El viaje a la oficina de Mitsuha fue agradable. Como era sábado había menos gente en el tren que un día normal de lunes a viernes. Taki aprovechó de contarle de su vida de los últimos cinco años, sus experiencias artísticas y muchos detalles que llenaron de admiración a la chica.
Ella le contó que los dibujos que él había dejado en sus cuadernos en Itomori la impresionaban. Lo malo para ella habían sido las clases de arte. En una ocasión tuvo que continuar una tarea de dibujo que Taki había comenzado. La profesora de arte casi se infartó cuando ella entregó el trabajo completado, el que Taki había iniciado pero que ella tuvo que terminar. La profesora le dijo que al principio iba tan bien encaminada, que no entendía porque ella lo había arruinado de esa manera al final. Ese día de verdad que lo había odiado, pero ahora veía que en realidad era ella la no estaba a las alturas del talento artístico de él.
Taki le confesó que él tampoco se sentía a la altura de ella en otras áreas. Él no se veía siendo capaz de negociar ni ser un ejecutivo para atender personas o negocios. Lo suyo no eran las relaciones personales.
—Tal vez ese es el secreto. Somos dos hilos diferentes, pero que podemos complementarnos bien, y si nos vinculamos podríamos hacer una hermosa cuerda. Musubi, como diría mi abuela —concluyó Mitsuha con una sonrisa.
El chico miró la cuerda kumihimo que estaba enrollada alrededor de su muñeca. Y recordó el extraño sueño que tuvo antes de despertar. No estaba seguro si lo que vio era un recuerdo, o solo un sueño cualquiera. Fue demasiado real. Recordó lo importante que era esa cuerda para la familia Miyamizu.
—Mitsuha, ¿tú sabes quién hizo esta cuerda?
—No, pero debe tener muchos años. Me la dio mi madre, tal vez la hizo ella, o a lo mejor ella también la recibió de mi abuela. No lo recuerdo.
Mitsuha entrecerró el ceño, intentando recordar.
—Mi madre me la dio cuando era muy pequeña. Pero recuerdo que ella decía que había cuerdas que podían pasar de madres a hijas. Tal vez mi abuela sepa la historia de la cuerda de mamá. Incluso ella misma se la puede haber dado. Aunque, no creo que le guste a mi abuela saber que yo estoy rompiendo la tradición dándotela a ti.
Taki se sintió culpable. Si ese sueño era tan real como lo sintió, entendía lo importante que era para la madre de Mitsuha que esta cuerda pasara a la persona correcta. Esa persona tendría que ser una hija de Mitsuha. Él no debía tener la cuerda. Iba a desanudarla de su muñeca para devolvérsela, pero ella se dio cuenta de su intención. Le tomó las manos, deteniéndolo.
—Cuando te di esta cuerda, lo hice de corazón. Te dije que mientras tú estés cerca de mí, esa cuerda también estará conmigo. Y si algún día tengo una hija, quisiera que seas tú quien se la entregue a ella.
La mirada de Mitsuha no dejaba dudas de que ella hablaba en serio. Taki puso sus manos sobre las de ella, e hizo un voto con la mayor solemnidad que pudo.
—Te juro por mi vida que cuidaré esta cuerda, y si algún día tienes una hija, se la daré a ella, tal como tu madre hubiera querido.
Pero dentro de él había un deseo que no se sintió capaz de expresar: «Espero que quien reciba esta cuerda también sea hija mía».
§
La pareja llegó al edificio a eso de las 9:30 de la mañana. Ambos se miraron, y entraron intentando no mostrar miedo ni preocupación. Pero Taki no podía dejar de estar nervioso.
El guardia de la entrada reconoció a Mitsuha, y la saludo con cortesía, pero en cuanto vio que venía acompañada, su rostro se endureció:
—Señora Miyamizu, buenos días. Eh, disculpe, ¿este caballero es la persona que vino a buscarla ayer?
Mitsuha se alarmó de que los guardias estuvieran al tanto de eso. Era una mala señal ¿A dónde iba esa pregunta? Intentó ser honesta, para evitar más malos entendidos.
—Sí, él vino a buscarme ayer. Es un amigo de confianza, Taki Tachibana, viene conmigo y necesito que le den una credencial de visitante. Necesito reunirme con la directora de finanzas, Noriko Morita.
—Le daré una credencial de visitante de inmediato. Necesito su identificación, señor.
Taki sacó su identificación y se la pasó al guardia. El guardia la miró con cuidado, y luego miró con una no disimulada atención a Taki, como verificando que la identificación no fuera falsa o que fuera de otra persona. Llenó unos datos en una terminal y en unos segundos le entregó una tarjeta naranja.
