IMPORTANTE: este fanfic de la película Kimi no Na wa (Your Name) explora en profundidad los eventos que transcurren durante la película. Si no la ha visto aún, yo recomiendo encarecidamente que primero la vean para que puedan disfrutarla tanto como puedan sin arruinar la experiencia leyendo todos estos "spoilers" antes de tiempo. Lo repito con toda seriedad: ¡NO CONTINUE LEYENDO si no ha visto primero la película! Y después que la haya visto, sin duda entenderá porqué una continuación como esta es necesaria.
Este es el el primer fanfiction (y texto literario) que he escrito. Por favor deje sus comentarios en los reviews, ya que sus comentarios, opinines e ideas me ayudarán a mejorar mis futuros escritos. ¡Gracias!
Temprano por la mañana del viernes 8 de abril de 2022, cerca del santuario Suga, en Tokio, un hombre y una mujer, aún veinteañeros, se miraban con ansiedad a pocos metros uno del otro, detenidos en una escalera pública.
El chico, vestido con un traje gris algo estrecho, la miraba desde la parte superior de la escalera. La chica, vestida con un traje simple, pero a la vez elegante, lo miraba de vuelta desde la mitad de ella.
Ambos estaban inquietos, sin saber qué decir el uno al otro. El chico decidió tomar la iniciativa:
—¿Nos conocemos?
La chica también sentía eso. Una lágrima comenzó a caer por su mejilla.
—Eso creo.
De pronto una pregunta salió al mismo tiempo de sus bocas.
—¿Cuál es tu nombre?
Lo inesperado de tal sincronía los hizo reír por un par de segundos. Después de algo de vacilación, el chico caminó al otro lado de la baranda roja central que dividía la escalera en dos, y comenzó a caminar hacia la chica.
Él sentía que ella era esa persona que había estado buscando por largo tiempo, aunque en realidad no sabía quién era.
La chica lo esperaba ansiosa y tenía esa misma sensación de que él era esa persona que ella buscaba, pero tampoco lograba reconocerlo.
Cuando el chico llegó a su altura bajó su vista, algo avergonzado.
—Me llamo Taki —se presentó, con una sonrisa tímida.
—Yo soy Mitsuha —respondió la chica.
Una lágrima también caía por la mejilla de Taki. La sensación de conocer a la mujer que estaba al frente suyo era intensa, pero él no podía recordar cómo ni de dónde la conocía. «Mitsuha, Mitsuha, ¡Mitsuha! ¿Dónde te conocí?», se preguntaba, pero una oscura bruma parecía ocultar cualquier tipo de recuerdo.
—Cuando te vi en el tren, sentí que necesitaba encontrarte, pero no entiendo por qué —se cuestionó Mitsuha, algo avergonzada al pensar en la carrera que había dado.
Ambos se habían visto minutos atrás, mientras viajaban en trenes distintos. Cada uno de ellos estaba parado delante de las ventanas de las puertas del vagón en el que iban, cuando por casualidad las líneas de los trenes corrían paralelas por un trecho, y los trenes avanzaron por un momento en paralelo y en el mismo sentido, dejándolos una al frente del otro por unos instantes. Con solo verse esos pocos segundos habían sentido que el otro era esa persona, alguien a quién buscaban desde hacía largo tiempo. Sin poder decirse nada más que solo mirarse, ambos habían bajado en la siguiente parada de sus trenes, en estaciones diferentes, y corrieron hacia el otro, rogando porque el otro estuviera haciendo lo mismo. Y de alguna manera misteriosa, su intuición mutua había sido la correcta.
—Yo también sentí lo mismo, y estaba preocupado de que no estuvieras, bueno… aquí.
—¿En dónde nos conocimos? ¿En Hida? ¿En Tokio?
—Yo siempre he vivido en Tokio ¿Tú vienes de Hida?
—Vengo de la prefectura de Gifu, de… Hida-Furukawa, aunque llevo años viviendo en Tokio.
Por la cara de Mitsuha pasó una sombra. Ella en realidad venía de un pequeño y alejado pueblo rural, conocido como Itomori, que había existido perdido entre las montañas de la prefectura de Gifu. Construido en torno a un encantador lago, no tenía más de 1500 habitantes. Ella aún era adolescente cuando el pueblo de Itomori fue destruido por el impacto de un fragmento del cometa Tiamat, la noche del 4 de octubre de 2013. De una forma que parecía un milagro, casi todos los habitantes habían sobrevivido, pero la mayoría de la población fue movida a albergues en otros pueblos y ciudades de la zona de Gifu, y el pueblo terminó siendo abandonado.
La familia Miyamizu, con su abuela Hitoha, su hermana Yotsuha y ella, fueron llevadas a Hida-Furukawa. Allí a las niñas les asignaron un colegio y un instituto donde terminar el resto de su año escolar.
Los sobrevivientes de Itomori tuvieron que aprender a interactuar con mucha gente nueva, quienes siempre preguntaban detalles de lo que les había ocurrido ese fatídico día, el día que Itomori fue devastado por el cometa, creando un cráter que se transformó en un nuevo lago, el "Nuevo Itomori", unido al original, dándole una rara forma de "8".
