Taki y Mitsuha se pusieron en camino a la estación de trenes de Shinjuku. Mientras caminaban hicieron un plan: Taki iría a su casa a buscar ropa y sus cosas personales, mientras Mitsuha se adelantaba a su propio departamento a preparar el espacio para él.

Cuando llegaron a la estación debían tomar trenes distintos. Al darse cuenta, dudaron. ¿Podrían perder la memoria al separarse? El recuerdo de Mitsuha de lo que le pasó cuando bajó de la montaña la angustió. Tomó a Taki por la chaqueta, sin querer soltarlo.

—Mitsuha, tendremos que correr el riesgo.

—Pero, pero, si tú y yo…

—Tranquila. También tengo miedo. Pero tarde o temprano, nos tendremos que alejar, aunque sea algo temporal. No puedo estar todo el tiempo contigo, ni tú conmigo. Debemos poner a prueba si… es que esto va a… funcionar.

—Solo ruego porque… porque, no ocurra…

Mitsuha había atado su pelo de nuevo con su cuerda trenzada. Y supo que había algo que tenía que hacer. Volvió a desatar su cabello, y puso la cuerda en la mano del chico. El protestó.

—Pero recuerda que yo te la devolví. Y sé que es demasiado importante para ti. No puedo aceptarla.

—Es cierto que es muy importante para mí. Por eso debes llevártela.

—Pero, si algo sale mal. ¿Qué pasa si…

Mitsuha llevó un dedo a los labios de Taki, y lo silenció.

—Si algo sale mal, sé que me buscarás. Esta cuerda ya nos ha reunido dos veces. Y puede que sea la única forma de volvernos a encontrar. Si me la muestras, tal vez esa sea la clave para poder recordarte de nuevo.

Taki no quería pensar en tener que llegar a eso. Se resistía a la idea. Pero ella ya había tomado la decisión.

—Además, si todo sale bien, también quiero que la conserves.

—Pero, era de tu madre, yo no puedo separarte de ella.

—Si tú estás cerca de mí, nunca más estaré lejos de esta cuerda ni la perderé ¿verdad?

Entonces comprendió lo qué quería decir Mitsuha. Ese era un juramento, un pacto de fidelidad. Tenían que luchar. Tenían que estar juntos. Y si tenían éxito, esa promesa los mantendría juntos, entrelazados, como los hilos de esa cuerda trenzada. Musubi. Todo era un vínculo.

Se abrazaron por última vez.

—Sé que estamos cansados, Mitsuha, pero no puedes quedarte dormida en el tren o cuando llegues a tu departamento. No hasta que… estemos juntos. O si no, todo esto puede fracasar.

—Sí, lo sé. Te estaré esperando. Por favor apúrate en llegar.

Mitsuha apoyo su mejilla el pecho de Taki. Pudo escuchar su corazón. Fue una revelación para ella. Quería volver a escucharlo una vez más. Muchas veces más.

§

Taki llegó casi corriendo a su departamento cerca de las diez de la noche. Sabía que el tiempo era clave, y tenía que estar en el departamento de Mitsuha cuanto antes.

Su padre se asomó al pasillo desde su habitación cuando escuchó el ruido de la puerta.

—¿Taki? ¿eres tú?

—Hola papá, llegué a casa.

El papá de Taki miró la hora en reloj de la pared, y levantó las cejas asombrado.

—¿Qué te pasó? Hacía tiempo que no llegabas tan tarde.

—Estoy bien, pero tengo un… un pequeño problema. Necesito buscar algunas cosas y salir de nuevo.

El papá de Taki se le acercó extrañado, prendió la luz de la sala y lo miró bien. Notó que tenía la cara algo sucia.

—¿Estuviste llorando?

—Eh, papá, ha sido un día larguísimo, pero de verdad estoy bien.

—¿Estás en problemas? ¿Hiciste algo malo?

—No, no, no. Es que necesito… quedarme afuera esta noche.

—¿Eh? ¿Cómo?

Su padre se sentó en la mesa del comedor. Su hijo, a pesar de que tenía cara de estar exhausto, venía con una energía y ánimo como si hubiera ganado el premio mayor de algo.

—Papá, necesito resolver algo muy temprano en la mañana, con una amiga, y para eso debo quedarme en su departamento. No es tan lejos de acá, para que estés tranquilo.

—Con una… ¿No estarás metido en un lío de faldas? ¿Ella es casada?

—¡Papá! Tú me conoces, jamás haría algo así.

Su padre apoyó su espalda en el respaldo de la silla. Era primera vez en su vida que veía a Taki así, tan decidido, y… haciendo algo tan inesperado.

—Hijo, ¿estás seguro que no estás haciendo algo malo?

—Estoy seguro, mil por ciento seguro. Te prometo que te lo explicaré todo con calma otro día, pero ahora necesito… tengo que ir lo antes posible.

Taki se acercó y le dio un abrazo a su padre tan efusivo que casi lo dejó sin aire. Él iba a protestar cuando Taki ya corría a su habitación a buscar sus cosas.

Cuatro minutos después, el chico había cambiado su ropa por algo más cómodo y abrigado. Llevaba una pequeña mochila deportiva con un par de mudas de ropa y enseres personales mínimos.

A la carrera tomó un papel y lápiz, y copió la dirección que le había dado Mitsuha, y se la dio a su papá, para que estuviera tranquilo. Le dio otro fuerte abrazo.

—Gracias papá, eres lo máximo. Si esto sale bien, créeme que será lo mejor que me haya pasado en mi vida. Te prometo que te lo explicaré con calma después.

—Solo cuídate, hijo, y no hagas nada de lo que te vayas a arrepentir.

—Créeme que, si no me voy ahora mismo, me arrepentiré toda mi vida. ¡Adiós!

Taki se alejó a grandes zancadas, y salió a toda prisa por la puerta.

Su papá se quedó parado, perplejo. Le deseó de todo corazón que, lo que fuera que Taki estaba tramando, fuera algo seguro y bueno para él. Pero hacía años que no lo veía tan animado y energético, y verlo así lo alegró.

Taki bajó corriendo las escaleras del edificio, y llegó abajo justo cuando el taxi que había pedido minutos antes se acercaba al punto de encuentro. Corrió a encontrar al taxi para ir al departamento de Mitsuha.

§

Mitsuha se sentía flotando en el tren, camino a su departamento. Había sido un día largo, estaba agotada, sus emociones habían pasado por todos los extremos del espectro. Había reído, llorado, había sentido miedo, e infinita felicidad; y una sensación de amor y felicidad que nunca espero sentir. Sonreía al pensar en Taki a cada minuto, pero el miedo de olvidarlo en cualquier momento la agobiaba. «Por favor, apúrate en llegar a casa». El temor de olvidarlo flotaba en su consciencia. No podían fallar.

Cuando llegó a su departamento eran pasadas las diez de la noche. Abrió la puerta y quedó helada por una sorpresa inesperada: las luces del departamento estaban encendidas. Ella estaba segura que no estaban prendidas cuando salió esta mañana ¿Podía ser un ladrón? Solo veía los sillones de la sala al fondo de pasillo de entrada. Las únicas que tenían llaves de su departamento, en caso de emergencia, eran su abuela y Yotsuha ¿Podrían ser ellas?

—¿Yotsuha? —preguntó no demasiado fuerte desde la entrada del departamento, preparándose para escapar si escuchaba algún ruido extraño.

—¡MITSUHAAAA!

Mitsuha apenas si pudo reaccionar cuando Yotsuha dobló corriendo al pasillo. Se le acercó como una tromba y saltó a sus brazos llorosa y desesperada.

—¡Mitsuha! ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? ¿Estás herida?

Yotsuha abrazó tan fuerte a su hermana que ni siquiera pudo responder. Un segundo después se alejó para volver a mirarla, como esperando ver si le faltaba un brazo, y luego la volvió a abrazar con fuerza.

—¿Qué le pasó a tu pelo? ¡Estuviste llorando! ¿Te secuestraron? ¿Dónde estabas? ¡Estaba aterrada!

Mitsuha no lograba entender qué estaba pasando. Claro, era bastante más tarde que la hora a la que ella acostumbraba llegar, pero no entendía qué hacía su hermana en su departamento, y peor ¿por qué su hermana estaba así de asustada?

—Ya, tranquila, hermanita, estoy bien, todo está bien, todo está bien.

Yotsuha se alejó de nuevo de ella, y la comenzó a examinar con la mirada, mirando su ropa, y luego de nuevo su pelo, que venía bastante más desordenado que de costumbre, al no tener su cuerda. Era obvio que no le creía que estaba bien. Entonces la miró de arriba abajo y se dio cuenta que su hermana tenía las rodillas de su pantalón sucio. Miró alarmada a Mitsuha.

—Pero ese hombre ¿te atacó? ¿Te hizo algo malo?

Mitsuha quedó pasmada. «¿Ese… hombre?». Ella había hablado por teléfono con su hermana esta mañana, justo antes de tomar el tren, pero después de eso no habían hablado de nuevo en todo el día. Yotsuha no sabía nada de su encuentro con Taki ni de lo que había pasado ese día.

—¿De qué hombre estás hablando?

—Pues del hombre que te quería acosar ¡de quién más! Me llamó Noriko-san pasada las cinco. Yo no sabía que tenía mi número, me explicó que yo era tu contacto de emergencia.

—¿Te… llamó?

