El llanto de la niña se escuchó en el quirófano para alegrarlos a todos, aunque la felicidad no era completa, Regina se debatía entre la vida y la muerte, durante la cesárea, les fue casi imposible estabilizarle la presión arterial, además, las convulsiones fueron repetidas, reduciendo las esperanzas de que pudiera superar esta crisis, la especialista en neonatología se llevó a la niña para hacerle los exámenes necesarios, al ser una bebé prematura, debía permanecer en una incubadora hasta que se completara su desarrollo, mientras tanto, David logró estabilizar a Regina y terminar la cirugía, aunque no podían garantizar que sobreviviría, por eso, acordaron trasladarla para un pequeño cuarto en la sala de cuidados intensivos con pronóstico reservado, él mismo insistió en llevarla, Mary, Cora y Robin sabían que la última palabra no estaba dicha todavía, las próximas horas serían cruciales, por eso, decidieron cambiarse de ropa, e ir al cuarto de médicos para tomarse un descanso, debían mantenerse fuertes, su amigo los necesitaba más que nunca, ellos estarían allí para apoyarlo.
"mi amor, cumplí con lo prometido", se sentó cerca de la cama para hablarle, "Eva está bien", no podía escucharlo, pero quería hacerle saber que la niña estaba viva como tanto insistió, "lucha por tu vida, mi diosa amada", las lágrimas salían de sus ojos, "sin ti…", de solo imaginarse viviendo sin ella, su mundo se desvanecía, "no podré seguir adelante", otra vez se le repetía el panorama, ahora, le dolía muchísimo más, "a mi terco corazón le será imposible entender que ya no estarás y siento que moriré contigo, por favor, regresa a mí", súplicas que salieron desde la profundidad de su alma.
"¡papá!", exclamó Emma, cuando la llamaron para avisarle lo que estaba ocurriendo, se puso muy nerviosa, llegó al hospital casi corriendo, le explicaron, pero quería estar con ella, por eso les insistió y tuvieron que llevarla al cuarto de Regina.
"mi niña", solo pudo decir esas palabras, la rubia se le prendió del cuello, "tiene que vivir", perder a otra madre sería devastador.
"ya verás que sí", trataba de mantener la compostura, fue imposible.
"¿lo prometes?", aceptar era como traicionarse a sí mismo.
"hay que esperar", debía mantener la cordura, dejarse llevar por sus sentimientos, sería insensato.
"¿vamos a ver a mi hermanita?", lo invitó, él asintió, la tuvo en sus manos al nacer, pero en ese momento estaba tan preocupado por Regina, que casi no le prestó atención, se castigaba por eso.
Salieron de allí, Emma se abrazó de él protectoramente al darse cuenta de la profunda tristeza en el rostro de su padre.
"mira, allí está", se pararon frente a un cristal donde veían a la pequeña Eva dentro de la incubadora, con respiradores en su carita, sueritos en sus pequeñas manitas y todo tipo de cables conectados a los monitores que marcaban sus tan saludables signos vitales.
"bella como su madre", ojos de padre, desde allí era difícil de distinguir algún parecido.
"se parece a mí", la jovencita le siguió la corriente, la voz de David se escuchó tan quebrada que no le quedó otro remedio.
"no puedo perderla", Emma lo abrazó, lloraba en sus brazos, "tengo mucho miedo", a ella sí podía decirle los secretos de su corazón, se consolaron uno al otro.
"estaremos con ella", advirtió, de ahí pensaba moverse muy poco, sus padres la necesitaban más que nunca.
Para David eso estaba fuera de discusión, los próximos dos días, no se desprendió de ella ni un segundo, Emma tampoco, pero él le insistía para que fuera a descansar, entonces para sentirse útil, traía ropa para que su padre cambiara a Regina, no permitía que nadie más que él lo hiciera, cambiaba las sábanas de la cama, la bañaba y cepillaba sus cabellos, pero su estado empeoró considerablemente, la presión volvió a descontrolarse y las convulsiones regresaron, esos síntomas degradaron su salud, el tiempo les jugaba en contra, cada minuto que pasaba sin reaccionar, era un minuto que la perdía sin poder hacer nada para salvarla.
La mañana del tercer día, cuando David terminó de cambiar su ropa, salió del cuarto, había amanecido con una idea loca que quizás pocos apoyarían, pero debía intentarlo.
"doctor, ¿está seguro?", preguntó Aurora quien estaba de guardia en la sala de neonatología ese día.
"no", debía ser honesto.
"iré con usted", se ofreció muy dispuesta.
"te lo agradecería", lo ayudó a trasladar a Eva a una incubadora portátil, la desconectaron de toda aquella cantidad de cables, que de solo verla daban deseos de llorar.
"usted y la doctora Mills son muy especiales para mí", así le pareciera una locura lo que estaba haciendo, estaría a su lado.
"gracias", abrió las puertas de la sala, Aurora lo ayudó con la incubadora, hasta que llegaron a cuidados intensivos, donde escucharon una algarabía inusual en el lugar.
"¡desfibrilador!", exclamó Mary y Robin salió del cuarto en busca del equipo, ya habían hecho lo posible por reanimarla, fallando en el intento.
No hubo necesidad de preguntar nada, al llegar a la escena, el molesto sonido de los monitores anunciaba que Regina estaba en paro cardíaco.
Robin regresó corriendo, de inmediato, David tomó las palas de desfibrilación, mientras Mary dejaba el pecho de Regina al descubierto.
"primera carga", solicitó, Robin reguló el botón con la carga mínima, todos se apartaban para dejarlo trabajar.
Comprobó el correcto funcionamiento del equipo haciendo que las palas hicieran contacto una con la otra para entonces colocarlas en el pecho de Regina e intentar poner su corazón a funcionar nuevamente, pero no reaccionó ante la estimulación.
"segunda carga", pidió y Robin procedió.
"¡epinefrina!", exclamó Mary quien sostenía la mano de Regina en busca de alguna mínima respuesta, Aurora se apresuró a cumplir con la orden recibida, mientras David daba la segunda carga, la que tampoco hizo efecto.
"Mary, por favor", la jovencita llegó con la inyección, él quería que fuera ella quien la pusiera en el suero de Regina, "tercera carga", era la última esperanza que le quedaba, si ahora no respondía, todo estaría perdido.
"¿estás seguro?", cuestionó Robin.
"tercera carga", reiteró, Mary le hizo una seña a Robin quien entendió perfectamente, dubitativo reguló el botón por tercera vez para que su amigo volviera a poner las palas encima del corazón de Regina, fue en vano, nada ocurrió, el molesto sonido que no cambiaba, significaba una sola cosa y ninguno estaba preparado para enfrentarla.
Mary no lo podía creer, tampoco Robin y qué decir de la jovencita enfermera quien tuvo que salir del cuarto, sus lágrimas la traicionaron, David también se quedó paralizado al darse cuenta de que su peor pesadilla ocurrió, la mujer que amaba con todo su ser, yacía sin vida delante de sus ojos, su cuerpo parecía gelatina, su mundo daba vueltas como un trompo, el cielo se había unido con la tierra, su vida se le había ido de las manos.
"déjenme solo, por favor", les pidió.
"David…", comenzó Mary, Robin la tomó del brazo para cumplir con las súplicas de su amigo, debían darle su espacio.
"estaremos allí afuera por si nos necesitas", aseguró Robin antes de llevarse a Mary.
"gracias", el sonido de la puerta cerrándose fue lo único que se escuchó, al saberse solo, abrió la incubadora, sacó a la bebé, la sostuvo en sus brazos y miró sus ojitos tan azules como los de él, "mi vida, traje a Eva", la colocó en el pecho descubierto de Regina, "quiero que te conozca", la bebé se acomodó como si reconociera ese lugar, él la tapó con una mantica, pasó una mano de su madre por encima del pequeño cuerpecito, se sentó del lado de las dos, le hacía falta llorar y llorar mucho, esa sería la primera y la última vez que la bebita estaría abrigada con el calor de su madre y la compañía de su padre, allí en silencio, con los ojos cerrados, juró cuidarla con su propia vida, la que se le acababa de hacer pedazos, pero por ella, sería capaz de seguir adelante.
"no cabe dudas de que es tu hija", estaba soñando, acababa de escuchar la voz de Regina, ¿sería que estaba en el paraíso?, "ya sabemos que tendrá el mismo apetito que su hermana y su papá", su mente estaba en lo correcto, abrió los ojos para encontrarse con la amplia sonrisa de Regina que disfrutaba con mucho gusto que la bebita hubiese encontrado su alimento sin haber recibido ayuda de nadie, sería tan independiente como ella, eso la llenaba de satisfacción y orgullo.
"mi amor, ¡estás viva!", exclamó, "dime que no estoy soñando", sollozó.
"si estar a tu lado alimentando a nuestra hija significa que estamos soñando, pues es un sueño muy hermo…", los temblorosos labios de David la callaron con un beso, el que sabía a sal por sus lágrimas, "me salvaste amor, los dos me salvaron", dijo también llorando.
"ya, no llores más", cambió sus lágrimas por besos, "tengo que hacerte un examen profundo", fue como una advertencia que ella entendió perfectamente.