Para Mitsuha, hablar de Itomori abría dolorosos recuerdos. Ella sentía que además de perderlo todo de Itomori, había perdido algo más, más que solo su vida y su hogar de infancia.
Con el tiempo, ella comenzó a omitir su origen de sus conversaciones, en especial cuando conocía gente. Así evitaba tener que dar una vez más esas mismas explicaciones. Al llegar a Tokio ella comenzó a decir que venía de Hida-Furukawa, omitiendo su origen real.
Sin embargo, para Mitsuha era claro que, como ella sentía que conocía a Taki, tendría que haberlo conocido en Hida-Furukawa, o si no más tarde en Tokio, cuando se mudaron al año siguiente, en 2014.
Por su parte, Taki sentía una punzada extraña. Sentía que por fin estaba ante esa persona que había estado buscando por tanto tiempo, pero no podía recordar cómo la conocía ni de dónde. ¿Era esto solo una confusión? Pero ¡ella estaba aquí, y estaba seguro de que ella también sentía lo mismo!
—¿Estás segura que no nos hemos visto en Tokio antes?
—Tal vez, tal vez…
Desde que había llegado a Tokio, Mitsuha había conocido a muchas personas. Había estudiado en una universidad de Tokio, había trabajado a tiempo parcial en una tienda de departamentos de Shinjuku, y viajaba a diario por Tokio camino a su actual trabajo. Sin duda había visto a muchas personas, pero sentía que él no podía ser ninguna con la que se había cruzado antes en todos esos años; si ella lo hubiera visto y hubiera sentido lo mismo que sintió al verlo recién, no podría haberlo olvidado.
¿O tal vez lo había visto en alguna de las cenas corporativas de la empresa? ¿Sería algún familiar de…?
De pronto Mitsuha abrió los ojos y recordó que tenía que llegar a su trabajo. Con la agitación había olvidado por completo a dónde iba, y recordarlo le cayó como un balde de agua fría
—Taki, lo siento, pero… debo irme, debo llegar a mi trabajo, y… no quiero, pero… necesito saber... ¡Por favor dame un minuto!
Se alejó unos escalones y sacó su móvil. Buscó con prisa el número de su trabajo para reportarse.
—Noriko-san… sí, soy Mitsuha… sí, estoy bien, pero, tuve una demora… lo lamento mucho, por favor asigne a alguien que me reemplace en la reunión… sí, lo lamento, voy en camino ahora, le explicaré todo más tarde… sí, adiós.
Mitsuha se quedó cabizbaja mirando su móvil un segundo, y luego se volvió hacia él con una cara que mostraba el conflicto interno de tener que irse para cumplir sus responsabilidades o el poder quedarse y estar más tiempo con él.
El chico se sintió culpable al verla tan complicada, pero sentía que no podía dejarla ir, así como así.
—Yo quisiera conversar contigo, conocerte y saber más de ti. Pero veo que estás en problemas por tu trabajo.
—Yo también quiero, pero… lo siento, debo volver a la estación.
«Yo te acompaño», pensó Taki, pero se dio cuenta de que faltaba algo más importante ¿cómo podría encontrarla de nuevo solo con su nombre de pila?
—¿Te parece si intercambiamos nuestros números? Quisiera conversar más contigo, con calma. Siento que es muy importante.
Taki sacó con rapidez un lápiz y una libreta de su bolso. Por alguna razón ya no confiaba en su teléfono para anotar cosas importantes. Escribió su nombre y su teléfono, arrancó la hoja y se la pasó. Ella miró la nota y sintió una extraña sensación de nostalgia. Por alguna razón, tanto la forma de escritura como el número telefónico mismo le parecieron familiares.
El chico le entregó la libreta y el lápiz. Pero cuando ella iba anotar sus datos, él tuvo un fuerte déjà vu: la repentina sensación de que, si ella escribía algo, desaparecería como en un acto de magia. Un irracional miedo surgió en su interior y lo hizo reaccionar en un impulso, dando un grito desesperado.
—¡No Mitsuha!
Tomó a chica por los brazos, como intentando retenerla para evitar que desapareciera. Mitsuha se sobresaltó, soltó la libreta y retrocedió. Taki quedó helado, mirándola confundido.
—Perdón, no sé qué me sucedió, yo no quería… —se excusó Taki, soltándola de inmediato.
Se miró sus manos. «¿Por qué hice eso?», pensó. Pero el daño ya estaba hecho. Ella no entendía qué le pasaba a él, y solo siguió retrocediendo.
—Taki, yo… yo debo irme. Adiós…
La chica se giró y comenzó a subir rápido por la escalera. Un vórtice de sentimientos la invadió. Sentía que su corazón le gritaba que debía quedarse, pero su cerebro le decía que tenía que irse. Además… ¿Por qué ese chico reaccionó así? ¿Quién era él?
El joven quedó petrificado. Estiró su mano hacia ella y abrió su boca, pero el aire se negó a salir de sus pulmones ¿Qué había hecho? ¿Por qué sintió ese miedo, ese pánico repentino?