—Sí y me contó que habías estado muy rara todo el día, que un desconocido se te había acercado en la mañana camino a la oficina y habías llegado tarde, llorando. Y que después de la oficina te habías ido temprano, pero que vieron que te encontraste con un hombre y se había ido contigo. Noriko estaba preocupada por ti, pensaba que podría ser el mismo hombre de la mañana y que tal vez podías estar en peligro, que podía ser algún tipo de acosador ¿Eso es verdad? ¿Quiénes eran esos hombres? ¿Por qué no me llamaste? ¡Y porqué tenías tu teléfono apagado! Te llamé más de 30 veces y no respondías. Le tuve que mentir a mi abuela diciendo que me habías llamado y tomé un tren para venirte a ver si estabas bien, y no te encontré. Llegué acá hace más de una hora y no llegabas nunca ¡Estaba a punto de ir a la policía!

—Viniste sola desde Shizuoka… ¿solo para ver si yo estaba bien?

Mitsuha se quedó sin habla, caminó hasta la sala y se dejó caer en forma brusca sobre el sofá ¿Noriko llamó a su hermana? De verdad que estaba preocupada por ella, pero esta situación nunca la vio venir. Y su hermana había viajado varias horas en tren solo por la preocupación que le causó. Se sintió culpable.

—Gracias por venir, Yotsuha. De verdad que estoy bien.

Yotsuha se sentó frente a ella asintiendo como una niña pequeña. Su hermana mayor a veces no podía dejar de ver a su hermanita como cuando tenía seis, aunque ya tenía diecisiete.

—¿Pero entonces qué pasó? ¡Casi me mataste del susto! Iba a llamar a mi abuela para contarle…

—¡No se te ocurra hacer eso! —exclamó asustada Mitsuha. Si la metían en esto, una noticia así de verdad podía matar del susto a su abuela.

Mitsuha sintió de golpe que el cansancio estaba haciendo presa de ella, y una sensación de hambre la fulminó. Tantas emociones la habían hecho olvidar comer, pero ella y Taki solo habían comido algo liviano hacía horas, y desde entonces no había comido nada. Se habían saltado la cena.

Con esfuerzo se paró del sofá, y se puso a caminar intentando componer sus ideas. Necesitaba hacerle entender lo que pasaba a su hermana, y en especial lo que estaba a punto de pasar. Taki podía llegar en cualquier momento, y… ¡tal vez estaba intentando llamarla y ella aún tenía su teléfono apagado! Solo esperaba que sus nombres y sus números que habían anotado en sus manos siguieran ahí. Miró su mano, estaba ahí todavía. Todavía había esperanza.

Sacó el celular de su bolso y lo encendió. Aparecieron decenas de avisos de llamadas no recibidas. Revisó la lista: eran unas pocas de Noriko, decenas de Yotsuha y ninguna de Taki ¿La recordaría aún? Sintió un deseo apremiante de llamarlo, pero primero tenía que hablar con su hermana.

—Mira, es cierto que hoy en la mañana… conocí a alguien en el tren, camino a mi trabajo y… es verdad que llegué mal a la oficina.

—¿Qué? —los ojos de Yotsuha se abrieron de nuevo.

Mitsuha sintió que su hermana se le iba a lanzar de nuevo a abrazarla de los puros nervios.

—No, no, pero tranquila, no pasó nada malo, fue solo un malentendido, ese hombre no me hizo nada malo, no es un acosador. Es más, es una… muy buena persona. Y no es un "hombre", es un chico de nuestra edad. O sea, eh, es un poco mayor que tú. Se llama Taki. Taki Tachibana.

Yotsuha se hundió en el sillón. Esa no era su hermana de todos los días. La Mitsuha que conocía era puntual, andaba arreglada, con su ropa impecable y volvía temprano a su casa. Además, su hermana le había dicho esta misma mañana que no estaba saliendo con nadie. Y ella sabía que su hermana no salía ni con chicos que sí conocía, por lo que menos saldría con alguien al azar que conoció en la calle. Y menos llegaría así, con todo el pelo desordenado, suelto y… ¿El pelo suelto?

—¿Qué le pasó a tu cuerda?

—La tiene Taki, mi amigo. Se la pasé esta tarde.

—¿Le… pasaste… tu cuerda?

Yotsuha quedó boquiabierta. Su hermana jamás se separaba de esa cuerda. A veces ella se reía imaginando que hasta se bañaba con ella puesta. Y de todas las cosas raras que estaban pasando hoy, eso le pareció el epítome.

—Así es. Él la tiene. Y quiero que lo conozcas, es una persona… muy importante para mí, pero no te puedo explicar todos los detalles ahora.

—¿Y estuviste con él también… toda la tarde?

—Sí, estaba con él. Pero ya estoy aquí, de vuelta, sana y salva ¿ves? No tienes que preocuparte. Noriko-san malentendió la situación, y no debería haberte llamado y asustado tanto. Hablaré con ella y lo aclararé todo. ¿Estás más tranquila?

—¿O sea que estabas en una cita…? ¿Ahora tienes novio? Pero si tú en la mañana me dijiste que no estabas con nadie ¿O me estás mintiendo?

Mitsuha se sonrojó hasta las pestañas. Su primer impuso fue negarlo, pero sus sentimientos hacia Taki eran tan fuertes que sintió que sería una traición decir que no eran nada, como si él no le importara.

Pero, ellos no eran novios, la palabra noviazgo no había sido mencionada, aunque ella sintió que, como con nadie jamás antes, le gustaría escuchar esas palabras de él, y así estar aún más cerca de Taki.

—Él y yo… bueno, nosotros, aún… no hemos hablado de eso. Pero, tal vez…

Yotsuha quedó helada de la sorpresa ¿Esta era la Mitsuha que siempre evitaba de los chicos, y que se excusaba de tener citas? La había visto quejarse muchas veces cuando amigos de la universidad o del trabajo la invitaban a salir, o cuando sus amigas le intentaban presentar hombres. Mitsuha siempre decía que no estaba interesada en buscar pareja. ¿Y ahora acaba de llegar de una cita con alguien que conoció en plena calle?

—¿Qué? Lo conociste recién hoy y ¿ya quieres ser su novia?

Mitsuha entendía la reacción de su hermana y sabía que tenía razón. Ninguna chica decente o en su sano juicio se iría a una cita con alguien que conoció el mismo día, y menos lo iba a traer a su casa. Y tampoco podía explicarle a ella, así como así, desde cuándo conocía a Taki, y menos podía explicarle la naturaleza de cómo lo conocía.

—Es que, tendrías que conocerlo, y…

—¿Quién es él? ¿De dónde lo conoces? ¡Dime la verdad!

Mitsuha se dio cuenta que no podría dejar entrar a Taki a su departamento sin que su hermana lo supiera y, por lo tarde que era, ella iba a tener que quedarse en el departamento con ellos. Necesitaba convencerla.

—Taki es de Tokio, es arquitecto y, bueno lo conocí hoy en el tren, nos vimos y, fue… una… atracción a primera vista. Y… mira, sé que esto te va a sonar alocado, pero Taki no es cualquier chico y de verdad quiero que lo conozcas, porque… de hecho lo vas a conocer… él viene en camino para acá.

Yotsuha la miró asustada, luego miró hacia la puerta que estaba a sus espaldas, como si fuera a entrar un rinoceronte por ella en cualquier momento.

—¿Ese hombre… ese amigo tuyo está aquí?

—Oh, no todavía, pero espero que llegue pronto.

—¿Qué? ¡Pero si son más de la diez de la noche!

Mitsuha comenzó a ponerse nerviosa. No sabía cómo explicarle, o menos como decirle "la" verdad. Respiró profundo, y decidió decirle lo mínimo necesario para hacer que el plan que tenían con Taki funcionara esa noche.

—Yotsuha, cálmate. Necesito que mantengas la calma, y no te enojes. Necesito que confíes en mí, y quiero que me creas que estoy haciendo esto por muy, pero muy buenas razones…

—Hermana, me estás asustando ¿Qué está pasando? ¿Qué… te está pasando?

—Este… a mí, nada. O sea, sí, me pasa algo importante. Cierto, conocí a Taki esta mañana, y… es importante… que él se quede conmigo esta noche.

Eso rebasó la capacidad de comprensión de la chica. Casi se paró arriba del sillón como escapando de su hermana, como si quemara. «¿Acaso se volvió loca?» pensó Yotsuha. Pensó que algo estaba muy mal en la cabeza de su hermana.

—Mitsuha ¡de qué estás hablando! No puedes traer a ese hombre acá ¿y si de verdad es un acosador? Ni siquiera lo conoces ¡Podría matarte esta noche mientras duermes! Podría… ¡matarnos a ambas!

—Por favor, entiende, necesito que te tranquilices, todo va estar bien.

Por ella no daba señales de entender que estaba todo bien. Y entonces…

Sonó el timbre del departamento.

El corazón de Mitsuha dio un salto de alegría. «¡Taki está aquí!», pensó con alivio. Pero un latido después miró a su hermana, que estaba con la cara desencajada mirando la puerta.

—Espérame aquí y no te muevas.

—Mitsuha, ¡no lo hagas…!

Mitsuha sacó fuerzas para ponerse de pie de un salto antes que su hermana pudiera adelantarse y le impidiera abrir la puerta. Corrió a la puerta, uso la mirilla, y sintió que el alma le volvió al cuerpo. Era él. Abrió y con la mejor sonrisa que podía, recibió a su invitado:

—Bienvenido a casa, Taki.

