi sin que se le entendiera una palabra, corría hasta ellos a pasos agigantados para abrazarlos y demostrarle su alegría por el nuevo acontecimiento.

"mi vida, solo tengo dos meses, es imposible saberlo ahora", acariciaba su largo cabello rubio.

"¿los tíos y la abuela lo saben?", su arsenal de preguntas no terminaba.

"se lo diremos mañana a primera hora y en la tarde iremos a ver a Augusto para que comience a trabajar en la cunita, tiene que ser hermosa", explicó para ver si saciaba la curiosidad de su hija.

"con mi primer sueldo compraré un juguetico hermoso", ambos la miraron, venía a darles una sorpresa, terminó ella siendo la sorprendida, "Arturo y yo encontramos trabajo", esas sí que eran buenas noticias, días anteriores les había comentado que se sentía decepcionada por no encontrar empleo.

"cuéntanos de la universidad, ¿cómo te va?", parecía que hacía años no se veían, los visitaba diariamente.

"esa misma pregunta me la hiciste ayer", se alzó en puntillitas para darle un beso en la frente a su papá, amaba que fuera así de curioso con todo lo que ocurría en su vida.

"tienes razón, tu padre ya se siente viejito", tener la aprobación de su hija mayor a cada paso que daba lo motivaba.

"quiero que mi cuarto sea de mi hermanito", le encantaría que fuera varoncito.

"presiento que si es varón habrá más de uno que celebre", recordaba el comentario de Mary, cuando le dijo que sería feliz con que sus hijos fueran grandes amigos como ellas dos.

"seré la primera", estaba incluida en esa lista, pero no importaba lo que fuera, sería su hermanito, lo querría mucho, de hecho, no había nacido y ya sentía que lo amaba.

"muero de hambre", comentó David.

"con ese olor, alguien se ha despertado", señaló para su estómago, padre e hija se alimentaban por un ejército entero.

"almorcemos entonces", los conocía muy bien como para interpretar la expresión de sus rostros, ambos estaban hambrientos, por eso dijo las palabras mágicas y entre los tres pusieron la mesa, almorzaron en plena armonía, Emma les contó los por menores de su nuevo trabajo, que la vida universitaria era maravillosa, que por suerte no tenía ninguna materia relacionada con las matemáticas, Regina sonrió por eso, aunque extrañaba sus clases con la rubia.

"a partir de hoy me convertiré en la hermana más cariñosa de todo el mundo, vendré a verte todos los días y te llamaré día y noche para saber cómo estás", debió ser doctora como su padre, otra opción no tenía, más que asentir ante su promesa, entre ella y David la abrumarían con tanto cariño, aunque le encantaba sentirse consentida por su esposo y por su hija.

"serás mi espía, quiero un reporte completo de tu investigación", Regina se puso las manos en el rostro por lo que acababa de escuchar.

"trato hecho, mi capitán, tendrá su reporte diario", los dos en su contra, ahora sí que estaba completa.

"me portaré bien", David tosió.

"imagínate que no quiere dejar de trabajar", fue como un regaño.

"tu hijo se portará bien, ¿no es verdad mi bebé?", miró para su vientre.

"eso espero, porque me lo llevaré para mi casa los fines de semana", los planes para el futuro no podían faltar.

"me imagino a tu novio enseñándole a controlar ese equipo de música", los tres rieron a carcajadas.

"eso es bueno, así alegra nuestras fiestas", aprobó Regina.

"resumiendo, lo amaré mucho", momentos familiares inolvidables.

"como mismo te amamos a ti, mi rubia peligrosa", la estrechó entre sus brazos, David se les unió al abrazo.

"debo irme", comentó Emma, se despidieron de ella, la acompañaron hasta la salida y el resto del día lo pasaron sentados en el sofá, Regina entre las piernas de David planeando cómo sería sus vidas a partir de ese momento, se fueron a la habitación relativamente temprano, se dieron caricias, muchos besos, se acurrucaron y durmieron tranquilamente hasta el otro día.

"amor, el desayuno está listo", estaba encerrada en el baño.

"no puedo comer nada, me siento mal", al escuchar estas palabras, David abrió la puerta y entró.

"¿qué haces ahí?", estaba sentada en el suelo, "¿tuviste un mareo?", preguntó asustado, sus mejillas estaban enrojecidas y sus ojos humedecidos.