—Señor Tachibana, esta es su credencial de visita. Manténgala prendida en su ropa y a la vista todo el tiempo. Su identificación quedará acá conmigo. Se la devolveré cuando usted se retire y me devuelva esta credencial.
—Gracias. Entonces, Taki, subamos…
—Me temo que eso no es posible aún —interrumpió el guardia a Mitsuha antes de que se pudieran mover.
Ella se giró de nuevo hacia el guardia, extrañada.
—Pero ya tenemos la credencial.
—Esa es una formalidad necesaria. Pero tengo órdenes de que, si este caballero se presentaba, ustedes no pueden entrar al edificio sin escolta.
—¿Por órdenes de quién? Él viene conmigo, yo me hago responsable por él.
—Órdenes superiores. Por favor pasen a la sala lateral y esperen a que los vengan a buscar.
El guardia le indicó una pequeña sala de espera a la derecha de la recepción.
Taki estaba pálido. Esto se estaba poniendo demasiado preocupante. Su broma de la escolta había sido premonitoria.
Mitsuha también estaba nerviosa. Ella nunca había pasado por este tipo de procedimiento, pero prefirió no protestar para no empeorar las cosas.
—Vamos Taki, acompáñame.
Cuando entraban a la sala, escucharon que el guardia hablaba con alguien por teléfono.
—Takamura-san, la persona de la que me habló ayer está en recepción... sí, viene con ella. Buscan a Morita-san… Sí… Ok, los espero.
Ellos pararon en seco y se quedaron mirando ¿era algún tipo de trampa?
Taki pensó por un segundo correr y escapar de ahí. La puerta de salida estaba a apenas cinco metros de ellos. Pero el guardia tenía su identificación. Si entraba en esa sala, no había donde escapar, pero si no lo hacían, o incluso si lograba arrebatar su identificación al guardia y escapaba, la posición de Mitsuha en su trabajo podía verse en extremo comprometida. Se vería como si ella se estaba relacionando con un verdadero delincuente.
No tenía escapatoria, tendría que jugar este raro juego bajo las reglas de la empresa.
Mitsuha estaba pensando algo parecido, pero no sabía qué hacer. El chico la tomó por el brazo y la empujo con suavidad hacia la sala.
—Tranquila, está bien, esperemos aquí.
Se sentaron en dos sillones, frente a frente. Taki examinó la sala de espera. Había cámaras grabándolos. Se sintió vigilado, y eso lo puso aún más nervioso.
Por otra parte, ella estaba intentando mantener los nervios bajo control, pero notó que su esfuerzo estaba llevándola al límite. Eso no era bueno.
—Perdóname, no pensé que esto iba a pasar, yo solo quería que habláramos con Noriko, yo…
—¡Para! Esto no es tu culpa. Además, no hemos hecho nada malo. Tal vez ellos solo están muy nerviosos, pero sé que podemos aclararlo todo, como tú me dijiste ¿Verdad?
—Sí, eso haremos. Eso haremos —repitió Mitsuha, intentando calmarse y convencerse a sí misma.
Se quedaron en silencio, expectantes. Un par de minutos después sintieron pasos afuera de la sala. Entró el jefe de seguridad acompañado de un segundo guardia. Se quedaron parados cerca de la puerta.
—Señora Miyamizu, señor Tachibana, disculpen las molestias y la demora. Soy Hiroshi Takamura, jefe de seguridad. La señora Morita no estaba disponible todavía, pero ya está avisada de su presencia y ahora los está esperando. Sra. Miyamizu, por su seguridad mi colega tiene que escoltarlos mientras estén en el edificio.
—Pero, eso no es necesario, señor Takamura, ya dije que yo me hago responsable por…
—Son órdenes superiores. Por favor no complique las cosas.
—Yo estoy de acuerdo —Taki se paró rápido y caminó un par de pasos hacia ellos. Los guardias se irguieron un poco más, como poniéndose en alerta. Taki se detuvo, y se volvió a Mitsuha, que aún no se había puesto de pie—. Vamos, Mitsuha, hagamos lo que dicen.
Hiroshi Takamura se quedó en la recepción y el segundo guardia los escoltó primero a un portal de detector de metales, y luego revisaron la mochila de Taki en un sistema de rayos X, como en un aeropuerto. Luego el guardia los llevó al ascensor, siempre manteniendo una distancia prudente de Taki y sin quitarle un ojo de encima.
Cuando salieron del ascensor, Mitsuha se tomó del brazo del chico, e iba a caminar a la oficina de Noriko, pero el guardia los detuvo y les indicó que la reunión era en una sala de reuniones en la otra dirección.
