Las calles de Tokio estaban cada vez más vacías a medida que la noche iba avanzando. Ya eran cerca de las nueve. En una banca de un pequeño parque de Shinjuku, Mitsuha estaba sentada abrazando el brazo de Taki y apoyada en su hombro. Él apoyaba su cabeza en la de ella, con los ojos cerrados, mientras conversaban en forma relajada.

Mientras lo hacían, imágenes del pasado fluían en su memoria, poblándolas con recuerdos que antes estaban del todo bloqueados.

—…pero, entonces tú sabías que a mí no me gustaba llamar la atención en el instituto, y cada mañana, cuando volvía ser yo misma, Saya me contaba que yo había hecho un escándalo el día antes ¿Es que no podías controlarte?

—No era culpa mía ¿Acaso no sabes lo difícil que era ser tú? Pff —se rio de sí mismo de lo absurdo que era decir esa frase a la propia dueña de ese cuerpo—. Yo soy hombre, y hay demasiadas cosas que yo no sabía de las mujeres… y supongo que sigo sin saber. Y como nunca pudimos conversar en persona, tampoco nos pudimos enseñar a actuar bien como el otro. Yo solo podía aprender quién eras tú desde los ojos de los demás. Cuando hacía algo que tú no hubieras hecho, todos me miraban con desaprobación o extrañeza. En especial Sayaka y Yotsuha. Vivían regañándome. Eran mis guías para saber cómo actuabas en tu vida normal.

Mitsuha recordó cómo, en los días cuando era ella misma, Sayaka le pedía alarmada que por favor no hiciera de nuevo algo que a ella jamás se le hubiera ocurrido en primer lugar, y entonces sabía que era Taki quien lo había hecho. Una sonrisa le cruzó la cara. En retrospectiva, era una situación muy divertida.

—Pero, ¿sabes Taki? Para mí, ser tú no era tan difícil. O sea, al principio me perdía en Tokio hasta para ir a dejar la basura, pero descubrí que tus amigos de verdad te querían. Y me ayudaron mucho. Además, nunca me retaron por actuar raro o diferente de ti. Bueno, excepto que me pedían que dejara de hablar con acento —una suave risa teñida de recuerdos la embargó—. Ah, sí, me retaron mucho en tu trabajo, en especial los primeros días. Lo siento. No sé cómo no te despidieron, recibí muchos retos de los cocineros. En especial de Jean Pierre.

—Ja, ja, sí, créeme que eso lo supe muy bien; como al siguiente turno yo compensaba tus errores, supongo que por eso logré salvar mi pellejo.

—Pero en general todos me trataban bien. Hasta tu papá fue muy dulce conmigo. Diría que cuando yo estaba con ellos, tú les parecías más interesante.

—¿Eh? Oye, eso no es cierto —protestó Taki.

—Bueno, si no me crees, deberías preguntarle a Okudera-sempai por…

Mitsuha se incorporó y miró a Taki, quien se sobresaltó al sentir que la cabeza de Mitsuha sin previo aviso ya no soportaba la suya.

—Tú…. ¡tuviste una cita con Miki Okudera!

—Oye, ¡pero si tú misma me obligaste a tenerla! Cuando desperté ese día, apenas si alcancé a ver tu mensaje y tuve que llegar corriendo a la cita.

—Pero tú… y… ustedes…

Taki sintió como el cuerpo de Mitsuha se estremeció. «¿Está celosa?», se preguntó.

—Tú dices… ¿yo y Okudera?

—Ustedes… ¿se hicieron pareja?

Taki miró la cara de Mitsuha. Ella tenía en su cara una mezcla entre culpabilidad y ansiedad, lo cual le dio risa, pero cuando la cara de la chica comenzó a cambiar a un ceño molesto, su risa se cortó de golpe. En realidad, el resultado de esa cita tampoco había sido para nada gracioso, así que se serenó.

—Perdona, perdona, es que… en realidad me pusiste en apuros. Sí, Okudera al principio me gustaba mucho. Era una chica… bueno, sigue siendo una mujer preciosa…

El ceño de Mitsuha se arqueó un centímetro más.

—…pero, esa cita fue un desastre —continuó Taki—. Paseamos todo el día, y yo no sabía de qué hablarle ¡y esos enlaces que me dejaste en el teléfono eran una broma! Al final nos despedimos y ¿sabes lo que ella me dijo?

Mitsuha negó con cara ansiosa.

—Okudera me dijo que yo le gustaba, pero que ese día yo era una persona diferente.

—¿En serio te dijo eso?

—Sí. Tal vez ella se sentía atraída más por tú personalidad que por la mía. Ah y luego me dijo que yo había cambiado. Que ella creía que yo estaba interesado en otra persona.