"llevo sentada aquí hace más de media hora", explicó, lo vio agacharse a su nivel, levantarla entre sus brazos y llevarla a la cama.

"ves por qué te digo que debes quedarte aquí", aprovechaba cada oportunidad para convencerla de quedarse en la casa.

"se me pasará", entendió el significado de su comentario.

"entonces me quedaré aquí hasta que te sientas mejor", se acostó a su lado, pasando las manos por su cabello.

"me siento mejor", minutos después le informó.

"te buscaré unas pastillas para disminuir esos malestares", daría lo que no tenía para que esos síntomas del embarazo desaparecieran para siempre, o ser él quien los sufriera por ella.

"estaremos bien, mi amor", hacía falta más que unas simples náuseas para vencerla, "anda, vamos a trabajar, el hospital me distraerá", este era solo el inicio.

"pórtate bien con mamita", besó su vientre antes de que ambos se levantaran de la cama y se dispusieran a salir a trabajar.

Llegaron al hospital abrazados y risueños, se fueron a cambiar al cuarto de médicos y se encontraron con una reunión muy animada, Cora les preparaba su té especial, Robin y Mary esperaban que la mujer mayor les sirviera aquel brebaje de los dioses, al sentir el olor de la infusión, Regina apretó la mano de David, interpretó de inmediato lo que eso significaba.

"buenos días", llamó la atención de todos, ni los habían visto entrar por la puerta.

"se sumaron dos para probar mi té mágico", fue el saludo de la cardióloga.

"para Regina no prepares", la miró con mucha complicidad, ella asintió para darle la autorización, "van a ser tíos y tú, viejita chula, serás abuela", lanzó la noticia, las caras de sospecha de Cora y de Robin al escuchar que no le prepararan té a Regina, quien era adicta a ese brebaje, le dejó bien claro que debía informarles la buena nueva, por eso se apresuró para impedir que las conclusiones salieran de sus labios.

"al fin", habló Mary, su conversación la había dejado tan preocupada que tuvo la necesidad de expresar el alivio que sentía de verlos como siempre, pegados como una calcomanía.

"será una bebita hermosa como su padre, pero tan cabeza dura como la madre", predijo la mujer mayor.

"felicidades hermano", Robin le dio un abrazo a David, mientras que Regina sufría en manos de su mamá y su hermana del alma.

"tengo solo dos meses, ¿qué te hace pensar que será hembra y rubia como su padre?", le ocasionaba curiosidad.

"porque esa sería la perfecta fusión entre los dos", argumentó.

"¿si es varón?", Mary se dirigió a Cora.

"pelinegro como la madre y tan dulce como su padre", tenía explicación para todas las preguntas.

"me imagino a David…", Mary intentó hablar, la interrumpieron.

"lo escucho todo", abrazó a Regina por detrás.

"míralo, Mary, si parece un niño con un juguete nuevo", se burlaron de él, Robin las siguió.

"miren quien se ríe, a quien le faltan dos meses para conocer a su bebé y ya tiene todo listo como un pionero obediente", las mejillas de Robin enrojecieron de la vergüenza.

"hablando de dos meses", intervino Mary.

"es el primer añito de mi ahijado", Regina terminó la frase.

"hablé con Robert y solo haremos una reunión, Neal no sabe de festejos, está pequeño", una conclusión acertada, los niños a esa edad no saben lo que significa festejar, habría tiempo para una gran celebración.

"coincido", razonó Cora.

"preparamos una comida muy especial…", comenzó Regina.

"en tu casa por favor", allí había más espacio para todos.

"la casa de Regina y David, oficialmente nuestro centro de reuniones", bromeó Robin.

"nos encanta, ¿verdad mi vida?", David dejó un corto beso en su cuello.

"sí mi amor", correspondió, "Cora nos deleitará con sus habilidades culinarias", les dio trabajo a todos.

"me toca entonces ser el ayudante de cocina", añadió Robin, los emocionaba la idea de reunirse y compartir como familia.

"queda aprobado por mayoría, el cumpleaños de Neal, será el mejor", culminó Mary.

"y cómo olvidarlo, no más té para Regina", terminó Cora, rieron por eso antes de irse a trabajar, les esperaba una ardua jornada.