"déjala conmigo, sabes que tenerla así tan cerca le hará bien", ambos sabían que el contacto piel con piel era una técnica efectiva en estos casos.
"acabas de…", Regina lo hizo callar con otro beso, al estar tan cerquita de ella, ni esfuerzos tuvo que hacer.
"me duele hasta el cabello", le dio la razón, pero por la niña era capaz de todo.
"por lo menos, deja que te haga unas pruebas, tengo que quitarme este miedo de perderte", la convenció, cuando Eva se quedó profundamente dormida en sus brazos, él la tomó y volvió a colocarla en la incubadora, "afuera están Robin y Mary", le avisó.
"¿me ayudas a levantarme?", cuestionó.
Con dudas, colocó una almohada detrás de la cama, la ayudó para que se sentara en una posición cómoda, le había dicho que le dolía todo, era lógico, "tengo que dejarte el suero puesto", se miraron y asintieron.
"haz pasar a esos dos, no les digas nada", le guiñó un ojo buscando complicidad, salió del cuarto, sin hablar les hizo una seña a sus amigos, quienes entendieron y al ver a Regina tan viva como ellos, casi mueren de la impresión.
"¡amiga!", Mary fue quien primero salió del estado de shock, se sentó a su lado en la cama y le dio un abrazo tan fuerte que la hizo protestar por el dolor, Robin no quiso perderse el show, rodeó la cama por el otro lado para unírseles, ni siquiera se escuchó una interrogante de cómo era posible semejante milagro, si la vida quiso que fuera así, ellos no eran nadie para cuestionar sus designios.
"esto hay que celebrarlo", agradecer, eso sí tenían que hacerlo.
"coincido con Robin", apoyó David, podía respirar aliviado, además, la felicidad de una reunión en familia, borraría la angustia que atormentó su corazón durante tantos meses.
"ustedes no pierden oportunidad para inventarse una fiesta", Mary protestó, "Regina y la niña tienen que recuperarse", los estaba regañando.
"gruñona", bromeó Regina tomándole la mano para besarla con el cariño más profundo y sincero que sentía en ese instante.
"nos hiciste pasar un susto grande, tienes que salir de este hospital cuando estén recuperadas tanto tú como la bebita, que, por cierto, no conocemos el nombre", razonó ganándose la aprobación de Robin.
"Eva Mills Nolan", David se adelantó, Regina lo miró con asombro, por el orden de los nombres.
"tu mamá debe sentirse orgullosa donde quiera que esté", elogió Robin.
"de eso no tengo ni la más mínima duda", le tiró un beso a Regina con los labios, ella le dedicó una sonrisa tierna, verlo así de feliz era un privilegio irremplazable, cuando abrió los ojos y vio esa profunda tristeza en su rostro recordó cuando ella estuvo a punto de perderlo se sintió exactamente igual.
"supe lo ocu…", la puerta se abrió de repente, Cora entraba sin aliento, pero se quedó sin voz al presenciar la escena frente a ella.
"ven aquí viejita chula", los demás le dejaron el camino libre, había llegado la matriarca del grupo.
"ay mi niña me tenías tan angustiada", confesó en su oído en medio de un abrazo lleno de mucho sentimiento.
"te amo", retribuyó con otra confesión tan profunda como la suya.
"también llamamos a Emma", informó Robin, en su desesperación por haber visto a su amiga debatiéndose entre vivir o morir, llamaron al resto de la familia.
"iré a radiología y al laboratorio", anunció Mary, David silenciosamente escribió en un papel todas las pruebas que quería hacerle a Regina para salir de aquella encrucijada sin salida que atormentaba su cabeza.
"deberíamos dejar descansar a esta cabeza dura", conociéndola, estaba tremendamente adolorida, no hacía ni setenta y dos horas había salido de una cirugía riesgosísima y allí estaba, como si nada hubiera ocurrido.
"preferiría que la trasladáramos a un cuarto menos aterrador", comentó Robin, estuvieron de acuerdo y acompañó a Mary.
"ven aquí hijo", Cora invitó a David para que se uniera a ella junto a su esposa.
Caminó hasta la cama, se sentó a su lado con extremo cuidado, pasó una mano por los hombros de Regina, quien se acomodó encima de su pecho con una amplia sonrisa en sus labios, ese día lo marcarían en sus mentes para siempre, "te amo", susurró en su oído, aunque estaba seguro de que la mujer mayor escuchó sus palabras porque les sonrió orgullosa por su intercambio.
"me harán llorar", advirtió, pero sus ojos la traicionaron, manejó como una loca para llegar hasta allí, su corazón no quería creer lo que Mary le había dicho, perder a su hija era como si una parte de ella se fuera también con ella.
"gracias", habló Regina, "por todo su amor", culminó.
"desde ya te informo que esa pequeñita que está dormidita y tan acurrucadita en esa incubadora será mi consentida", le resultó extraña la ausencia de los respiradores.
"ella me salvó, Cora", cerró los ojos, las lágrimas salieron antes de avisar, "los dos me salvaron", rectificó, David la atrajo hacia él protectoramente.
"el amor, mi niña, el amor tan grande que se tienen fue el responsable de este milagro", su conclusión los dejó mudos, tenía razón, en ese momento, se amaban más que nunca.
"¿Regina?", Emma como todos, quedó paralizada por verla con vida.
"mi niña hermosa", extendió la mano invitándola a que fuera a su encuentro.
"¡mamá!", todavía no lo podía creer.
Voló el camino, casi se lanza encima de ella, solo que se midió, no quería lastimarla.
"mi rubia peligrosa", Cora se apartó para darle espacio, ahora sí, la familia completa estaba reunida.
"no vuelvas a darme este susto, ¿me oyes?", con seriedad y firmeza advirtió, el terror que había acabado de pasar no estaba dispuesta a revivirlo.
"prometido", levantó una mano, con ese tono hasta sus dientes temblaron.
"¿de quién habrá aprendido lo autoritaria esta rubita?", cuestionó Cora en forma de broma, la tensión del momento los tenía a borde del llanto.
"imagínate", respondió David mirando a Regina directamente.
"de mi mamá", con obviedad y mucho orgullo, respondió, los cuatro sonrieron, les hacía falta liberar la angustia.
Las próximas seis semanas, las dedicaron a mimar a Eva y a Regina, la niña mejoraba por día, el calor de su madre sustituyó la incubadora, ni siquiera la pusieron en una cunita, también, a su vez, ayudó a que Regina se recuperara, los síntomas de la eclampsia fueron disminuyendo a medida que amamantaba a la niña, David no las dejaba ni a sol ni a sombra, el pobrecito casi ni descansaba, velando por la recuperación de su amada y de su angelito.
El día tan esperado, llegó, se irían del hospital, todos vinieron para la despedida, prefirieron no hacer una reunión de bienvenida, sabían perfectamente que necesitaban descansar, los dejarían tranquilos, por el momento, porque por ninguna razón dejarían de festejar el nacimiento de la bebita.
"bienvenida a casa hermanita", David ayudaba a Regina con Eva, mientras Emma, sostenía la maleta, parecía que se hubiesen mudado para el hospital, "me encantó que la llamaran como la abuela", durante esos días no dejó de expresar su orgullo por el nombre de la nueva integrante de la familia.
"¿vamos a la habitación?", preguntó David.
"al sofá", pidió, la ayudaron a sentarse cómodamente en el mueble.
"prepararé algo", siempre pensando en la comida, pero era comprensible, más de un mes encerrado en el hospital justificaba que hubiese extrañado la casa.
"me iré para que descansen", Emma anunció, Regina hizo una carita triste, no quería estar lejos de ella, "me llevaré esta maleta", ayudaba mejor si lavaba toda la ropa sucia que traían.
"despídete de tu hermanita", Eva ni se enteró de que viajó en auto, ni que llegó a su casa, dormía profundamente.
"esa es mi hermana, presiento que nos llevaremos bien", parecía una niña de cinco años.
"la dejaremos ir con su hermana mayor para que sus papás descansen los fines de semana", dijo David en un tono de picardía.
"le taparé los oídos, que no escuche esas barbaridades", fingió estar ofendida.
"habla quien me daba las llaves de la casa no hace mucho tiempo atrás", la hizo callar con ese argumento.
"buenas son ustedes cuando se unen", él era el beneficiado con las ideas de su hija, por eso no protestaba.
"claro", con esta palabra, les dio un beso a los tres y salió por la puerta.
"¿cómo te sientes?", cuestionó David.
"quiero darme un baño", sintió que la levantaba en sus brazos, "si sigues así, te harás daño", con una mano, sostuvo a la bebita, con la otra se abrazó de su cuello.
"si ustedes están conmigo, nada malo ocurrirá", subió las escaleras, llegaron a la habitación, donde los esperaba una cunita tan pequeña como Eva justo del lado de la cama donde ella dormía, "¿te gustó la sorpresa?", interpretó su silencio.
"amo todo lo que venga de ti", se ganó un beso lento.
"conté cada segundo para llegar a casa", comentó sentándola en la cama y ella con extremo cuidado dejaba a la niña en la cunita.
"egoísta", su comentario tenía un significado implícito.