—¿En… quién?

—Eso de que yo estaba interesado en otra persona en realidad era verdad. No me había dado cuenta, pero en realidad, yo quería encontrarte a ti.

La cara de Mitsuha se relajó con alivio, y luego se sonrojó.

—Ese día en la mañana, cuando tú estabas en tu cita, sentí que mi corazón comenzó a doler. Yo lo había provocado, y cuando me di cuenta que tú… estarías con ella, sentí como… ¡sentí envidia de ella! Y me sentí tonta por haberte empujado ahí con ella. Yo quería estar ahí. Quería… verte, conocerte, y estar ese día contigo. Y por eso tomé el tren a Tokio, para verte.

—Pero el día que viniste a verme en 2013 yo no estaba con Okudera.

—¿Cómo, pero si tú me dijiste…?

Taki acercó su mano a la cuerda, la tomó y la levantó frente a sus caras.

—Ese día, solo tú estuviste conmigo. Ese día tú me diste tu cuerda en el tren, ¿recuerdas?

Los ojos de ella se abrieron. Recordó que ellos habían estado en tiempos desplazados. Tres años desplazados.

—Tú estuviste conmigo —la cara del chico se ensombreció—. Pero yo no podía estar contigo, aunque estuvieras frente a mí. No sabes cómo lamento eso. Yo no sabía quién eras. No podía saber quién eras, todavía no te conocía ¡Y yo estaba recién en secundaria! Y cuando te paraste frente a mí, eras una chica mayor que ya estaba terminando la preparatoria. Me cohibiste. ¿Crees que es fácil para un chico de secundaria que se le plante al frente una preciosa chica mayor que no conoce, y que así de pronto le hable y todo eso?

Ella se sonrojó de nuevo por el cumplido. Pero se sintió tonta por no haber entendido la situación en ese momento.

—Yo nunca lo vi así; ese día yo no lo entendí. Yo no sabía que tú aún no eras… mi Taki. Yo siempre había estado… bueno, te había visto desde dentro de ti. Y cuando te vi ese día, era la primera vez que lo hacía desde mi propio cuerpo, con mis propios ojos. No me di cuenta que eras más bajo que el Taki que yo conocía —recordó Mitsuha, entrecerrando los ojos—. Y entonces sentí algo, la necesidad de que… me recordaras. Y te di mi cuerda.

—Y la cuerda nos unió.

Se miraron a los ojos. Una sonrisa de esta felicidad reciente, se marcó en sus caras. Pero ella volvió a sus recuerdos, y el dolor sordo de esa época se reflejó de nuevo en su cara. Miró el suelo.

—Volví a Itomori destrozada. Dolida contigo. Pero más dolida conmigo misma. Pensé que me ignorabas por culpa de Okudera, que la querías a ella. Y sentía que eso era mi culpa en realidad. Además, volví sin mi cuerda. Sentía que ya no podría amarrar mi pelo de nuevo. Esta cuerda era muy importante para mí ¿entiendes? Por eso le pedí a mi abuela que me cortara el pelo.

—¿Por eso te lo cortaste? ¿Fue por… mí?

—Sí. Al día siguiente ni siquiera fui capaz de ir al instituto, y esa misma noche cayó el cometa.

Taki se separó de ella asombrado.

—¿Cómo que no fuiste al instituto?

—No, no podía, me sentía enferma, triste, y solo quería quedarme en casa sola…

—Pero yo sí fui al instituto ese día del festival.

—¿Cómo que sí fuiste?

—Cuando yo volví a ser tú, por última vez, ese fue el día cuando salvamos a la gente del pueblo. Yo fui al instituto a buscar a Tesshi y a Saya para pedirles ayuda. De hecho, esa mañana ellos se quedaron espantados cuando me vieron con el pelo corto…, bueno, cuando te vieron a ti.

—¡Pero eso no ocurrió! O sea, Tesshi me llamó en la tarde del festival para juntarme con ellos. Nos encontramos en nuestro café de troncos esa noche, y recién en ese instante ellos me vieron con mi pelo corto, apenas un rato antes de… que… cayera el cometa.

Taki entendió que ahí había algo clave, algo importante que nunca había comprendido.

—Mitsuha, ¡tú viviste ese día dos veces! La primera vez… todos ustedes... todo salió mal, en cambio la segunda vez ustedes pudieron escapar ¡y ustedes sobrevivieron!

—Eso no tiene sentido, como podría…

—¡Pero así fue! La primera vez tú solo fuiste tú misma, la segunda vez yo desperté siendo tú, y por eso no lo recuerdas. Solo volviste a ser tú misma en esa segunda repetición del día, cuando nos vimos en la montaña, en el ocaso. ¡En el kataware-doki! cuando nosotros nos… separamos en la montaña.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé… es… confuso.