Efectivamente, los próximos dos meses, los esperaron con ansias, durante ese tiempo, organizaron minuciosamente cada detalle de esa reunión, también mimaban a Regina como si fuera una niña pequeña, más David quien cumplió sus promesas de no dejarla hacer esfuerzos, protestaba porque no quería que trabajara, pero la tenía cerca para regañarla por si se cansaba demasiado, buscó las pastillas para que se sintiera mejor, los síntomas propios del embarazo se agudizaron conforme pasaron los días, casi no podía dormir, ni comer, él siempre a su lado sin perderse uno de sus malos ratos, pero también estaba en los hermosos momentos, cuando sintieron el latir del corazón del bebé, cuando se movió por primera vez y solo lo hacía cuando él le hablaba, reconocía su voz a la perfección y cuando en una de las veces que fueron de compras, sin que ella lo supiera, compró un inmenso oso de peluche, diciéndole que ese sería el primer adorno de la habitación de su bebé, con sus ojos llenos de amor, lo besó hasta que la respiración los hizo apartarse, cada día lo amaba mucho más.

El cumpleaños de Neal llegó, las ocurrentes de Cora, Emma y Mary, llenaron la casa de globos y todo tipo de colorines, compraron dulces deliciosos, helados y Robin ayudaría a que la cena estuviera lista en tiempo, los conocía, cuando se unían, hasta Cora quien era la más seria del grupo, se olvidaba del mundo.

"te ves hermosa con esa pancita", terminaba su maquillaje y sintió el flash del celular de David tirándole una foto, era su nuevo pasatiempo, recolectar fotos del embarazo, "¿te sientes bien, mi reina?", al no escucharla emitir sonido, se preocupó.

"tengo dolor de cabeza", la noche entera fue azotada por un profundo malestar, solo que al sentirse en sus brazos se relajó y pudo descansar.

"siéntate", la guió hasta la esquina de la cama, "traeré algo para tu malestar", avisó.

"David", lo llamó.

"debe ser por el comienzo del segundo trimestre de embarazo", continuaba dando explicaciones.

"David", fue el segundo llamado, hablaba sin parar, ella le sostenía las manos.

"si quieres suspendemos la reunión", su bienestar era primordial para él.

"amor", lo persuadió, "solo quiero que me abraces", ni terminó de hablar, lo tenía encima, cumpliendo con su deseo.

"cuánto desearía ser yo quien tenga esos malestares", besó su cabeza con devoción.

"me ayudas a calmarlos, nada más me importa", se sostuvo de él con fuerza.

"¡sorpresa!", exclamó Emma al entrar por la puerta, "¿qué sucede?", preguntó al verlos así, Regina tenía la cabeza escondida en el pecho de su padre, quien la acariciaba con ternura.

"Regina tiene un fuerte dolor de cabeza", informó.

Sin mencionar otra palabra, se sentó a su lado y apoyó su cabeza en sus espaldas.

"con ustedes cuidando de mí con esta devoción, ¿quién puede tener quejas?", intentó bromear, el tono de su voz no cooperó.

"siempre estaremos contigo", afirmó Emma.

"¡esa es mi hija!", orgulloso exclamó, la rubia tampoco la dejaba ni a sol ni a sombra, tan pendiente de ella como su padre.

"iré por una bolsa de agua fría", anunció la jovencita.

"por favor, no quiero arruinarle la fiesta a nadie, se me pasará", era un día especial.

"quiero que me mantengas al tanto de cómo te sientes", apuntó con el dedo.

"tendrás dos soldados de guardia solo para velar tu dolor de cabeza", Emma acompañó a su padre con la advertencia.

"a sus órdenes", los tres se abrazaron, ese dolor de cabeza era preocupante, no debía exteriorizar su consternación.

"pronto no podremos abrazarte así", la miraron con extrañeza por su comentario, "por la barriguita, mi hermanito no dejará que nadie se te acerque, todavía ni nace y ya te quiere para él solito", desconocían el sexo del bebé, lo sabrían en el próximo ultrasonido.

"siempre serás mi niña grande", besó su frente, David enternecido por lo que ocurría entre las dos mujeres de su vida.

"vamos, escucho una algarabía en la sala, deben estar esperándonos", abrió la puerta para que ambas salieran primero.

