Disclaimer: Inuyasha, Sengoku O Togi Zoushi es propiedad intelectual de Rumiko Takahashi.

Con cariño para mi querida Yumipon. Espero que la sorpresa te sea agradable, me ha gustado ser tu amiga secreta (L).


Comienzo

por Onmyuji


Sango tembló, mientras se hacía ovillo sobre sí misma, a escasos metros del lugar donde anteriormente había un pozo devorador de huesos.

El pozo había desaparecido, junto con Inuyasha y Kagome, luego de que Naraku fuera derrotado. La vida les había concedido el espacio para saldar cuentas, cobrar la vida derrochada: la muerte de su padre, de sus camaradas, el cruel destino al que estuvo a punto de orillar a Kohaku, la mano maldita del monje Miroku, la tragedia de Inuyasha, la Shikon no Tama.

Parecía que el destino no quería hacerlos felices, porque ahora le quitaban a una parte de su familia, que parecía que se la había tragado la misma nada.

—¿Por qué no vas a descansar ahora, Sango? Has estado aquí todo el día. Yo tomaré tu lugar y haré guardia. —Escuchó la voz masculina del monje, que se aproximaba por detrás de ella y colocaba alrededor de sus hombros un haori grueso—. Está refrescando y te puedes enfermar.

Ella quería reír ante lo irónico del comentario del monje que pronto la acompañó en el lugar, pero sus ánimos estaban un poco secos, quizá por la preocupación que sentía ahora. El monje pronto se sentó a su lado, con el afán de hacerle compañía (o quizá relevarla de su puesto).

—¿Shippou finalmente se durmió?

—La anciana Kaede ha tenido que darle un té calmante para que duerma.

—Ha sido muy valiente. ¿Notó que no ha llorado en todo este tiempo?

—Sí. Es como si de pronto hubiera crecido muchísimo en tan poco tiempo. Aunque también tengo mis dudas si no es por no quedar en ridículo delante de Rin y de Kohaku. —Miroku reflexionó mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante, buscando el rostro de Sango—. ¿Estás segura de que no quieres ir a descansar un poco?

—Estoy bien, su excelencia. Todavía puedo estar despierta un poco más. —Ella concedió, mientras le sonreía de medio lado antes de mirar su mano derecha. El rosario aún seguía en su lugar—. ¿Ya trató de quitarse el rosario de la mano?

—No. No... aún no. A ratos pienso que en cualquier momento la vida me hará una mala broma y sentiré el vórtice abriéndose de nuevo.

—¿Se siente extraño?

—Incómodo. Ahora siento que me falta algo. —Suspiró el monje mientras lentamente retiraba el rosario protector de su mano derecha y luego suavemente ponía al descubierto la palma de su mano, donde anteriormente el Kazaana se manifestaba.

Ese fue el momento que la exterminadora eligió para posar su mano sobre la mano desnuda de él, quien se sobresaltó suavemente ante el contacto de sus pieles, y luego entrelazó sus dedos a los de ella. Miroku observó a la joven castaña por el rabillo del ojo y sintió que la cara le cambiaba de color ante su atrevido contacto.

—Pero si tengo tu mano aquí conmigo, creo que podré acostumbrarme rápidamente. —Porque ahora que sostenía a Sango con la mano que durante tanto tiempo había estado maldita, Miroku sentía que ya lo tenía todo, que no podía faltarle algo que no necesitaba, cuando lo que necesitaba ahora era la mujer a su lado—. Entonces, no sueltes mi mano, por favor.

Y mientras decía esto, Miroku alzó su mano atrapada entre sus dedos y depositó un suave beso en el dorso de su mano, haciendo que el rostro de la exterminadora casi hiciera combustión—. N-no pienso soltarlo de aquí en más, su Excelencia.

—Eso me gusta, —respondió el monje mientras parecía tantear las palabras en su boca, antes de agregar—, porque quiero hacer honor a la promesa que te hice, inmediatamente. Y ya no tener que volver a soltar tu mano.

—Su Excelencia-...

—Miroku.

—¿Huh?

—Te voy a hacer mi esposa. No quiero que vuelvas a llamarme con esa formalidad. Quiero que me trates como tu igual, no como una persona con más autoridad o respeto que tú.

Sango le miró con un mohín, avergonzada— ¡Pe-pero...!

Pero la mirada del monje era decidida—. Miroku.

—M-... Mi-... Mi-ro-...ku... —Sango enrojeció hasta la punta del cabello mientras musitaba su nombre suavemente. El aludido no pudo sino encontrarla adorable. ¿Quién podría imaginarse que una mujer tan fuerte, tan llena de resiliencia y determinación, podría verse doblegada de esa forma tan tierna ante las cuestiones del corazón? Miroku estaba agradecido de ser el único hombre con la fortuna de apreciar aquello.

Y aún así, sentía que le debía el mundo entero a esa mujer.