Taki se quedó pensativo. Eso no era normal. En realidad, nada de lo que habían vivido era normal, pero él siempre había pensado que la realidad funcionaba en una única línea de tiempo de pasado, presente y futuro. O eso creía hasta ahora. Pero acababa de darse cuenta que lo que habían vivido rompía tal regla. Y eso lo hacía sentir incómodo y preocupado.

—Sabes… esto significa que hubo al menos dos tiempos distintos, dos mundos diferentes. El mundo donde… todos ustedes fallecieron, y este mundo donde estamos ahora, donde tú estás viva.

—Pero, significa que estoy… ¿muerta y viva al mismo tiempo? —una imagen de ella como una especie de zombi se le pasó por la mente a Mitsuha, quien hizo una mueca de desagrado.

—No, no, tú estás viva, yo estoy vivo, y estás aquí, conmigo. Eso no puede cambiar, no pue…

Una sombra cruzó la cara de Taki. Un miedo glaciar pasó por su espalda, que ya estaba fría por la fresca briza nocturna. Se puso de pie. Mitsuha lo miró alarmada.

—¿Qué pasa Taki? ¿Significa que…? ¿La historia podría volver a cambiar? ¿Yo podría volver a estar… muerta?

—No, no, no. No lo creo, no…. Tú estás aquí, en Tokio, conmigo, pero… si el tiempo puede cambiar, y si un día puede repetirse y los eventos pueden ser diferentes…

—¿Cómo que el tiempo podría cambiar?

—Ese día, el día que cayó el cometa hubo dos series de eventos. Los eventos donde tú no fuiste al instituto, no hiciste nada en todo el día y nadie se salvó. Y está la otra serie de eventos donde yo, o sea yo siendo tú, sí fui al instituto, hicimos el plan con Tesshi y Saya, y todos se salvaron. El mismo día, pero diferentes eventos.

—¡Claro! Entonces… nosotros… ¡Cambiamos el futuro! —exclamó Mitsuha con una sonrisa, creyendo por fin comprender.

—Sí, pero… ese no es el problema.

—Pero nosotros sí cambiamos el futuro. Estoy aquí, ¿no?

—Pero es que todo esto es tan raro. El futuro ya existía.

Taki volvió a pensar, con los ojos cerrados, por unos segundos, y luego abrió los ojos, como si sintiera mareo. Se sentía confundido.

—Tú futuro en 2013 era mi presente en 2016. Pero en mi presente de esa época, cuando cambiábamos de cuerpo, tú habías estado… ya no estabas viva por casi tres años. Todos ustedes…

Taki tuvo que detenerse. Los recuerdos de esa realidad paralela se confundían con los de su realidad actual. Era como ver doble.

—Logro recordar los noticiarios anunciando que había centenares de muertos y desaparecidos en Itomori. ¡Y también puedo recordar los noticiarios reportando el milagro de que todos se habían salvado!

—¿Cómo? ¿Recuerdas… ambas cosas?

—¡Sí! Hasta ayer solo recordaba que ustedes se habían salvado. Porque esa es la realidad… ahora. Tú estás aquí, en esta nueva realidad. Pero desde hace un rato, también puedo recordar esa… la otra realidad de donde… donde ustedes murieron.

Mitsuha lo miró intentando comprender. Entonces volvió a pensar en sus propios recuerdos. Ella también vivió un momento duplicado ¡la caída del cometa! No, no recordaba la caída de un cometa. ¡Recordaba la caída del cometa dos veces! Y sus ojos se abrieron por la impresión. Ella también recordaba dos tiempos distintos.

La chica sintió de pronto como si le faltara el aire. Hacía cerca de una hora que había recuperado los recuerdos de Taki y su pasado en Tokio, y estaba en un estado de felicidad exultante. Pero ahora, a medida que intentaba precisar esos recuerdos, se sentía confundida y preocupada. Sus recuerdos aún se estaban reajustando.

—Taki, cuando dices que hay dos tiempos, no logro sentirlo. No logro entenderlo. Pero… hay algo que recuerdo en forma duplicada.

—¿Recuerdas algo así?

—Mi memoria es clara ahora antes del cometa. Nuestros intercambios de cuerpo, todo eso lo recuerdo bien. También recuerdo mi viaje a Tokio, cuando te di mi cuerda. Recuerdo que volví a Itomori con el corazón roto. Pero, entonces recuerdo… el día del festival. La primera repetición. En realidad, recuerdo todo ese día. Estuve tirada en mi habitación todo el día, dolida y deprimida. Tesshi me llamó al atardecer para invitarme al festival, me vestí, me reuní con él y Saya, y luego… y luego…

Taki se puso nervioso ¿ella de verdad recordaba eso?