"¡bravo!", exclamaron cuando los vieron bajar las escaleras.

Ninguno faltaba, esas reuniones familiares se habían convertido en una bonita tradición entre ellos, Cora y Gold, tan elegantes como siempre, Arturo amenizando con la música, Robert cargando a Neal, a quien le estrenaron un trajecito que sus padrinos compraron precisamente para la ocasión, Mary y Marian, conversaban armoniosamente en el sofá, mientras que Robin se había adueñado de la cocina.

"quiero cargar a mi pequeño hombrecito", David se adelantó para extender sus manos para cargar al niño, quien lo reconoció de inmediato, hasta balbuceó algunas palabras y le dedicó una tierna sonrisa.

"ahí viene el pastel", Robin traía un pequeño pastel en sus manos con una velita en el medio.

"se ve delicioso", comentó Emma.

"pensé que era el único", la siguió Gold.

"el abuelo siempre de acuerdo conmigo", se acercó a él, levantó una mano, Gold entendió el gesto y ambos unieron las manos en un saludo de complicidad.

"fotos primero", Mary ayudó a Marian a caminar, los nueve meses de embarazo la tenían sin poder sostenerse en pie, el cansancio cada vez era peor y las piernas no le respondían.

"quiero muchas fotos con mi ahijado", aprovechó que David lo tenía en sus brazos para ser quien primero saliera en las fotos del primer año del pequeño, le siguieron sus papás, sus tíos y sus abuelos, a Emma quien hizo de fotógrafa la dejaron de última, pero igual tuvo su foto de prima consentidora.

Cuando la hora de las fotos terminó, probaron del exquisito pastel, sostuvieron conversaciones amenas, luego cuando la cena estuvo lista, se sentaron a la mesa, debían probar la sazón de Robin, a quien dejaron completamente solo en la cocina, Cora ni se portó por el lugar, aunque lo prefería, por eso ni chistó, entonces al terminar la cena, decidieron abrir la montaña de regalos, sabían que dentro de unos años más, el niño ni los dejaría tocarlos, por eso se aprovecharían ahora, mientras tuvieran tiempo.

"este carrito se lo regalé yo", como era costumbre, la rubia cargaba al niño.

"yo colaboré", agregó Arturo, quien para esa fecha ya tenía confianza entre todos, Emma se había encargado de que perdiera su timidez, era parte de la familia, no tenía sentido cohibirse de la diversión y ellos se divertían de lo lindo.

"¿de quién es este caballo de peluche?", comentó Mary dirigiéndose a su amiga, sabía de su amor por los caballos.

"a mí ni me mires", dijo, esta vez era inocente.

"los abuelos fuimos quienes le regalamos esa preciosura", Cora terminó con la incógnita.

"y llegó la hora del último regalo", anunció, rompiendo la envoltura para develar una caja que contenía un tren de juguetes.

"regalo de sus padrinos", abrazó a Regina para afianzar lo dicho.

"y de sus tíos Robin y Marian tendrá hoy, un primito", todos lo miraron, "se rompió la fuente", comentó con obviedad, el avispero se alborotó, todos fueron al hospital menos Robert, Gold, Emma y Arturo.

En la sala de urgencias, mientras David, Cora y Robin se preparaban para asistir el parto de Marian, Regina y Mary se encargaban de que el bebé y ella estuvieran bien.

"la presión estable", anunció Regina.

"latidos cardiacos también", confirmó Mary.

"¿contracciones?", Marian se debatía entre recuperarse de las contracciones y normalizar la respiración.

"respira, estamos aquí, todo saldrá bien", Mary le dio ánimo, pero en ese momento, la atención se desvió de lugar, Regina se desplomó en el suelo.

"¿amor?", llegaba David a llevarse a Marian y tuvo que cambiar los planes, la levantó del suelo, la acostó en una de las camas, la reanimó con un algodón empapado en alcohol.

"¿David?", aturdida y confundida sostuvo la cabeza, el dolor se le agudizó.

"ayudaré a Robin", en el estado que vio a su amiga, dudaba que David tuviera concentración durante el parto de Marian, a quien las contracciones y los dolores la seguían castigando, "llévenla a preparto", pidió a los camilleros, ella debía alistarse.