Mientras observaba como ella desaparecía en lo alto de la escalera, de pronto sintió como si todo se fuera a negro. Sentía que había encontrado a alguien demasiado importante, y ahora estaba desapareciendo. ¿Esto era un sueño? ¿Una pesadilla?
Al final volvió a sus sentidos, y se dio cuenta que estaba cometiendo tal vez el error más grande de su vida. Subió la escalera corriendo, pero, al llegar arriba, ella ya había desaparecido.
Se quedó un tiempo mirando la calle vacía sin saber que hacer. Luego volvió sobre sus pasos, y encontró su libreta y su lápiz aún tirados en la escalera. Los recogió, y comprobó que había una hoja arrancada. «Esto no fue un sueño», pensó. Pero la angustia lo sobrecogió y cayó sentado sobre los escalones, sollozando. Sintió que no era la primera vez que perdía a alguien. Que la perdía a ella.
Luego de un rato se puso de pie, y volvió cabizbajo sobre sus pasos, a la estación de trenes desde donde había venido.
Taki llegó más tarde que de costumbre a la biblioteca donde iba. Tomó el diario en busca de anuncios de empleos, como siempre hacía los días viernes. Pero su mente se sentía nublada. Casi no podía pensar. Solo dos palabras martillaban en su consciencia: «Mitsuha», y «¿Por qué?». Colocó la cabeza sobre sus brazos y un cansancio abrumador lo hizo quedarse dormido sentado en la mesa, sobre el diario.
§
Noriko Morita colgó el teléfono de su oficina y quedó preocupada. La llamada de Mitsuha la tomó por sorpresa. La chica siempre era muy puntual, por lo que este repentino aviso, y el tono nervioso de su voz se alejaba mucho de lo habitual en ella.
Giró su silla y miró hacia el paisaje de edificios corporativos de la zona de Shinjuku. Desde el cuarto piso dónde se encontraba, había un espacio entre los edificios que le permitía ver una parte del Jardín Nacional Shinjuku Gyoen. Solía hacer eso para relajarse y a aclarar sus pensamientos.
Ella sentía un gran cariño por Mitsuha. La había conocido varios años atrás, en 2014, cuando participaba en una ONG de ayuda social. En esa época en su ONG se abocaron en poder reubicar y apoyar a las familias que lo habían perdido todo en la tragedia del pueblo de Itomori, y a ella le asignaron apoyar a la familia Miyamizu.
Noriko había estado a cargo de ayudarles a encontrar un departamento en Tokio, pagado con fondos del gobierno; tuvo que ubicar un colegio para la hermana menor, que aún estaba en primaria, y apoyó a Mitsuha para encontrar una universidad y becas para continuar sus estudios universitarios en Tokio. Así se hizo cercana a su familia.
Mitsuha tenía la misma edad de su hija mayor, por lo que sintió una preocupación especial por ella dado que estaba en las mismas etapas cruciales de elección de carrera, tal como lo estaba su propia hija. Se alegró cuando Mitsuha eligió una carrera comercial, y con los años, cuando supo que ella se había graduado, la reclutó y recomendó para un cargo en el departamento de finanzas de la empresa donde era directora.
Pero no era solo la historia de vida de Mitsuha lo que la hacía sentirse ligada a esa chica. Desde que la conoció sintió que Mitsuha tenía un aura muy especial, algo que no sabía cómo definir. A pesar que encontraba que a veces era algo tímida y retraída, la chica tenía una personalidad que hacía que las personas se abrieran con ella, como si fuera una confidente innata. Eso era clave en los negocios. Así que tenerla trabajando en su equipo la hacía feliz.
Había también una razón familiar por cuál Noriko se preocupaba por Mitsuha. La hija mayor de Noriko había sido acosada y terminó sufriendo abuso sexual por parte del profesor guía del programa de doctorado al que asistía. La situación fue tan traumática que ella se fue de Japón para terminar sus estudios en el extranjero, donde con el tiempo se quedó a vivir para siempre. Noriko extrañaba mucho a su hija y tenía muy pocas oportunidades de verla. Y como Mitsuha le recordaba a su hija mayor, los instintos maternales de Noriko habían encontrado en Mitsuha un destino. De verdad le preocupaba el bienestar de su protegida.
Noriko no pudo dejar de preocuparse por esa llamada de Mitsuha. Respiró profundo, e intentó desprenderse de la ansiedad que le dejó esa llamada. «Debe ser algún problema sin importancia. Llegará pronto y va a estar bien», se dijo a sí misma para tranquilizarse. E intentó enfocarse en otros temas, sin demasiado éxito.
§
Mitsuha corrió de vuelta a la estación, pero la confusión de sus sentimientos no la abandonaba. Ella por fin lo había encontrado, pero ¿¡Quién era él!? Se sentía culpable. Cuando parecía que había encontrado a esa persona tan importante, la responsabilidad y el deber sepultaron la oportunidad de descubrirlo.
Ya en el tren camino a su trabajo abrió su mano en forma lenta, como hacía cada mañana al despertar. Desde aquel día cuando Itomori desapareció, ella solía despertar en las mañanas llorando, sin saber por qué o por quién, y mirando su mano y esperando ver algo importante en ella. Pero ahora tenía en su mano un papel. Un número de teléfono. Y un nombre:
"Taki Tachibana".