Él se sorprendió por la cálida bienvenida, y luego se sonrojó un poco, mientras sonreía. Estaba nervioso al llegar, pero esa bienvenida era mucho más de lo que esperaba. Además, se sintió aliviado de que ella lo hubiera reconocido de inmediato. No había signos de pérdida de memoria.

Taki iba a entrar, pero Mitsuha se interpuso delante de él y se acercó a su cara para hablarle en un susurro.

—Yotsuha vino de sorpresa y está adentro. Le intenté explicar que venías, pero… mi jefa la llamó en la tarde y…

—¿Qué? —le gritó Taki en otro susurro—. ¿Le contó algo raro de mí, que te secuestré o algo?

—Tu fama de Jack el destripador te precede, y ella vino a verme de los puros nervios. Piensa que eres un acosador o algo así. Taki, por favor mantente tranquilo, para no empeorar las cosas. Déjame a mí entenderme con ella, ¿ok?

Taki aceptó a regañadientes. Entraron y él la siguió a un metro de distancia hasta la sala. Entonces vio a su antigua hermanita sentada, más bien acurrucada, en un sofá, mirándolos con cara atemorizada, abrazando un cojín como si fuera un escudo, sin moverse, como intentando camuflarse. Aunque era claro que ya no era la niña pequeña que él conoció.

—Yotsuha, este es el amigo del que te hablé, te presento a Taki Tachibana. Taki, ella es mi hermana, Yotsuha Miyamizu.

Taki hizo un educado y solemne saludo, e intentó ser lo más formal que pudo.

—Es un placer conocerte, Yotsuha. Estoy feliz de volv… de conocerte.

Taki la volvió a mirar y se dio cuenta de cuánto había crecido. En los recuerdos que hacía pocas horas habían retornado, podía ver a una niña de apenas nueve años. Ahora casi doblaba esa edad. Yotsuha ahora tenía la edad de Mitsuha cuando ellos intercambiaban sus vidas. ¡Ya era toda una mujer! Los rasgos infantiles habían desaparecido. Se parecía mucho a su hermana mayor, pero aún usaba un peinado de tipo coletas que la hacía verse un poco infantil.

Pero Yotsuha no se movió ni respondió. Solo se limitó a mirar alternando entre Taki, y luego a su hermana, intentando entender por qué él estaba ahí.

—Disculpa por ser tan descortés. Por favor deja tu mochila… eh, déjala aquí en la sala ¿comiste algo en tu casa?

El chico se dio cuenta que no había cenado. Ambos no habían cenado. Y ante la pregunta, un golpe de hambre llegó a su estómago.

—No, no alcancé. De hecho, creo que comería lo que fuera ¿tú ya comiste?

—Tampoco, solo llegué unos minutos antes que tú… Yotsuha ¿tú cenaste algo?

La chica bajo la vista sin responder. Mitsuha solo suspiró. No quiso presionar más a su hermana. Decidió dejarla tranquila por un rato. Se volvió a Taki.

—¿Cómo llegaste tan rápido?

—Tomé un taxi.

—Oh, bien. Voy a ir a cambiarme de ropa, y prepararé algo rápido de comer ¿te parece? Espérame acá y…

—¡NO! —gritó Yotsuha, cuando se dio cuenta que su hermana la iba a dejar sola en la sala con ese desconocido. Antes que pudieran girarse a verla, la chica pasó como una exhalación a la máxima distancia posible de él, corrió entre la mesa de comedor, saltó al pasillo que llevaba a los dormitorios, y entró a la puerta del fondo, que era la habitación de invitados donde ella solía quedarse, cerrándola con un portazo.

—¿Pero qué demonios…?

—¡Taki! —lo paró en seco Mitsuha. «TRAN—QUI—LO» dijo en forma lenta para que leyera sus labios.

«Creo que esta noche va a ser más difícil de lo qué pensé», pensó Taki. Miró a Mitsuha, que seguía parada a medio camino mirando hacia los dormitorios. Luego ella lo miró a él. Y en su cara leyó que ella estaba pensando lo mismo.

§

Taki se sentó en la sala a esperar. El departamento de Mitsuha era pequeño, pero acogedor. Estaba decorado en forma simple y austera, sin demasiados objetos.

Desde el sofá en que estaba sentado en un rincón de la sala, podía ver la puerta de entrada al frente de él, que se separaba de la cocina que estaba a su izquierda por el muro que formaba el pasillo de la entrada.

A la izquierda de la sala y frente a la cocina había una mesa de comedor, que terminaba en el muro de lo que supuso era una de las habitaciones. Había un televisor de pantalla plana en el muro. Bajo el televisor había un pequeño librero que encima tenía fotografías de las chicas junto a la abuela, Hitoha Miyamizu, y una segunda foto del padre de las chicas, Toshiki Miyamizu. Parecían fotos recientes. No veía ninguna fotografía antigua. Se dio cuenta de que todas las fotos de Futaba Miyamizu, la madre de las chicas, y cualquier foto o pintura de la familia Miyamizu que él recordaba de la antigua casa de Mitsuha en Itomori se había perdido en forma irremediable con el cometa. Solo algunos otros pequeños adornos o pequeños recuerdos acompañaban a las fotos que veía.

Entre la cocina y el comedor había un pasillo que debía llevar a los dormitorios y al baño, que era por donde habían desaparecido las dos chicas. A espaldas de Taki, a todo lo largo de la sala y el comedor, había ventanas con cortinas que daban una vista a la nocturna ciudad de Tokio.

Pasaron minutos desde que las chicas habían desaparecido por ese pasillo. Parecía que Mitsuha intentaba hablar con su hermana desde afuera de la habitación, pues escuchaba un murmullo de la voz de Mitsuha. Sin duda estaba intentando calmarla, pero sin mucho resultado. Luego hubo un rato de silencio, y entonces Mitsuha volvió a la sala vistiendo ropa más holgada: unos pantalones de buzo y una polera amplia. En su cara se veía resignación.

—Yotsuha se encerró en el dormitorio. Bueno, por ahora dejemos eso así. Voy a preparar algo rápido de comer. Me puedes ayudar, si quieres.

—Oh, claro, de inmediato.

Taki observó que ella había vuelto a ordenar su cabello con un moño. La cuerda de Mitsuha seguía atada con firmeza en su muñeca, bajo la manga de la sudadera con capucha que estaba usando. A pesar de que ella se veía cansada, él no pudo más que reconocer que la belleza de Mitsuha lo ensimismaba.

Al poco rato estaban sentados en la mesa. Comer algo caliente fue un alivio, y aunque ambos no estaban acostumbrados a cenar tan tarde, sus cuerpos lo agradecieron. Terminaron de cenar, tomando una taza de té.

—Y ahora, ¿qué hacemos?

—Pues… no estoy segura. Tenemos que prepararnos para esta noche.

—¿Tu hermana estará bien?

—Eso espero… pero… creo que hay un problema. No contaba con que ella estuviera aquí, y ella siempre se queda en la pieza de invitados. De hecho, tiene ropa suya ahí y todo. Y no creo que puedan compartir la pieza, ni de broma.

—Entonces, me quedaré en la sala.

Mitsuha miró a su alrededor. El sillón no era cómodo para dormir. Y no tenían otro dormitorio o cama disponible tampoco. Se acercó a Taki, y le habló en un susurro. No quería que su hermana escuchara.

—Taki, ¿qué pasará si… si por la mañana olvidamos quiénes somos?

—Si eso pasa, espero que nos veamos y podamos sentir lo mismo que sentimos hoy, cuando nos vimos en el tren.

—Pero, si yo mañana despierto y te encuentro durmiendo en la sala o deambulando por el departamento, y no te reconozco, no sé qué va a pasar. De seguro llamaré a la policía o te golpearé con un bate antes de siquiera pensar en ponerme a mirarte.

—Oh… no había pensado en eso. Y si te pones a gritar pensando que soy un ladrón, no creo que eso nos vaya a ayudar tampoco.

Se quedaron pensativos, imaginando los posibles escenarios. La mayoría no eran de los más auspiciosos. Ella suspiró y lo miró en forma seria.

—Taki, quédate conmigo esta noche.

—Bueno, para eso estoy aquí...

—No, no me refiero a aquí, en el departamento. Quiero que te quedes conmigo… en mi habitación.

—¿Estás… segura?

—Sí… no quiero perderte. No ahora que te encontré después de tanto... Y si voy a olvidarte, al menos quiero estar cerca de ti sabiendo quién eres. Aunque sea solo por esta noche.

Ella bajó la mirada, sonrojada.

—Mitsuha… tú… ¿has estado con… alguien antes, así?

Mitsuha lo miró un segundo, pero luego le quitó la cara, algo avergonzada.

—No, no. Yo… nunca he estado con nadie ¿Y tú?

—Eh, yo tampoco. Es primera vez que voy a estar… así. O sea, será la primera vez para ambos que, dormiremos en una misma cama con alguien —Taki sonrió con timidez, también sonrojándose, y sin poder mirarla.

Taki sintió un deseo ardiente de abrazarla por sobre la mesa. Pero se contuvo. Lo importante era hacer lo necesario para que este día no fuera solo un sueño que fueran a olvidar. Y, esta sería una noche importante en demasiados sentidos. Iban a tener que jugarse el todo por el todo para estar juntos, a pesar de romper más de alguna convención social.