Al llegar a la sala de reuniones, a Mitsuha le llamó la atención de que había una típica silla simple de sala de espera al lado de la puerta de entrada de la sala. Estaba fuera de lugar.
—Señor, usted debe esperar sentado afuera de la sala hasta que lo llamen —le indicó el guardia a Taki, apuntando a la silla—. Señora Miyamizu, por favor pase Ud. primero.
Mitsuha se apretó una fracción de segundo más contra su brazo. Esto no estaba bien. Pero habían quedado de aclarar todo. Acercó su cara al oído del chico y le habló con la mayor discreción que pudo.
—Por favor quédate aquí y pórtate bien. Yo voy a estar bien, nada malo puede pasar.
—Está bien.
Pero ninguno de los dos se sentía seguro de que ese era el caso.
El guardia le abrió la puerta a Mitsuha y la anunció.
—…Sra. Morita, estaré afuera de la sala por si me necesita —y cerró la puerta por fuera.
El guardia se quedó de pie afuera. Y aunque disimulaba como que no lo miraba, no había duda que estaba vigilando a Taki como a alguien sospechoso. Taki se sentía como un reo a la espera de hablar con el juez.
Noriko Morita estaba sentada al fondo de la sala, en la punta de una larga mesa de reuniones. Saludó a Mitsuha y le indicó con la mano una silla a unos dos puestos de distancia de la cabecera. Había un vaso de agua en un plato y una servilleta. Frente al puesto que le indicaba, del otro lado de la mesa, había otro igual. Mitsuha supuso que sería para Taki, si es que lo dejaban entrar.
—Primero que nada, estoy feliz de verte bien, Mitsuha. Ayer hubo una serie de eventos bastante peculiares, y tu bienestar y seguridad en este instante son mi prioridad —manifestó Noriko, con una sonrisa.
—Noriko-san, agradezco su preocupación, pero creo que ha habido un grave malentendido. Reconozco que es mi culpa, en cualquier caso. Es cierto que ayer tuve un problema nervioso que me afectó mucho, pero ya está todo solucionado y no se volverá a repetir. Pero usted contactó a mi hermana, y eso también la afectó mucho a ella, a Taki-san y también a mí, y necesito poder aclarar esto, por el bien de todos.
—Oh, lamento si mi llamada de ayer causo más preocupación de la necesaria, Mitsuha. Pero preferí priorizar tu seguridad por sobre cometer el error de no tomar medidas y después arrepentirme. Te conozco hace años, y eres como una hija para mí. Me preocupaste mucho desde la mañana, y cuando quedaste… incomunicada junto a ese joven, temí por tu bienestar. Estaba confiando en tu buen juicio y que sabrías cuidarte, y el que estén ambos acá hoy me dice que tal vez la preocupación de ayer puede haber sido innecesaria. Pero eso tenemos que confirmarlo.
—¿Confirmarlo? Le aseguro que toda esta preocupación por mí es halagadora, pero insisto que todo esto es de verdad un error.
Noriko se acercó hacia la mesa. Habló en un tono de voz más bajo, como intentando que nadie la escuchara.
—Entiendo que el señor Tachibana es el mismo que te interceptó ayer en la mañana, y también quien te vino a buscar ayer a la salida del trabajo ¿verdad?
—Eh, sí, es él, aunque no diría que interceptar sea la palabra correcta para…
—Sí, pero lo importante es que ahora estamos las dos solas. Estamos en un lugar seguro, con guardias que puede actuar, pueden defendernos e incluso pedir ayuda externa si algo malo… pasara.
Noriko sacó de debajo de la mesa un equipo de radio portátil y lo dejó sobre la mesa. Mitsuha la reconoció como una de las radios que usaban los guardias del edificio.
—Así que puedes hablar conmigo con absoluta franqueza, sin ningún miedo, y en especial sin miedo a que el señor Tachibana pueda interferir. ¿De verdad estás bien, Mitsuha? ¿Estás con ese joven por tu propia voluntad, sin ningún tipo de coerción de parte de él? ¿Viniste hoy por tu propia voluntad?
Mitsuha abrió los ojos con sorpresa. Ella era quien le había pedido a Taki que viniera con ella para aclarar la situación, y aunque era cierto que había estado con Taki antes del trabajo, y por casi la totalidad del tiempo desde la tarde de ayer, todo eso había sido porque ellos así lo quisieron. Pero parecía que Noriko veía en eso algo siniestro, como que ella estaba siendo extorsionada, secuestrada o algo peor.
—Noriko-san, no es lo que tú crees.
—¿Y qué es lo que yo creo?