"¿me culpas porque las quiero solo para mí?", su respuesta fue un beso, distinto al anterior, este pasó los límites de la lentitud, "mmm", sus palabras quedaron en el olvido, la intensidad de los labios de Regina estrellándose con los suyos, agotó sus fuerzas, se rindió ante ella, disfrutó el hermoso sentimiento de estar de vuelta en la casa y tenerlas a su lado, "te prepararé el baño", rompió el beso, si seguía así con esas demandas, no le quedaría otro remedio que cumplir con sus peticiones y la verdad era que estaba extremadamente agotado.
"mejor", lo conocía, por eso aceptó su propuesta.
"espérame aquí", entró al baño, preparó las condiciones y regresó a buscarla, con suavidad, le quitó la ropa, él también se despojó de sus prendas de vestir, el agua caliente los relajó tanto al punto de quedarse dormidos de inmediato se vistieron con ropa cómoda y limpia, la ayudó a que se acostara primero, luego se acomodó a su lado, pero hasta que no estuvo segura encima de su pecho, como tanto le gustaba, no quedó totalmente vencida, David la siguió, después de convencerse de su tan inmensa felicidad.
Varias horas más tarde, el llanto de la niña los despertó sobresaltados, era la hora de alimentarla.
"no te levantes, yo la traigo", la cargó para colocarla en brazos de su mamá quien la esperaba recostada en el espaldar de la cama para amamantarla, "traeré un jugo", era necesario que se alimentara bien.
Regina asintió, dejó un corto beso en sus labios, salió de la habitación, bajó las escaleras, abrió la ladera y le sirvió un jugo de pera, entonces regresó.
"gracias amor", tomó el vaso y bebió el jugo despacito, David se acomodó a su lado, colocó la barbilla en su hombro derecho, tenía que formar parte de la escena, Eva tenía los ojitos abiertos con la mirada fija en su madre, intercambio que no se cansó de admirar durante los días que estuvieron en el hospital.
"es tan bella como tú", colocó una mano encima de la que Regina sostenía a la niña, ella lo miró con un brillo intenso en sus bellos ojos café.
"esos ojitos son tuyos", la niña era rubia como él.
"angelito de mi corazón", tomó una de sus manitas, la niña en respuesta apretó su dedo pulgar, "eres muy valiente", sonrió porque los ojos de Regina no dejaban de mirarlo, "salvaste a mami", besó su hombro con ternura.
"¿por eso cambiaste el orden de los nombres?", cuestionó, esa incógnita estaba sin respuestas.
"por eso y porque tú te llevaste la peor parte, estabas dispuesta a sacrificar tu propia vida por salvarla", besó sus labios.
"sería capaz de cualquier cosa si ustedes estuvieran en peligro", había quedado demostrado.
"eres mi vida entera", cansarse de repetir esas palabras era imposible.
En medio de aquella escena tan familiar y tan amorosa, la bebita quedó completamente satisfecha, Regina cambió su pañal, la meció hasta que volvió a dormirse, la puso en la cunita, cubrió su pequeño cuerpecito con un pañal blanco adornado con encajes, David seguía sentado en la cama sin apartar su vista de ella.
"naciste para ser mamá", disfrutaba el hecho de que la bebé se movía en sus brazos con la destreza de una experta.
"¿te digo un secreto?", David asintió, "estoy aterrada, a veces pienso que le haré daño o que se me caerá de las manos", recibió un abrazo sobreprotector.
"eres la madre perfecta", fue hasta ella para darle ánimo.
"eres un consentidor", eso no era sorpresa.
"quisiera quedarme aquí para no separarme de ustedes nunca", sus hijas y su esposa eran la mayor felicidad de su vida.
"si nos quedamos aquí moriremos de hambre", bromeó, alimentar a la bebé le abría el apetito.
"vamos", tomaron el intercomunicador, les avisaría si la bebé despertaba.
Bajaron las escaleras abrazados, David la sostuvo por la cintura, ella se adueñó de sus espaldas con posesividad, cuando llegaron al último escalón, tuvieron que besarse, ambos se suplicaban ese beso.
"cocinemos algo delicioso", dijo Regina sin aliento, todavía prendida de su cuello.
"si depende de mí, regresamos a la habitación", sonrieron con picardía.
"¿qué haré contigo?, mírame, ¿esto es lo que quieres?", se apartó de él y con el recorrido de sus manos alrededor de su cuerpo, lo hizo entender a lo que se refería.
"veo a mi amada, a mi reina, a mi diosa", rodó los ojos por la respuesta.
"ya no queda nada de eso", habló apenada y le evadió la mirada.
"hey, mírame", redujo la distancia, alzó su barbilla, "abre los ojos mi cielo", la ternura de su voz la derrumbó completamente, sollozó y sus lágrimas inundaron sus ojos, "amo cada parte de ti", escurrió las manos por el corto camisón que llevaba puesto, "eres la mujer perfecta para mí", acarició cada parte de ella haciéndola vibrar con su toque, "esto me demuestra que tu cuerpo me reconoce con el mínimo roce", toda su piel se erizó con esas palabras, "que me pertenece completamente", la atrajo a él, estrellándola a su pecho, "y estos labios me han dado los besos más dulces que existen", dijo antes de besarla e intensificar sus movimientos debajo de la fina pieza de seda.
"es que…", siguió con el argumento, "todavía no me recupero del embarazo", entre dientes habló.
"entonces nos recuperaremos juntos", se mantuvo firme en su posición.
"y si…", la silenció con otro beso.
"esta cicatriz", pasó sus dedos por la herida en su bajo vientre, "es lo más hermoso de tu cuerpo", su delicadeza fue tal que Regina ni siquiera lo sintió, "a partir de ahora será mi parte favorita de ti", un suspiro enternecido le dejó claro que sus argumentos obtuvieron una victoria rotunda.
"cocinemos, pronto Eva despertará", entre los dos cocinaron algo rápido, se sentaron a la mesa a cenar en un ambiente tan romántico e íntimo como los que siempre acostumbraban a tener entre ellos y el resto del día, lo pasaron entre durmiendo y alimentando a la bebita.
La vida les había cambiado para bien, la pequeña Eva iluminaba sus días y sus noches, pronto volvieron a la normalidad, aunque a Regina le quedaban todavía unos cuantos días de reposo, le costó demasiado trabajo convencerla de que tenía que ser juiciosa por su bien y por el de la niña, entonces, mientras David trabajaba, ella se dedicaba a la bebé, pero cuando él regresaba del hospital se desvivía en atenciones con las dos.
Pasado un mes de su alta hospitalaria, decidieron hacer una reunión familiar, esas habían sobrado porque las visitas en casa de Regina y David no habían cesado, pero esta vez, querían hacer una celebración para festejar el nacimiento de la rubia más peligrosa de la familia Nolan Mills, así la llamaba Cora, en sus tiempos libres los sorprendía con una visita, se había hecho un ritual acunarla hasta que se dormía y la acostaba en la cunita, Gold también se había encariñado con la bebita, Mary, llegaba con Neal quien para ese entonces ya caminaba y mientras el pequeño exploraba cada rincón de la casa, ella disfrutaba dándole sus mimos de tía, Robert recordaba cuando su pequeño era un bebé, Robin y Marian traían a Roland, entre Regina y ella se intercambiaban bebés, Eva era una niña muy tranquilita, imposible no querer comérsela a besos, pero, Emma los superaba en entusiasmo, tal como había prometido, se comportaba como la hermana mayor más amorosa de todo el mundo, cada vez que venía, compraba un juguetico, le daba su biberón, la cambiaba de pañal, hasta ayudaba a Regina con su baño, tan grande era su cariño, que hasta los ojitos de Arturo brillaban cuando la veía meciéndola en un sillón que David había comprado, era más cómodo para Regina y él no dejaba de ser el esposo perfecto que cualquier mujer desearía.
Planear una reunión entre ellos, jamás fue un problema que no tuviera solución, por eso, ni pensaron mucho, en un abrir y cerrar de ojos, Regina se arreglaba para la ocasión, David la esperaba en la sala con la bebita en brazos.
"amor…", el aire se le escapó de sus pulmones, terminaba de arreglar su cabello, pero lucía hermosísima con un vestido corte imperio color beige, a juego con un par de tacones medianos, "mi angelito, tu madre un día de estos matará a tu padre de un infarto", dirigió su mirada a la niña, si continuaba mirándola, la reunión se pospondría.
"exagerado", movió la cabeza de un lado al otro por sus ocurrencias.
"puedes decirme lo que quieras, pero estás preciosa, eres preciosa", justificó su comportamiento, Regina se acercó a él y le dio un beso corto el cual lo dejó protestando.
"me las pagarás", apuntó con el dedo como una advertencia.
"¿a ver qué harás si durante toda la fiesta ni te miro?", lo retó.
"¿hagamos un trato?", su pregunta sonaba a desafío, "si logro besarte cinco veces durante la fiesta me dejarás que te prepare la noche más romántica de todas las que te he dado", su propuesta sonaba tentadora, pero bajo ningún motivo daría su brazo a torcer.
"¿y si gano yo?", le cambió el panorama.
"me castigas con lo que tú quieras", se aprovechó.