Taki. Sentía que ese nombre era importante, pero ¿Quién era él? ¿Por qué era tan importante para ella? ¿Y por qué ella era importante para él?
Llegó a su trabajo incluso más tarde de lo que había previsto. Entró a la oficina cabizbaja, intentando no llamar la atención. No se sentía con ánimo de encarar a nadie, así que se encaminó hacia la pequeña cafetería de su piso. Quería tomar algo caliente y tranquilizarse, antes de ir a su puesto.
Noriko la vio pasar desde su despacho. Se asomó desde la puerta y la llamó en forma discreta:
—Mitsuha, espera ¿Puedes venir a mi oficina un minuto, por favor?
Mitsuha se giró sobresaltada al escucharla. Bajó aún más su vista, abrazó el tirante de su bolso con fuerza, y caminó de vuelta hacia ella con cara de culpabilidad.
Noriko la vio llegar tan descompuesta y alterada que despertó sus temores previos al máximo; era su deber cuidar que sus empleados estuvieran en un ambiente de trabajo sano, y sus vidas privadas no eran de su incumbencia, pero no por ello podía dejar pasar por alto que algo pudiera afectar así a su gente. Menos a Mitsuha.
Esperó que ella entrara a su despacho y cerró la puerta tras ella. Mitsuha, apenas entró, comenzó a deshacerse en disculpas por el atraso.
—Tranquila, Mitsuha, tú siempre eres muy puntual ¿Estás bien? ¿Qué le pasa a tu cara? ¿Estuviste llorando?
Mitsuha miró hacia un lado. Vio su reflejo en uno de los vidrios oscurecidos del despacho de Noriko. A pesar de no ser un verdadero espejo, pudo notar que sus ojos se veían hinchados y enrojecidos, y estaba pálida.
—Yo… yo, creo que estoy bien, no tienes que preocuparte, Noriko-san —respondió con una voz poco convincente, mientras hacía una pequeña reverencia.
Noriko la miró con extrañeza, sabiendo que sus palabras no se condecían con el estado en que ella había llegado. La llevó al sofá que estaba a un costado del despacho. Mitsuha no sentía fuerzas para oponerse. Se sentó y se quedó en silencio sin saber qué decir.
Noriko sirvió un vaso de agua de una jarra, y se lo acercó a Mitsuha, quien tomó un sorbo, y siguió mirando cabizbaja el vaso.
—Mitsuha, no sé qué te pasa hoy, pero nos conocemos desde hace tiempo y nunca te había visto así. Puedes confiar en mí. Cuando me llamaste sonabas algo alterada, y está claro que no estás bien ahora tampoco ¿te pasó algo en el camino?
Mitsuha levantó la mirada y vio la expresión de preocupación en los ojos y la cara de Noriko. Sabía que ella de verdad quería ayudarle. Intentó sincerarse.
—Yo… hoy, conocí a una persona en el tren camino hacia acá. Era un joven…; no sé por qué, pero sentí que ya lo conocía. Tuve que bajar del tren para encontrarlo y hablar con él, pero… pero… —Mitsuha se detuvo para tomar otro sorbo de agua.
—¿Lo conocías? ¿Te hizo algo malo?
—Nunca lo había visto, pero siento que lo conozco, no sé por qué. Y él no me hizo nada malo. Pero, yo tenía que venir a la oficina, me… asusté y lo dejé ahí de forma grosera. No sé si él quiera volver a verme de nuevo… —un nudo se le formó en la garganta, y no pudo seguir hablando.
—Mitsuha, esto no es sano. Acabas de conocer a alguien y ya terminaste llorando ¿Estás segura que quieres que ese tipo se te acerque de nuevo?
"Ese tipo". A Mitsuha le dolió la expresión dura e impersonal que usó Noriko para describir a Taki. Recordó la sensación que tuvo cuando lo vio desde el tren, y cuando se encontraron. Sabía que, para ella, él no podía ser un tipo cualquiera.
Cuando sus amigas y compañeras le presentaban a amigos o familiares para una cita, ella no lograba sentirse atraída por ellos. Ella podía pensar en todos ellos como simples "tipos". Nada en ellos le llamaba la atención. No eran la persona que ella estaba buscando. Nunca había sentido algo así por nadie como lo que acababa de sentir por ese chico que ella acababa de abandonar esta mañana en la mitad de una escalera… ¿lo volvería a ver alguna vez?
Mitsuha recordó que aún tenía su número. Sintió su pecho arder con solo recordarlo, y la invadió un deseo acuciante de hablar con él. Casi en forma refleja comenzó a ponerse de pie, pero la cara de preocupación de Noriko la detuvo. No, no podía dejar que sus emociones le jugaran otra mala pasada, menos en la oficina. Volvió sentarse con suavidad. Necesitaba controlarse.
Noriko vio que Mitsuha comenzó a dar varias respiraciones profundas, y como su cara comenzó a relajarse. Al final, ella le devolvió una sonrisa algo tímida y forzada, como diciéndole "mira, ya estoy bien".
