Prólogo
—¡Papá, apúrate que se nos hace tarde! —exclamó una pequeña niña de 11 años, tratando de apresurar a un hombre uniformado, que seguramente estaba prestigiándose.
El hombre observó a la niña con una expresión afable en su cara. Él se le acercó y le alborotó el cabello, provocando que ella soltará un resoplido. Al ver la cara que su hija había puesto, él se puso a peinarla lo mejor que pudo, y al terminar, el le puso un modesto broche rectangular de color negro en su cabello. La niña sonrió bastante satisfecha al ver el buen trabajo que su padre había hecho, y unos momentos después se dispuso a verificar sus cosas, como hacía siempre que podía.
—¿Todo en orden? —el hombre preguntó unos minutos después.
La niña formó una sonrisa astuta en su cara y asintió de una manera algo enérgica, provocando el hombre alzará una ceja con algo de curiosidad. Unos instantes después la niña fue hacia su padre y lo abrazó, transmitiéndole todo su amor.
—Es una pena que Raffy no pudiera quedarse con nosotros —la niña comentó mientras tomaba la mano de su padre.
El hombre tomó el baúl con su mano libre y se lo puso en el hombro, como solía hacerlo cuando iba de cacería con sus abuelos, antes de la "Segunda Revolución Mexicana".
—No es para tanto cariño, él quedó en vernos en King's Cross... ya sabes que su nuevo trabajo como auror lo tiene algo ocupado.
—"Ocupado" no es algo que diría con Raffy papá, es más, creo que tiene una novia —la niña le respondió con expresión astuta, como si hubiera descubierto una gran secreto de la humanidad.
—¿En serio? —el hombre le respondió bastante divertido— él es tan discreto, que ni yo pude darme cuenta.
—Créelo papá, creo que está saliendo con su amiga, la que es muy seria.
El hombre negó bastante divertido por las ocurrencias de su hija, aunque no pudo evitar darle la razón en ese aspecto.
—Bueno, hay que apurarnos que se nos hace tarde y el tren está a nada de partir.
La niña asintió y jaloneó un par de veces a su padre para indicarle que fuera más rápido, por lo cual llegaron hasta el auto que el hombre había alquilado desde el día anterior.
—¿Y en qué casa piensas quedar, hija? —el hombre preguntó mientras habría el maletero del auto.
La niña se quedó pensando unos instantes, pero de un momento a otro observó a su padre con una gran sonrisa, la cual podría hacer que uno la confundiera con el Gato de Cheshire.
—¡En Gryffindor como mamá!
—¿Ah sí? —el hombre preguntó con su mano en el mentón, como si estuviera pensando en algo.
—Yo creo que Billy también va a quedar ahí —la niña indicó algo pensativa—. Aunque Hufflepuff no sería tan malo, Raffy estuvo ahí.
—Ya veremos cariño, aunque no sé muy buen como va eso de la clasificación, sé muy bien que vas a resaltar sin importar en que casa estés. No importa si es en Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff o Slytherin... tú siempre serás mi brujita especial.
Después de dejar a su hija en el asiento del copiloto, el hombre se apuró a regresar al apartamento para ir por su fusil de servicio HK G3 y de paso ir por un arma muy preciada para él, la cuál era un revólver Remington 1875. Tras ponérselo en una pistolera que estaba sujetada a su pierna, verificó que el fusil no tuviera un cartucho en la recámara y después colocó el seguro y lo dejó en el maletero al lado del baúl. Por su parte la niña observó de forma acusatoria al hombre con los ojos entrecerrados, a lo cual el hombre no pudo evitar la mirada algo apenado.
—Perdón cariño, pero después de dejarte en la estación me tengo que quedar a hacer guardia para evitar que la gente mala se salga con la suya.
La niña no pudo evitar suspirar para proceder a sonreír, cosa que sorprendió al hombre.
—Aunque no tengas magia para mí eres un héroe papá —le contestó con un tono alegre.