"si yo gano, me dejarás empezar a trabajar", detallito que no contempló, se quedó callado, "trato cerrado", hizo trampas y él se lo permitió, le dio un último beso antes de que el juego comenzara.
"te dejo para que continúes con tu arreglo", caminó hasta la puerta, "ah y Gold te espera en la sala", había venido para avisarle de la temprana llegada del abogado, fue inevitable resistirse ante sus encantos.
"gracias mi amor", le pareció sospechosa la presencia de Gold allí, por lo que debía apresurarse.
David la dejó sola, haría de buen anfitrión, "enseguida viene", anunció al bajar las escaleras.
"esa princesa, ¿cómo se está portando?", cuestionó Gold.
"es un angelito", elogió.
"por el brillo en tus ojos puedo imaginarlo", la sonrisa que dibujó su rostro fue superior al infinito.
"la puntualidad es una de tus virtudes, pero tu presencia aquí, me huele mal", Regina interrumpió la conversación con su típica entrada triunfal.
"entender a las mujeres es una asignatura que tengo pendiente, no sé cómo has podido sobrellevar a esta que vive contigo", David se giró para mirarla con amor.
"porque la amo, Gold", Regina le correspondió con una mirada con el mismo significado.
"son imposibles", entre ellos se sentía derrotado.
"los dejo solos", fue detenido con un gesto de negación por parte de su esposa.
"de aquí no te moverás", orden estrictamente cumplida sin argumentos en contra.
"como soy tu abogado, me llegó una citación de los abogados de Graham", comenzó con palabras que parecían un trabalenguas.
"español, por favor", pidió Regina.
"al parecer eres la beneficiaria del testamento de tu exesposo", por fin palabras de fácil entendimiento.
"no lo quiero", ni pensó.
"hablé con ellos", comenzó a persuadirla.
"mi decisión está tomada", tan terca como siempre.
"mi amor, escucha lo que Gold tiene que decirte", quien único podía hacerla entrar en razón era él, así que silenciosamente le agradeció.
"escucho", en contra de su voluntad, aceptó escuchar cada detalle.
Al final de aquella aburrida conversación, terminó aceptando las explicaciones de Gold, con quien acordó verse al otro día en su bufete para resolver ese tema lo antes posible, por suerte, la casa comenzó a llenarse de la alegría que todos traían dibujada en sus rostros.
"¡trajimos vinito!", exclamó Robert, Robin lo siguió.
"la bebida en esta fiesta está restringida", razonó Cora.
"tenías que ser tú", protestó Robert.
"si no soy yo quien les ponga frenos, ¿quién lo hará?", replicó.
"la abuela tiene razón", Emma, como siempre, adulando a sus abuelos, reían abiertamente, la felicidad se podía palpar, eran la familia perfecta.
"el trabajo investigativo que me diste para que leyera, me tiene muy interesada", Mary se había llevado a Regina para la cocina con cualquier pretexto.
"me alegro mucho de eso", era una investigación en la que trabajaba en sus ratos libres.
"te falta el capítulo dos, ¿cuándo lo terminarás?", cuestionó.
"pront…"la interrumpieron las manos curiosas de David, la abrazó y puso su cabeza encima de sus hombros.
"vengo a secuestrar a mi mujer", se aprovecharía para hacerle trampas en su juego.
"es toda tuya", Mary se fue dejándolos solos.
Con extrema sutileza, la volteó para tenerla enfrente, tenía que ganar esa apuesta entre los dos, costara lo que costara, así que aprovechó para besarla con intensidad, "me faltan cuatro", se fue dejándola muda y sin oportunidad de contestarle.
Regina tuvo que recuperar el aliento, David se lo había robado, tocaba sus labios y cerraba los ojos, con otro beso de esos, era capaz de echarlos a todos de la casa para enredarse en la cama con él y la noche, recién comenzaba, al recuperarse, caminó hasta la sala, allí vio una escena que no esperaba.
"la candidata más indicada soy yo", peleó Mary, estaba encima del sofá limpiándole la boquita a Neal quien comía pastel.
"así se habla amor, nosotros tenemos que ser los padrinos de Eva", la apoyó Robert.
"¡protesto!", exclamó Cora, "yo soy la madre de Regina, tengo que ser la madrina", su casa parecía un gallinero.
"amor, qué bueno que llegas", David se acercó a ella, "¡sálvame!", el tema lo inició Emma y fingió no tener respuestas.
"¿alguien puede informarme el motivo de este debate?", cuestionó.
"entre todos nos preguntamos, quiénes serán los afortunados de apadrinar a la bella Eva", hasta Robin estaba incluido en ese enredo.
"les diré", miró a David quien la apoyó en silencio, "hemos decidido que no habrá padrino ni madrina", si escogían a uno, los otros se molestarían, esa fue la decisión más sensata que encontraron, esta argumentación se lo demostraba.
"mi niña tan sensata", Cora con su sabiduría, elogiándola.
"finalizado el tema de discusión, festejemos", los invitó y entre risas, historias, brindis, bailes, juegos, pasaron una velada muy especial, por suerte, esta vez no hubo torneo, al parecer se habían dado cuenta de que ninguno era un contrincante con el nivel de Regina, Emma se pasó toda la reunión con su hermana en lo brazos, Arturo olvidó la música y para nada se despegaba de ninguna de las dos, entre Cora, Robert y David se tomaron las dos botellas de vino que trajeron, dejándolos con una alegría fuera de lo normal.
"vamos abuela, tienes que caminar", Emma luchaba con ella para llevarla al auto.
"abriré la puerta", Gold se divertía viéndola así.
"abuelo, coopera conmigo", protestó la rubia.
"voy solita", dijo Cora con la lengua un poco enredada.
"gracias", la ayudó a sentarse en el auto, se despidió de los dos para luego ayudar a sus tíos quienes estaban en las mismas circunstancias.
"esta noche dormirás en el baño", ver a su esposo con esa alegría, diciendo palabras inusuales en su vocabulario y más cariñoso con ella de lo que acostumbraba, la hizo compartir con él este momento, por eso, fingió regañarlo.
"mi esposa amada no tiene corazón para eso", dijo Robin, abrazándola por los hombros.
"tía yo los ayudaré", apareció Emma para rescatarla.
"sostén a tu primo y por favor, abre el auto", la joven cumplió al pie de la letra con lo solicitado.
"esta es mi sobrina", montado en el auto a punto partir hizo su última intervención.
"te quiero, tío", le siguió la corriente, Marian sonrió.
"dile a tu mamá que mañana la llamo", dejó ese mensaje, Emma asintió y los vio partir, al igual que vio a su tía Mary, también despidiéndose desde su auto.
"es hora de irnos", le dijo Arturo, ambos entraron a la casa, se despidieron de Regina y David y se fueron, la noche había sido inolvidable como todas las que pasaban juntos.
"buenos días amor de mi vida", bajaba las escaleras y la vio en el comedor, se levantó tempranito, debía ir a la reunión con Gold.
"¿cómo dormiste?", preguntó, la noche anterior, cuando terminaron las despedidas, se dio un baño y se acurrucó a su lado, entre el cansancio y las copitas de más, el sueño le ganó la pelea.
"a tu lado siempre duermo como en el paraíso", sonrieron como dos niños y se sentaron a la mesa, el desayuno estaba servido.
"anoche solo me besaste una sola vez", salió el tema.
"ese beso fue por miles", justificaba su derrota.
"tramposo", tomó un sorbo de leche mientras le sonreía, tenía la razón, pero esas no fueron las reglas.
"tenemos que contratar una niñera", la resignación lo superó.
"déjame ver si estás enfermo", tocó su frente, "¿te duele la cabeza?", bromeó, consiguió su aprobación demasiado rápido.
"un trato es un trato", con el tenedor pinchó un trozo de manzana, cada vez que ella preparaba el desayuno añadía algo saludable al menú.
"tendrás tu noche romántica, amor", se le sentó en su regazo para abrazarlo.
"todas las noches a tu lado son románticas", se aprovechó de tener sus labios a su alcance, la besó con pasión.
"¿acaso quieres cobrar venganza?", alternó sus palabras con pequeños besos en su cuello, él alimentaba la llama entre los dos, trazando círculos en sus espaldas.
"si no fuera por esa reunión en el bufete…", se quedó ahí, el resto era obvio.
"recuerdo que fuiste tú quien insistió", reprochó, "hasta te ofreciste para cuidar a la niña", lo remató.
Con un suspiro de resignación, suspendieron su intercambio, David aprovechó para limpiar la loza, ella terminó de arreglarse y se fue, no sin antes, estrellarlo contra la pared de la cocina y acariciarlo con esmero, se había quedado ávida de él.
Por el camino hasta el bufete, se encontró con Gold, regresaba de llevar a Cora al hospital.
"buen día", saludó educadamente, "veo que cumpliste con tu palabra", la invitó a montarse en el auto.
"no juegues con la suerte", advirtió, "te aprovechaste de que David estaba en nuestra conversación", descubrió su estrategia.
"quizás esta sea una gran oportunidad, mi niña", bajó las defensas hablándole como lo hacía Cora.