—Perdóname, Noriko-san. No sé qué me pasó. Pero ya estoy mejor. Y ese chico no me hizo nada malo, es solo que esto… no sé cómo explicarlo. Voy a recomponerme. Estaré en unos minutos en mi estación de trabajo.
—¿Estás segura? Tal vez deberías tomarte el día ¿Sabes? Puedo pedir que alguien te acompañe a tu c…
—No, no es necesario, creo que lo que más necesito en este momento es poder volver a mi rutina.
—Está bien. Pero si necesitas algo solo dímelo.
Noriko caminó a la puerta y la abrió para Mitsuha, quien se despidió con una leve reverencia y se dirigió a su puesto.
Desde la puerta la directora la siguió con la mirada; no estaba del todo convencida de que Mitsuha estuviera repuesta. «Ella se está haciendo la fuerte, pero hoy está más frágil de lo que aparenta». Volvió a su escritorio. Decidió observarla ese día. No le gustó verla así, sufriendo. Menos por algún tipo que no se merecía a una chica como ella.
Mitsuha seguía intentando calmarse. Dejó su bolso en su escritorio y fue al baño. Se lavó la cara con agua fría, y luego se recompuso su cabello. Iba a atarlo con su listón, una cuerda trenzada kumihimo que era la única pertenencia que aún tenía de Itomori. Al tocar la cuerda, su sola textura le hizo volver el recuerdo de la cara y el nombre de Taki. «¡No de nuevo!», pensó. Tuvo que controlarse y respirar lento. Después de varias inspiraciones, pudo esbozar una tímida sonrisa al espejo.
La mañana se le hizo eterna. Intentó concentrarse en atender los correos, las llamadas de clientes y participar a reuniones de proyectos, sin pensar en nada más. Pero en cuanto hacía una pausa, el nombre del chico volvía a sus pensamientos una y otra vez, rodeándola de dudas que la acosaban: «¿Por qué sentí esto hoy? ¿De dónde lo conozco?».
A la hora de almuerzo subió al comedor de la empresa, y se sentó sola, en una mesa alejada. Entonces se dio cuenta que no sentía hambre. Sentada mirando su comida, sacó el papel con los datos del chico y lo puso al lado de su plato. Esa letra. Ese número. ¿Por qué le eran tan familiares?
Por su espalda se acercó Noriko, quien ya había terminado de almorzar. Se detuvo un segundo y vio que Mitsuha estaba perdida observando ese papel, sin siquiera comer.
—Mitsuha… ¡Mitsuha!
—¿Eh? Oh, Noriko-san, lo siento, yo estaba…
—¿Eso es del hombre que conociste hoy? ¿Puedo verlo? —indicó, estirando una mano hacia el papel.
—Eh, claro.
Noriko tomó el papel y lo miró con ojos entrecerrados, como si intentara ver la cara de aquel hombre desconocido con solo mirar ese papel.
—Taki…; tú tienes su número, pero ¿él tiene tus datos?
Mitsuha abrió los ojos con sorpresa. Cierto, ella no alcanzó a darle nada más que su nombre. Recordó la repentina cara de miedo de Taki cuando ella acercó el lápiz a la libreta, y su extraña reacción, algo violenta, pero como intentando protegerla de algo, como si de pronto el lápiz fuera a explotar. Esa reacción tan repentina la asustó, y sus nervios le impidieron hacer nada más que irse de ahí, aunque le dolía el pecho mientras lo hacía. Y ella se fue sin dejarle nada más que su nombre de pila ¿podría Taki buscarla y encontrarla solo con eso?
—No, de hecho, solo le di mi nombre. Ahora depende de mí…
—Espera, entonces estás a salvo de él. Creo que deberías deshacerte de esto y alejarte lo más que puedas de tipos como ese.
Noriko tomó el papel entre sus dos manos y se dispuso a romperlo.
Un pánico entró a Mitsuha. Por reflejo saltó a tomar las manos de Noriko para detenerla.
—¡No! ¡Por favor no lo haga!
Noriko se detuvo, parpadeando en forma lenta.
—Lo siento, Mitsuha, no quería incomodarte. Toma, esto es tuyo.
Puso el papel en las manos de Mitsuha, quien lo tomó y lo puso contra su pecho, como protegiendo un tesoro.
Noriko miró alrededor, algo incómoda. Todos en el comedor quedaron sorprendidos y en silencio mirando hacia ellas por el repentino grito de Mitsuha. Pero como todo volvió a la calma, volvieron a sus conversaciones y quehaceres.
—Mereces encontrar a alguien que te respete y que no te haga sufrir —manifestó Noriko en un tono reservado—. Por eso, insisto en que algo está mal con… con ese hombre ¿de verdad piensas contactarlo?
—Hay algo en él que no puedo explicar, pero sé que es alguien importante… para mí. Aunque sea la primera vez que lo veo. Y tengo que descubrir porqué. Tengo que llamarlo.
—Te juro que no sé qué pensar —miró el plato de comida de Mitsuha, que estaba sin tocar—. Te hubiera invitado a tomar una taza de algo caliente, pero veo que ni siquiera has probado tu comida. Come algo o enfermarás. Nos vemos en un rato.