Siguieron conversando, en voz baja, pensando alternativas para enfrentarse al caso en que perdieran la memoria en la mañana. No había una respuesta obvia. Al final de un largo rato, encontraron una idea que podía funcionar y los podía ayudar si las cosas salían mal. Pero necesitaban la ayuda de Yotsuha.

§

Cuando Yotsuha entró a la habitación, cerró la puerta de golpe y le puso el seguro. Se apoyó contra la puerta, pero sus piernas le fallaron, y cayó sentada al suelo. Terminó abrazando sus rodillas.

Si ese hombre era un acosador y las atacaba ¿qué iba a hacer ella? Tal vez debería llamar a la policía y… se le heló la sangre. Recordó que su teléfono había quedado en la cocina. Estaba atrapada.

Pensó en gritar, pero ese chico parecía estar tranquilo. Si ella actuaba en forma extrema, lo podía incitar a ponerse violento y ese podía ser el fin de su hermana y de ella. Era mejor quedarse quieta, al menos por ahora.

Comenzó a mirar alrededor de la pieza, aún a oscuras, buscando algo con qué defenderse, pero nada parecía un arma útil o efectiva.

De pronto sintió unos pasos afuera de la habitación y un suave golpe en la puerta. Un escalofrío recorrió su espalda que la hizo encogerse aún más.

—Soy yo, ábreme la puerta. No pasa nada, todo está bien. ¿Me estás escuchando?

La voz de Mitsuha sonaba tranquila. Miró la manilla de la puerta y estiró la mano para quitar el seguro. Pero a medio camino la idea de que pudiera ser alguna trampa la paralizó.

—¿Yotsuha?... sé que me estás escuchando. Sabes que te amo y no te haría daño nunca. Y sé que estás asustada, te conozco. Hoy ha sido un día de locura. Pero necesito que confíes en mí. Hermanita, por favor, escúchame. Confía en mí. Por favor…

Mitsuha se quedó un rato hablándole a su hermana, sin recibir respuesta. Pensó que, si intentaba forzarla, solo empeoraría las cosas. Al final se rindió con un suspiro, se alejó y fue a cambiarse de ropa a su dormitorio.

Yotsuha escuchó a su hermana alejarse, y luego sonidos familiares en la habitación del lado. Luego, pasos, y a su hermana y a ese chico conversando a la distancia; después ruidos de vajilla y sonidos caseros de la cocina. No lograba entender qué decían. Parecían tranquilos. Ella volvió a abrazar sus piernas, con la mirada perdida. Sintió hambre. Pero el miedo apagaba esa sensación.

Pensó en lo que le acababa de decir Mitsuha. Confiaba en ella ¿pero y si su hermana se equivocaba? ¿Si esa llamada del trabajo de su hermana era una advertencia real, de un peligro real que su hermana no era capaz de ver? ¿O peor, que ella no quería ver?

Hasta donde ella sabía, su hermana jamás traía a nadie a su departamento, jamás a quedarse, y menos a la mitad de la noche, y en esas circunstancias. Su hermana estaba actuando rara, rara como…

Cerró los ojos, y viejos recuerdos la visitaron.

Ella sabía que su hermana siempre había sido rara, y muchas veces no la entendía. Pero, hubo un tiempo donde no solo estaba rara, sino que de verdad había perdido un tornillo. Fue en Itomori… hacía muchos años atrás. En casa de su abuela, en su hogar natal.

Recordó aquellos días cuando su hermana se chiflaba por días completos: olvidaba las cosas más obvias; ella la seguía por la casa haciéndole preguntas absurdas, desde dónde estaba el baño hasta cómo llegar a su instituto. Se comportaba extraño, se reía como una maniaca, no sabía cuidar su higiene, ni siquiera cuidaba de su cabello, ni cuidaba la compostura o la imagen de una chica decente. Y al día siguiente, Mitsuha era de nuevo una chica modelo. Más encima ponía caras raras cuando le recordaban la forma estúpida en que se había comportado el día anterior, o se enojaba por cosas que ella misma había dicho o hecho. En esa época estaba loca.

También recordó que ella intentó averiguar qué le pasaba a Mitsuha. Pensó en todo tipo de explicaciones: ¿la abducían extraterrestres? ¿Estaría usando drogas? ¿O…? Nunca pudo descubrir qué era. Y de pronto, después de que cayó el cometa, todo volvió a la normalidad. Al menos su hermana nunca más se comportó así de rara. Aunque ella sintió que algo en su hermana también cambió. Era como si una parte de la hermana modelo se hubiera perdido o apagado para siempre. Mitsuha volvió a ser normal, pero ella la veía distraída, sin ánimo, era una sombra de la Mitsuha de antaño. Su hermana nunca quedó del todo bien después de la tragedia de Itomori.

Pero, a pesar de todo eso, ella sabía que podía confiar en su hermana. Incluso el día del festival, cuando Mitsuha llegó al extremo de su locura, cuando asustaba hasta a sus compañeros de clase y les decía a todos que escaparan de Itomori como una sicótica, gritándoles que iban a morir todos si se quedaban, incluso ese día cuando pensó que su hermana había perdido la razón por completo, resultó que el cometa de verdad cayó. Tal como su hermana les había dicho. Si hoy ellas estaban vivas era gracias a su hermana. Estaban vivas gracias a su locura.

Abrió los ojos, y aunque el temor no la abandonaba, decidió que iba a confiar en ella esta vez también. Mitsuha se lo estaba pidiendo, y si su hermana estaba en peligro, ahora era ella la que tenía que salvarla. Se lo debía a su hermana. Ella la amaba, no podía dejar que un tipo desconocido cualquiera que recién había conocido dañara a Mitsuha sin que ella intentara lo que estuviera a su alcance para defenderla.

Se incorporó con cuidado, en silencio, y puso su oído en la puerta. Escuchó que Mitsuha estaba en la sala, conversando con ese chico. No entendía qué decían. Abrió la puerta apenas un centímetro y miró. El pasillo estaba vacío. Alcanzaba a verla moviéndose en la cocina, pero no veía al chico.

Salió con cuidado. El pasillo estaba oscuro. Se acercó hasta estar a un par de metros de su hermana, e intentó hablar para que solo ella la escuchara:

—Psst, pssst, Mitsuha, Mitsuha ¡por favor ven! ¡Mitsuha!

Mitsuha miró hacia el pasillo. Vio a su hermana con la espalda pegada a la pared, haciéndole gestos con la mano para que fuera donde ella. Se excusó con Taki, que estaba sentado en la mesa terminando su taza de té, y siguió a Yotsuha a la habitación.

En cuanto entraron, Yotsuha cerró la puerta rápido y le puso seguro de nuevo, y abrazó a su hermana escondiendo su cara en su pecho.

—Prométeme que sabes lo qué estás haciendo. Confío en ti, pero no confío en ese chico. No quiero que te vaya a hacer daño. Mitsuha ¡Prométemelo!

Mitsuha sonrió con ternura, y le comenzó a acariciar el cabello. A pesar de que su hermana se estaba acercando a la mayoría de edad, a veces actuaba como una niña pequeña, en especial si tenía miedo. De hecho, en ese momento podía sentir como temblaba.

—Hermanita, te quiero. ¡Y te lo prometo! Vamos a estar bien, confía en mí y en Taki. Él no quiere hacernos daño. De hecho, él está acá porque quiere cuidarme.

—¿Cuidarte? ¿Pero de qué?

Mitsuha se separó de su hermana y la miró a la cara.

—Te quiero con todo mi corazón, y no voy a hacer nada que te haga daño. Ni dejaré que nadie lo haga. ¿Ok? Pero ahora necesito que me ayudes, que nos ayudes con algo muy importante. Necesito que hagas algo por mí, aunque te suene raro y extraño. Eres la única en este mundo que puede ayudarme en este instante ¡Te necesito conmigo! ¿Lo harás?

Yotsuha no sabía qué responder. Pero también la amaba, y no podía defraudarla.

—Está bien, te ayudaré a ti. Pero solo a ti. Pero primero dime qué está pasando, dime la verdad.

—Para eso necesito que vengas conmigo a la sala. Necesito que los tres conversemos esto.

—No, no, Mitsuha, por favor no, no vayamos…

—Dijiste que vas a confiar en mí ¿verdad?

Yotsuha estaba afirmando a su hermana por la muñeca, para impedirle que saliera. Al final cedió.

—Entonces, vamos.

Mitsuha tomó la mano de su hermana, y la llevó hacia la sala. Mientras caminaba Yotsuha iba ocultándose detrás de ella, como protegiéndose de algún peligro desconocido.

Cuando llegaron al comedor, Yotsuha vio que el chico aún estaba sentado en la mesa. Él las miró algo sorprendido y les sonrió. Pero Mitsuha siguió caminando hacia el sofá de la sala. Le hizo un gesto a Taki para que las siguiera. Ellas se sentaron juntas en el sofá. Taki se acomodó en un sillón en frente.

—Taki, ya hablamos y nos va a ayudar.

—Oh, genial, gracias Yotsuha, eh ¿pero le contaste lo que…?

—No le he dicho nada aún, por eso necesito que lo hablemos juntos. Es complicado de explicar.

—Eh, claro.