—Mitsuha, detente. No es necesario que recuerdes eso, que te fuerces a recordar eso…

—¡Es que tengo que entenderlo! Justo en ese atardecer, yo recuerdo cómo me vestí con mi yukata, fui a ver a mis amigos, y estábamos viendo el cometa a campo abierto, cerca del santuario. Estaba impresionada por su belleza. Luego, vi cuando… el cometa se partió, y el fragmento comenzó a acercarse. Era aterrador, se nos… vino… encima… y…

Mitsuha se detuvo unos segundos, reviviendo en su memoria un momento que nunca había podido recordar antes con tanta claridad.

—…sentí mucho miedo. Sentí unos segundos de terror, vi una luz intensa, y de pronto, sentí… que fui arrojada por el aire, y… mucho dolor. —Mitsuha abrió mucho los ojos, mirando al vacío, y no pudo evitar que un espasmo contrajera su pecho, expulsando un quejido sordo—. Yo… sentí… mucho dolor, mucha luz, un calor que no puedo describir y… luego… oscuridad. Solo oscuridad y silencio. Fue todo tan rápido, que no tuve oportunidad de… de sentir nada más.

Taki estaba sin palabras. No sabía de nadie que hubiera podido volver de la muerte y relatar la experiencia. No sabía si sentirse afortunado por ser tal vez el primer humano en escucharlo, o sentirse triste de tener que escucharlo de labios de ella.

—…después de eso, no sentí nada… no vi nada, no recuerdo nada. Hasta que desperté en la montaña, siendo tú. Fue como despertar en la mañana. Desperté sin saber cómo, y ¡estaba en ti de nuevo! Demoré en darme cuenta que estaba en el santuario de la montaña, estaba confundida. Caminé hasta el borde del cráter, sin recordar nada, y entonces… vi el lago y… quedé en shock. Cuando vi a Itomori desde la altura… el nuevo lago… vi todo destruido y entonces recordé todo, recordé lo último que había… vivido… y entendí que…había… muerto.

Mitsuha tenía la vista perdida, recordando esas imágenes, y esas sensaciones. Taki solo la observaba de pie, frente a ella, sorprendido y al mismo tiempo sintiendo el hielo del crudo relato.

—…y me quedé ahí, desconsolada... ¡no sabía qué hacer! Estaba muerta, pero estaba viva, pero ¿iba a volver a morir al despertar, al dejar de ser tú? No sabía qué pensar. Luego te escuché llamarme, y comenzamos a buscarnos hasta que te vi. Y de pronto fui de nuevo yo misma, en mi propio cuerpo. Luego recuerdo que bajé corriendo hasta la subestación eléctrica para continuar con el plan que me dijiste… Tesshi dinamitó la subestación, se produjo el apagón, luego fuimos al festival, pero nadie nos hacía caso, así que fui donde mi padre, luego salimos del ayuntamiento, camino al instituto y ¡volví a ver de nuevo caer la estrella! ¡Por segunda vez!

—Tú… también recuerdas… ¿ambas cosas? —Taki sintió un nudo en su garganta ¿Por qué ella tenía que recordar su propia muerte? Hubiera preferido que ella no tuviera que recordar la primera experiencia.

—Pero esa vez, esa segunda vez estábamos a una distancia más segura, y aun así fue… horrible. El ruido, la destrucción. Yo iba en un carro de bomberos con mi abuela y Yotsuha, y veía el fondo del lago a través de la puerta trasera. La onda de choque nos empujó contra todos, y el propio carro saltó en el aire. No sé cómo nadie salió herido de gravedad. Ahí sentí miedo, mucho miedo. Tuve tiempo de tenerlo porque sabía lo que venía. Solo pude abrazar a mi abuela y a Yotsuha, y rogar porque esta vez sobreviviéramos…

Mitsuha se tomó de los hombros, intentando confortarse a sí misma. El segundo recuerdo era uno que ella había evitado por años, pero ahora mezclado con el primero, lo hacía aún más doloroso.

—Pero, sobrevivimos. Logramos seguir viviendo. Ahora puedo recordar ambas cosas, pero es como si fueran dos cometas diferentes.

—Bueno, fueron diferentes. Ahora estás aquí —Taki miró a la chica con alivio.

—Pero después de eso, yo seguí viviendo mi vida. Una sola. Recuerdo cada día después de eso solo una vez. Nos rescataron, nos llevaron a Hida-Furukawa, luego vinimos a Tokio, y así mi vida ha seguido día tras día hasta este instante. Nunca más he vivido dos tiempos. Para mí… estar muerta fue… caer en la oscuridad. Como cuando una está dormida sin soñar nada.