—Sé que no soy un hombre de alta cuna, ni tengo tierras ni riqueza que ofrecerte. Tampoco soy un hombre de habilidades excepcionales. —Ya no había maldición ni poderes espirituales extraordinarios que lo hicieran un hombre de alta reputación—, pero no habrá ni un día más que pase sin estar dispuesto a entregar mi vida por ti.

Pero entonces fue el turno de Sango de reaccionar, acercando su mano libre hacia su agarre de manos y entonces apretó la mano donde anteriormente el Kazaana se manifestaba—¡Su Excelencia, no vuelva a decir eso! —Miroku se sintió extraño ante la forma tan aprehensiva en que ella le hablaba—. ¡No quiero que entregue su vida por mí, quiero que sea capaz de ver lo valioso que es usted para mí! ¡Darle el valor de vivirla a pesar de todo!

—Sango...

—No podría vivir en un mundo sin usted, su Excelencia. Ya una vez sentí que mi mundo se terminaba, pensando que sería devorado por el agujero de su mano. —Las palabras de Sango comenzaron a bajar su intensidad y volumen, mientras se convertían en un murmuro suave—. Así que por favor... No desperdicie su vida luchando para morir por mí. Ya no existe el peligro inminente de que su Kazaana se abra y lo devore todo; Naraku ha sido derrotado y su maldición también. No tiene que ponerse al frente como chivo expiatorio para salvar a nadie, mucho menos a mí.

Al final, las palabras de Sango se habían convertido en un hilo de voz que Miroku apenas podía percibir. Eran las palabras nacidas de un amor adolorido, embatido por las malas pasadas de la vida y que solo necesitaban un espacio seguro y acogedor para sanar. Había estado toda su vida jugando en el borde entre la vida y la muerte, donde el tiempo era escaso y tenía que maximizar sus oportunidades de postergar su vida en caso de que su inequívoca misión resultara fallida. El tiempo era limitado y la muerte no representaba algo lejano ni de temer, sino un paso inevitable en el camino de la vida.

Pero ahora tenía vida. Y sobre todo, tiempo. Esta mujer se lo recordaba. Era el momento de tener el coraje de vivir al máximo y apreciar la vida que los Dioses le estaban concediendo. Vida para crecer. Y vida para cuidar de ella.

Mientras reflexionaba sobre estas palabras, Miroku acercó su mano libre a ella y acarició el cabello de la exterminadora, que ya parecía al borde del llanto. Entonces se inclinó suavemente hacia ella, hasta que sus frentes se tocaron.

—Sango..., ¿aceptarías a este humilde monje, que solo piensa en ti y tu bienestar (aunque todavía tenga que trabajar un poco en esto del autosacrificio) como tu esposo? Como te dije, tal vez no sea un hombre con riquezas y poder, pero te daré de mí todo, para que nunca te falte nada. Así que-... ¿Me harías el honor de ser mi esposa?

Finalmente, Sango se rindió y permitió que las lágrimas que valientemente había contenido esos eternos minutos, rodaran por sus mejillas, conmovida—. Siempre, su Excelencia. Siempre.

Se quedaron así unos momentos, sintiendo como sus cuerpos se llenaban de esa calidez que los abordaba en ese momento.

—Entonces...

—¿Su Excelencia?

—... ¿Crees que podamos retener a Kohaku en la aldea el tiempo suficiente hasta que regresen Inuyasha y la señorita Kagome, y poder hacer el cortejo de bodas como debe ser?

Sango sintió un suave bochorno subir por su rostro ante la mención de lo inminente, pero no era incómodo. Por el contrario, era consciente de que este era el punto de partida, su comienzo. El tiempo lo tenían ahora que la maldición del Kazaana se había roto, y Kohaku seguía con vida y a su lado. Para ella, ya lo tenía todo, no hacía falta nada más.

Quizá tal vez...

Miró en dirección al pozo desaparecido y de pronto la idea de que este nunca regresara y con él sus amigos que ahora eran parte de su familia, le abordó.

—¿Cree que Inuyasha y Kagome regresen?

Era todo lo que les hacía falta. A ambos. La familia que los acogió por tantos meses, aunque nada los atara salvo el deseo de derrotar a su némesis. Pero eso era solo una pregunta necia, porque la respuesta la conocían a la perfección. Algo en el fondo de sus corazones se los decía.

—Claro que lo harán.


Fin.


PS. Con cariño Yumi, esperando que lo hayas disfrutado como yo disfruté escribirlo. A veces me es un poco complicado encontrar la forma correcta de representar a estos dos, pero es porque no me gusta arruinarlos, son tan lindos y tan perfectos así como son ;w; pasé días viendo fanarts y prompts, a la espera de encontrar la idea perfecta, y luego nació esto (L).

Muchas gracias por todos estos años de amistad, que es muy valiosa para mí. La verdad, creo que ya habría perdido la cabeza aún más sino fuera por ti y todas en el grupo. Te amo y las amo a todas, de verdad (L).

Un abrazo con todo mi cariño.

Onmi.