Mitsuha respiró profundo y se giró hacia su hermana.

—Yotsuha, yo sé que esto te va a sonar raro. Si esta mañana tú me hubieras dicho que yo iba a traer a alguien esta noche, te hubiera dicho que estabas loca. Pero Taki está aquí por una razón muy importante. Y aunque no te puedo explicar los detalles aun, necesito que confíes en mí, créeme que todo esto es por una buena razón. Y te juro que después te lo explicaré todo. Pero esta noche no hay tiempo para eso. Me vas a ayudar ¿verdad?

—Sí, lo haré.

—¡Bien! El hecho es el siguiente: Taki y yo tenemos que estar muy cerca esta noche. Se va a quedar conmigo en mi dormitorio, toda la noche.

Yotsuha abrió los ojos y miró a Taki, luego a su hermana, pero no logró decir nada de la sorpresa.

—Eh, no voy a hacerle nada a tu hermana. Solo tenemos que estar juntos, uhm, aunque no tan cerca, así que tienes que estar tranquila —intentó calmarla Taki.

—Sí, es verdad ¡solo vamos a dormir! Pero ese no es el problema. Yo sé quién es Taki, y en este instante confío con todo mi ser en él. Por eso lo traje al departamento, y por esa razón lo voy a dejar estar en mi habitación. Pero… pero…

Mitsuha se quedó sin palabras, no se le ocurría como continuar. Miró a Taki pidiendo ayuda.

—Lo que tu hermana quiere decir es que ella en este instante sabe bien quien soy yo —continuó Taki—, pero existe la posibilidad de que mañana por la mañana, cuando despertemos, nosotros no recordemos quienes somos. O sea, quién es el otro. Podría pasar que… creamos que no nos conocemos, que olvidemos que nos conocemos.

Yotsuha los miró a ambos estupefacta. Lo que le decían no tenía ningún sentido.

—Esto es una broma ¿Verdad? ¡No es gracioso! De… ¿de qué están hablando? ¿Cómo es que les va a dar amnesia así de repente?

Taki se mordió el labio. Sí, sonaba inverosímil. Tal vez si él usaba los propios recuerdos de Yotsuha la podía ayudar a entender. Decidió correr el riesgo.

—No es una broma. Yo sé que has visto esto antes ¿Te acuerdas lo que a veces le pasaba a tu hermana en Itomori? ¿Recuerdas que a veces ella despertaba y no recordaba lo que había hecho el día anterior?

Yotsuha abrió la boca para responder algo, pero se quedó muda. Se volvió asombrada a su hermana.

—¿Le contaste de eso… a él? ¡Pero si apenas lo conoces!

—No es tan así, pero…, como sea, Taki lo sabe y tiene toda la razón, algo así podría pasarnos mañana por la mañana, a ambos, y ahí es donde entras tú, hermanita.

Mitsuha fue a buscar un papel que estaba sobre la mesa del comedor. Volvió a sentarse junto a su hermana y se lo pasó.

—Mira, si en la mañana yo despierto asustada gritando o pido ayuda porque no recuerdo quién es Taki, será porque nos pasó eso que tememos que ocurra. Es probable que él también estará igual que yo, confundido y muerto de miedo. Y por eso, necesito que, si eso nos pasa, entres a mi dormitorio y me tranquilices a mí, porque a ti yo sí te voy a recordar, y necesito que me digas que todo está bien, que me digas que yo conozco a Taki, que lo conocía ayer, o sea hoy viernes, y necesito que nos digas esto. Toma, léelo por favor.

Yotsuha recibió el papel que le entregó su hermana y lo leyó en voz alta:

"Mitsuha, tú estás buscando a Taki desde hace años.

Taki, tú estás buscando a Mitsuha desde hace años.

Ustedes están juntos en el dormitorio porque Uds. se conocen. Ayer viernes se conocían y se recordaban.

La cuerda los unió y recuperaron su memoria. La cuerda es de Taki y también es de Mitsuha. Miren la cuerda. Hablen acerca de la historia de la cuerda. Piensen en la cuerda. La cuerda es la clave.

Ustedes se conocen, pero sus recuerdos están escondidos. Pueden recuperarlos.".

Yotsuha terminó de leer y se quedó perpleja.

—¿De verdad quieren que les diga… esto? ¿Es un acertijo? ¿Es algún tipo de adivinanza?

Mitsuha la abrazó por los hombros, aunque se quedó cabizbaja sin saber qué responder. Taki continuó.

—No es un acertijo, todo lo que dice ahí es verdad. En este instante, para nosotros eso que leíste tiene todo el sentido del mundo y hasta nos parece obvio. Pero mañana en la mañana si… llegáramos a perder la memoria, eso que dice ahí es nuestra esperanza para poder recuperarla.

Yotsuha se convenció que esos dos estaban chiflados por completo. Confiaba en su hermana y sabía que podía actuar raro y ponerse loca a veces. Pero parecía que había conocido a un chico y se habían contagiado ambos de locura.

—Esto es una broma, hermana ¡Dime que es una broma!

—No lo es. Y porque confío en ti, eres la única que puede decirnos esto mañana, si es que lo necesitamos —Mitsuha tomó ambas manos de su hermana y le habló mirándola directo a los ojos—. Si todo sale bien, no tendrás que hacer nada, pero… hermanita, ¡Por favor, hazlo por mí! ¡Prométeme que lo harás si lo necesitamos!

—¡Pero es que nada de esto tiene sentido, nadie pierde la memoria porque sí, menos dos personas al mismo tiempo!

—Lo sé, pero aun así ¡Por favor! ¡Prométeme que lo harás!

Yotsuha se quedó callada un momento. Y al final se rindió. Asintió, aunque seguía pensando que su hermana estaba loca por completo. Estaba bien, lo iba a hacer, aunque pensaba que era lo más raro y tonto que jamás le había pedido.

—¡Bien! —Mitsuha se paró decidida—. Entonces llegó el momento. Tenemos que ir a dormir…

De pronto ella se puso seria y miró a su invitado de forma preocupada.

—Taki… trajiste pijama, ¿verdad?

—Oye, ¿no esperarás que iba a venir sin nada?

El chico se paró, buscó en la mochila que había dejado detrás del sillón y sacó una polera blanca, amplia, y unos pantalones cortos oscuros, y los mostró a Mitsuha.

—¿Todavía usas el mismo pijama? —bromeó Mitsuha, riendo.

—¡Pero claro! Además, tú sabes que son bastante cómodos y… —de pronto paró en seco, azorado, y se quedó mirando a Yotsuha. Se había olvidado que ella estaba ahí escuchándolos.

Yotsuha no lograba entender qué le pasaba a su hermana. Ella acaba de conocer al chico ¿y ya le conocía su ropa interior o sus pijamas? La sensación de que ellos le estaban mintiendo u ocultando algo comenzó a crecer en sus entrañas. Algo estaba de verdad mal con ellos. Se paró de golpe y comenzó a caminar de vuelta a la habitación.

—Hermana ¡Por favor no olvides lo que te pedí, cuento contigo! —le gritó Mitsuha antes de que desapareciera por el pasillo.

La chica apenas se giró un segundo, los miró a ambos, y les lanzó un "Está bien, buenas noches" casi como un gruñido, antes de zambullirse en la habitación.

—Creo que lo que acabas de hacer fue una pésima idea —le recriminó Mitsuha al chico que aún sostenía su pijama en el aire.

—Lo siento, es que no logro acostumbrarme a la idea de que ella no lo sabe. Espera ¿Cómo crees que suena "todavía usas el mismo pijama"? ¿Qué crees que pensó ella de eso?

—Oh… eh… cierto —Mitsuha no supo si avergonzarse o reír—. Si después de esta noche todavía somos nosotros mismos, tendremos que contarle todo.

—¿Y piensas que nos va a creer?

—Ni siquiera sé si nos cree ahora. Pero ella es ahora nuestra única esperanza.

§

Mitsuha pidió a Taki que se fuera a cambiar al baño, mientras ella apagaba las luces del departamento e iba a su dormitorio.

Abrió su armario y se quedó pensativa ¿qué debía ponerse? Nunca había estado con un hombre a solas, de noche, en una misma habitación. Menos en una misma cama. Sintió que se le calentaban las mejillas. «Vamos, ¡ya eres una mujer adulta!» se animó. Abrió un cajón, y después de buscar con la mirada, eligió un camisón largo con poco escote. No era ni el más cómodo ni el que más le gustaba, y en realidad no era para nada sexy, pero tal vez para esta ocasión era el más adecuado.

Miró hacia la puerta. Estaba bien cerrada. Se sacó la ropa con rapidez y se puso el camisón.

La siguiente decisión se le hizo igual de difícil. Miró su cama. Tendría que dormir a algún lado. ¿Izquierda o derecha? Jamás había pensado en que alguna vez tendría que decidir ese detalle. Después de pensarlo, se dio cuenta que, si despertaban sin recordarse y ella despertaba en el rincón más alejado de la puerta con Taki en el camino, la situación podía ser más caótica aún. Además, si Yotsuha entraba y lo encontraba a él entre ellas, el resultado podía ser catastrófico.

Se sentó en el lado derecho de la cama, más cercano a la puerta, y se cubrió las piernas con la colcha. Sintió expectación. Pasaron pocos segundos antes que un suave golpe en la puerta le avisara que su invitado estaba de regreso.