Mitsuha miró a Taki, con esto que acaba de recordar, tal vez podía entender qué sentía él.

—Es como si yo hubiera vivido primero una cosa, y después la otra. Recuerdo ambas, pero como si hubieran sido dos días seguidos. Distintos días. ¿Cómo recuerdas tú las cosas diferentes? ¿Como si fueran al mismo tiempo? No lo comprendo.

Él lo pensó un momento, y sintió que no era lo mismo que ella relataba.

—Yo… para mí los recuerdos son diferentes. Yo recibí de ti la cuerda en 2013. Te recuerdo lanzándomela entre la gente que te empujaba fuera del tren. Y al día siguiente, fue el día que cayó el cometa. Vi por la televisión cómo se partía, subí a la azotea y vi el fragmento rojo que se acercaba hacia el horizonte, y luego una gran luz, como un flash gigantesco en el cielo. Y… de pronto… mis recuerdos, son confusos.

—¿Confusos porque no te acuerdas bien?

—No, al contrario, son confusos porque… en menos de una hora, recuerdo que la televisión llegó a Itomori, en los helicópteros. Puedo recordar a los noticiarios reportando en vivo que habían encontrado a todos a salvo en el instituto, y hablaban de un milagro. Ese es mi recuerdo de la realidad actual. Pero ahora también puedo recordar en forma un poco más borrosa, como una imagen superpuesta, ese mismo momento, al mismo noticiario hablando de gente muerta, desaparecida y mutilada en Itomori. En ambos recuerdos yo… estoy en la sala de mi casa. Yo viví esas dos líneas de tiempo, yo estaba ahí en ambas, y puedo recordarlas ahora, como… superpuestas. Y seguí así viviendo por tres años. Hasta 2016. Siento que… la mayoría del tiempo todo es igual. Recuerdo… ir a clases, me recuerdo yendo al instituto, pero solo una vez. Pero cuando intento recordar a Itomori, o cosas relacionadas con Itomori, es como si mis recuerdos… se separaran.

—Entonces tú sí viviste dos vidas diferentes… por tres años, y recuerdas dos vidas. No sé qué pensar —dudó Mitsuha, dando un suspiro.

—Fueron vidas casi iguales, pero todo lo relacionado con Itomori era diferente. No sé cómo explicarlo.

Mitsuha se quedó en silencio, intentando digerir todo lo que él le había contado. Ella sentía vivir una sola vida. Él sentía haber vivido dos vidas durante un tiempo. No lograba imaginar cómo se sentía eso.

—¿Sabes? Esto es algo como lo que decía mi abuela. Nuestros tiempos estaban vinculados. Musubi. Lo que sea que nos llevó a los cambios de cuerpo, tal vez lo hizo a propósito, para que viviéramos con tres años de diferencia. Tal vez su objetivo fue siempre el que tú vieras el desastre real, y así pudieras volver a 2013 para evitarlo… para salvarnos.

—¿Pero por qué hacer algo tan cruel? No le veo sentido el dejar morir a más de 500 personas en un mundo, incluyéndote, y destrozándome el corazón y la cordura en ese mundo, cuando con un poder así, de alterar el tiempo podrías… no lo sé, hacer otra cosa. ¿No hubiera sido más simple que Musubi los hubiera salvado de otra manera?

Mitsuha miró a Taki. Le pareció perversa la idea de que tanta gente muriera sin razón si es que había una alternativa mejor.

—Tal vez no había otra manera, y lo que ocurrió era la única forma, y nosotros estábamos predestinados a llevar a cabo este plan. Si yo hubiera sabido el futuro, por ejemplo, a través de sueños, de premoniciones, tal vez nos hubiéramos salvado la primera vez. Pero entonces tal vez los cambios de cuerpo contigo no hubieran ocurrido, y ahora no nos conoceríamos.

A Taki la idea de no llegar a conocer a Mitsuha, de no haber vivido parte de su vida, y de ahora no poder estar con ella se le hizo detestable. Nunca aceptaría algo así. Jamás.

—Me siento feliz de haberte conocido y haberte encontrado, pero ¿entonces todo esto era parte de un plan? ¿Que después nos olvidáramos el uno del otro por todos estos años fue planeado?

Mitsuha frunció el ceño. Si ellos eran víctimas sin una real necesidad de tal tipo de olvido, sí, eso era una cruel tortura.

—Tú dices que… ¿olvidar… olvidarnos, puede haber sido a propósito?