"tus golpes bajos perdieron el efecto en este tema", su molestia era perceptible, "apresúrate", fue su última intervención antes de llegar al bufete, donde los esperaban los abogados de Graham, quienes le informaron que era la heredera universal de los bienes del difunto, ahora era la dueña de la empresa y de algunas propiedades dentro y fuera del país, dubitativa firmó aquellos documentos, le agradeció a los abogados y se quedó a solas con Gold.
"de pronto eres más rica que Cora y yo juntos", seguía con sus bromas, Regina hizo su tan característica cara de molestia.
"quiero que vendas las propiedades", su cerebro comenzó a funcionar a altas velocidades, ese dinero cumpliría una de sus mayores fantasías.
"no pierdes el tiempo", si continuaba bromeando, era capaz de despedirlo como abogado.
"también te quiero al frente de la empresa", la afirmación lo tomó por sorpresa", confiaba en él plenamente.
"eso no es posible a menos que…", lo interrumpió.
"pondré a tu nombre el diez porciento de la empresa de esa forma podrás ocupar mi lugar", su destreza en el tema seguía sorprendiéndolo.
"esto es serio", quería la confirmación, no era un paso que se tomara a la ligera.
"confío en ti con los ojos cerrados", tuvo la aprobación que necesitaba, terminaron con la documentación legal y la reunión culminó.
El desempeño de Gold en la empresa fue mejor de lo que había pensado, jamás durante todo el tiempo que estuvo casada con Graham supo de ninguna ganancia tan elevada como la que habían generado entre los dos, en el plazo de un año y cinco meses, tiempo que ocurrieron cambios radicales en sus vidas, vivir con David era un cuento de hadas, ambos comenzaron a trabajar mientras que Ella, quien fue la niñera de Neal, cuidaba a la pequeña Eva, con las ganancias de la venta de las propiedades, le propuso a Robin una importante inversión en el hospital, misma que le permitió convertirse en dueña del cincuenta porciento de las acciones, también terminó su investigación en la que su amiga Mary se involucró tanto al punto de conocerse de memoria cada letra que había escrito, ambas estaban muy contentas con el resultado obtenido, porque además, implementaron entre sus pacientes un experimento muy eficiente el que les permitió comprobar las teorías expuestas.
Justo dos semanas antes de que se cumplieran dos años de su aniversario de bodas, tuvo que viajar a Madrid con Mary, era el Congreso de Neurocirugía, Robert y David asumieron el cuidado de los niños, llegaron al hotel y se instalaron, reservaron una habitación doble, la compartirían con sumo gusto.
"acabo de darme cuenta de algo", esa mañana se arreglaban para el coctel de bienvenida.
"me imagino por dónde vienes", había hecho algo que tarde o temprano descubriría.
"¿por qué Regina?", comenzó cuestionando, "no aceptaré esto", inscribió a su nombre la investigación.
"¿cuál es el problema?", sacó de su portafolios el trabajo impreso, debidamente encuadernado con un dispositivo digital que contenía la presentación del trabajo.
"hasta me pusiste de autora", de ninguna manera se llevaría el mérito de esa investigación.
"porque eres mi amiga, mi hermana, porque te quiero y porque has trabajado tanto o más que yo en este proyecto", la dejó imposibilitada de continuar con su negación.
"Regina esto es…", cada día la sorprendía más.
"quiero que te pares delante de todos y defiendas este trabajo sobre el Alzheimer con ese amor y esa entrega que te caracterizan", había depositado toda su fe en ella.
"no te defraudaré, amiga", con un abrazo, le aseguró su cariño tan inmenso.
"al finalizar los grupos de trabajo, iremos de compras, es el cumpleaños de David quiero darle una sorpresa", le guiñó un ojo, ambas salieron de la habitación.
Ese día fue intenso, la exposición de Mary fue brillante, sus colegas quedaron maravillados con las líneas de investigación que utilizaron, tuvieron a varios de ellos cuestionando sobre el trabajo, hasta querían aplicarlo en los hospitales donde trabajaban, al llegar la noche estaban tan cansadas que sus planes quedaron pospuestos.
El último día, durante las conclusiones de las actividades del congreso, les avisaron que premiarían a las mejores investigaciones y cuando mencionaron el nombre de Mary, casi palidece por la sorpresa, le entregaron un hermoso reconocimiento, un ramo de rosas y una medalla con el logotipo del evento, de tanta alegría y efusividad, pasaron el resto del día recorriendo las calles de Madrid, con sus manos cargadas de bolsas llenas de compras, el lugar era hermoso, recordaron sus viejos tiempos de jovencitas, cuando planeaban cualquier viaje para irse a probar vestidos y zapatos a las tiendas, luego se fueron al aeropuerto para regresar a casa, sus esposos e hijos, las esperaban ansiosamente.
"allí están", venían bajando las escaleras eléctricas cuando las vieron, "angelito, mami ya llegó", la niña la reconoció al momento.
"¡MAMI!", Neal se soltó del brazo de Robert y corrió al encuentro de Mary, quien lo levantó en sus brazos para llenarlo de besos.
"niño hermoso, te extrañe", su alegría era inmensa.
"¿cómo se portó nuestro angelito?", cargó a la niña y abrazó a David, los había extrañado inmensamente.
"extrañándote", le fue complicado lidiar con su ausencia, pero se las arregló, la niña era muy apegada a él.
"esta noche haremos una cena en el departamento", anunció Robert, quien no quería desprenderse de Mary.
"tenemos que celebrar su regreso", entre él y David planearon esa cena con mucha dedicación.
"así esperamos a las doce, porque cierto doctorcito cumple años mañana", les recordó Regina.
"y cierta parejita cumple dos años de casados", Mary siempre en su misma sintonía, los cuatro se despidieron en la salida del aeropuerto y se fueron para sus casas.
"amor, necesito ir al bufete de Gold y luego hablar con Robin", no había secretos entre ellos.
"pensé que descansarías del viaje", manejaba mientras Eva jugaba con los cabellos de su madre, se notaba la alegría de estar en sus brazos.
"es urgente", su vehemencia lo convenció, la llevó al bufete.
"¿quieres que te espere?", por supuesto que su respuesta era afirmativa, solo le dedicó una mirada desbordada de amor, "estaremos esperándote aquí", Eva despídete de mamá, la niña lloriqueó un poco antes de soltarla, pero él se encargó de contentarla.
"enseguida vuelvo", entró al lugar, donde solo tardó diez minutos.
"me da mucha curiosidad el motivo de tu visita", le sonrió, tenía la extraña sensación de que se quedaría con el misterio sin resolver.
"ahora, llévame hasta el hospital", David obedeció, estacionó el auto y los tres entraron, por el pasillo central, fueron interceptados por Cora quien de inmediato extendió los brazos para sostener a la niña.
"hija, qué alegría tenerte de vuelta, ¿no es verdad, David?", durante esos días, solo a ella le confesó lo mucho que extrañaba a Regina.
"me lo puedo imaginar", en su rostro encontró la respuesta.
"tú eres la culpable por mal acostumbrarme", tomó sus manos para besarlas, Cora solo se concentró en Eva.
"te recompensaré", se acercó a su oído, "te amo", la piel de David se erizó al dejarle un beso en su cuello.
"un día de estos acabarás conmigo", siguió su juego de hablar sin que nadie más que ellos, escuchara.
"espérame en el cuarto de médicos", dejó un corto beso en sus labios, debía disimular la risa, estaban en medio del hospital.
"como diga mi señora", la vio caminar marcha atrás y lanzarle un beso con los labios.
"Robin", tocó la puerta de su consultorio.
"adelante", abrió la puerta y se sentó como le indicaba.
"vengo por dos motivos", fue directo al punto.
"¿cómo les fue en el congreso?", entendía su urgencia por terminar la conversación, pero un poco de educación no les robaría mucho tiempo.
"aquí está el informe", le ofreció unos documentos, los que leyó sin profundidad.
"esto era lo que necesitaba para tomar una decisión que te quería consultar", quedó intrigada, "quiero que Mary sea la subdirectora del hospital", su falta de sorpresa sorprendió a Robin, "¿lo sabías?", cuestionó.
"llevo días adivinando qué te traías entre manos", le hacía preguntas que la llevaron a concluir que buscaba un candidato para que ocupara el lugar de su hermana.
"tu negativa no me dejó otra alternativa", tenía que negarse, su siguiente movimiento justificaba esa respuesta.
"lee este documento y encontrarás el porqué", tenía en sus manos la segunda razón por la que decidió ir a verlo sin esperar al otro día.
"¡llevo un año esperando por esto!", exclamación que salió de lo más profundo, "perdón, nada personal", Regina sonrió porque parecía un niño.
"con tu completa aprobación ya no tengo nada más que decir", recogió el documento y se fue a buscar a David y a Eva.
"ahora sí", lo sorprendió dándole de comer a la niña, "soy toda tuya", alegró sus oídos.
"este día lo recordarás para siempre", advirtió, ella sonrió, si tan solo supiera que sería él quien diría eso.
"no me cabe la menor duda de eso", siguió su juego.
En menos de media hora llegaron a la casa, Eva se durmió en el camino, la acostaron en la habitación que era de Emma y ambos se dieron un baño.
"estoy exhausta", salió secándose el cabello.