—Adelante, pasa Taki. Y cierra la puerta.

El chico entró cohibido. Para él también era primera vez que estaba a solas en una habitación con una mujer. Dio algunos pasos, y se quedó sorprendido, mirando alrededor. La decoración de la habitación era muy similar a la antigua habitación de ella, la que él había conocido en Itomori. Mitsuha notó su asombro.

—Bienvenido a mi pequeño rincón de Itomori.

—Es… es sorprendente. Me trae tantos recuerdos.

—Es algo que puedo hacer para no olvidar el pasado.

Taki se acercó al espejo que estaba al fondo de la habitación. Cuando se puso al frente, por un instante sintió como si fuera a ver el reflejo de Mitsuha en ella. Pero ahí estaba él. Miró por el reflejo del espejo, y vio que Mitsuha lo observaba atenta desde la cama, pero cuando se vio sorprendida por su mirada, bajó la suya y se sonrojó.

—Este, ese pijama te queda bien, después de todo.

—Oh, eh… gracias.

—Ya van a ser las doce, es hora de descansar. Por favor apaga la luz.

El chico caminó a la puerta, apagó la luz y la pieza quedo iluminada solo por la tenue luz que entraba por la ventana. Intentando recuperar su visión, se quedó quieto, mirando hacia la cama. ¿Mitsuha de verdad quería que él se pusiera cerca de ella, a su lado?

—Ven, no te voy a morder.

Mitsuha abrió la colcha del lado de la ventana, mientras ella se acomodó más abajo, tapándose con la ropa de cama. Taki caminó hacia su lado de la cama, se acomodó y de pronto tuvo una idea.

—Espera Mitsuha, dame tu mano izquierda.

Taki desenrolló la cuerda de su muñeca, hizo un pequeño lazo con un extremo y lo ató alrededor de la muñeca izquierda de ella. Luego tomó el otro extremo de la cuerda e hizo lo mismo alrededor de su propia mano derecha. Luego se metió bajo la colcha y se acomodó en la almohada.

Quedaron frente a frente, con sus manos en la almohada, y la cuerda uniéndolos. Mitsuha miró la cuerda y la tocó con sus dedos.

—Gracias. Me siento más segura así. Si esta cuerda nos unió, espero que no permita que nos olvidemos o nos separemos.

—Mitsuha, pase lo que pase, quiero que sepas que hoy, aunque ha sido un día terrible a momentos, también ha sido el día más feliz de mi vida. Encontrarte de nuevo será algo que voy a atesorar para siempre, sin importar qué pase mañana por la mañana.

—Yo quiero que este solo sea el primer día de muchos que podamos atesorar.

Mitsuha estiró su mano y tomó la mano de Taki, y cerró los ojos. Taki no pudo dejar de seguir observándola. «Eres tan bella, quisiera no tener que dejar de verte nunca». Pero poco a poco, sus ojos comenzaron a pesar. Un par de minutos después ambos estaban dormidos, rendidos por el cansancio.

§

Yotsuha no sabía si acostarse vestida o ponerse su pijama. Primero se recostó sobre la cama, poniendo toda su atención a los leves sonidos que venían del departamento. Escuchó los tenues sonidos de su hermana entrando a su dormitorio, y al poco rato escuchó la puerta del baño, y alguien más abriendo la puerta de su hermana. Cerró los ojos, sin saber si quería imaginar qué iba a pasar después.

«Ella es adulta», pensó, «Adulta y… está en su derecho de hacer… cosas de adultos».

Ella a estas alturas tenía claro como funcionaban ese tipo de cosas, ya no era una niñita, pero de pronto la idea de imaginar a su hermana y ese muchacho… un pequeño flash de la imagen en su imaginación le causaron un mareo.

Se sentó en la cama sacudiendo la cabeza, intentando liberarse de esa idea.

Miró el papel que le había dado Mitsuha. Lo tomó del velador y lo leyó de nuevo dos veces. Lo único que podía concluir era que no tenía sentido.

Había prometido que haría lo que su hermana le pidió, que entraría a calmarla si ella gritaba o pedía ayuda y les leería ese extraño y disparatado papel.

De pronto la asaltó una duda: ¿Cómo reconocería que tipo de sonido o grito era el correcto para que ella interviniera? La idea de escuchar ruidos en la pieza de su hermana, y que ella terminara entrando en un momento inapropiado, y que los sorprendiera haciendo algo que ella no quería ver por ningún motivo, le hizo dar un gruñido de desagrado. Se giró en la cama y hundió la cara en la almohada ¿Por qué su hermana tenía que meterla en este aprieto?

Después de un rato volvió a girarse en la cama y de nuevo puso atención, pero ahora el departamento estaba en completo silencio.

Al final decidió que no iba a dormir incómoda por culpa de esos dos chiflados. Ella también estaba agotada, y necesitaba descansar.

En forma silenciosa fue a la cajonera del closet donde recordaba que había algunas mudas de ropa suyas. Encontró uno de sus pijamas. Se cambió de ropa, y se metió a su cama. Miró por última vez para chequear que la puerta estaba con seguro. Apagó la luz, y tomó las colchas tapándose hasta los ojos.

Su hermana estaba loca de remate. La amaba, confiaba en ella, pero su hermana estaba loca. El sueño la terminó alcanzando sin dejar de pensar en eso.

§

A pesar del nerviosismo y la incertidumbre previa, Taki logró dormir con una tranquilidad que hacía mucho tiempo no sentía. La sola cercanía de la chica que buscó por tanto tiempo funcionó como un bálsamo para él.

Durante la noche, se sumergió en innumerables sueños, que iban ordenando los recuerdos que había recuperado. Sus recuerdos en Tokio se comenzaban a acomodar con sus recuerdos de Itomori. En sus sueños recordaba los lugares que antes solo había visto en fotografías y películas, pero ahora sabiendo que él había estado allí, siendo Mitsuha. En algunos sueños, él era Mitsuha. En otros se veía como él mismo.

Su último sueño fue en extremo vívido. Se vio de pie, en el patio entre los edificios del santuario Miyamizu, mirando hacia abajo por la escalera principal del santuario. Veía al pie de la escalera el arco Tori, y la luz del sol pasando entre los árboles, con el lago de fondo brillando por el sol del atardecer. Parecía la imagen de una postal. Se giró siguiendo con la vista los rayos de sol y vio como llegaban a un gran salón de baile ritual.

Una dulce y melodiosa voz femenina comenzó a cantar una suave melodía desde ese salón. Se sintió atraído por esa voz. Se acercó, entrando por uno de los paneles que estaba abierto para dejar pasar la luz de atardecer a su interior.

Una vez adentro, vio a una mujer, una sacerdotisa Miko de unos treinta años que estaba cantando, sentada de rodillas sobre el tatami. Vestía una chaqueta blanca kosode de amplias mangas, y unos pantalones hakama rojos tradicionales. Era la vestimenta tradicional de las sacerdotisas Miko sintoístas, y el traje ceremonial que él había visto en casa de Mitsuha.

La mujer usaba largo pelo negro que brillaba con la luz del sol que le llegaba desde el costado de su cara. Sus facciones eran muy parecidas a las de Mitsuha, solo que se veía algo mayor que ella. Tenía sus mismos ojos cafés y sus labios finos. Taki sintió que él había visto a mujer en algún lugar, tal vez en alguna fotografía.

La sacerdotisa siguió cantando mientras movía las manos y los brazos con suavidad, como ejecutando una danza con sus brazos. Luego se puso de pie en forma suave, e inició una bella danza kagura, siempre cantando la melodía con su voz.

La mujer sacó un sonajero dorado de dentro de una de sus mangas, y detuvo su movimiento con un cristalino sonido de campanillas. Su otra mano sujetaba una larga cuerda roja unida al sonajero.

La danza kagura y el canto se prolongaron por varios minutos. Taki nunca había visto esa danza, y no podía dejar de mirarla y sentir que había algo mágico, tanto en la danza como en la sacerdotisa.

De pronto, la mujer detuvo su danza, y se quedó mirando en su dirección. Pero ella no lo miraba a él. Una bella sonrisa surcó su cara, se sentó de nuevo arrodillada y llamó con ternura "Ven aquí, mi pequeña".

Bajo los ojos de Taki una pequeña niña delgada y blanca, de pelo negro, vestida de un traje rojo sin mangas, pasó corriendo con una cantarina risa. No debía tener más de cinco años. Corrió a los brazos de la mujer, que la recibió con un abrazo de amor de madre.

—No sabía que me estabas mirando, Mitsuha.

—Mamá, quiero aprender a bailar como tú.

—Sí, mi niña, te enseñaré, y bailarás como yo. Serás la más bella de las sacerdotisas Miyamizu.

La madre entonces alargó una mano a una pequeña caja plana de madera que estaba a su derecha, en el suelo. Abrió la tapa con facilidad. Varias cuerdas trenzadas de Itomori, de múltiples colores, estaban en la caja, ordenadas con cuidado una al lado de otra. Ella las miró con cuidado, buscando, hasta tomar una de color rojo y naranja. Sentó a su hija en su falda y puso la cuerda en la mano de la niña.