—Tal vez no premeditado. Eso fue lo que le pasó a todas las Miyamizu antes de ti. Le pasó a tu abuela, porque ella misma me lo contó, y a quién sabe cuántas otras generaciones de mujeres Miyamizu que intercambiaban cuerpos con otra gente antes de ella. Todas ellas vivieron el intercambio, y luego olvidaron todo ¿Eso era a propósito? ¿Algo inevitable?

—¿De qué estás hablando? ¿Le pasó también a mi abuela?

—¿Tu abuela nunca te lo contó?

Mitsuha negó con fuerza, y lo quedó mirando fijo, con una mirada que le exigía que le contara todo.

—Este, entonces hay algo que parece que no sabes. Algo que me contó tu abuela ese día del festival, cuando volví a ser tú por última vez. Cuando bajé al comedor el televisor estaba encendido, y el noticiario anunciaba que ese era el día cuando el cometa Tiamat iba a estar en su punto más cercano a la tierra. Así me di cuenta que había vuelto a 2013, al día del desastre. Supe que Musubi me había escuchado en el templo del dios, y que me había dado una oportunidad para salvarte…

—Pero ¿Qué te dijo mi abuela?

—Bueno, ella entró a la sala, primero me llamó por tu nombre. Y luego me pregunto: "Tú no eres Mitsuha ¿verdad?".

—¿Ella… lo sabía?

—No sé si lo sabía desde antes o solo se dio cuenta en ese momento. En realidad, creo que ya lo sospechaba. Pero cuando me lo preguntó, yo no lo negué. Me estaba jugando el todo por el todo, y así que le dije que yo… no era tú, y entonces hablamos...

Mitsuha estaba pálida. Ella nunca supo de esa conversación, y su abuela jamás se lo contó a ella tampoco ¿Ella había olvidado contarle? ¿O se lo había ocultado todos estos años a propósito?

—…y entonces ella me confesó algo —continuó Taki—. Que cuando tenía tu misma edad ella también tuvo sueños viviendo la vida de otra persona, tal como nosotros. Pero ya no recordaba nada, ningún detalle, de quién era esa persona, qué vida era, nada, como si hubiera olvidado un sueño. Me contó que para ellos también había terminado de golpe, de un día para otro, y que ella lo olvidó todo. Como nos pasó a nosotros estos últimos ocho años. Solo recordaba que había sido algo bueno, algo valioso.

—Si a mi abuela le pasó, es probable que a mamá también le haya pasado algo así —pensó en voz alta la chica, sorprendida.

—Cierto, tu abuela me confirmó que su propia madre había vivido lo mismo. Y me dijo que a tu mamá Futaba, a ella también le había pasado. ¡Todas ellas vivieron la experiencia de intercambiar sus vidas con alguien en sus sueños! Tu abuela me aconsejó algo así como "Atesora lo que estás experimentando… los sueños son solo sueños, y tarde o temprano se terminan olvidando…". Ella pensaba que eran solo sueños. Tal vez no pudo comprobar que era algo real, como lo hicimos nosotros.

Mitsuha comprendió que esa angustia de buscarse sin saber qué buscaban, olvidándolo todo por años, era cruel… y algo que las mujeres de la familia Miyamizu había vivido y sufrido, por generaciones. El que en este instante ellos se hubieran reunido y estuvieran recordándolo todo, estando juntos y hablándolo sin tapujos, era algo que tal vez nunca había ocurrido antes. Ninguna Miyamizu antes había podido recordar, o encontrar a esa persona especial. Pero, ¿por qué ellos eran una excepción? O ¿esto era solo una anomalía temporal?

—Entonces, si todas ellas lo olvidaron ¿nosotros estamos condenados a olvidar…? —se preguntó Mitsuha en voz alta—. ¿Encontrarnos hoy fue solo por accidente para volver a sufrir amnesia y perdernos de nuevo como si esto fuera un sueño?...

Una gruesa lágrima comenzó a correr por la cara de Mitsuha.

—…Taki, si mañana despertamos en nuestras camas, y no recordamos qué sucedió hoy, si nuestros recuerdos de hoy se desvanecen como un sueño ¿Qué vamos a hacer?

El corazón de Taki comenzó a latir desbocado, diciéndose a sí mismo «No, eso no puede ser, no puede ser, no puedo perderte. ¡No de nuevo!». Comenzó a caminar de un lado al otro frente a la banca, como en un trance. Pensando, pensando…

De pronto se detuvo, y quedó mirando a Mitsuha con tristeza en los ojos.

—No podremos hacer nada.

Mitsuha se paró de golpe, se acercó a Taki y se apoyó con sus puños y muñecas en su pecho.

—No, no, ¡No! Eso no puede suceder, no quiero que suceda, ¡no quiero tener que olvidarte de nuevo!