"¿por qué crees que te estoy preparando la cama?", era imposible confundirse con ella, sabía lo que quería de solo mirarla a los ojos.
"gracias mi amor", terminó de secar su cabello y se acostó a su lado donde durmieron por un rato, hasta que Eva despertó, la alimentaron, la cambiaron y la acurrucaron con ellos en la cama, parecían una bola de hilo, no existía diferencia entre ninguno de los tres, así durmieron el resto del día, debían irse a la cena en casa de Mary.
"tu madre como siempre se demora así mi angelito", jugaba con la niña encima del sofá, con ese tiempo, ya balbuceaba algunas palabras y se atrevía a dar los primeros pasitos.
"es bonito saber que en mi ausencia los dos se ponen en mi contra", escuchó la conversación.
"retiro lo dicho, con ese vestido, me embrujaste", llevaba puesto un vestido negro ceñido, escote asimétrico con un broche plateado en el hombro en combinación con los altos tacones stilettos que lucía en sus estilizadas piernas, "de repente me han dado muchos deseos de cancelar la cena", se paró del sofá para besarla y abrazarla.
"no tienes que decirlo, tus ojos han dicho millones de palabras", dejó que la besara a su antojo.
"¿también te dijeron lo que estoy planeando hacer cuando regresemos?", cuestionó esperando que el aliento regresara.
"quitarme el vestido con tus labios", adivinó sus planes, pero lo que él no sabía era que ese vestido no era parte de sus planes.
"te encantará", aseguró.
"estoy convencida", le dijo con seducción, se apartó de él, cargó a Eva, besó su carita y fue hasta puerta.
"papa", al ver que su papá se quedó detrás, lo llamó.
"ya voy mi angelito", ambos sonrieron porque la niña aprendió a decir papá primero que mamá.
"¿te dije que te amo?", preguntó Regina de camino al departamento de Mary.
"yo lo sé", acarició sus muslos tanteando el terreno.
"David", lo llamó, sin escuchar sonido, "la cena", recordó, "David", segundo llamado, cerró lo ojos, se había pasado de los límites, "basta, por favor", en contra de su voluntad le suplicó.
"aguafiestas", retiró su mano con evidente molestia.
"ten paciencia", se lanzó sobre él para calmarlo con un beso.
"solo porque tus labios me convencieron", embobecidos con sus caricias y sus juegos, llegaron a su destino.
"¡bienvenidos!", los recibieron ya con la cena servida, estaban tan hambrientos que cenaron sin esperar para después.
"compré un champancito", anunció Robert, Regina regresaba del baño, su ahijado hizo un estrago en la mesa, ella lo llevó a limpiar.
"Eva, ven aquí mi vida", al escuchar la voz de su padre, de inmediato gateó y llegó hasta él.
"no me quiero equivocar, pero tendrás que tener un varón, porque a Eva la perdiste", Mary comentó.
"sabes que la niña dice papá en vez de mamá, la vida es injusta", Robert del lado de su esposa.
"me encanta que sean tan unidos", a pesar de ser tan celosa, la relación entre padre e hija la enternecía.
"mis ojos solo le pertenecen a ella", acotó David mientras besaba a la niña.
"contra estos dos hemos caído derrotados", con pesar de saberse derrotado, comentó.
"bailemos mejor mi cielo", Mary lo invitó.
"¿vamos?", le extendió la mano, "todavía hay un lugar para ti", bailarían con la niña en medio de los dos.
La velada fue estupenda, bebieron, conversaron, a las doce Robert sacó de la ladera una torta para celebrar el cumpleaños de David, cantaron las mañanitas, probaron la delicia de pastel y el tiempo se les fue volando.
"nos vamos", la niña se había quedado dormida en brazos de su madre.
"buenas noches", dijeron Mary y Robert a la misma vez, Neal había caído rendido hacía horas.
"nos vemos en el hospital", sus amigos los despidieron en la salida.
El auto parecía un cohete, la velocidad se pasó de los límites permitidos, como Eva dormía, sus juegos y provocaciones aumentaron de tono y ninguno de los dos se quería esperar.
"¡Regina!", exclamó al llegar, la casa estaba en completa penumbra, solo las lamparitas de rincón y los apliques estaban encendidas con una luz tenue, habían velas flotantes esparcidas por todo el suelo, inciensos y velas aromáticas que inundaban todos sus sentidos, además de algunos cojines en forma de corazón dando el toque final, los ojos de David no encontraban su lugar.
"dime", con toda intención insistió en cargar a la niña hasta la casa, quería disfrutar de su reacción al ver la sorpresa que le tenía preparada.
Alardeaba con sorprenderla esa noche, terminó siendo él quien se sorprendiera, "esto es hermoso", pudo expresar sus sentimientos.
"y todavía no has visto nada", se acercó a él para hablarle provocativamente, "espérame aquí", dejó un beso en su mejilla y subió las escaleras.
Mientras tanto la esperaba, abrió una botella de champan que estaba en un cubo lleno de hielo, caminó por la sala, debía admirar cada detalle de la organización, se le ocurrió poner una musiquita romántica.
"la niña está en su cuarto", minutos más tarde bajaba las escaleras, lista para comenzar la noche romántica que le había preparado.
"Regi…", tragó pesado, por suerte no sirvió la bebida, de lo contrario, las copas se le hubiese caído de las manos, Regina bajó las escaleras vestida solo con una túnica blanca de gasa de seda, de mangas largas y anchas, adornada en los bordes con una cinta de plumas de avestruz, amarrada a su cintura con una delicada cinta de satín, pero eso no era la mejor parte, la ausencia de la ropa interior le daba la visión perfecta de su cuerpo.
"¿te gusta algo de lo que ves?", preguntó lentamente sin dar otro paso.
"todo", ni pensó, sus ojos parecían pelotas de pimpón.
"eso era lo que quería escuchar", caminó frente a él lentamente, sus caderas se balanceaban de un lado al otro, ondeando la fina tela de la túnica, "¿champan?", sirvió las copas y le ofreció una.
"se me apetece algo más delicioso que una bebida", fue hacia ella.
"la noche es joven", se resignó a beber de la copa que le ofrecía, "¿bailamos?", se había propuesto jugar y jugar sucio.
"¿quieres que juguemos?", entró en su misma sintonía, "pues juguemos, Regina Mills", sus carcajadas inundaron cada rincón de la casa, "amo tu sonrisa", la tomó por la cintura, la atrajo hasta él y comenzaron a moverse al ritmo de la música, en medio de la sincronía de sus labios estrellándose unos con los otros.
"y yo amo tenerte así", sus ojos la devoraban.
"¿cuál es tu plan?", besó su cuello.
"que me ames hasta el amanecer", respondió con firmeza.
"deseo concedido", la cargó en sus brazos y la llevó hasta la habitación, donde también se encontró una decoración romántica, "esta noche quería darte un regalo, terminé yo siendo el afortunado", pétalos de flores esparcidos por el suelo, velas y candelabros encendidos, encima de la cama otra botella de champan acompañada con racimos de uva y dos copas, claramente se notaba que no había reparado en gastos para sorprenderlo.
"¿te gustó mi sorpresa?", preguntó y se sostuvo de su cuello.
"me tienes hipnotizado", disfrutaba de su perfume.
"bájame", ordenó, "ven", lo guió hasta la esquina de la cama y se paró entre sus piernas.
"¿me vendarás los ojos?", moría por tener una pista de lo que realmente ocurriría esa noche.
"esta vez tendrás el privilegio de verlo todo", comenzó a zafar los botones de la camisa, era un pecado quitársela, se veía tan varonil, pero, tuvo demasiado de ella, la quería lejos de sus ojos.
"con ese vestido me tienes a tu merced", advirtió, escurrió sus manos por debajo de la fina tela para tocarla.
"lo compré precisamente para eso", con la palma de sus manos acarició su pecho descubierto hasta que sacó la camisa y lo dejó totalmente a su disposición.
"maravilloso", se entusiasmó con sus caricias, subió sus manos hasta estar en sus pechos, los que masajeó entregándola a las sensaciones que sus caricias le provocaban, "porque se me ocurren un par de ideas para ocasiones como esta", sacó sus manos del vestido para intentar sentarla encima de sus piernas.
"todavía no", bajó la velocidad de sus acciones.
"ya entendí", le dio el permiso que no quería pedirle.
"así me gusta", quitó el cinto, lo inclinó hacia atrás, desabotonó sus pantalones para deshacerse también de ellos acompañado de sus bóxers y detenerse a observarlo.
"¿te gusta lo que ves?", le pagó con la misma moneda.
"no", se separó de él para buscar unos pequeños pomitos con aceites aromáticos, echó en sus manos y se sentó encima de él, "no me gusta lo que veo", comenzó a llenar de su cuerpo con los aceites, "me encanta todo lo que toco", masajeaba su pecho con lentitud.
"sabes cómo mantenerme rendido ante ti", seductora descendió para repetir sus acciones en sus piernas, en sus muslos y cuando menos lo imaginó, se había arrodillado a su lado mirándolo con picardía, le anunciaba su próximo paso, suspiró por lo que venía, pero el aliento se le fue al sentir que Regina lo sostenía en sus manos acariciándolo desde arriba hasta abajo con lentitud, su primer instinto fue cerrar los ojos, pero no se perdería ni un detalle, entonces sustituyó las manos por su labios torturándolo sin darle lo que realmente quería, "amor", la detuvo.