—Que… No, la verdad no sé qué está pensando, pero estuve el día ayer y estoy hoy con Taki-san por mi propia voluntad. Y fui yo la que le pidió que viniera aquí conmigo para aclarar este malentendido. Él no ha hecho nada malo. Por favor dejen de considerarlo como algún tipo de amenaza, un acosador, un secuestrador o algo así.
Noriko volvió a echarse hacia atrás, apoyándose en el respaldo de la silla.
—Entiendo. Entonces tú no ves ningún peligro en el Sr. Tachibana, y me aseguras que él no te ha hecho nada malo.
—Por supuesto, pueden dar eso por hecho. Firmaría lo que sea, esté él aquí presente o en el otro extremo de la tierra.
—¿Y hay alguien cercano a ti o de tu familia que en este instante esté en peligro o amenazado a causa de ese joven o de alguien asociado a ese joven?
—Noriko-san ¿crees que él… es parte de una mafia o algo así?
—Mitsuha, recuerdas para qué tipo de empresas trabajamos aquí ¿verdad?
Mitsuha se envaró un segundo. Claro, había cuentas de empresas que eran secretas, y ellos trabajaban en proyectos que involucraban al gobierno e incluso a las fuerzas de auto defensa de Japón. Entendió que, más allá de lo personal, un empleado que fuera secuestrado o chantajeado podía ser un serio problema de seguridad. Incluso un problema de seguridad nacional.
Noriko captó en la mirada de la chica que había comprendido la naturaleza del problema, tal como ella lo veía.
—Perdona que insista, pero necesito dejar esto claro, más allá de ninguna duda. Mitsuha, mírame a los ojos y respóndeme: ¿estás segura de que el señor Tachibana no te está forzando a nada que tú no quieras hacer, bajo ningún tipo de amenaza, ya sea a ti, a alguien de tu familia, o alguien que conozcas? Créeme que mientras conversamos, podemos enviar con la máxima discreción posible y con máxima seguridad a agentes especiales entrenados, ya sea a tu departamento, a la casa de tu familia, o a dónde sea en Japón, en el hipotético caso de que alguien de tus cercanos estuviera en algún tipo de peligro.
—¡No, no, no! De verdad que nada de eso pasa. Noriko-san, nadie me ha amenazado, ni a mi hermana, ni a mi abuela, ni a nadie que yo conozca. Taki-san es un verdadero amigo de confianza para mí. Es cierto que ayer hubo un malentendido, pero está todo aclarado. No he hablado con mi abuela, pero no tengo ninguna razón para pensar que ella esté en peligro. Y Yotsuha vino anoche a verme porque usted la llamó, pero ella está bien, y a esta hora debe estar haciendo algunas compras en la ciudad, pero no existe ninguna amenaza ni nada por el estilo.
Noriko sintió algo de alivio en su interior. Pero la preocupación de Noriko iba más allá de lo laboral.
—Mitsuha, ¿has sentido que el Sr. Tachibana haya tenido alguna actitud inapropiada contigo o algún interés más allá de la amistad que te haya hecho sentir incómoda?
Mitsuha recordó que anoche habían dormido con Taki en la misma cama, y aunque jamás se sintió amenazada por él, su instinto le dijo que contarle eso a Noriko no iba a ayudar a limpiar la imagen del chico. Pero había algo de lo que estaba segura.
—Para nada. Taki ha sido muy educado conmigo y siempre es muy respetuoso. No tengo ninguna razón para desconfiar de él.
—¿Estás segura? Tu sabes que te aprecio. No quiero verte pasar por lo que vivió Sachiko.
Mitsuha abrió los ojos y la boca para decir algo, pero luego se quedó en silencio. Entendió la preocupación de Noriko. Ella realmente la veía como una hija. Miró el vaso en frente de ella, pensando en su antigua amiga, la hija de Noriko, y recordó las conversaciones que tuvo con Sachiko antes de que se fuera de Japón.
—Sé cuánto sufrió Sachiko, y lo que le pasó fue criminal e injusto. Que ese tipo aún ande libre es un crimen. Ella me contó algunos detalles de lo que le pasó, y cuánto sufrió en silencio. Lloramos juntas muchas noches, Noriko. Hay cosas que ella vivió que no se las daría a ninguna mujer, ni a mi peor enemiga.
Mitsuha sintió un nudo en la garganta; bajó la vista a sus manos, entrelazadas. Extrañaba mucho a Sachiko. El recuerdo de esa época y de lo que su amiga le había confesado le hizo sentir un estremecimiento que bajó casi en forma dolorosa por su espalda. El recuerdo trajo sentimientos de pena que había olvidado con los años. Pero entonces pensó en Taki, quien estaba afuera, probablemente nervioso, esperando. Sintió como pensar en él disipaba esa tristeza, una tristeza y oscuridad que la había acompañado desde que salió de Itomori. Ella sentía que con él todo era diferente. Levantó la vista y miró a Noriko directamente a los ojos.