Taki miró el suelo. Se mordió el labio, casi con rabia. Sintió que estaban peleando con fuerzas que no entendían, y que los habían mantenido separados por tanto tiempo con absoluta crueldad… y que ahora podían estar a punto de arrojarlos de nuevo en el olvido.

Mitsuha se separó de él. Una idea le dio un brillo de esperanza a sus ojos

—¡Podemos anotar nuestros nombres, en nuestros teléfonos, en tu libreta, tal como lo hacíamos cuando cambiábamos de cuerpos, ¿recuerdas?

—Eso podría no funcionar —le respondió él con voz ronca.

—¿Qué? —Mitsuha sintió como si el suelo se moviera bajo sus pies—. ¿Cómo que no…? Pero acuérdate que yo te escribía cada día lo que había hecho, nos dimos reglas y todo eso…

—Lo que sea que escribamos, puede desaparecer.

—¿Desa…parecer?

Taki le contó lo que sucedió cuando la buscó en 2016, estando en el patio en ruinas del instituto Itomori: como todas las notas, mensajes y entradas de diario que ella había dejado en su teléfono, desaparecieron frente a sus ojos para nunca más volver.

Mitsuha se volvió a sentar en la banca, con la vista perdida en el suelo, sintiéndose derrotada.

—Pero, pero… tal vez eso fue casualidad, solo una falla de tu teléfono —intentó retrucar ella, intentando ser optimista.

Mitsuha no creía que lo que decía Taki tuviera asidero, así que buscó en su bolso el papel que le había dado Taki esa misma mañana. Lo abrió con cuidado.

El papel estaba en blanco.

Un grito de miedo salió de la garganta de la chica. Taki, que la había estado mirando, intuyó la causa. Tomó el papel de su mano, y confirmó su temor.

—Está pasando… de nuevo.

Taki levantó la vista al cielo, y miró a las pocas estrellas que apenas se distinguían el cielo de Tokio. La impotencia que sentía le hizo apretar las manos hasta que sintió que sus uñas iban a hacerle sangrar las palmas. Tenía que haber una forma, pero si los dioses se lo proponían, ellos estaban indefensos.

Mitsuha levantó la vista. Los ojos se le comenzaron a llenar de lágrimas.

—Taki, ¿qué podemos hacer?

—Si mañana por la mañana perdemos nuestros recuerdos, no podremos hacer nada… pero sé algo. Sabemos algo. Aunque lo olvidemos todo y aunque todo registro se borre, hay algo que ni los dioses nos pueden arrebatar. Tal como lo dijo tu abuela.

—¿Qué cosa?

—Nuestros sentimientos. Lo que siento por ti. Lo que… sientes por mí. Durante todos estos años, yo no sabía quién eras tú, pero nunca dejé de buscarte. Y tú tampoco dejaste de buscarme. ¡Nuestros sentimientos no se pueden borrar! Ni los dioses los pueden borrar. Fue lo que vivimos esta mañana.

—¡Nos podremos encontrar de nuevo!

—Sí, pero… —Taki bajó la mirada, angustiado—. ¿Estaremos otros ocho años buscándonos? ¿Dieciséis? ¿Y si nunca más nos volvemos a cruzar?

Taki despotricó con rabia. No quería volver a esa búsqueda frustrante. No después de por fin haberla hallado.

Mitsuha se tapó sus ojos con sus palmas, para evitar que sus ojos estallaran. No podía ser. Sentía que este día era el día más maravilloso de su vida, pero se podía transformar en una pesadilla.

—Pero podría haber una forma… —Taki se detuvo. «¿Cómo se lo digo sin que se moleste?» pensó, preocupado.

—¿La hay? Taki ¿De qué forma?

Taki comenzó a caminar de nuevo frente a la banca, mirando con nerviosismo a Mitsuha en cada pasada. «No, así no»; «No, eso…, no».

Mitsuha no pudo soportar más la ansiedad y se puso de pie delante de Taki.

—¡Por favor, dímelo, Taki! Dime qué podemos hacer, dime lo que sea. Estoy contigo, podemos luchar juntos, podemos hacerlo, solo dímelo y yo lo entenderé.

Taki se detuvo, cerró los ojos mientras se llevaba las manos a su sien. «No se me ocurre una forma de decirlo para que suene bien» pensó, y se rindió. Bajó las manos y miró a Mitsuha, buscando una forma de que ella no se enojara. O algo peor. Se lo planteó en un tono bajo y lento.

—Mitsuha, tenemos… que pasar esta noche juntos.

—¿Tú quieres que…?

Él pensó que ella iba a estallar, lo iba a abofetear, o iba a dar media vuelta e irse como lo había hecho esta mañana. Un escalofrío recorrió su espalda en forma casi dolorosa.