"escucho", las provocaciones aumentaban.
"quiero…", lo calló tomándolo en completa extensión en su boca, se ayudaba con las manos, "eres perfecta", la animó y ella aumentó sus movimientos, casi llevándolo al placer extremo, pero, no era allí donde quería sentirlo, "ven aquí", se levantó de su posición y la atrajo a un beso arrebatador, tenía mucha hambre de ella, "te necesito", al probarse a sí mismo en sus labios, enloqueció totalmente.
"si lo quieres, ven a buscarlo", esa noche ambos estaban enfermos de deseo.
"no juegues conmigo, hermosa", le advirtió.
"búscalo", se quedó esperando que actuara, se decidió, zafó la cinta, abrió la túnica y la resbaló por su cuerpo hasta llegar al suelo, dejándola en su misma condición, volvió a inclinarse en la cama con ella encima de él.
"la noche recién comienza", repitió cuando sus manos se escurrieron entre los dos y rozaron su sexo, "paciencia", las quitó para colocarlas a la altura de su cabeza y perderse en el infinito azul de su mirada, a la vez que frotaba sus caderas contras las de él.
"mi reina hoy quiere hacerme sufrir", venía negándosele desde su viaje de ida y regreso del departamento de Mary.
"no", su voz fue casi en su susurro, ella tampoco podía soportarlo más, por eso se levantó y él se aprovechó para alinearse en su entrada, "déjame", solita descendió a pasito de hormiga, besaba su pecho en medio del acto.
"así me gusta tenerte", la trajo a sus labios mientras ella se acostumbraba a tenerlo muy hondo en su interior, esa posición lo facilitaba, "espera", la detuvo en un intento de comenzar a moverse, "déjame disfrutarte", estar dentro de ella era demasiado placentero.
"te amo", su respiración se dificultó, respiró profundo y comenzó a moverse a un ritmo normal, él la siguió intensificando su estimulación.
"infinitamente", completó lo dicho y como tenía acceso a toda su piel, acarició sus espaldas, sus muslos, sus caderas, donde se quedó porque los movimientos perdían sincronía, "soy todo tuyo", la sintió temblar de placer encima de él, mientras continuaban moviéndose hasta que los grados de adrenalina descendieron.
"eso fue…", luchaba para poder hablar, "intenso", sintió que salía de ella.
"todavía no terminamos", delicadamente la apartó de él, la acostó boca abajo encima de la cama, "es mi turno", ambos sabían lo que significaba, él todavía no había llegado al clímax.
"lo sé", su voz fue imperceptible.
"mis masajes serán mejores que los tuyos", tomó los pomitos, echó aceite en sus manos, se sentó encima de ella y comenzó a masajear sus espaldas.
"lo dudo", lo retó.
"ya veremos", dejó los pomos con aceite, la sostuvo con una mano fundiéndola a su cuerpo, y los acostó de lado, "dime, reina", Regina inclinó su cabeza hacia atrás para obtener una mirada oscurecida por el deseo, asintió para darle la respuesta que necesitaba, lo sintió adentrarse nuevamente en ella, esta vez sin piedad y se movió a un ritmo castigador, el que ella le siguió de inmediato, los sonidos que salieron de sus labios fueron acallados por besos desesperados, pasó la otra mano por encima de la de ella y entrelazó sus dedos con fuerza, mientras continuaba haciéndole el amor apasionadamente.
"te amaré hasta el amanecer como me pediste", dejó sus labios porque también quería escucharla.
"más", demandó, David obedeció haciendo círculos deliciosos en sus pechos y acelerando sus movimientos.
"te daré todo lo que me pidas", tenerla retorcida entre sus brazos, pidiéndole más, lo lanzaba al borde del abismo, además, escuchar que su voz se quebraba en medio de aquellos sonidos tan armoniosos que alegraban sus oídos era un sueño hecho realidad.
"Dav…", quiso decir su nombre, pero la vibración de sus cuerpos se lo impidió, ambos llegaron a lo más alto del placer, el que David hizo eterno con sus deliciosos círculos dentro de ella.
"estuviste sensacional", se acostó encima de ella y comenzó a besar su cuello, todavía en lo más profundo de ella.
"tú también", sus ojos permanecían cerrados, "si te atreves a…", quiso advertirle.
"ni muerto", aseguró, ella rió por su respuesta.
"esta noche ha sido fenomenal", escuchó el sonido de los pájaros cantando.
"está amaneciendo", sintió que salía de su interior y los movió de posición.
"no es justo", protestó, estaba debajo de él sintiendo sus caricias, sus besos, haciéndola vibrar entre sus brazos.
"¿qué?", percibió su inconformidad.
"el amanecer", en un puchero respondió.
"¿quieres continuar?", el cansancio de la intensa actividad le cobraba factura y ella, como si nada.
"de ti, lo quiero todo", satisfizo su curiosidad.
"ya somos dos", se besaron con pasión, con intensidad, con entrega, ese beso era la declaración de amor más bonita de la noche.
El llanto de Eva los sacó de su burbuja de romanticismo, rieron entre sus labios, "yo voy, date un baño, te espero allá abajo", salió de abajo de su cuerpo, se puso un camisón negro de seda, lo amarró a su cintura y salió de la habitación.
"buenos días mi angelito", al escuchar su voz, la niña se calló, "hoy es el cumpleaños de papá", cambiaba el pañal, "tenemos que ponernos muy preciosas para él", se la llevó para la cocina, la sentó en la sillita alta, comenzó a preparar el desayuno, lo sirvió, le dio el biberón a Eva y se aseguró de que su regalo estuviera listo para cuando David bajara las escaleras.
"¡angelito de papi!", besó su frente, la bebita le sonrió.
"feliz cumpleaños, mi amor", le extendió un folleto mientras fue su turno de recibir un beso de sus labios.
"no te parece que me has dado suficientes regalos por este día", recibió una negativa.
"ábrelo", estaba expectante a su reacción.
"¿cómo es posible que tenga a la mujer perfecta y no me había dado cuenta?", a Regina se le salieron las lágrimas por su pregunta, "hoy que cumplimos dos años de casados me doy cuenta de que no existe un día en este mundo que mi amor por ti no crezca infinitamente", seguía sollozando, "este regalo comparado con el mío se quedó demasiado chiquito", se lamentó.
"me amas, ese es el mejor regalo", le rectificó.
"pero tus acciones en el hospital, ¿por qué?", la vio bajar la cabeza evadiéndole la mirada.
"porque te amo", susurró, llevaba planeando ese regalo desde que le propuso el negocio a Robin.
"ven aquí", la invitó a que se sentara en su regazo, "te amo con cada poro de mi ser", la besó tiernamente, sus lágrimas caían como cascada.
"papa", Eva balbució.
"tu hija no quiere que me beses", bromeó.
"porque es tan celosa como su madre", la besó nuevamente, "mamá es mía", se dirigió a la niña como si supiera lo que estaba ocurriendo entre los dos.
"papa", jugaba con el biberón vacío.
"yo lo hago", se secó las lágrimas, le quitó el biberón a la niña para sustituirlo por un juguetico de goma, le estaban saliendo los dientecitos y le picaba la encía.
"es el momento de que te dé mi regalo", buscó una cajita negra rectangular y se la dio, Regina la abrió para descubrir una pulsa dorada hermosísima, "¿ves estos corazones?", asintió, "cada vez que cumplamos un año de casados te regalaré otro como estos dos", de la pulsa colgaban dos corazones plateados, "simbolizan nuestro amor", explicó, "dos corazones, el tuyo y el mío fundidos en uno", un regalo tan especial como él.
"luego te quejas de que tu regalo se quedó pequeño", extendió su mano, él colocó la pulsa en el lugar donde pertenecía.
"nada que le regale a mi diosa, estará a la altura del amor tan grande que siento por ella", se miraron intensamente.
"ahí permanecerá eternamente", mostró la pulsa en su muñeca y le aseguró.
Desayunaron en silencio y fueron a trabajar.
Todos, incluida Emma, los esperaban con un pastel de cumpleaños, refrescos, pizzas, globos y silbatos para homenajearlo en su día, pero eso no fue todo, también fue una mañana de nuevos acontecimientos, anunciaron que David ocuparía el lugar de Regina en la junta directiva del hospital, Robin terminó con una noticia igual de importante.
"atención", los hizo callar, "es un placer informarles que Mary será la nueva subdirectora del hospital", sin mucho alboroto, la ovacionaron.
"este era tu plan, ¿cierto?", los saludó con un abrazo, a Regina la dejó de última, necesitaba tener una pequeña conversación con ella.
"no sé de qué estás hablando", fingió inocencia.
"bueno, si estos fueron tus planes desde el inicio, yo hoy te amo más como mi amiga y hermana", el abrazo entre las dos no culminó hasta que se aseguró que escuchara bien.
"ya que estamos en anuncios", habló Cora, se animó también, "Gold y yo nos casaremos", la algarabía fue mayor, ese había sido el mejor de todas las nuevas informaciones.