—Esta cuerda kumihimo me la dio tu abuela, cuando yo era una niña. Nos une con nuestros ancestros. Imagino que ha pasado de madres a hijas muchas veces. Todas nuestras vidas están entrelazadas, tal como los hilos de esta cuerda. Shitori-no-kami cuidará de ti y te guiará tal como lo ha hecho conmigo y con nuestra familia. Mitsuha, quiero que la recibas, la cuides y que, cuando llegue el momento, tú se la entregues a la persona correcta.

—Mami, ¿cómo sabré a quién debo entregársela?

La cara de la mujer se hinchó con una sonrisa de ternura, mirando a su hija. La abrazó de nuevo, cerrando sus ojos.

—Eso solo tú lo sabrás, Mitsuha. Shitori-no-kami te guiará a la persona correcta, pero tu corazón será el juez, tu corazón te lo dirá.

La luz del sol comenzó a debilitarse, poniéndose en el horizonte. La mujer levantó la vista, y esta vez lo miró directo a él.

—Mitsuha puede darte su corazón, pero tú debes cuidar el corazón de Mitsuha. Cuida de ella. Cuida de mi hija.

Los ojos cafés de esa bella mujer, sinceros y profundos fue lo último que vio, mientras la visión de Taki se diluía en una clara luz.

De pronto sintió que esa luz se hacía más brillante. Abrió los ojos con lentitud, y vio un techo desconocido. La luz entraba por una ventana a su izquierda, dándole en la cara.

Demoró unos segundos en entender que no estaba en su propio dormitorio. Se incorporó y vio una habitación desconocida, pero al mismo tiempo familiar. En el espejo del fondo de la habitación se vio a sí mismo reflejado, con cara sorprendida, en una cama al lado de un gran bulto que estaba a su lado.

Bajó la vista y miró sorprendido a ese bulto, y vio a una chica de pelo negro, durmiendo en forma placida a su lado, con su cara vuelta hacia él.

¡Mitsuha!

Su corazón latió desbocado de felicidad. «¡Estoy en la habitación de Mitsuha! ¡Y sé quién es!». Sintió deseos de gritar de felicidad, de saltar, y de despertarla, y apenas si logró reprimirse.

Mitsuha dio un pequeño quejido, abrazando con sus manos la colcha y acomodándose con un pequeño movimiento remolón. Taki sintió que era encantadora hasta cuando dormía.

Se volvió a recostar con cuidado. Miró la cara de Mitsuha sin miedo a cohibirse. La imagen de la mujer del sueño se vino a su memoria. Se sintió sorprendido ¡Esa era Futaba Miyamizu, la madre de Mitsuha! El parecido de Mitsuha con su madre era notable, y aunque sus facciones no eran idénticas, la belleza de ambas mujeres era abrumadora. Se sentía privilegiado de poder estar tan cerca de ella, como viendo un espectáculo secreto, solo disponible para él.

«¡Lo logramos! Quiero estar contigo cada día», pensó.

Siguió mirando a la chica, intentando absorber cada detalle de su cara. Las facciones de Mitsuha, siendo aún adolescente, vinieron a su memoria. Se recordó siendo ella, mirándose al espejo. La cara de Mitsuha, ahora ya convertida en una mujer adulta, había cambiado: ahora era un poco más larga y sus pómulos estaban un poco más acentuados. Pero sentía como si su belleza solo había aumentado con los años.

De pronto, su propio cuerpo lo sacó de su ensoñación. Sintió deseos de ir al baño «Ay, ¿porque tenía que ser justo ahora?», se lamentó.

Intentó ignorar la sensación acuciante, pero luego de un par de minutos, sintió que no podría aguantar mucho rato más. Se incorporó con suavidad, intentando no despertar a la chica. Deseó poder ir rápido y volver a la cama para poder observarla a placer de nuevo, aunque fuera un poco rato más.

Recordó que había anudado un extremo de la cuerda a su muñeca. La aflojó, e intentó salir de la cama haciendo el menor ruido y movimiento posible. Mitsuha solo reaccionó con otro encantador pequeño quejido de protesta.

Taki caminó con cuidado hacia la puerta, intentando no hacer ruido. La abrió con sigilo y miró afuera. El departamento estaba silencioso. Cerró la puerta del dormitorio y fue directo al baño a aliviar su vejiga que ya no lo perdonaba.

§

Esa noche Yotsuha se había quedado dormida rápido, pero su sueño fue de pésima calidad. Se movía de un lado a otro, y se despertó varias veces durante la noche.

En cada oportunidad que despertó, intentó escuchar si había algún ruido extraño y, para su alivio, todo estaba en perfecto silencio.

La última vez que se despertó vio que la claridad del amanecer ya estaba entrando por la ventana. Ella solía despertar temprano y le era fácil levantarse, pero sintió que esta vez había despertado aún más temprano que de costumbre.

Se sentó en la cama. Sintió el cuerpo pesado. En realidad, no había dormido bien. Miró al velador y vio el papel que Mitsuha le había dado. ¡Cierto! Su hermana tenía que estar con ese hombre ahora. Le dio un escalofrío en la espalda ¿Estaría bien?

Intentó escuchar si había algún ruido, y esta vez sí escucho algo. Era la puerta de la pieza de su hermana. Se notaba que la abrían con sigilo. Se le erizaron los pelos de la nuca, mientras tomaba la colcha e intentaba cubrirse hasta los ojos. Miró con atención la manilla de la puerta del dormitorio. Pudo imaginar, como en una película de terror, que de pronto comenzaría a moverse siendo manipulada del exterior. Si eso pasaba no podría sino empezar a gritar.

Expectante, pasaron los segundos, pero el siguiente ruido fue la puerta del baño ¿Sería ese chico o su hermana? No pudo adivinarlo. Una idea la despertó de golpe: «¿Y si mi hermana no me pudo pedir ayuda como me dijo anoche?».

Se paró en forma silenciosa y fue hacia la puerta de la habitación. Se detuvo pensando si debía abrirla y salir a investigar, pero se quedó congelada sin poder decidirlo. Al final puso su oído en la puerta y se limitó a escuchar lo que ocurría afuera con toda su atención.

§

Mitsuha estaba comenzando a despertar. El brillo de la mañana que estaba colándose por la ventana la comenzó a traer de vuelta a la consciencia. Se puso de espaldas y, sin abrir aún los ojos, se comenzó a estirar con pereza con los brazos sobre su cabeza.

De pronto algo delgado rozó sus mejillas y le molestó. Entreabrió los ojos extrañada. Descubrió que su cuerda estaba atada a su muñeca y caía sobre su cara. Se sentó en forma lenta y por un segundo intentó recordar porque su cuerda estaba ahí…

Dos latidos de corazón después, ella vio en sus recuerdos a un chico atando la cuerda en su muñeca, antes de dormirse. «¡Taki! ¡Te recuerdo! Taki…». Se giró de golpe a lado de su cama en un arranque de felicidad que se apagó con la misma violencia que había comenzado: a su lado no había nadie; en la cama solo estaba ella.

Sintió una sensación de vació en su estómago. Miró alrededor de su dormitorio, como esperando encontrar a Taki durmiendo en el suelo o en algún rincón. Pero la búsqueda fue en vano.

Mitsuha sintió que su mundo se comenzó a derrumbar. Todos sus planes y todas sus esperanzas se estaban esfumando ante un escenario que ni él ni ella habían previsto ¿El universo se lo había arrebatado de delante de sus narices?

En la garganta sintió un ardor angustioso, que se terminó materializando en un grito agudo de desesperación.

—¡Takiiii!

En ese preciso instante, Taki había terminado de usar el baño y estaba apoyado en el lavamanos mirándose al espejo. Estaba aún algo adormilado pensando en volver al dormitorio, cuando el grito de su nombre casi lo hace caer al frente cuando sus manos se resbalaron por la sorpresa. Dio tres pasos abriendo la puerta del baño, y alcanzó a llamarla "¡Mitsuha…!" cuando se encontró a boca jarro con Yotsuha que venía saliendo con cara alarmada del dormitorio del fondo. Ambos se quedaron congelados sin saber que decir. Yotsuha jadeaba por la avalancha de adrenalina:

—¿¡Qué le hiciste a mi hermana!?

—¿Yo? ¿Eh? Yo nada, yo…

De pronto la puerta de Mitsuha se abrió de golpe de forma tan violenta que tanto Taki y Yotsuha saltaron del susto. Mitsuha se quedó parada apoyada en el marco de la puerta, sollozando y de pronto vio a Taki parado en la mitad del pasillo.

—¿Taki? ¿Eres tú? ¡Estás aquí! ¿Me… me recuerdas?

—Mitsuha ¡Sí, te recuerdo, estoy aquí, contigo!

Un gran último chillido de felicidad salió de la garganta de la chica. Saltó a los brazos de Taki quien la atrapó en el aire.

—¡Lo logramos! ¡Lo logramos! ¡Estás aquí!

—No te voy a dejar, estoy aquí, Mitsuha ¡Estamos aquí, juntos!

Taki no entendía qué había pasado para asustar tanto a la chica, pero el cálido cuerpo de Mitsuha apretado contra el suyo fue como un elixir que acabó con todo atisbo de adrenalina o miedo. Sintió que nada los podría separar ahora. Lo habían logrado. Sus recuerdos aún estaban ahí con ellos.

Yotsuha se quedó mirándolos sin entender nada, sin saber cómo reaccionar y sin siquiera poder decidir qué hacer. El súbito miedo que sintió al escuchar gritar a su hermana se disolvió en un estado de perplejidad absoluta donde ella solo podía ver a su hermana mayor en estado de felicidad inexplicable, ridículo y sin sentido.