Regañada como una niña, Mitsuha se sonrojó, y solo logró decir un "Está bien, lo haré, adiós". Sin mucho ánimo comió algunos bocados de su almuerzo.
La tarde se hizo aún más dura para Mitsuha. Tenía que llamarlo. Tenía que volver a verlo. Pero tenía miedo de que él ahora la rechazara. En su interior recordaba el dolor de haber buscado a alguien, y haber sido ignorada, y haber terminado con el corazón roto. Sin embargo, no podía recordar quién había sido, ni dónde, ni cuándo le pasó eso.
Mientras su cabeza daba vueltas, siguió trabajando, o intentando trabajar, como si nada pasara. Aunque notó que recibía más atención que nunca. La directora la volvió a visitar dos veces en la tarde. También un par de colegas se le acercaron para saber cómo estaba ella. "Bien, todo está bien", se limitó a decirles. Sospechó que las había enviado Noriko.
A eso de las cuatro de la tarde, todo en la oficina estaba mucho más lento que de costumbre. Noriko volvió a visitarla, y le sugirió que mejor se retirara temprano, para que descansara y se repusiera. Con un suspiro, Mitsuha aceptó y le dio las gracias.
Comenzó a preparar sus cosas para irse. Y se encontró de nuevo con el papel en su bolsillo. Taki. No podía sacarlo de su mente, y ahora tenía la oportunidad de salir más temprano. Si quería recuperarse, tenía que resolver esto. No podría estar todo el fin de semana sin saber qué ocurría. Tenía que ser hoy mismo.
Se despidió de sus compañeros de oficina lo más rápido que pudo. Pasó por el baño para ordenarse y se fue. Al llegar a la calle, caminó unos pocos pasos y se sentó en una banca que estaba a algunos metros de la entrada del edificio. Tomó su móvil. Y quedó indecisa, pensando si debía o no hacer esa llamada.
§
Taki durmió más de una hora en la biblioteca. Despertó algo confundido, y de pronto recordó dónde estaba y lo que estaba haciendo: buscando avisos de trabajo en el diario que estaba bajo sus brazos.
Por un momento parpadeó preguntándose por qué no había marcado y rallado los avisos como solía hacerlo, hasta que reparó en algo que él mismo había escrito en el borde del papel.
"Mitsuha".
De golpe la imagen de la cara de esa chica volvió a su memoria. «¡Ay, no! Mitsuha, ¡Qué hice!», pensó, enterrando su frente en el diario.
Sintió como si alguna vena en su cerebro pudiera explotar en cualquier minuto. Tomó sus cosas y salió de la biblioteca intentando tomar algo de aire para refrescar sus ideas y calmarse.
Sabía que ella se llamaba Mitsuha, y que venía de la ciudad de Hida-Furukawa, en Gifu. Sabía que ella trabajaba en Tokio, y sabía qué línea de tren usaba. Podía buscarla de nuevo… ¿buscarla?
De pronto recordó aquel viaje que había hecho hacía un poco más de cinco años a la zona de Gifu, en 2016. Estaba buscando a alguien ¿era a una chica? En esa ocasión visitó Itomori, ese fatídico pueblo que había sido destruido por completo por un cometa en 2013. De esa tragedia ya habían pasado más de ocho años, por lo que en la televisión y en la prensa solían pasar reportajes recordando el incidente. Él conocía bien esas imágenes.
Por alguna razón que no entendía, desde la época en que hizo ese viaje, siguió buscando imágenes, noticias e información de Itomori. No sabía qué era lo que quería encontrar. Se había tornado en una obsesión para él. Pero el viaje y la búsqueda fueron infructuosas. No encontró a la persona que buscaba. Ahora incluso no podía recordar a quién era que buscaba. Sin embargo, desde entonces, siempre había seguido buscando a alguien a su alrededor, en todo lugar. A esa persona. Una persona en especial ¿Sería Mitsuha?
Pero ella le había dicho que venía de Hida-Furukawa. Él recordó haber pasado por esa pequeña ciudad durante ese viaje. Pero él no conocía a nadie en Hida-Furukawa. Bueno, tampoco conocía a nadie de Itomori ¿Quién era esa persona que él buscó con tanto esfuerzo? ¿Y quién era él para Mitsuha? ¿Por qué ella también corrió esta mañana hacia él?
Almorzó algo rápido que encontró en el camino, y siguió caminando y pensando, rumiando en sus recuerdos en busca de una pista, que no parecía existir. Porque cuanto más sentía que estaba a punto de recordar algo importante, una bruma extraña se interponía en sus recuerdos.
El recordaba a la perfección su vida de estudiante de secundaria y preparatoria, solo que los recuerdos relacionados con Itomori, con ese viaje, esa búsqueda, y con esa persona, parecían de alguna manera borrados, inalcanzables en su memoria.
Una alarma en su teléfono lo sacó de ese estado. Eran cerca de las 4. Había quedado de reunirse con sus antiguos amigos del instituto donde terminó el bachillerato. Lo esperaban en un café cercano.