—Te puedo jurar por mi vida que entre ese profesor y Taki hay un abismo de diferencia. Si estoy en este instante con él, y vine con él, es porque yo quise venir a hablar contigo y él vino libremente a dar la cara, a sabiendas de que acá él podía no ser… bienvenido, y lo hizo por mí. Él es un hombre de verdad. Yo pondría mi vida en sus manos sin dudarlo.
Noriko sonrió y dio un casi imperceptible suspiro de alivio. Sintió una oleada de tranquilidad. Esperaba de corazón que Mitsuha tuviera razón respecto de Taki. Pero luego se puso seria nuevamente. Ella había iniciado un proceso administrativo y de seguridad que estaba más allá de los sentimientos, y aún había cosas que aclarar.
—Entonces, creo que sería bueno que hablemos con el señor Tachibana ¿Te sientes confiada de que él entre y hablemos los tres?
—Eso es a lo que vinimos hoy en primer lugar, Noriko. Nosotros no tenemos nada que temer.
Noriko la observó con atención por unos segundos, hasta que sintió que estaba conforme con su respuesta. «¿Nosotros?... Interesante», pensó. Entonces tomó la radio y la operó.
—Noriko a seguridad. ¿Me copian?
—Aquí Seguridad 4. Adelante Noriko.
—Por favor hagan pasar al señor Tachibana.
—Entendido.
Pasaron unos segundos y el guardia abrió la puerta e hizo entrar a Taki. El chico no podía disimular su nerviosismo. Le indicaron la silla frente a Mitsuha, tal como ella imaginaba.
—Pase adelante. Mi nombre es Noriko Morita, soy directora del departamento de finanzas, para el cuál trabaja Mitsuha.
—Soy Taki Tachibana —Taki se reservó cualquier cumplido como "es un placer conocerla". De verdad no lo estaba pasando nada de bien—. Mitsuha me ha hablado de usted.
—Ya veo —Noriko miró a Mitsuha con algo de curiosidad por un segundo—. Supongo que por lo que le contó la señorita Miyamizu, Ud. ya se percató de que estamos en un pequeño dilema de seguridad que afecta a nuestro personal, en particular a ella, y por lo tanto a nuestra empresa. ¿Me imagino que usted entiende que la dejó muy alterada ayer, desde que ella llegó a la oficina?
Así que eso era. Él seguía lamentando los coletazos de la reacción de ayer que tanto asustó a Mitsuha, cuando ninguno de los dos había recuperado sus recuerdos aún.
Él ahora sabía porque había reaccionado así. Cuando Mitsuha desapareció de golpe en la montaña, en lo que para él habían sido hace cinco años, sus recuerdos fueron borrados en forma traumática. Ese momento le dejó una cicatriz en su psique. Y ayer, cuando ella sin saber estaba repitiendo casi la misma secuencia de acciones que en aquella ocasión, su inconsciente le gritaba que ella estaba en peligro, a punto de desaparecer, y por eso él sobre reaccionó de la peor forma. No era su culpa, pero ¿Cómo podría explicarle eso a esta señora?
—Yo… lamento mucho haber afectado a Mitsuha. Me siento arrepentido de ello, y no era mi intención hacerlo. Pero ayer conversamos con Mitsuha, y hemos aclarado todo, así que no tienen de que preocuparse.
—Eso es verdad. Por favor, Noriko-san, créame cuando le digo que todo está solucionado. Confío en Taki-san, y sé que él me protegería tanto o más que los guardias de la empresa.
—Ya veo. Pero… ¡Oh, justo a tiempo!
Alguien golpeó la puerta y entró. Era el jefe de seguridad Takamura. Saludo con mucha formalidad a Noriko y se acercó a entregarle una carpeta. Se retiró de inmediato, aunque al hacerlo le dio una mirada al chico sin demasiado disimulo, con una mezcla entre curiosidad y recelo.
Taki sintió deseos de tragar saliva, pero tenía la boca seca. Tomó varios tragos de agua del vaso que estaba frente a él. Después de hacerlo se le ocurrió que esa agua podía tener alguna droga, algún suero de la verdad o algo por el estilo, como en las películas de espías, con tal de drogarlo, interrogarlo o algo peor. Pero ya era demasiado tarde. Dejó el vaso en la mesa y lo alejó.
—Antes de continuar necesito revisar esto —Noriko abrió la carpeta y leyó con calma cada página de esos documentos con mucha con atención y durante varios minutos. El silencio en la sala se hacía cada vez más incómodo para los chicos.