Tras la declaración de su hija, el hombre acarició con cuidado su cabello pelirrojo y procedió a encender el auto para después partir hacia la concurrida estación londinense. A pesar de que el sentimiento de la ausencia de su esposa era latente, el hombre hizo su mejor intento por mantener esa postura fuerte que lo caracterizaba, en especial para que su brujita especial no sintiera esa ausencia.
Tras conducir por varios minutos ambos llegaron a tiempo a King's Cross. El hombre tomó el fusil de combate y se lo echó al hombro y procedió a tomar el baúl para buscar un carrito portaequipaje para que Rafael y su hija lo llevaran hasta el tren, ya que él no podía pasar hasta el andén 9 ¾. En eso andaba el hombre hasta que la voz de su hijo mayor le llamó la atención.
—Gracias al cielo que llegan papá, el tren está a unos de minutos de partir —le indicó el pelirrojo con una voz aliviada.
—Nunca he llegado tarde hijo, y esta no va a ser la primera vez —le indicó el hombre mientras ponía el baúl en el carro.
Rafael miró de pies a cabeza al hombre y alzó una ceja al notar que estaba vestido como si estuviera en servicio, lo cual el hombre le restó importancia.
—¿El viejo Harcos te hizo trabajar hoy? —preguntó el pelirrojo.
—Verás hijo... el IRA ha estado dando movimientos sospechosos y Harcos me pidió de favor que si podía hacer guardia, al menos hasta que llegué el equipo 3 del 2do. Regimiento de la Unidad Protectores*.
—Tienes razón, los rebeldes irlandeses han estado algo inquietos los últimos 3 meses pero eso no explica porque te lo pidió específicamente a ti —le indicó Rafael mientras caminaba con su hermana.
—Porque ya estaba aquí, además le quiero pagar el favor que me hizo al darme una pluma de Horus para la varita de tu hermana, ya ves que ella tiene gran afinidad con ese fénix —le indicó el hombre recordando un incidente que había ocurrido hace un par de años.
El hombre le indicó a su hijo mayor que llevara a su hermana hasta el tren y que le ayudara a subir el baúl. La niña pelirroja miró triste a su padre pero éste le dio un abrazo y le dijo que la vería en vacaciones, que se portara bien y le hiciera caso a su hermano.
—Cuídate hija, te quiero con toda mi vida —se despidió el hombre mientras le acariciaba el rostro con cariño, tras hacerlo observó a su hijo mayor.
—Cuida mucho de Sarah, hijo —le indicó con simpleza pero se sintió como si se estuviera despidiendo.
—Claro padre, siempre lo haré —le contestó Rafael mientras cruzaba junto a su hermana hacia el andén 9 ¾.
Una vez que sus hijos salieron de su campo de visión el hombre se posicionó junto a una columna y tras hacerlo se dispuso a comprobar su fusil antes de seguir vigilando todo lo que entraba en su rango de visión. Casi nada de tiempo pasó cuando alcanzó a notar un destello verde por el rabillo de su ojo. El hombre prestó más atención y notó que un grupo de encapuchados con máscaras plateadas lanzaban rayos de luz verdes. El reconoció eso, pues su amada esposa le contó que era el Avada Kedabra pero nunca tuvo la oportunidad de verlo frente a sus ojos. Una gota de sudor frío le recorrió la espalda, cortó cartucho y se dispuso a evitar que cruzaran hacia el andén en donde estaba su hija. Mientras se movía de posición el hombre fue notado por uno de los enmascarados, el cual le lanzó un Avada Kedabra que el soldado evitó por los pelos. Entonces el militar levantó su fusil y le disparó una vez, provocando que el potente disparo de calibre 7.62x51 lo derribara al impactarlo.
—¡Ese Sangre Sucia, derribó a Tommy! —gritó otro de los encapuchados— ¡Crucio!
El hombre sintió bastante dolor, equiparable al de mil cuchillos incandescentes clavándose en su piel pero reuniendo toda su fuerza de voluntad pudo levantar su fusil con dificultad y apretar el gatillo otra vez.