Ella cerró los ojos, y llevó sus manos frente a su pecho. Una expresión de duda y temor surcó su cara, pero pensó en él. «Tú me salvaste. Estoy viva gracias a ti. Mi vida te pertenece. Mi cuerpo te pertenece. Si esa es la solución, la aceptaré. Yo te quiero, y tú me quieres», pensó. Una sensación de paz la invadió. Si ese era el precio por no perderlo, por no olvidarlo, lo pagaría de corazón.

Mitsuha abrió los ojos, y vio que Taki la miraba algo atemorizado. No pudo mirarlo a la cara. Bajó la vista, y se sonrojó mientras decía unas palabras que jamás pensó que le diría a nadie.

—Taki, confío en ti, y si esa es la única forma, lo haré contigo. Lo haré por amor. ¡Pero prométeme que tú también lo harás por amor!

La cara del muchacho se alargó de sorpresa. «¿Hacer qué, si yo solo dije qué…?», pensó.

Pero entonces se dio cuenta que las palabras que le había dicho tenían otro significado bastante más explícito y mundano, y Mitsuha lo había entendido de esa manera. La cara de Taki se puso roja como un tomate.

—Mitsuha, no es eso, no es lo que piensas, yo no me refería a… a… eso, yo…

—¿Qué? Pero entonces ¿qué quieres de mí…?

—¡Tenemos que pasar la noche en un mismo lugar, cosa de poder vernos por la mañana aun si no recordamos quienes somos, para reencontrarnos de inmediato y no volvernos a perder!

Ahora la cara de Mitsuha comenzó a hervir de vergüenza «¡Ay! ¡Qué fue lo que le dije!». Puso sus manos en su cara. No quería que la viera. Dos segundos después sintió que una rabia emergente le ganaba a la vergüenza, y se desahogó sin pensarlo, con los puños en alto.

—¡Idiota! Cómo se te ocurre decirme eso ahora… yo… yo estaba dispuesta a…

Taki puso sus manos delante de sí, pidiendo perdón como si fuera a ser ejecutado en cualquier instante. Esa era la reacción había pensado que ella iba a tener en primer lugar, solo que ahora era peor.

Ella se detuvo, casi jadeando… y, comprendió lo que en realidad él había querido decir. El chico bajó con suavidad las manos, mirándola sin saber qué iba a pasar a continuación. La muchacha cerró los ojos, hizo tres profundas inspiraciones, y logró calmarse lo suficiente. Se arregló un poco el cabello, y miró el suelo, sabiendo que, al final, él tenía razón.

—Está bien. Así no podremos perdernos ¿A dónde vamos? ¿Aún vives con tu papá?

—Oh… cierto. Sí, de hecho, debe estar extrañado de que aún no he llegado. No le he avisado dónde estoy. Pero, uhm, no creo que sea buena idea ir a mí departamento, sería difícil de explicar...

—Entonces, tendrías que venir al mío.

—Pero… ¿y tu abuela? ¿Ella está viva? ¿Vive contigo?

Mitsuha no pudo evitar dejar escapar una pequeña carcajada. ¿Su mayor temor era su abuela Hitoha? Aunque un segundo después recordó cómo su abuela había expulsado a su propio padre de su casa. No cabía duda que su abuela tenía un temperamento que podía ser de temer.

—Mi abuela vive con Yotsuha en Shizuoka. Queda a un par de horas de Tokio. Yo vivo sola en un departamento cerca de aquí. Tengo una habitación de invitados donde podrías quedarte esta noche.

—Bien, entonces hagámoslo así. Si algo puede eliminar nuestros recuerdos, tenemos que apresurarnos. No podemos dejar que lo que le pasó a ese papel le pase a también a nuestra memoria, no antes de que podamos estar en un lugar seguro.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—No lo sé. Lo único que sé es que, cuando olvidábamos cosas, era al día siguiente. Siento que, si logramos recordarnos hasta mañana por la mañana, podríamos romper ese ciclo. Tal vez acabemos con esa maldición.

—¿De verdad crees que funcionará? —Mitsuha lo miraba con ojos de esperanza y de miedo.

—No sé si eso va a ocurrir, y si ocurre, no sé si va a funcionar. Ni siquiera sé si estamos o no en un peligro real de olvidarnos. Pero el hecho es que ninguna Miyamizu logró mantener sus recuerdos antes. Y yo no quiero que me olvides. Tampoco quiero olvidarte… ni perderte, no de nuevo, no quiero correr ese riesgo. Tenemos que intentarlo.

—Está bien, luchemos. Por nuestros recuerdos. Juntos —Mitsuha caminó hasta él, y se apretó contra su pecho.