Respiró profundo y se encaminó al café, intentando hacer parecer que todo estaba normal.
§
Takagi y Tsukasa ya estaban sentados en una mesa, y levantaron su mano cuando vieron acercarse a Taki. Hacía solo una semana que no se habían visto porque su reunión de los viernes en este café se había tornado en una tradición.
—Me alegra verlos, chicos —exclamó Taki, dejándose caer un poco más fuerte de lo que calculó en la silla.
—Vaya, ¿día difícil? Tienes una cara como de que un tren te arrolló.
—Oye, déjalo tranquilo —lo increpó Tsukasa, dándole un golpe en el hombro—. Ya sabes que hasta ahora las cosas no se le han dado fáciles.
Taki sabía que estaban intentando levantarle el ánimo, pero "no se le han dado fáciles" era una conclusión hasta optimista para el día que estaba teniendo. Un nudo se le formó en la garganta. Intentó carraspear, sin demasiado éxito, y tomó el menú para intentar ordenar algo y pensar en otra cosa.
—Uhm, creo que algo más te pasa hoy. Te ves en un estado algo bajo incluso para tus estándares ¿estás bien? —siguió insistiendo Takagi.
Taki dio un largo suspiro. Su intento de ocultar su estado de ánimo había sido un fiasco. Dada las cosas, tal vez lo mejor era desahogarse.
—Estoy bien, es que… hoy conocí a una chica…
—¿Ehhhh?
—¿Ahhh?
Sus amigos se inclinaron sobre la mesa para intentar verle el rostro, pero el chico lo hundió aún más en el menú.
—Pero vaya, hombre, eso está muy bien ¿Por qué esa cara entonces? ¿No me digas que terminaste con ella antes de presentárnosla?
Pero la broma de Takagi le hizo hervir las entrañas. ¿Acaso todo había concluido con esa chica antes de siquiera… conocerla? Levantó la cara y respondió con algo de violencia.
—¡No es eso, no! Es que… hoy… me encontré con una chica en el tren, alguien que… que…, ¡no sé cómo explicarles!
—Wow, ¿conociste a alguien en el tren? No conocía ese estilo en ti, don Juan ¿Y cómo la conociste? ¿Te habló ella o le hablaste tú?
—No, o sea, la vi en un tren, pero hablamos en la calle.
Sus amigos se devolvieron miradas como diciéndose "¿de qué demonios está hablando?". Tsukasa, quien no solía ahondar en los problemas privados ajenos, sintió que tenía que entender mejor a su amigo si quería ayudarle.
—Espera, viste a una chica en el tren, y ¿la seguiste? ¿Cómo se llama?
—Ella se llama Mitsuha. Y no, que no la seguí ¿Acaso crees que soy un acosador?
—Oye, cuando uno viaja en tren puede también conversar con la gente en la estación ¿verdad? —bromeó Takagi, intentando calmar los ánimos.
—No, no fue en la estación, fue afuera, en la calle.
—¿…entonces…?
—Es que… la vi en un tren que iba paralelo al mío. Ambos nos vimos. Me bajé en la siguiente estación y corrí hacia ella. Ella hizo lo mismo y nos encontramos a medio camino entre las dos estaciones, cerca del santuario de Suga.
Ahora sus amigos sí que estaban confundidos. Justo fueron interrumpidos por el garzón, que vino a tomar la orden. Pidieron unos cafés y algo para comer. Una vez que se fue los tres se quedaron en silencio. Ellos intentaban imaginar y entender lo que Taki estaba diciéndoles. Tras unos pocos segundos se rindieron.
—Ok, viste a una chica en… en otro tren, y ambos se bajaron y se encontraron a medio camino ¿Cómo le dijiste que hiciera eso? ¿Aprendiste lenguaje de señas?
—No, solo nos vimos unos segundos.
—¡Pero eso no tiene sentido! —estalló en risa Takagi—. Vamos, nos estás tomando el pelo. Está bien, te creo que conociste a una chica hoy, a… ¿a…?
—Mitsuha.
—Eso, conociste a una tal Mitsuha, pero creo que tienes que inventar una historia menos rebuscada, ja, ja.
—Oye, que no es una historia ¡No lo estoy inventando!
—Ya, tranquilo, está bien. Creo que entonces eres un don Juan telepático. Como sea ¿Y qué tal es la chica?
—Es muy bonita. Tiene un pelo negro, largo, es delgada y tiene algo que no te podría describir, no sé cómo explicárselos, pero es… especial.
—Vaya, además es de tu tipo, bien hecho —le guiñó un ojo y le dio un amigable golpe con su codo.
Por fin sus amigos se relajaron, justo cuando llegaron los cafés. A buen tiempo.
—Pues entonces, felicitaciones, Taki. Nos la presentarás, ¿verdad?
—Es que… no puedo.
—Ya, vamos, dijiste que no era un invento.
—En serio, ¡no puedo! No sé… como ubicarla.
—¿Conociste a la chica de tus sueños y no le pediste su teléfono?
—Es que… no pude. Le di el mío, pero cuándo ella me iba a dar el suyo, entré en pánico… sentí que algo andaba mal, y… la tomé del brazo, algo… brusco, se asustó y se fue.