"no me dejes, por favor", se sentía tan mal que no quería estar sola.

"mi lugar es aquí contigo mi amor", se sentó a su lado para abrazarla.

"este dolor de cabeza me preocupa", tenía sus sospechas.

"a mí también", apretó su agarre, "debemos salir de dudas, amor", la sintió asentir, "te haré todos los estudios", la sentó en una silla de ruedas, le hizo un ultrasonido, la llevó al laboratorio, allí la atendieron con mucho respeto como siempre, mientras le practicaban todo tipo de exámenes, ordenó que alistaran un cuarto, necesitaba mantenerla internada en caso de que alguna complicación se presentara, al terminar de hacer los estudios, fue hasta la recepción donde dejó dicho que informaran al laboratorio su ubicación para cuando los resultados estuvieran listos, entonces la trasladó al cuarto y la acostó para que descansara.

"lo sabes, ¿verdad?", cuestionó.

"¿qué?", estaba tan preocupado, que ni atención le prestó a la interrogante de Regina.

"ven, acuéstate conmigo", se acostó a su lado, pero esa no era la posición que ella quería, con la que se sentía cómoda, le indicó lo que realmente quería, él semisentado y ella con sus espaldas recostadas a su pecho.

"vamos a tener una niña, es grandísima y bellísima", sacó de su bolsillo una foto del ultrasonido.

"nuestra bebé", la conversación los distrajo, ambos estaban alterados, los síntomas que tenía no eran buena señal.

"serás tú quien escoja el nombre", ni un momento dejó de pasar su mano por todo su cuerpo, acariciándola tiernamente.

"ya lo había pensado", ambos nombres retumbaban en su cabeza, solo necesitaba su aprobación.

"mantenlo en secreto para que sea una sorpresa", confiaba en ella, el nombre que eligiera, lo amaría tanto como a la niña.

"chequea mi presión arterial, David", se calmó un poco para hacerle esa petición.

"¿crees que…?", la llegada de alguien los interrumpió.

"doctor, aquí tiene los resultados de los exámenes", tomaron el sobre.

"gracias", contestaron a la misma vez, el laboratorista les sonrió y salió del cuarto.

"ábrelos por favor", pidió Regina, la espera la estaba matando, "¿y?", leía los números sin mencionar palabra.

"toma, léelos tú misma", se los entregó, interpretó hasta las comas, tragó pesado, respiró profundo, "ganaste, David Nolan", con un tono de rendición comenzó.

"era todo lo que necesitaba escuchar", procedió a medirle la presión, era la última de sus confirmaciones, la que exactamente, los dejó completamente convencidos de que Regina, debía permanecer en reposo absoluto durante el resto del embarazo, la presión arterial estaba muy elevada, por tanto, los riesgos de una preeclampsia, aumentaban con cada síntoma que aparecía.

"vamos a la casa", darse un baño y estar en la intimidad de su habitación, los ayudaría a pensar con claridad.

"prométeme que harás justo lo que te diga", el miedo se reflejó en el tono de su voz.

"lo prometo", con eso, la sentó nuevamente en la silla de ruedas, la llevó hasta la salida del hospital, buscó el auto, la ayudó a sentarse, se montó y condujo hasta la casa, donde ya todo estaba completamente recogido.

"Emma nos dejó una nota", antes de subir a la segunda planta, encontraron el pedazo de papel que la rubia les había dejado.

"¿qué dice?", David se dispuso a leerla en alta voz, hasta sonrieron con las ocurrencias de la joven, les dejaba claro que estaban en deuda con ella por haberles recogido, organizado y limpiado la casa.

"tu hija no cambia", vio a David mirarla con advertencia, "nuestra hija no cambia", se rectificó a sí misma.

"así me gusta, porque tú eres la culpable de que esté así de mandona y autoritaria, se lo permites todo", fingió seriedad.

"la amo", lo vio acercarse a ella con intenciones de abrazarla por lo que dijo, "la amo más que a ti", se detuvo en el lugar, quería cambiar su seriedad, por eso lo provocó.

"es imposible que ames a alguien más que a mí", Regina tocó su pequeña pancita antes de hablar, "bueno, ahí sí que estoy completamente vencido", la vio abrir los brazos invitándolo a que fuera a su encuentro.

