Jugar al escondite

Disclaimer: Nada me pertenece.

Esta historia participa en el multifandom del foro Alas negras, palabras negras con la tabla de lugar y el prompt escondite.

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Toca el timbre como si se le hubiera quedado el dedo pegado. Seguramente si Benjamín está en casa le va a caer una bronca de narices, pero le da igual. Necesita que alguien le abra la maldita puerta. De todos modos si Benjamín estuviera en casa ya le habría abierto y la estaría mirando con esa cara de chupar limones que siempre pone.

Supone que los mellizos no están tampoco. No es que sea amiga de ninguno, pero ahora mismo agradecería ver la sonrisa de santurrona de Ari o cualquiera de las poses de sobrado de Patrick.

Es él quien abre finalmente la puerta. Va en pijama y tiene una cara de recién levantado que no pega nada con su estilo habitual de Ken con transparencias. Por si el ceño fruncido que le dedica no fuera suficiente pista de que está de mala hostia porque lo haya despertado, su saludo consiste en:

–¿Qué coño quieres?

A Rebeka le da igual. No ha venido para hacerse su amiga, sino para hacer las paces con Mencía. Pensándolo en frío puede que ella ni siquiera esté en la casa, pero al menos tiene que intentarlo.

–Quiero hablar con Mencía.

–¿No lo habíais dejado?

En realidad la que la ha dejado es Mencía y no contenta con eso le ha devuelto todas sus cosas. Se ha encontrado la caja en la puerta. Ni siquiera ha tenido la decencia de dárselas en persona. Hierbe de rabia. Ni siquiera ha mirado bien lo que le ha devuelto. Ha echado a andar hasta su casa inmediatamente y por eso se encuentra en esa situación, explicándole su vida amorosa a un chico que ni le va ni le viene por más cuñado o excuñado suyo que sea.

–No, me ha dejado ella porque ahora le ha dado por ser una hija ejemplar de tu padre, pero yo sé que todavía me quiere. Por eso tengo que hablar con ella. ¿Me dejas entrar? También puedo seguir tocando al timbre hasta que salga o ponerme a gritar a ver si se asoma por la ventana.

–Ni que la tuviéramos secuestrada. A lo mejor no quiere hablar contigo y por eso me ha tocado a mí levantarme a abrirte.

–Bueno, tampoco te quejes. ya iba siendo hora de que te levantaras. Son las once de la mañana. ¿Me dejas pasar entonces?

Patrick se lo piensa por unos segundos. Luego se encoge de hombros y la deja entrar. No le van a dar el premio al hermano mayor del año, eso seguro, pero a Rebeka le ha venido bien que los Blanco se cuiden tan poco entre ellos.

Mencía la está esperando en la puerta de su habitación. Tiene los brazos en jarras y la cara más seria que Rebeka le ha visto jamás.

–¿Vienes a devolverme mis cosas?

–No, aunque si lo hiciera, cosa que no pretendo hacer, yo te las daría en persona en lugar de dejarlas en la puerta de tu casa como una cobarde.

–No, tú eres más de intentar fundirme el timbre como una loca.

–Como una loca no, como alguien que se preocupa por ti.

La conversación no va muy bien. Rebe intenta suavizar las cosas, pero Mencía no la deja hablar.

–Rebeka, he tomado una decisión y que a ti no te guste no significa que no sea lo mejor para mí. Ya no quiero estar contigo y eso no lo va a cambiar que aparezcas aquí ni hoy ni nunca. Asúmelo, las relaciones se acaban y no puedes estar siguiendo a la otra persona como un perrito faldero a ver si vuelve.

Después de eso Mencía se mete de nuevo en su cuarto y Rebe se marcha. Sigue cabreada, pero por encima de todo está dolida. La han llamado muchas cosas a lo largo de su vida, pero perrito faldero nunca. Ella es una chica dura.

Y no obstante, sabe que Mencía tiene razón. Cuando se trata del amor se comporta como un perrito faldero que va detrás de la otra persona conformándose con las migajas que le dan. Lo hizo así con Samuel y ahora lo está haciendo de nuevo.

Sale de la casa sin encontrarse a nadie. Probablemente Patrick habrá vuelto a la cama. Es mejor así. No quiere hablar con él ni con ninguna otra persona. Para cuando cierra la puerta de entrada a sus espaldas ya ha tomado una resolución. No va a volver a ir detrás de nadie. Si Mencía la quiere, que sea ella la que vaya a buscarla.

Conoce a Jess unos días después. Es una chica simpática. Es divertida y las dos conectan bien desde el principio. A Rebe le gusta estar con ella. Con Jess todo se siente fácil y de repente se pregunta si ppodría tener algo con ella, una relación sencilla en lugar de una en la que tuviera que ir buscando a la otra persona como si estuvieran jugando siempre al escondite.

Decide intentarlo, pero desde el principio sabe la respuesta. El amor no es un sentimiento racional. Nadie se enamora de otra persona solo porque sería la opción más fácil. Jess y ella podrían pasarlo genial, pero Rebeka sabe que sigue enamorada de Mencía aunque tenga que buscarla cada vez que ella decida esconderse.