—¿Queeeé? —respondieron al unísono sus amigos—. Pero ¿estás loco o qué?
—No lo sé, pero sentí que algo malo iba a pasar, y… ella se asustó y se fue antes de que pudiera pedirle disculpas.
Taki se enterró en su asiento. Su mano sostenía la taza de café como si su cuerpo colgara de ella. Sus amigos intercambiaron miradas sin saber que decir.
—Oye, creo que algo está mal en tu cabeza. Sé que no eres un acosador, pero esa chica podría hasta haberte denunciado a la policía ¿te das cuenta?
—Claro que lo sé. Me he estado arrepintiendo todo el día de esa reacción que tuve… ahora no sé si la pueda volver a encontrar. O si ella querrá verme de nuevo.
Tsukasa se inclinó hacia Taki y le puso una mano en el hombro.
—Hombre, entiendo por qué estás así de mal. Pero es solo una chica. No dudo de tus gustos y debe ser muy bonita. Pero esa Mitsuha es solo una chica más. Tokio tiene bastante chicas bellas para elegir ¿verdad?
—¡Claro! Y muchas de ellas viajan en tren, de seguro puedes usar tus poderes telepáticos de nuevo con otra, jefe.
—¡Es que ustedes no lo entienden! Ella no es cualquier chica ¡Y claro que viajo todo el tiempo en tren, Takagi! He visto cientos de chicas preciosas, pero ninguna es como ella. Ninguna… ninguna de ellas me miró… como lo hizo Mitsuha…
—Bueno, no culpes a esa pobre chica por tener mal gusto y… ok-ok, era una broma —Takagi levantó las manos en son de paz cuando Taki le dio una mirada casi homicida.
—Tranquilo. Tal vez ella te llame después y… oh, la orden.
Recibieron los pasteles que habían ordenado y por un rato los tres se dedicaron a comer en silencio. Aunque Taki, más que comer, solo miraba y jugaba con el pastel en su plato. Era claro que ese no era el chico al que sus amigos conocían. De verdad los estaba preocupando.
De pronto sonó el móvil de Taki. Dio un pequeño salto de sorpresa al escucharlo, que a su vez sobresalto a sus amigos. Sacó el aparato de su bolsillo con rapidez y quedó congelado al ver el número de teléfono: no lo conocía. Por varios segundos no se decidió a contestar ¿Sería ella? ¿Qué le podía decir?
—Vamos ¡contesta, hombre! —lo animó Tsukasa.
Eso lo hizo reaccionar. Contestó la llamada.
—Hola… ¿hola? ¿quién h…? ¡Sí, soy yo!... —sus ojos se abrieron de par en par.
Sus amigos quedaron envarados intentando adivinar a hacia dónde iba esa llamada
—…claro, yo también quiero eso… ¡Claro!... ¿Ahora mismo? ¿Dónde estás?... sí, conozco ese lugar. Estoy cerca de ahí, puedo llegar en unos… 15 minutos… ahí estaré. Adiós.
Taki cortó la llamada y bajó despacio el teléfono, mirando a sus amigos que casi no querían ni respirar.
—¿Era ella?
—¡Sí! Tengo que ir verla ¡Me tengo que ir!
Se paró de un salto, sacó un billete que era más bastante más grande de lo necesario, dudó medio segundo, y luego lo dejó allí con premura, mirando a sus amigos con algo de culpabilidad, pero sin detenerse.
—Chicos, lo siento, tengo que irme ahora ya. Por favor recen para que esta vez no meta la pata.
—Podemos rezar, pero no pidas milagros —bromeó Takagi, dándole una palmada en la parte baja de la espalda—. ¿Qué esperas? Vete antes de que esa chica se arrepienta.
El chico los miró con una sonrisa como si el alma le hubiera vuelto al cuerpo, se dio media vuelta, y se alejó a grandes zancadas, casi a punto de ponerse a correr.
Sus amigos se giraron en sus sillas mirando como se alejaba, hasta que lo perdieron de vista. Luego se miraron por un segundo, y al siguiente Takagi estaba mirando con morbosa atención el pastel que Taki había dejado casi sin tocar, y que seguía encima de la mesa.
—Supongo que él ya no se va a comer eso… ¿quieres la mitad? —preguntó con una risa cómica, como esperando que Tsukasa dijera que no.
—Eh, no, cómetelo tú si quieres. Pero me preocupa Taki. Hace mucho tiempo que no lo veía así. Hace varios años desde que… —un recuerdo de ver a su amigo cabizbajo, casi llorando vino a su memoria, pero se desdibujó como en un sueño—. En realidad, no lo sé. Pero espero que encuentre a esa chica.
—¿Entonces crees que todo eso lo que nos contó es verdad?
—Dímelo tú, te estás comiendo su pastel ¿Crees que él te lo hubiera dejado solo para hacernos una broma?
Takagi, con la cuchara en la boca, miró el postre, y luego el billete de alta denominación que había quedado en la mesa.
—No, está claro que debe ser algo muy serio. Pero suena demasiado raro para ser cierto.