Mientras los mortifagos veian el estado de sus compañeros, el militar se pudo reposicionar y gritó un nombre.
—¡Tabby!
Inmediatamente apareció un escuálido pero bien vestido elfo doméstico.
—A sus órdenes señor —el elfo indicó observando al militar con sus ojos saltones y brillantes como canicas.
—Evita que esos malditos entren en el andén 9 ¾ y le hagan daño a gente inocente.
El elfo domestico desapareció en un plop y aparentemente bloqueó la entrada al expreso de Hogwarts. El militar al ver que no le quedaba más alternativa se dispuso a confrontar a los mortifagos para evitar que siguieran matando a más gente inocente. El hombre corrió buscando una mejor posición y no pudo evitar observar como los mortifagos acabaron fácilmente con un destacamento de 10 policías londinenses que fueron llamados por el alboroto que se había hecho.
Mientras corría una maldición explosiva le aturdió y le desorientó pero siguió moviéndose hasta que tuvo a tiro a uno de esos terroristas y le disparó con su G3 derribándolo al instante. El hombre sabía que si no acababa esto pronto era probable que llegara algún destacamento del SAS y eso se convertiría en un desastre total. Un mortifago lanzó una maldición de corte, lo cual le sacó de balance y eso casi le costó un Avada Kedabra, el cual esquivó por los pelos nuevamente. Después de mantener fuego continuo, el militar pudo abatir unos 5 mortifagos más pero los restantes radicalizaron su táctica, tratando de matarle directamente, hasta que uno de los enmascarados lanzó un Expelliarmus en un intento desesperado de despojarlo de tan letal instrumento. Los mortifagos festejaron al ver que el hombre estaba totalmente indefenso y uno de ellos le lanzó un Crucio festejando y humillándolo.
—¿Creíste que te saldrías con la tuya verdad estúpido muggle? —le cuestionó el mortifago— ¡Esto es por Patrick!
Acto seguido el mortifago lanzó otro Crucio, esta vez logrando que el militar pudiera gemir de dolor. El militar trató de resistir lo más que pudo hasta que el recuerdo de su esposa y sus hijos pasó por su mente, fue entonces que, lentamente llevó su mano hasta su pistolera y se giró lentamente hasta tener una línea de tiro clara. El hombre apuntó su viejo pero confiable Remington 1875 hacia el mortifago, amartilló el arma y tiró del gatillo, matándolo posteriormente. Ante la mirada incrédula de los demás mortifagos, el hombre se levantó del suelo con dificultad, enfundó el revólver para después tomar su rifle del suelo y empezar a dispararles, abatiendo otros 3 en el proceso.
Los mortifagos estaban perplejos por el hecho de cómo era posible que un simple muggle era capaz de hacerles frente, ellos sabían que no tenían mucho tiempo antes de que los aurores llegaran y pusieran bajo control toda la situación. Uno de ellos vio la oportunidad perfecta para acabar con el problema y poder eliminar al muggle.
—¡Sectumsempra! —uno de los mortifagos exclamó.
Fue en fracciones de segundo cuando el militar recibió el maleficio, el cual le provocó cortes bastantes graves y profundos, que le hicieron sangrar profusamente. El mortifago al ver que el hombre moriría irremediablemente se retiró con una sonrisa en su boca antes de que terminaran de llegar los aurores.
—¡Padre! —exclamó Rafael al ver al hombre sentado junto a una pared—. Qué bueno que estás... —el joven auror se calló al ver el pequeño charco de sangre que había formado.
—Rafael, ven aquí hijo —el militar indicó con una voz entrecortada.
Una vez que el joven auror y su compañera estuvieron junto a su padre, el militar le pasó su Remington 1875. Rafael estaba incrédulo de la situación que se le estaba presentando, entonces intentó utilizar una especie de hechizo sanador pero las heridas no se cerraron. El militar al ver que los esfuerzos de su hijo eran inútiles decidió detenerlo.