—Mitsuha ¿Ud. conoce bien al Sr. Tachibana?
—Sí, lo conozco bien.
—¿Desde cuándo?
Mitsuha se quedó en jaque. No sabía que responder. Si decía que solo desde ayer, era imposible justificar que lo conociera bien, pero si decía la fecha real en que lo conoció, en 2013, aunque diría la verdad, para efectos de evidencia concreta podían considerar que ella estaría mintiendo. No sabía que decían esos documentos que tenía Noriko, pero si pensaban mentía, podía poner en problemas a ambos. Y no sabía cómo justificar la verdadera razón por la que lo conocía desde hacía tanto tiempo.
Taki se percató, e intentó ayudarla, aunque corrió el riesgo.
—Nos conocimos con Mitsuha una vez, hace varios años, desde… unos ocho años al menos, pero no seguimos viéndonos. En aquél entonces éramos solo adolescentes, y por eso habíamos olvidado que nos conocíamos. Eso contribuyó a la confusión que hubo ayer. Pero como le dije, conversé con ella y pudimos recordar que nos conocíamos y todo se aclaró.
Mitsuha respiró con alivio. Taki había dicho la verdad, pero de una manera que sonaba bastante normal. Ahondar en los detalles tal como ocurrieron sería imposible de creer.
—Ya veo, pero dígame, Sr. Tachibana, ¿a qué se dedica usted?
—Soy arquitecto paisajista.
—Desempleado, ¿verdad? Veo que usted no ha tenido un trabajo estable en los últimos años.
Taki quedó impresionado. ¿En los pocos minutos en que los tuvieron esperando ya habían conseguido un perfil de él? ¿Qué otros antecedentes, de él o de su familia, tenían esos documentos? La seguridad de la empresa tenía que tener muy buenas conexiones. Pero no se dejó apabullar. Sabía que no podían reprocharle nada.
—Eso es verdad. Pero he estado buscando trabajo, y espero conseguir uno definitivo pronto.
Mitsuha había estado intentando mantener el control todo el tiempo, pero sintió que ahora estaban humillando a Taki en forma injusta. Sin darse cuenta, se puso de pie de golpe, con las manos apoyadas en el borde de la mesa. Sus ojos brillaban con brío.
El chico se impresionó por el porte y la actitud que de pronto adquirió Mitsuha. Nunca la había visto así. Su respuesta lo dejó aún más impresionado por la seguridad y energía que impuso en su voz.
—Noriko-san, no estoy de acuerdo con lo que ustedes están haciendo. Están hurgando en la vida privada de Taki-san. Él no ha hecho nada malo, y de hecho él aceptó venir conmigo por su propia voluntad y sin condiciones, solo para ayudarme. Pero ustedes lo están… ustedes nos están tratando como si fuéramos unos delincuentes, y eso no es justo. No creo que este interrogatorio sea relevante ni necesario. Le pido por favor que acepte mi palabra, de que yo confío en Taki-san, y que él es alguien honesto y honorable.
Mitsuha miró a Taki, inspiró con fuerza, y continuó.
—De hecho, yo estoy dispuesta a poner mi vida en las manos de Taki-san, porque sé que él es alguien más honorable y honesto que tal vez mucha gente de esta misma empresa. Y tienen mi palabra de ello. Ahora, si para ustedes mi palabra no es suficiente, entonces significa que esta empresa ya no tiene confianza en mí y yo tampoco puedo confiar en esta empresa. Si ese es el caso, yo no puedo seguir trabajando un día más en este lugar.
Taki se aterró. Él podía estar en problemas ahora, pero a ella la podían dejar sin trabajo por su culpa. No podía permitirlo.
—Mitsuha, tú no debes…
—Taki, ¡es verdad! Yo no puedo seguir en esta empresa si esta empresa no confía en mí. O en ti.
Ahora él se puso de pie y miró a Noriko directo a los ojos.
—Ni Mitsuha ni yo hemos hecho nada malo, y le pido que confíen en ella. Pero si consideran que hay algún problema de cualquier tipo, asumo cualquier responsabilidad y responderé ante lo que ustedes digan, pero déjenla a ella fuera de esto.
La sala quedó en silencio por varios segundos. Noriko quedó impresionada por la actitud ambos. Ella no esperaba que Mitsuha fuera a defender al chico con esa vehemencia y resolución, y menos que ese chico fuera a poner en riesgo su propia seguridad, con tal de protegerla a ella. «Mitsuha quiere de verdad a este chico si está dispuesta a poner su carrera en peligro con tal de protegerlo, y ese chico también la quiere mucho si está dispuesto a poner su cuello por ella», pensó. Decidió que ya era suficiente de ese juego.