"ustedes son mi gran tesoro, Emma, tú y la bebé", ya podían llamarla por lo que realmente era, una niña.

"¿Cora tendrá razón?", las suposiciones de la mujer mayor no salían de su cabeza.

"me encantaría que así sea", una rubita más en la familia, sería una bendición.

"angelita", besó la barriga, la bebé se movió frenética al escucharlo llamarla, "por fin papi consiguió que mami haga reposo", sus movimientos continuaban, "ahora debes prometerme que le harás compañía mientras papi trabaja", la escena era tierna.

"mami te promete que cumplirá las indicaciones de papi", llevó sus manos al corto cabello de David.

"escuchaste, mami nos ha hecho una promesa", la miró intensamente, ella le tiró un beso con sus labios.

"ahora vayamos a dormir, papi tiene un día largo mañana", fueron hasta la habitación, tomaron un baño para relajarse y se acostaron.

Al otro día, David se fue temprano, tenía que saber sobre Marian, quien pasó toda la madrugada en trabajo de parto, hasta que casi al amanecer, el niño Roland nació, tan saludable como sus padres, todavía estaba en recuperación, el niño lo habían llevado a examinar, por lo que cuando llegó al cuarto de médicos, bebían un café cargado, la madrugada en vela les pasó factura, debían reponer fuerzas.

"felicidades papá", ambos amigos, se dieron un abrazo fuerte.

"gracias, por suerte, ambos están bien, supe del desmayo de Regina", David asintió.

"la presión", se ganó la atención de todos.

"reposo absoluto", demandó Cora.

"¿quién la aguanta encerrada?", Mary hizo su comentario en forma de pregunta.

"nos encargaremos de que su encierro sea menos complicado", la cardióloga miró a todos con ojos de amenaza.

"tengo varias ideas en mente", habló David primero.

"en la tarde le haremos compañía", planteó Mary, Cora la apoyó.

"lo que necesites te apoyaremos, el bebecito tiene que nacer con mucha salud", los ojos de David se humedecieron.

"gracias amigo", la consternación invadió el momento.

"¿qué nos ocultas?", Cora interpretó su actitud.

"anoche le hice unos estudios", sacó los resultados y al mostrárselos, comprendieron el porqué de su tristeza, la preeclampsia podía complicarse sin que lo pudieran prever, entonces el bebé y Regina podrían perder la vida.

"te ayudaremos en todo", Mary tan muerta de miedo como él, pero fuerte para darle aliento.

"mejor comencemos a trabajar, nos distraeremos", se dieron un último abrazo como la familia que eran y comenzaron con su día.

Regina despertó sola en la cama, era el primer día de su encierro y le parecía que moriría como un pajarito encarcelado, en la mesita de noche encontró el desayuno que David le había preparado, acompañado por unas bellas palabras de amor escritas en una pequeña tarjetica, con una advertencia de que habrían muchas más como esa porque quería que una parte de él la acompañara durante su ausencia, sabía que esa sería su rutina a partir de ese día, debía acostumbrarse, comió, su angelita le pedía comida, se lo concedió gustosa, luego se dispuso a leer una novela, así se entretuvo hasta que escuchó la llegada de alguien.

"¿cómo están mi mami y mi hermanita?", Emma se sentó a su lado, pero no venía sola.

"¿cuál será el nombre?", Mary cuestionó.

"chicas dejen que Regina se recupere de la impresión", invadieron su privacidad sin previo aviso.

"tenerlas aquí es un completo placer", verlas le alegró el día, "el nombre lo sabrán cuando nazca y estamos bien hoy", respondió las preguntas.

"Emma, vamos a preparar algo de comer", era más de la hora de almuerzo, pero vio la tristeza dibujada en el rostro de Regina, quizás estar en compañía de su amiga le haría bien.

"excelente idea", salieron de la habitación, la rubia se le prendió del brazo.

"bien, estamos solas", comenzó Mary.

"puedo perderla", la confianza con su amiga, le permitía sacar sus miedos del alma.

"tú también estás en peligro", tomó su mano.

"lo sé, por eso acepté quedarme en esta cárcel", resignada e impotente, así se sentía.

"estoy segura de que David te ayudará", ella tampoco la dejaría sola.

"pobrecito, es un manojo de nervios", recordaba la expresión de sus ojos la noche anterior.