—¿Hijo, Sarah se fue en el tren? —preguntó.
—Sí, padre —el joven auror comentó—. Ella no está enterada de nada de esto, gracias a que Tabby bloqueó la entrada.
El militar sonrió satisfecho pero empezó a sentir como se le iban las fuerzas.
—Lo que me lamento es que no podré verla crecer y convertirse en una hermosa mujer.
—¡Pero te pondrás bien y la verás en navidad como prometiste!
—Lo siento hijo, pero... el maldito suertudo de David Arenas Villa no se librará de esta... solo quiero pedirte un favor antes de partir y reunirme con tu madre —comentó el militar sintiendo como empezaba a faltarle el aire—. Quiero... que cuides y protejas a Sarah hijo, quiero que me prometas que harás todo lo posible para que ella se convierta en una persona de bien.
El auror Rafael Arenas Weasley observó con tristeza a su padre y entre sollozos se lo juró, juró que el haría todo lo posible para que su hermanita se convirtiera en una persona de bien. Rafael, tras hacer ese juramento observó a su padre pero notó que ya no se movía. El joven auror no pudo evitar sentir pánico y un movimiento desesperado le tomó el pulso, solo para notar que su padre había muerto, al igual que su madre hace un año. Rafael lloró desconsoladamente, se sintió una mierda por no haber podido salvar a su padre, por no poder evitar ese golpe por parte de los seguidores de "quien no debe ser nombrado". El auror sintió como la mano de su querida amiga y compañera Amelia, la cual le dio apoyo moral de la misma manera que él se la dio cuando la consoló cuando casi toda la totalidad de su familia había sido arrasada durante la guerra contra Voldemort.
12 Años Después...
Cuartel provisional de la Unidad Protectores de Landavidis en Kosovo, Serbia.
—Sarah, Rafael —una voz fuerte pero familiar para los hermanos les llamó la atención—. Tenemos una nueva misión.
Los hermanos voltearon hacia su teniente, el cual no parecía tener más edad que Sarah.
—¿Cuál es teniente? —preguntó Rafael con bastante confianza.
—Parece que mi padre quiere que pasemos una "agradable" temporada en Reino Unido y al parecer quiere que cuidemos a un VIP —comentó el teniente de forma directa.
—¿Y cómo se llama el VIP, teniente gruñón? —preguntó Sarah con una sonrisa retadora.
—Normalmente te arrestaría por esa falta de respeto pero como eres mi amiga te lo dejaré pasar Sarah. Bueno... ¿en qué estaba?, ah sí, el VIP se llama Harry Potter. Y tenemos que cuidarlo hasta que cumpla los 17 años.
—¿Y esa va a ser nuestra única misión? —preguntó Sarah después de alzar una ceja incrédula.
—No, Tomatito —Saulo sonrió con suficiencia antes de continuar— va a haber más misiones intermedias pero esta va a ser la prioritaria.
—¿Y a qué parte vamos a ir? —preguntó Rafael, como si fuera cualquier cosa.
—A un lugar conocido para ustedes, iremos a Hogwarts.
*La Unidad Protectores, es una unidad especial formada en el año 1191 por decreto de Geroi I el Grande, en un intento de frenar a los cruzados de las atrocidades que cometían en tierra Santa. fue fundada después de que el rey Geroi y Saladino llegaran a un acuerdo en conjunto con el rey Ricardo I Corazón de León.
En un principio la unidad estaba bajo el nombre de "La Santa Orden de la Protección" pero alrededor de 1924 cambio de nombre a "Unidad Especial Protectores de Landavidis" coloquialmente conocidos como "Unidad Protectores" y son reconocibles por su casi omnipresente uniforme negro y su escudo de armas que es casi idéntico al escudo nacional de Landavidis.
También se aceptan, críticas, opiniones, sugerencias... sin más que decir, nos vemos para la próxima.