Taki abrió los ojos y vio a la chica aún parada frente a ellos.

—Yotsuha, lo logramos, nuestro mayor temor no ocurrió. Siento que ahora todo va a estar bien ¡Gracias!

La chica de golpe fue consciente que ese chico loco y desconocido la estaba mirando vestida en su camisón de pijama. Se puso roja como un tomate y tan rápido como salió de la habitación, saltó de vuelta a ella y cerró la puerta.

Mitsuha miró la cerrada puerta de su hermana. Entendió que ella aún no aceptaba a Taki y seguía tan atemorizada y resentida como anoche. Tenían que hablarle. Quería que su hermana entendiera como ella se sentía y, en especial, que supiera lo que sentía por Taki. Dejó salir un suspiro, y se volvió hacia el chico.

—Ahora lo importante es que nos recordamos. Prométeme que no vas a dejarme sola de nuevo así ¡Casi me dio un infarto cuando desperté y no estabas conmigo!

—Oh, lo siento, es que necesitaba ir al baño, y no quise despertarte. Eres tan hermosa cuando duermes que sentí que hubiera sido un crimen si lo hacía.

—Prométeme que nunca te alejarás de mí.

—Eso es lo que más quiero en este instante.

Mitsuha tenía tan cerca a Taki que sintió un extraño mareo. Sintió el impulso de besarlo, pero una punzada de timidez la cohibió. Se apegó más a su cuerpo, escondiendo su cabeza en su cuello. Cerró los ojos y el aroma del cuerpo del muchacho le trajo sentimientos que no conocía en ella. «Quiero estar contigo. No quiero separarme de ti», pensó. Se apretó un poco más contra el chico, deseando que ese abrazo durara para siempre.

Al fondo de pasillo la puerta de la habitación de invitados se abrió apenas un centímetro. Un ojo atemorizado miró la escena, con una sensación de angustia. «¿Qué te está pasando, hermana?», se preguntó Yotsuha. Sintió ganas de llorar de frustración. Nada estaba bien, y ese chico estaba acercándose a su hermana de una forma que le estaba generando repulsión. ¿Quién era ese chico? ¿Por qué estaba enloqueciendo a su hermana así? Cerró la puerta y se quedó apoyada mirando sus pies, temblando. Tenía que hacer algo. Tenía que ayudar a su hermana a reaccionar, a volver a ser la Mitsuha de siempre… pero ¿cómo? ¿Qué podía hacer ella?

§

Taki y Mitsuha comenzaron el día con un estado de ánimo sublime. Se vistieron y comenzaron a preparar el desayuno riendo y conversando con alegría. Sintieron que, si existía el peligro de que cayera la maldición del olvido sobre ellos, con el cambio de día ese peligro se estaba esfumando junto con la oscuridad de la noche. Recordaban todo el día anterior con completa claridad, y no con la sensación de ser un sueño, como cuando intercambiaban cuerpos.

—Necesitamos contarle a Yotsuha la verdad —susurró Mitsuha al oído de Taki, mientras preparaban el desayuno.

—¿Ahora mismo?

—Sí, podría ser. No quiero que ella vuelva a su casa sin saber lo que nos pasó. Mi hermana merece saberlo.

—Ok, busquemos la oportunidad.

Mientras tanto, Yotsuha había vuelto a la calma en el dormitorio. Abrió la puerta unos centímetros, vio que no había nadie cerca y pasó corriendo al baño, luego volvió al dormitorio para vestirse. Al final se reunió con ellos en el comedor, pero siempre mirando a ambos con recelo.

—¡Yotsuha, buenos días! Ven, acompáñanos a desayunar.

—Buenos días, Yotsuha, perdona por partir la mañana con tanto estrés —agregó Taki con una sonrisa, intentando tranquilizarla.

La chica los miró y buscó el punto más alejado de Taki para sentarse en la mesa.

—Entonces, ahora ustedes ¿están bien? ¿Todo eso que me dijeron anoche no era cierto?

—Oh. Mira, la verdad es que por… por… por razones complicadas de explicar, tu hermana y yo de verdad temíamos que… nuestra memoria pudiera ser alterada por… por…

Taki no sabía cómo explicar la situación sin tener que adentrarse en cosas imposibles de explicar en forma trivial.

—Lo importante es que nuestro mayor temor no ocurrió, y ahora todo está maravilloso —replicó Mitsuha, con una sonrisa radiante—. Fuiste muy valiente Yotsuha ¡Gracias por apoyarnos, aun cuando no entendieras bien la situación!

—Sí, gracias, de verdad.

Yotsuha solo suspiró. Ni siquiera quiso responder con un "de nada". Tomó un tazón de arroz y comenzó a comer sin mirarlos, salvo a hurtadillas. Había comido liviano la tarde del viernes y no había cenado, pero con todo el miedo del día anterior no había sentido hambre. Pero ahora tenía demasiada hambre para contenerse. Iba a tomar desayuno así y estuviera sentada con Jack el destripador en persona.

—Oh… Taki, ¿qué planes tienes para hoy? —preguntó Mitsuha con cara de preocupación mientras revisaba su teléfono.

—Tenía que hacer algunas cosas en casa, pero nada importante que no pueda hacer después ¿por qué?

—Entonces, ¿podrías acompañarme a mi oficina ahora en la mañana?

Taki casi se atragantó ante la sugerencia ¿Quería que se fuera a meter al lugar donde lo consideraban un peligro para la sociedad o algún tipo de depredador sexual?

—No creo que eso sea una buena idea. Acuérdate de ayer, tú misma dijiste que…

—No, es lo mejor que podemos hacer. Mira esto.

Mitsuha le pasó su móvil a Taki. Había un mensaje en la pantalla:

"[Noriko Morita]

[VIERNES 08/ABRIL/2022 17:19h]

Por favor contáctame si estás en problemas. Estoy preocupada por ti. Si esa persona es algún tipo de peligro, no dudes en llamarme a cualquier hora, aunque sea fin de semana. Espero verte de vuelta en la oficina sana y salva el lunes."

Taki quedó helado. Le devolvió el teléfono a Mitsuha.

—¿La vas a llamar?

—Podría, pero no creo que arregle tu reputación sin importar lo que diga por teléfono. Preferiría que fuéramos juntos y así te presento a Noriko.

—¿Y crees que si voy contigo podemos arreglar eso?

—Sí. Si hablamos juntos con ella, estoy segura que lo va a entender. Solo necesita conocerte y ver que eres un buen chico, no un monstruo ni nada así ¿verdad Yotsuha?

Yotsuha los miró un segundo, resopló y luego siguió comiendo en silencio. Pensó que, si Noriko hubiera visto a estos dos anoche o el extraño espectáculo que dieron hoy en la mañana, ella no creería que ni su hermana ni este chico tenían cordura suficiente como para no ser un peligro, incluso para ellos mismos.

—Está bien, pero espero poder salir de tu oficina caminando sin escolta —bromeó Taki. Aunque presintió que lo de la escolta tal vez no era broma—. Pero hoy es sábado ¿tienes que ir a trabajar?

—No, solo trabajo de lunes a viernes, pero sé que Noriko iba a ir hoy temprano para dar una presentación remota a gente de la costa oeste de Estados Unidos. La deberíamos encontrar allá. Y debería haber poca gente en la oficina, así que es el momento ideal para ir.

—Ok, entonces vamos.

—¿Y puedes cenar con nosotras esta noche?

—Oh, claro, me encantaría.

Mitsuha se volvió a su hermana. La conversación tendría que ser esta noche.

—Yotsuha, ¿Te puedes quedar conmigo hoy? Necesito conversar muchas cosas contigo, pero tengo que ir urgente a mi oficina. Ah, y había quedado de juntarme con Saya hoy en la mañana también. Así que, si te quedas hasta mañana, podemos conversar a la tarde mientras cenamos ¿te parece?

Yotsuha los miró de nuevo y sintió que ellos tenían algún secreto. Algo oculto que la dejaba intranquila. Pero si al menos ella le contaba la verdad, podría entender qué pasaba y tal vez podría ayudar a su hermana.

—Está bien, voy a llamar a la abuela para avisarle que me quedaré todo el fin de semana contigo. Quiero aprovechar el día para visitar una universidad que estoy considerando. Quiero averiguar acerca de las becas deportivas que hay. Y también quiero hacer algunas compras.

Miró a Taki, y sintió un estremecimiento.

—Y… él… ¿también se va a quedar hoy?

Mitsuha miró a Taki y sintió que le encantaría estar todo el tiempo posible con él, pero, era bastante prematuro hacerlo, más con Yotsuha estando en el departamento en ese estado de nervios.

—Eh… no. Lo de anoche fue una situación especial. Es de lo que quiero hablar contigo. Pero necesito que él esté presente, porque también es parte de lo que tengo que contarte. Y quiero que tú también seas parte de esto.

Yotsuha no supo cómo interpretar esa frase de su hermana. ¿Ser parte de qué? Sintió una punzada adicional de preocupación. Tragó saliva, pero intentó disimular su nerviosismo.

—Bien, entonces nos vemos a la tarde, Yotsuha. Pero no vuelvas tan tarde. Te esperamos a la hora de la cena ¿Vale? Ahora con Taki tenemos que ir a resolver algunas cosas en mi trabajo.