"al fin lo dices", Emma, lo sabía, "me costó demasiado guardarle el secreto a esta pilla que siempre lo sabe todo", se abrazó de la cintura de Regina.
"pues quedas liberada del secreto", le quedaba más por revelarles, "será en una semana, rentamos un crucero", su amor iba en serio, para rentar un crucero, debían quererse mucho, "cierta empresaria doctora, más conocida como mi hija, ayudó", al final, quien de verdad guardó el secreto fue Regina.
"tenemos muchas razones para celebrar", los invitó David, el resto de la mañana compartieron en el cuarto de médicos, los excesos estaban fuera de consideración, pero cualquier lugar que estuvieran unidos en familia, sería una reunión especial.
Así transcurrió el resto de la semana, la alegría los inundó, contaban los días para la boda, aunque también no faltaban los días en los que Emma, Mary y Regina, se la llevaban de compras para escoger ropa para la ocasión, entre las cuatro hicieron que Liliana, quien había ayudado a Regina para su boda, les diera consejos, la jovencita, tuvo la paciencia de Job, cuando se unían le sacaban canas verdes a cualquiera.
Una semana después, Cora se convirtió oficialmente, en la esposa de Gold, se veían tan felices juntos que hasta opacaban a Regina y a David, a quienes les dio por estar más acaramelados que nunca durante esos días, los que fueron relajantes, entretenidos y especiales, tanto que prometieron repetir la experiencia.
Además del casamiento en el crucero, entre todos hicieron una colecta para la luna de miel, a ellos no les hacía falta, pero quisieron obsequiarle unas merecidas vacaciones en Venecia, sabían que a Cora le encantaba Italia, entonces cuando el crucero los trajo de regreso, al otro día, viajarían solos a tan hermoso lugar.
Un mes después, en una noche que Regina y David se fueron a la cama más temprano de lo normal, ocurrió algo inesperado.
"limpiaré la cocina, amor", anunció, David.
"llevaré a estos dos a la cama", con una mano sostenía a Eva, quien ya tenía seis añitos y en la otra, un pequeño niño de cabello oscuro y ojos café, se aferraba a ella con fuerza.
"quiero un cuento", dijo la niña.
"Superman", siguió el niño.
"tendrán sus cuentos, pero deben dormir temprano, recuerden, mañana es el día del papá", con motivo de esa fecha, irían a una feria de disfraces en el parque de diversiones.
"¡feria, feria!", exclamaron entusiasmados.
"vamos a la cama", cargó a los niños y los llevó hasta la habitación que compartían, "Eva, ponte el pijama", ella cambiaba al niño, era más pequeño.
"mami, ¿papi y tú también se disfrazarán?", cuestionó Eva.
"de papás", entró David para completar la escena familiar.
"yo sé cuál es el disfraz de papás", dijo el niño pequeño.
"papi, haz el cuento de cuando tú decidiste escoger el nombre de mi hermanito", los dos niños se amaban, y a pesar de que la niña era la más grande, no existían celos entre los dos.
"fue un día que tu mami tenía la pancita muy grande, allí llevaba a tu hermanito", sacó su celular para mostrarles la foto que conservaba de esa ocasión, "decidimos preparar una cena especial, mami no podía moverse de la casa", Regina rodó los ojos, les contaba hasta esos detalles, ellos sin protestar, disfrutaban hasta de la entonación que él le agregaba a su voz.
"¿qué ocurrió después?", la niña quería saber más.
"le compré a su mami un vestido negro tan hermoso como ella", los niños abrieron los ojos por la expresión, "organicé la sala con muchos tulipanes negros, sus preferidos, puse música, adorné la mesa con un candelabro, dos copas y serví la cena que con tanto amor le había preparado", tomó la mano de Regina para besarla, los niños sonrieron, estaban acostumbrados a esos intercambios entre sus padres, "entonces, su mami bajó las escaleras con su pose de diosa, la invité a bailar y cuando la música se acabó, me arrodillé frente a su pancita, le di un beso y llamé a tu hermanito por su nombre", lo que nunca les contaría, era que conocía el nombre desde mucho antes de saber que ya estaba en el vientre de su mamá.
"¿y yo?, ¿dónde estaba?", siempre hacía la misma pregunta.
"tú dormías en esta habitación", intervino Regina, "como harán ahora mismo", la emoción de la historia, lejos de darles sueño, aumentó sus energías.
"mami tiene razón", apoyó David, los dos arroparon a los niños, besaron sus frentes, apagaron la luz y fueron a su habitación, donde durmieron hasta el otro día que el despertador los obligó a abrir sus ojos.
"¡papi, mami!", la vocecita del niño se escuchó cerca, tan cerca que cuando menos lo imaginaron, estaba acostado entre los dos.
"buenos días mi príncipe", besó su frente, "este es tuyo", besó los labios de David y fue a ayudar a Eva con su disfraz.
"no le has querido confesar a tu papi, de quién te disfrazarás hoy", le decía que era una sorpresa.
"de superhéroe, papi", era la primera información que escuchaba sobre su traje.
"primero nos tenemos que lavar los dientecitos", lo llevó al baño.
"es una sorpresa y tú tienes que adivinar", dijo el pequeño cuando sus dientes estuvieron limpios, "mami me ayudará", salió por la puerta y cuando regresó lo vio vestido con una pequeña bata de médico.
"pero ese es un disfraz de médico, mi príncipe", no entendía.
"es de superhéroe", insistió, la puerta la había dejado abierta, "¿adivinaste?", quería que le dijera.
"no sé", se rindió.
"eres tú papi, tú eres mi superhéroe", los ojos se le hicieron agua, lo cargó en sus brazos y le dio vueltas de tanta alegría que le provocó que su hijo lo considerara un héroe.
"papi es nuestro héroe", se le unió Eva, quien estaba deslumbrante con un traje de princesa, los cargó a los dos y los besaba con ternura, Regina estaba recostada a la puerta con sus manos cruzadas a la altura de la cintura, también con los ojos llenos de lágrimas, su vida con David era un sueño hecho realidad.
Después de ese lindo momento, desayunaron, terminaron de arreglarse y se fueron para la feria, donde montaron el carrusel, la montaña rusa y compraron todo tipo de golosinas.
"mami quiero un osito", Eva le pidió a Regina, estaban sentados comiendo hamburguesas con helado.
"vamos", se llevó su monedero, "no tardamos", David asintió y las vio alejarse.
"¿le dirás a mamá?", esa pregunta llegó inesperadamente, "sobre todo esto", miró a su alrededor.
"estamos en la feria, mi príncipe, ella lo sabe", no entendía.
"no papi, mami no sabe que estamos aquí", la actitud del niño era diferente, "prométemelo", de pronto, solo estaban ellos dos, "prométemelo, papi", insistió, pero lo vio alejarse de entre sus manos como el humo.
"¡NOOOO!", se despertó sobresaltado, había tenido un sueño hermosísimo.
Regina seguía durmiendo con tanta paz que, si se hubiera despertado por sus gritos, no se lo hubiese perdonado, besó su frente, salió de la habitación y fue a ver a la niña, quien también dormía, se apoyó en la barandita de la cuna.
"mi angelito, acabo de tener un sueño, estabas tú, tan linda, como tu madre, tu hermanito, tu mami y yo", lágrimas recorrían sus mejillas, "éramos tan felices", comentó, "cómo quisiera que fuera cierto", sus deseos hablaban por él, "pero no podemos pedirle a mami un hermanito, arriesgaría su vida como cuando tú naciste, ¿recuerdas?", tocaba sus cabellos rubios, "si la perdemos no lo soportaría", un sollozo detuvo su discurso.
"sabía que estarías aquí", había observado toda la escena, se despertó extrañando su calor y salió a buscarlo.
"¿escuchaste?", asintió.
"¿de verdad quieres que tengamos otro bebé?", cuestionó.
"saltaría de aleg…", se detuvo, el brillo de los ojos de Regina le dijo la respuesta, "¿estamos esperando otro bebé?", cuestionó y sin que le respondiera, la besó apasionadamente.
"sí, mi amor, dentro de nueve meses seremos cinco", entre llanto, pudo dar la noticia.
"¿desde cuándo lo sabes?", besaba su rostro, su frente, sus labios, quería comérsela a besos.
"mañana teníamos que ir a recoger los exámenes", le daría la sorpresa a la hora del desayuno, "quería que fueras el primero en leer los resultados", se agachó ante ella.
"Henry, cumplí la promesa que te hice", besó su vientre, "ahora te haré otra", alzó la mirada para verla a lo ojos, "te prometo que cuidaré a mami, mucho, mucho para que nada le pase", Regina lo hizo levantarse de su posición, necesitaba besarlo.
"ven, cuéntame sobre ese sueño", salieron de la habitación, bajaron las escaleras, se acomodaron en el sofá, Regina entre sus piernas, él, acariciándola, suavemente, mientras le contaba detalle por detalle de lo ocurrido en el sueño, el resto de la noche, se la pasaron planeando su vida futura, la que también estaría llena de felicidad y amor, ese amor que tanto se profesaban y que era tan grande como el universo entero.
FIN