Noriko se relajó en su asiento y lanzó una pequeña carcajada de alivio que dejó perplejos a ambos jóvenes. Ambos estaban tensos al extremo, y no veían nada gracioso en la situación.
—Mitsuha, Taki. Lo siento. Creo que ya está todo aclarado. Y soy yo quien debe disculparse ahora.
Ellos se miraron incrédulos, sin entender lo que estaban escuchando.
—Lamento haberles hecho pasar un mal rato esta mañana. No fue por mala intención mía, o de la empresa. Lo que es indiscutible es que yo siento un aprecio genuino por ti, Mitsuha. Desde que te conocí hace muchos años siempre he querido que puedas superar los difíciles momentos que has vivido, y que puedas tener una vida segura. Y ahora como empleada de esta compañía, además es mi responsabilidad que tú estés bien. Por eso ayer me preocupé tanto cuando llegaste tan alterada, y de verdad creí que había un peligro en ese extraño que ni tú supiste decirme bien quién era.
—Pero, yo… lo lamento, no quería causar esa impresión, eso… fue mi culpa.
—Mitsuha, si tomamos medidas así fue solo en afán de protegerte, y si fueron exageradas, les pido disculpas por las molestias a ambos.
Los jóvenes volvieron a sentarse. Tanto ella como Taki sintieron un alivio que se podía palpar en sus caras.
—Además, tú sabes el calibre de la información que debemos manejar aquí y por ello no podemos dejar pasar un incidente así sin descartar que haya cualquier riesgo. ¿Entiendes el riesgo que implica que un empleado pudiera ser forzado o chantajeado para realizar acciones, aun en contra de su voluntad?
—Noriko-san, le agradezco su franqueza y comprendo cuál era su intención. Pero le agradeceré que la próxima vez primero conversemos antes de tomar medidas tan drásticas…
—Entonces, en la próxima ocasión, por favor al menos responde mis llamadas a tiempo.
Mitsuha se sonrojo. Cierto, ella ayer había apagado su teléfono para evitar hablar con ella; si hubiera hablado con Noriko antes, tal vez nada de esto hubiera pasado.
—Lo siento, fue una estupidez de mi parte no haber respondido en forma oportuna. No volveré a cometer ese error.
Noriko miró entonces fijo a Taki. «Espero que mi hija encuentre a alguien así de dispuesto a poner su cuello por ella, que de verdad la ame y la respete como mujer. Me siento feliz por Mitsuha. Pero hay algo a mí me gustaría hacer por ella. Supongo que su propia madre lo hubiera hecho», pensó.
—Entonces, señor Tachibana, como usted se dio cuenta, ya vimos que usted de verdad es quien dice ser, y que es un profesional honorable. No era mi intención molestarlo, solo comprobaba que lo que sus antecedentes dicen de usted fueran correctos. Pero hay algo que estos documentos no me dicen. ¿Cuáles son sus intenciones con la señorita Miyamizu?
Taki quedó por completo sorprendido con la pregunta. Mitsuha se giró hacia él y se quedó mirándolo con sorpresa y curiosidad.
Él sabía lo que sentía por ella, pero su timidez con las mujeres no le había dejado expresarle sus sentimientos más profundos. Y ahora esta señora lo acababa de acorralar y llevar hasta al borde.
Si no decía la verdad ahora, tal vez no habría otra oportunidad. Decidió jugársela por el todo, y le habló a Mitsuha, mirándola directo a los ojos.
—Yo… mis intenciones con Mitsuha dependen de lo que ella quiera en una relación… conmigo. Pero lo que yo siento por ella es muy profundo, y si ella me aceptara… estoy dispuesto a amarla y estar con ella el resto de mi vida.
A Mitsuha se le llenaron los ojos de lágrimas. Era una declaración de amor en el lugar más inesperado que jamás pudo imaginar. Pero también era lo que su corazón más anhelaba escuchar de él.
—Y… yo… estaría feliz de aceptar tu amor, Taki, y correspondértelo cada día.
Los chicos se quedaron mirando casi olvidando el lugar en que estaban. Noriko sintió que sus ojos se humedecieron. «Espero que estos chicos lleguen a ser felices».
Después de unos segundos, Noriko carraspeó en forma sonora, algo arrepentida de romper la magia del momento, pero la tarea a la que había venido ya estaba terminada.
—Bueno, debo volver a mi oficina. Hablaré con Takamura-san y la gente de seguridad para reportar que está situación está aclarada. Taki Tachibana, usted tiene el mismo nivel de acceso que un familiar de un empleado, al menos mientras Mitsuha así lo manifieste.