"esta mañana me di cuenta", fue imposible que escondiera su preocupación, "pero no te preocupes, Cora y yo vendremos a visitarte siempre que podamos", se lo habían prometido a David, lo cumplirían.

"gracias, hermana mía", la invitó a que le diera un abrazo.

"las veo muy acarameladas y para mía nada", Cora fingió celos.

"únanse, hay lugar para las cuatro", incluyó a la bebé también.

Las cuatro se abrazaron, luego degustaron de la apetitosa merienda que prepararon, conversaron el resto de la tarde y no se fueron hasta que David llegó.

"¿me extrañaste?", se subió a la cama para besarla con amor, había ido a despedir a las chicas.

"mucho", la niña comenzó a moverse al escuchar la voz del papá, "aunque alguien te extrañó más que yo", miró hacia abajo.

"hola mi angelita", puso la mano en el vientre de Regina, "papi también las extrañó", de pronto el movimiento cesó, le pareció extraño, "papi solo te extrañó a ti", hizo una prueba, la que resultó tal y como lo previó, "alguien será tan celosa como su madre", sintió nuevamente el movimiento bajo la palma de su mano.

"soy celosa y bien, pero tú eres mío y solo mío", lo atrajo a otro beso, este, con intensidad, con posesividad.

"me encanta escuchar eso", sentirse suyo, era un placer que no estaba dispuesto a compartir con nadie más que con ella.

"las chicas vendrán a hacerme compañía cada vez que puedan", la charla con ellas, la dejó más aliviada.

"hablando de ese tema, dentro de poco vendrán unos amigos que contraté", faltaba explicación, se la pidió con los ojos, "pondré el televisor de la sala aquí en la habitación", todo para que ella no sintiera que estaba encerrada.

"gracias mi vida", le agradeció, era demasiado bueno con ella.

"para mi diosa hermosa, lo mejor del mundo", se besaron nuevamente.

Esa tarde, comenzaron los arreglos en la casa, el cambio del televisor, fue lo primero, luego, David pintó la habitación de la niña, trajeron la cunita, la que cubrieron con un bello mosquitero de copa, adornado con lazos de satín amarillo, un regalo de la abuela Cora, como ella misma se llamaba, semanas más tarde, la habitación se comenzó a llenar de todos los regalos que fueron comprando para la llegada de la bebita, los que le hicieron compañía al oso gigante que ya era casi parte de la familia, Regina cumplió al pie de la letra los cuidados de todos, no se levantaba de la cama, excepto para tomar un baño, que si dependía de David, la llevaba cargada, la bañaba, la vestía y la devolvía a la cama cargada, para que ni caminara, así transcurrieron tres meses más.

"amores, estoy en la casa", entró a la habitación, anunciando su llegada, Regina estaba acostada de lado, la barriguita la tenía bastante grande para tener siete meses, pero él se había encargado de cuidar su dieta muy cuidadosamente, "amor de mi vida", al no recibir respuesta intentó llamar su atención nuevamente, "angelita…", se acostó a su lado, pasó la mano por la crecida pancita y al no sentir el movimiento de la niña, se asustó.

"David", la voz quebrada la delató, "no siento a la niña", se había pasado el peor día de su vida, "tuve muchas náuseas hoy", se había prometido contarle hasta el más mínimo detalle, "también me duele mucho la cabeza y tengo mareos", la única posición que encontró para sentirse mejor y calmarse fue esa, además, estaba el tema de que desde la última vez que tuvo que ir al baño a devolver el estómago, no sentía a la niña, estuvo a punto de llamarlo, pero él llegó primero.

"te mediré la presión", buscó el tensiómetro, "vamos al hospital", tenía muy alta la presión.

"está muy alta, ¿verdad?", le faltaba solo un síntoma para comprobar sus sospechas, la preeclampsia se estaba complicando.

"demasiado para mi gusto", la cargó en sus brazos, no hizo falta que ella le dijera que no podía moverse.

Supo que violaba algunas leyes del tránsito al conducir con tanta premura, pero necesitaba llegar cuanto antes.

"doctor", escuchó la voz de Aurora, acababa de salir de allí, ahora lo veía de vuelta y con Regina en brazos.