Noriko arregló los documentos, se paró y caminó hacia la puerta. Taki y Mitsuha se pusieron de pie. Cuando llegó donde estaba Mitsuha, le puso una mano en el hombro, pero le habló a Taki, mirándolo a los ojos.
—Y espero que usted, Taki Tachibana, sepa que Mitsuha Miyamizu es una gran mujer, alguien que aprecio mucho. Más le vale que la cuide y la honre tal como ella merece. Y deseo que ambos puedan llevar adelante lo que acaban de declarar. Mitsuha, te veo en la oficina el lunes. Que tengan un buen fin de semana.
Noriko salió de la sala. Le dijo algo al guardia que seguía al lado de la puerta, y el guardia entró a la sala.
—Entiendo que todo está aclarado. Sr. Tachibana, le dejo a cargo de la Sra. Miyamizu. Buenos días —y se fue.
La sala quedó en silencio y en paz, como después de una tormenta. Mitsuha quedó mirando a Taki, aliviada.
—Gracias por apoyarme, Taki. Tuve mucho miedo en un minuto, pensé que nos llevarían a la policía o algo peor —dijo Mitsuha, con una gran sonrisa.
—Es que en tu empresa se toman las cosas demasiado en serio. ¡De verdad que son intensos!
—Acá manejamos información de clientes y negocios de alto valor, así que lo que invierten en seguridad es en serio. Aunque no sabía que tan en serio era hasta ahora —Mitsuha bajó la mirada, y comenzó a sonrojarse—. Y gracias por todo lo que dijiste para ayudarme. Pero quiero que me digas la verdad. ¿Eso último que dijiste es lo que de verdad sientes?
Taki también se sonrojó, pero el genio ya estaba fuera de la botella. Ya no podía ocultárselo más.
—Eso es lo más sincero que he dicho en toda mi vida.
Taki rodeó la mesa y caminó hacia Mitsuha hasta quedar frente a ella. Tomó su mano derecha, giró su palma hacia arriba y la miró, recordando el mensaje que una vez había escrito en esa misma mano. Un mensaje de despedida y de amor. Pero ahora ya no necesitaba dejarle un mensaje ahí, ya que por fin estaban frente a frente. La miró a los ojos.
—Te amo con locura, Mitsuha Miyamizu.
Los dos jóvenes se fusionaron primero en un abrazo, y luego en un largo beso que había estado pospuesto por más de ocho años.
§
Mitsuha y Taki salieron del edificio. La actitud del guardia de la entrada no cambió demasiado. Al devolverle su identificación, se limitó a darle un lacónico "disculpe las molestias".
Salieron a la calle, y sintieron como si escaparan a la libertad. O al menos, a la liviana sensación de que no seguirían siendo perseguidos por guardias ni por la policía. Mitsuha tenía ganas de celebrar con Taki, pero tenía que honrar sus compromisos.
—Taki, ahora tengo que juntarme con Sayaka, de hecho… ¡es muy tarde! Quedé de verla en menos de una hora.
—No hay problema. Ahora iré a casa, tengo que hacer algunas cosas que tengo pendientes. ¿Ustedes se ven a menudo?
—Hablamos por teléfono casi todas las semanas, y de hecho nos hemos visto varias veces los últimos meses. Hoy me pidió ayuda para ver algunas cosas para su matrimonio.
—¿En serio? Wow, y… ¿con quién se casará?
—Pues… adivina.
Taki demoró medio segundo en pensar en el candidato obvio, y se rio entre dientes. Bueno, era casi predecible, supuso.
—Teshigawara, ¿verdad?
—Ja, ja ¿Quién más? Siempre supe que hacían una linda pareja. Desde que estaban en primaria.
—Pues entonces dale mis…, ah, bueno, ella no me conoce. Me gustaría verla, pero supongo que es algo prematuro… No te quito más tiempo entonces, ve a tu cita con ella.
—Ok, entonces nos vemos a la tarde. Recuerda que estás invitado a cenar a mi departamento, ahora un poco más tranquilos. Además, como le pedí a Yotsuha que se quedara este fin de semana conmigo, tenemos que hablar con ella hoy. De verdad la dejamos hecha una bola de nervios. No es justo para ella. Necesitamos contarle la verdad. Al menos a ella.
—Uf, creo que va a ser difícil. De explicar y de que nos crea.
—No creo que sea más difícil de lo que hemos pasado en los últimos años, o en las últimas horas.
—Es verdad. ¿A qué hora quieres que vaya?
—Podríamos juntarnos a eso de las cinco en un supermercado cerca de mi casa para comprar las cosas que prepararé. Quiero que sea algo especial, también nos merecemos celebrar que por fin nos encontramos.
—Suena maravilloso. Te veré esta tarde.