"Aurora, avísale a Robin y a Cora", estaban de guardia ese día, "estaremos en la sala de preparto", vio a la joven casi correr, así como corrió él, tenía que chequear que la niña estuviera bien.

"David, ¿qué sucede?", de casualidad, Mary estaba todavía en el hospital, le sería muy útil en ese momento.

"la niña, Mary, ocurrió lo que tanto temimos", tenía suficientes síntomas para afirmar que ya la preeclampsia había cambiado de estado y la eclampsia estaba haciendo sus estragos, por eso debían actuar con rapidez.

"¿qué haremos?", cuestionó.

"vendré en un momento", la acostaron en una de las camillas de la sala.

"espera", Mary lo persiguió, Regina se quedó sola.

"no siente a la niña", le informó.

"iré al quirófano", prepararía las condiciones, debían hacerle una cesárea con urgencia, de lo contrario, ambas estaban en peligro, "ve con ella", ambos asintieron muy de acuerdo con la decisión que habían tomado.

"mi amor", permanecía callada, verla así le partía el corazón, "háblame mi vida", tomó una silla que estaba por ahí cerca y se sentó a su lado.

"prométeme que la salvarás a ella", tenía los ojos cerrados.

"a las dos mi…", Regina lo interrumpió.

"Eva", comenzó.

"¿cómo?", mencionó un nombre, pero no entendía.

"quiero que se llame Eva, como tu mamá", se quedó pensativo, "¿escuchaste?", llamó su atención.

"Eva Nolan Mills, suena hermoso", sostuvo su mano, ella lo atrajo cerca de su rostro.

"David, no veo", abrió los ojos.

"los síntomas empeoran…", al estar tan cerca de ella, pudo percibir que su respiración estaba demasiado acelerada.

"prométeme que la salvarás", repitió lo que había dicho antes.

"por supuesto mi amor", aseguró.

"no, David, prométeme que la salvarás a ella, si tienes que elegir entre las dos", explicó su insistencia, la eclampsia podía complicarse a la hora de la cesárea, "respóndeme", su ausencia de palabras la desesperó.

"no tengo respuesta para eso", ambos sabían a lo que estaban expuestos.

"prométemelo", insistió.

"no puedo", lo escuchó sollozar.

"tienes que salvarla", no lo podía ver, pero percibía su gran angustia.

"sin ti no puedo", las palabras se quedaron en el camino.

"Eva es más importante", la fortaleza se le estaba agotando.

"no podré vivir sin ti", le advirtió, "te amo demasiado", culminó.

"es el fruto de nuestro amor", se acercó mucho más para besarla con mucho amor, "prométemelo", le pidió nuevamente, ese beso la dejó peor que como estaba, podría ser el último que recibiera de sus labios.

"doctor, el quirófano está listo, todos los esperan", Aurora los interrumpió.

"estamos listos", la joven se adelantó, al parecer también estaría en la cesárea.

"prométemelo, David", el tiempo se les agotaba, su malestar empeoraba.

"te lo prometo mi amor", ahora sí, tomó el valor que necesitaba, se inclinó para besarla una vez más, "te entregaría mi vida", Regina se aferró a él con fervor.

"tienes que vivir para Eva, nuestra Eva", con el corazón partido porque sabía que esa era su despedida.

"sin ti, todo se acabó", no quería dejarla ir, pero se aferraba al hecho de que la niña lo necesitaba más fuerte que nunca.

"siempre estaré contigo, amor mío", la cabeza le dio una fuerte punzada, el dolor se reflejó en su rostro, "ahora vamos, que tienes que conocer a nuestro angelito, dile que la amé mucho, mucho", tenían sus frentes unidas, lo sintió asentir.

El reloj caminaba en su contra, debía llevársela, pero sus pies no le respondían, verla así de fuerte, dándole besos que sabían a despedida, diciéndole palabras de adiós, lo impulsaron a tomar la camilla, empujarla por los pasillos del hospital, hasta llegar al quirófano, allí donde tendría que renunciar a la mujer que más amaba, por eso llegó hecho un mar de lágrimas, las que tuvo que secar mientras preparaban a Regina, los nervios y los miedos los debía dejar a un lado, sus manos tenían que ser las que tocaran a su hija por primera vez, ese privilegio no se lo perdería por nada del mundo.